Isaac

María del Monte y su libro

María del Monte se asoma al terreno editorial con su primer libro, «Si el corazón se equivoca, se le perdona», publicado por HarperCollins. En él reúne reflexiones personales sobre las pérdidas, el paso del tiempo, el amor y la manera de encajar los golpes sin perder el gusto por lo cotidiano. La artista insiste en que no se trata de un manual de autoayuda ni de un recetario, sino de una conversación con ella misma que ahora comparte con quien quiera leerla.

El volumen se presentó en Sevilla en un encuentro con Carlos Herrera, amigo y periodista, que sirvió para repasar la trayectoria de la cantante y su forma de mirar la vida. La cita tuvo un tono de charla entre conocidos, con recuerdos familiares, humor y alguna que otra confesión sobre el cansancio que producen las prisas. La idea de fondo era detenerse y escuchar, algo que la propia protagonista defiende tras décadas de escenarios y focos.

El tiempo como refugio y no como carrera

Del Monte explica que ha cambiado su relación con el reloj: ahora prefiere saborear el presente y no vivir con la sensación de que todo llega tarde. Recuerda que hubo años en los que el trabajo lo ocupaba casi todo, con jornadas encadenadas y poco espacio para el descanso. A esa época intensa le sigue una etapa más pausada, en la que valora detalles pequeños y evita que la prisa le robe lo importante.

En el acto se habló también de los años ochenta y noventa, una época de actividad intensa en la que la sevillana compaginó actuaciones por toda España con una gran exposición pública. Aquella etapa le dio éxitos y experiencia, pero también le mostró el desgaste de vivir con el acelerador pisado. Con el tiempo, ha aprendido a distinguir entre lo urgente y lo que de verdad merece la pena.

Pérdidas familiares y el paso de pedir ayuda

Una de las partes más delicadas del libro tiene que ver con la muerte de sus padres y de su hermano Antonio, ausencias que sigue notando en el día a día. La cantante ha contado que, durante un tiempo, ocultó a su madre el fallecimiento de su hermano para no añadirle más sufrimiento, una decisión que recuerda con dureza. No esconde que hubo días difíciles, aunque prefiere no convertir el relato en un ajuste de cuentas.

Tras una temporada en la que rechazaba planes y se quedaba en casa, comprendió que necesitaba ayuda y dio el paso de pedirla. Sostiene que reconocer un problema es la primera condición para empezar a resolverlo, y que la terapia ha sido clave para sobrellevar los reveses. Esa experiencia le ha llevado a defender que quien atraviesa un mal momento no debería quedarse solo con lo que le pasa.

También se ha referido a un temor antiguo a la muerte que le acompaña desde la infancia y que le hace evitar los cementerios. Explica que aquel miedo llegó a condicionarla, aunque con los años ha aprendido a convivir con él sin dejar que le impida seguir adelante. La reflexión encaja con su idea de que la vida se disfruta más cuando no se vive con miedo constante.

Perdón con memoria, amor sin calculadora

Sobre el perdón, María del Monte lo tiene claro: perdona para quedarse tranquila, pero no borra lo ocurrido. Dice que no guarda rencor ni busca venganza, aunque su memoria sigue ahí y le sirve para saber hasta dónde puede llegar. Es una forma de seguir adelante sin cargar con un peso que, a la larga, solo desgasta a quien lo soporta.

En el terreno afectivo, asegura que no ha llevado una calculadora para medir quién da más en una relación. Reconoce que puede querer mucho y que ha habido etapas de desequilibrio, pero defiende que una pareja necesita recibir al menos una dosis mínima de cariño. Incluso plantea que una ruptura a tiempo puede ser una victoria, porque evita seguir en un lugar donde una no quiere estar.

La artista ha aclarado que no pasó por un armario y que su familia la quiso sin condiciones, algo que le ha dado libertad para hablar de su vida cuando ha querido. En sus intervenciones ha agradecido el apoyo de su mujer, Inmaculada Casal, a la que sitúa como uno de sus pilares. Sobre los asuntos judiciales que rodean el robo en su casa, prefiere no entrar en detalles mientras el proceso siga pendiente.

Una vida ligada a Andalucía y a la música

Aunque el libro mira hacia dentro, Andalucía y su cultura popular aparecen de fondo en buena parte de la conversación. La cantante habla de su tierra como un lugar que le da luz y motivos para celebrar, y recuerda que su vínculo con Sevilla y con la gente del sur ocupa un lugar central en su historia. Esa cercanía con lo andaluz no se presenta como un adorno, sino como parte de su manera de entender los afectos y la vida.

Con décadas sobre los escenarios, su nombre sigue sonando en la música y en la televisión, y el libro le ha permitido mostrarse desde un lugar distinto. No pretende dar lecciones ni sentar cátedra, sino compartir lo que le ha servido en los momentos complicados. Esa mezcla de cercanía y sinceridad explica que el acto de Sevilla reuniera a tanta gente dispuesta a escucharla.

Lo que queda después de leer sus palabras es la imagen de una mujer que ha aprendido a bajar el ritmo y mirar con calma lo vivido. El libro no ofrece fórmulas mágicas, pero sí deja ideas útiles: pedir ayuda cuando hace falta, no medir el cariño como si fuera una cuenta y concederse tiempo para un café con quien de verdad importa. Su historia, con luces y sombras, se presenta como una invitación a disfrutar del presente sin olvidar las ausencias que han marcado el camino.


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