Isaac
El último vídeo de María Pombo en TikTok ha puesto el foco en un debate tan viejo como recurrente: el valor de la lectura y el papel de los influencers cuando hablan de hábitos culturales. La conversación arrancó por un comentario sobre su nueva estantería y terminó desatando una discusión de gran alcance en redes.
A partir de esa chispa inicial, la creadora de contenido explicó su punto de vista con naturalidad: no todas las personas disfrutan leyendo y, a su juicio, eso no debería medirse como un marcador de superioridad. Sus palabras, lejos de quedar en anécdota, se viralizaron y generaron reacciones para todos los gustos.
Qué ocurrió y por qué estalló la polémica

Todo empezó cuando respondió a un seguidor que, al ver su librería recién instalada, sugería que sería “más bonita” si estuviera llena de libros ya leídos. Pombo recogió el guante y dejó clara su postura: considera lógico que haya gente a la que leer no entusiasme y que la afición por los libros no convierte a nadie en “mejor”.
Para contextualizarlo, habló de su propia experiencia: prefiere textos ligados a temas concretos que le interesan frente a perderse en una novela por la noche. Como ejemplo cercano, citó a sus hermanas: Marta, que devora libros, y Lucía, piloto, a quien no le atrae la lectura tradicional. Ella misma se situó en un punto intermedio.
Esa explicación vino acompañada de una idea general: a todos, en algún momento, nos han invitado a probar la lectura, ya sea en casa o en el colegio; a partir de ahí, cada cual se queda con lo que le funciona. La afirmación, formulada sin rodeos, multiplicó los comentarios y abrió un hilo de discusión sobre gustos, costumbres y presunta “superioridad moral”.
Lo que hay en su estantería y por qué lo enseña
En el mismo vídeo y en publicaciones posteriores, la influencer mostró los objetos que ha colocado en su librería. Además de libros de interiorismo, moda y viajes, enseñó recuerdos personales y piezas con valor sentimental. Subrayó que disfruta viendo esos volúmenes de gran formato por dentro: fotografías, referencias de estilo y casas que le inspiran.
Entre los elementos que destacó hay un ejemplar de El Principito adquirido en Zara Home que le evoca a su abuelo, algunos libros heredados de sus abuelas y una balda dedicada a lecturas infantiles para sus hijos, con la intención de facilitarles el acceso y comprobar si el hábito les atrae con el tiempo.
La estantería también reúne “su vida en objetos”: un coral que le regalaron, fotos familiares —incluida una etapa de embarazo—, reconocimientos profesionales, arte de seguidores, álbumes (como el del bautizo de su hijo), un número 22 con carga emocional, flores secas y otros recuerdos. La idea, según contó, es crear un espacio que mezcle estética y memoria.
Entre los títulos antiguos mencionó una colección clásica firmada por José María de Cossío, así como libros de decoración “bonitos por dentro”. Recalcó que no son “trastos” sin sentido, sino piezas que aprecia y que, en muchos casos, cuentan historias personales.
Reacciones en redes: críticas y apoyos
La conversación se amplió rápidamente en X, Instagram y TikTok. Parte del público le reprochó el mensaje por su posible efecto entre millones de seguidores, enfatizando que leer enriquece y abre puertas. Algún comentario cargó contra la falta de ejemplo para los más pequeños, mientras otros insistieron en la responsabilidad cultural de los perfiles masivos.
Frente a esa oleada, también surgieron muchas voces que defendieron su derecho a expresar una opinión honesta sin convertir la lectura en un medidor de valía personal. Entre ambos polos se coló otro debate satélite: si la conversación sobre libros en influencers se trata con demasiada rigidez o si importa más animar a leer que juzgar a quien no lo hace como hábito.
Al hilo de la discusión, incluso se rescató que Pombo afirma ser descendiente de Concha Espina, dato que algunos utilizaron para reavivar la controversia y otros para relativizarla, recordando que el parentesco no obliga a compartir costumbres lectoras.
Su segunda respuesta: aclaraciones y lecturas en la mesilla
Con el debate aún activo, publicó otro vídeo para matizar ideas. Aseguró que no cuestiona que leer sea positivo, pero criticó la tendencia a llevarlo “todo a los extremos”. Explicó que, cuando lee, suele hacerlo de forma tranquila, antes de acostarse, y por eso guarda ciertos libros en la mesilla y no en la estantería del salón.
En esa réplica mostró varios títulos que tiene a mano y sobre los que ha ido haciendo anotaciones o lecturas salteadas. Entre ellos hay obras de crecimiento personal, lenguaje, crianza y una historia real que le resultó especialmente emotiva. Esta es la selección que enseñó:
- La vida es bonita incluso ahora, de Belén Domínguez: una historia real de superación que, contó, le ha conmovido.
- La palabra exacta: un compendio sobre el significado y el uso de términos, fácil de consultar.
- Tu mentalidad de buena suerte: enfoque práctico y de lectura por capítulos.
- Diario para padres estoicos y 366 meditaciones sobre crianza, amor y educación de los hijos: ideas diarias para madres y padres.
- Actitud positiva: consejos aplicables al día a día.
- Botas de colores para días de lluvia, de María G. de Jaime y Tomás Páramo: lo leyó con rapidez por conocer su historia.
- Hábitos atómicos: lo tiene empezado tras una recomendación en TikTok.
- La obra más reciente de Tomás Páramo, que aseguró haber leído en un viaje.
Con esa lista dejó claro que, aunque no sea lectora de ficción de continuo, sí dedica tiempo a libros prácticos y temáticos. Invitó además a su comunidad a recomendarle títulos afines a sus gustos, abierta a seguir probando géneros hasta encontrar el que más la atrape.
Contexto personal y otros datos que han salido a colación
Más allá del debate, la conversación se cruza con su momento vital: está embarazada de su tercer hija junto a Pablo Castellano —se llamará Mariana— y es madre de Martín y Vega. Su enorme alcance —más de tres millones de seguidores— ayuda a explicar por qué un comentario aparentemente doméstico acaba ocupando titulares.
La dimensión del caso, en realidad, habla de algo mayor: cómo se discuten hoy los hábitos culturales, qué esperamos de quienes influyen en tanta gente y si el fomento de la lectura debe hacerse desde la prescripción dura o desde la invitación amable. La secuencia —primera reacción, críticas, apoyo, réplica y lista de libros— ha dejado ver todos esos matices.
Una opinión nacida de una estantería ha terminado por abrir una conversación amplia sobre hábitos, gustos y referentes. Quien se acercó buscando una “polémica exprés” se ha encontrado, además, con un inventario de recuerdos, lecturas de cabecera y la idea de que leer —o no— es un camino personal que puede transitarse con menos ruido y más curiosidad.

