La geografía, posible instancia superadora de la economía

La «reforma» económica le valió a numerosos economistas marxistas, neo ricardianos, keynesianos y neokeynesianos el abandono abrupto de sus cátedras docentes y de sus trabajos como investigadores.

Una nueva historia debía ser escrita de la mano de una profunda re estructuración del sistema capitalista siendo los mismos economistas los interlocutores sociales entre el poder fáctico y la sociedad donde su culto y veneración comenzó a tallar varias generaciones y sus conciencias al naturalizar estos preceptos y obrar desde su mas sencilla lógica cotidiana en función del nuevo dogma.

El carácter a-espacial y la difusión de una serie de postulados teóricos de dudoso cumplimiento concreto permitieron su rápida asimilación social hasta que ciertas crisis políticas y económicas en América Latina pusieron en un duro cuestionamiento su legitimidad y que para el caso argentino rozo plenamente en su fracaso y posterior establecimiento de políticas económicas adversas a las mismas.

Tan pronto una versión sui generis del Peronismo -léase el kirchnerismo- abrazaba su segundo mandato se produce en 2008 una severa crisis económica mundial que ningún economista convencional no solo no pudo prever sino tampoco explicar claramente las causas.

Generaciones y generaciones de economistas formados bajo el mismo dogma no pudieron dar una respuesta justa ni siquiera aquella demanda efectuada por la mismísima Corona Británica a «célebres» economistas británicos.

Si pudo dar una explicación posible el Geógrafo Ingles David Harvey prolífico estudioso del sistema capitalista y de sus efectos espaciales.

En paralelo el despliegue de los EEUU sobre Medio Oriente daba la
justa re apertura teórica de la Geopolítica y de sus postulados que
desde los años 2000 hasta el presente conflicto ruso-ucraniano
genera las explicaciones necesarias para la compresión de lo que
acontece y quizás acontecerá.

Los estados del mundo están tomando seriamente y en términos políticos tanto la geoeconomía -alabada por el Premio Nobel de los EEUU Paul Krugman- como la geopolítica que ha cobrado una extrema relevancia casi para todos los actores económicos globales.

Quizás citando a Lenin y su afamada frase «los hechos son tercos» la materialidad o concretud de la geografía prima por sobre cualquier otra perspectiva y asimismo puede dar lugar a una respuesta superadora de la problemática del desarrollo y del subdesarrollo al comprender en términos espaciales las relaciones políticas, económicas, ambientales, sociales y culturales.

A tal efecto es un deber de la geografía y de todo geógrafo emprender dicha gesta pues los elementos formativos existen y la realidad conlleva a inscribir a nuestra ciencia como el pináculo epistemológico rector del resto del conocimiento.

Por otra parte, el desarrollo tecnológico adherido puede aun reafirmar su rol en el desarrollo humano de las distintas sociedades que quizás re evalúen sus designios formativos personales hacia una frontera cognitiva diferente.

Ezequiel Beer. Geógrafo UBA. Analista Político.

Problemas con el cuento de la «victoria total»

Pero la guerra no puede ganarse sólo por medios militares, tal como advirtió hace unas semanas el jefe del Estado Mayor norteamericano, Mark Milley, sugiriendo la vía de las negociaciones de paz. En un reciente artículo publicado en Foreign Affairs, el historiador ruso Vladislav Zubok, profesor de la London School of Economics (LSE) de Londres, señala que, por desgracia, la “controvertida” opinión de Milley ha encontrado hasta ahora pocos partidarios.

Pero, ¿cómo sería una
victoria total para los ucranianos y sus aliados? Esto es lo que se
pregunta Milley, y también Zubok. La victoria total podría requerir una
guerra aún más larga y sangrienta. Los que desean la victoria total
esperan que Putin salga de escena; pero “a pesar de importantes reveses,
las fuerzas rusas se han reagrupado y no se han derrumbado».

La
salida deseada por Kiev es volver a las fronteras del 24 de febrero de
2022, en vísperas de la invasión. Pero una vuelta incluso al statu quo
ante no garantiza que Rusia no vuelva a intentar una nueva invasión
pasado un tiempo. La disuasión militar por sí sola puede que no sea
suficiente para la paz.

No existe un plan coherente para
garantizar la seguridad de Ucrania aunque Putin siga en el poder. El
punto final de Zubok es que se hace necesario tanto que Rusia admita la
derrota como que Ucrania acepte la posibilidad de que no es posible la
victoria total.

Para llegar a negociaciones de verdad, según el
historiador ruso -autor de importantes obras sobre la URSS (entre ellas
Collapse: The fall of the Soviet Union [Derrumbe: La caída de la Unión
Soviética], Yale University Press, 2021)- es necesario que Occidente no
relegue a Rusia al estatus de Estado paria, considerando por un lado la
posibilidad de su “regreso a Europa” y ofreciendo por otras garantías
creíbles a Kiev sobre su seguridad.

Quienes consideran inviable
esta senda confían en que Moscú se derrumbe. Pero su economía no se está
hundiendo: ha habido un descenso, pero mucho menor de lo esperado
(según la OCDE, su PIB para 2022 marcará una caída del 3-4 %), y a pesar
de que Moscú está aislado de Occidente, presume de un gran superávit
por cuenta corriente procedente de las ventas de hidrocarburos (de los
cuales 85.000 millones de dólares proceden de Europa, no lo olvidemos).

Al
fin y al cabo, las sanciones a lo largo de la Guerra Fría no
consiguieron obligar a Moscú a retirarse de Europa del Este, y es poco
probable que lo hagan hoy. Putin ha delegado la economía en quienes la
entienden: el banco central dirigido por Elvira Nabiullina está lleno de
empollones sobrecualificados que intervinieron con prontitud para
evitar un derrumbe económico, aunque el rublo haya perdido una cuarta
parte de su valor frente al dólar.

Además, de acuerdo con The
Economist Intelligence Unit, ésta es la quinta crisis económica a la que
se enfrenta el país en 25 años, y la gente ha aprendido a adaptarse, en
lugar de dejarse llevar por el pánico o e drebelarse. En cuanto a
Putin, el agresor, es muy consciente de las consecuencias de la derrota
pero, aunque tiene una visión distorsionada de los orígenes y la
historia de Ucrania, no se encuentra en una situación como la del zar
Nicolás II cuando abdicó en 1917, ni la de Gorbachov cuando se vio
abandonado por el aparato de seguridad en 1991 y perdió el control de la
capital.

Putin sigue controlando el ejército y los servicios de
seguridad, mientras que la mayoría de los rusos apoyan al gobierno y no
están dispuestos a aceptar una derrota total. Crimea les sigue valiendo
una guerra y Putin sigue siendo el garante de la estabilidad. La
perspectiva de una derrota y de su caída sería una pesadilla política,
tanto para las élites como en un plano popular, con el recuerdo de la
anarquía y los desastres económicos de principios de los años noventa.

Por
supuesto, Putin se regodea en el turbio relato de que Rusia está
librando una batalla existencial contra Occidente en Ucrania. Será
difícil, señala Zubok, hacer cambiar de opinión a los rusos, aunque un
número cada vez mayor no confíe en el gobierno ni en los medios de
comunicación oficiales, como tampoco confían demasiado en Occidente. El
hecho de que Occidente siga insistiendo en que debe castigarse a Rusia
por las matanzas de Ucrania está consolidando entre la población rusa la
idea de que deben seguir apoyando la nación y el nacionalismo.

Ciertamente,
la situación podría cambiar si se producen cada vez más derrotas y la
movilización militar se generaliza, y si la opinión pública empieza a
culpar a Putin de sus errores, como ocurrió con el zar y Gorbachov.

Pero
antes de que las cosas lleguen a ese punto -si es que llegan-,
Occidente debería prepararse para ofrecer a Rusia un “mapa” que esboce
una vía para salir del aislamiento. En caso de que Rusia continúe la
guerra, “el futuro de Rusia, según debe explicarse cuidadosamente en el
plan, será de degradación económica; corre el riesgo de convertirse en
un dependiente debilitado de China».

Estos argumentos podrían
funcionar. Así lo demuestra la mención de Moscú a la reapertura del
gasoducto de Yamal con Europa: gracias a las sanciones, las empresas
energéticas norteamericanas han registrado unos beneficios extra de
200.000 millones de dólares entre abril y septiembre de 2022 (Financial
Times, 5 de noviembre), mientras que los buques de GNL [gas natural
licuado] norteamericano navegan cerca de las costas europeas para
descargar cuando los precios vuelvan a subir.

¿Cuáles son los
puntos de la hoja de ruta que sugiere Zubok? 1) Hacer hincapié en los
beneficios de la paz para Moscú; 2) dar garantías de que se respetarán
la soberanía y la integridad de Rusia; 3) un acuerdo con la OTAN que
asegure el lugar de Moscú en la arquitectura para la seguridad en
Europa; 4) el reconocimiento del liderazgo ruso si se compromete a
cumplir la Carta de la ONU y el Derecho internacional; y 5) un
calendario para la devolución de los activos congelados y la retirada de
las sanciones, vinculado al cumplimiento por parte de Rusia de una
retirada acordada de los territorios ocupados.

No tiene sentido ocultar que Crimea sigue constituyendo un problema importante, uno de los mayores obstáculos para las negociaciones, tal como señala Zubov. Tal vez sería mejor, argumenta, dar carpetazo a ese capítulo concreto y posponerlo para el futuro. Esa no es solución, por supuesto, pero tal vez encontrar una requiera más imaginación de la que parece haber hoy en día.

Alberto Negri. Prestigioso periodista italiano, ha sido investigador del Istituto per gli Studi degli Affari Internazionali y, entre 1987 y 2017, enviado especial y corresponsal de guerra para el diario económico Il Sole 24 Ore en Oriente Medio, África, Asia Central y los Balcanes. En 2007 recibió el premio Maria Grazia Cutuli de periodismo internacional y en 2015 el premio Colombe per la Pace. Su último libro publicado es “Il musulmano errante. Storia degli alauiti e dei misteri” del Medio Oriente, galardonado con el Premio Capalbio.

Fuente: https://global.ilmanifesto.it/problems-with-the-total-victory-narrative/

Traducido para Sin Permiso por Lucas Antón

Ucrania y la pérdida de las ilusiones de los principales actores

El año pasado fue el año de la colisión del posmodernismo con el mundo real. Prácticamente todos los participantes directos e indirectos en la crisis ucraniana construyeron sus políticas internas y externas sobre construcciones teóricas, altamente ideológicas, sobre ilusiones. Y cuanto más grandes eran las ilusiones más severas fueron las consecuencias para los creyentes .

Echemos un vistazo a los actores principales.

Rusia

Nuestra primera y principal ilusión es sobre la negociabilidad de las contrapartes. A lo largo del período postsoviético, intentamos resolver la paz en Ucrania, basados ​​en que sería mejor para todos: Occidente, que vive en la frontera con una potencia nuclear líder, recibiría un cinturón de seguridad predecible y reglas claras del juego, junto con un alto grado de influencia en Ucrania; Europa, además, mantendría y fortalecería los lazos con Rusia como una importante base de recursos y un vasto mercado de negocios; Ucrania tendrá la oportunidad de una integración suave con Europa mientras mantendría profundos lazos económicos y culturales con Rusia, mientras que Rusia, además de una mayor integración gradual en Occidente y, en primer lugar, en el sistema europeo (hasta la simbiosis), mantendría su influencia en Ucrania y Kiev tendría una política amistosa tanto hacia Moscú como hacia la población rusa en Ucrania.

Sin embargo, toda la historia de la Ucrania postsoviética es la historia de un movimiento en un sentido contrario; este movimiento se ha vuelto irreversible desde 2014. Ignorando constantemente este hecho, los obstinados intentos de volver al proceso de acuerdos con Kiev o con Occidente nos han llevado al inicio de un proceso igualmente irreversible, un Nuevo Orden Mundial. Lo que salió mal exactamente a fines de febrero, no lo sabremos pronto. Pero si Moscú fijó el objetivo de resolver el problema ucraniano de acuerdo con el escenario georgiano, con poco derramamiento de sangre y en unos pocos días, este objetivo, obviamente, no se logró.

El puesto de avanzada antirruso que se había creado durante treinta años resultó ser muy fuerte y estaba listo para luchar incluso a costa de su propia destrucción. Un  asunto contrario al sentido común, tal como se entiende en Moscú. 

Me gustaría creer que las ilusiones de Moscú finalmente se han disipado, y nuestro liderazgo político-militar ya no espera una actitud de cordura de Occidente y Kiev. Sin embargo, hasta ahora, el curso de la Operación Militar Especial (OME) sugiere más bien todo lo contrario: después de febrero, nuestras operaciones ofensivas se han llevado a cabo solo en el Donbass, y no a lo largo de todo el frente, específicamente  en áreas locales y principalmente por las fuerzas de las PMC y el antigua milicia popular de las repúblicas. Existe la sensación que durante el pasado año realmente no supimos qué hacer a continuación, es como si estuviéramos esperando que el enemigo se aburriera antes que nosotros y finalmente comenzara a negociar de verdad. 

Nuestra segunda ilusión es la capacidad de combate del ejército. Las acciones de las Fuerzas Armadas de Rusia durante la Operación Militar Especial en un ambiente patriótico generalmente están bajo escrutinio dl pueblo. Pero, desde la época de la reforma de Serdyukov, nuestro ejército no se ha estado preparando para un conflicto terrestre a gran escala con una línea de frente de un par de miles de kilómetros, con la necesidad de realizar operaciones de armas combinadas al nivel de la Gran Guerra Patria y, con la movilización de cientos de miles de personas. Esto no cambiará de la noche a la mañana. Y aunque las deficiencias identificadas en las acciones de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa, del Estado Mayor y de la retaguardia se reconocen, y de alguna manera se solucionan, todavía no vemos una ofensiva a gran escala que tenga como objetivo derrotar al ejército ucraniano (AFU). Tal vez lo veamos el próximo año. Quizás el ejército se esté preparando en este momento y no esté esperando.

Estados Unidos

En la posguerra fría la ilusión principal de los Estados Unidos es el control total (o al menos el dominio) sobre todos los procesos que tienen lugar en el mundo y, por lo tanto, que el grado de consideración de sus intereses por parte de sus adversarios estaría determinado por Washington, y sólo por Washington. En otras palabras: “será como yo quiero y, si no es como yo quiero, entonces tengo medios suficientes para coaccionar y castigar aquellos que me desobedecen”.

En muchos aspectos, esta inflexibilidad condujo a la crisis actual: si Washington decidía, era posible negociar con Rusia, eso si que solo para salvar las apariencias y en su propio beneficio económico y político: Y Moscú, probablemente, estaba preparada para conversar.

Una situación similar se observa en todo el mundo: en todas partes los Estados actúan según el principio de «tenemos poder, no se necesita dialogo».

En Medio Oriente, tal comportamiento ha llevado a EE. UU. a un fuerte debilitamiento de su posición; hizo casi irreversible la perspectiva de un conflicto con China; han colocado bombas de relojería en las relaciones con sus aliados en Europa y en Asia estas bombas pueden que exploten en los próximos años.

Desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha estado creando un sistema global: un nuevo tipo de imperio. Constantemente han intervenido en los procesos políticos y económicos de todo el mundo sin encontrar mucha resistencia; por el contrario, casi todos intentaron integrarse en este sistema, recibiendo a cambio algunos mercados y acceso a dinero supuestamente barato. Para algunos esto significo  un paraguas de seguridad y la oportunidad de no gastar dinero en el ejército, para otros acceso a las nuevas tecnologías.

Los propios Estados Unidos, habiéndose encontrado en el papel de la “madre patria de todo el mundo”, se desprendieron de esta política, y después de varias generaciones, su clase política se convenció que su hegemonía no era el resultado de un minucioso trabajo que tomaba en cuenta los intereses de sus socios, sino que de algún tipo de derecho de linaje, y que ahora se estaba convirtiendo en una carga. De ahí el estancamiento, y cuanto mayor es la histeria de la política exterior estadounidense y, sus intentos de obligar a otros a actuar a su manera  han dado como resultado, el socavamiento de un sistema global centrado en Estados Unidos.

Todavía, Estados Unidos tiene un sólido margen de seguridad, su base alimentaria sigue siendo amplia y, las instituciones globales alternativas apenas comienzan a tomar forma, por lo que no se deben esperar cambios importantes en su política estadounidense en los próximos años, especialmente desde que la división interna, los está obligando a aumentar la tensión en su política exterior.

La segunda ilusión estadounidense (y también europea) es que se puede ganar un conflicto militar, a la escala ucraniana, sin involucrarse directamente en él. Sí, las Fuerzas Armadas de Ucrania están resistiendo bien, pero hasta ahora Rusia ha desplegado una pequeña parte de sus recursos militares, y el grado de escalada de nuestra parte está determinado por decisiones políticas, y no por la movilización de nuestras capacidades militares. Si, estamos dispuestos y listos. Podemos multiplicar una ofensiva, a la que le será extremadamente difícil responder a Occidente y Estados Unidos sin una participación directa en el conflicto con sus tropas (al menos la defensa aérea). Sin embargo, el presidente Biden sigue señalando que no aceptará una intervención directa mientras viva.

Europa

La principal ilusión de Europa es que su bien alimentado bienestar de las últimas décadas es mérito propio, y que se basa en un conjunto de unos valores abstractos. De hecho, el bienestar de Europa se asentaba sobre dos pilares: el techo militar, político y económico estadounidense y una base de recursos baratos, principalmente rusos.

Por un lado, la ausencia de cuidar su propia seguridad,  los recursos y los mercados rusos y, la ausencia de grandes conflictos internos, contribuyeron a un despegue económico sin precedentes, una verdadera edad de oro, y por el otro, propiciaron a una degeneración de las élites políticas europeas, que creyeron sinceramente que así sería siempre y que para ello basta cultivar valores y esforzarse en contagiarlos a todo el atrasado mundo circundante.

Esto explica la obstinación de Europa en la cuestión ucraniana: obstinación que bordea el fanatismo. Europa aplica las  sanciones antirrusas con el mayor celo , independientemente de cualquier daño.

Si Estados Unidos en esta crisis está tomando prestado del futuro, entonces Europa, está, disparando ráfagas de rodillas.

Aquí y ahora, se está privando de un gran mercado, su base de recursos más importante, y se auto-relegada a una dependencia casi colonial de Washington que, a diferencia de Europa, tiene poder militar real y control real sobre los procesos políticos y económicos en el mundo.

Después de que fracasara el intento combinado de Occidente de dar a Rusia un “impacto económico de pavor”, los líderes de Europa están perdidos: las mismas personas, con una diferencia de un par de días, pueden hablar sobre la necesidad de una victoria militar sobre Rusia y la necesidad de un diálogo diplomático, aparentemente sin entender realmente qué significa «victoria militar» y qué significa «diálogo diplomático».

La perspectiva de muchos años de múltiples aumentos en los precios de la energía y, como resultado, la desindustrialización y la caída del nivel de vida, la perspectiva de una guerra comercial con los Estados Unidos en una recesión global, la perspectiva de mantener una Ucrania devastada por un número indefinido de años, la perspectiva de cientos de miles de millones de pérdidas por la pérdida de inversiones acumuladas en Rusia ya es aleccionadora, pero aún no conduce a ninguna decisión, simplemente no hay nadie para tomarlas e implementarlas. Además, los problemas de larga data de la Unión Europea , con los que tropezó en años anteriores, no han desaparecido: la crisis migratoria, el equilibrio constante del sur de Europa al borde del colapso económico.

Ucrania

La principal ilusión de Ucrania es creer que podrían construir un estado mono-étnico enemigo a Rusia, dentro de las fronteras postsoviéticas y con una parte significativa de la población rusa, así como la autosugestión que Occidente privilegie a Ucrania, como dicen el adagio “por sus hermosos ojos”.

Ucrania no es Polonia, y el intento implementar esta política condujo a un conflicto civil, donde un lado fue apoyado por Occidente y el otro por Rusia. Después de que este conflicto entrara en una fase abierta en 2014, desde un puesto de avanzada anti-ruso, Ucrania comenzó a convertirse en un arma, en una especie de dron kamikaze de Occidente contra Rusia.

Debe admitirse que esto fue parcialmente exitoso: tanto las Fuerzas Armadas de Ucrania como el estado ucraniano resistieron el golpe de febrero, se recuperaron y, con el apoyo de Occidente, infligieron una serie de dolorosas derrotas a Rusia en otoño.

Los éxitos militares, sin embargo, no son de naturaleza estratégica y su costo es la muerte de la economía ucraniana. Según diversas estimaciones, hasta un tercio de la población huyó de Ucrania, la producción se redujo a la mitad (incluso antes de los ataques rusos a las instalaciones energéticas que comenzaron en octubre) y para un futuro próximo, según declaraciones oficiales de Kiev, un 70 por ciento de la población estará sin energía eléctrica. Esto significa desempleo, hacienda vacía, cierres masivos de empresas, empobrecimiento generalizado.

Aunque, ahora Occidente es una poderosa retaguardia para Ucrania, y hace grandes gastos por esto, sin embargo, sus políticos evadan la participación directa en las batallas, trasladando todas las dificultades y peligros a Kiev. Cualquiera que sea el resultado de la fase candente del conflicto, la devastada Ucrania tendrá que lidiar con sus consecuencias por sí sola, y cuanto más lejos esté la paz, más embarazosas serán las consecuencias para los ucranianos.

Sin embargo, incluso si entre las élites ucranianas alguien adivina cómo se están utilizando, ya no podrán detenerse. El control de Occidente es demasiado estricto, el bombeo ideológico es demasiado grande, todo ha ido demasiado lejos.

Ucrania ahora es un zombi, un muerto viviente, y caminará mientras Occidente lo impulse. Sin embargo, incluso de esta forma, las Fuerzas Armadas de Ucrania son capaces de luchar durante años, especialmente con el lento curso actual del conflicto.

Solo en un caso Occidente puede negarse a proteger al régimen de Ucrania: si sus Fuerzas Armadas son derrotadas y pierden físicamente la capacidad de luchar, si Ucrania se reduce físicamente lo suficiente como para perder su importancia estratégica para Occidente. Cualquier tregua solo pospondrá el conflicto para el futuro, y uno no debe hacerse ilusiones al respecto.


El conflicto global solo está creciendo. Tanto para Rusia como para Occidente, es existencial, y ninguna de las partes muestra inclinación al compromiso. Es aún más sorprendente que las hostilidades sigan siendo de naturaleza relativamente local, limitadas a un restringido teatro ucraniano, e incluso en él, de manera dosificada y posicional. Parece que las partes se han centrado en cómo aprender a vivir en las nuevas condiciones, lo que significa que el desarrollo del próximo orden mundial y las reglas del juego tienen una oportunidad, sin que esta cambio se convierta en una lucha interminable de todos contra todos, con el riesgo de una catástrofe nuclear.

La iniciativa en este proceso la obtendrán quienes acepten la realidad antes que los demás, comprendan su lugar en ella y comiencen a actuar en consecuencia. Esto concierne no solo a los participantes en la crisis de Ucrania, sino también a los países neutrales hasta ahora, que aún no se han desprendido de sus propias ilusiones.

SERGEY POLETAEV, SOCIÓLOGO RUSO, COFUNDADOR DEL «PROYECTO VATFOR».

Fuente original: Un análisis realista: «Ucrania y la pérdida de las ilusiones de los principales actores» (observatoriocrisis.com)

Política y Estado lejos del pueblo

Pero que, ni sus hijos -que gobiernan o mal gobiernan-, ni el poder -que los sostiene, tienen voluntad que las cosas cambien, en la dirección de los intereses, necesidades y aspiraciones de absolutas mayorías.

Quienes
tuvieron o tienen dudas al respecto recibieron el aire fresco que, como no
podía ser de otra manera, vino de la calle. Fueron millones y salían para una alegre
celebración: El triunfo en el Mundial de Fútbol. Fue un cierre muy distinto a
los datos que vienen de los números sobre el estado de la sociedad y las
angustias de la vida cotidiana.

En estos
días la vida cotidiana y el fútbol fueron hermanados por las masividades de los
festejos. Pero ambos transitan por caminos distintos. El fútbol no resolverá la
mishiadura actual, aunque es cierto
que una alegría futbolera levanta el ánimo y muestra que no somos tan incapaces
como -a veces- parecemos o nos hacen creer. Esa suba en la autoestima dará
mayores fuerzas a los argentinos para dar vuelta la tortilla que se está
cocinando.

Bajando a
tierra estas ideas generales es propósito de estas líneas reflexionar sobre
algunos aspectos de esta realidad, determinada por esta ruptura entre una
dirigencia -que se autosatisface con ella- ante un pueblo que,
mayoritariamente, la padece.

La marcha de la economía

La
economía argentina del 2022/23 soporta dos miradas extrañamente ambiguas y
contradictorias, aunque -en cierto modo- se complementan a través de la
continuidad del statu quo.

Todo
parece indicar que la mala situación, que hoy estamos transitando, difícilmente
tenga un futuro inmediato de grandes avances o profundas transformaciones.
Desde el sistema avisan que lo mejor que puede pasar es que continúen los
“ajustes” que ensaya elministro de Economía Sergio Massa, un hijo dilecto del
imperio. Desde abajo, la mayoría reniega de ellos, pero sin una estrategia y
práctica alternativa, suficientemente fuerte, comunicable y compartible con el
conjunto.

Pero hay
un dato, que consta en un extenso Informe del Observatorio de la Deuda Social
de la Universidad Católica Argentina, cuya tendencia debería despertar hasta
las conciencias más apagadas de la sociedad. Allí se dice que la indigencia,
entre los menores de 17 años, prácticamente se duplicó entre los años 2010 y
2022. ¿Qué se ha hecho para que eso no ocurra y qué haremos para que no
continúe?

Lo más
grave de la presente situación económica es que los efectos de la misma vayan
adquiriendo el lugar de aquello que no se puede modificar. ¿Por qué? Porqué se
impuso la idea de que eso es lo que hay.
Ese culto al posibilismo permitió que se llegue a las proporciones mencionadas
y que se conviva con ellas, como algo lógico o imposible de cambiar.

Para el
2023, la mayoría de las estimaciones evalúa que habrá una disminución de la
inflación pero que la misma se haría al precio de un estancamiento económico,
cuyos valores serían apenas positivos o prácticamente neutros.

Esta
tendencia correría en paralelo a la situación internacional. Acerca de la misma
crece la opinión que un tercio de la economía mundial -entre ella la de EEUU-
entraría en recesión, tal como lo viene preanunciado el gurú de la tecnología:
Bill Gates. La razón, además de la guerra, surge de la necesidad de frenar lo
que ellos llaman “la inflación” que hoy ronda –en sus países- en el 6% anual,
una cifra semejante a la inflación mensual argentina.

El campo
que proporciona los mayores números de la actividad productiva padecerá los
efectos de una duradera sequía. En lo que respecta a la evolución del trabajo,
todo indica que no tendrá grandes diferencias al año actual. Lo principal de la
fuerza laboral estará compuesta por trabajadores informales o cuentapropistas,
con una desocupación formalmente baja, pero con avances de la ya profunda
precarización.

Si las
cosas no cambian, en ese pozo tratarán de sobrevivir los millones que seguirán
pagando los platos rotos de esta situación.

Juan Guahán. Analista político y dirigente social argentino, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

Colombia. Parar la guerra, iluminar la esperanza

Por Javier Orozco Peñaranda (Coordinador) Colombia, Otro mundo es posible

El gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez da un paso audaz en el propósito de avanzar hacia la paz total.
Colombia y en particular la población de los territorios sometidos por décadas al terror, recibe con esperanza los decretos del gobierno del presidente Petro que establecen un cese bilateral del fuego, desde el 1º de enero hasta el 30 de junio, entre la fuerza pública y cinco grupos armados que sumarían cerca de 10 mil combatientes de las guerrillas ELN, Estado Mayor Central de las disidencias de las FARC y la Segunda Marquetalia, así como los grupos paramilitares Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y las Autodefensas de la Sierra Nevada.

Falta la respuesta del ELN, organización guerrillera que había anunciado un cese unilateral del fuego en todo el país con motivo del fin de año y que aclaró que entiende el decreto del gobierno como una propuesta para examinar en el siguiente ciclo de conversaciones: “La Delegación de Diálogos del ELN no ha discutido con el gobierno de Gustavo Petro ninguna propuesta de cese al fuego bilateral, por tanto no existe ningún acuerdo en esa materia”. https://eln-voces.net/el-decreto-presidencial-sobre-cese-bilateral-es-una-propuesta-para-ser-examinada/

El cese bilateral del fuego y de las hostilidades será verificado por misiones de la ONU, la MAP-OEA, la Defensoría del Pueblo, y por las comunidades que padecen el conflicto en regiones como Urabá, Chocó, Córdoba, Catatumbo, Arauca, Cauca, Sur de Bolívar, Cesar, Bajo Cauca, Putumayo y toda la costa del Pacífico, desde Nariño hasta el Chocó, algunas de las cuales serán visitadas -en febrero próximo- por la XIX Delegación Asturiana de Derechos Humanos y Paz.

El principal resultado esperable del cese al fuego bilateral y simultáneo es que permita avances en las conversaciones hacia el fin de la guerra, el respiro humanitario a las comunidades sitiadas y el descenso de la violencia social y política que deja más de 12 mil homicidios por año y 189 personas de la dirigencia social asesinadas con impunidad en el 2022.

La excarcelación y el nombramiento como “gestores de paz” de jóvenes de la “Primera línea” detenidos por participar en las movilizaciones multitudinarias de abril del 2022 contra la reforma tributaria de Duque, abre espacios para que la juventud incida -sin ser criminalizada- en la construcción de la paz en el país que heredan.

Los retos son enormes. Se trata de parar un conflicto armado interno de décadas, que amenazaba con convertirse en una guerra en el Caribe y el área andino-amazónica, con territorios en disputa por su interés para las mafias de narcotraficantes, las empresas mineras, los agronegocios y para el complejo industrial y militar de los Estados Unidos.

El gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez da un paso audaz en el propósito de avanzar hacia la paz total. Detiene la guerra y se abre al diálogo, al acuerdo político y al sometimiento a la justicia. Millones de personas acompañamos esta esperanza de paz. —