Fuera de menú. Planes e ideas para abril

 
 
1. LA GRAZIA
La nueva película de Paolo Sorrentino, La grazia, llega a nuestras salas tras su paso por Venecia como una de las obras más valoradas del cine europeo reciente. Protagonizada por Toni Servillo, sigue a un presidente italiano en el final de su mandato, enfrentado a dilemas sobre el perdón y la eutanasia. La película reflexiona sobre el poder, el tiempo que pasa y la duda, convirtiendo estas tensiones en el motor de la historia. Con un tono más sobrio que sus trabajos anteriores, combina elegancia y melancolía, mezclando lo sublime y lo ridículo con naturalidad.

 
2. EL ENREDO
Publicado por Machado Libros, El enredo: cómo el arte y la filosofía nos hacen ser como somos, de Alva Noë, sostiene que el arte, lejos de ser mero entretenimiento, funciona como una herramienta para comprender la experiencia humana y nuestra relación con la belleza. Noë plantea preguntas esenciales acerca de qué es el arte, por qué nos conmueve y cómo se entrelaza con nuestra vida cotidiana, presentándolo como filosofía en acción. Con un estilo claro y evocador, el libro reconoce la relevancia de la ciencia, pero subraya sus límites para explicar la totalidad de la experiencia humana, defendiendo el arte como una práctica vital y transformadora.
editorialmachado.com
 
3. GENUNINE
Genunine es una concept store de diseño con sello propio que celebra el objeto bien pensado como una forma de vida: original, expresiva y lejos de la neutralidad de la moda rápida. Fundada en 2017 en Gijón, la marca pone el diseño al servicio de la emoción cotidiana, combinando piezas funcionales con objetos que cuentan una historia y acompañan tu día a día con estilo. En su tienda online puedes descubrir desde muebles y piezas de iluminación hasta decoración, regalos y accesorios lifestyle, todos seleccionados con cuidado por su diseño distintivo y calidad.
genunine.com/shop
 
4. TARACÁ, LO NUEVO DE DREXLER
Jorge Drexler tiene nuevo disco: Taracá, con el que regresa a la raíz desde una mirada contemporánea. Grabado en Uruguay, el disco rinde homenaje al candombe y al tambor chico con una energía orgánica y vibrante. Con sus 11 temas, traza un puente entre generaciones y suma voces como las de Young Miko, Meritxell Neddermann o Ángeles Toledano, entre otras. Canciones como Toco Madera o Ante la duda baila refuerzan ese pulso entre lo íntimo y lo colectivo. El lanzamiento llega acompañado de una gira internacional que tendrá parada en España a partir del próximo mes de septiembre.
www.jorgedrexlerweb.com/discos
 
5. SANSAN FESTIVAL
La Costa Azahar se prepara para encender la temporada festivalera con la undécima edición del SanSan Festival, una de las primeras grandes citas musicales del año en España. Del 2 al 4 de abril de 2026, el Recinto de Festivales de Benicàssim (Castellón) se convertirá en el epicentro de la música indie, pop y rock, en plena Semana Santa y con el Mediterráneo como telón de fondo. El cartel de este año combina nombres consagrados y propuestas emergentes: desde los himnos de Of Monsters and Men y la energía de Rigoberta Bandini, hasta clásicos del indie nacional como Love of Lesbian, Guitarricadelafuente, La M.O.D.A., Xoel López o Ultraligera. Si buscas darle la bienvenida a la primavera al ritmo de tus artistas favoritos y descubrir nuevas voces antes que nadie, Benicàssim es, sin duda, el lugar donde estar.
sansanfestival.com
 
6. VIENE DEL ESTE
Viene del Este es el début en la novela gráfica de Antonio J. Jiménez. Publicado por Blackie Books, la historia nos sitúa en un 22 de marzo aparentemente normal, donde la vida de varios personajes se cruza en la ciudad: alguien se enamora, otro pierde un amigo, hay quien cuida de su madre enferma o llega al trabajo exhausto. Mientras tanto, en otro lugar, las bombas caen y el fin del mundo parece posible. Cada capítulo recorre 24 horas mostrando la rutina, los desamores, las relaciones y los pequeños conflictos cotidianos, en paralelo a los conflictos globales y la amenaza latente que recuerda la fragilidad de la vida. Además de la edición estándar se ha realizado una especial, limitada, que incluye tres láminas exclusivas firmadas y numeradas por el autor, convirtiendo el cómic en un objeto artístico y de colección.
blackiebooks.org
 
7. FUNDACIÓN DEL PRODUCTO
La conocida Sala de Despiece de Madrid da un paso más allá de la gastronomía con Fundación del Producto, su nuevo proyecto que celebra la materia prima y a quienes la producen. Más que una tienda, es un espacio de encuentro donde se pueden descubrir productos cuidadosamente seleccionados por artesanos y productores comprometidos con la sostenibilidad y la calidad, además de experiencias de degustación que conectan directamente al público con el origen de los alimentos. Podéis seguir su evolución a través de su cuenta de Instagram.
www.instagram.com/fundaciondelproducto
 
8. FLEURFATAL
La firma belga Fleurfatale, creada por la diseñadora y orfebre Greet Tanghe, reinventa la joyería contemporánea con piezas delicadas, de líneas puras y sencillas que reflejan su formación en diseño gráfico y celebran la forma sin estridencias. Cada colección —desde motivos florales hasta inspiraciones artísticas— se produce a pequeña escala con plata, latón y metales dorados, apostando por la artesanía, la sostenibilidad y la producción local. Sus creaciones no solo se venden online y en boutiques especializadas, sino que también se encuentran en tiendas de museos como el Museum voor Schone Kunsten de Gante y el Kunstmuseum de La Haya, donde la joyería contemporánea dialoga con el arte y el diseño.
fleurfatale.be
 
9. LISTA DE THOMAS MANN EN SPOTIFY
Este 2026 se celebra el 150 aniversario del nacimiento de Thomas Mann, uno de los grandes escritores del siglo XX, y el Goethe‑Institut lo conmemora con una serie de contenidos que exploran su vida, su obra y su fascinación por la música. Entre entrevistas, artículos y curiosidades, la figura del Nobel alemán se muestra más cercana que nunca, invitando a descubrir su mundo creativo desde diferentes ángulos. Por ejemplo, a través de la lista que el crítico musical y escritor estadounidense Alex Ross ha seleccionado a partir de los discos favoritos de Thomas Mann, según reveló en una entrevista para la Saturday Review of Literature en 1948.  Una forma original de acercarse al autor con la música que inspiró su imaginación y su sensibilidad cultural.
open.spotify.com
 
10. EUPHORIA, LA VERSIÓN MÁS LÚDICA DEL ARTE
Balloon Museum aterriza en Madrid con “Euphoяia – Art is in the Air”, una exposición de arte contemporáneo que convierte el aire en lenguaje artístico. Con 14 instalaciones de gran formato de creadores internacionales como Philippe Parreno, Martin Creed, Karina Smigla-Bobinski, Rafael Lozano-Hemmer, A.A. Murakami o Hyperstudio, la muestra invita al público a tocar, moverse y descubrir, transformando cada interacción en parte de la obra. Comisariada por Antonella di Lullo, “Euphoяia” propone un recorrido donde materiales inflables, luces y burbujas etéreas —materiales asociados a la infancia y la cultura popular—se convierten en vehículos de emoción, juego y reflexión.
balloonmuseum.world/euphoria
 

 
 
 
 
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La misión ARTEMIS II: así es el regreso de la humanidad a la LUNA tras más de 50 años

Jeremy Hansen, Christina Koch, Victor Glover y Reid Wiseman son los astronautas que forman la tripulación de la nave Orion.

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Irán vs EEUU: Los 3 escenarios reales de una ofensiva terrestre

A medida que el conflicto con Irán se intensifica, el debate en Washington da un giro crucial: ¿es suficiente el poder aéreo o es inevitable una intervención terrestre? #Iran #Guerra #Historiageopolitica
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En este análisis profundo, exploramos los posibles escenarios de una operación militar de EE. UU. en suelo iraní. Desde misiones de fuerzas especiales de alto riesgo para asegurar material nuclear, hasta el despliegue de Unidades Expedicionarias de Marines para capturar islas estratégicas en el Estrecho de Ormuz como Karj, Kish o Qeshm.

Analizamos las implicaciones tácticas de un desembarco anfibio en la costa iraní y los desafíos monumentales que supondría una invasión a gran escala, comparándola con las experiencias previas en Irak y Afganistán. ¿Podría una operación terrestre estabilizar la región o se convertiría en un desastre estratégico que agotaría los recursos de una superpotencia? Descubre cómo la geografía, la doctrina de defensa descentralizada de Irán y el clima político en Estados Unidos determinarán el futuro de este enfrentamiento.

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Capítulo 12: LA MANCHA, con JUAN RAMÓN AMORES | Lo personal es Político

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Si el mundo fuera feminista, probablemente estas guerras no existirían

admin_re

*Por Clemen Bareiro Gaona

Pero no porque las mujeres sean naturalmente pacíficas ni porque bastaría con que ocupen más espacios de poder. El feminismo que muchas de nosotras defendemos no se agota en la participación política de las mujeres dentro del mismo orden que produce violencia, desigualdad y guerra.

La agenda de Mujeres, Paz y Seguridad, impulsada por la resolución 1325 de las Naciones Unidas, abrió una discusión fundamental: la guerra y la paz no pueden pensarse sin las mujeres. Durante décadas, las decisiones sobre conflictos armados, seguridad y reconstrucción se tomaron sin ellas, incluso cuando eran quienes sostenian la vida cotidiana en medio de la devastación.

Sin embargo, también sabemos que la inclusión por sí sola no transforma el mundo. Un mundo feminista no sería solamente un mundo con más mujeres en las mesas de negociación, en los ministerios de defensa o en las misiones de paz. Sería un mundo donde las preguntas mismas cambian: ¿qué entendemos por seguridad?, ¿qué vidas se consideran protegibles?, ¿qué economías se sostienen y cuáles se sacrifican?.

La agenda de Mujeres, Paz y Seguridad insiste en cuatro pilares – participación, protección, prevención y recuperación – , pero desde muchos feminismos se ha señalado que estos pilares solo cobran sentido cuando se miran desde la vida concreta de las comunidades. Cuando se reconoce que la paz no se construye únicamente en tratados o en instituciones, sino también en las redes que sostienen la vida cuando todo lo demás se rompe.

Ahí aparecen las prácticas que muchas mujeres han tejido históricamente: redes de cuidado, economías comunitarias, saberes que protegen la vida, formas de organización que no separan la política de la reproducción de la vida. Son prácticas que rara vez aparecen en los informes de seguridad y sin embargo, sostienen la posibilidad misma de la paz.

¿Qué vidas merecen ser lloradas? La pregunta de Judith Butler

Pensar que la guerra desde el feminismo implica también preguntarse quiénes son las víctimas que el mundo reconoce como tales. Judith Butler , en su libro Marcos de guerra. Las vidas lloradas (2010), desarrolla una pregunta que resulta central para cualquier reflexión sobre los conflictos armados contemporáneos: ¿qué hace que una vida sea considerada digna de duelo?

Para Butler, no todas las vidas son igualmente reconocidas como vidas. Hay cuerpos cuya pérdida es registrada, llorada y conmemorada públicamente; y hay cuerpos cuya muerte no produce duelo colectivo porque, en el marco cultural y político dominante, esas vidas nunca fueron del todo reconocidas como reales. Esta distinción no es accidental: es producto de marcos de inteligibilidad que organizan qué se percibe como humanamente valioso y qué queda fuera de ese reconocimiento.

En el contexto de las guerras, esta diferenciación tiene consecuencias concretas. Las víctimas civiles en conflictos, las mujeres desaparecidas en territorios en disputa, los cuerpos de quienes huyen de la violencia y mueren en fronteras invisibles: estas muertes rara vez generan el mismo duelo público que las muertes ocurridas en los centros del poder global. La vida precaria, señala Butler, no es una condición natural sino el resultado de decisiones políticas sobre quiénes merecen protección.

Esta reflexión conecta directamente con la agenda de Mujeres, Paz y Seguridad: si los marcos que definen qué vidas importan siguen siendo los mismos que produjeron la guerra, incluir más mujeres en las instituciones no alcanza. Se requiere una transformación más profunda: disputar los propios marcos de reconocimiento que deciden qué cuerpos son protegibles y cuáles son prescindibles.

El feminismo, en ese sentido, no se limita a reclamar que las mujeres sean incluidas en el duelo colectivo. Plantea algo más radical: que el duelo mismo sea redefinido, que ampliemos la comunidad de quienes son reconocidos como seres cuya pérdida importa. Una política feminista de la paz no puede prescindir de esta pregunta.

Por eso, cuando decimos que en un mundo feminista las guerras serían impensables, estamos diciendo algo más profundo: que el mundo se organizaría alrededor de la vida y no de la guerra. Que la seguridad no se definiría por la capacidad de destruir, sino por la capacidad de sostener.

En ese sentido, el feminismo no es una propuesta sectaria ni identitaria. Es una propuesta política, económica y social que nos incluye a todas, a todos y a todes. Una propuesta que parte de una verdad simple pero radical: la vida es interdependiente y comunitaria.

Tal vez por eso es importante recordar algo que el feminismo ha repetido durante décadas, una frase de Flora Tristan (1803 – 1844) “Hay alguien todavía más oprimido que el obrero, y es la esposa del obrero”. Siempre hay alguien cuyo trabajo, tiempo y cuidado sostienen aquello que el relato oficial considera central. El feminismo aparece precisamente ahí, en ese lugar invisible donde se sostiene la vida.

Imaginar un mundo feminista no es negar la realidad de la guerra. Es preguntarnos qué tipo de mundo la hace posible y qué transformaciones profundas serían necesarias para que deje de serlo.

Bibliografía

Butler, Judith (2010). Marcos de guerra. Las vidas lloradas. Buenos Aires: Paidós.

Butler, Judith (2006). Vida precaria. El poder del duelo y la violencia. Buenos Aires: Paidós.

Cohn, Carol (comp.) (2013). Mujeres y guerras. Cambridge: Polity Press.

Cockburn, Cynthia (2010). “Las relaciones de género como factor causal en la militarización y la guerra”. International Feminist Journal of Politics, 12(2), pp. 139–157.

Naciones Unidas (2000). Resolución 1325 del Consejo de Seguridad. Nueva York: ONU.

Pateman, Carol (1988). El contrato sexual. Stanford: Stanford University Press.

Segato, Rita Laura (2016). La guerra contra las mujeres. Madrid: Traficantes de Sueños.

Tristan, Flora (1843). La unión obrera. Paris: Prévot.

True, Jacqui (2012). La economía política de la violencia contra las mujeres. Oxford: Oxford University Press.

Zayas, Osvaldo, Telesur TV (marzo, 2026) Venezuela: las víctimas existen https://youtu.be/RrHe1Gg1ACQ?si=CLrkqn1Z5eoZ-kEX


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El perreo como insurrección: cuerpos migrantes y deseo político

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*Por Juliana Quintana Pavlicich

El estadio era una festival de luces, drones y dólares. Un ritual coreografiado del capitalismo deportivo estadounidense. Y, sin embargo, en el centro exacto de esa maquinaria apareció un cuerpo latino cantando en español sin subtítulos. Bad Bunny no pidió traducción ni pidió permiso. 

Hay algo profundamente político en no traducirse. No sé a ustedes, pero a mí ver gente bailando en postes de luz, escuchar el “Lelolai” de Ricky Martin entre la maleza y corear “que se vayan ellos” desde la sala de mi casa en Paraguay fue como gritar un gol. Me quedó clarísimo que en un país que en los últimos años endureció sus políticas migratorias y donde el español es utilizado en discursos oficiales como sinónimo de amenaza, escuchar “quieren el barrio mío y que abuelita se vaya” fue, mínimo, emocionante. 

Según datos de 2025 del Pew Research Center, una mayoría amplia de latinos en Estados Unidos desaprueba la gestión de Donald Trump, especialmente en materia de inmigración y economía, y percibe que sus políticas perjudican directamente a sus comunidades. Ese es el clima emocional de millones de personas que sienten el peso de redadas, discursos hostiles y precarización, mientras ven cómo su cultura sostiene buena parte de la industria cultural del país.

Sabemos que el Super Bowl no es un escenario neutral, es el altar donde se celebra la masculinidad corporativa, la épica bélica de (ese) deporte, la publicidad más cara del mundo. Que allí irrumpa el Caribe con su cadencia, su erotismo, su memoria colonial es un gesto que desacomoda. 

Y si incomoda, es mi revolución.

Bad Bunny no es un ícono sin fondo. Hizo del género urbano un territorio donde las masculinidades se desarman y se reconfiguran. En el corazón de un espectáculo que históricamente glorificó la testosterona y el nacionalismo, su presencia desestabiliza el guión. No es solo un hombre latino triunfando, es un hombre latino que rehúsa encarnar el molde tradicional de virilidad.

Desde una mirada feminista, el gesto importa. Importa que un artista global haya insistido durante años en denunciar los feminicidios en Puerto Rico. Importa que haya cantado contra la violencia machista, que haya puesto en el centro los cuerpos y las vidas que el sistema considera descartables. Importa la narración de la experiencia de un territorio que exporta cuerpos porque le vacían la economía. Importa que en un espacio saturado de publicidad y consumo aparezca alguien que recuerda que el goce también puede ser resistencia.

¿Bad Bunny es feminista? Ni idea. Tampoco sé si me importa demasiado. Si por feminismo entendemos lo mismo que Rosalía, básicamente, encajar en estándares imposibles para defender la igualdad de género, pues no. Porque lo que demostró fue que también lxs latinxs tenemos derecho a ocupar el centro del relato. Mientras desde el poder se insiste en levantar muros físicos y simbólicos, la cultura popular demuestra que las fronteras ya están erosionadas. La lengua española no es extranjera en Estados Unidos, es doméstica. Es voz de millones.

Lo de Bad Bunny no fue revolución, pero fue fisura. Y las fisuras, cuando se repiten, terminan reescribiendo las paredes.

Bancá que recién empiezo

Lejos de la experiencia intelectual que proponía el rock en los años 70, con alegorías artísticas o literarias, el reggaetón nació con jóvenes que narraban la desigualdad en barrios pobres de Latinoamérica y el Caribe. Este género se popularizó hasta convertirse en un fenómeno global. Tanto es así que los ingresos por música latina en Estados Unidos alcanzaron un récord de aproximadamente 1.400 millones de dólares en 2024, según Recording Industry Association of America (RIAA), es decir, cerca del 8 % del total de ingresos de la industria musical en Estados Unidos. 

El reggaetón es, en muchos casos, como el rock: desobediencia y disfrute, marginalidad y lucha. 

“Si decidís bailar esa que te van a perrear y te van a garchar toda la noche, es problema tuyo. Después, cuando vayas a defender tus derechos al Congreso, no me pidas que te apoye”. Así respondió Fito Páez a Julia Mengolini en su programa Mirá quién vino (Futurock) cuando le preguntó por el reggaetón y “las feministas que lo escuchan”. 

Si a ustedes, neoseñoras que están leyendo este artículo, les vibra el cuerpo cuando suena el violín en la intro de Salgo Pa’ La Calle, de Daddy Yankee. O cayeron enamoradas del primer chabón que les cantó “Acércate a mí, un poquito” en medio de una fiesta de 15 donde no podían tomar alcohol. O si pegan el grito al cielo cuando ponen “Ven y sana mi dolor”, les tengo una noticia: aparentemente, no somos buenas feministas. O cuanto menos, no somos coherentes con nuestro discurso.

Súbete, perra, vamos a hacer política

Del reggaetón se ha dicho básicamente todo. Que es machirulo o demasiado político, que es groncho o muy cheto, que cosifica a las mujeres o que las empodera, que no es cultura, que lo es, que sus melodías son aburridas o que se la pasan innovando, que carecen de diversidad rítmica o que devoran el mercado. Más allá de que haya algo de cierto en estas posturas, convengamos que, feministas o no, el reggaetón sufrió una serie de transformaciones a lo largo del tiempo, tanto de contenido como de forma. 

La versatilidad del reggaetón lo llevó a incorporar otros géneros como el pop, R&B, trap, electrónica, salsa, bachata, afrobeat y más. También hubo cambios en la estética de figuras como J Balvin, que se animaron a modernizar el sonido y desafiaron los cánones de la moda reggaetonera. Volviendo a Bad Bunny, en 2021 escribí sobre las nuevas masculinidades argumentando sobre la nueva propuesta artística del autor de “Caro” (uno de mis temas y videoclips favoritos de BB) quien se subió a la ola del feminismo con “Yo perreo sola”, replicando símbolos al evocar a la cultura drag y el slogan “Ni una menos”. 

La crítica sobre “cosificación” presupone que las mujeres no sabemos lo que hacemos al bailar. Cosificar significa despojar a una persona, en este caso, a las mujeres, de su subjetividad y su agencia, darle un tratamiento de “cosa”. Pero, ¿de verdad hay alguien que todavía piensa que no entendemos la diferencia entre bailar y habilitar sin matices ese discurso por fuera del marco? Entendamos que hay un pacto de lectura, una elección activa y consciente. No se trata de asumir contradicciones, sino de reivindicar el derecho al deseo.  

Muchas de las letras del reggaetón hablan de sexo y del universo erótico, un tema que sociedades conservadoras como la nuestra buscan auscultar a como de lugar. En muchos casos, el argumento es que las letras lleguen a los niños. Si lo que nos preocupa es que infancias y adolescencias escuchen reggaetón, y/o que se hagan ideas equivocadas sobre las dinámicas sexuales, quizás deberíamos estar teniendo una conversación aún más incómoda. 

Mientras este género musical suena en la radio, en los bares, en los colectivos o en los mercados, el sexo sigue recibiendo una asepsia casi quirúrgica en la educación formal. Perdemos tiempo dedicándonos a bardear un género musical cuando lo que debería escandalizarnos es la censura y el avance del fundamentalismo religioso en las aulas. Las letras del reggaetón seguirán desatando pánico moral mientras que no aprendamos a exigir políticas de educación integral de la sexualidad al Estado y no hablemos de esto con nuestros afectos en los hogares. 

El problema, entonces, no somos las feministas que bailamos reggaetón, sino los dobles estándares con los abordamos la sexualidad. No necesitamos cargar al reggaetón de todos nuestros déficit, necesitamos una educación sexual integral.

Rico y vulgar

Roland Barthes escribió que el sentido de un texto no está fijado por el autor, sino que se resignifica en su lectura, su uso y su reapropiación. El reggaetón puede haber nacido con letras consideradas machistas desde el marco que antes mencionamos, pero hoy también es un espacio de reescritura. Bad Bunny, Villano Antillano, Ivy Queen, Tomasa del Real, Chocolate Remix, Ms Nina y la lista sigue, porque hay un reggaetón feminista, marika, trans, que rompe con las figuras clásicas de dominación hetero-cisnormada. 

La performatividad del lenguaje y del cuerpo puede ser también una forma de disidencia artística. No es casual que el reggaetón incomode porque no nace del centro, sino de los barrios, de las comunidades racializadas, de las disidencias. Habla un español de la calle, se menea para adentro y para afuera, mueve el culo y sacude estructuras. No se trata solo de deseo, sino de hacer deseo. 

A su vez, ¿quién decide que en nombre de la coherencia solo tenemos que bailar reggaetón feminista? ¿No volvemos a meternos en un corset cuando les decimos a las pibas cuáles géneros pueden bailar y cuáles no? Fue Pierre Bourdieu quien explicó que el gusto no es solo una cuestión estética o individual, sino que está condicionada por factores sociales y de clase. En ese sentido, los gustos o elecciones son constructos sociales condicionados por la posición social y los hábitos, formas de pensar, sentir y actuar naturalizados de las personas, (lo que llamó el habitus). Y pocas cosas molestan tanto a la hegemonía como una persona lesbiana o trans gozando de su cuerpo y su sexualidad. 

Sabemos que una élite cultural -históricamente, blanca, masculina y burguesa- decide qué es arte. Sabemos también que esta élite consagra, etiqueta y legitima una obra. No quiero entrar en el debate de la necesidad de esta élite cultural y repetir lo que muchas veces decimos casi en automático sin mediar reflexión y sin admitir oposiciones. Me resulta más interesante, en todo caso, para este contexto preguntar: ¿y si reconocemos al arte como un derecho cultural colectivo? 

Pareciera que en este momento en que todo está siendo tan cuesta arriba, con políticas conservadoras expandiéndose por todo el mundo, con nuestros espacios de ocio achicándose en nuestros países, con nuestros centros culturales en peligro de extinción, el cierre de instituciones públicas fundamentales y el recorte de fondos para cultura, todo esto queda bastante offside. Pero quizás por eso mismo sea el momento de pensar la cultura en un sentido más amplio.

Los dichos de Fito hablan desde un canon rockero, donde el arte es elevado, espiritual, comprometido. Se pueden bailar temas de Charly, dice, y es cierto, (de hecho, acá en Paraguay lo hicimos cientos de veces en el Centro Cultural La Chispa o en Literaity), pero ¿El placer desbordado y explícito no es también político? Lo es cuando las mujeres y disidencias tomamos el control del discurso y el movimiento. Cuando perreamos en la calle, en la marcha, en la cancha, en el boliche o en cualquier sitio. 

Al mismo tiempo, hay una brecha generacional que crece y se hace cada vez más evidente con varios de nuestros ídolos. Andrés Calamaro lo dejó claro al denostar a jóvenes en sus redes sociales. A fines del año pasado abandonó el escenario en Cali tras ser abucheado por reivindicar la tauromaquia. “Soy piadoso y entiendo que esta época es complicada para los adolescentes atornillados a las redes sociales (se llaman redes), sin vocación ni más conocimientos que navegar mirando estupideces en Instagram. Nunca fueron al cine, no leyeron un libro, desconocen el amor, pero presumen repitiendo todos lo mismo como un mantra robótico de idiotas perdidos”, dijo en un posteo de Instagram que luego eliminó. 

Claramente, hay un discurso que está quedando caduco y un lenguaje que ya no conecta con quienes nacieron o crecieron en un mundo digitalizado. No le vamos a pedir a Fito que defienda nuestros derechos en el Congreso o a Calamaro que se banque el disenso. Ya hicieron un montón por la música (y por qué no, por el amor), déjennos a nosotras ahora que sabemos bailar reggaetón, discutir y luchar por ampliar nuestros derechos, que hagamos lo nuestro.

Creo que ser feminista implica, a veces, confrontar narrativas que niegan nuestra agencia o menosprecian nuestro activismo y, otras veces, confrontarnos con nosotras mismas y nuestras certezas. Queremos más libertades, no menos. Que si quieren abuchear a artistas que apoyan la tortura animal, que lo hagan. Que si quieren perrear contra el fascismo, que lo hagan. Que si quieren criticar al reggaetón, también lo hagan. Las veces que quieran, las veces que sean necesarias. 

Estoy lista para recuperar el significante “libertad” y llenarlo de algo concreto. De hacerle frente a todo mensaje que busque utilizarlo para esparcir odio y no deseo. Puede que no haya nada nuevo en lo que digo, pero un pensamiento me ronda la cabeza desde inicios de este año: tenemos que reaprender a ser libres. Y aunque creo que no tenemos por qué elegir entre perreo y política, es refrescante escuchar a una voz como la de Mengolini que esté dispuesta a opinar a contracorriente en un tiempo en que cualquier postura que nos desagrada pasa automáticamente al fondo de nuestros algoritmos. 

El saludo a los vecinos, el tremendo calor, los cortes de luz, la capital del perreo en la letra de El Apagón hablaron al corazón de millones de latinos en el mundo. Lo que también demuestra que el reggaetón y los ritmos caribeños pueden hablar del desalojo, de la invasión, del orgullo, y bailar con la piel brillosa bajo el sol.

Díganme cursi, pero pienso que hay algo muy poderoso en movernos al ritmo de nuestra música. Es como conversar con la historia y a través del cuerpo. Con poca o mucha ropa, de a dos, de a tres o solas, rodeadas de gente extraña. Reggaetón, salsa o cumbia. Con alegría, con libertad, con deseo, con tenacidad, hasta transformarlo todo.

Referencias:

  • Barthes, R. (2002). La muerte del autor. En El susurro del lenguaje: Más allá de la palabra y la escritura (pp. 65–70). Paidós. (Obra original publicada en 1967)
  • Bourdieu, P. (2008). La distinción: Criterio y bases sociales del gusto (Y. Fdez. de la Mora, Trad.). Taurus. (Obra original publicada en 1979)
  • Butler, J. (2001). El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad (T. Muñoz Lorente, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 1990)
  • Butler, J. (2002). Cuerpos que importan: Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo” (P. Cordero, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 1993)

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