Tras culminar, el año pasado y de la mano de Olga de Soto, su iniciativa Fisuras, el Museo Reina Sofía ha anunciado su voluntad de apoyar, ya en el marco de su programación habitual, a artistas en su etapa de media carrera y también de dar mayor cabida en dicha programación a la performance: desde hoy podemos visitar en su cuarta planta, junto a la producción de Huguette Caland, la muestra “Hello Everyone” , que reúne todos los proyectos en los que ha trabajado desde 2011 Laia Estruch, una de las artistas vinculadas a esa disciplina en España más importantes de su generación, la de quienes rondan los cuarenta.
Con esta muestra quiere el MNCARS reivindicar, según Manuel Segade, la imaginación radical y el riesgo de una autora que ha trabajado en eso que suele llamarse expandir el campo epistemológico del arte, superando, en definitiva, las expectativas de lo que entendemos hoy por creación y tomando el pulso al presente de forma viva; también el rol de los comisarios independientes, como los dos miembros de Latitudes (Max Andrews y Mariana Cánepa), que vienen abriendo su actividad a la experimentación: esta exhibición no nace de un encargo del Reina Sofía, sino de una propuesta de este equipo, responsable del diseño de esta exhibición como almacén transitable, conforme a una idea ya presente en algunos de sus trabajos anteriores, y de las cartelas muy explicativas, concebidas para que el público pueda entender las motivaciones de Estruch.
Como decíamos, “Hello Everyone” recoge todas las obras que ha desarrollado desde 2011 hasta la actualidad, a través de los materiales con las que las generó, y esa es la primera originalidad de esta presentación: hasta ahora lo habitual es que cada una de estas propuestas articulara una muestra propia, en museos y sobre todo en galerías. Se trata de casi una treintena de creaciones performativas y adaptadas a las dos salas del Reina Sofía en las que se estructura esta exposición: han sido reinventadas, modificadas, en algún caso recicladas, de nuevo en expresión de Segade, como cuerpos en interacción. Las cose en el recorrido del espectador una pieza sonora creada para la ocasión y representativa de las constantes indagaciones vocales de esta artista barcelonesa, representada en Madrid por la Galería Ehrhardt Flórez.
El germen de esta exhibición se encuentra en una mudanza de Estruch: cuando autora y comisarios vieron almacenados los materiales generados por estos trabajos, encontraron una forma de belleza en su reposo y en ese almacenaje e imaginaron qué ocurriría si esas piezas entonces durmientes se activaran de manera conjunta en un espacio, en un único ambiente donde se solaparan y dialogaran. Estruch, Cánepa y Andrews se conocieron precisamente en 2011, de la mano de Hello everyone, pieza en la que la catalana se presentaba a su público, y desde entonces han seguido de cerca sus desbordamientos entre voz, cuerpo y escultura y los lazos que viene estableciendo entre cuerpos físicos y cuerpos escultóricos.
Ha explicado Laia que, al contemplar el resultado de este montaje, en el que su gran Trena antes expuesta en el Museu Nacional d´Art de Catalunya ha devenido cortina que divide espacios y cuerpos de trabajo, y al ver cómo unas y otras piezas reverberan entre sí, ha cobrado mayor conciencia de que su labor es fundamentalmente performativa y que la objetual o escultórica se inserta o supedita a ella; también del cuerpo de la voz, el más performativo que afirma conocer, por su carácter efímero y su inmaterialidad más allá de los registros: en el Reina Sofía podremos escuchar todos sus desarrollos vocales para los distintos proyectos.
Laia Estruch. Hello everyone. Museo Reina Sofía
La trayectoria de Estruch hubiese sido otra de no haber acudido, en 2010 y mientras cursaba sus estudios universitarios, a la Cooper Unión de Nueva York para recibir las enseñanzas de Sharon Hayes (que escribe en el catálogo) sobre performance, arte sonoro y escultura; aprendió desde entonces que dicha performance, si no la practicas, no la puedes conocer; que si no hay público, no hay nada que revolucionar, pues el cuerpo del público también es performance; y que la documentación de la misma, sus registros, no son sin embargo (de nuevo) performance.
Espera la catalana de cada proyecto que genere colaboraciones y espacios para el aprendizaje, circuitos y dinámicas que propicien lugares para la investigación, un laboratorio escénico que suscite sonidos, voces y que sea, igualmente, partitura. Explica no interpretar ni reinterpretar, sino emprender búsquedas en las que no asegura nada y se la juega bastante; tampoco trata de desempeñar bien ninguna acción en concreto más allá de su investigación. Por la misma razón, sus expectativas respecto a esta exposición en el Reina Sofía residen en la incorporación a su práctica de nuevos gestos, otras líneas de investigación; de cara al espectador, este podrá descubrir hasta qué punto las nociones prácticas inciden en la realización de sus trabajos: los materiales han de ser fáciles y rápidos de montar, baratos de trasladar…; pero no determinan por ello el resultado final: mientras trabajaba como acomodadora en el Auditorio de Sant Cugat, percibió que sus esculturas podrían dar lugar a escenografías y generar determinados movimientos sin contar, necesariamente, con la participación de un coreógrafo. Y trabajando en espacios públicos o abiertos, tomó conciencia del cuerpo, de la gravedad, de sus líquidos, de su condición potencial de canal y de su manejo de la temperatura, la fuerza o la rigidez. En el fondo, la suya es una tarea de búsqueda de límites: para Estruch, en ellos está la acción.
Laia Estruch. Hello everyone. Museo Reina Sofía
Entre las piezas fundamentales de Estruch recogidas en el Reina Sofía destaca la citada Trena, originalmente expuesta en el MNAC, en la que por primera vez planteaba de manera explícita las posibilidades de interacción de su producción con el público: la que fue larga trenza con túneles neumáticos entrelazados, de interior resonante, que se nos invitaba a atravesar para percibirla como canal de aire, sonidos, fluidos y también personas y datos se ha transformado en la mencionada cortina retráctil, en puente, en toldos y en petates; estos últimos recogen el material residual de ese proceso. Residua también ha denominado a dos esculturas, tan metálicas como sinuosas, que evocan toboganes y que contienen -y no serán las únicas- números, letras y símbolos; la artista quiso habitarlas temporalmente para explorar cómo interactuarían con su voz y con los movimientos de su cuerpo; el título remite a una compilación de textos de Samuel Beckett. Y en un sentido semejante hemos de comprender las esculturas textiles que componen Kite: cometas con las que estudiar las relaciones entre las corrientes del viento y los flujos de aire que la voz humana articula.
Si ese trabajo tiene que ver con el aire, del agua surgen Crol, Sibina y Sirena. En el primer proyecto, se sumergió en las piscinas municipales de Montjüic -como espacio típicamente humano donde cuerpos diversos se cruzan y entrecruzan- para conocer el potencial expresivo de la voz en el medio acuático; de esa acción nos muestra hinchables y esculturas (secas) que imitan a las barandillas de las piscinas o deformadas barras de ballet en la pared. En cuanto a Sibina, se trata de tres esculturas de acero pintado semejantes a abrevaderos que se asocian a los sumideros y fuentes del Garraf (a la hidratación, las abluciones y las lágrimas), mientras que Sirena es una escultura semejante a una bañera industrial ideada para mantener viva o transportar a una de ellas.
Otro capítulo de sus trabajos explora de manera directa el movimiento: es el caso de Moat, plataforma-partitura-instrumento que le permitía moverse y explorar su voz en altura; Moat-1, estructura, esta vez modular, que se activa a partir de posturas y formas esculturales del cuerpo de la autora que inciden, a su vez, en la expansión de su voz; Moat-3, que lleva las formas rígidas de un parque infantil urbano a un cuerpo blando; o de Gavinet, escultura metálica con forma de dos cabezas que se inspira en los poemas-objeto de Joan Brossa y que cobijó performances, propiciando sus rampas entradas o salidas de escena. Se trata, en todos los casos, de testimonios de performances ahora durmientes, pero Estruch activará algunas de ellas en varias ocasiones mientras dure la muestra, hasta el próximo septiembre.
Laia Estruch. Hello everyone. Museo Reina Sofía
Laia Estruch. “Hello everyone”
MUSEO NACIONAL CENTRO DE ARTE REINA SOFÍA. MNCARS
C/ Santa Isabel, 52
Madrid
Del 26 de febrero al 1 de septiembre de 2025
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