Isaac
Dolores Redondo vuelve a las librerías con Todas las noches, todas las ciudades, una novela publicada por Destino que se suma al universo de Los Valles Tranquilos. La obra llega el 21 de octubre y vuelve a poner en primer plano a Nash Elizondo, la psicóloga forense que ya apareció en Las que no duermen NASH. En esta ocasión, la investigación no solo mira hacia un crimen, sino también hacia el pasado familiar de la protagonista.
La propuesta mantiene la mezcla de intriga y psicología que ha caracterizado a la autora, aunque cambia de escenario: deja atrás el Baztán y sitúa buena parte de la acción en Bilbao y en una ciudad sin nombre. Ese giro no convierte el libro en una pieza aislada, ya que se puede leer de forma independiente, pero forma parte de una arquitectura narrativa más amplia. Según ha explicado Redondo, no buscaba repetir el esquema lineal de su trilogía más conocida.
Un caso que mezcla crímenes reales y ficción

El punto de partida tiene bastante de juego literario. Benedict Newman, un novelista de éxito, es interrogado por la policía porque en su última novela aparecen crímenes muy parecidos a los que han ocurrido de verdad. Tras sufrir un colapso, el escritor despierta convencido de ser Colt Star, el detective que él mismo inventó. La trama obliga a Nash Elizondo a acercarse a un padre al que no esperaba encontrar y a decidir hasta qué punto puede fiarse de lo que ve.
La novela juega con la idea de que la realidad y la ficción pueden contaminarse. Benedict no solo actúa como su personaje: también parece entender mejor que el propio escritor algunos detalles del caso. Redondo se interesa por el desgaste mental de quien pasa demasiado tiempo dentro de una voz inventada, hasta el punto de no saber dónde termina su identidad y dónde empieza la de su criatura. No es un tema nuevo en la literatura, pero aquí se integra dentro de una investigación criminal concreta.
La autora ha contado que la semilla de esta historia nació de una experiencia propia en Elizondo. Un pensamiento que no era suyo, sino de Amaia Salazar, le hizo preguntarse qué ocurre cuando un personaje lleva años instalado en la cabeza de quien lo escribe. A partir de ahí buscó casos documentados y consultó a especialistas para no convertir el trastorno de identidad disociativo en un adorno. Esa documentación se nota en el modo en que la novela trata la pérdida de control sobre la propia mente.
Identidad, memoria y la sombra de los personajes

El eje central del libro es la búsqueda de identidad. Nash necesita recomponer la figura de su padre mientras investiga unos asesinatos que parecen salidos de una novela. Benedict, por su parte, encarna la duda de si somos lo que recordamos o lo que los demás han contado sobre nosotros. Redondo lleva esa pregunta al terreno de la creación literaria: un escritor puede construir a un personaje durante años, pero también puede acabar siendo construido por él.
En las entrevistas concedidas estos días, la autora ha mencionado casos de actores que se confundieron con sus papeles, como Bela Lugosi y Drácula o Johnny Weissmüller y Tarzán. También ha recordado a Miguel Delibes y el discurso que dio al recibir el Cervantes, donde se preguntaba hasta qué punto la cabeza de un escritor pertenece a sus personajes. Son referencias que sirven para dar peso a la trama sin convertirla en un ensayo sobre salud mental.
El resultado se mueve entre la novela negra, la metaliteratura y el drama familiar. No es una historia lineal, y tampoco pretende serlo. Redondo ha explicado que el cuarteto de Los Valles Tranquilos está pensado como un conjunto en el que las piezas van encajando poco a poco. La nueva entrega se entiende mejor si se ha seguido ese recorrido, aunque la autora insiste en que cada libro mantiene su propia puerta de entrada.
De la zona de confort al territorio de la mente

Uno de los cambios más visibles está en el paisaje. El Baztán deja paso a Bilbao y a una urbe que no se nombra, lo que refuerza la sensación de desconcierto del protagonista. Redondo ha explicado que el escenario siempre ha pesado mucho en sus novelas, pero aquí quería que la geografía también transmitiera la pérdida de orientación de Benedict. Esa decisión le ha permitido salir de una zona de confort muy reconocible para sus lectores.
La escritora ha hablado de asumir riesgos narrativos y de demoler algunas paredes de su propia casa literaria. El libro coquetea con el detective clásico, recupera ecos de autores como Hammett o Chandler y, al mismo tiempo, se detiene en las heridas de la infancia. Esa mezcla no es moco de pavo, porque exige equilibrar homenaje, intriga y profundidad psicológica sin que ninguna parte se coma a las demás.
También hay espacio para la memoria familiar y los vínculos elegidos. La relación entre Nash y Benedict está marcada por una ausencia que no se resuelve con una conversación ni con una explicación sencilla. Redondo ha contado que la figura del padre ausente le interesa porque no siempre responde al abandono puro y duro: a veces tiene que ver con oficios duros, con ausencias obligadas y con familias sostenidas por mujeres. Esa mirada añade un poso emocional que no rebaja la intriga.
Una autora consolidada que sigue buscando lectores

Dolores Redondo se dio a conocer masivamente con la Trilogía del Baztán, que arrancó con El guardián invisible. En 2016 ganó el Premio Planeta por Todo esto te daré, y desde entonces ha mantenido una relación muy directa con un público que sigue con atención cada entrega. Con esta novela vuelve a apostar por una historia de suspense con fondo psicológico, sin renunciar a un ritmo que busca enganchar.
Sobre el oficio, la autora ha subrayado la importancia de documentar sin inflar la historia y de no mirar por encima del hombro a los libros que llegan a mucha gente. También ha insistido en que los lectores son quienes sostienen una carrera literaria. Son declaraciones que encajan con una novela que habla de creadores, de público y de la dificultad de mantener una voz propia cuando el personaje acaba pesando más que su autor.
En el capítulo de reconocimientos, Redondo se ha mostrado satisfecha por el Premio Planeta concedido a Isabel Allende, autora a la que admira y de la que ha leído varios libros. Ha recordado que la escritora chilena tiene raíces vascas y que en su día comentó la Trilogía del Baztán desde su experiencia familiar. La mención sirve para situar a Redondo dentro de una conversación literaria más amplia, lejos de la burbuja de su propio lanzamiento.
La nueva novela de Dolores Redondo confirma su intención de no quedarse quieta en un único territorio literario. Todas las noches, todas las ciudades reúne un caso policial, una reflexión sobre la identidad y un retrato de relaciones familiares incómodas. Nash Elizondo vuelve a ser la guía de una historia que mira hacia la mente del escritor y hacia las consecuencias de vivir demasiado tiempo dentro de una ficción. El libro llega a las librerías con una mezcla de intriga y metaliteratura que buscará tanto a los lectores fieles de la autora como a quienes se acerquen por primera vez a su universo.

