El genocidio armenio fue una serie de eventos atroces ocurridos durante la Primera Guerra Mundial, entre 1915 y 1923, cuando el Imperio Otomano llevó a cabo la deportación forzada y el exterminio sistemático de la población armenia. Fue un episodio trágico en la historia contemporánea.

En abril de 1915, las autoridades otomanas arrestaron a cientos de líderes armenios en Constantinopla y luego comenzaron las deportaciones masivas. Hombres, mujeres y niños fueron obligados a marchar largas distancias hacia el desierto sin alimentos ni agua. Muchos murieron por inanición, agotamiento y violencia.

Se estima que hasta 1.5 millones de armenios perdieron la vida durante este genocidio. Las atrocidades incluyeron ejecuciones, violaciones, saqueos y deportaciones en condiciones inhumanas. Aunque Turquía niega oficialmente que estas acciones constituyan un genocidio, numerosos historiadores, gobiernos y organizaciones internacionales reconocen y condenan estos eventos como tal.

El genocidio armenio sigue siendo un tema políticamente delicado y una fuente de tensión entre Turquía y la diáspora armenia. Muchas naciones han reconocido el genocidio, pero algunos estados, por razones políticas, aún no lo han hecho. La conmemoración de estas tragedias sigue siendo un recordatorio de la importancia de la memoria histórica y la prevención de atrocidades.