Isaac

Memorias de Isabel Preysler

La autobiografía de Isabel Preysler ya está en la calle y ha levantado un revuelo poco habitual incluso para una figura tan conocida. En Mi verdadera historia, la socialité repasa sin rodeos su vida privada y pública, aportando datos, contexto y documentos personales con los que pretende romper tópicos que la han acompañado durante décadas.

La expectación fue evidente desde primera hora: en el Mandarin Oriental Ritz de Madrid se congregó más de un centenar de profesionales de los medios para seguir la presentación. Preysler, que aclaró que nació en 1950 y que atraviesa una etapa de calma, compareció arropada por su hija Tamara Falcó y por amigos muy cercanos.

Una puesta de larga medida al milímetro

Libro Mi verdadera historia

Entre aplausos y flashes, Preysler abrió el acto con agradecimientos a familia, amigos y periodistas, subrayando que sus memorias buscan contar “la realidad con matices”. El salón del histórico hotel madrileño se llenó para escuchar su versión de episodios que han dado titulares durante años.

“¿Por qué ahora?”, le preguntaron. Ella fue clara: tras mucho escrito sobre su persona, siente que vive un momento de serenidad y paz idóneo para ordenar recuerdos y fijar su legado. Una idea que repite a lo largo del volumen: quiere que sus nietos entiendan la importancia de la bondad y conozcan de primera mano sus orígenes filipinos.

Tamara Falcó tuvo un papel discreto pero significativo. Admitió que el libro le ha descubierto facetas desconocidas de su madre y elogió su honestidad a la hora de abordar temas delicados. La complicidad entre ambas marcó el tono de un encuentro sobrio y sin estridencias.

Durante el turno de preguntas, la autora reconoció que en ocasiones se ha sentido tratada injustamente, aunque prioriza lo bueno y el apoyo de su entorno. También confirmó que algunos pasajes fueron revisados con sus hijos para ajustar detalles y evitar malentendidos.

Qué revela Mi verdadera historia

El libro recorre su infancia en Manila, su llegada a Madrid y su vida familiar, y se detiene en sus relaciones más mediáticas. Habla de su matrimonio con Julio Iglesias, de aquel amor juvenil con tres hijos en común y de una ruptura condicionada por infidelidades y distancias inevitables.

También aborda su etapa con Carlos Falcó, un vínculo que le aportó estabilidad y del que nació Tamara, y cómo el sentimiento por Miguel Boyer terminó imponiéndose con el tiempo. Preysler no duda en definir al exministro como “el gran amor de su vida”, con quien compartió 26 años hasta su fallecimiento.

La relación con Mario Vargas Llosa ocupa un capítulo destacado y aviva el suspense sobre lo que revelará de Mario Vargas Llosa. Para rebatir la idea de que el Nobel fue infeliz a su lado, incluye cartas privadas que él le escribió durante su noviazgo, además de su propia misiva de despedida. Defiende su publicación amparándose en que las misivas son suyas y que su objetivo es corregir versiones inexactas.

Más allá de los amores, la autora abre espacios íntimos poco tratados en público: su disciplina diaria, sus manías, la afición por organizar reuniones en casa y hasta momentos complejos como complicaciones médicas vinculadas a intervenciones estéticas. Todo ello contribuye a un retrato menos idealizado y más humano.

Voces y apoyos del entorno

La familia ha tenido presencia dentro y fuera del libro. Además del acompañamiento de Tamara Falcó en la presentación, sus hijos han mostrado respaldo en redes, celebrando que por fin sea ella quien cuente su historia en primera persona. El tono general en casa ha sido de complicidad y de respeto por las versiones de cada cual.

En el plano más reciente, Preysler destaca el valor del perdón y deja claro el afecto que profesa a Íñigo Onieva, marido de Tamara: asegura que lo quiere como a un hijo más, en la misma línea de apoyo familiar que reivindica en el libro.

En varias intervenciones, la autora ha insistido en que se ha centrado en lo que verdaderamente importa: la familia, la amistad y la lealtad. Y en que el volumen no pretende ajustar cuentas, sino explicar con calma y documentos el reverso de algunos relatos públicos.

Edición, proceso y promoción

Mi verdadera historia llega con el sello de Espasa tras un trabajo de dos años en el que Preysler se ha apoyado en colaboradores de confianza. El volumen supera las 330 páginas y ha pasado por revisiones familiares para limar pasajes especialmente sensibles.

La presentación en Madrid se enmarca en una estrategia de promoción medida: reportaje en su revista de referencia, entrevistas y presencia en formatos televisivos, con el objetivo de explicar las claves del libro sin caer en el morbo. La autora ha remarcado que su prioridad es que el lector encuentre contexto, memoria y hechos contrastados.

La nueva obra pone el foco en España y en Europa cuando toca, pero sin perder la perspectiva de sus raíces filipinas. Esa doble mirada —entre Manila y Madrid— es uno de los hilos que mejor explican la personalidad pública y privada de Preysler a lo largo de los años.

Con un tono sobrio y una narrativa directa, Mi verdadera historia traza un mapa vital que combina luces y sombras. Entre cartas, recuerdos y escenas familiares, la autora plantea un autorretrato que busca ser veraz, sereno y matizado, más allá de titulares y etiquetas.


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