¿Te imaginas ser mujer en el siglo XIX y romper las barreras machistas de la época? Eso hizo Fulgencia Almirón, la primera fotógrafa paraguaya. Con tan solo 18 años, abrió su propio estudio fotográfico en Asunción.
Fulgencia es, sin duda, una imprescindible en la historia del Paraguay.
«Nada es imposible», «El cielo es el límite», «Dentro de ti hay un poder sin límites que puedes desatar si cambias tu actitud» son mensajes que aparecen frecuentemente en nuestras sociedades modernas y chocan con la realidad de precariedad, inestabilidad, incesante competencia y profunda soledad de nuestras sociedades neoliberales.
El resultado de esto es evidente. Dominan la insatisfacción, la culpa, la depresión, la ansiedad y, por último, lo que hoy se conoce como el síndrome de burnout, que no es otra cosa más que un agotamiento extremo como resultado a la exposición de estrés crónico, según lo define la Organización Mundial de la Salud.
Nada lo explica mejor que uno de los hits swiftianos más recientes – I can do it with a broken heart (Lo puedo hacer hasta con un corazón roto). Horas después de su lanzamiento como parte del disco The Tortured Poets Department, una de las frases más replicadas en TikTok fue «I cry a lot but I am so productive, it’s an art» (Lloro mucho pero soy tan productiva, es un arte), demuestran el valor que como sociedad asignamos a la productividad, independientemente de nuestro estado emocional y o hasta de salud.
En un duro contraste con el brillo del Eras Tour de Taylor Swift, la depresión, la ansiedad, el síndrome del agotamiento, el trastorno por déficit de atención dominan nuestro tiempo. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han lo describe como la «sociedad del agotamiento »pero, ¿qué tiene que ver Taylor Swift con todo esto?
La teoría de Byung-Chul Han se basa en la transición de la sociedad disciplinaria de Michel Foucault a la sociedad del logro, la positividad, la hiperactividad y el narcisismo. El control que antes se ejercía principalmente a través de las instituciones educativas, hoy ha hecho nido en nuestras cabezas. Somos nuestro propio patrullero. Y este es un elemento fundamental en el sostenimiento y reproducción voraz del capitalismo del siglo XXI.
Cueste lo que cueste, tenemos la autoexigencia de buscar incansablemente el éxito. «Hoy cada uno/a es un/a trabajador/a que se autoexplota en su propia empresa. Las personas ahora son amo y esclavo al mismo tiempo, »dice Byung-Chul Han en una de sus frases más resaltadas del libro Burnout Society.
Esta autoexigencia nos lleva a mantenernos constantemente ocupados e insatisfechos en un contexto de inestabilidad, precariedad, competencia y soledad.
Lights, camera, bitch – smile, even when you wanna die (Luces, cámara, ¡sonríe perra! Hasta cuando quieras morir).
No en vano dicen que una de las claves de la arrasante popularidad de Taylor Swift se encuentra en su capacidad de escribir canciones con las cuales podemos identificarnos fácilmente.
O en este caso, con las cuales reforzamos la ideología capitalista que iguala el valor personal al valor profesional, especialmente cuando este llega a pesar del burnout. Como lo dice la reina de los corazones rotos: You know you’re good when you can even do it with a broken heart (Sabes que eres buena cuando puedes hacerlo hasta con el corazón roto).
«Por los que ya no están, por los que están y por los que vendrán» es la frase que me quedó resonando después de participar en un conversatorio entre la Coordinadora de Víctimas del Ycuá Bolaños y el movimiento Cromañón.
El diálogo, frente a las 400 butacas del auditorio que representan a «los que ya no están», fue un acto simbólico: el objetivo fue mostrar que las vidas de quienes murieron ese 1A siguen siendo recordadas, visibilizar que hay personas que todavía las y los extrañan y que por eso siguen luchando por MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA.
En el escenario, las sillas estaban dispuestas de manera circular. Brenda Marissa Re, sobreviviente de Cromañón; Silvia Alejandra Bigmani, mamá de Julian Rozengardt, fallecido en la discoteca; Liz Torres y Angélica Roa, sobrevivientes de la tragedia de Ycuá Bolaños, hablaron y reflexionaron sobre muchas cosas, pero sobre todo acerca de la importancia de la Memoria Colectiva como derecho humano.
El 1 de agosto de 2004, el incendio del supermercado Ycuá Bolaños en Asunción, Paraguay, dejó un saldo trágico de más de 400 muertos y numerosos heridos. El 30 de diciembre de ese mismo año, la discoteca República Cromañón en Buenos Aires, Argentina, fue escenario de un incendio que cobró la vida de 194 personas y dejó más de 1.400 heridos. Ambos eventos marcaron profundamente a la sociedad y evidenciaron la necesidad urgente de medidas de seguridad más estrictas para los espacios de concurrencia masiva, así como una mayor responsabilidad de las autoridades en la fiscalización de su cumplimiento.
Memoria. La memoria es individual porque cada persona tiene su forma de recordar de acuerdo a cómo sintió, vivió y procesó una situación. Esa memoria individual se hizo colectiva a lo largo de estos 20 años. Así fue que los sobrevivientes, las familias afectadas, amigos y amigas, lograron hacer realidad el Sitio de Memoria y Centro Cultural 1A. Porque este espacio representa MEMORIA.
Fotografía: Milena Ruíz Díaz.
Verdad. Nadie puede contar la verdad de otra persona, siguiendo la misma lógica de que cada quien siente, vive y procesa de manera muy personal. Quienes sobrevivieron al encierro, el fuego y la desesperación de ver a gente morir a su lado cuando se cerraron las puertas, son los protagonistas de esas historias que deben ser narradas, inicialmente en primera persona, para que pasen de generación en generación con la fuerza de la verdad y la memoria, como un acto de reparación y la esperanza de no repetición. Hoy las y los sobrevivientes piden que la tragedia más grande del país en tiempos de paz forme parte de libros de textos en las escuelas, colegios, y la academia.
Justicia. Es imposible medir la justicia pensando en las penas que recibieron los responsables de esta tragedia. Es imposible pedirle a una mamá, a un papá, a un hijo, hija, hermana, hermano que den por saldada la ausencia de quienes nunca más volverán. Tampoco es posible reparar el daño con el pago de una indemnización, aunque es un derecho por el cual muchos siguen peleando. Y si bien es justicia haber recuperado este espacio y convertirlo en un memorial, no es suficiente porque todavía hoy, a pesar de las 400 muertos y 6 desaparecidos, el Estado sigue sin garantizar seguridad integral para la no repetición. La sociedad sigue anteponiendo, en muchos casos, la propiedad y el lucro a la vida, más allá de la ley y de normas básicas de derechos humanos.
Por estos días de memoria individual, transformada en memoria colectiva y reconocida como derecho humano, es urgente exigir, una vez más, que se cumplan todas las herramientas legales, sociales y judiciales para garantizar la no repetición: «Por los que ya no están, por los que están y por los que vendrán».