Isaac
El calendario cultural de otoño vuelve a llenarse de casetas, firmas y presentaciones repartidas por distintas plazas españolas. Varias localidades han confirmado sus ferias del libro otoñales para las próximas semanas, con una apuesta clara por sacar la actividad literaria a la calle y combinar la venta de ejemplares con encuentros abiertos al público.
Sin embargo, no todas las citas llegarán a celebrarse. La Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Salamanca ha quedado suspendida después de que los libreros y el Ayuntamiento no hayan alcanzado un acuerdo sobre las condiciones de participación. Ese contraste entre convocatorias activas y una cancelación marca buena parte de la actualidad del sector.
Un otoño con ferias del libro repartidas por España

Diversas ciudades han programado sus ferias para octubre y principios del otoño, una franja en la que librerías, editoriales y bibliotecas municipales coinciden en montar sus espacios. Majadahonda, Yecla, Cartagena, Dos Hermanas, La Laguna y Alcalá de Henares son algunos de los municipios que aparecen en la agenda, cada uno con su propio modelo de feria y con actividades adaptadas al entorno local.
El patrón se repite en muchos casos: casetas en plazas o calles céntricas, horarios de mañana y tarde, y una programación paralela que incluye presentaciones, firmas y talleres. La idea que comparten los organizadores es la de acercar el libro a quienes pasean, compran o simplemente se acercan a curiosear, sin que haga falta ser un lector especializado.
Las librerías y editoriales participantes suelen alternar novedades editoriales con fondos de catálogo, libros infantiles, cómic español, poesía y ensayo. En varios casos, las ferias reservan un lugar destacado al sector local, de modo que las tiendas de la propia ciudad puedan tener presencia junto a sellos llegados de otros puntos del país.
La organización de estos encuentros también incluye actividades gratuitas y abiertas, como cuentacuentos, gymkanas literarias y talleres creativos. Es una fórmula que se ha repetido en distintas ediciones y que busca que las familias se acerquen a la lectura como una experiencia compartida, no solo como una compra.
En cuanto a los autores, las ferias combinan nombres conocidos con voces emergentes y escritores locales. Es habitual que los escritores pasen por mesas redondas, firmas de ejemplares y charlas en las que el público puede preguntar directamente, algo que difícilmente ocurre en otros formatos culturales.
La cancelación de Salamanca y el pulso entre libreros y Ayuntamiento

La noticia más amarga del arranque de temporada llega desde Salamanca. La Feria del Libro Antiguo y de Ocasión no se celebrará tras el desencuentro entre el Consistorio y el gremio de libreros. El Ayuntamiento ha asegurado que se vio obligado a suspender la cita después de que los participantes rechazaran las condiciones planteadas para continuar con el evento.
El origen del conflicto está en la propuesta municipal de reducir la duración de la feria de los dieciséis días habituales a diez, acompañada de una rebaja del cincuenta por ciento en la tasa de instalación. También se ofreció trasladar la feria a la plaza de los Bandos para mantener más jornadas, pero los libreros consideraron que ese cambio no compensaba la pérdida de centralidad.
Los profesionales del libro antiguo sostienen que la medida afecta a su viabilidad económica y a la proyección cultural de la ciudad. Según han explicado, muchas librerías dependen en buena medida de las ventas que realizan durante estos días, y reducir el calendario les deja menos margen para cubrir gastos de desplazamiento, montaje y personal.
El Ayuntamiento, por su parte, ha defendido que buscaba un modelo renovado que permitiera compatibilizar la feria con el uso habitual de la plaza Mayor. Los libreros, en cambio, han denunciado una pérdida de espacio ciudadano y han reclamado que se valore el peso cultural de una cita que lleva décadas celebrándose.
El malestar se ha extendido entre los participantes y entre parte del público, que ha mostrado su apoyo a los libreros. La suspensión deja sin una de sus citas más reconocibles a un sector que también se enfrenta a la competencia del comercio electrónico y a los cambios en los hábitos de compra.
Libro viejo, antiguo y de ocasión en otras plazas
Más allá de las ferias generalistas, el otoño también es temporada de libros antiguos, descatalogados y de segunda mano. Madrid mantiene su cita en el paseo de Recoletos con una nueva edición de la Feria del Libro de Madrid, organizada junto a los libreros especializados y con un cartel que vuelve a poner el foco en el coleccionismo.
En Alcalá de Henares, la feria de libro antiguo y de ocasión se instala en la calle Libreros, dentro del casco histórico, con presencia de librerías que ofrecen ediciones descatalogadas y ejemplares singulares. Es un modelo que atrae tanto a curiosos como a coleccionistas en busca de piezas difíciles de encontrar.
Estas convocatorias comparten con las ferias generales la intención de sacar los libros a la calle, pero añaden un componente de patrimonio bibliográfico y memoria impresa. No es extraño que entre los volúmenes expuestos aparezcan primeras ediciones, libros ilustrados, revistas antiguas o manuales descatalogados.
La suspensión salmantina ha puesto de relieve la fragilidad de este tipo de citas, que dependen de una negociación constante con las administraciones. Cuando no hay acuerdo sobre fechas, ubicación o costes, el evento puede desaparecer del calendario aunque cuente con décadas de recorrido.
Actividades para todos los públicos y autores destacados
Las ferias que sí se celebran han diseñado programas variados. Hay encuentros con autores de novela, poesía, literatura infantil y cómic, además de talleres de encuadernación, ilustración o escritura. La música también gana peso en algunas citas, con conciertos y recitales que sirven para cerrar las jornadas.
Entre las propuestas más habituales están los espacios para los más pequeños, con narración oral, juegos y actividades participativas. En varios municipios se programan sesiones para escolares y talleres familiares que buscan convertir la feria en un plan de fin de semana, no solo en un punto de venta.
Los pregones y presentaciones sirven para abrir la programación con nombres conocidos, mientras que las firmas permiten a los lectores llevarse un ejemplar dedicado. Esa mezcla entre gran autor y librería de barrio es una de las señas de identidad de las ferias del libro españolas.
También hay lugar para la divulgación, los clubes de lectura y las mesas redondas sobre géneros concretos. En algunas citas, la novela histórica, la romántica o la literatura juvenil ocupan un lugar central, lo que ayuda a conectar con públicos distintos y a demostrar que la lectura no responde a un único perfil.
La presencia de editoriales pequeñas y proyectos independientes es otro rasgo común. Muchas de estas ferias funcionan como escaparate para catálogos menos visibles en grandes superficies, y permiten que los lectores descubran propuestas alejadas de las listas más comerciales.
La temporada deja una imagen doble: por un lado, plazas llenas de casetas, autores y actividades; por otro, la ausencia de una cita histórica en Salamanca. El equilibrio entre apoyo institucional, viabilidad comercial y acceso ciudadano sigue siendo la clave para que las ferias del libro mantengan su lugar en el calendario cultural.

