Es una constante de la Historia, los cambios son poco frecuentes pero abruptos. Y los últimos en percibirlos generalmente sufren las consecuencias. Aunque Occidente trata de mantener una apariencia de inmovilismo, las relaciones internacionales ya cambiaron profundamente en 2022, principalmente en detrimento de Estados Unidos, Reino Unido y de Francia, a menudo en favor de China y de Rusia. Los occidentales se mantienen pendientes de lo que sucede en Ucrania pero no perciben que el panorama general internacional ya no es el de antes.
Ana Belén Montes, ex responsable de Latinoamérica en la Defense Intelligence Agency (DIA, la agencia de inteligencia del Departamento de Defensa de Estados Unidos), fue liberada el 6 de enero de 2023, luego de 20 años de reclusión en una cárcel federal estadounidense. Indignada ante la política anticubana de Estados Unidos, Ana Belén Montes, de nacionalidad estadounidense, transmitió a La Habana los planes del Pentágono contra Cuba durante 17 años. Considerada la más alta funcionaria (…)
No les bastó con negarle a Petro lo que le dieron en cinco minutos a Uribe: recordemos que para las negociaciones con Uribe le dieron cese al fuego sin ningún problema. Luego montaron un drama fuera de toda proporción mediante un comunicado inmamable, en el que se ahogan en un vaso de agua, y denuncian que el acuerdo de paz está en crisis. ¡En crisis, por Dios! Parecen adolescentes adictos a las tragedias de telenovelas. Se deshacen en explicaciones chimbas sobre tecnicismos porque parecen no tener una propuesta de país que ofrecer en las negociaciones. El tecnicismo exasperante de los elenos es, en el fondo, puro sustituto a la política.
Ahora nuevamente dan muestra de la tela con la que están hechos. Se salen del cese al fuego bilateral, no para enfrentarse con el estado. Por favor, claro que no, si eso nunca lo han hecho. Las cifras hablan por sí solas: cuando se desmovilizaron las FARC-EP en el 2016, las bajas del ejército se redujeron en un 97%. Los elenos no eran responsables ni de un 3% de las bajas, pues hasta el EPL, con mucha menor presencia, combate más que ellos. Es sólo después de la recomposición de las FARC-EP bajo los liderazgos de Iván Lozada, Gentil Duarte, Jhonier, y Wilson Mayimbú que el ejército volvió a ver actividad guerrillera. Así que no es que los elenos rechazaron el cese al fuego para enfrentarse con el estado.
No, los elenos rechazan el cese al fuego bilateral exclusivamente para enfrentarse con las FARC-EP cuando éstas estaban con la guardia baja debido al cese. Para atacar de manera traicionera, cobarde y por la espalda a revolucionarios, ahí sí que sacan garras, pero para atacar al ejército ahí sí que no se les ve. Pueden decir lo que quieran en sus comunicados. Pueden inventar toda clase de calumnias en contra de las unidades de las FARC-EP en Arauca, pero los hechos hablan por sí solos. No hay nada más que decir, salvo que quedan muchas interrogantes sobre su manera de proceder y para qué intereses son funcionales. Debería su comando central aclarar si esta es política del ELN, si hay un plan de atacar a las organizaciones en cese al fuego bilateral para desestabilizar la paz o si es verdad lo que todo el mundo dice: que ese comando central es una instancia decorativa pues no la respeta ninguno de los frentes en los territorios. O las provocaciones del ELN contra la paz total vienen desde lo alto de su comandancia, o ésta no tiene realmente control sobre la organización. Ninguno de ambos escenarios posibles es muy alentador para la paz total.
En la práctica, dejan a Petro en una situación extraordinariamente difícil. Petro no puede permitir que se utilice el cese al fuego bilateral para adelantar agresiones en contra de organizaciones que están demostrando ser más serias en la búsqueda de la paz. Y tampoco puede permitir que una organización a la que se le está poniendo todo lo más fácil para el diálogo, se burle así no sólo del primer gobierno verdaderamente reformista que hay en Colombia, sino que además se burle de la esperanza de las comunidades. Este no fue solamente un ataque a revolucionarios que sí están poniendo sus propuestas por delante, que están en cese al fuego bilateral. Este acto, de por sí detestable, es en realidad mucho peor, porque es un ataque a las comunidades. Es hora de que esa comandancia elena demuestre sí tiene mando y si tiene realmente voluntad de paz. Cada una de sus acciones hasta ahora demuestran que ni tienen lo uno ni lo otro. Esperemos que esta vez hablen con gestos, no con comunicados mamones que no le interesan a nadie.
Cualquier cosa puede ser aprovechada para ello: la llegada masiva de inmigrantes, unos “ataques sónicos” que hasta la CIA niega ahora que hayan ocurrido, el desarrollo biotecnológico o informático de la isla, una protesta callejera, la respuesta a una violación del espacio aéreo cubano, la colaboración cubana con Venezuela… Lo cierto es que la idea de la intervención militar para resolver lo que algunos llaman allí “el problema cubano” no deja de circular en las redes digitales, los medios de comunicación y las mentes de personas con capacidad de proyección pública en aquel país.
Los
militares estadounidenses, con tan buenos resultados recientes en
lugares como Libia, Afganistán e Irak, parecen no compartir el mismo
entusiasmo. Mark Esper, ex Secretario de Defensa de Estados Unidos
durante el gobierno de Donald Trump, reveló en su libro A Sacred Oath:
Memoirs of a Defense Secretary in Extraordinary Times cómo con el apoyo
del general Mark Milley, Jefe del Estado Mayor Conjunto, logró
“aplastar” “cosas realmente malas, cosas peligrosas que podrían haber
llevado al país por una dirección oscura” en relación con Cuba y
Venezuela, como un bloqueo naval total y una intervención militar.
Siempre hay
gente dispuesta a hacer que otros mueran por su cuestionable gloria.
Cuenta Esper que uno de ellos era el Presidente Trump. Ante esa
posibilidad, que únicamente espera tener un pretexto creíble para
convertir La Habana o Caracas en blanco de misiles norteamericanos, el
discurso dominante dicta que quienes habitan ambas ciudades solamente
deben confiar en el buen estado mental de personas como Esper, y rezar
porque sean capaces de disuadir a sus superiores. Si alguno de esos
países intenta adquirir armamento, o al menos modernizarlo, como sucedió
con unos aviones Mig 29 que Cuba enviaba para reparar en otro país, la
misma prensa que convenció al mundo de los ataques sónicos en La Habana y
las armas de destrucción masiva en Irak pondrá el grito en el cielo
mientras normaliza los presupuestos militares de cientos de miles de
millones de dólares del gendarme mundial.
Ante esa
prensa, Cuba, país que lleva más de sesenta años en el colimador de los
cohetes y bombarderos estadounidenses, no solo no tiene derecho a poseer
armamento defensivo para que el costo de una intervención disuada a su
probable agresor, sino que tampoco puede tratar de informarse sobre las
“cosas realmente malas, cosas peligrosas” -Esper dixit– que
contra ella se puedan urdir por los pacíficos dirigentes de los Estados
Unidos que, dicho sea de paso, nunca han agredido a nadie.
Leer los
titulares de la gran prensa internacional a raíz de la excarcelación,
tras cumplir veinte años en prisión, de la puertorriqueña Ana Belén
Montes, es una escuela de hipocresía. A Belén Montes se le acusó de
conspiración para cometer espionaje a favor de Cuba desde su puesto de
analista de la Agencia de Inteligencia para la Defensa de los Estados
Unidos y fue condenada a 25 años de cárcel, cinco de los cuales cumplirá
ahora en “libertad supervisada”, con el acceso a Internet restringido y
la prohibición de trabajar para gobiernos y contactar agentes
extranjeros sin permiso. Sin embargo, los titulares de esa prensa
insisten en el “daño” que pudo haber hecho esta mujer a los Estados
Unidos.
La tarea de
Belén Montes en el Pentágono era la información sobre Cuba, el único
“daño” que pudo haber hecho está restringido a alertar a un pequeño
país, dañado sin tregua y sin piedad por el gobierno de Estados Unidos,
sobre lo que su victimario pretende contra él en el nada dañino plano
militar. Pero un ex oficial del FBI implicado en el caso y una ex
congresista estadounidense que incitó públicamente al asesinato de Fidel
Castro bastan para fungir como tribunal mediático y sumar palabras a su
condena judicial.
El cine de
Hollywood está lleno de historias en que personas muy agradables y
atractivas, casi siempre agentes de la CIA, brindan información al
gobierno de Estados Unidos sobre las intenciones de sus adversarios y
son tratados como héroes. También de otras en que esos buenazos del FBI,
continuadores del no menos bueno John Edgar Hoover, persiguen y
capturan a quien intente hacer lo mismo acerca de lo que Washington se
propone en su benevolente y solidario desempeño hacia la humanidad. Pero
los presupuestos mutimillonarios, las decenas de miles de empleados, y
el uso intensivo de tecnologías de todo tipo, desde satélites hasta las
puertas traseras en redes digitales y sistemas operativos de
dispositivos electrónicos personales, superan cualquier ficción. Edgar
Snowden mostró que no solo los adversarios les interesan, también
quieren saberlo todo sobre sus aliados.
Pagan bien
los dueños del mundo a informantes, tecnólogos y profesionales de todas
las ramas del saber para que no se les escape un detalle de su interés,
aunque el 99% de los espiados nunca hayan tenido la menor idea de hacer
algo contra los Estados Unidos. Si los candidatos a ser intervenidos
militarmente encuentran a alguien que, sin cobrar un centavo, entre en
las entrañas del monstruo y no mire los planes contra ellos con ojos de
victimario, sino de humanidad, entonces no basta la condena judicial,
hay que linchar comunicacionalmente el mal ejemplo de esta mujer que
tuvo el valor de decir ante quienes la condenaron:
“Considero
que la política de nuestro gobierno hacia Cuba es cruel e injusta,
profundamente inamistosa. Me consideré moralmente obligada a ayudar a la
Isla a defenderse de nuestros esfuerzos de imponer en ella nuestros
valores y nuestro sistema político. Nosotros hemos hecho gala de
intolerancia y desprecio hacia Cuba (…). Nosotros nunca hemos respetado
el derecho de Cuba a definir su propio destino, sus propios ideales de
igualdad y justicia (…). Hice lo que consideré más adecuado para
contrarrestar una gran injusticia”.
Lo cierto
es que militares y ciudadanos estadounidenses, si estuvieran bien
informados, lejos de condenarla, deberían agradecer a esta mujer que
contribuyó a evitar una guerra de Estados Unidos contra Cuba. Viendo
cómo salió EE.UU. de Vietnam, Irak o Afganistán… ¿le habrá hecho daño a
ese país, o lo ayudó?
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Este podcast tiene la intención de reproducir interpretaciones personales de algunos clásicos de la poesía universal. Entiendo, al igual que Octavio Paz, que la poesía es una actividad emocional revolucionaria, un ejercicio espiritual, un medio de liberación interior y una búsqueda de transfiguración. Adonis, Ali Ahmad Said y Octavio paz son mis favoritos. Dos clásicos modernos.
Este poema, como tantos otros, tiene que ver con los límites de la vida. Es un poema profundo y desconcertante, pero como todos en los poemas de Adonis nunca sabemos a dónde nos lleva sus impresionantes versos, es como no saber en qué puerto este barco llegará anclar.