Un año después del derrame de Repsol en Perú

OjoPúblico

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XILENA PINEDO Y LUZ ALARCÓN C. (PERÚ) | A un año del derrame de casi 12.000 barriles de petróleo en el mar peruano, Juan Altamirano, pescador por más de 25 años en el mar de Ventanilla, no puede volver a capturar peces emblemáticos de la zona, como el lenguado. Aunque los rezagos de hidrocarburos no son visibles en todas las playas, aún es posible hallar restos de petróleo en este ecosistema que solía ser la principal fuente de subsistencia de Juan.

“Ahorita con este oleaje [anómalo] que hay, el mar va a comenzar a golpear duro en la parte de los roqueríos y va a aflorar ese petróleo que está enterrado. Es como una licuadora: va a comenzar de nuevo a salir y, cuando baje el agua de nuevo, va a haber restos”, dice Altamirano, quien forma parte de la Asociación de Pescadores Artesanales Orilleros de Costa Azul (Apaocav).

El presidente de la Apaocav, Elizar Medina, enseña un video del jueves 12 de enero que muestra la formación de pequeñas burbujas oscuras en las orillas de la playa Conchitas, en Ancón. En la grabación, se ve cómo uno de sus colegas aplasta la burbuja y un líquido aceitoso de color negro mancha la palma de su mano.

Las consecuencias del peor desastre ecológico en el mar en la historia reciente del Perú trascienden a la vida de cada uno de los vecinos de la zona. Un recorrido realizado por OjoPúblico muestra el impacto no solo en la pesca artesanal, sino también en el comercio. En el balneario de Costa Azul, una de las playas más afectadas en Ventanilla, los locales que funcionaban como restaurantes ahora lucen abandonados.

Frente a lo que solía ser un espacio comercial hay un cartel que califica a la playa como “no apta”. El aviso es grande, pero los veraneantes continúan llegando a este lugar a tomar sol.

Refinería La Pampilla afronta 13 procesos administrativos, dos demandas civiles y una investigación judicial. MUSUK NOLTE / OJOPÚBLICO

Las huellas del derrame no han desaparecido. De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), estas podrían prolongarse por, al menos, cinco años más. Los organismos reguladores han iniciado una serie de investigaciones para esclarecer los hechos ocurridos el pasado 15 de enero de 2022 y asegurar que la empresa cumpla con sus responsabilidades de remediación.

El Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) le impuso siete multas coercitivas a Refinería La Pampilla, por un monto de 2.852.000 de soles (unos 680.000 euros), que fueron canceladas. En paralelo, la empresa afronta 13 procesos administrativos sancionadores: siete iniciados por el OEFA, cinco por el Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (Osinergmin) y uno por el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor).

De los siete procesos en OEFA por la contaminación con hidrocarburos, cuatro corresponden al supuesto incumplimiento de medidas administrativas. A estos se suman uno por incluir información falsa en el reporte de emergencia, otro por no remitir información solicitada por el organismo, y uno más por no adoptar las acciones de primera respuesta establecidas en la normativa ambiental y en el plan de contingencia.

El último de estos procesos se encuentra en trámite, mientras los otros seis restantes fueron resueltos en primera instancia y encontraron responsabilidad en Refinería La Pampilla S.A.A. (Relapasa). Por ello, la subsidiaria recibió seis multas que, en total, superan los 70 millones de soles (algo más de 16,7 millones de euros). Sin embargo, la empresa apeló cinco de estas sanciones y todavía está dentro del plazo para apelar una más. 

Un informe reciente dio a conocer que la sanción de más de 5 millones de soles (1,2 millones de euros) vinculada al supuesto incumplimiento de la identificación de las zonas afectadas por el desplazamiento del hidrocarburo fue declarada nula. El Tribunal de Fiscalización Ambiental del OEFA falló a favor de Relapasa en segunda instancia. Sin embargo, el proceso aún está vigente.

Serfor determinó multó a Refinería La Pampilla por causar la muerte de más de 1.000 especímenes de fauna silvestre. MUSUK NOLTE / OJOPÚBLICO

El OEFA aclaró que la resolución publicada en segunda instancia no exime a la empresa de pagar una multa, sino que la misma será evaluada nuevamente. En un comunicado, explicaron que la resolución confirma la responsabilidad de Repsol y solicita recalcular el monto de la multa. Al respecto, Katherine Paucar, abogada de Earth Rights International, explicó a OjoPúblico que esto significa que el caso vuelve a primera instancia y el proceso sigue vigente. “El caso no está cerrado”, precisó.

La resolución, además, se dio sin tener en cuenta un potencial conflicto de interés: la secretaria técnica de este tribunal tiene una relación conyugal con un funcionario de la petrolera.

Después de conocerse el fallo, el OEFA informó sobre la separación de Angélica María García Gilio del cargo de Secretaria Técnica del citado Tribunal, ya que según su declaración jurada tiene un vínculo conyugal con Adolfo Eugenio Huapaya Venegas, ingeniero de Higiene y Seguridad Industrial de la Refinería La Pampilla.

Las resoluciones apeladas restantes corresponden la inclusión de información falsa en el reporte de emergencia ambiental; no remitir a la OEFA la información requerida; no realizar la contención y recuperación del hidrocarburo ni las acciones de limpieza del suelo afectado, y por no realizar la contención, recuperación y limpieza de la bahía de las Áreas Naturales Protegidas.

Osinergmin, por su parte, inició cinco PAS contra Refinería La Pampilla que han sido resueltos en primera instancia. La autoridad regulatoria encontró responsabilidad en Relapasa y le asignó cinco multas que, en conjunto, ascienden a más de 12 millones de soles (casi 3 millones de euros). Sin embargo, la compañía apeló todas las resoluciones.

La primera sancionó a Relapasa por incumplir con implementar medidas complementarias que garanticen la alerta oportuna ante una emergencia en los Terminales Multiboyas. Este caso se encuentra judicializado, pues la compañía interpuso una demanda de nulidad ante el Poder Judicial.

Luego de un año del siniestro, 71 áreas de Ventanilla y Ancón siguen afectadas por el derrame de 11.900 barriles de petróleo. MUSUK NOLTE / OJOPÚBLICO

El segundo proceso se generó por el incumplimiento de una serie de actividades contempladas en el plan de respuesta a emergencias. El mismo fue impugnado y, en segunda instancia, la autoridad confirmó la responsabilidad administrativa de Relapasa. El tercer PAS está vinculado a la infracción de no remitir la información relacionada a las compensaciones por los daños ocasionados y actualmente se encuentra en trámite en segunda instancia.

En el caso de los otros dos procesos, estos fueron apelados y declarados infundados en una segunda instancia. Los mismos corresponden a acusaciones de infracciones por remitir información inexacta en el Informe preliminar de emergencia y por interferir en la función fiscalizadora de Osinergmin al no retirar la estructura submarina PLEM del fondo marino, en el tiempo establecido.

A mediados de marzo de 2022, el Serfor también inició un proceso contra Refinería La Pampilla. El mismo se originó por abandonar, actuar con crueldad y causar la muerte a especímenes de fauna silvestre. Por este caso, la empresa fue sancionada con 7.228.394 soles (1,7 millones de euros) pues la entidad concluyó que la Refinería causó la muerte de 1.852 especímenes y puso en riesgo otros 198 animales producto del derrame de petróleo. La empresa aún se encuentra dentro del plazo para apelar esta resolución.

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Destituyen a consejero de Zelenski por revelar la ‎verdad sobre muertes de civiles en Dnipro

La muerte de 44 civiles en Dnipro, el 14 de enero, no fue una acción deliberada del ejército ruso ‎sino resultado de la caída de un misil ruso derribado por la defensa antiaérea ucraniana. ‎ El misil abatido por el fuego antiaéreo ucraniano cayó sobre un edificio de apartamentos ‎en Dnipro, con un saldo de 44 muertos y 75 heridos graves, todos civiles. ‎ Los medios ucranianos y la prensa occidental acusaron inmediatamente a Rusia de «crimen de ‎guerra». Pero el consejero del presidente Volodimir (…)

Empresas españolas al servicio de la ocupación israelí

Miguel Arróniz

eDreams figura en la Base de Datos de las Naciones Unidas debido a sus actividades ilegales en los asentamientos de los Territorios Ocupados Palestinos

El 12 de febrero de 2020, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas hizo pública la Base de Datos de aquellas empresas que actúan y se benefician económicamente de los asentamientos de los Territorios Ocupados palestinos, A/HRC/43/71.

El estudio finalizó en julio de 2019. Había comenzado años antes, recopilando información y poniéndose en contacto con las empresas implicadas. Algunas se negaron a reconocer su participación; hubo otras que la admitieron, pero alegaron que había sido puntual su actividad y que no reiterarían sus actividades de negocios en los asentamientos. Por último, hubo 112 empresas, las cuales, a pesar de las advertencias de que sus operaciones violaban el Derecho internacional, la IV Convención de Ginebra y diferentes resoluciones de las Naciones Unidas, como la 2334 (2016) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, persistieron en su actividad, pensando que les ampara la misma impunidad con la que actúa el régimen de apartheid israelí.

Entre esas empresas se encuentra la española eDreams, una compañía que opera como agencia de viajes en línea para reservas de alojamiento y otros productos de viaje.

Mediante las marcas de la compañía, eDreams, Opodo y Travellink, la empresa promueve y facilita el lucro derivado de propiedades ubicadas en asentamientos ilegales en la Cisjordania ocupada, en Jerusalén Este y el Golán sirio. Esos destinos pueden encontrarse en su web, sin que se informe a los consumidores sobre la situación ilegal de los asentamientos según el Derecho internacional y su ubicación en tierras ocupadas, expropiadas y de las que, en muchos casos, se ha expulsado a los habitantes originarios, palestinos o sirios.

No se trata sólo de una cuestión de información, es que se promueve la usurpación y se recompensa la ocupación y la ilegalidad. Pues bien, ni siquiera eso lo señala su auditor, Ernst & Young, el mismo que ha auditado a la empresa CAF, la cual construye líneas de tranvía entre la ciudad ocupada de Jerusalén y las colonias ilegales próximas en los Territorios Ocupados palestinos. Por cierto, CAF y eDreams tienen ambas como consejera a la señora Carmen Alló, que se ocupa (?) de cuestiones de auditoria y sostenibilidad.

¿Y cómo se puede revertir la situación? ¿Qué actuaciones pueden llevar a cabo los poderes públicos para hacer sentir su peso ante las violaciones del Derecho internacional de ciertas empresas delincuenciales?

El Derecho internacional ha actuado contra empresas y directivos empresariales desde los juicios de Nuremberg. También, en casos concretos, tras las dictaduras argentinas y brasileñas, cuando se demostró la participación de empresas y directivos de Ford y Volskwagen en crímenes de lesa humanidad y en el trabajo esclavo de presos políticos. Hubo sanciones económicas para el régimen del apartheid sudafricano. En otros planos, como el ambiental, hay avances, aunque haya empresas como la sueca Bolingen o Chevron, responsable del vertido de petróleo, que pretenden desligarse de sus errores. También los sindicatos han dado a su vez pequeños pasos mediante el diálogo social, logrando acuerdos con determinadas empresas relativos a la seguridad en el trabajo. Pero nos queda por saber si hay voluntad política para enfrentarse a las empresas que actúan en contra del Derecho internacional y, más en concreto, de la IV Convención de Ginebra.

Se comprueba que es necesario un tratado internacional vinculante. La diligencia debida podría ser relevante si existiera una legislación obligatoria y superase lo que se conoce actualmente como un mecanismo administrativo de estudio de riesgos por la actuación de las empresas, y asumiese una capacidad de enjuiciamiento y sanción.

Ahora mismo, el gobierno sólo tiene buenas palabras, planes de derechos humanos, y recomendaciones de ciertos organismos. No ha desarrollado la ley de contratos públicos para evitar que esas empresas liciten o para que tengan penalizaciones disuasorias. Y, además, esas empresas, como eDreams, no así CAF, pueden operar en sectores sin relación con el sector público.

Pero sí que se pueden hacer otras cosas. Así, por ejemplo, ese proyecto de ley o directiva europea sobre la diligencia debida, con los requisitos antes enunciados, debe de acordarse lo antes posible. El tratado de empresas y derechos humanos que se discute en las Naciones Unidas, en el que la UE arrastra los pies, frente a lo vertiginoso de las sanciones a empresas rusas, ha de aprobarse y ratificarse. Y, en todo caso, se debe sancionar ya con los instrumentos existentes, la norma europea Torricelli, a las empresas que se benefician de la ocupación israelí, para evitar el doble rasero.

Las empresas españolas conocidas que actúan en los Territorios Ocupados son CAF, Edreams, GMV, INECO, OSSA, SEMI y TYPSA.

La cuestión es: ¿el gobierno español tampoco oye, no ve, sólo habla y práctica la doble medida en lo que se refiere al Derecho internacional en el caso palestino?

Firma la Iniciativa Ciudadana Europea de prohibir el comercio entre la UE y asentamientos de los Territorios Icupadoshttps://stopsettlements.org/spanish/

No es una santísima trinidad

Miguel Arróniz

https://revistafuturos.noblogs.org/

El papel fue descubierto por la humanidad hace unos dos mil años. En China. La humanidad buscó diversas vías para dejar asentada su memoria; haciendo códigos mediante abstracciones y convenciones. Escritura cuneiforme, jeroglíficos, quipus, alfabetos.

El papel fue inicialmente construido en base a celulosa, usando vegetales ricos en tales, como el cáñamo, troncos de árboles cuidadosamente tratados.

De China pasó a Japón, y con los árabes incursionando en Oriente, el papel vino con ellos a Europa. A España en primer lugar.

La imprenta tuvo similar recorrido y empieza a ser “pareja inseparable” del papel.

El papel se reveló apto para transmitir conocimientos, tradiciones, reflexiones, más y mejor que las piedras rúnicas, por ejemplo, u otros códigos tallados en piedra o madera, que ya mencionamos.

Antecedentes formidables se ubican cinco mil años atrás con los papiros, también de origen vegetal, en Egipto o con los pergaminos, de origen animal, que se ubican más recientes en el tiempo (doscientos años antes de la era actual), en la ciudad de Pérgamo, precisamente. Ante la escasez de papiros procedentes de Egipto esta ciudad del mundo griego se afanó en buscar y encontrar tamaño sustituto (cuero de cordero desecado).

Hoy el papel es una constituyente inescindible de toda la cultura de las sociedades humanas.

“Los restos de vidrio más antiguos datan de unos 5.000 años a.C. y se han hallado en zonas de Asia Menor, Mesopotamia y del Antiguo Egipto. Las primeras piezas hechas íntegramente de vidrio datan del 2.100 a.C., en las que se empleaba la técnica del moldeado.” (Wikipedia)

Nos topamos otra vez con un invento humano milenario, que tiene grosso modo edad similar a la del papiro/papel.

Hay muchos otros bienes culturales también milenarios y con muchísimos más años en su haber, como vestimentas y herramientas (incluidas las armas). Pero estos dos que he señalado −papel y vidrio−, han recibido, en pleno siglo XX, un formidable y brutal reemplazo, a través de materiales plásticos, y fundamentalmente con los termoplásticos. Ensalzados con las mejores virtudes.

Leemos en Wikipedia que: “Los plásticos derivados de petroquímicos son de fácil fabricación y sus costos son muy bajos.”

Si Wikipedia, que se presenta como un servicio neutro, sereno, adverso a todo reduccionismo, a todo escamoteo deliberado de información, a todo interés partidario o empresario, nos habla que los “derivados petroquímicos” son de fácil fabricación y costo muy bajo ¿qué dejaremos para que declaren la petroquímica y el mundo empresario del ramo?

Recuerdo la incomodidad de una Cámara (nacional) de plástico (mediados de los ’90) ante algunas notas mías advirtiendo sobre, por ejemplo, la contaminación tan inseparable de la montaña de basura plástica con que el planeta fue rellenado en las últimas décadas (recordemos el origen reciente de los plásticos; los termoplásticos provienen de la década del ’20 del siglo XX). Insistían en que el plástico era el non plus ultra en calidad.

Así fueron presentados. Y no sólo en Wikipedia. Y así los sigue presentando la petroquímica y en general el mundo cleptocórporatocrático (según la acertada denominación de Salle Lorier).

Hoy ya es inocultable el grado de devastación producido por el gran negociado petroquímico. Aunque sigamos haciéndonos los sordos.

Los microplásticos están en el aire, en las aguas, en la leche materna, concretamente en órganos nuestros.

Algunos daños ya han sido registrados y muchos de tales resultan irreversibles. Por ejemplo, cómo los plásticos han afectado la fertilidad biológica animal (todavía no sabemos si y en tal caso cómo, la vegetal, pero me temo que también, a causa del carácter no biodegradable de los plásticos).

Aunque asordinadas por toda la red de la biología oficial, por las empresas productoras y envasadoras con envases plásticos, por los diversos engranajes onusianos (PNUD, PNUMA, PMA, OMS, etc.), las pocas investigaciones emprendidas por biólogos que merecen el nombre de científicos analizando la realidad sin patrocinio corporativo, nos han dado elementos suficientes para estar más que preocupados, si nuestra atención fuera a la salud y no a las comodidades ni a los beneficios inmediatos.

Los autores de Our Stolen Future han probado en una compleja y vasta investigación de campo de larga duración la presencia de micropartículas plásticas que alteran las gónadas; por ejemplo, en lagos contaminados con cocodrilos sexualmente atrofiados. Han verificado el comportamiento de gaviotas haciendo pareja tratándose de dos gaviotas hembra (las funciones que en una pareja mixta cumple el macho, trayendo alimento, las cumple aquí una de ellas).

Como declara hasta The Nature Conservancy (una oenegé gigantesca y muy institucionalizada, aunque, “con las mejores intenciones”):

“La contaminación por plásticos se ha convertido en uno de los retos medioambientales más acuciantes […]. La producción e incineración de plásticos contribuye en gran medida al cambio climático. Los residuos plásticos también ahogan nuestras vías fluviales, contaminan nuestros océanos, matan la vida silvestre y se infiltran en nuestra cadena alimentaria.”

Su sitio-e informa que se producen 300 millones de toneladas anuales de plásticos.

Y la petroquímica, tan campante. Por eso el papel de denuncia, correcta, de TNC carece del necesario cuestionamiento (porque es una oenegé honorable pero domesticada).

Lo cierto es que el mundo empresario vinculado con la producción de plásticos no parece en absoluto dispuesto a perder la gallina de los huevos de oro. Una gallina dispuesta de tal modo que hace creer que hay ganancias. Que provienen del viejo recurso que la industria petroquímica llevó al paroxismo: la externalización de costos.

Las Cámaras de la Industria Plástica se limitan a calcular, como si lo hicieran científica u objetivamente, el peso de los envases (los de plástico son más livianos que los de vidrio), el costo de la materia prima (el petróleo extraído con salarios miserables y sin hacerse cargo de todos los pasivos ambientales que deja la extracción a su paso, arruinando suelos y asesinando a quienes resistan el expolio, como a los ogoni en Nigeria) es más barato que andar produciendo envases, por ejemplo, de vidrio o una red satisfactoria de agua potable. Pero en esos “cálculos de costos” se omite, deliberadamente, hablarnos del destino final del producido plástico (que en general, en el 90% de los casos, se trata de envases o bolsas que se usan una sola vez), su papel como agente contaminador de las más diversas formas y vías, etcétera.

Esta contaminación, tras décadas de inconsciente comodidad, tomó alcance planetario.

Como los plásticos no son biodegradables, su desaparición es aparente. Solo “real” al ojo humano. Con nuestra visión limitada. La erosión va desmenuzando el plástico, hasta hacerlo invisible a nuestros ojos. Pero las micropartículas siguen contaminando los mares.

Contaminándolos de un modo ingobernable. Contaminándonos. Superando los delirios tecnófilos de grandes barcos “tragadores” que iban a colar el plástico de los mares hasta dejarlos impolutos. No tengo idea cuántos millones de dólares se dilapidaron en los países enriquecidos, diseñándolos, pero la presencia generalizada de microplásticos en las aguas cortó ese proyecto “solucionador”.

Hace pocos años investigadores biólogos marinos advirtieron un “problemita”. Matthew Savoca, investigador de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU., resumió su malestar: “Ponemos toda esta basura en el océano y luego, por supuesto, obtenemos gran parte de nuestro sustento de ese océano.”

Savoca y sus colegas querían probar si el olor a plástico tenía o no algún tipo de efecto en el comportamiento de los peces y para ello diseñaron cuatro grandes estanques con agua de mar, y albergaron en ellos grupos de peces de una misma especie, anchoas. Un tanque con agua sola, otro con plástico limpio hasta entonces seco; el tercero, con agua perfumada con plástico que se había asentado en el océano durante tres semanas y el último con agua que habían perfumado con krill, un pequeño crustáceo que a las anchoas les encanta comer.

Los peces del primer y segundo estanque mantuvieron un comportamiento común, no se advertía reacción, pero las anchoas del tercer estanque, el que tenía agua en contacto con microplásticos, sí reaccionaron y de un modo similar al comportamiento que registraron en el cuarto estanque, el del krill: agrupándose nerviosas como buscando, ansiando comida.

¿Cuál es la diferencia entre los plásticos del segundo estanque y los del tercero? La permanencia de plástico en el agua. En ese tiempo, los plásticos de todas las dimensiones, macro y micropartículas, se recubren con microorganismos oceánicos en un proceso conocido en inglés como biofouling. No importa cuán “limpia” sea una pieza de plástico cuando se la arroja al océano, con el tiempo se convertirá en biofouled.

El experimento que hemos reseñado mínimamente nos da la dimensión del problema: si los peces comen con gusto, atraídos, microplásticos poblados con microorganismos que los inducen a engullirlos como si fuera comida, tenemos dos problemas: uno, que los peces no se alimentan realmente y dos, que si los peces “suben” en la cadena alimentaria y son pescados, por ejemplo, por humanos, los humanos ingerirán ese pescado, esa carne de pescado, con plásticos incluidos. Propio de un drama shakesperiano, recordaba Savoca: ‘estamos recuperando plástico del océano’.

Solo que esas micropartículas, no biodegradables, se pueden convertir en un problema, el núcleo disparador de un tumor, por ejemplo, si no es excretado por nuestros organismos.

En resumen, tanto en el aire, poblado por micropartículas plásticas que juegan a la ruleta rusa con nuestros pulmones, en el agua con el poblamiento de microorganismos apetitosos para la fauna marina, como en los rellenos sanitarios invalidando territorio y dando origen a lixiviados altamente contaminantes, los plásticos parecen estar llevándonos a un mundo de pesadilla. Más allá de las luces (a veces deslumbrantes por su despliegue) de nuestro rutilante y tecnológico presente. ¿Cuál es la gracia de empezar a vivir una situación de cerco, de estado de sitio, ante la difusión ingobernable de materiales plásticos?

Por cierto que la producción industrial, e incluso la artesanal, de vidrio o papel genera contaminación. Pero pasados estos milenios, podemos decir que es incomparablemente menor respecto de la de los termoplásticos.