Isaac

Cristina Fernández Cubas, escritora y premio Cervantes

La escritora Cristina Fernández Cubas ha sido distinguida con el Premio Cervantes en su edición de 2026. El fallo lo dio a conocer el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, en compañía de la directora general del Libro, del Cómic y de la Lectura, María José Gálvez. El galardón, que concede el Ministerio de Cultura y está dotado con 125.000 euros, es el reconocimiento con más peso de las letras en castellano y vuelve a poner el foco en una autora que lleva décadas ligada al relato corto.

El jurado ha explicado que la obra de Fernández Cubas ha dado aire nuevo al cuento y ha cambiado la forma de mirar lo fantástico en español. También ha subrayado su trayectoria coherente, su manera de dignificar el relato breve y su capacidad para convertir lo cotidiano en un terreno incómodo. Con este premio, la autora catalana sucede a Gonzalo Celorio y se convierte en la séptima mujer que lo recibe.

La decisión del jurado no se apoya en un libro concreto, sino en el conjunto de una carrera en la que lo fantástico funciona como una forma de mirar. Esa mirada fantástica no necesita grandes artificios: le basta una grieta en la normalidad, un detalle raro o una presencia que no termina de encajar para tambalear las certezas del lector. En sus textos, lo raro se cuela en la vida diaria sin pedir permiso y obliga a preguntarse qué hay de verdad en aquello que damos por seguro.

Un reconocimiento al cuento y a lo fantástico

El jurado ha puesto el acento en recursos como la precisión, los silencios y la ambigüedad. Fernández Cubas no suele ofrecer explicaciones tranquilizadoras; prefiere dejar que la duda respire y que sea el lector quien complete el sentido. Esa manera de narrar, aparentemente sencilla pero muy exigente, ha sido señalada como una de sus grandes aportaciones al relato contemporáneo en castellano.

Otro de los puntos destacados tiene que ver con sus personajes incómodos, gente que se sale de lo previsto o que desafía las convenciones con una naturalidad desconcertante. Esa independencia de criterio, esa mezcla de ironía y rareza, ha abierto camino a narradores posteriores y ha mantenido un diálogo fértil con tradiciones literarias de América Latina ligadas a lo extraño y a lo inquietante.

Nacida en Arenys de Mar, Barcelona, en 1945, Cristina Fernández Cubas estudió Derecho y Periodismo y ejerció el periodismo durante un tiempo antes de volcarse en la literatura. Su nombre se asocia sobre todo al cuento, aunque también ha firmado novelas, teatro, ensayo y memorias. Esa dedicación obstinada al relato breve, en un mercado que durante años miró el género con desconfianza, explica en buena medida el valor simbólico de este Cervantes.

Trayectoria de una autora de referencia

Su primer libro de relatos, Mi hermana Elba, apareció en 1980 y la situó en el mapa literario. A partir de ahí llegaron títulos como Los altillos de Brumal, El ángulo del horror, Con Agatha en Estambul y Parientes pobres del diablo, una colección que le valió el Premio Setenil. En esos volúmenes fue afinando un universo propio, hecho de secretos familiares, recuerdos que no cuadran y realidades que se descomponen con suavidad.

La recopilación Todos los cuentos, publicada en 2008, reunió buena parte de su obra breve y recibió reconocimientos como el Ciutat de Barcelona, el Salambó y el Cálamo. Más tarde, La habitación de Nona le reportó el Premio de la Crítica, el Dulce Chacón y el Nacional de Narrativa. En 2023 llegó el Nacional de las Letras Españolas, otro espaldarazo a una carrera que nunca ha necesitado ruido mediático para hacerse oír.

También ha cultivado la novela. El año de Gracia, publicada en 1985, inspiró una ópera, y a ella siguieron El columpio y La puerta entreabierta, esta última firmada con el seudónimo de Fernanda Kubbs. En el terreno teatral firmó Hermanas de sangre; en el ensayístico, Emilia Pardo Bazán; y en el memorialístico, Cosas que ya no existen. Su obra más reciente, Lo que no se ve, confirma que sigue interesada en los pliegues menos visibles de la experiencia.

El fallo, la entrega y el peso del galardón

El jurado estuvo presidido por Gonzalo Celorio, ganador del Cervantes anterior, y contó con María José Gálvez como vicepresidenta. El anuncio se hizo en la sede del Ministerio de Cultura y no tardó en circular por el mundo literario. La entrega está prevista para el 23 de abril, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, en un acto que coincide con el Día del Libro y con la conmemoración de la muerte de Miguel de Cervantes. Está previsto que los reyes de España hagan entrega de la medalla y el diploma.

Fernández Cubas se convierte así en la séptima mujer en obtener el premio desde su creación en 1976. Antes lo recibieron María Zambrano, Dulce María Loynaz, Ana María Matute, Elena Poniatowska, Ida Vitale y Cristina Peri Rossi. La escasa presencia femenina en el palmarés sigue siendo un dato llamativo, aunque en los últimos años el galardón ha reconocido a varias autoras de peso.

La noticia pilló a la escritora por sorpresa. Al ver un número desconocido en el teléfono, pensó que se trataba de una llamada comercial y contestó con poca simpatía; al reconocer al ministro, se quedó de piedra. Esa anécdota, contada por ella misma, resume bien el tono de una autora poco amiga de los focos y más cómoda en el trabajo paciente del taller que en el ruido de los homenajes.

El relevo de Gonzalo Celorio mantiene además la alternancia habitual entre España y América Latina en un premio que distingue el conjunto de una obra escrita en castellano. La elección de Fernández Cubas añade un matiz interesante: el Cervantes vuelve a mirar hacia el cuento, un género que durante mucho tiempo ha sido tratado como pariente pobre de la novela y que aquí aparece en primer plano.

Con este galardón, Cristina Fernández Cubas recibe un espaldarazo que trasciende lo meramente honorífico. Su obra, hecha de misterios cotidianos y de preguntas sin respuesta fácil, queda situada en una de las posiciones más visibles de las letras hispánicas. El premio no cambia su manera de entender la literatura, pero sí ayuda a que nuevos lectores se asomen a un universo que lleva décadas explorando lo que no se ve.


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