by alguien | Feb 28, 2023 | Cultural |
Hasta el próximo 29 de abril, la Fundación DIDAC alberga piezas pertenecientes a una colección privada diversa, exigente y discreta, en cuanto a que desconocemos a sus propietarios. Abarcar en una muestra el conjunto de sus relatos sería imposible, así que para esta exposición, titulada justamente “Unha colección privada”, se han seleccionado trabajos vinculados a conceptos: a los enigmas de los objetos, a valores abstractos y a la otredad.
El comisario, David Barro, ha escogido piezas de Alberto García Alix, Allen Rupperberg, Ana Jotta, Anthea Hamilton, Berta Cáccamo, Carmen Calvo, Christian García Bello, Cristina Garrido, Dora García, Eulalia Valldosera, Francesca Woodman, Helena Almeida, Hilla Kurki, Ignasi Aballí, Jacobo Castellano, João Louro, José Pedro Croft, Julião Sarmento, Lawrence Weiner, Lucio Muñoz, Malick Sibide, Marlena Kudlicka, Matt Mullican, Melik Ohanian, Merlin Carpenter, Nan Goldin, Nobuyoshi Araki, Pamen Pereira, Paul Graham, Phil Collins, Robert Mapplethorpe, Rosana Antolí, Rui Valerio, Soledad Sevilla, Sophie Calle, Stan Douglas, Vítor Mejuto y Vivian Maier.
Cristina Garrido en Unha colección privada. DIDAC, Santiago de Compostela
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by Sorevitno | Feb 28, 2023 | Cultural |
Juan Ortiz
Fuenteovejuna
Fuenteovejuna es una tragicomedia dividida en tres actos. Esta obra de teatro fue escrita durante el Siglo de Oro —en concreto, entre 1612 y 1614— por el dramaturgo español Lope de Vega. Posteriormente, el texto fue publicado en 1619, dentro del Dozena sic Parte de las Comedias de Lope de Vega. El libro se considera una de las grandes piezas dramáticas del autor, junto a títulos como Comendador de Ocaña y El mejor alcalde, el rey y Peribáñez.
Al igual que sucede con muchas de las obras del escritor y poeta inglés William Shakespeare, Fuenteovejuna se ha convertido en la iconografía de una lucha social: la de un pueblo que se une para acabar con la injusticia que lo acedia y lo humilla, mientras le arrebata su dignidad y valor.
Resumen de Fuenteovejuna
Primer acto (El planteamiento, 12 escenas)
Un villano excepcional
Fuenteovejuna está basado en un contexto histórico real. Corre el tiempo de los reyes católicos, Isabel y Fernando —1474-1516—. Dos tramas, una social y una política, se entrelazan y dan cabida a los acontecimientos. Estos tienen lugar en el pueblo cordobés de Fuente Obejuna. En principio, la narración sigue al Comendador Fernán Gómez de Guzmán, quien se encuentra en Almagro, mientras mantiene una conversación con el maestre de Calatrava.
Fernán se siente preocupado por el inicio de una guerra. El rey acaba de morir, y hay dos facciones que pretenden la coronación de una nueva reina: su hermana Isabel, y una supuesta hija suya llamada Juana. A Gómez de Guzmán le conviene que Juana sea elegida, por esa razón se dirige a ver al maestre de Calatrava, para convencerlo de pelear a su lado.
Este hombre pertenece a una influyente organización religiosa que se niega a obedecer las órdenes de ningún rey, pues solo se deben a su Dios. No obstante, tras un juego de palabras, Fernán lo persuade de aliarse a su causa.
En Fuente Obejuna
En Fuente Obejuna solo existen 500 habitantes, y la vida suele transcurrir de manera tranquila. Estas tierras pertenecen a la corona española, pero los reyes permiten que un Comendador vitalicio las usufructúe a cambio de protección militar. Sin embargo, Fernán no protege a los aldeanos, sino que abusa de ellos. Es en este contexto donde conocemos a Pascuala y Laurencia.
Esta última es la hija del alcalde Esteban. Las damas comentan que están cansadas de la forma en la que el Comendador trata a las mujeres, a quienes usa sin discriminación para satisfacer sus deseos carnales. Por lo general, Fernán hace uso del derecho de pernada —rapta a las mujeres recién casadas y las obliga a compartir su lecho—. Esta es una forma de perpetuar la subyugación de los habitantes.
La toma de Ciudad Real
El Comendador y sus criados llegan a Fuente Obejuna en medio de la conversación de las señoritas, clamando con orgullo su triunfo en Ciudad Real. Al principio, los habitantes aplauden su proeza. No obstante, el hombre decide premiarse a sí mismo al secuestrar a Laurencia y Pascuala. Las damas se resisten y huyen. Fernán se sorprende y se enoja.
En su interior, siente que es su derecho, y que jamás olvidará semejante desplante. Mientras tanto, la pretendiente al trono, Isabel, y su esposo Fernando, deciden enviar a su ejército a recuperar Ciudad Real, para así evitar el alcance de las tropas de Juana y sus aliados. Fernán ignora esta jugada, pues se siente victorioso. Después, el Comendador encuentra a Laurencia en el bosque.
El conflicto con los amantes
Fernán cree que Laurencia se halla sola, pero se encuentra en compañía de un joven enamorado llamado Frondoso. Minutos antes, el chico le rogaba a la señorita que se casaran de una vez, pero ella no quiso, pues piensa que deben esperar y pedirle permiso a su padre. Al escuchar al caballo del Comendador, Frondoso se oculta tras los árboles.
A continuación, Fernán se acerca a Laurencia y la acorrala con su ballesta. Sin embargo, Frondoso abandona su escondite, toma el arma y apunta al Comendador, exigiéndole que suelte a su amada. Entonces, al hombre no le queda más remedio que escapar a pie, humillado y desarmado.
Segundo acto (El Nudo, 17 escenas)
Tiempo después, los aldeanos mantienen una asamblea. Hablan sobre diversos temas, y no pueden evitar comentar acerca del intento de violación que sufrió Laurencia. Cuando el alcalde se entera del agravio, el Comendador vuelve a la villa, y es tímidamente confrontado por sus habitantes. Fernán Gómez les recuerda que no tienen honor por ser plebeyos.
Asimismo, les explica que sus mujeres deberían sentirse afortunadas por contar con su atención. Mientras el Comendador discute con sus criados el porqué los aldeanos se han vuelto tan rebeldes, llegan nuevas noticias: Ciudad Real fue recuperada por Isabel y Fernando, de modo que Fernán corre a investigar lo ocurrido.
De buenos amigos y largas luchas
Laurencia y Pascuala se hallan frente al lago, en compañía de un joven divertido llamado Mengo. Ellas le confiesan cuánto le temen al Comendador. En este instante, Laurencia también afirma que Frondoso es un gran hombre, y que admira el valor con el que la defendió, aunque aún no está dispuesta a entregarle su mano. Minutos después, llega otra aldeana llamada Jacinta. La mujer huye de los hombres del Comendador, quienes la persiguen para intentar violarla.
A continuación, Mengo les pide a las mujeres que huyan. Mientras tanto, él se queda para defender a Jacinta. Lo primero que intenta es hablar con los hombres de Fernán Gómez, pero esto no funciona. Los asistentes ignoran a Mengo y lo castigan con azotes por atreverse a desafiarlos. Después, raptan a Jacinta y disponen de ella a placer, lo que enfurece a toda la villa.
La boda y la venganza del Comendador
El alcalde y la gente de Fuente Obejuna discuten las malas acciones del Comendador, y ruegan a Dios que Isabel —enemiga de Juan y, por consiguiente, de Fernán Gómez— gane la guerra, pues sería una forma de liberar al pueblo de su desdicha. Tiempo después, Frondoso es animado a visitar a Esteban para pedirle la mano de Laurencia. El alcalde, al notar el buen corazón del muchacho, acepta encantado.
Poco después organizan la boda. Mientras esta se lleva a cabo, el Comendador se encuentra furioso: las tropas de Isabel ganaron la guerra, y el maestre de Calatrava le dice que regresará con su gente, dejando atrás su alianza. Al ver que todo le salió mal, Fernán regresa a Fuente Obejuna para desquitarse con el pueblo.
En lo que aparece, se encuentra con la boda de Laurencia y Frondoso. Gobernado por la ira, arresta al novio y secuestra a la joven. Cuando el alcalde Esteban se enfrenta a Fernán Gómez, el Comendador le arrebata su bastón y comienza a golpearlo con él. Todos los habitantes se enfurecen, pero les da demasiado miedo decir cualquier cosa.
Tercer acto (El desenlace, 25 escenas)
La rebelión
Cuando el Comendador se marcha con sus rehenes, los habitantes de la villa se reúnen en una junta extraordinaria. Están cansados de los terribles actos de Fernán, y deciden acabar con el problema lo antes posible. Algunas personas afirman que deberían abandonar el pueblo, otras, que la mejor solución es acudir ante los reyes para que le pongan fin a Fernán Gómez. Ninguno aporta una solución realista.
Entonces, la pobre Laurencia aparece en medio de la sesión, maltratada y sucia. Había forcejeado con los hombres del Comendador, quienes la golpearon con saña. Sin embargo, la muchacha logró escapar con vida. La joven confronta a los aldeanos. Para ella, todos ellos son cobardes que permitieron que Fernán llegara a aquellos extremos, recordándoles todas las fechorías cometidas por el sujeto.
Venganza, solución y castigo
Laurencia, enojada, propone una solución extrema: matar al Comendador. Los aldeanos enardecen ante su discurso de aliento, y se preparan con armas y antorchas para cazar al monstruo. Todos los habitantes —hombres, mujeres, ancianos y jóvenes— se dirigen a la casa de Gómez, a las afueras de la villa. Al principio, el Comendador no les presta atención. Da la orden de ahorcar a Frondoso y serenar a la turba.
Pero nada de eso tiene cabida a esas alturas. Los aldeanos invaden la casa y matan a los criados. El Comendador, al ver la magnitud del peligro, decide negociar, y les ofrece la liberación de Frondoso. Aun así, cuando el muchacho es liberado se une a la multitud. Los habitantes de Fuente Obejuna destrozan la casa de Fernán. Después de este evento, por fin, todos le dan muerte al hombre que los maltrató tantas veces.
El asesino fue Fuente Obejuna
Tras matar al Comendador, el pueblo entero acaba con los secuaces restantes. Todos aquellos que ultrajaron a Jacinta, azotaron a Mengo y otras barbaries, fueron eliminados; no obstante, uno de los criados más leales de Fernán logra escapar. El hombre llega hasta Isabel y Fernando, y les solicita una audiencia. Herido, les cuenta la historia desde su perspectiva, exigiendo la muerte del asesino y un castigo ejemplar para el pueblo.
Los reyes están de acuerdo con esto, de modo que envían a un juez pesquisidor para investigar el asunto. En la aldea, las personas celebran la muerte de Fernán Gómez y la victoria de los reyes católicos. Al mismo tiempo, se consuma el matrimonio entre Laurencia y Frondoso.
El veredicto, el triunfo del bien
El pueblo sospecha que en algún momento llegará un enviado de los reyes para interrogarlos sobre el caso. Ante esto, planean lo que todos responderán cuando se les pregunte quién fue el asesino. Al llegar el juez, los interroga sobre la muerte de Fernán, ante lo que obtiene siempre la misma respuesta extraña: “Fuente Obejuna lo hizo, señor”. Al no haber otra réplica, el hombre decide recurrir a la tortura.
Pascuala es atada a un potro, Mengo, ahorcado. Un anciano y un niño son torturados. Sin importar el suplicio de las 300 persona mancilladas, todos los aldeanos repiten: “Fuente Obejuna lo hizo, señor”. El juez se encuentra impresionado por la unión y fuerza de voluntad de los aldeanos, regresando así con las manos vacías. Posteriormente, presenta su informe ante los reyes.
Perdón o muerte
El juez les recuerda a sus majestades que no tienen más que dos opciones: o perdonan a los plebeyos, o les dan muerte a todos. En ese momento, los reyes solicitan la presencia de los inculpados.
Cuando los aldeanos llegan al palacio se ven maravillados por la hermosura del lugar. Entonces, Isabel pregunta si esas personas son los agresores, y estos le explican a la reina todo el mal que les causó el Comendador, sosteniendo con firmeza la respuesta otorgada al Juez: que fue Fuente Obejuna quien asesinó a Fernán.
Los reyes quedan estupefactos ante la gran fuerza del pueblo. Tras deliberar, deciden perdonarlos a todos. Sus altezas añaden que, por lo pronto, no les será asignado un Comendador, y que las tierras se valdrán solo de los monarcas. Los habitantes del pueblo se sienten encantados con el veredicto, pues adoran a sus nuevos gobernantes.
Sobre el autor, Félix Lope de Vega
Félix Lope de Vega Carpio nació en 1562, en Madrid, España. Se trata de uno de los escritores más representativos del Siglo de Oro español. De igual manera, la prolificidad de su obra convierte a Vega en uno de los dramaturgos más relevantes de toda la literatura universal.
Se suele considerar que Lope de Vega —El fénix de los ingenios— fue uno de los mayores exponentes del barroco español. Este autor fue también uno de los más grandes líricos en lengua castellana. Gracias a su gran capacidad creadora escribió novelas y títulos narrativos extensos en prosa y verso. Este material se mantiene vigente, y sigue siendo representado en teatros de todo el mundo.
Algunas de las obras más importantes de Lope de Vega
- La discreta enamorada (1604);
- El acero de Madrid (1608);
- La dama boba (1613);
- El perro del hortelano (1618);
- El castigo sin venganza (1631).
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by DonJuancho | Feb 27, 2023 | Adonis |
Ali Ahmad Said, también conocido por su seudónimo literario “Adonis”, es un poeta y crítico literario sirio nacido en 1930. Es considerado uno de los poetas más importantes del mundo árabe contemporáneo y ha sido nominado varias veces al Premio Nobel de Literatura.
Adonis nació en la aldea de Al Qassabin, cerca de la ciudad de Latakia en Siria. Después de estudiar en la Universidad de Damasco, se convirtió en profesor de literatura y comenzó a publicar poesía en la década de 1950. A lo largo de su carrera, ha publicado más de 20 libros de poesía y varios ensayos sobre literatura y cultura.
Su trabajo se caracteriza por una exploración profunda de la condición humana y la naturaleza, así como por una búsqueda constante de nuevas formas poéticas. A menudo ha sido criticado por su uso de formas poéticas experimentales y por su estilo poético abstracto y difícil de entender, pero ha sido ampliamente reconocido por su capacidad para crear imágenes poéticas poderosas y evocadoras.
Además de su carrera literaria, Adonis ha sido un defensor activo de la libertad de expresión y ha abogado por la reforma política y cultural en el mundo árabe. En 2011, fue galardonado con el Premio Goethe por su contribución a la literatura mundial.
En la década de 1970, Adonis cofundó la revista de poesía “Shi’r”, que se convirtió en un importante foro para la poesía experimental y la crítica literaria en el mundo árabe. En 1980, después de que la revista fuera cerrada por las autoridades sirias, Adonis se exilió en París, donde ha vivido desde entonces.
A lo largo de su carrera, Adonis ha recibido numerosos premios y honores por su trabajo, incluyendo el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca en 2010 y el Premio Internacional de Poesía de la Fundación Pablo Neruda en 2014.
Adonis también ha sido un crítico abierto de la política del gobierno sirio, particularmente durante la Guerra Civil Siria, y ha apoyado activamente a los manifestantes pro-democracia. En 2011, firmó una petición pidiendo la renuncia del presidente sirio Bashar al-Assad y ha criticado públicamente la represión del gobierno contra los manifestantes y la violencia en el país.
Un ejemplo corto de un poema de Adonis, titulado “El amor”:
El amor no es una piedra
no es un fruto maduro
no es la sombra de un cuerpo
no es una letra escrita en el papel
el amor es una flecha
una llama de fuego
una rosa en el viento
un ciervo en la hierba
es una bala en el corazón
una canción en la noche
un grito de alegría
un lamento de dolor
el amor es la vida
es el aire que respiramos
es el sol en el cielo
es la razón por la que vivimos
by DonJuancho | Feb 26, 2023 | Poetas |
Oruro-Bolivia, primavera de 1971, mediodía, luz plena, el cielo azul sin asomo de nubes, ambiente templado. A bordo de un destartalado bus interdepartamental que se desliza por la polvorienta carretera Cochabamba-Oruro viajan varias personas unas durmiendo otras conversando. Entre ellas destaca una joven mujer de aspecto dulce y apacible, cabellos platinados, ojos claros y risueños, estatura mediana y contextura delgada, diferente al resto de pasajeros… ¡¡una extranjera!!… Se trataba de la religiosa Carolina Ortega Clansey, de nacionalidad estadunidense, procedente de Hungtinton, Indiana.
En sus ojos podía notarse impaciencia por llegar, imaginaba trabajo misionero con mujeres y hombres, tareas increíbles en favor de los desvalidos y quizás trabajar para mejorar las condiciones de vida de sus fieles, porque le habían anunciado que Oruro era una de las tierras que todo lo había dado y poco había recibido.
Como cabeza de la iglesia católica en Oruro estaba el Obispo René Fernández Apaza, religioso boliviano poco dado a los temas sociales o políticos que bullían subterráneamente en la época pues se vivía una férrea dictadura militar que había cancelado las libertades y garantías constitucionales.
Y aunque el raleado verdor de las montañas y la escasa pastura del imponente altiplano le anunciaba una tierra poco fértil y, por tanto, muchas dificultades humanas, no se desanimó ni un poco… Total era una misionera de la Comunidad Religiosa “Nuestra Señora de la Victoria”, tenía fe y fuerzas suficientes como para acometer sus desafíos por muy difíciles que sean.
Instalada en la Parroquia Pio X ubicada en la zona norte de la ciudad, dictó clases de religión en el colegio “Kennedy” donde encontró sus primeros contactos. conoció su entorno, recorriendo calles, campos deportivos y zonas donde abundaban jóvenes, adultos y niños, averiguaba sus nombres los que nunca olvidaba, se dirigía a ellos siempre con una sonrisa… su rostro y sus ojos parecían estar hechos para sonreír, para transmitir confianza y sosiego… Poco a poco supo de las privaciones de los estudiantes, de las penurias y necesidades de hombres y mujeres que no podían reivindicar ante nadie, vio también el grandioso carnaval que contrastaba con el contexto, pues era época en la que parecían que las necesidades de todos se olvidaban para dar pie a una algarabía general. Alguna vez dijo que “en su pobreza Oruro tenía la capacidad de alegrarse”. Se la veía acompañada de sus hermanas de la Iglesia y jóvenes portando su infaltable poncho y su bolso repleto de sabrosos sándwiches en busca de un lugar para espectar la fastuosa “entrada”.
Paulatinamente fue conociendo el pueblo que amaría y adoptaría como suyo, por el que lidiaría tenazmente y en el que haría sus mejores amistades. Vio a jóvenes estudiantes de secundaria y universidad peregrinar todos los días por las escasas bibliotecas locales en búsqueda de los no menos escasos libros que casi siempre estaban siendo usadas por jóvenes con más suerte, limitación que no les permitía estudiar cómodamente y descollar. Ni pensar en adquirir dichos textos pues sus precios hacían imposible comprarlos, todos provenían de familias obreras. La Parroquia les juntó y nació la idea de fundar una biblioteca ubicada en un barrio minero aledaño, primero con los recursos de su comunidad consiguió libros y textos de primera necesidad para sus estudiantes, posteriormente consiguió donaciones de amigos del exterior y agrandó la biblioteca con muebles, estantes y escaparates que los jóvenes mismos la administraban ejemplarmente, ante la mirada atenta de Carolina que no se perdía ningún suceso del funcionamiento de la biblioteca.
Sus relaciones con las y los jóvenes dependiendo de los asuntos que se trataban era de un gran respeto por Carolina, ella retribuía el trato con igual consideración, crearon en la biblioteca un clima de hermandad, solidaridad y preocupación por los problemas más sentidos de su medio. Ella naturalmente también se comportaba como una verdadera “hermana” y amiga, dispuesta a aconsejar y solidarizarse. No faltaban días de discretas fiestas, se sabe que muchos noviazgos y matrimonios que perviven en la actualidad se iniciaron en las actividades estudiantiles que ocurrían en el “Centro de Estudiantes Secundario Universitario” (CESU).
Sin embargo, esta actividad si bien fue una de sus preferidas, le pareció poco ante la multitud de dificultades que en la ciudad y el país se agitaban. Poco a poco fue conociendo a otra clase de jóvenes, obreros, empleados, universitarios, campesinos que por entonces bregaban todavía en la clandestinidad por la recuperación de la democracia, reposición de las libertades y garantías constitucionales, mejores condiciones de vida, salir de la marginación y retorno a la patria de centenares de exiliados.
Entendió sus inquietudes, sus visiones particulares acerca de la situación política que vivían; sus singulares posturas para resolverlos y en su mente las armonizó en una sola idea: la de ver en la angustia juvenil el resplandor del evangelio y sintió que había llegado la hora de dar la vida, de profetizar en favor de los desvalidos, negados por las maquinarias del Estado que no ofrecían esperanza para el mañana.
Observó en las ansiedades y acciones de los jóvenes trabajadores señales que la democracia estaba inevitablemente cercana y que su actitud era totalmente coincidente con la idea cristiana. Decía, “El cristiano es un hombre de paz, pero no de una paz sepulcral, sino de una paz querida, buscada y defendida, que mantenga medianamente satisfechos a los ciudadanos” … Supo también que en esa lucha se arriesgaba la comodidad, la seguridad y en última instancia la vida. No tuvo miedo y se comprometió.
Tenía el instinto infalible para distinguir con solo una mirada a las personas buenas de las no confiables, aunque nunca se cerraba ante nadie, pero prefería cultivar cercanía y amistad con aquellas.
Facilitaba reuniones, era contacto con medios de comunicación católicos nacionales e internacionales, acompañaba espiritualmente a los activistas, participaba en reuniones de dirigentes sindicales armonizando las posturas sindicales con el pensamiento evangélico, era su confesora, oraba por ellos, los protegía mediante una red de inolvidables religiosos como Felipe Mackenna, Gilberto Pauwels, Ignacio Suñol y más tarde el afable Obispo Julio Terrazas.
Mientras cada vez era más querida por trabajadores, universitarios y campesinos en esa misma medida se hacía incómoda y odiosa para las autoridades. Estuvo en Oruro en la histórica huelga de hambre nacional de diciembre de 1977 en la Parroquia “del Rosario” ubicada en la zona este de la ciudad de Oruro, que concluyó con la renuncia de la dictadura, la vuelta de la democracia y el retorno de los miles de exiliados al país. Desde entonces fue infaltable en las concentraciones, marchas, huelgas sindicales y congresos de trabajadores, a decir de muchos lideres “su sola presencia tenía la magia de inculcar fuerza y optimismo” ….
Cuando los congresos de trabajadores se ponían difíciles, invariablemente se la podía ver en los últimos asientos del local, rezando porque se imponga la verdad o el mejor criterio. En muchas ocasiones cuando le pedían una opinión sobre algún tema o persona, expresaba su opinión con una franqueza que inquietaba por su falta de “prudencia”, ella era así no andaba con rodeos y casi nunca se equivocaba.
Siempre insatisfecha con su trabajo, acometió con la tarea de organizar la Asamblea Permanente de Derechos Humanos en Oruro, en los primeros tiempos e inicialmente con frecuencia eran los mismos dirigentes de sectores sindicales los que militaban en esta organización… Las primeras reuniones se realizaban en el domicilio particular de la “Sra. de Alessandri” a escasa media cuadra del edificio central del Cuartel Camacho en la zona norte.
Su trabajo entonces se orientó al consuelo de las familias que perdían algún miembro debido a la represión, alentaba a lideres detenidos, les procuraba alimentos y abrigo, sufría por ellos, tramitaba incansablemente su libertad y se regocijaba cuando eran libres. Buscó y encontró lideres para la Asamblea, se ocupó de elevar sus capacidades para enfrentar situaciones conflictivas y les dio toda su confianza.
Por su “casa” pasaban lideres nacionales y en ocasiones internacionales de diferentes colores políticos, para presentarle respetos, conseguir algún consejo o simplemente saludarla… a los que invitaba un café acompañado de sus tortas, cuya característica es que eran excesivamente dulces, era su estilo personal.
Trabajó también con muchos líderes campesinos, a los que dedicaba atención especial, pues consideraba que trabajaban en situaciones más difíciles que sus pares obreros. Estuvo casi en todas las provincias del departamento de Oruro montada en incomodos y primitivos medios de transporte, alentando la organización campesina; en muchas ocasiones ayudó económicamente eventos de educación y orientación políticas para ellos.
Casi nadie sabía su edad, información que cuidaba como si fuera un preciado tesoro. Generosa como nadie, se sabe que cuando uno de sus “pupilos” cayó preso y cuya esposa sufría de una fuerte anemia debido a un parto difícil, se dio la tarea de ir cada mañana aproximadamente a las 6.00am. a dejar en la puerta de la enferma un pequeño tarro de leche condensada por casi un mes entero.
En los años 80s. Durante el nefasto golpe de estado de García Meza, se la veía afanosa de día y noche por las cercanías de la “Plaza 10 de febrero”, en “comisiones”, acompañada de esposas, hermanos y padres de los detenidos procurando que reciban alimento, abrigo, consuelo o lograr su libertad.
En ese tiempo, gestionó la salida de decenas de perseguidos por las dictaduras militares
Y aunque trataba con centenares de jóvenes trabajadores de distinto credo religioso, pensamiento político diverso y muchos intransigentes ateos a los que nunca se propuso evangelizar, su machacona vocación de servicio a sus semejantes y el ejemplo unido al amor resultó ser la mejor pedagogía que acabó convirtiendo a muchos de ellos en laicos comprometidos con el evangelio y la iglesia católica…
Al final lo que queda es que recibió el legado de amor al prójimo en forma abundante. La Hna. Carolina hizo carne del amor inclaudicable e incondicional por el prójimo, profesó su “amor como único sentimiento que ofrece regocijo y satisfacciones, pues amar en su concepto, era estar en Dios, con su luz”.
Lo suyo, no fue caminar por sendas fáciles porque el amor que entregó le exigió sacrificio y renuncias.
Se fue, o más bien se la llevaron, cuando de tanto caminar ya no lo podía hacer, cuando de tanto preocuparse por los demás ya era tiempo de preocuparse por sí misma, se la llevaron porque de tanto gastar sus energías en sus hermanos, ya le faltaban para mantenerse saludable. Se la llevaron, pero quedó la eterna gratitud de centenares de obreros, campesinos y estudiantes que gracias a ella se realizaron plenamente en sus respectivas ocupaciones.
Y tal como había llegado a Oruro se alejó por la misma carretera, cargada de pródigos recuerdos y gratitudes, su cosecha fue fecunda solo que ahora su rostro estaba marcado por profundas arrugas, “huellas de antiguas sonrisas”, que consolaron y alentaron a sus preferidos, los que luchaban.
Hermana Carolina representativa del Oruro luchador y digno. Testigo de nacimientos y de desfallecidos, hacedora de historia, llegó a Oruro sin nada y se la llevaron con las manos llenas de historia, amigos, cariño y gratitud…
… Así ha sido la Hna. Carolina Ortega, la más abnegada de las mujeres en Cristo, nunca escasa de sí misma en el bien de la dicha ajena.