Emancipa Paraguay lanza la segunda edición del taller La crisis climática desde el Chaco, dirigido a periodistas, comunicadores y comunicadoras residentes en la región Occidental. En esta ocasión, la formación estará enfocada a los profesionales que busquen mejorar sus habilidades en la producción de podcasts o audiorrelatos.
El taller se llevará a cabo los días 19 y 20 de marzo en Filadelfia. La capacitación estará a cargo del periodista Nico Granada, con quien facilitará las herramientas prácticas para la producción de podcasts, desde la conceptualización hasta la edición de audio.
Al respecto, Granada indicó que “El micrófono es embajador de los oyentes a quienes queremos hacer sentir partícipes de una experiencia ajena a ellas y ellos: en lo posible hay que llevarles esa experiencia en formato de sonidos y palabras”.
Las postulaciones ya se encuentran abiertas y hay tiempo de postular hasta este domingo 9 de marzo. Se seleccionarán 15 participantes, que tendrán cubiertos sus traslados, hospedaje y alimentación.
Tras el evento se seleccionarán cinco propuestas que recibirán mentorías y apoyo para su posterior desarrollo. Al respecto, Mónica Bareiro, coordinadora de la iniciativa desde Emancipa, explicó que “tuvimos más de 17 postulaciones en menos de 24 horas, es una señal muy clara y contundente de que sobran las ganas de hacer buen periodismo en el Chaco y desde Emancipa, estamos orgullosas de contribuir a estas formaciones”.
Tras participar en la edición anterior de este taller, Fidelminio Losa Toews, fue uno de los ganadores del Concurso de Periodismo Ambiental 2024. En esa ocasión se contó con la facilitación de la periodista boliviana Isapi Rúa. “Ahora, con el aporte de Nico Granada, vamos a poder complementar la formación que reciben los compañeros, contribuir con el desarrollo de sus capacidades”, explicó Bareiro.
Desde Emancipa Paraguay, la Agencia Nacional de Noticias y El Surtidor en el proyecto “Voces para la Acción Climática Justa” (VAC) impulsado en Paraguay por WWF-Paraguay, Fundación Avina y SouthSouthNorth.
Tras una misión de emergencia en Paraguay, el Grupo de Trabajo Internacional para la Protección a Pueblos Indígenas en Aislamiento y Contacto Inicial (GTI PIACI), denuncia la grave deforestación que afecta al Chaco. Señala la violación del derecho a la autodeterminación de las comunidades ayoreo de Paraguay y Bolivia, incluyendo fracciones del pueblo totobiegosode que viven en aislamiento voluntario.
Por: Aramí Miranda
Del 19 al 25 de febrero, la misión de emergencia de GTI PIACI visitó las comunidades Ayoreo de Chaidí (a 521 kilómetros de Asunción) y de Ijnapui (551 kilómetros de Asunción), que terminó con una conferencia de prensa y visitas a autoridades del Instituto Paraguayo del Indígena (Indi) y la Defensoría del Pueblo.
La comitiva estuvo conformada por más de 15 representantes de organizaciones y líderes indígenas de la Amazonía y del Gran Chaco. Entre ellos, las autoridades indígenas de Colombia, Ecuador, Bolivia y Perú.
En cinco días en el territorio chaqueño, la misión pudo ver de primera mano el impacto de la deforestación masiva en el territorio y escuchar testimonios de los habitantes de comunidades indígenas sobre los indicios o avistamientos de pueblos en aislamiento voluntario y su extrema preocupación por la falta de respuesta del Estado paraguayo para garantizar sus derechos.
Los líderes indígenas expresaron su alarma ante «la magnitud de la pérdida de los bosques del Chaco», afirmando que los ayoreos no buscan tierras, sino la conservación de su hogar, sin él, tanto ellos como los animales que lo habitan, se ven en riesgo de desaparecer.
“Las voces tienen que ser escuchadas, tienen que ser acogidas porque los pueblos indígenas ya existíamos antes de la llegada de los españoles y seguimos existiendo” exclamaba el presidente y líder del pueblo Huaoarani de la Amazonía Ecuatoriana.
Entre los principales reclamos de las comunidades en Paraguay, dirigentes del GTI PIACI mencionaron las miles de hectáreas de bosque perdidos en los últimos años, así como las reiteradas denuncias a la Estancia Faro Moro. Se trata de una empresa de origen británico, cuya expansión preocupa por su acercamiento a la comunidad Ijnapui debido al supuesto uso de herbicidas, pesticidas y químicos en los cultivos de soja.
Para los líderes, de esta forma el agronegocio realiza «una intensa deforestación y limpieza étnica» y a su vez la reducción de territorio indígena, cuyo territorio ancestral es de más de 11.000 km2 en Paraguay.
Pablo Inuma, presidente de la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes de Perú, señaló que nunca había presenciado una deforestación de tal magnitud como la que está ocurriendo en el Paraguay.
Problemáticas puntuales:
La deforestación masiva en el Chaco paraguayo por parte de la agroindustria es una amenaza constante al territorio ancestral de los pueblos indígenas en aislamiento voluntario, así también pone en riesgo su salud por el uso de agroquímicos.
La carretera Roboré – Agua Dulce (Paraguay/Bolivia) pone en riesgo el territorio de los Ayoreo en aislamiento voluntario, vulnerando la autonomía indígena al atravesar por la reserva Ñembi Guasu que causará aún más deforestación y la explotación ilegal de recursos naturales, como tala y minería.
A la espera del informe de fondo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos-CIDH. La comunidad indígena Ayoreo de Chaidí solicitó medidas cautelares a la CIDH en 2016 por la amenaza a su territorio. La visita de emergencia pidió emitir un informe detallado sobre el caso que resalta la enorme pérdida de los bosques del Chaco y la urgencia de tomar acciones inmediatas para proteger los derechos de la población indígena y la preservación de los bosques.
Juntos desde la misión, hacen un llamado de atención al Estado paraguayo, a los defensores y defensoras de derechos humanos, a atender directamente la situación en la que viven los ayoreos contactados y no contactados, ya que esto representa una violación de derechos internacionales graves, tanto medioambientales como humanos.
Este material fue producido por Aramí Miranda, participante del programa de Prácticas Profesionales, en el marco del proyecto Voces para la Acción Climática Justa (VAC), implementado en Paraguay por WWF-Paraguay y Fundación Avina.
A 138 kilómetros de Asunción, el Parque Nacional de Ybycuí esconde historia, biodiversidad y aventuras. Desde 2013, este lugar es escenario del campamento del Programa de Apoyo Voluntario en Áreas Protegidas (PAVAP). Este año, en su XIII edición, Aramí Miranda, participante del programa de prácticas profesionales de Emancipa, tuvo la oportunidad de participar y relata, en primera persona, cómo fue sumergirse en su magia.
*Aramí Miranda
Caritas pintadas de flores, aves y frutas, brillos y orejitas de zorro: así recibía el equipo técnico a todos los voluntarios del PAVAP. En la mañana del 14 de febrero, con bolsones y camping listos, comenzaba una aventura que superaría todas mis expectativas. Mi primer San Valentín enamorada, pero de la naturaleza.
Día uno
Después de poco más de tres horas de viaje, llegamos por la tarde al Parque Nacional Ybycuí y mientras el sol se escondía, los participantes del cuarto campamento de PAVAP 2025, armábamos nuestros campings. Divididos en dos grupos, mi jornada empezaría de noche: observación de herpetofauna (anfibios y reptiles).
Dentro del parque observamos especialmente anfibios, como las ranas. Tuvimos una charla especial sobre estos pequeños animales que me hizo reflexionar sobre por qué las personas crean mitos sobre ellos o les hacen daño solo por su aspecto. También sobre quién me hizo tenerles tanto miedo.
Con ese mismo miedo irracional caminamos hasta la zona recreativa del parque, lugar en el que están ubicados los arroyos y los “ykua” como se diría en Paraguay, observamos varias especies de las cuales recuerdo vívidamente una, de la familia Hylidae, en guaraní algún tipo de “ju´i”que me trepó y recorrió toda la pierna. Creo firmemente que cuanto más miedo tengas, más posibilidades tenés de que un ju´i te trepe la pierna.
Una mañana fresca a las 5 am sonaba una alarma que despertaba a todo el campamento temprano para poder desayunar y empezar nuestro día. Primera salida: avistamiento de aves.
Una actividad que esperé por mucho tiempo, observar las diferentes aves en el Parque Nacional de Ybycuí. Antes de empezar a recorrer el parque nos enseñaron a utilizar binoculares y nos entregaron una guía de aves del Paraguay para que podamos distinguir las especies que viéramos.
Al recorrido nos acompañaron Brisa Flores y Milagros Benítez, aficionadas por el mundo de las aves. Ambas comentaban desde el principio no ser profesionales, sin embargo sus conocimientos y entusiasmo hacía que cada detalle cobrara vida.
Caminando por el parque nos enseñaban a reconocer sus cantos, sus colores y los lugares donde comúnmente habitan. Nuestro primer encuentro fue con una saíra dorada a la que la luz del sol le daba directamente resaltando sus colores. Más adelante nos encontramos con un carpintero posándose en un árbol, un pitogüe vigilando sobre una rama alta, hermosos boyeros moviéndose en bandada, anambé y hasta de la emoción alucinamos ver a un bailarín azul.
En la segunda salida del día nos tocó visitar el museo de La Rosada, un lugar lleno de historia, tan fascinante que resulta difícil decidir por dónde comenzar.
Al llegar conocimos a Rosa Benítez o Rosita para los amigos. Ella es la primera mujer jefa de guardaparques de Ybycuí, un rubro tradicionalmente ejercido por los hombres, pero Rosita rompe con todos los estereotipos.
Nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja y con una voz fuerte pero amigable, rasgos que siempre la caracterizan. Habla mucho, incluso demasiado, como ella misma dice, pero es que tiene tanto para contar que nadie quiere que termine.
Guió al grupo por el museo contando la historia de cada rincón, cada personaje dentro y cada pieza en exhibición. Todo sobre la historia de La Rosada y los herreros de Ybycuí, siempre enorgulleciendose del lugar donde nació y creció, con la convicción de que “conocer nuestra historia es necesaria para amar cada parte de ella”.
La tercera salida del día fue, para mí, una de las más importantes: recolección de residuos en el parque. Más que una simple actividad, era un acto de responsabilidad y compromiso con este patrimonio natural e histórico.
Con guantes y bolsas en manos, estábamos listas y listos para recoger todos los residuos que encontrábamos. Desde botellas de plástico, envoltorios de comida, papel aluminio y lo más común: latas de cerveza entre las plantas y cerca de los arroyos.
Aprendí en ese momento que cuidar la naturaleza no es solo decir que nos importa, sino demostrar con acciones, como la frase que dice que “una acción vale más que mil palabras”.
Casi terminando el día fuimos a merendar al campamento y nos sorprendieron con una actividad: prepararnos para disfrutar del “arroyito time”. Un tiempo para conocernos más y compartir risas, fue divertido ver cómo personas del equipo técnico y colaboradores del programa con lo serios que eran al momento de explicar y hablar sobre sus temas, se divertían y dejaban que su niño interior saliera a jugar.
Llegó la noche, la cena estaba lista y las sillas en una ronda para poder cenar acompañados, charlando un poco y preparándonos para actividades nocturnas. La última actividad de la noche antes de finalizar el campamento para mi grupo fue la de cámaras trampa.
Hay una famosa frase que dice “aprendiz de todo, experto en nada”, Luis Recalde es la excepción, aprendiz de todo y experto en todo. Él era el encargado de enseñarnos para qué y cómo funcionan las cámaras trampa. Comentaba con tranquilidad sobre su experiencia y sobre todo lo que llegó a captar en las cámaras, así también los errores que se pueden cometer y los que él llegó a cometer en el proceso.
Día 3 y último de campamento
Otra vez sonaba la alarma que despertaba a todos a las 5 am, nuestro último desayuno al aire libre. Mi grupo y yo nos preparamos con termos de agua llenos y ropa cómoda para recorrer algunos de los senderos del parque nacional como la primera actividad del día.
Con sueño, pero con entusiasmo llegamos al primer sendero del día, el sendero “Yvaga Rape” con una distancia de 55o metros y con una dificultad media según el letrero. Otra cosa que estaba escrita era que la ida se hacía en 20 minutos, por ende la vuelta duraría lo mismo. Rompiendo un récord en este PAVAP 2025, el grupo recorrió el sendero de dificultad media en menos de cinco minutos, cuatro y medio para ser exactos.
Llegamos entonces consumidos por la adrenalina al mirador, parada cinco “Yvaga ypype”. Pudimos ver el hermoso amanecer con el paisaje más verde de la vida, lleno de árboles frondosos con hojas de color intenso.
Nos quedamos en silencio, cada uno en su propio mundo escuchando solo el sonido de los pajaritos, con el aire fresco de la mañana rozándonos la cara, nada más que la vida en su máximo esplendor.
Al bajar fuimos a otro sendero que me cautivó, el sendero Minas, con una distancia de 970 metros y un recorrido de 30 minutos que nos tomó más de una hora. Parábamos a apreciar cada rincón del sendero, la historia detrás de cada letrero.
Llegando a una parte del sendero empezaba la segunda actividad. Nos encontramos con Sixto Achucarro y Beatriz Benítez, ingeniera ambiental encargada de mostrarnos cómo colocar las cámaras trampa y juntos detectar un lugar estratégico donde capturar las imágenes y videos de los animales. Nos explicó la altura perfecta en la que debería estar la cámara y por cuánto tiempo es recomendable dejarla en el lugar.
Una fruta y directo a la última actividad del día: charla con los guardaparques. Sabemos que la caza está estrictamente prohibida en el parque, pero esto no impide que algunas personas crucen los límites de las zonas protegidas y coloquen trampas para capturar animales. Según nos contaron, suelen cazar especies cuya piel puede ser vendida, como el pelaje del aguara´i y otros animales que viven allí.
Los guardaparques nos mostraron las trampas que encontraron a lo largo de los años en el parque. Todos eran artefactos caseros, algunos pequeños y más discretos y otros más grandes. Con cuidado nos mostraron cómo desactivarlas para proteger a la fauna del lugar.
Y con esta última charla finaliza una experiencia que transforma la manera en que vemos y sentimos el mundo, el amor por la naturaleza y el compromiso de proteger lo nuestro.
Vi animales que nunca imaginé, algunos que ni sabía que existían, hice nuevas amistades pero por sobre todo, aprendí.
Aprendí a seguir luchando por un futuro más sostenible desde la concienciación, donde cada acción cuente y cada esfuerzo sume.
Tras 41 años de resistencia, el pueblo Guaraní Ñandeva recupera 10 mil hectáreas de su territorio ancestral.
Para las mujeres de Loma la tierra es vida, justicia y alimento para sus familias.
Hoy celebramos su lucha, pero el camino sigue: ¡defender la tierra es defender el futuro!
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*Este material fue producido en el marco del proyecto Voces para la Acción Climática Justa (VAC), implementado en Paraguay por WWF-Paraguay y Fundación Avina.
La supresión de los derechos de las mujeres y diversidades en un contexto de esclavitud atraviesa la trama de El cuento de la criada y nuestra intervención en la última marcha feminista. En un ejercicio polìtico de narrar(nos) y visibilizar las amenazas y resistencias, nos convertimos en criadas.
Juliana Quintana Pavlicich*
«Es un poco como morir», pienso mientras avanzo en fila hacia el interior de la plaza Uruguaya. Envuelta en una túnica roja, siento cómo el calor violento de las 18:30 chamusca mi piel. La gorra nos impide mirarnos entre nosotras, y ese es un factor no menor que introduce la escritora canadiense Margaret Atwood en El cuento de la criada, la novela sobre la que nos basamos para una intervención el último 25 de noviembre.
Las indicaciones son claras: hay que sostener al personaje durante toda marcha. Desde ese momento, el silencio reina entre nosotras. No es muy difícil imaginarnos que vivimos en Gilead, un régimen fundamentalista cristiano que, durante una “crisis de fertilidad” (de las preocupaciones más grandes de los gobiernos provida y las tecno-oligarquías ahora mismo), tomó el poder, militarizó el país y organizó a las mujeres en un sistema de castas. Nosotras, las criadas, somos mujeres fértiles elegidas para ser sometidas a violaciones sistemáticas orquestadas por el Estado. Cuando demos a luz, esos niñes no serán nuestros sino del régimen.
Apocalípticas, exageradas, trágicas. Podrán decir. Pero El cuento de la criada fue publicado en 1985, cuando grupos conservadores fueron detrás de las conquistas de las feministas de la segunda ola. El movimiento anglosajón exigió derechos políticos para las mujeres desde inicios de 1960, entre ellos, el sufragio femenino. En Estados Unidos, las reivindicaciones se centraban en la sexualidad (derecho al aborto, acceso a anticonceptivos y educación sexual), el trabajo (equidad salarial y valoración del trabajo doméstico), y la participación en el espacio público.
Hay una belleza en permanecer inmóvil y en silencio por mucho tiempo. Los pensamientos comienzan a escucharse en voz alta. Parece tonto, pero mientras que aguardamos paradas la señal para formar filas me pregunto cuándo fue la última vez que abandoné mi teléfono por tanto tiempo. O cuándo fue la última vez que cerré los ojos y dejé que los sonidos del entorno se dibujen en mi mente. Pájaros, saludos, gritos. Tambores, aplausos, risas. Un roce de telas, una tos aislada.
Debajo de la gorra, el mundo se reduce a una franja estrecha: zuecos, championes, zapatillas, sandalias, tatuajes de nuestras amigas, pelos sí, pelos no, pies descalzos, algunos muy chiquititos, pies que frenan para mirar o sacarnos una foto. Gotas gruesas me caen de la frente y se escurren por mi pelo. De pronto, una brisa. Y aunque no puedo verla, sé que es Angie Stirling poniendo la mirada donde nadie más ve. Luego, la voz de Moni Encina: «¡Amigas, nos movemos!». Las criadas de Atwood no tenían compañeras que les soplaran con un abanico ni que las guiaran para evitar que se tropiecen.
Lo colectivo cobra un nuevo sentido. El suelo es irregular pero confiamos en la pisada de la compañera que tenemos al frente. Cuando ella frena, vos frenás, cuando ella dobla, vos doblás. No hay más. No hay alrededor. No hay horizonte. En algún momento, la marcha se convierte en un flujo colectivo, un organismo extraño donde no existen nombres ni rostros. Muches pensaron que éramos un grupo provida tratando de sabotear la marcha. Qué genialidad la de Atwood al imaginarse el despojo de la identidad hecha traje.
Un aspecto clave de la novela es que las mujeres no tienen derecho a leer ni escribir. Ni siquiera las mujeres poderosas como Serena Joy, quien solía ser una académica antes de Gilead. Por eso, (voy a spoilear un poco acá) el lenguaje es tan importante en la historia. La primera vez que aparece una señal de rebeldía entre las criadas es cuando Offred, la protagonista, encuentra una inscripción dentro del placard.
Nolite Te Bastardes Carborundorum. Esta frase que aparece como un mensaje del pasado y se convierte en leitmotiv del inicio de una desobediencia, la antesala de una revolución, un signo de esperanzas para otras criadas que todavía ignoran su fuerza emancipadora. La idea de hacer un llamado a través de una frase evoca la práctica de grupos subversivos que dejaban mensajes políticos en dictadura en textos encriptados o códigos.
Durante la dictadura militar argentina -que, entre paréntesis, inspiró varias dimensiones del libro de Atwood, como la apropiación de bebés y las torturas en los centros clandestinos de detención- se prohibieron centenares de bandas y artistas. Entre ellos, Suis Generis, Pescado Rabioso, Los Gatos, Pedro y Pablo, León Gieco, Mercedes Sosa, María Elena Walsh, que marcaron a toda una juventud. Por eso, también, las canciones comenzaron a sonar como poesía.
Las cartas de las criadas nacieron con ese espíritu. El de documentar las penumbras del encierro y la tortura, expresar una nostalgia por los derechos arrebatados, archivar en la memoria histórica los crímenes que se perpetraban contra ellas (no sin la complicidad de otras mujeres que se encontraban también oprimidas pero en una situación de privilegio).
En la marcha, hicimos un guiño a ese momento. Distribuimos mensajes evocando la palabra para exponer el borramiento de nuestras subjetividades y el riesgo a perder nuestros derechos conquistados en un contexto de avanzada fascista en el país. Atwood confirma nuestras predicciones cuando explica que El cuento de la criada es una “ficción especulativa”, un género literario que teoriza sobre futuros posibles.
Solo para ponernos en perspectiva, este año, la ONU recomendó a Paraguay despenalizar el aborto en todas las circunstancias y garantizar servicios seguros y de calidad para adolescentes. También pidió que se garantice el reconocimiento legal de la identidad de género para niñes y adolescentes trans, y adoptar la educación en género como parte obligatoria del currículo escolar.
Por supuesto que el gobierno desoyó estas recomendaciones e invocó a la narrativa de defensa de la soberanía para argumentar sobre la prohibición draconiana del aborto. Es así, el laboratorio antiderechos no respondería en otro sentido. Pero la contradicción está y se ve claramente en los datos.
En Paraguay, cada tres horas es abusade un niñe o adolescente y el 95% de los casos los abusos provienen del entorno familiar. Las víctimas se ven prácticamente obligadas a parir. En promedio, casi dos niñas de 10 a 14 años dan a luz por día, cerca de 12.000 niñas de entre 15 y 19 años dieron a luz en 2019, y 1.000 niñas de 14 años o menos dieron a luz entre 2019 y 2020.
La ausencia de políticas con foco en la prevención y educación integral de la sexualidad sumado al poder de los sectores conservadores empujan a las personas gestantes a un laberinto sin salida. Al mismo tiempo que avanzan sobre nuestros cuerpos, avanzan sobre nuestra memoria. Hace unos días, por ejemplo, decenas de internautas morimos de indignación cuando leímos la publicación del Museo del Barro. Denunciaron que la Oficina de la Primera Dama cambió el nombre de la Plaza de los Desaparecidos por “Plaza Navidad”. Asunción es, como diría Paul Preciado, una ciudad petrosexorracial.
En la plaza de la Democracia, la voz de Oli Almudena aparece como una luz que nos devuelve la esperanza. De a poco, nos deshacemos de las túnicas y revelamos nuestras identidades, completas, deseantes. La intervención termina con las palabras de Gisèle Pelicot, un símbolo de resistencia contra la violencia sexual en Francia y el mundo, quien dijo «Que la vergüenza cambie de bando». Pero le agregamos una segunda parte, «porque el miedo ya lo perdimos». Quiero explicar por qué.
Hace poco terminamos de leer Teoría King Kong, de Virginie Despentes en el club de lectura de Emancipa, un manifiesto feminista que narra la violencia en primera persona para luego sacudir los cimientos sobre los que se construyen las sociedades patriarcales. Recuerdo que uno de esos días reflexionamos sobre el privilegio de las clases dominantes y su capacidad de imponer una cultura dominante que se expresa en la reproducción del sentido común.
Mientras las ideas dominantes tienen reservado el derecho al placer, les otres, es decir, los cuerpos proletarios, migrantes, feminizados, no heterosexuales, no binaries, trans, en definitiva, los cuerpos abyectos (como diría Preciado), nosotres, lo tenemos vedado. Digo esto porque no solo luchamos para que los cuerpos con capacidad de gestar dejen de ser tratados como territorios a anexar o para que, cultural, social y simbólicamente, dejen de reducirnos a una función reproductiva sino para frenar el avance de las estrategias gubernamentales necropolíticas y fascistas en las instituciones democráticas que ponen en riesgo derechos conquistados.
Quieren hacernos creer que en esta repartija arbitraria y desigual de categorías y jerarquías tenemos vedado el derecho al placer. No los dejaremos.
Nolite Te Bastardes Carborundorum.
*Licenciada en Comunicación Social y Magíster en Periodismo de Investigación. Es periodista especializada en género y derechos humanos de El Surtidor y La Precisa y corresponsal de noticias LGBTTIQ+ de Agencia Presentes en Paraguay.