¿Una derecha política liberal a 50 años del golpe de Estado?

Franck Gaudichaud

De
ahí que será un año sumamente simbólico para el país y pueda ser visto
como una oportunidad histórica para que la derecha en Chile se sitúe
desde el liberalismo político, dejando atrás fanatismos ideológicos
anti-democráticos y un fundamentalismo económico de mercado, que solo la
ha llevado a ser un sector incapaz de tener un proyecto político amplio
y plural.

Es
lo ocurrido durante los últimos 50 años, en donde la derecha poco y
nada ha aportado a la reflexión política del país, al estar encapsulada
por completo en la doctrina neoliberal, como bien ha planteado el
académico de centroderecha Hugo Herrera, quien ha cuestionado la
profunda estrechez ideológica y el economicismo de su sector, negando su
propia historia, la cual ha sido mucho más amplia (liberal-clásica,
nacional-popular, liberal- cristiana y socialcristiana).

En
consecuencia, Herrera ha planteado que la derecha, heredera del
pensamiento gremialista de Jaime Guzmán y de los llamados Chicago Boys,
ha reducido a la política a la mera gestión, despolitizando así su uso
desde una ortodoxia neoliberal, que desde un atomismo social
individualista, no ha sido capaz de pensar en expresiones colectivas
como bien común, nación, solidaridad nacional, destino histórico (1).

Es
cosa de ver a todos los partidos políticos de derecha existentes, desde
el Partido Republicano, pasando por la UDI, Renovación Nacional y
Evopoli, los cuales si bien podrán mostrar ciertas diferencias en
términos de mayor o menor conservadurismo valórico, todos son fervientes
seguidores del dogma neoliberal.

Un
buen ejemplo de ello, fue la reacción de la derecha en Chile durante el
estallido social en el país y lo ocurrido durante toda la redacción de
la nueva constitución, en donde la derecha no fue capaz de instalar un
discurso político democrático y dialogante, mostrando por el contrario,
una brutal represión al pueblo de Chile y una resistencia a cualquier
intento de transformación institucional.

Se
podrá decir que la derecha chilena ha mostrado ciertos avances
democráticos, al firmar dos acuerdos por una nueva constitución, tanto
en el año 2019 como el pasado 2022, pero parecen responder más a cierto
pragmatismo ideológico, y a la voluntad de ciertos líderes puntuales
(Mario Desbordes y Javier Macaya), que a una mirada de país a largo
plazo que rompa con los pilares del neoliberalismo.

Asimismo,
habrá quienes señalen que hubo sectores de la derecha que estuvieron
por el apruebo del plebiscito de entrada el 2020 y que estuvieron
abiertos a construir puentes dentro de la Convención Constitucional,
pero rápidamente esos sectores fueron completamente cooptados por la
ultraderecha reaccionaria y negacionista.

Es
cierto, desde las fuerzas de izquierda y transformadoras al interior de
la Convención Constitucional, desde un primer momento se cerraron a un
mínimo diálogo con cualquier sector identificado con la derecha, sea
cual fuere, pero de ahí a pasar a una campaña del rechazo a base de
mentiras e interpretaciones apocalípticas del nuevo texto
constitucional, sólo reafirmó su mirada doctrinaria.

Ante
esto, la derecha tiene este año una nueva oportunidad histórica, no
sólo para condenar con fuerza el golpe de Estado y la dictadura cívico
militar sangrienta posterior de 17 años, sino también el poder romper
con su legado económico extremo y la profunda injusticia que generó, que
nos llevó a lo ocurrido el 2019.

Para
ello, tendrá que no subordinarse nuevamente a la ultraderecha
reaccionaria y negacionista, que verá este año seguramente como una
oportunidad para revindicar la figura de Augusto Pinochet, como un
referente anticomunista y contra la corrección política, y que también
se dedicará a denostar la revuelta social, usando la expresión estallido
delictual, negando así el profundo malestar que existe aún en la
sociedad chilena.

Por
lo mismo, una derecha en Chile que se posicione desde un liberalismo
político, debe construir un relato que deje de ver al Estado como una
mera carga y que se le debe limitar el poder lo más posible, sino verlo
por el contrario, como un espacio que contribuya a la convivencia
democrática del país, la cual sigue fracturada.

A
su vez, debe dejar de reducir los derechos de manera minimalista a la
mera vida, libertad y propiedad privada, ampliándolo a derechos sociales
también, cuestionando así la subsidiariedad impuesta en la constitución
actual y entendiendo que más Estado es más poder a los ciudadanos, no a
los operadores políticos, como ha caricaturizado siempre el pensamiento
neoliberal.

De
no hacer ese giro liberal de la derecha, solo beneficiará a los
extremos y a quienes no les interesa en lo más mínimo colaborar para
construir un país más justo y en paz, farreándose nuevamente la
posibilidad de dejar de vernos como enemigos y votar a favor de una
nueva constitución democráticamente, que deje atrás décadas de
desconfianza y de miedos.

Esperemos
por tanto, que la derecha esté a la altura esta vez y ponga a Chile por
sobre sus intereses particulares mezquinos y esté dispuesta a conversar
con quien piense distinto, dejando atrás una doctrina económica que se
impuso a la fuerza y se naturalizó con el tiempo, como si fuera una
verdad revelada e inobjetable.

1: https://www.ciperchile.cl/2020/07/04/derecha-economicista-y-centroderecha-politica-en-chile/

Libro Bruja, de Lisa Lister

Bruja, de lisa lister

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Bruja es un libro estilo manual escrito por la mística gitana de tercera generación y autora Lisa Lister. En castellano, la obra fue editada por la editorial Sirio en 2018. Este material cuenta con la finalidad de educar a las mujeres con respecto a la magia, pero, sobre todo, con relación a ellas mismas. Algunos de sus temas centrales son la historia de la mujer dentro de los aquelarres y la religión en sus diversas vertientes.
El libro de Lister ha generado grandes polémicas en las comunidades paganas de todo el mundo. Una de las razones de este hecho reside en una opinión impopular de Lister: “Los hombres y mujeres transgénero no son brujos por naturaleza, de modo que no debe permitírseles el uso en la magia”. Por otro lado, la obra ofrece anécdotas, definiciones y rituales comunes dentro de la práctica esotérica.

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Sinopsis de Bruja, el poder femenino como tema ancestral y moderno
Bruja es un compendio de historias sobre la mujer dentro del ámbito de los colectivos mágicos. También habla del porqué de la caza y la quema de estas mujeres. De igual modo, trata los secretos ocultos dentro de los aquelarres. Asimismo, es un manual práctico y funcional que explica los tipos de magia y brujas que existen, así como las liturgias que se llevan a cabo dentro de una gran variedad de sistemas de creencias.
En Bruja, el poder femenino como tema ancestral y moderno, Lisa Lister menciona que todas las mujeres son “brujas”. Durante la narración de la autora se redunda en este apelativo —muchas veces empoderador, en otras ocasiones peyorativo— porque, según Lister, el poder interior de todas las féminas del mundo ha despertado, porque todas ellas poseen un don especial para las artes místicas.

Bruja: Despertar el poder…

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El poder femenino como tema ancestral y moderno
En cuanto a concepto, Bruja presenta una guía práctica de rituales paganos, definiciones de nociones pertenecientes a muchos tipos de magia y religiones, y aportaciones personales sobre lo que significan ciertos elementos, clasificaciones, materiales y ritos. No obstante, en el fondo este es un libro sobre feminismo, el poder de la mujer, creación de independencia y reivindicación.

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Bruja revela técnicas ancestrales para sanar los cuerpos, mentes y espíritus de las mujeres. De igual manera, trae a colación diferentes escuelas de brujería para enseñar a la mujer cómo conectarse con sus orígenes y confiar en aquello que dicta su intuición. Lisa Lister expone que, a través de estas enseñanzas, las practicantes pueden crear medicina especializada en curar diferentes tipos de heridas presentes en un cuerpo femenino.
Estructura de Bruja
La obra Bruja está organizada en una serie de capítulos subdivididos en secciones. Algunos apartados mencionan hechos históricos sobre la mujer en la brujería, y otros, relatos personales sobre cómo la propia Lisa Lister y su familia han vivido su aprendizaje sobre la magia. Los capítulos dan inicio con una ficha que explica el contenido de dicha sección.
Asimismo, cada unidad termina con una frase que hace alusión al poder femenino. Por otro lado, cuando es el turno de tocar temas como clases de magia y tipos de brujas —además de elementos rituales y materiales ceremoniales—, Bruja brinda tablas que ayudan a resumir las técnicas y recomendaciones de la autora a la hora de realizar las prácticas. En su edición en español, la editorial Sirio se encarga de dejar páginas en blanco para que los lectores tomes notas.
Temáticas presentes en la obra
En su libro Bruja, Lisa Lister aborda algunos temas específicos, como la historia universal de la brujería, concepción de la magia como práctica, clasificación de hechiceras según los rituales, materiales y elementos que utiliza, entre otros. Estos son solo algunos ejemplos de los ejes en los cuales se centra la obra:

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Definición de “bruja”;
Religiones y tradiciones;
Poderes y heridas de las brujas;
Arquetipos y manifiestos;
Tipos de brujas;
Instrumentos de las brujas.
La rueda del año;
Los sabbats;
Los ciclos de la luna;
Radiestesia;
Tarot.

Historia de las mujeres dentro de la brujería
La brujería es una práctica ancestral y mística asociada generalmente a la mujer. En la obra de Lisa Lister se habla sobre las historias de mujeres que se enfrentaron a la ignorancia, el abuso, la discriminación, la violación de cuerpos y mentes de jóvenes con un carácter y habilidad fuera de lo común para la época en la que nacieron. Para Lister, estas prácticas manipuladoras y violentas continúan en pleno siglo XXI.
A través de relatos del pasado y sus propias experiencias, Lisa Lister define lo que significa para ella ser una bruja. Su concepto se aleja de los cuentos infantiles o las historias de terror contadas desde la baja edad media. Para Lister, una bruja es una sacerdotisa, una yerbatera, una sanadora, y, en principio, una mujer que conoce su propio poder para influir en el mundo natural y el plano espiritual.
Sobre la autora, Lisa Lister
Lister Lister
Lisa Lister es una bruja ancestral practicante. Ella es la tercera en adoptar el ejercicio de la magia, pues su madre y su abuela pertenecen a una comunidad gitana que se dedica a la sanación, la lectura de cartas, el chamanismo y el bienestar de la mujer. Aunque estas prácticas son incongruentes entre sí —no pertenecen a los mismos sistemas de creencias o religión—, Lister ha adaptado el conocimiento adquirido para moldear un estilo de vida más arcano.
Con el correr de los años, Lister ha escrito una serie de obras relacionadas con el mundo de la brujería. De igual manera, sus libros tratan acerca del poder de la mujer en el universo material y espiritual, además de la fuerza de la menstruación. La revista Cooler Magazine denominó a Lister como “La defensora de la divinidad femenina”, con lo que muchas de sus lectoras están de acuerdo.
Otros libros de Lisa Lister

Love Your Lady Landscape: Trust Your Gut, Care for ‘Down There’ and Reclaim You – Ama el paisaje de tu dama. Confía en tu instinto, cuida de ‘Allá abajo’ y reclámalo (2016);
Code Red: Know Your Flow, Unlock Your Superpowers, and Create a Bloody Amazing – Código rojo: conoce tu flujo, desbloquea tus superpoderes y crea una sangre asombrosa (2020);
The Red Journal: Track Your Period, Sync with Your Cycle, and Unlock Your Monthl – El diario rojo. haz un seguimiento de tu período, sincroniza tu ciclo y desbloquea tu mes (2020);
Presence: Know Yourself. Claim Your Power. Take Up Space – Presencia: Conócete a ti mismo. Reclama tu poder. Ocupa espacio (2021);
Self Source-ery: Come to Your Senses. Trust Your Instincts. Remember Your Magic – Fuente propia, Vuelve a tus sentidos. Confía en tus instintos. recuerda tu magia (2022).

Virilidad intolerable (de una mujer)

Manuel Ligero

La directora de orquesta Lydia Tár aconseja a su alumnado en Juilliard que se interrogue sobre cuáles son el efecto y las emociones que les generan las partituras que un día dirigirán desde el podio. A su juicio, un buen director (o directora) debe saber responder a ciertas preguntas, interrogarse sobre la intención del compositor (o compositora) y, sobre esa base, ofrecer una interpretación personal, una perspectiva propia que genere precisamente eso: efecto y emoción. Así pues, ¿que pretendía Todd Field al rodar esta película? ¿Qué efecto, qué emoción quería generar?

La respuesta, quizás, esté en esa misma secuencia inicial, la de la clase en Juilliard, magistral, prodigiosa en su concentración de temas espinosos de actualidad, en su riqueza intelectual, en la belleza de la música, en su violencia cultural, por así decir. Dice Tár: «Bach se hace una pregunta y da una respuesta. Lo que lleva a otra pregunta. Hay humildad en Bach. No pretende estar seguro de nada». Todd Field tampoco.

Su retrato de mujer con orquesta al fondo es tan complejo, tan minucioso y tan contemporáneo que hay quien podría ver en Lydia Tár a un monstruo y quien la podría calificar de víctima. Y ambas lecturas serían plausibles.

Tár es, sin duda, una película extraordinaria. Y también incomodísima. Quizás por eso, precisamente, sea extraordinaria. Para empezar, el personaje que construye Cate Blanchett (portentosa, sublime, una cosa de otro mundo) podría haber sido interpretado por un hombre sin necesidad de cambiar una sola coma del guion. El hecho de que sea una mujer cambia por completo la naturaleza del relato. Porque, ¿quién es Lydia Tár?

Pues una versión lesbiana y suavizada de Plácido Domingo, una persona madura y con poder que persigue a jovencitas y que intenta aprovecharse de su posición privilegiada para meterse en la cama con ellas. Al mismo tiempo, es una directora de orquesta superdotada, con una formación académica abrumadora y una feminista convencida que pelea por ensanchar el canon de la música clásica para que se reconozca el valor de las mujeres en el campo de la composición. Sus méritos (y ciertas habilidades políticas) la han catapultado a la cumbre de su profesión: dirigir la Orquesta Filarmónica de Berlín. A partir de aquí se abre un enorme abanico de preguntas embarazosas.

Dudas legítimas

¿Tiene que ser una mujer la que se ponga en la piel del típico señoro pollavieja? Desde luego, así la película es mucho más interesante, más profunda, más desafiante en el plano analítico. ¿O habría que decir, simplemente, más morbosa? ¿Y tiene que ser necesariamente lesbiana? ¿No se hace Lydia Tár candidata a entrar, junto a otros malvados homosexuales, en aquella abominable nómina de estereotipos que reunía El celuloide oculto? Podrá argüirse que, en tanto mujer, tiene que ser despiadada para poder alcanzar un puesto de poder. Feminista, lesbiana, rijosa, despiadada… Repetimos: ¿que pretendía (el hombre) Todd Field al escribir y dirigir esta película? ¿Qué efecto, qué emoción quería generar?

Todas estas preguntas parecen inducir a una determinada interpretación (no demasiado halagadora) de una película que, una vez vista (y merece mucho la pena, de verdad), en realidad no está tan clara. Ahí, en su complejidad, radica su fuerza. Porque la película, aun con todo lo expuesto, es espléndida. Son dos horas y media que se pasan volando por la capacidad de fascinación que es capaz de desplegar Cate Blanchett.

Siendo benévolos podríamos decir que lo que Todd Field pretende con esta historia es mostrar las nefastas consecuencias de la masculinidad tóxica en el ejercicio del poder. Y su apuesta artística es que esa toxicidad la encarne una mujer. Y acierta. O no. ¿Quién sabe? Magnífico dilema. Bach, dice Lydia Tár en la citada escena de Juilliard, «sabe que siempre es la pregunta la que hace participar al público. Nunca es la respuesta».

‘Tár’, de Todd Field, se estrenó en salas el viernes 27 de enero.
La entrada Virilidad intolerable (de una mujer) se publicó primero en lamarea.com.

2023: el año del ORO. 29/1/23 – 10h 30m

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Más de José Luis Cava:

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Fue el pueblo trabajador quien nos trajo la democracia, y será el pueblo el que establezca una democracia más profunda todavía

JDF

La democracia tiene un carácter de ensoñación. Llega al mundo
arrastrada por el inmenso deseo de los seres humanos de superar las
barreras de la indignidad y el sufrimiento social. Cuando se enfrentaban
al hambre o a la muerte de sus hijos o hijas, las comunidades
anteriores podían haber culpado reflexivamente a la naturaleza o a la
divinidad, y de hecho esas explicaciones siguen vigentes hoy en día.
Pero la capacidad de los seres humanos de generar excedentes gigantescos
mediante la producción social, junto con la crueldad de la clase
capitalista para negar a la inmensa mayoría de la humanidad el acceso a
esos excedentes, genera nuevos tipos de ideas y nuevas frustraciones.
Esta frustración, alimentada por la conciencia de la abundancia en medio
de una realidad de privación, es la fuente de muchas de las luchas por
la democracia.

Los hábitos del pensamiento colonial inducen a muchas personas a
suponer erróneamente que la democracia se originó en Europa, ya sea en
la antigua Grecia (que nos da la palabra democracia de demos, ‘pueblo’, y kratos,
‘gobierno’) o a través de la aparición de una tradición de derechos,
desde la Petición de Derechos inglesa de 1628 hasta la Declaración
Francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Pero esto
es en parte una fantasía retrospectiva de la Europa colonial, que se
apropió de la antigua Grecia para sí misma, ignorando sus fuertes
conexiones con el norte de África y Oriente Medio, y utilizó su poder
para someter a la inferioridad intelectual a grandes partes del mundo.
Al hacerlo, la Europa colonial negó estas importantes contribuciones a
la historia del cambio democrático. Las luchas de los pueblos —a menudo
olvidadas— por establecer una dignidad básica frente a jerarquías
despreciables son tan autoras de la democracia como quienes preservaron
sus aspiraciones en textos escritos que aún se celebran en nuestro
tiempo.

Trabajadores de Coronation Brick marchan por North Coast Road en Durban, encabezados por un trabajador que ondea una bandera roja. Créditos: Colección David Hemson, Bibliotecas de la Universidad de Ciudad del Cabo.

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, se desarrollaron una serie de luchas contra los regímenes dictatoriales del Tercer Mundo que habían sido instaurados por las oligarquías anticomunistas y sus aliados en Occidente. Estos regímenes nacieron de golpes de Estado (como en Brasil, Filipinas y Turquía) y tuvieron espacio de maniobra para mantener jerarquías legales (como en Sudáfrica). Las grandes manifestaciones de masas que constituyeron el núcleo de estas luchas democráticas se construyeron a través de una serie de fuerzas políticas, incluidos los sindicatos, un aspecto de la historia que a menudo se ignora. El creciente movimiento sindical en Turquía fue, de hecho, parte de la causa de los golpes militares de 1971 y 1980. Conscientes de que su control del poder era vulnerable a las luchas de la clase trabajadora, ambos gobiernos militares prohibieron los sindicatos y las huelgas. Esta amenaza a su poder se había manifestado, en particular, en una serie de huelgas en toda Anatolia desarrolladas por sindicatos vinculados a la Confederación de Sindicatos Progresistas (DISK por su sigla en inglés), incluida una manifestación masiva de dos días en Estambul conocida como los Eventos del 15 y 16 de junio, que reunió a 100.000 trabajadores. La confederación, creada en febrero de 1967, era más combativa que la existente (Türk İş), que se había convertido en colaboradora del capital. Los militares no solo actuaron contra gobiernos socialistas y no socialistas que intentaban ejercer la soberanía y mejorar la dignidad de sus pueblos (como en el Congo en 1961, Brasil en 1964, Indonesia en 1965, Ghana en 1966 y Chile en 1973), sino que también salieron de los cuarteles —con la brillante luz verde de Washington— para sofocar el ciclo de huelgas y protestas de las y los trabajadores.

Una vez en el poder, estos miserables regímenes, vestidos con sus
uniformes caqui y sus mejores trajes de seda, impulsaron políticas de
austeridad y reprimieron cualquier movimiento de la clase trabajadora y
el campesinado. Pero no pudieron doblegar el espíritu humano. En gran
parte del mundo (como en Brasil, Filipinas y Sudáfrica), fueron los
sindicatos los que dispararon el primer tiro contra la barbarie. El
grito en Filipinas «Tama Na! ¡Sobra Na! Welga Na!» (‘¡Estamos hartos!
¡Las cosas han ido demasiado lejos! ¡Es hora de ir a la huelga!’) pasó
de los trabajadores de la destilería La Tondeña en 1975 a las protestas
en las calles contra la dictadura de Ferdinand Marcos, culminando
finalmente en la Revolución del Poder Popular de 1986. En Brasil, los
trabajadores industriales paralizaron el país mediante acciones en Santo
André, São Bernardo do Campo y São Caetano do Sul (ciudades
industriales del gran São Paulo) de 1978 a 1981, dirigidas por Luiz
Inácio Lula da Silva (actual presidente de Brasil). Estas acciones
inspiraron a las y los trabajadores y campesinos del país, aumentando su
confianza para resistir a la junta militar, que se derrumbó en 1985.

Un grupo de trabajadores textiles en huelga exigen 5 rands más al día en la Consolidated Textile Mill en febrero de 1973. Créditos: Colección David Hemson, Bibliotecas de la Universidad de Ciudad del Cabo.

Hace cincuenta años, en enero de 1973, las y los trabajadores de Durban (Sudáfrica) se declararon en huelga por un aumento de sueldo, pero también por su dignidad. Se despertaron a las 3 de la madrugada del 9 de enero y marcharon a un estadio de fútbol, donde corearon «Ufil’ umuntu, ufile usadikiza, wamthint’ esweni, esweni usadikiza» (‘Una persona está muerta, pero su espíritu vive; si le pinchas el iris del ojo, vuelve a la vida’). Estos trabajadores abrieron el camino contra formas de dominación arraigadas que no solo les explotaban a ellos, sino que oprimían al pueblo en su conjunto. Se levantaron contra las duras condiciones laborales y advirtieron al gobierno sudafricano del apartheid que no volverían a sentarse hasta que se rompieran las líneas de clase y raza. Las huelgas abrieron un nuevo periodo de militancia urbana que pronto se trasladó de las fábricas a la sociedad en general. Un año más tarde, Sam Mhlongo, un médico que había estado encarcelado en Robben Island cuando era adolescente, señaló que “esta huelga, aunque resuelta, tuvo un efecto detonador”. El relevo pasó a las y los niños y jóvenes que lucharon en Soweto en 1976.

El Instituto Tricontinental de Investigación junto al Instituto Chris Hani elaboraron un texto memorable: Las huelgas de Durban de 1973: La construcción de poder popular democrático en Sudáfrica
(dossier nº 60, enero de 2023). Es memorable en dos sentidos: recupera
la historia casi perdida del papel de la clase trabajadora en la lucha
contra el apartheid, en particular de la clase trabajadora negra, cuya
lucha tuvo un efecto “detonador” en la sociedad. El dossier,
magníficamente redactado por nuestros colegas de Johannesburgo, hace
difícil olvidar a estos trabajadores y más difícil aún olvidar que la
clase obrera —todavía tan profundamente marginada en Sudáfrica— merece
respeto y una mayor participación en la riqueza social del país.
Rompieron el apartheid pero no se beneficiaron de sus propios
sacrificios.

El Instituto Chris Hani fue
fundado en 2003 por el Partido Comunista de Sudáfrica y el Congreso de
Sindicatos Sudafricanos. Chris Hani (1942-1993) fue uno de los grandes
luchadores por la libertad de Sudáfrica, un comunista que habría tenido
un impacto aún mayor del que tuvo si no hubiera sido asesinado al final
del apartheid. Agradecemos esta colaboración al Dr. Sithembiso Bhengu,
director del Instituto Chris Hani, y vemos con entusiasmo el trabajo que
tenemos por delante.

Al cierre de este dossier, nos enteramos de que nuestro amigo Thulani
Maseko (1970-2023), líder del Foro Multilateral de Suazilandia, fue
asesinado a tiros delante de su familia el 21 de enero. Maseko era uno
de los líderes de la lucha por la democracia en su país, donde los
trabajadores están al frente de la batalla para acabar con la monarquía.

Cuando releí nuestro último dossier, Las huelgas de Durban de 1973,
para preparar este boletín, estaba escuchando «Stimela” (‘El tren del
carbón’) de Hugh Masekela, la canción de 1974 sobre los trabajadores
migrantes que viajaban en el tren del carbón para trabajar “muy, muy,
muy profundo en el vientre de la tierra” con el fin de generar riqueza
para el capital del apartheid. Pensé en los trabajadores industriales de
Durban con el sonido del silbato del tren de Masekela en mi oído,
recordando el largo poema de Mongane Wally Serote, “Third World Express”
(‘Expreso del Tercer Mundo’), un homenaje a los trabajadores del sur de
África y sus luchas por establecer una sociedad humana.

es ese viento
es el zumbido de esa voz
es el susurro y el silbido en los cables
kilómetros y kilómetros y kilómetros
en los cables en el viento
en las vías del metro
en el camino sinuoso
en el matorral no silencioso
es la voz del ruido
aquí viene
el Expreso del Tercer Mundo
deben decir, aquí vamos de nuevo

“Aquí vamos de nuevo”, escribió Serote, como si dijera que las nuevas contradicciones producen nuevos momentos de lucha. El fin de un orden aplastante —el apartheid— no puso fin a la lucha de clases, que no ha hecho sino profundizarse a medida que Sudáfrica atraviesa una crisis tras de otra. Fue el pueblo trabajador quien nos trajo esta democracia, y será el pueblo el que luchará por establecer una democracia todavía más profunda. Aquí vamos de nuevo.

Fuente: https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/huelgas-durban-1973/

Por qué tienes que leer a Gabriela Mistral

Tes Nehuén

Te damos algunas razones para no perderte la obra de Gabriela Mistral. La literatura latinoamericana está repleta de voces inolvidables. Hombres y mujeres que han escrito obras que han trascendido a las fronteras del continente y han conseguido llegar a lectores de todo el mundo. Gabriela Mistral es una de las muchas y necesarias figuras […]