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Txemi Parra autor de novela negra

Txemi Parra vuelve a poner la novela negra en el centro del escaparate con el lanzamiento de Un asunto de familia, un thriller criminal que mezcla secretos de clan, intriga policial y un paisaje vasco tan reconocible como inquietante. El escritor, guionista y autor teatral se aleja por un momento del Pirineo oscense para llevar la acción a un caserío cercano a Bilbao, donde un crimen sacude a una familia de empresarios de largo recorrido.

Con este nuevo título, el autor consolida su hueco dentro de lo que ya se conoce como euskal noir, una corriente de novela negra que aprovecha la geografía, el clima y la tensión del entorno rural de Euskadi como parte activa de la trama. Sin recurrir a una sucesión de asesinatos gore ni a psicópatas desbocados, Parra apuesta por un misterio sostenido, una atmósfera cargada y personajes que se mueven en esa franja incómoda entre la lealtad familiar y la culpa.

Un crimen en un caserío vizcaíno y una familia bajo sospecha

En Un asunto de familia, la acción se concentra en torno a un caserío de Elorrio, propiedad de los Elordi, una dinastía empresarial acomodada dedicada al sector del mueble. Tras la muerte del patriarca, los dos hijos que permanecen en la empresa asumen el mando, mientras que el tercero renuncia a sus acciones para llevar una existencia mucho más bohemia y alejada de los negocios familiares.

La novela arranca cuando la novia del hijo mediano despierta en un caserío cercano a Bilbao junto a un cadáver degollado que asegura que es el de su pareja. Sin embargo, cuando la Ertzaintza acude al lugar y realiza las primeras comprobaciones, descubre que el muerto no es ningún Elordi, sino un hombre desconocido para todos. Ese giro inicial abre una investigación que va deshilachando, poco a poco, las costuras de la familia.

A partir de ese momento, los secretos, rencillas antiguas y celos cruzados empiezan a salir a la superficie. Mientras la joven trata de reconstruir, con enormes lagunas, lo que ocurrió durante la noche del crimen, el supuesto asesino se mueve oculto entre la niebla que rodea el caserío. Nadie parece estar diciendo toda la verdad: cada declaración oculta matices y viejos reproches, y la desconfianza se convierte en la norma en una saga acostumbrada a guardar las apariencias.

La frase que preside la contraportada, “siempre puedes confiar en la familia, incluso para cometer un crimen”, resume el tono del libro: la familia se presenta a la vez como refugio y como potencial condena. El caserío no es solo el escenario del delito, sino también el símbolo de un linaje que ha levantado su fortuna sobre decisiones que ahora pasan factura.

Más allá del «quién lo hizo», Parra utiliza el caso criminal para hablar de amor, identidad, culpa, perdón y de esas herencias emocionales que se transmiten entre generaciones sin necesidad de figurar en ningún testamento. La intriga policial y el trabajo de la Ertzaintza sostienen el ritmo del thriller, pero el foco se desplaza a menudo hacia las dinámicas íntimas de los Elordi y de quienes orbitan a su alrededor.

Euskal noir: clima, paisaje y realismo por encima del espectáculo

El propio autor reconoce que en sus historias el espacio geográfico y los caracteres humanos tienen un papel tan importante como la propia trama criminal. En el caso de Un asunto de familia, el valle en el que se ubica el baserri le resulta especialmente cercano: es el lugar donde pasó su infancia, un territorio que conoce de primera mano y en el que ha convivido con familias adineradas y herederos de empresas de corte tradicional.

Ese conocimiento directo del entorno, según subraya, contribuye a que el relato resulte muy verosímil para el lector. No se trata solo de describir un decorado rural, sino de trasladar la temperatura del ambiente: el frío que cala, la montaña que impone y protege a la vez, la cercanía de los pueblos, las tensiones soterradas en comunidades pequeñas donde todos se conocen.

Dentro de este marco se entiende la etiqueta de euskal noir, una denominación que ha surgido casi de forma espontánea, al estilo de lo que ocurrió con la novela negra nórdica; véase, por ejemplo, obras que exploran secretos familiares y mitos vascos. Parra remarca que no existe, por ejemplo, un «Sevilla noir» o un «Madrid noir» con la misma fuerza, mientras que en Euskadi se ha formado una generación de autores que sitúan sus historias en este territorio, con el clima, los paisajes y el marco rural como elementos centrales.

Este grupo de escritores, de edades y trayectorias diversas, comparte la voluntad de escribir novela negra situada en Euskadi y en tiempo presente. Algunos vienen del mundo de las letras puras, otros —como Parra— de la televisión y el teatro, y también los hay procedentes de profesiones ajenas al sector cultural. Lo que les une es la necesidad de explorar el crimen y el conflicto moral desde una perspectiva muy pegada a la realidad vasca.

En este contexto, Parra se aleja del «serial killer» clásico y de la acumulación de cadáveres. Sus novelas, según él mismo explica, son más naturalistas y menos sangrientas, centradas en personas corrientes que, empujadas por las circunstancias, cruzan la línea y cometen un asesinato. No se busca glorificar al criminal ni provocar empatía absoluta, pero sí ofrecer claves para comprender a quien termina dando un paso que cambia su vida para siempre.

Del guion televisivo a la novela negra: un cambio de formato y de ritmo

Antes de consolidarse como novelista, Txemi Parra desarrolló una extensa carrera como guionista y actor. Estudió Derecho en la Universidad de Deusto, aunque nunca llegó a colegiarse, y pronto se movió hacia los escenarios y los platós. Durante más de quince años escribió para algunas de las series españolas más populares, como 7 Vidas, Aída, Los Serrano, El internado o Águila Roja, combinando esa labor con su faceta de monologuista y autor teatral.

Parra explica que la escritura ha sido siempre una constante en su vida, tanto en televisión como en teatro y cine. Sin embargo, la novela le permite algo que el guion no ofrece con la misma amplitud: un espacio más largo, más libre y también más solitario para contar historias. Mientras que en las series el trabajo suele estar muy escaletado, con una planificación minuciosa y equipos de varias cabezas pensando a la vez, en la literatura el proceso se vuelve más introspectivo.

En su forma de trabajar, Parra se fija especialmente en la idea de «enigma». Parte de un misterio central, de un final que persigue desde el principio y de un conjunto de personajes bien definidos. A partir de ahí, va construyendo la historia según avanza, dejando que las figuras se muevan por el tablero y que el suspense crezca de manera orgánica. El resultado es un tipo de thriller de intriga, donde también tienen cabida la psique de los personajes y, de forma puntual, la mente de los psicópatas.

Para el escritor, la gran recompensa de este esfuerzo llega cuando hay lectores esperando su siguiente libro. No es raro que, ya en plena lectura de sus novelas, muchos seguidores le escriban para compartir sus sospechas sobre quién es el asesino. Él mismo admite que rara vez aciertan, lo que refuerza esa búsqueda de sorprender sin romper la lógica interna del relato.

Trayectoria literaria: del humor negro al Pirineo oscense y regreso a Euskadi

Como autor de novela, Txemi Parra se estrenó en 2016 con Los muertos no comen yogures, una historia que mezclaba elementos de novela negra con un tono marcadamente humorístico. Con ella dejó claro que el crimen y la risa podían compartir página, siempre que se mantuviera cierto equilibrio entre la tensión y la ironía.

En 2023 dio un giro hacia un registro más oscuro con El eco de las sombras, el primer título de una serie de novela negra ambientada en el Pirineo oscense. En estas entregas, la trama gira en torno a la teniente de la Guardia Civil Gloria Maldonado y su compañero, el sargento Jaime Bermúdez, un tándem investigador que ancla la acción en paisajes de montaña alejados del tópico urbano asociado a la novela negra clásica.

Esta línea continuó en 2024 con Solo queda silencio, su primera novela en la editorial Grijalbo, donde consolidó ese escenario pirenaico y desarrolló aún más la psicología de sus personajes recurrentes. Ambas obras reforzaron su presencia en el género y le permitieron explorar temas como la violencia soterrada en comunidades aparentemente tranquilas o el peso de la memoria en lugares con un pasado complejo.

Con Un asunto de familia, Parra aparca de manera temporal esta saga del Pirineo oscense para regresar a un territorio vitalmente cercano: el País Vasco. El cambio de escenario no implica una ruptura con sus preocupaciones narrativas, sino una reubicación de esas mismas tensiones en un entorno que conoce muy bien. El caserío, la empresa familiar y las relaciones entre hermanos sustituyen, en esta ocasión, a los cuarteles y pueblos de montaña del Alto Aragón.

Hoy en día, el escritor reparte su tiempo entre Madrid, Bilbao y Milán, combinando sus proyectos teatrales y televisivos con la escritura de nuevas novelas. Ese ir y venir entre ciudades y geografías se refleja, en cierta medida, en la diversidad de escenarios que han ido poblando su obra, desde el humor negro más desenfadado hasta el thriller rural vasco.

La figura de Txemi Parra se consolida como una de las voces más reconocibles de la novela negra actual en lengua española, especialmente en lo que respecta a ese euskal noir que ha encontrado en el clima, el paisaje y la familia un terreno fértil para hablar de crimen, culpa y secretos que rara vez se quedan enterrados del todo.


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