Una red juvenil que late en el corazón del Chaco

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*Redacción: FortaleSer (Fortaleza del Ser)

 

En el amplio y desafiante paisaje del Chaco paraguayo, donde el sol brilla con intensidad y la vida cotidiana exige creatividad y esfuerzo, un grupo de adolescentes y jóvenes decidió sembrar algo diferente: esperanza, compromiso y comunidad. Así nació la Red Juvenil del Chaco, un espacio impulsado por y para jóvenes indígenas y latinos del departamento de Boquerón, que sueñan con transformar su entorno y, al mismo tiempo, construir nuevas respuestas frente al cambio climático desde sus propios territorios.

 

Todo comenzó con una pregunta sencilla pero poderosa: ¿Para qué queremos estar juntos en esta Red? Las respuestas surgieron rápidamente. Querían unirse para enfrentar las realidades que viven día a día: la falta de conocimiento y acción para una gestión eficaz del agua, la ausencia de prácticas adecuadas para el manejo de residuos, y la necesidad de plantar y proteger los árboles en sus comunidades. Pero también los movía el deseo de compartir, aprender, hacer nuevas amistades y animarse a liderar proyectos que transformen su entorno.

 

 

Fotografía: gentileza.

 

Durante los encuentros presenciales, muchos de ellos viajaron largas distancias, dejando sus casas, sus estudios, sus obligaciones. Entre dinámicas, caminatas, debates, visitas a lugares históricos y risas, fueron construyendo una identidad colectiva. Pensaron un nombre, diseñaron un logo, planificaron actividades en escuelas, radios y plazas. Decidieron hablarles a sus comunidades desde su propia voz.

 

Fotografía: gentileza.

 

Pero lo más valioso no fue lo que se planificó en papel, sino lo que se encendió en sus corazones. En cada encuentro, los jóvenes se miraron con más fuerza, con más orgullo. Descubrieron que tienen mucho para decir, mucho para aportar. Que pueden liderar, organizar, proponer y sostener. Que no están solos.

 

Hoy la Red Juvenil del Chaco sigue creciendo con la convicción de que las transformaciones más profundas comienzan en comunidad. Con cada acción, demuestran que el liderazgo juvenil no es un futuro prometido, sino un presente que se construye con valentía, creatividad y raíces profundas.

 

*𝘌𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘢𝘵𝘦𝘳𝘪𝘢𝘭 𝘧𝘶𝘦 𝘱𝘳𝘰𝘥𝘶𝘤𝘪𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘮𝘢𝘳𝘤𝘰 𝘥𝘦𝘭 proyecto 𝘝𝘰𝘤𝘦𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘈𝘤𝘤𝘪ó𝘯 𝘊𝘭𝘪𝘮á𝘵𝘪𝘤𝘢 𝘑𝘶𝘴𝘵𝘢 (𝘝𝘈𝘊), 𝘪𝘮𝘱𝘭𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘗𝘢𝘳𝘢𝘨𝘶𝘢𝘺 𝘱𝘰𝘳 𝘞𝘞𝘍-𝘗𝘢𝘳𝘢𝘨𝘶𝘢𝘺 𝘺 𝘍𝘶𝘯𝘥𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘈𝘷𝘪𝘯𝘢.⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣


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Doble revés judicial al intento de los ultras Hazte Oír y Manos Limpias de instrumentalizar la DANA

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Es cultural como el tereré: La burla de un senador que normaliza la esclavitud infantil 

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*Por Clemen Bareiro Gaona

Escribo desde la rabia, la indignación y el dolor, porque después de escuchar al senador Gustavo Leite argumentando en contra de la penalización del criadazgo en Paraguay, estos sentimientos son lo único que queda. Lo otro sería matarlo, como dice Espido Freiré(1). Hay muchas formas de hacerlo. Puede ser con un arma, con veneno o fingir un accidente, sin embargo, la más efectiva, dice Freire, es el olvido… pero discrepo en este punto porque no quiero que olvidemos a este personaje, no quiero que lo asesinemos.

Me gustaría que lo condenemos, que lo castiguemos, por ejemplo, no votándole, demostrándole que somos un pueblo digno, un pueblo que defiende a sus niñas y niños. Una sociedad que se indigna cada vez que aparece en las noticias un hecho de violencia hacia ellas y ellos.

Una de mis primeras experiencias laborales fue realizar encuestas para  una investigación del Centro de Documentación y Estudios (CDE) sobre criadazgo. Fui a escuelas, a hablar con estas niñas (también hablé con niños pero en su mayoría son niñas las preferidas para cumplir con la función de criadas).

Para comprender por qué madres y padres entregan a sus hijas e hijos, tenemos que tener en cuenta la realidad del país profundamente desigual. En términos educativos el Paraguay ocupa el lugar 80 de 81 a nivel mundial, según el informe Pisa (2).

A estas familias se les promete educación y cuidado familiar para sus hijas a cambio de trabajo doméstico (este acuerdo no siempre es explícito). Nada más lejano de la realidad, no faltará quien me diga que en su familia se le trataba como una más, puede ser que hayan existido esos casos pero son los menos.

No fue el caso de mi amiga Ana (3), por ejemplo, quien tenía 9 años, cuando a sus padres, como a muchos, les prometieron una casa cómoda, con amor de familia y educación en la ciudad, a cambio que ella viniera a cuidar al único hijo pequeño de la pareja. El niño tendría unos dos o tres años.

Ana, impulsada por sus padres, dejó su casita, los pocos juguetes que tenía y viajó hasta la ciudad creyendo que dormiría mejor, comería mejor y que cambiaría a sus hermanos mayores, por uno pequeño, eso era lo que le habían dicho.

Cuando llegó a la casa empezaron las obligaciones; la señora la maltrataba. Ana sufría. Un día llegó su hermana mayor a visitarla, tendría unos 12 o 13 años, y mientras estaba en la habitación que a Ana le tocaba compartir con el niño, escuchó como la patrona estaba maltratando a la pequeña. La hermana mayor no dudó, en ese mismo instante salió del cuarto y la llevó de regreso a su casa. Ese día le salvó la vida. Eso me dijo Ana.

Hoy, Ana probablemente sea una de las personas más geniales, generosas e inteligentes que conocí en mi vida. Ella tuvo suerte.

Por historias como las de Ana u otras que no se pudieron contar, es que escuchar en mayo de 2025 a un senador de la República decir con total liviandad que penalizar el criadazgo sería “antinatural en Paraguay” y que además es “algo cultural como el tereré”, es una ofensa, una afrenta, una manera de perpetuar la violencia, la discriminación y la exclusión de miles de niñas en nuestro país.

Probablemente Leite quiera “lo mejor” para los suyos, pero esos deseos le nacen desde la comodidad de una casa en la que le sirven de todo, a diferencia de los padres y madres que lo que quieren es que sus hijas e hijos tengan techo, comida y educación dignas. Eso es lo que este Estado debería garantizar.

 

1. Espido Freire escritora española, se hace referencia al inicio de su obra Melocotones Helados.

2. El informe Pisa es un estudio internacional que evalúa el rendimiento de estudiantes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias.

3. Nombre ficticio para proteger la identidad de la persona.


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Vuelven las premières de junio: Francia está en pantalla cumple cuatro ediciones

Entre los próximos días 4 y 7 de junio, Madrid volverá a acoger una nueva cita con el cine francés más reciente: cumplirá cuatro ediciones el Festival Francia está en pantalla, que tendrá como sedes al Institut Français de la capital, los Cines Embajadores y el Círculo de Bellas Artes.
Como es sello de esta muestra desde su inicio, los filmes a proyectar serán diversos en sus géneros y destinados a todos los públicos, y las sesiones se acompañarán de coloquios con algunos directores e intérpretes; esta vez, se dejarán caer por Madrid las cineastas Anne-Sophie Bailly y Agathe Riedinger y la actriz Malou Khebizi, éstas últimas directora y protagonista, respectivamente, de Diamante en bruto, el único film de la competencia oficial del presente Festival de Cannes dirigido por una debutante en la realización de largometrajes.
Bajo la organización del Servicio Cultural de la Embajada de Francia, el Institut Français español y Unifrance, organismo responsable de la promoción del cine y el audiovisual galos internacionalmente, podremos ver siete películas que próximamente se estrenarán en los cines de nuestro país, además de asistir a encuentros profesionales sobre la defensa del modelo de financiación del audiovisual europeo y la posible regulación de la exhibición en los cines independientes, debates a los que se sumarán miembros del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales. ICAA y del Centro Nacional del Cine francés. CNC, así como profesionales franceses y españoles del campo de la exhibición.
Agathe Riedinger. Diamante en bruto, 2024
Además de la mencionada Diamante en bruto, que versa sobre la adolescencia abducida por las redes sociales en la periferia de París y que inaugurará Francia está en pantalla, podremos disfrutar de Misterioso asesinato en la montaña, de Franck Dubosc, comedia de humor negro y surrealista con fondo de nieve que seguramente amarán los adictos a Fargo; o de The Quiet Son, de Delphine y Muriel Coulin, que igualmente tiene como protagonistas a adolescentes por orientar: el hijo de Vincent Lindon en la trama comienza a adentrarse en la extrema derecha. Aquel actor, por cierto, recibió por este papel la Copa Volpi en el último Festival de Venecia.
Blandine Lenoir. Juliette en primavera, 2024
Otros preestrenos serán los de Mon Inséparable, de Anne-Sophie Bailly, que explorará con delicadeza la paternidad y la búsqueda de autonomía entre las personas con discapacidad; Juliette en primavera, de Blandine Lenoir, la historia de una joven ilustradora de libros infantiles, que vuelve a su pueblo natal para reunirse durante unos días con su familia; La receta perfecta (Vingt Dieux), de Louise Courvoisier, comedia sobre la vida de los jóvenes en el medio rural; y Los lazos que nos unen (L’attachement), de Carine Tardieu, el retrato fragmentado de varias dinámicas familiares de nuestro tiempo.
Toda la información sobre fechas, horarios y entradas podéis consultarla aquí: www.institutfrancais.es
Louise Courvoisier. Vingt Dieux, 2024
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Sonia Navarro en Alcalá 31, de patrones y raíces

Hasta el próximo julio, preside la Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid un enorme tapiz de lana elaborado con los retazos de ese material que Sonia Navarro pudo obtener de una de las antiguas fábricas de Lorca tras el terremoto de 2011; bajo él, también grandes piezas de pesado esparto se elevan simbólicamente y ganan ligereza al disponerse sobre muro y no en el suelo.
Son dos de las creaciones más sobrecogedoras entre las que forman parte de “Fronteras y territorios”, exhibición que repasa la andadura de esta autora murciana desde los 2000 y que ha sido comisariada por María de Corral y Lorena Martínez de Corral. El propio territorio donde nació, el de Puerto Lumbreras, sus raíces familiares y las técnicas artesanas del pasado a cuya preservación ella contribuye han sido, desde esos comienzos, las bases de su trabajo, en el que de forma constante hace dialogar los procedimientos manuales y las tradiciones de los talleres con el lenguaje plástico contemporáneo. En relación con el citado esparto, ha explicado la artista que le interesa desde el hombre que va al campo a recogerlo –para hacerlo hay que tener una sabiduría impresionante, y si un año no se recoge, al año siguiente no crece y la tierra se desertiza– hasta las tareas de quien lo tiñe, lo moja y lo cuece y la de las mujeres (cada vez menos, y menos jóvenes) que lo cosen. En sus palabras: Es en esos procesos donde yo siento que encajo.
Junto a esparto y lana, en los proyectos aquí reunidos saldrán a nuestro paso diversos elementos reciclados para los que encuentra segunda vida o el protector fieltro y el caucho y, sobre todo, referencias abundantes a las mujeres de su familia -sus abuelas eran bordadoras, y para ellas el trabajo con tejidos no era sólo un oficio, sino parte de su vida, una actividad a la que brindaban sacrificio y dedicación- y a su hermano, que supo ser feliz más allá de su tetraplejia, y cuyo recuerdo está presente en un buen número de obras relativas a la imposibilidad del movimiento o la necesidad de abrigo corporal. En definitiva, contienen estas propuestas muchas capas de lectura: aúnan memoria, con una vertiente a veces autobiográfica y otras colectiva, y también modernidad.
Sonia Navarro. Palmete, 2010. Fotografía: Jonás Bel © Sonia Navarro. VEGAP, Madrid, 2025
Fue uno de sus premios más tempranos (el de los Circuitos de Artes Plásticas de la Comunidad de Madrid, después llegarían el de BMW o una beca de la Real Academia de España en Roma) el que le permitió adquirir hace algo más de veinte años una máquina de coser industrial que abriría una nueva era en su producción -en aquella edición de la convocatoria resultó galardonado igualmente FOD, que ha colaborado con ella en algunos trabajos-. Cuando obtuvo esa beca romana, correspondiente al curso 2011-2012, no pudo llevársela a Italia, pero no por eso dejó de trazar los estratos de la ciudad con hilo bordado a mano, como veremos en Alcalá 31.
En el centro de la planta inferior de la sala se han emplazado sus vestidos-jaula, que remiten a las mujeres que, por sus circunstancias de pobreza o de riqueza, entraban hace siglos en la vida religiosa (sus cuellos altos también aluden a la imposibilidad de movimiento) y no lejos de ellos contemplaremos un colorido vestido y unas sandalias que la artista llevó al final de una de sus performances y que no le dejaba caminar, en ese caso en alusión a la inmovilidad de la mujer en la sociedad en determinados contextos.
Particularmente bellas resultan sus reinterpretaciones de las jarapas, en origen alfombras de colores vivos que se hacían en telares artesanos familiares a partir de restos de lana o trapos viejos (harapos). Navarro ha empleado en ellas desechos de algodoneras: no podía elegir sus colores, y tampoco sus medidas: como sus abuelas, se ha valido del material disponible sin desperdiciarlo y ha sabido encontrar en ese aprovechamiento una merecida forma de belleza.
Sonia Navarro. Fronteras y territorios. Alcalá 31
El esparto lo introduciría en su obra hace quince años, y aporta mucho a su estética: un olor propio y una relación básica con el pasado de todos; en época romana ya se utilizaba para transportar cereal y ese uso pervivió hasta los sesenta del siglo pasado. Desde los años noventa ha conocido cierta recuperación gracias a las tendencias decorativas, pero la artista ha querido reivindicar con sus grandes composiciones sobre pared la labor esforzada de las mujeres que lo trabajan pese a su dureza (no admite el tratamiento con máquinas), además de evocar los ajuares femeninos que engalanaban las casas de los pueblos hace décadas.
Ella lo manejó sobre bastidor, en el suelo y con la ayuda del mencionado FOD, comprobando cómo el hecho de que el material se encontrase más o menos húmedo incidía en los resultados de su tintado y acordándose de los pliegues de la pintura española, como los presentes en los retratos de frailes de Zurbarán.
A las vivencias de su hermano remiten, asimismo, muletas elaboradas con materiales blandos o un maniquí de extensos brazos metálicos.
Y en la planta superior de Alcalá 31 nos esperan nuevos ejemplos de su empleo rico y alternativo de materiales de siempre, de su mirada a los maestros y de su voluntad de colaborar con artesanos de España y Portugal -ojalá no los últimos de su oficio-.
Para esta exposición ha producido dos piezas textiles en las que ha incorporado correas elaboradas por la talabartera de su pueblo, que dado que ya no se requieren guarniciones para animales viene ejecutando protecciones para los troncos de los árboles y collares de yute para las cabras. Rodean lana, española y portuguesa, la que en el pasado exportamos en elevadísimas cantidades y hoy vive horas muy bajas (se calcula que el 90% de la lana española es desaprovechada). Estas creaciones tienen por título La vida quieta y La vida inquieta, en alusión a una celebrada composición de Zurbarán.
Sonia Navarro. Fronteras y territorios. Alcalá 31
Sonia Navarro. Fronteras y territorios. Alcalá 31
Frente a ellas veremos láminas intervenidas de vistas de Roma y Madrid, imágenes que hallaba en prensa, en el Rastro… y que de este modo hacía suyas, rememorando sus propios paseos por esas ciudades. Flâneur se titula justamente una pieza elaborada con bordadoras en seda de Lorca; con sus talleres busca colaborar Navarro, consciente de que cuando uno cierra no vuelve a abrir. Su actividad se mantiene, en cierta medida, gracias a la demanda de la Semana Santa.
En este campo es muy difícil bordar conforme a líneas rectas, lo que genera una vibración particular en trabajos como este, que algunos asociarán a pendones de los balcones.
Sonia Navarro. Fronteras y territorios. Alcalá 31
Sonia Navarro. Fronteras y territorios. Alcalá 31
Otros trabajos los ha realizado en PVC, recordando las abstracciones coloristas de José Guerrero y Miguel Ángel Campano, o disponiendo retazos de caucho y fieltro sobre lanas nuevamente de nuestro país y lusas; los fragmentos propios de la actividad manual, incluso con sus hilos colgando, saldrán constantemente a nuestro paso, por ejemplo, en un tríptico, basado en un texto de su galerista en T20, Nacho Ruiz, para la muestra “Místicos”. Sus tonos invocan a Velázquez, Zurbarán y Goya, siempre desde el retazo y el homenaje a los desechos textiles. Por una de estas piezas obtuvo el Premio BMW de pintura, cuyo jurado era muy consciente de que no es necesario un pincel para pintar.
En muchas de sus líneas, como en las de las bordadoras o en los frutos del trabajo de la talabartera, encuentra Navarro “las formas de mis patrones, mis recorridos, mis lindes y mis memorias”.
Sonia Navarro. Fronteras y territorios. Alcalá 31
 
Sonia Navarro. Fronteras y territorios. Alcalá 31
 
Sonia Navarro. Fronteras y territorios. Alcalá 31
 
 
Sonia Navarro. “Fronteras y territorios”
ALCALÁ 31
C/ Alcalá, 31
Madrid
Del 23 de mayo al 6 de julio de 2025
 
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Marisa González o el eterno retorno

Cuando, en 1986, dio sus primeros pasos el Centro de Arte Reina Sofía bajo esa denominación, Marisa González formó parte del grupo extenso de artistas españoles que comisariaron una de sus exposiciones inaugurales: “Procesos: cultura y nuevas tecnologías”.
Pionera en el empleo de herramientas y soportes tecnológicos para fines creativos desde una etapa muy temprana de su trayectoria, es ahora cuando esta autora bilbaína, que en 2023 recibió el Premio Velázquez, regresa a este centro para presentar por fin una muestra antológica que da cuenta de sus constantes exploraciones con las fotocopiadoras, el vídeo, la fotografía y el ordenador desde hace cinco décadas y que ha sido comisariada por Violeta Janeiro.
La retrospectiva lleva por título “Un modo de hacer generativo” porque su montaje incide en que González se valió muy pronto de ese tipo de dispositivos (termofaxes, fotocopiadoras a color y otras máquinas que en su momento fueron tecnología puntera, pero también las muy caseras planchas) no para generar meras copias o réplicas de imágenes preexistentes, sino para alumbrar otras nuevas, siempre bajo un método propio abierto al azar, al ensayo – error, al hallazgo incluso entre la ruina y a la inmediatez.
Son aproximadamente una veintena de series y proyectos los que han llegado al Reina Sofía, dándose una circunstancia que nos habla de las dificultades de autoras como Marisa para abrirse paso en el coleccionismo institucional y privado: la mayor parte de las piezas aquí presentes proceden de su estudio -ha confesado González no tirar nada- y, en algún caso puntual, de fondos familiares y del propio MNCARS. La programación de esta muestra responde de hecho, en palabras hoy de Manuel Segade, al deseo del museo de exponer cuanto antes las creaciones de una autora que siempre ha formado parte activa del ecosistema artístico, pero hasta fechas recientes desde un segundo plano. Incluso desde la colaboración continua: comprometida en su momento contra la dictadura, y algo más adelante con las causas del feminismo y con los trabajadores con menos derechos, desde los setenta forma parte de un nutrido número de asociaciones, como la profesional de artistas de Madrid o Mujeres en las Artes Visuales.
Marisa González. Autorretrato, 1971-1973
El recorrido de esta exhibición, que viajará más tarde a Azkuna Zentroa, arranca examinando su atención temprana por materiales y caminos alejados de los que pudo conocer cuando estudiaba Bellas Artes y por los subproductos derivados del uso de distintas tecnologías, de los papeles termosensibles y pruebas de impresión a los coloridos residuos del filtro de una secadora. Autorretratos y siluetas se situaban ya entre sus motivos más frecuentes, las últimas como huella simbólica que todos poseemos, también los relegados siempre al anonimato y los desheredados.
Resultaría vital en la trayectoria de Marisa González su paso por Estados Unidos: en el Art Institute de Chicago cursó el máster justamente llamado Sistemas Generativos: Arte, Ciencia y Tecnología, donde conoció a la profesora Sonia Sheridan, que colaboró con ella en adelante. Desde entonces estudiaría el procesamiento de las imágenes en múltiples ocasiones para lograr distintos efectos visuales, texturas y tonos, esto es, posibilidades potencialmente infinitas de variaciones, superposiciones y fragmentos.
Marisa González. El espejo de los clónicos, 1986. Colección de la artista
Su primera fotocopiadora en color, entonces joya preciada, fue una 3M Color-in-color y su empleo permitió a la artista analizar las muchas opciones de la distorsión y la anomalía, con inevitables ecos más allá de lo estrictamente creativo en contextos de uniformidad. Sus propios archivos tienden a esa distorsión, más que a la clasificación estricta: se nutren de materiales recuperados y reciclados, objetos en apariencia inútiles a los que ella dota de sentidos alternativos, desde guatas a miembros de muñecas.
Después de formarse en Chicago, regresó González brevemente a España para, a continuación, retornar a Estados Unidos: en la Corcoran School de Washington, y junto a Mary Beth Edelson, se adentró en los terrenos del feminismo también en lo artístico. De entonces datan su serie Maternidad, que llevó a cabo estando embarazada y que alude a las implicaciones religiosas, jurídicas y sanitarias de esa condición; La descarga, que recoge los gestos de sus compañeras artistas al conocer las torturas infligidas a mujeres presas en la dictadura de Pinochet; o Lizz Williams y sus máscaras, en torno a la identidad racial o ausencia de ella de una compañera de estudios mulata.
Marisa González. La descarga. Serie Violencia Mujer. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Más adelante, otra fotocopiadora llegó para cambiar muchas cosas: la Color Bubble Jet 145, que le permitió usar un formato de papel mayor, parecido al DIN A4. Revisó, con ella, materiales anteriores, como los de las series Vértigo de identidad, sobre las etapas vitales de la mujer, o La violación, una denuncia de la cosificación femenina a partir de una muñeca casualmente hallada. Su propio archivo era para ella fuente de reinterpretación.
Cuando a fines de los setenta o en los ochenta la pintura tomó nuevos bríos, Marisa González se zambulló en ella enlazándola con sus intereses musicales (había hecho la carrera de piano en el conservatorio bilbaíno). A los soportes habituales de ese medio incorporó fotocopias de partituras procesadas en series como Grafías musicales, con la colaboración de Llorenç Barber y Javier Darias; en estos trabajos, el ritmo y la cadencia surgen del movimiento del papel y las gradaciones lumínicas.
Marisa González. Vértigos de identidad. Serie Miradas en el tiempo, 1992-1993
Si los pentagramas fueron el punto de partida de aquellos proyectos, aquella pelusa de la secadora, de la que quedó prendada por sus tonos y su ligereza, sería el origen de las series Presencias, en las que la luz también tenía mucho que decir. Pudieron verse en su momento en Evelyn Botella.
El corazón de la exposición lo constituyen un conjunto de trabajos, alnos aún en proceso, en los que exploraba los lazos entre lo único y lo múltiple y entre lo que vive y lo inerte. Una de sus herramientas fundamentales en ese propósito fue el sistema informático Lumena e incluso con los residuos de su obsolescencia ha podido trabajar. En Transgénicos, además de referirse a las derivadas éticas y sanitarias de esos productos, contrapuso artificialidad y deseo, y en los retratos Lumena ejerció la compleja distorsión sobre sus modelos, compañeros ligados a la esfera artística como Soledad Lorenzo, Lola Dopico, Pedro Garhel o Menene Gras, entre muchos.
Marisa González. Desviaciones II: bocas locas, 1998-2000. Serie Transgénicos
Al Reina Sofía han llegado también la instalación Estación Fax, elaborada junto a sus alumnos de los Talleres de Arte Actual -a sus contenidos cualquiera podía contribuir-; sus imágenes dedicadas a la vida comunitaria de las muy cualificadas empleadas del hogar filipinas en Hong Kong; y sus proyectos centrados en dos pasadas infraestructuras vascas ya sin vida útil: la nuclear de Lemóniz (inauguró la senda no pequeña de artistas que han trabajado en torno a sus instalaciones vacías) y la panificadora de Bilbao, que superó el millar de empleados hasta clausurarse a fines de los noventa. En la instalación que le dedica, lámparas originales de ese lugar iluminan comunicaciones de quienes dirigían la empresa, achacando bajadas de productividad a la demanda de… vacaciones anuales.
Marisa González. Sin título. Serie Ellas, filipinas, 2010-2013
Marisa González. Luminarias. Proyecto La fábrica, 2000
 
 
 
“Marisa González. Un modo de hacer generativo”
MUSEO NACIONAL CENTRO DE ARTE REINA SOFÍA. MNCARS
C/ Santa Isabel, 52
Madrid
Del 21 de mayo al 22 de septiembre de 2025
 
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