by Sorevitno | Ene 25, 2023 | actualidad |
Caty R
– Los art. 22 y 23 de este real decreto vulneran las normativas europeas.
– Las principales entidades ecologistas y el conjunto de la población rural
afectada pierden la posibilidad de conocer los expedientes y formular
alegaciones.
Este martes 24 de enero,
en sesión extraordinaria, el Congreso de los Diputados ha convalidado el Real
Decreto Ley 20/2022. Los artículos 22 y 23 de este RDL permiten que los
MACRO proyectos de renovables de más de 50 MW no estén sujetos a ninguna
evaluación ambiental y su aprobación por silencio administrativo.
Representantes de 451 entidades
ciudadanas de todas las comunidades autónomas, agrupadas en torno al movimiento
macrorenovablesNO.org, han
acudido a la escalera del Congreso a expresar su negativa a estos artículos y
entregar un documento conjunto a todos los diputados. Los diputados que han
acudido a la cita y han escuchado sus reivindicaciones en un acto de
solidaridad y responsabilidad con el medio natural y rural han sido: Por Unidas
Podemos han participado: José Luis Bueno Pinto, Antón Gómez-Reino, Marisa
Saavedra, Txema Guijarro y Enrique Santiago. Por parte de BNG: Néstor
Rego, Por Compromís: Joan Baldoví, Por CUP: Albert Botrán, Por EH BILDU: Oskar
Matute, Por Teruel Existe: Tomás Guitarte, y por Verdes EQUO: Héctor Tejero.
El movimiento macrorenovablesNO.org lucha por la justicia climática, y apoya una transición a las
renovables basada en el autoconsumo, la eficiencia energética, la utilización
de las zonas ya antropizadas, y las comunidades energéticas, dentro de un
modelo energético distribuido y justo. Advierten que el modelo a escala
macro que está desplegando el Ministerio de Transición Ecológica en la
actualidad favorece exclusivamente a las multinacionales y anula los derechos
de la ciudadanía, agrava la despoblación, y pone en peligro la biodiversidad.
Manifiestan que pone en peligro su modo de vida y sus actividades, así como el
patrimonio ambiental y cultural de estos territorios.
El Real Decreto 20/2022
no se ajusta a las normativas europeas. Vulnera el Convenio de Aarhus de
participación ciudadana y priva incluso a las principales entidades ecologistas
de la posibilidad de conocer los expedientes y formular alegaciones. La
aprobación del Reglamento europeo 2022/2577 del pasado 22 de diciembre,
precisamente establece la necesidad previa de una zonificación y de una
evaluación medioambiental estratégica. Condiciones cruciales que han sido
obviadas en este Real Decreto 20/2022
La desprotección
ambiental, la inseguridad jurídica y el agravio comparativo están servidos.
Listado de asociaciones aquí: https://docs.google.com/document/d/16qMNVme8eTTdQLAZtoqdHbbcOcqbf6GAqzin1PzcT_0/edit?usp=sharing
Entrada en la web: Más información sobre los elementos negativos de los artículos 22 y 23 del RDL 20/2022: https://macrorenovablesno.wordpress.com/2023/01/19/rdl20/
by Sorevitno | Ene 25, 2023 | actualidad |
Caty R
by Sorevitno | Ene 25, 2023 | actualidad |
Bea Morales
Para quien le interese esta entrevista y no sepa de qué va el bertsolarismo
habría que empezar con una explicación. Se trata de una tradición
cultural antiquísima en Euskal Herria donde un autor canta en euskera
versos a capella que improvisa con una mezcla precisa de humor,
crítica y actualidad. El éxtasis se alcanza a través de la destreza
lírica pero, sobre todo, por su capacidad para provocar emociones a un
público que escucha atentísimo desde la butaca de un pequeño teatro, en
un frontón, alrededor de una mesa e incluso de balcón a balcón. Para
contradecir a los aguafiestas de la modernidad más desorientada que
presagiaban su lenta extinción, este arte secular genuinamente vasco
vive hoy un renacimiento pujante y goza de un creciente prestigio
social. La prueba de su vitalidad es el protagonismo cada día más
numeroso de mujeres en todos los eventos que se organizan. “El bertsolarismo
es la disciplina artística donde más avanzado está el discurso y la
práctica feminista en Euskal Herria. Más que el cine, la literatura o el
teatro”, asegura Maialen Lujanbio (Hernani, 1976).
El pasado 18 de diciembre, más de 13.000 personas eligieron
la electricidad del espectáculo, el último campeonato celebrado en
Pamplona, antes que la final del Mundial de fútbol. Un síntoma. La
txapela, el símbolo que cada cuatro años distingue al más destacado
entre ocho aspirantes, fue para ella. Era su tercer galardón desde que
en 2009 se pusiera fin al dominio masculino en esta comunidad de
trovadores. Lo hizo con maestría, rompiendo puertas con delicadeza
creadora, inyectando a la tradición vasca toda la universalidad
contemporánea. Un ejemplo de su talento es la pieza que improvisó en la
final de 2017 ante cientos de personas a partir del tema propuesto por
la organización: “Dena ondo zihoan, argia piztu den arte”
(Todo iba bien, hasta que se enciende la luz). Los expertos aseguran
que será difícil escuchar un poema sobre la transexualidad tan lleno de
respeto y erotismo como aquel. La reacción del público fue ardiente,
pura electricidad. Pero la popularidad le resulta anecdótica a esta
mujer ingeniosa y revolucionaria. “El objetivo no es competir para ver
quién es la mejor o el mejor sino para sensibilizar en nuestra lengua”,
afirma. Aquí desentraña el misterio de un arte que sacraliza un idioma
como el euskera, entre registros y estrategias de improvisación. Ella es
una mujer en verso preparada para la lucha.
Es usted un fenómeno cultural en Euskal Herria pero una completa desconocida en el resto del Estado.
Soy un fenómeno… relativo. La mayoría de la gente, incluso en Euskal Herria, tampoco me conoce porque la referencialidad del bertsolarismo
está unida intrínsecamente a la situación sociolinguística del euskera,
que es minorizada. Conformamos un movimiento socio-cultural totalmente
autocentrado en esa premisa, tanto en su ejercicio como en su
reconocimiento y valoración. Nuestro eje no es España ni el contexto
cultural español. Por lo tanto, su no-conocimiento no me sorprende ni me
quita el sueño, la verdad. Somos conocidas entre la gente que entiende
la lengua, o por aquellos que sienten interés por nuestra cultura. Aun
así, he tenido y tengo contacto con gente de otras disciplinas
artísticas y de otras tradiciones relacionadas o interesadas en la
oralidad y la improvisación.
En Pamplona se reunieron 13.000 personas absolutamente
entregadas al espectáculo que ofrecieron, pese a coincidir con la final
del Mundial de fútbol. ¿Cómo explica semejante movilización de gente?
Seguro que hubo gente que siguió el partido en el móvil… pero sí. A
mí me pareció impactante que una performance tan austera como la
nuestra, donde solo se escucha una voz a capella sin más
elementos escénicos a su alrededor, reuniera a tantos espectadores y
encima mantuvieran los silencios en los momentos álgidos. Es lo que
confiere a este certamen una atmósfera tan especial y más aún en estos
tiempos donde prima el espectáculo y el show. Sin embargo, si atendemos a
la gente que acude a las actuaciones que realizamos a lo largo de todo
el año, cada fin de semana, en distintos tipos de espacios y escalas, el
número de personas es aún mayor y más importante que el que pudo verse
en el macro-evento de Iruña, aunque este acaparara la atención
mediática. Por suerte, o mejor dicho, por el trabajo de base que viene
realizándose desde hace muchos años, el bertsolarismo es un movimiento muy vivo, con mucha fuerza y con mucho público. Si antes mencionaba la relación intrínseca del bertso con la lengua, aquí podríamos hablar de la relación que existe entre el bertsolarismo
y su hábitat. Mantiene su eje tradicional pero también refleja todos
los debates latentes en la sociedad contemporánea. A día de hoy,
aglutina a muchísima gente joven, con sus análisis y puntos de vista,
que pueden estar relacionados con la identidad, el independentismo, el
marxismo y, en los últimos años, con el feminismo, que ha irrumpido con
especial fuerza. Todas aportan perspectivas renovadas a la dialéctica
general de los bertsos.
Sí, porque antiguamente era una actividad que solo practicaban los hombres.
Sí. Como todo lo que se celebraba en las plazas públicas. Las mujeres
cantaban pero lo hacían en el ámbito privado y, claro, apenas nos ha
llegado información sobre ellas. En los años 80 solo participó una mujer
en el concurso nacional que celebramos cada cuatro años. En 1997 fui la
primera mujer en llegar a una final, pero en la última celebrada en
diciembre, tres de los ocho finalistas éramos mujeres y otras 15
participaron en las distintas fases del campeonato. Nuestra presencia
aumenta pese a que todavía tenemos mucho que hacer y hay resistencias,
pero me atrevería a decir que es la disciplina artística de Euskal
Herria donde más integrado y más avanzado está el discurso y la práctica
feminista. Más que en otros ámbitos culturales donde se presupone que
existe una mentalidad más abierta como el cine, la música, el teatro o
la literatura. En mi trayectoria como bertsolari he visto al
feminismo evolucionar e integrarse de una manera fortísima, tanto en las
temáticas como en el pensamiento. Y todo esto es fruto de una
sensibilización, un trabajo teórico y una pelea dialéctica constante de
las mujeres que hacen bertsos, de las jóvenes, de las generaciones siguientes a la mía.
¿Siempre tuvo claro que quería ser bertsolari?
No, nunca fue mi objetivo. Surgió así. Me apasionaba la lengua y me gustaba mucho cantar pero cuando era niña los bertsolaris me parecían señores mayores que no me resultaban especialmente atractivos. Tampoco en mi casa mamé el bertsolarismo. Aprendí en la bertso eskola de la ikastola,
con 11 años, jugando a improvisar junto con otros compañeros de mi
edad. Luego, con 15 años, se dieron una serie de factores que nos
empujaron a saltar a la plaza. Era un momento delicado, de miedo a
perder una tradición que estaba envejeciendo y reduciéndose a un mundo
rural. Había artistas como Andoni Egaña, más urbanos y con otras
referencias creativas, pero seguía habiendo una necesidad de
modernizarlo para atraer a gente que rejuveneciera definitivamente todo
este movimiento sociocultural. Entonces se diseñó una transmisión no
“natural” a nuevos valores que aún estábamos en las bertso eskolak
y que terminó siendo un acierto absoluto porque se logró conservar una
tradición mientras se abrían espacios a la renovación. Todos y todas las
bertsolaris actuales somos fruto de aquella decisión.
¿Fue la manera de asegurar el futuro de una lengua como el euskera?
Más que una manera de asegurar el euskera diría que fue la forma de
garantizar un presente en algunas partes de Euskal Herria donde la
posición de nuestra lengua es muy delicada, incluso dramática, como
sucede en algunas partes de Navarra, Álava o Iparralde (País Vasco
francés). Sin embargo, el arte no puede hacer todo eso en solitario.
Necesitamos una política lingüística audaz que promueva el euskera en
esta disposición de diglosia y desigualdad en la que se encuentra
respecto al castellano y al francés. Y por supuesto, en el contexto
globalizador, también al inglés. El euskera es un idioma que camina por
el filo. Faltan políticas estructurales valientes y radicales para
construir un ecosistema lingüístico donde no solo ‘exista’ sino que
también ‘sea’. El mundo artístico, el movimiento popular e intelectual
por el euskera ‘euskalgintza’ asumieron responsabilidades en este ámbito
que muchas veces correspondían a las instituciones. En la política
oficial hay demasiados complejos.
Hay quien no termina de entender que organicen campeonatos de bertsos. ¿Cómo competir en la creación artística?
El objetivo no es competir para decidir quién de nosotras es la mejor o el mejor bertsolari. La primera regla, el punto de partida, es que el bertso,
como pieza artística creativa, es invalorable y, por lo tanto,
imposible de objetivizar. Las metas son, aunque suene romántico, la
difusión de nuestra lengua y la sensibilización social a través del
ingenio, la estética y las formas. Ese es el planteamiento del
campeonato, algo que trasciende la mera competitividad y se conecta con
la emoción, con la alegría y con la propia vida en comunidad abierta.
Aun así, es cierto que creativamente un campeonato te obliga a revisar y
trabajar la estética y el discurso de forma extraordinaria. El
campeonato es casi un género propio dentro del bertsolarismo
porque tiene sus propias particularidades. Es la improvisación en
circunstancias extremas: un público multitudinario en actitud
especialmente crítica, que lo analiza todo desde las gradas, a través de
la televisión y de las redes sociales; y un jurado que valora tus
aciertos y tus faltas. Y en estas condiciones tan ‘antinaturales’ para
un creador, asumes paradójicamente el riesgo de dar lo mejor de ti
misma. A eso lo llamamos la Txapelketa.
Una de sus cualidades más destacadas es la originalidad y la
crítica social que acompaña a sus composiciones. En el campeonato que
ganó en 2017 sorprendió al público con un verso sobre la transexualidad.
El bertsolarismo se compone de distintos registros. Una
parte fundamental es el humor, la diversión y el ingenio, que se
trabajan mucho y son esenciales. Pero también está la interpretación que
cada una de nosotras hacemos de la realidad que nos rodea, algo que
discurre entre lo popular y lo personal. Para mí, cantar a un público
desde un micrófono tiene una carga de responsabilidad muy grande y eso
te obliga a decidir qué, cómo y cuánto decir. Qué es lo que buscas, lo
que la audiencia puede ‘digerir’, lo que el contexto requiere, lo que tú
deseas o piensas que tienes que cantar, etc. Buscar el punto de
equilibrio exacto para no cortar el hilo de la comunicación y transmitir
todo lo que quieres expresar aunque el público no lo comparta. Es
cierto que siempre tratamos de salir de las inercias de los discursos
pero no somos la vanguardia del pensamiento. Ni nos corresponde ni
pretendemos llegar a tanto. Simplemente, captamos la realidad, pensamos
sobre ella y la transmitimos de una manera creativa, humorística,
punzante y, a veces, también profunda.
El contexto político vasco no es el mismo que el de hace 20 años. ¿Cómo ha influido en su trabajo?
Ningún contexto político es el que había hace 20 años. Ni el vasco ni
ningún otro. Pero asumo que la pregunta es sobre el conflicto político
de Euskal Herria, ya que no hay entrevista de un medio español en el que
no se nos pregunte sobre este tema. Como decía antes, el bertsolarismo
es reflejo de una realidad sociopolítica que nos influye de diferentes
maneras. Hace 20 o 30 años todo era más monolítico y concreto. Los ejes
giraban en torno a la cuestión nacional y lingüística de forma muy
clara. Incluso el público que acudía a escucharnos era, como audiencia,
más compacto, aunque eso no significara necesariamente que todos
pensaran de la misma manera. Ahora, la realidad es más compleja, las
temáticas han variado, las sensibilidades e intereses son diferentes y
el público es más heterogéneo. Esto dificulta la creación porque es más
difícil encontrar lugares comunes pero, a su vez, la hace artísticamente
mucho más interesante.
¿Cree que la cultura es una herramienta de control social?
Es evidente que una cultura focalizada hacia el espectáculo tiene
grandes riesgos pero sigue existiendo, al menos en Euskal Herria, una
tradición contracultural autogestionada, con los gaztetxes, las
asociaciones populares y los diferentes movimientos sociales, como el
circuito musical alternativo, que son unos activos organizadores
culturales. Diría que nuestro capital, y no hablo del económico sino del
cultural, está más en la contracultura que en la cultura oficial. De
hecho, afirmaría que crear en euskera o en otra lengua minorizada en
este mundo globalizado ya es en cierta medida contracultural. Aun así,
la pandemia y toda aquella propaganda que se hizo sobre la necesidad de
recuperar la cultura, aunque fuera por streaming, me ha hecho pensar sobre la función de lo creativo en la sociedad actual.
¿En qué sentido?
Entiendo que utilizar el término ‘función’ en el mundo del arte es un
tanto peligroso pero yo me refiero al por qué y al para qué de la
cultura en la sociedad, especialmente tras la pandemia. Para mí, desde
luego, debe ser autónoma y libre de toda atadura institucional o
propagandística si desea implicarse socialmente con contenidos críticos,
molestos, que escuezan en una realidad grave como la actual. Recuerdo
que uno de los mantras de la pandemia era que “la cultura es segura”. Y
uno de los mayores peligros que encuentro es que la cultura sea
demasiado segura. Yo creo que la cultura debe asumir riesgos desde lo
creativo, en fondo y en forma, para ser de algún modo peligrosa.
Por cierto, ¿qué opinión tiene de la Ley de garantía integral
de la libertad sexual, la norma del ‘solo sí es sí’ que hoy es centro
de la polémica?
Gracias a la lucha del movimiento feminista autónomo y de base, con
sus peleas y todos los cuerpos e ideas que han puesto en el camino,
hemos ganado mucho terreno en sensibilización social y se ha logrado que
trascienda a lo institucional aunque, en mi opinión, aún se podría ser
más audaz. Hace unos años no podíamos imaginar políticas de igualdad de
ese calado. Y la violencia que se ha generado en contra de esa ley es la
violencia contra la que hay que luchar.
¿Intenta aislarse de los discursos ideológicos que la derecha ha desatado?
Los casos polémicos concretos que suceden en el ámbito español me
resultan un poco lejanos. Pero los discursos de ultraderecha también
están aquí. Está pasando en toda Europa y en el mundo. Es una reacción
de gente que, en cuanto le ha temblado la tierra bajo sus pies y han
empezado a perder sus privilegios, se han agarrado a los conceptos más
retrógrados, tradicionales, castrantes, jerárquicos y fascistas de la
sociedad. Por fortuna, tengo esperanza porque creo que tenemos
alternativas. Hay suficientes movimientos liberadores que, unidos,
pueden hacerles frente.
¿Quién es Maialen Lujanbio?
(Risas) ¿Yo? Una mujer normal y corriente que trabaja con las palabras, la voz, los sonidos, las ideas, que principalmente toman forma de verso improvisado pero también otras formas escritas o plásticas, siempre en torno a la lengua, el lenguaje, al fondo y la forma de las palabras. La lengua, el euskera en mi caso, es mi materia artística. Y esa es Maialen Lujanbio (risas).
Fuente: https://ctxt.es/es/20230101/Culturas/41880/maialen-lujanbio-bertsolari-feminismo-euskera.htm
by Sorevitno | Ene 25, 2023 | actualidad |
Bea Morales
En Argelia el Tesoro Público, incapaz de hacerse cargo de las ayudas de todo tipo que se acumularon a través de los años, tampoco puede soportar la carga del déficit. En consecuencia, el Estado improvisa haciendo recaer sobre otros actores el financiamiento de las prestaciones sociales y de sus regalos, así como del déficit global que eso genera. Los subsidios incorporados en el presupuesto y por lo tanto visibles por la opinión pública –6 billones de dinares para un producto interior bruto estimado en 2022 en aproximadamente 24 billones de Dinares Argelinos (DA, 168.000 millones de dólares)– solo son una parte minoritaria del total. Cabe decir que reina el clientelismo y que no le faltan candidatos, por lo general con justa razón. Los sin techo quieren que los alojen, los más desfavorecidos quieren ser alimentados; los enfermos, curados; los agricultores, apremiados por una naturaleza ingrata, quieren que los protejan; los jubilados quieren gozar de una verdadera jubilación; los industriales, ser apoyados en sus empresas; las regiones atrasadas, recibir ayuda para dejar atrás su atraso…
Un Estado social que se basa en tres instituciones
El Estado “social”, tan ensalzado por los gobernantes, que lo
utilizan como una marca de fábrica del régimen, pero también por la
opinión pública, que lo ve como una especie de deber, aumenta año tras
año, pero el presidente Abdelmadjid Tebboune, que en el mes de diciembre festejó su tercer aniversario en el poder, lo repite hasta el hartazgo: “Argelia seguirá siendo un Estado social”.
En realidad, su futuro descansa sobre tres instituciones: el
presupuesto del Estado, la empresa petrolera nacional y el sector
bancario. La población, sobre todo fuera de las grandes metrópolis,
padece escasez, retrasos, aumentos de precios debido a las fallas del
sistema y, como si eso fuera poco, una pauperización sin precedentes.
El Estado destina cerca de 2 billones de DA para las “transferencias sociales presupuestarias”
–según la terminología oficial–, que se inscriben en las cuentas
oficiales. Tres cuartos de ese monto van a la vivienda, la salud y la
familia. Contrariamente a una idea muy propagada, los productos de base
(sémola, pan, azúcar, aceite, leche) ocupan un lugar modesto (apenas 1%
del PIB) … Y con razón, porque el precio del pan está congelado desde
hace 20 años y las panaderías se encuentran asfixiadas. Las jubilaciones (1,45% del PIB en 2022) tienen un reparto muy poco social.
El Fondo Social de los funcionarios de alto rango se lleva más del 80% y
los ingresos más bajos se las arreglan con el resto, de modo que
900.000 jubilados reciben menos de 40 euros por mes. Esta parsimonia
extrema no impide que el déficit anual de la Caja Nacional de
Jubilaciones (CNR, según sus siglas en francés) rompa récords y roce los
7.000 millones de euros.
Segunda institución obligada a contribuir: la empresa nacional
Sonatrach, que destina al mercado interior por lo menos el 40% de su
producción a precios regalados. En total, su volumen de negocios “nacional” representa apenas el 6% de sus ventas para exportación.
¿Quién se beneficia con esta gigantesca pérdida de beneficios, estimada
por un exministro de Energía, Sadek Boussena, en 13.000 millones de
dólares por año? Los automovilistas, los que poseen aires acondicionados
y los mayores consumidores de electricidad, que en su mayoría
pertenecen a las clases medias y superiores urbanas. El proyecto de aumentar las tarifas reaparece cada año sin que nunca pase nada.
Los combustibles y el gas natural que alimenta las centrales eléctricas
de Sonelgaz siguen siendo cedidos gratuitamente o casi. Por último, las
pocas exportaciones que no son hidrocarburos y de las cuales se jacta
el régimen gozan de un acceso a la energía tan barato que podemos
preguntarnos con total legitimidad: ¿no sería mejor exportar
directamente el combustible?
La generosidad del sector bancario
El sector bancario financia otro tipo de regalo,
las bonificaciones de tasa de interés ya negativas en tiempos
corrientes. El alza de los precios es dos a tres veces más elevado que
el interés, lo que equivale a aligerar sensiblemente la carga del
prestatario. Actualmente, la inflación roza el 10% anual y las tasas de
interés giran en torno al 3%. El poder otorga facilidades con una gran generosidad a casi todo el mundo:
empresas públicas, industriales privados, promotores inmobiliarios,
agricultores con contactos, jóvenes en busca de liquidez… El Tesoro es
más discreto respecto a estos “gastos fiscales”, cuya última estimación
pública remonta a 2014 (954.4000 millones de DA), una cifra que “olvida”
a todos los que ignoran honrar los vencimientos o pagar los intereses. A
eso se agregan las pérdidas anuales de las empresas públicas (más de
600.000 empleados, según el último informe de la Corte de Cuentas), las
garantías del Tesoro a innumerables deudores (el equivalente del 25% del
PIB en 2016) y finalmente la distribución gratuita de terrenos
pertenecientes al Estado. Las dos primeras cargas acumuladas superan por lejos los recursos bancarios y excluyen del crédito a otros actores deseosos de invertir.
En junio de 2021, para reflotar a los banqueros, se implementó un extraño montaje: el Estado pagó las deudas de los deudores de siete establecimientos públicos acreedores de unos 2,1 billones de DA.
¿Cómo? El dinero es totalmente creado por el banco central, el Banco de
Argelia. En su última reseña de la economía argelina, en 2021, el Fondo
Monetario Internacional no ocultó sus inquietudes respecto a este
montaje poco ortodoxo que “amenaza la estabilidad monetaria del país,
coloca las finanzas públicas en un gran peligro y compromete las
capacidades del Banco de Argelia para financiar la economía nacional”.
Los privilegios del Ministerio de Defensa
En esta orgía de subsidios, profundizada por gastos corrientes que mostraron un aumento irracional (+27%), los gastos de funcionamiento del Ministerio de Defensa nacional crecieron más del 90% en
la Ley de Finanzas 2023 en relación con 2022. Nadie sabe a qué
corresponde eso, sobre todo porque la nueva presentación de la Ley de
Finanzas tal vez reintrodujo en el presupuesto del Ministerio de Defensa
gastos otrora disimulados en otra parte.
A eso se agregan las compras de armas, cuyo monto nunca es
publicado, un gigantesco pero incompleto déficit presupuestario de 6,5
billones de DA, es decir, el 23,7% del PIB. La proporción es gigantesca,
sin precedentes en el mundo o casi, excepto en los estados fallidos, a
pesar del modo de cálculo de la fiscalidad petrolera, que subestima, por
convención, el precio fiscal del barril y sobrestima un poco el
déficit. Argelia amasó entre 2002 y 2013 un tesoro de guerra consecuente,
situado en el Fondo de Regulación de Ingresos (FRR), que permitió
financiar cuatro ejercicios fuertemente deficitarios entre 2014 y 2018.
Luego, a falta de un mercado financiero capaz de tomar la posta, le
siguió el financiamiento llamado “no convencional” o monetario, para
decirlo más claramente. El préstamo obligatorio lanzado en 2016 por el
Tesoro y desdeñado por los ahorradores desalentados por las tasas de
interés negativas propuestas demostró su inexistencia. Los pocos establecimientos públicos rentables (principalmente el Banco de Argelia y Sonatrach) no generan lo suficiente
para financiar el déficit. Como resultado, la creación monetaria
reemplazó al FFR como medio principal de financiamiento del déficit
público.
Esta situación anormal impide que el Estado equipe al país de escuelas y hospitales,
que la empresa nacional de hidrocarburos haga exploraciones para
remplazar yacimientos que se agotan y que los bancos financien a los
emprendedores del futuro.
Eso no puede durar mucho tiempo. Su
consecuencia más esperada, la inflación, no aparece sin embargo
actualmente en las estadísticas. El alza de los precios –incluso en
2022, año de fuerte inflación mundial– se mantuvo oficialmente debajo de
la marca del 10%. Esto tiene varias explicaciones. El índice,
anticuado, solo comprende la ciudad de Argel y su estructura no cambia
desde hace medio siglo; el sector informal, que ocupa del 30 al 40% de
la economía, escapa por definición a los pronosticadores de la
Organización Nacional de Estadísticas (ONS). Por último, la escasez, crónica, hace desaparecer los productos… ¡y
sus precios se vuelven imposibles de rastrear! Con un termómetro tan
tendencioso, no se puede realizar ninguna estadística seria.
Preparar la elección presidencial de 2024
“Los precios aumentaron en nombre de la libertad del comercio,
los ingresos del ciudadano se estancaron y el valor del dinar cayó,
¿hacia dónde vamos?”, reconoció, sin dar cifras, el presidente de la
república, Abdelmadjid Tebboune, en una de sus pocas entrevistas
televisadas, el jueves 22 de diciembre de 2022. Tres días más tarde,
anunció un conjunto de aumentos consecuente de los sueldos de los 2,8
millones de empleados públicos, congelados desde 2012, de los jubilados y
del subsidio por desempleo del 1,8 millón de jóvenes diplomados sin
empleo. El aumento prometido sería cercano al 47% entre 2022-2024,
prometió el presidente, quien sin embargo no anunció una fecha precisa
para la aplicación de esas medidas. Como por casualidad, el año en que
finaliza ese plan también es el de la próxima elección presidencial,
para la cual Tebboune aparece, por el momento, como favorito.
El gasto público, y con él los déficits, aumentarán en igual
proporción. Respecto a los ingresos, a Sonatrach le ruegan duplicar su
producción de gas en 2023, una hazaña inalcanzable para la empresa
nacional, que suele tardar por lo menos una década en empezar a explotar
un yacimiento. No hay ningún aumento a la vista de las tarifas del combustible y del gas natural, casi regalados en el mercado interno, ni ningún intento de refrenar un poco su consumo. El cáncer seguirá proliferando
en la indiferencia de los responsables del país, tan avaros en la
gestión de su colchón de dólares y tan ciegos frente a la tragedia de la
moneda nacional, el dinar.
________________
Jean-Pierre Sereni es periodista, fue director de Le Nouvel Économiste y redactor jefe de L’Express.
Traducido del francés por Ignacio Mackinze
Texto en francés publicado en OrientXXI aquí.
Fuente: https://www.infolibre.es/internacional/cancer-financiero-carcome-argelia_1_1408120.html
by Sorevitno | Ene 25, 2023 | actualidad |
Caty R
No somos pocos los que de manera torpe tratamos de cartografiar nuestro presente y su zozobra. Y así llenamos innumerables cuartillas de datos de consumo de energía, de porcentajes de especies muertas, de informes de personas desaparecidas, de conceptos que tratan de capturar nuestro criminal orden social. Y Eduardo Romero lo sabe bien. De esa cartografía es conocedor, pero también genial sintetizador en las propias páginas de su libro. No obstante, si su escritura es más alquímica que cartográfica es porque a través de ella los datos saben a tierra y levantan una nube de humo, los porcentajes sangran, los informes lloran al pensar en sus hijos muertos y los conceptos se convierten en la historia de una dominación ruin que se alarga ya por más de cinco siglos.
Eduardo Romero despliega la historia de las familias que llevan siglos enriqueciéndose gracias a una dinámica vampírica
Es por eso difícil anticipar a la lectora,
o al lector, lo que encontrará en estas páginas. Sin duda, una historia muy
documentada de la explotación, venta y mercadeo del carbón en uno y otro
continente. Es más, una historia global de una industria que se desplaza como
un cuervo negro por todo el planeta depositando semillas de muerte que germinan
con explosiones que conflagran comunidades, vidas y naturaleza. Pero también
encontrará un relato de la reproducción de la dominación y la desigualdad con
nombre y apellidos. Donde Piketty analizaba datos económicos para recrear una
historia genealógica de la desigualdad, Eduardo Romero nos ofrece árboles
genealógicos y despliega ante nuestros ojos la historia de las sagas
familiares, como los Alvargonzález, que llevan siglos enriqueciéndose gracias a
una dinámica vampírica.
Pero eso no es todo. Línea a línea, el
libro de Eduardo Romero nos trae el dolor de los que resisten y luchan contra
la transfiguración del mundo. Aquellos para los que criticar el mundo
industrial significa poner el cuerpo en defensa del territorio, llorar a sus
hijos y buscar justicia para ellos sin importar el precio, habitar barriadas
inmundas sacrificadas en los altares del progreso. Mineros, migradas,
sindicalistas, indígenas, activistas, abogadas… Todas son parte de la gran
familia caída en desgracia por una necropolítica que en su insaciable búsqueda
de beneficios ya no duda de atragantarse de tierra, fauna, historia, vida y
cuerpos (¿es que alguna vez lo dudó?).
Así, resonando tras la pregunta que
inaugura la arcada de este viaje cuasi dantesco, Eduardo Romero nos ofrece un
salvoconducto para mirar de frente a la esquizofrénica situación de nuestro
mundo. Un descenso a los infiernos zarandeados por el oleaje de un vaivén continuo
entre continentes trufado de matanzas, de esclavitud, de muerte, de impotencia…
Pero, a su lado, germinando con una aspiración de infinito, Eduardo arroja luz
a todas las esquinas –el gesto medido con el que se ayuda a caminar a un
anciano– donde habitan el amor y la ternura.
En suma, estas páginas son un regalo.
Amargo, sin duda, como nuestro tiempo. Pero también revulsivo. Una descarga
eléctrica destinada a desactivar la apatía de los que dan todo por perdido
desde el confort de vidas imperiales. Un fogonazo de nieve que retumba en
nuestros oídos con las voces de los sin voz, los que pagan con sangre nuestras
vidas de despilfarro. Y un faro para pensar los rumbos que tomar.
Ninguna historia mejor que la de Colombia para
mostrarnos que solo el pueblo salva al pueblo
Porque ninguna historia mejor que la de
Colombia para mostrarnos que solo el pueblo salva al pueblo. De las grandes
trasnacionales, poco podemos esperar. Tan solo una continuación ininterrumpida
de sus regalos envenenados, de su parasitismo de la vida a cambio de la
calderilla, de su camorrismo. Pero no deberíamos seguir incurriendo en la
ilusión de ver en el Estado un dique de contención, un parapeto frente al caos
de las mafias y la violencia de los órdenes fallidos. El Estado, como muestra
bien la historia colombiana, es en muchos lugares un agente del caos. Un
instigador del derrumbe. Un organizador de la violencia que tiene como objetivo
prioritario el de siempre: aterrorizar el territorio para privarle de sus
custodios. Paralizar con miedo a los humanos para extender el apocalipsis en el
tejido de la vida. Avituallar a los sicarios del horror para apagar toda
esperanza, toda ilusión, toda imaginación.
Si la historia de la extracción, del
trabajo y del imperialismo nos une con maromas ásperas e impregnadas de sal, la
experiencia del horror también debería enseñarnos que nadie está a salvo de la
codicia del mundo industrial, un Jano bifaz en el que el poder económico y el
político comparten una única mente. Y, al terminar la última línea y cerrar la
tapa con un eco profundo, una pregunta resuena en el aire: ahora que las minas
vuelven con fuerza, ahora que nuestro territorio va camino de ser una zona de
sacrificio más (como ya lo fue en el pasado: Almadén, Aboño…), ¿cuánto tardará
el Jano industrial en traer la muerte hasta nuestras costas, hasta nuestros
hogares? ¿Tendremos el corazón suficiente para resistir?
Adrián Almazán Gómez es profesor de filosofía en la Universidad Carlos III de Madrid, licenciado en Física y miembro de Ecologistas en Acción y del colectivo La Torna.
Fuente: https://ctxt.es/es/20230101/Firmas/41878/asturias-colombia-carbon-eduardo-romero.htm