Gregorio Delgado, uno de los niños de la Guerra: “Con Franco no se vivía mejor”

Gregorio Delgado es uno de los niños de la Guerra. Vivió el golpe de estado militar, la dura posguerra, la dictadura durante cuatro décadadas y, al fin, la Transición y la Democracia. Con una mente privilegiado y un excelente estado físico, este superviviente defiende los valores del Estado de Derecho.

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El agente secreto: más que un thriller, casi un milagro

Es un thriller de espías, un film de época ambientado en la dictadura de Castelo Branco en Brasil -sin que haga falta nombrarlo- y la historia de una familia desunida a la fuerza, pero ninguna de esas clasificaciones le hace justicia a El agente secreto, de Kleber Mendonça Filho. Este cineasta no había tenido miedo a conjugar el western y el realismo mágico en Bacurau (2019); esta vez  se ha situado muy lejos de la distopía con un trabajo que, desde el principio, parece querer ser percibido con más sentidos que la vista y el oído: los cadáveres huelen y atraen animales; una pierna, fría y sin compañera, ha de ser manualmente extirpada de la boca de un tiburón muerto; y las tonalidades (de cielos, coches, la ropa) evocan el pasado, mucho más que cualquier referencia temporal concreta.
El tono de El agente secreto lo da su primera secuencia, en una gasolinera de carretera secundaria en la que un cuerpo pudo quedar devorado por perros y un individuo discreto en un escarabajo pudo ser, con razón o sin ella, arrestado, y nada de eso sucede. Aparentemente por azar. Avanzando en la trama, casi todo estará a punto de ocurrir para una tela de araña de personajes conectados por su oposición al poder o su servicio interesado a él; muy progresivamente, y nunca de forma abierta ni evidente, el espectador conocerá sus relaciones. Pero, sólo en el tercio final de la película, esas tensiones apuntadas tomarán cuerpo y nos dejarán saber quién es quién, por qué se buscan o qué se deben. De alguno de los secundarios, incluso, no llegaremos a averiguar su nombre real: en esta malla de resistentes y cloacas de la dictadura, los datos de los que fiarnos son los justos.
Lo personal se entreteje con ese submundo discreto y violento, con delicadeza: una esposa joven y valiente murió, un niño no vive con su padre y lo echa de menos, unos abuelos son vigilados, y otros vigilados, para serlo menos, comparten techo y se cuidan.
Esa red crece para el público de forma hipnótica, bien hilvanada pero nunca del todo cerrada; a Mendonça Filho parece resultarle más interesante retratar con trazo fino a cada personaje, introducir algún retazo de magia (un gato con doble cara y doble nombre, una extremidad con vida propia), que proporcionarnos apuntes que podrían concluir su historia pero que no la mejorarían. Ni los necesitamos.
Wagner Moura, de oficio siempre esquivo, es la figura que enlaza a todas las demás; su protagonismo tiene que ver más con ser el nexo de una sociedad entera que con ejercer de hombre central de la trama. Una trama sobre la vida a sottovoce en un país corrompido en el que, como el director deja claro más de una vez, lo publicado en los periódicos es sólo la punta, el indicio, de un enorme iceberg que la mayoría ni oteará.
El gran acierto de Mendonça ha sido, en todo caso, convertir en táctiles y emocionantes no sólo las secuencias de acción, también las escenas sin perturbación; transmitir al espectador la polvareda, la humedad, la putrefacción y el miedo. Su acercamiento a ese momento político es del todo distinto, menos explícito y mucho más juguetón, al de Walter Salles en la reciente Aún estoy aquí, pero en su sentido último El agente contiene también memoria y denuncia. Sin convertirlas, del todo, en su razón de ser.

 

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Nico Munuera y el vegetal acto de pintar

“Folia” designa a las hojas de los vegetales en latín, y también puede aludir a cada una de las partes iguales que surgen de doblar un papel.
A partir de las dos acepciones ha planteado Nico Munuera la serie Folia Natura, que ahora presenta en la galería La Caja Negra de Madrid y que recoge fotografías realizadas en la naturaleza junto a pinturas sobre papel. Se articulan en composiciones dobles que se relacionan de manera sencilla y se exhiben como si integraran un catálogo en el que, al pasar las páginas, la única lectura posible está guiada por la intuición ante esa dualidad de realidades formales diferentes.
Munuera sitúa al mismo nivel dos momentos temporales distintos: la experiencia y la observación del medio natural, en el que habitualmente lleva a cabo fotos que van componiendo desde hace años una suerte de archivo geológico y botánico; y el tiempo de la pintura, en la que se sumerge en su estudio cada día. El mundo vegetal y el acto de pintar se hacen, así, cercanos; se impulsan mutuamente.
Nico Munuera. Folia Natura. La Caja Negra, Madrid
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Gabriel Rufián, al PP y a Vox sobre el acoso que sufren algunas mujeres de la izquierda

Gabriel Rufián, al PP y a Vox sobre el acoso que sufren algunas mujeres de la izquierda como Sarah Santaolalla o Laura Arroyo: “Lo que le ocurre al liderazgo femenino y feminista de izquierdas en este país es un sistema orquestado y financiado por partidos como ustedes”.

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Rembrandt, Chillida, Dora Maar y otros habitantes de TEFAF Maastricht 2026

Hasta el próximo 19 de marzo, MECC Maastricht acoge una nueva edición, la trigésimo novena, de TEFAF, la principal y más prestigiosa feria europea de Bellas Artes. 278 galerías procedentes de los cinco continentes exhiben, como siempre, piezas arqueológicas, clásicas y contemporáneas.
No faltan trabajos representativos del simbolismo, el impresionismo y el expresionismo a cargo de Odilon Redon, Berthe Morisot, Claude Monet, Max Pechstein, Ernst Ludwig Kirchner y Paul Gauguin; obras redescubiertas de Jacob Jordaens o Giuseppe Bonito y dibujos de Bartolomeo Bandinelli y Dora Maar.
En cuanto a la pintura contemporánea y moderna vinculada a la abstracción, la gestualidad y la espiritualidad, la muestra reúne a autores como Arnulf Rainer, Léon Spilliaert, Emily Kam Kngwarray y Heisch; y en el terreno de la fotografía podemos citar a Robert Mapplethorpe, Sohei Nishino y el dúo formado por Anna y Bernhard Blume, que propusieron respectivamente lecturas del cuerpo, la naturaleza, la memoria y el paisaje urbano.
En el campo de la escultura, en TEFAF podremos trazar una historia material y simbólica de este lenguaje, desde la Antigüedad hasta el siglo XX: pueden contemplarse piezas funerarias del ámbito grecolatino y egipcio, como la estela ático-griega de Medeia o la estatuilla de Ptah-Sokar-Osiris, que apelan a la vertiente ritual y espiritual del medio.
Estela ático-griega de Medeia. TEFAF Maastricht 2026
El Renacimiento y la Edad Moderna están representados en la feria por relieves en cera y mármol muy delicados, como un retrato memento mori de Matthäus Carl, mientras que la modernidad escultórica llega a Holanda con piezas de Barbara Hepworth y Eduardo Chillida, en las que el espacio, el vacío y la relación táctil con las creaciones cobran protagonismo. Contemplaremos, igualmente, bustos y esculturas en bronce refinados, como el retrato de Suzanne Lion realizado por Bourdelle antes de 1929, que estrecha lazos entre la tradición artesanal y el lenguaje moderno.
En cuanto a instalaciones y obras conceptuales contemporáneas, el espectador puede acercarse a las vitrinas Necesidad VI de Berlinde De Bruyckere, que transforma el espacio expositivo en un teatro íntimo donde vida, muerte y fragilidad corporal se entrelazan a través de materiales orgánicos, espejos y referencias religiosas.
Las salas españolas en TEFAF son Bernat, Caylus, Colnaghi, DELAMANO Old Masters, Deborah Elvira, Mayoral, Montagut y Artur Ramon Art, que exhiben piezas de Alonso Cano, Jacinto Meléndez, Francisco de Goya, Diego Velázquez, Sorolla, Salvador Dalí o Pablo Picasso. Una de las imágenes estrella la presenta la inglesa Agnews: se trata de un Salvator Mundi del taller de Leonardo da Vinci.
Por otro lado, TEFAF ha anunciado que la Gemäldegalerie Alte Meister de Dresde será el centro beneficiario del Fondo de Restauración de Museos TEFAF (TMRF) de este año. Desde 2012, esta subvención anual apoya a museos internacionales en la conservación y el estudio de obras de arte significativas.
En concreto, con la financiación de TEFAF, la Gemäldegalerie Alte Meister restaurará La caza del jabalí (1616-1618), una pintura en formato monumental de Rubens. Es muy posible que esta composición fuera adquirida directamente al artista en 1627 por George Villiers, primer duque de Buckingham, antes de pasar a formar parte de la colección imperial de Praga. En 1749 se integró en los fondos de Federico Augusto II de Sajonia y desde entonces ha sido atesorada en Dresde, sobreviviendo a su traslado a la URSS durante la II Guerra Mundial; permaneció una década almacenada en Moscú antes de retornar a Alemania a mediados de la década de los cincuenta.
La caza del jabalí está actualmente oscurecida por múltiples y vastas capas de barniz amarillento (probablemente del siglo XIX) que ocultan la paleta original de Rubens. El análisis técnico por imagen ha confirmado la presencia de una ampliación bajo la que no continúa el dibujo original, lo que plantea dudas sobre cuándo se realizó esa extensión y quién fue su autor. Las primeras pruebas indican que la adición pudo haberse realizado bajo la dirección del flamenco y la investigación en curso explorará las posibles contribuciones de figuras de su entorno, como Jan Wildens, Lucas van Uden o Anthony van Dyck.
Además, TEFAF ha colaborado en su actual edición con la Kunsthaus de Zürich, el Centraal Museum de Utrecht, el Fondo Príncipe Claus y la Fundación Rey Balduino, instituciones todas ellas que presentan una exposición temática en la feria con préstamos de sus colecciones.
Rubens. La caza del jabalí, 1616-1618. Gemäldegalerie Alte Meister
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Juguemos en el campo mientras los militares no están 

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*Por Miyuki Shimanaka De Bavay

El Poder Ejecutivo emitió recientemente el Decreto N.º 5.554/2026, que dispone el despliegue de elementos de combate de las Fuerzas Armadas en operaciones de defensa interna en la Región Oriental del país. Prácticamente al mismo tiempo, el presidente Santiago Peña se reunió en Miami con otros líderes de la derecha latinoamericana junto a Donald Trump, en pleno ataque de Estados Unidos e Israel a Irán. El encuentro tuvo como objetivo establecer un frente regional para hacerle frente al narcotráfico y la inmigración ilegal masiva, un branding más llamativo que imposición del poder imperialista estadounidense. 

Mientras los líderes se codeaban y sacaban selfies con hashtags como #vivalalibertadcarajo, asumían “acciones militares coordinadas”. Coincidentemente, en paralelo en Paraguay la Cámara de Senadores se encontraba a punto de estudiar el acuerdo SOFA entre Estados Unidos y Paraguay. Hoy, el proyecto ya fue aprobado por Diputados y se encuentra en camino al Poder Ejecutivo, que deseaba tenerlo en marcha para ayer. Este acuerdo establece principalmente:

  • Jurisdicción penal exclusiva de Estados Unidos: el personal militar y civil de Estados Unidos que se encuentre en Paraguay bajo este marco no será juzgado por tribunales paraguayos, sino por la justicia estadounidense. Esto limita la capacidad del Estado paraguayo de investigar o sancionar posibles delitos cometidos en su propio territorio.
  • Ingreso y operación de personal militar, contratistas y equipamiento con amplias facilidades: se habilita la entrada y circulación de tropas, aeronaves, buques, vehículos y suministros del Departamento de Defensa estadounidense con exenciones aduaneras, tributarias y logísticas, lo que facilita una presencia militar extranjera sin mecanismos claros de supervisión democrática o transparencia.
  • Otorgamiento de privilegios e inmunidades al personal estadounidense: quienes operen en el país bajo el acuerdo contarán con beneficios similares a los del personal diplomático, incluyendo inmunidades legales y facilidades operativas, lo que establece un régimen de excepción dentro del propio territorio paraguayo.

Peña parece ansioso por ofrecer una prueba física de su pleitesía a Trump: algo tangible, territorio, recursos y —como la historia ha demostrado que suele ocurrir en contextos militarizados— mujeres. Ninguna de estas noticias puede significar algo bueno para las mujeres, disidencias, juventudes y niñeces del país, que de por sí ya viven bajo amenazas constantes. En apenas tres meses de lo que va del año, el Ministerio Público ya registró 10 feminicidios y 8 tentativas, con las denuncias por violencias incrementándose cada día. Denuncias que en la mayoría de los casos el sistema no toma en serio. A esto se le suma la creciente cantidad de niñeces abusadas y adolescentes, especialmente indígenas, que desaparecen día a día.  

Es sabido que en Paraguay no existen garantías reales de protección de derechos ni condiciones básicas para el desarrollo integral de la vida de quienes habitan lejos de los centros del privilegio, y es peor aún fuera de Central -porque no todo sucede solo en la capital- en donde las instituciones no existen, no realmente más allá de figurar en un organigrama, porque hasta en las capitales de los departamentos las Secretarías de la Mujer, si es que las hay, son responsabilizadas a su vez con otras secretarías como CODENI, juventud, educación, discapacidad, o todas al mismo tiempo, sin presupuesto, sin equipo técnico, sin acompañamiento. En el interior profundo, donde las comisarías están compuestas por un escritorio de los 70, dos sillas de plástico y un par de policías que no saben ni que que existe una ley de protección integral a las mujeres, y tampoco tienen recursos ni capacitación para llevar adelante medidas de protección. En donde con mucha suerte se cuenta con una defensora pública especializada para todo el departamento. En donde no existe Ciudad Mujer, ni mesa PREVIM ni albergue -ni ninguno de los programas que Paraguay cita en sus informes a la CEDAW u otros organismos internacionales- pero sí o sí encontrás una seccional colorada. En donde las comunidades indígenas aún siendo amplias no tienen ningún poder sobre las tierras y luchan diariamente contra un sistema que actúa en función a su debilitamiento y extinción. 

Estas realidades se potencian en contextos de creciente militarización que nunca son neutros en términos de género, la experiencia histórica muestra que los riesgos para mujeres, adolescentes y niñeces aumentan: violaciones, explotación y trata de personas son algunas de las consecuencias ampliamente documentadas en distintos países donde la presencia militar se intensifica en territorios civiles. 

En Paraguay, además, existen antecedentes concretos que agravan esta preocupación. La Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (CODEHUPY) y Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) emitieron un comunicado en el que señalaron no solo que el involucramiento de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interna es inconstitucional, sino que también recordaron que la experiencia acumulada durante la vigencia de este tipo de legislación ha dejado numerosas denuncias de violaciones de derechos humanos contra comunidades campesinas e indígenas, muchas de las cuales permanecen en la impunidad pese a haber sido presentadas ante las autoridades competentes. Otro antecedente importante, es la dictadura -siempre la dictadura- que configuró al paraguayo con una facilidad para acatar perfiles violentos y militarizados, somos un país fértil para que ideas imperialistas y fascistas germinen sin mucho esfuerzo, especialmente si se promueven desde el mismo Estado. A este país, con todas estas características ya de por sí alarmantes y con tantas carencias, encima están trayendo fuerzas militares estadounidenses para usarlo, como su parque de entrenamiento y diversión. 

Claramente el presidente parece más preocupado por asegurar su lugar en los close friends de Trump que por las implicancias sociales y políticas de las decisiones que está tomando para su propio país, alentado por sus compañeros de partido que nos regalan en el Congreso, invulnerables a los dolores de sus decisiones. Como casi siempre, Paraguay suscribe este tipo de acuerdos sin considerar seriamente las vidas que se verán afectadas: las comunidades campesinas que deberán lidiar con la presencia militar, las dinámicas sociales que se alterarán, los desequilibrios territoriales y los riesgos concretos a los que se expone a la población civil. 

Y en el proceso, perpetúa un modelo de poder basado en las aspiraciones individualistas de los hombres privilegiados de turno. Esto es el patriarcado y colonialismo en acción. El pacto entre varones que define presentes y futuros, alianzas militares construidas entre élites políticas y económicas masculinas, donde territorios, recursos y poblaciones se convierten en moneda de negociación en nombre de una seguridad abstracta que rara vez protege a quienes más lo necesitan. El deseo de pertenecer al club de los “machos alfa”, incluso cuando la membresía la pagan las mujeres, las comunidades empobrecidas y los territorios perpetuamente rezagados.

Frente a esto, se vuelve más urgente que nunca exigir el cumplimiento de las pocas protecciones institucionales con las que todavía contamos, como la Ley 5777/16, estar alerta y organizarnos en comunidad porque el Estado no solo está ausente, sino que nos sigue tirando obstáculos y amenazas. Seguir con cuidado cómo se implementarán estos acuerdos, documentar toda vulneración. Y, al mismo tiempo, empezar a mirar más allá de Asunción, reconociendo que cada decisión irresponsable tomada en la capital define con fuerza el destino de las localidades olvidadas, de aquellos territorios que muchos habitantes de Central conocen apenas por nombre y donde pareciera que nunca pasa nada -según la lógica centralista-, justamente allí abundarán los militares nacionales y estadounidenses, llevarán lejos lo que no quieren que se vea. 

En un año electoral como este, amerita visibilizar las afectaciones directas que las decisiones de los gobiernos municipales, departamentales y del propio Estado habilitan sobre nuestras vidas. No somos meros números ni estadísticas, no somos una transacción, somos mujeres intentando sobrevivir en este sistema. Establecer acuerdos como el SOFA o habilitar la actuación militar, y posicionarse con orgullo en la pandilla de la ultraderecha regional no solo compromete la soberanía que tanto proclaman proteger en otros contextos: también nos quita recursos, nos debilita derechos y, en última instancia, nos quita vida.


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