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La Universidad de Granada se ha convertido en uno de los grandes epicentros para el estudio de la literatura contemporánea en lengua española gracias a la llegada del legado literario de Almudena Grandes y Luis García Montero. La donación, realizada por el propio poeta y director del Instituto Cervantes, supone un paso decisivo en la preservación y el análisis de la obra y la vida intelectual de ambos creadores.
Este fondo no se reduce a una simple acumulación de libros: se trata de un conjunto amplio y ordenado de materiales que documentan décadas de trabajo creativo, vida personal y compromiso cultural. A partir de ahora, la Facultad de Filosofía y Letras de la UGR contará con un espacio privilegiado para estudiar, con lupa, cómo se gestan los textos, de qué modo dialogan con su tiempo y cómo se entrecruzan las trayectorias de dos figuras centrales de la literatura española reciente.
Un legado que convierte Granada en referencia internacional

La UGR ha definido esta donación como un patrimonio de “enorme relevancia patrimonial y científica”, y no parece exagerado. El material que ya ha empezado a llegar a la Facultad de Filosofía y Letras incluye manuscritos, cuadernos de trabajo, correspondencia, borradores, archivos digitales, primeras ediciones dedicadas, fotografías y objetos personales de ambos autores. En muchos casos se trata de piezas únicas que permiten reconstruir el proceso de creación de novelas, poemarios, artículos y ensayos.
Todo este fondo será especialmente valioso para disciplinas como la crítica genética —el estudio de cómo se van formando los textos desde sus primeras notas hasta la versión final—, la historia cultural y los estudios de literatura actual. En otras palabras, investigadores de España y de otros países podrán seguir la pista a cómo Almudena Grandes y Luis García Montero fueron dando forma a su obra y a su pensamiento.
La donación no llega de golpe, sino que se llevará a cabo de forma progresiva y organizada. El propio García Montero ha explicado que no se atreve a poner cifras, pero que se trata de “miles y miles y miles de ejemplares”, repartidos entre sus casas de Granada y Madrid, con libros amontonados en estanterías, suelos y rincones, además de montones de cartas, recortes de prensa y documentos personales.
Con esta operación, la Universidad de Granada refuerza su lugar en el mapa europeo como institución clave para el conocimiento de la literatura en lengua española del siglo XXI. La idea es que el nuevo fondo sirva como archivo de referencia internacional para quienes estudien no solo la obra de Grandes y García Montero, sino también la evolución de la cultura literaria española de las últimas décadas.
Este legado se enmarca, además, en una política más amplia de la UGR de incorporar fondos de creadores, profesores e investigadores a sus bibliotecas, con el objetivo de consolidar un patrimonio académico y científico que mire al futuro sin renunciar a la memoria.
La Biblioteca Luis García Montero: un homenaje en vida

Como gesto de reconocimiento a la trayectoria del poeta granadino y a su estrecha relación con la UGR, la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras ha pasado a llamarse oficialmente Biblioteca Luis García Montero. La denominación fue aprobada en la junta de Facultad y se hizo visible con el descubrimiento de una placa con su nombre.
El acto institucional se celebró en el campus de Cartuja en una fecha cargada de simbolismo para el propio escritor, que recordó que estudió en esta facultad hace ya medio siglo. En la ceremonia participaron el rector Pedro Mercado, la decana Ana Gallego Cuiñas, el director de la Biblioteca, Esteban López García, y el propio Luis García Montero, además de numerosos docentes, estudiantes y amigos del poeta.
García Montero, visiblemente emocionado, habló de su vínculo afectivo con Granada y con la Universidad. Explicó que allí se formó como persona, descubrió la obra de Federico García Lorca y decidió dedicarse a la poesía. También recordó sus inicios como estudiante, las movilizaciones políticas de los años setenta —con referencias a las carreras “delante de los grises”— y su posterior trayectoria como profesor de literatura.
En su intervención, el autor subrayó que está “muy agradecido de que aquí se guarde la memoria de mi trabajo”, refiriéndose a cartas, manuscritos, libros dedicados y fotografías que ya se están depositando en la nueva Biblioteca. Esa memoria, insistió, no es solo suya, sino también de Almudena Grandes, con quien compartió tres décadas de vida y proyecto literario.
El rector, por su parte, definió el día como “un gran día para la Universidad” y destacó que espacios como esta biblioteca son auténticos “laboratorios de creatividad”, donde la memoria y el conocimiento se proyectan hacia el futuro. Subrayó además que decisiones como esta refuerzan el papel de la UGR como institución pública comprometida con la cultura y las humanidades en tiempos especialmente complejos.
El Fondo de Creatividad Literaria: laboratorio para la investigación
El núcleo del proyecto es el llamado Fondo de Creatividad Literaria, que se instalará en la propia Biblioteca Luis García Montero. La decana, Ana Gallego, ha definido este fondo como la “primera piedra de un sueño” destinado a convertir a la Facultad de Filosofía y Letras en un centro de referencia para la investigación literaria y la crítica genética.
Este fondo reunirá no solo los libros de las bibliotecas personales de Almudena Grandes y Luis García Montero, sino también notas manuscritas, borradores, cuadernos de trabajo, anotaciones al margen, correspondencia con otros escritores y amigos, recortes de entrevistas y materiales de archivo. Son, en términos académicos, “elementos primarios” de la creación literaria, que permiten ver de cerca cómo se construyen los textos.
El proyecto incluye un plan de catalogación y digitalización exhaustivo para que los investigadores puedan acceder al fondo de manera ordenada y, en la medida de lo posible, también en formato digital. La idea es que la Biblioteca funcione como un espacio de consulta especializado, preparado para acoger tanto a estudiantes de la UGR como a especialistas nacionales e internacionales.
La Facultad abrirá además un programa de becas para jóvenes investigadoras e investigadores, de dentro y fuera de la Universidad de Granada. Gracias a estas ayudas, se podrán desarrollar tesis doctorales, proyectos de investigación y trabajos académicos que tomen como base este legado, ya sea centrado en la obra de Grandes y García Montero o en el contexto literario en el que se inscriben.
En lo que va de año, la Biblioteca de Filosofía y Letras ha atendido a más de 175.000 usuarios, lo que da una idea de la dimensión del servicio y del impacto que puede tener este nuevo fondo en la comunidad académica. El objetivo es que la llegada del legado sirva para impulsar nuevas líneas de investigación y fomentar un diálogo constante entre creación literaria y crítica universitaria.
Una primera donación simbólica: los retratos de Juan Vida
La entrega del legado se ha iniciado con un gesto cargado de simbolismo: la primera donación incluye dos retratos, uno de Almudena Grandes y otro de Luis García Montero, realizados por el artista granadino Juan Vida. Estas obras, a lápiz, muestran a un joven Luis (en un retrato fechado en 2008) y a una Almudena más madura (en otro de 2020).
Ambos retratos se integrarán en la futura sala expositiva del Fondo de Creatividad Literaria, actualmente en desarrollo en la Facultad de Filosofía y Letras. La intención es que el espacio combine la función de archivo y la dimensión expositiva, de forma que el público pueda conocer de primera mano tanto los documentos de trabajo como las piezas artísticas asociadas al legado.
Durante el acto, en tono distendido, García Montero bromeó sobre el propio Juan Vida, a quien definió cariñosamente como el “peor estudiante de la Facultad”, una referencia que arrancó sonrisas entre los asistentes y que subraya el ambiente de complicidad y memoria compartida que rodeó al evento.
Más allá de la anécdota, la presencia de estos retratos apunta a la dimensión artística y emocional del proyecto. No se trata solo de conservar papeles, sino de reconstruir un universo vital y creativo: las lecturas, las amistades, las conversaciones y la vida cotidiana de una pareja literaria que ha marcado a varias generaciones de lectores en España y fuera de ella.
Este primer depósito abre la puerta a futuras incorporaciones de obras plásticas y documentos gráficos, reforzando la idea de la biblioteca como un espacio vivo, en transformación constante, y no como un simple contenedor estático de libros antiguos.
La huella de Almudena Grandes y la vida compartida
Aunque Luis García Montero es quien realiza formalmente la donación, el legado tiene una doble vertiente: es también la memoria literaria y personal de Almudena Grandes, fallecida en 2021. En el fondo se integrarán notas, manuscritos y materiales de trabajo de la autora, junto con los libros y documentos que ambos fueron reuniendo a lo largo de treinta años de vida en común.
En la Biblioteca Luis García Montero se irán depositando obras vinculadas con esa relación compartida: libros dedicados, correspondencia, fotografías, recortes de entrevistas y materiales de investigación acumulados durante décadas. La donación, que se formalizó el pasado mes de septiembre, se organizará de manera gradual para no saturar los espacios y permitir una correcta gestión documental.
De este modo, la Facultad de Filosofía y Letras se convertirá en custodio de un archivo que no solo habla de literatura, sino también de biografía, compromiso social y diálogo con la realidad española de las últimas décadas del siglo XX y los primeros años del XXI. La obra de Grandes, muy ligada a la memoria histórica y a las vidas anónimas, encuentra así un hogar académico estable donde seguir siendo leída y reinterpretada.
El fondo permitirá reconstruir cómo se tejió, a lo largo del tiempo, esa comunidad de lectores, amigos y colegas que acompañó a la pareja. Cartas intercambiadas con otros escritores, anotaciones en los márgenes de los libros, pruebas de imprenta y materiales de prensa ayudarán a entender qué conversaciones literarias y políticas alimentaron sus obras.
Para investigadores y estudiantes interesados en la literatura española contemporánea, la memoria democrática o la relación entre vida y escritura, este archivo abre un abanico de posibilidades: análisis de borradores de novelas, estudios de recepción crítica, trabajos comparados entre la poesía de García Montero y la narrativa de Grandes, o incluso investigaciones sobre redes intelectuales en España y Europa.
Un poeta entre la universidad y el Instituto Cervantes
La figura de Luis García Montero aparece en este proyecto con un doble papel: como poeta y como académico. Catedrático del Departamento de Literatura Española de la UGR, fue nombrado director del Instituto Cervantes en 2018 y ha compaginado desde entonces su labor institucional con su vocación docente y su obra literaria.
En el acto de presentación del legado, el escritor recordó que “uno no puede ganarse la vida como poeta, pero sí explicando poesía”, subrayando que ha tenido la fortuna de dedicar su vida profesional a aquello que habría hecho igualmente aunque nadie se lo pagase: leer, enseñar y hablar de literatura.
Aunque desde hace algunos años no imparte clases de manera regular en la Facultad de Filosofía y Letras, expresó su deseo de regresar a la docencia antes de su jubilación. Su plan, si los tiempos políticos lo permiten, es volver a la UGR durante los dos últimos años de su carrera académica —hasta los 70, edad en la que prevé retirarse— para seguir enseñando y, al mismo tiempo, preparar con calma el fondo que se está depositando en la biblioteca.
Este regreso se enlaza también con otros proyectos culturales en los que está implicado, como la candidatura de Granada a Capital Europea de la Cultura 2031, de la que es comisario. Su papel en el Instituto Cervantes, institución encargada de difundir el español por el mundo, y su compromiso con la ciudad de Granada, dibujan la imagen de un intelectual que se mueve entre la gestión cultural global y el arraigo local.
En su intervención, el poeta recordó a profesores que marcaron su formación, como Juan Carlos Rodríguez, y reflexionó sobre cómo, al entrar en el aula, muchos docentes dejan en segundo plano las presiones externas —leyes, presupuestos, burocracia— para centrarse en la pregunta esencial: “¿Qué podemos hacer por el alumnado?”. Esa vocación pedagógica atraviesa también el sentido de la donación.
Una biblioteca desbordada de libros y memoria
Uno de los aspectos que más llamó la atención en las declaraciones de García Montero fue la descripción de sus dos casas, en Granada y Madrid, como una “inmensa biblioteca”. Libros por las esquinas, pilas en el suelo, estanterías saturadas, habitaciones convertidas en pequeños archivos domésticos… Todo ese material, que hasta ahora vivía de forma dispersa, inicia ahora un viaje hacia la Biblioteca Luis García Montero.
El traslado se hará sin prisa pero sin pausa para evitar problemas de espacio e instalaciones en la Facultad. Cada lote que llegue será inventariado y ordenado, con especial cuidado para conservar la procedencia y el contexto de los documentos, algo clave para la investigación. No es lo mismo una edición cualquiera de un libro que un ejemplar dedicado, subrayado o anotado por los propios autores.
Junto a los libros, llegarán cajones llenos de cartas, correspondencia con otros literatos, amistades personales y figuras públicas de distintas etapas. Estos documentos se convertirán en fuentes primarias para entender el tejido intelectual y afectivo en el que se movieron Grandes y García Montero, y para analizar cómo se relacionaron con el mundo editorial, la prensa y las instituciones culturales.
En la Facultad, este conjunto se concibe como un laboratorio de creación y reflexión, no solo como un depósito. La idea, en palabras del propio personal bibliotecario, es “impulsar la creación sobre la creación literaria”: que el contacto con borradores, cartas y notas inspire nuevas obras, nuevas lecturas y nuevas formas de entender el oficio de escribir.
El director de la Biblioteca, Esteban López García, definió la decisión de dar el nombre de Luis García Montero al edificio como un gesto de reconocimiento hacia la generosidad del poeta al compartir tanto su legado como el de Almudena Grandes. Un gesto que pone en valor, además, la importancia de las bibliotecas como lugares donde las personas, a través de los libros, pueden convertirse en mejores ciudadanos.
La creación del Fondo de Creatividad Literaria y la transformación de la Biblioteca de Filosofía y Letras en Biblioteca Luis García Montero trenzan memoria personal, patrimonio cultural y futuro académico en un mismo movimiento. Lo que durante años fue una vida compartida entre lecturas, manuscritos y conversaciones se transforma ahora en un archivo abierto a la comunidad universitaria y a la sociedad, preparado para alimentar nuevas investigaciones, despertar vocaciones y mantener vivo el diálogo con la obra de Almudena Grandes y Luis García Montero en España y en toda Europa.

