Porque no se habla de Paraguay?

Es posible que en algunas partes del mundo se hable menos sobre Paraguay en comparación con otros países debido a varios factores. Uno de ellos puede ser su tamaño y población relativamente pequeños en comparación con otros países de América del Sur. Además, Paraguay es un país sin salida al mar y puede ser menos conocido debido a su ubicación geográfica en el centro del continente.

Otro factor puede ser la falta de conflictos o eventos notables en la política o la economía de Paraguay en comparación con otros países de la región, lo que puede hacer que no aparezca tanto en los titulares de noticias internacionales. Sin embargo, Paraguay es un país con una rica cultura, una larga historia y una biodiversidad impresionante, por lo que hay mucho que aprender y descubrir sobre él.

Gran Bretaña apoyó el golpe en Bolivia para acceder a su litio

Por Alfredo Jalife-Rahme

Se consolida mi hipótesis del litio-golpe en Bolivia, que dicho sea con humildad de rigor (https://bit.ly/3VUNYI7), fui de los primeros en revelar (El litio-golpe de Bolivia con Bendición de OEA y Estados Unidos, https://bit.ly/3XbvwMv).

Matt Kennard (MK), presidente de Declassified UK (https://bit.ly/3GrnYi0), revela en DailyMaverick (https://bit.ly/3jTRPrH), de Sudáfrica, con base en supuestos documentos de Gran Bretaña, cuya cancillería “parece haber pagado a una empresa con sede en Oxford para optimizar la explotación (sic) de los depósitos del litio de Bolivia el mes después de que (Evo) Morales huyó del país”. Se revela el papel estratégico de Satellite Applications Catapult, de Oxford, para optimizar la exploración y explotación de las fuentes de litio en los salares de Coipasa y Pastos Grandes en colaboración con el Banco Interamericano de Desarrollo (¡megasic!).

La embajada británica “actuó como ‘socio estratégico’ del régimen golpista y organizó un evento internacional de minería en Bolivia cuatro meses después del derrocamiento de su democracia”.

La británica Watchman, fundada por un veterano de guerra del ejército, Christopher Goodwin-Hudson, ex director de seguridad global de Goldman Sachs (¡megasic!), con su asociado Gabriel Carter, miembro del Special Forces Club, “‘ofreció sus servicios’ (sic) a las empresas mineras” cuando ocho meses antes del golpe militar, la embajada británica llevó a una empresa de ciberseguridad con estrechos lazos con la CIA a Bolivia.

En forma perturbadora, la embajada británica proveyó datos al hoy desacreditado reporte internacional usado para justificar (sic) el golpe de 2019. Tampoco hay que asombrarse cuando arrecia la guerra del litio de Estados Unidos contra China desde Sudamérica hasta México (https://bit.ly/3io8xPq) en el mayor depósito del mundo: Bacadéhuachi, Sonora (https://bit.ly/3Ixa945; https://bit.ly/3CywieB). Y no hay nada nuevo en la filtración de espías anglosajones a la empresa estatal YLB.

Para proteger (sic) sus sistemas del cibercrimen, la Bolsa de Valores de Bolivia, en forma cómplice o ingenua, en coordinación con los bancos bolivianos, adquirieron los servicios de la británica empresa de ciberseguridad Darktrace, vinculada con los servicios de espionaje de Gran Bretaña.

Algo sucedió para que el avión del muy inquieto presidente Evo Morales haya sido obligado a aterrizar en Austria en 2013 (sic) cuando las agencias de espionaje de Estados Unidos sospecharon que transportaba a Snowden (https://bbc.in/3ZvlJ62). ¡Ni James Bond!

La herejía de Evo, seis años antes del litio-golpe, radica en que se alió a China y Alemania para la explotación del mineral y el lanzamiento de un carro eléctrico en Cochabamba. Lo demás viene en Wikileaks (https://bit.ly/3GqAPRj). ¡De milagro está vivo Evo!

MK devela que la embajada británica proveyó los datos del desacreditado reporte de la OEA (https://nyti.ms/3QppRjz), donde mercenarias ONG recibieron alrededor de 10 mil dólares por sus posturas patrióticas, entre ellos el entrenamiento de 30 periodistas (sic) bolivianos que recibieron otros 10 mil dólares de Thomson Reuters Foundation. Dejo de lado las conexiones de Gran Bretaña con el alcalde de Santa Cruz (Bolivia), que explica las veleidades secesionistas y la presente confrontación.

Se trata de un ajuste de política y un reajuste de cuentas cuando arde Perú (https://bit.ly/3iipScP), con importantes yacimientos de litio, al unísono del triángulo del litio de Bolivia/Argentina/Chile proyectados a formar parte del London Metal Exchange –el centro mundial del mercadeo industrial de metales–, según el documento de marras.

Estas filtraciones de documentos desclasificados es una práctica muy común de Gran Bretaña –bajo la filosofía del vizconde Palmerston, de que los intereses nacionales priman cualquier consideración– cuando, como consecuencia de la crisis energética global que detonó con la guerra en Ucrania, la dupla anglosajona de Estados Unidos y Gran Bretaña empieza a arrojar bajo el autobús a sus desechables vasallos: Añez en Bolivia, por el litio, y Guaidó en Venezuela, quien ni siquiera valió un barril de petróleo.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2023/01/08/opinion/014o1pol

¿Una derecha política liberal a 50 años del golpe de Estado?

Franck Gaudichaud

De
ahí que será un año sumamente simbólico para el país y pueda ser visto
como una oportunidad histórica para que la derecha en Chile se sitúe
desde el liberalismo político, dejando atrás fanatismos ideológicos
anti-democráticos y un fundamentalismo económico de mercado, que solo la
ha llevado a ser un sector incapaz de tener un proyecto político amplio
y plural.

Es
lo ocurrido durante los últimos 50 años, en donde la derecha poco y
nada ha aportado a la reflexión política del país, al estar encapsulada
por completo en la doctrina neoliberal, como bien ha planteado el
académico de centroderecha Hugo Herrera, quien ha cuestionado la
profunda estrechez ideológica y el economicismo de su sector, negando su
propia historia, la cual ha sido mucho más amplia (liberal-clásica,
nacional-popular, liberal- cristiana y socialcristiana).

En
consecuencia, Herrera ha planteado que la derecha, heredera del
pensamiento gremialista de Jaime Guzmán y de los llamados Chicago Boys,
ha reducido a la política a la mera gestión, despolitizando así su uso
desde una ortodoxia neoliberal, que desde un atomismo social
individualista, no ha sido capaz de pensar en expresiones colectivas
como bien común, nación, solidaridad nacional, destino histórico (1).

Es
cosa de ver a todos los partidos políticos de derecha existentes, desde
el Partido Republicano, pasando por la UDI, Renovación Nacional y
Evopoli, los cuales si bien podrán mostrar ciertas diferencias en
términos de mayor o menor conservadurismo valórico, todos son fervientes
seguidores del dogma neoliberal.

Un
buen ejemplo de ello, fue la reacción de la derecha en Chile durante el
estallido social en el país y lo ocurrido durante toda la redacción de
la nueva constitución, en donde la derecha no fue capaz de instalar un
discurso político democrático y dialogante, mostrando por el contrario,
una brutal represión al pueblo de Chile y una resistencia a cualquier
intento de transformación institucional.

Se
podrá decir que la derecha chilena ha mostrado ciertos avances
democráticos, al firmar dos acuerdos por una nueva constitución, tanto
en el año 2019 como el pasado 2022, pero parecen responder más a cierto
pragmatismo ideológico, y a la voluntad de ciertos líderes puntuales
(Mario Desbordes y Javier Macaya), que a una mirada de país a largo
plazo que rompa con los pilares del neoliberalismo.

Asimismo,
habrá quienes señalen que hubo sectores de la derecha que estuvieron
por el apruebo del plebiscito de entrada el 2020 y que estuvieron
abiertos a construir puentes dentro de la Convención Constitucional,
pero rápidamente esos sectores fueron completamente cooptados por la
ultraderecha reaccionaria y negacionista.

Es
cierto, desde las fuerzas de izquierda y transformadoras al interior de
la Convención Constitucional, desde un primer momento se cerraron a un
mínimo diálogo con cualquier sector identificado con la derecha, sea
cual fuere, pero de ahí a pasar a una campaña del rechazo a base de
mentiras e interpretaciones apocalípticas del nuevo texto
constitucional, sólo reafirmó su mirada doctrinaria.

Ante
esto, la derecha tiene este año una nueva oportunidad histórica, no
sólo para condenar con fuerza el golpe de Estado y la dictadura cívico
militar sangrienta posterior de 17 años, sino también el poder romper
con su legado económico extremo y la profunda injusticia que generó, que
nos llevó a lo ocurrido el 2019.

Para
ello, tendrá que no subordinarse nuevamente a la ultraderecha
reaccionaria y negacionista, que verá este año seguramente como una
oportunidad para revindicar la figura de Augusto Pinochet, como un
referente anticomunista y contra la corrección política, y que también
se dedicará a denostar la revuelta social, usando la expresión estallido
delictual, negando así el profundo malestar que existe aún en la
sociedad chilena.

Por
lo mismo, una derecha en Chile que se posicione desde un liberalismo
político, debe construir un relato que deje de ver al Estado como una
mera carga y que se le debe limitar el poder lo más posible, sino verlo
por el contrario, como un espacio que contribuya a la convivencia
democrática del país, la cual sigue fracturada.

A
su vez, debe dejar de reducir los derechos de manera minimalista a la
mera vida, libertad y propiedad privada, ampliándolo a derechos sociales
también, cuestionando así la subsidiariedad impuesta en la constitución
actual y entendiendo que más Estado es más poder a los ciudadanos, no a
los operadores políticos, como ha caricaturizado siempre el pensamiento
neoliberal.

De
no hacer ese giro liberal de la derecha, solo beneficiará a los
extremos y a quienes no les interesa en lo más mínimo colaborar para
construir un país más justo y en paz, farreándose nuevamente la
posibilidad de dejar de vernos como enemigos y votar a favor de una
nueva constitución democráticamente, que deje atrás décadas de
desconfianza y de miedos.

Esperemos
por tanto, que la derecha esté a la altura esta vez y ponga a Chile por
sobre sus intereses particulares mezquinos y esté dispuesta a conversar
con quien piense distinto, dejando atrás una doctrina económica que se
impuso a la fuerza y se naturalizó con el tiempo, como si fuera una
verdad revelada e inobjetable.

1: https://www.ciperchile.cl/2020/07/04/derecha-economicista-y-centroderecha-politica-en-chile/

Fue el pueblo trabajador quien nos trajo la democracia, y será el pueblo el que establezca una democracia más profunda todavía

JDF

La democracia tiene un carácter de ensoñación. Llega al mundo
arrastrada por el inmenso deseo de los seres humanos de superar las
barreras de la indignidad y el sufrimiento social. Cuando se enfrentaban
al hambre o a la muerte de sus hijos o hijas, las comunidades
anteriores podían haber culpado reflexivamente a la naturaleza o a la
divinidad, y de hecho esas explicaciones siguen vigentes hoy en día.
Pero la capacidad de los seres humanos de generar excedentes gigantescos
mediante la producción social, junto con la crueldad de la clase
capitalista para negar a la inmensa mayoría de la humanidad el acceso a
esos excedentes, genera nuevos tipos de ideas y nuevas frustraciones.
Esta frustración, alimentada por la conciencia de la abundancia en medio
de una realidad de privación, es la fuente de muchas de las luchas por
la democracia.

Los hábitos del pensamiento colonial inducen a muchas personas a
suponer erróneamente que la democracia se originó en Europa, ya sea en
la antigua Grecia (que nos da la palabra democracia de demos, ‘pueblo’, y kratos,
‘gobierno’) o a través de la aparición de una tradición de derechos,
desde la Petición de Derechos inglesa de 1628 hasta la Declaración
Francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Pero esto
es en parte una fantasía retrospectiva de la Europa colonial, que se
apropió de la antigua Grecia para sí misma, ignorando sus fuertes
conexiones con el norte de África y Oriente Medio, y utilizó su poder
para someter a la inferioridad intelectual a grandes partes del mundo.
Al hacerlo, la Europa colonial negó estas importantes contribuciones a
la historia del cambio democrático. Las luchas de los pueblos —a menudo
olvidadas— por establecer una dignidad básica frente a jerarquías
despreciables son tan autoras de la democracia como quienes preservaron
sus aspiraciones en textos escritos que aún se celebran en nuestro
tiempo.

Trabajadores de Coronation Brick marchan por North Coast Road en Durban, encabezados por un trabajador que ondea una bandera roja. Créditos: Colección David Hemson, Bibliotecas de la Universidad de Ciudad del Cabo.

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, se desarrollaron una serie de luchas contra los regímenes dictatoriales del Tercer Mundo que habían sido instaurados por las oligarquías anticomunistas y sus aliados en Occidente. Estos regímenes nacieron de golpes de Estado (como en Brasil, Filipinas y Turquía) y tuvieron espacio de maniobra para mantener jerarquías legales (como en Sudáfrica). Las grandes manifestaciones de masas que constituyeron el núcleo de estas luchas democráticas se construyeron a través de una serie de fuerzas políticas, incluidos los sindicatos, un aspecto de la historia que a menudo se ignora. El creciente movimiento sindical en Turquía fue, de hecho, parte de la causa de los golpes militares de 1971 y 1980. Conscientes de que su control del poder era vulnerable a las luchas de la clase trabajadora, ambos gobiernos militares prohibieron los sindicatos y las huelgas. Esta amenaza a su poder se había manifestado, en particular, en una serie de huelgas en toda Anatolia desarrolladas por sindicatos vinculados a la Confederación de Sindicatos Progresistas (DISK por su sigla en inglés), incluida una manifestación masiva de dos días en Estambul conocida como los Eventos del 15 y 16 de junio, que reunió a 100.000 trabajadores. La confederación, creada en febrero de 1967, era más combativa que la existente (Türk İş), que se había convertido en colaboradora del capital. Los militares no solo actuaron contra gobiernos socialistas y no socialistas que intentaban ejercer la soberanía y mejorar la dignidad de sus pueblos (como en el Congo en 1961, Brasil en 1964, Indonesia en 1965, Ghana en 1966 y Chile en 1973), sino que también salieron de los cuarteles —con la brillante luz verde de Washington— para sofocar el ciclo de huelgas y protestas de las y los trabajadores.

Una vez en el poder, estos miserables regímenes, vestidos con sus
uniformes caqui y sus mejores trajes de seda, impulsaron políticas de
austeridad y reprimieron cualquier movimiento de la clase trabajadora y
el campesinado. Pero no pudieron doblegar el espíritu humano. En gran
parte del mundo (como en Brasil, Filipinas y Sudáfrica), fueron los
sindicatos los que dispararon el primer tiro contra la barbarie. El
grito en Filipinas «Tama Na! ¡Sobra Na! Welga Na!» (‘¡Estamos hartos!
¡Las cosas han ido demasiado lejos! ¡Es hora de ir a la huelga!’) pasó
de los trabajadores de la destilería La Tondeña en 1975 a las protestas
en las calles contra la dictadura de Ferdinand Marcos, culminando
finalmente en la Revolución del Poder Popular de 1986. En Brasil, los
trabajadores industriales paralizaron el país mediante acciones en Santo
André, São Bernardo do Campo y São Caetano do Sul (ciudades
industriales del gran São Paulo) de 1978 a 1981, dirigidas por Luiz
Inácio Lula da Silva (actual presidente de Brasil). Estas acciones
inspiraron a las y los trabajadores y campesinos del país, aumentando su
confianza para resistir a la junta militar, que se derrumbó en 1985.

Un grupo de trabajadores textiles en huelga exigen 5 rands más al día en la Consolidated Textile Mill en febrero de 1973. Créditos: Colección David Hemson, Bibliotecas de la Universidad de Ciudad del Cabo.

Hace cincuenta años, en enero de 1973, las y los trabajadores de Durban (Sudáfrica) se declararon en huelga por un aumento de sueldo, pero también por su dignidad. Se despertaron a las 3 de la madrugada del 9 de enero y marcharon a un estadio de fútbol, donde corearon «Ufil’ umuntu, ufile usadikiza, wamthint’ esweni, esweni usadikiza» (‘Una persona está muerta, pero su espíritu vive; si le pinchas el iris del ojo, vuelve a la vida’). Estos trabajadores abrieron el camino contra formas de dominación arraigadas que no solo les explotaban a ellos, sino que oprimían al pueblo en su conjunto. Se levantaron contra las duras condiciones laborales y advirtieron al gobierno sudafricano del apartheid que no volverían a sentarse hasta que se rompieran las líneas de clase y raza. Las huelgas abrieron un nuevo periodo de militancia urbana que pronto se trasladó de las fábricas a la sociedad en general. Un año más tarde, Sam Mhlongo, un médico que había estado encarcelado en Robben Island cuando era adolescente, señaló que “esta huelga, aunque resuelta, tuvo un efecto detonador”. El relevo pasó a las y los niños y jóvenes que lucharon en Soweto en 1976.

El Instituto Tricontinental de Investigación junto al Instituto Chris Hani elaboraron un texto memorable: Las huelgas de Durban de 1973: La construcción de poder popular democrático en Sudáfrica
(dossier nº 60, enero de 2023). Es memorable en dos sentidos: recupera
la historia casi perdida del papel de la clase trabajadora en la lucha
contra el apartheid, en particular de la clase trabajadora negra, cuya
lucha tuvo un efecto “detonador” en la sociedad. El dossier,
magníficamente redactado por nuestros colegas de Johannesburgo, hace
difícil olvidar a estos trabajadores y más difícil aún olvidar que la
clase obrera —todavía tan profundamente marginada en Sudáfrica— merece
respeto y una mayor participación en la riqueza social del país.
Rompieron el apartheid pero no se beneficiaron de sus propios
sacrificios.

El Instituto Chris Hani fue
fundado en 2003 por el Partido Comunista de Sudáfrica y el Congreso de
Sindicatos Sudafricanos. Chris Hani (1942-1993) fue uno de los grandes
luchadores por la libertad de Sudáfrica, un comunista que habría tenido
un impacto aún mayor del que tuvo si no hubiera sido asesinado al final
del apartheid. Agradecemos esta colaboración al Dr. Sithembiso Bhengu,
director del Instituto Chris Hani, y vemos con entusiasmo el trabajo que
tenemos por delante.

Al cierre de este dossier, nos enteramos de que nuestro amigo Thulani
Maseko (1970-2023), líder del Foro Multilateral de Suazilandia, fue
asesinado a tiros delante de su familia el 21 de enero. Maseko era uno
de los líderes de la lucha por la democracia en su país, donde los
trabajadores están al frente de la batalla para acabar con la monarquía.

Cuando releí nuestro último dossier, Las huelgas de Durban de 1973,
para preparar este boletín, estaba escuchando «Stimela” (‘El tren del
carbón’) de Hugh Masekela, la canción de 1974 sobre los trabajadores
migrantes que viajaban en el tren del carbón para trabajar “muy, muy,
muy profundo en el vientre de la tierra” con el fin de generar riqueza
para el capital del apartheid. Pensé en los trabajadores industriales de
Durban con el sonido del silbato del tren de Masekela en mi oído,
recordando el largo poema de Mongane Wally Serote, “Third World Express”
(‘Expreso del Tercer Mundo’), un homenaje a los trabajadores del sur de
África y sus luchas por establecer una sociedad humana.

es ese viento
es el zumbido de esa voz
es el susurro y el silbido en los cables
kilómetros y kilómetros y kilómetros
en los cables en el viento
en las vías del metro
en el camino sinuoso
en el matorral no silencioso
es la voz del ruido
aquí viene
el Expreso del Tercer Mundo
deben decir, aquí vamos de nuevo

“Aquí vamos de nuevo”, escribió Serote, como si dijera que las nuevas contradicciones producen nuevos momentos de lucha. El fin de un orden aplastante —el apartheid— no puso fin a la lucha de clases, que no ha hecho sino profundizarse a medida que Sudáfrica atraviesa una crisis tras de otra. Fue el pueblo trabajador quien nos trajo esta democracia, y será el pueblo el que luchará por establecer una democracia todavía más profunda. Aquí vamos de nuevo.

Fuente: https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/huelgas-durban-1973/