Benjo Cruz es el representante boliviano de la música protesta. Algunas de sus canciones están en el idioma quechua hablado por millones de sudamericanos (este es solo es un extracto) #shortsvideo #shortsyoutube #shortsfeed #bolivia #bolivianmusic #musica
He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.
Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.
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Al menos 2.921 personas han muerto y otras 15.800 han resultado heridas en Turquía en los devastadores terremotos que arrasaron el lunes el sureste del país, según los últimos datos facilitados por las autoridades turcas, y que han provocado también unos 1.500 fallecidos en Siria.
Unas 7.800 personas han sido rescatadas de entre los escombros de los miles de edificios que se desmoronaron en los dos fuertes temblores, uno de magnitud 7,7 y otro posterior de 7,6, informó el vicepresidente de Turquía, Fuat Oktay, según recoge la agencia oficialista Anadolu.
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La victoria de Lula en Brasil se encuentra con un país altamente polarizado y con grandes retos por delante en cuanto a desigualdad, protección del medio ambiente y modelo económico.
Con un margen de maniobra menor que en sus anteriores mandatos y un gobierno con una gran diversidad de partidos en puestos ministeriales, Lula tendrá un difícil cometido en esta nueva legislatura. Roberto Montoya, analista internacional, nos lo cuenta en este nuevo capitulo de econoNuestra.
Puedes ver más los capítulos de econoNuestra.
La entrada Videoblog econoNuestra #36 | ¿Qué retos enfrenta Brasil?, con Roberto Montoya se publicó primero en lamarea.com.
David B. Gil es gaditano y se licenció en Periodismo. Empezó autopublicando una primera novela, El guerrero a la sombra del cerezo, que quedó finalista del Premio Fernando Lara y fue el primer título autoeditado en ganar un Premio Hislibris de Novela Histórica. Después vinieron Hijos del dios binario, finalista del premio Ignotus y Ocho millones de dioses, que consiguió el X Premio Hislibris a Mejor novela en español. En mayo pasado publicó Forjada en la tormenta. De ella nos habla en esta entrevista que le agradezco mucho por el tiempo y amabilidad dedicados
David B. Gil — Entrevista
ACTUALIDAD LITERATURA: Tu última novela lleva por título Forjada en la tormenta. ¿Qué nos cuentas en ella y de dónde surgió la idea?
DAVID B. GIL: Es una novela de investigación y misterio clásica en su planteamiento, pero atípica en su ambientación, ya que se desarrolla en el Japón rural del siglo XVII. Me cuesta establecer el origen de las ideas seminales de mis novelas. Me imagino que como le sucede a todos los autores, surgen de ese maremágnum de filias, influencias, referencias y curiosidades que nos bulle en la cabeza. En el caso de Forjada en la tormenta conecta claramente con mis obras anteriores, ya que en el corazón de todas ellas hay un misterio que sirve como motor narrativo.
AL: ¿Te puedes remontar a ese primer libro que leíste? ¿Y la primera historia que escribiste?
DBG: Probablemente el primer libro que leí por mis propios medios sería algún cómic de Astérix,Mortadelo o Tintín. Mis padres me los leían y, al parecer, a los tres años ya era habitual verme con un tebeo entre las manos.
La primera historia que escribí debió de ser alguna redacción para el colegio, que suelen ser las primeras historias estructuradas a las que todos nos enfrentamos. Seguí escribiendorelatos por mi cuenta durante toda mi etapa escolar y universitaria, pero eran cortos, no más de cinco páginas. El primer texto narrativo largo que afronté fue El guerrero a la sombra del cerezo.
AL: ¿Un escritor de cabecera? Puedes escoger más de uno y de todas las épocas.
DBG: Claro, todos tenemos varias influencias, algunas más conscientes que otras. El que sembró en mí la pasión por la narrativa fue J. R. R. Tolkien, de quien aprendí que un libro puede tener vida más allá de sus propias páginas. A nivel de prosa y estilo literario, un referente claro es Gabriel García Márquez, y en cuanto a estructura de una historia y construcción de personajes, Alan Moore y Naoki Urasawa.
AL: ¿Qué personaje de un libro te hubiera gustado conocer y crear?
DBG: Probablemente Drácula, el villano más elegante de la historia de la literatura.
AL: ¿Alguna manía o costumbre especial a la hora de escribir o leer?
DBG: Soy un escritor ordenado. Mientras escribo, me gusta tener todo lo que necesito al alcance de la mano y en su sitio. También suelo leer media hora antes de comenzar la jornada de escritura; no necesariamente una historia atractiva o relacionada con lo que estoy escribiendo, sino a un autor que destaque por tener una buena prosa. Me marca un listón de excelencia que alcanzar y me ayuda a desprenderme de manierismos.
AL: ¿Y tu sitio y momento preferido para hacerlo?
DBG: Escribir es mi trabajo, así que no es una cuestión de preferencias. A las 9 estoy sentado en mi despacho y la jornada se prolonga hasta las 15 h. En periodos de escritura especialmente intensos, normalmente cuando estoy cerca del final del manuscrito, puede que también escriba los fines de semana allí donde me pille.
AL: ¿Hay otros géneros que te gusten?
DBG: Claro. Curiosamente soy más lector de ciencia ficción que de novela histórica. Pero consumo todo tipo de historias en todo tipo de medios: novela, cómic, cine, TV, videojuegos, anime… No me cierro a ningún género; si la historia es buena, me puede cautivar la ficción histórica, la fantasía, el thriller o la romántica.
AL: ¿Qué estás leyendo ahora? ¿Y escribiendo?
DBG: Suelo leer varias cosas al mismo tiempo, y es uno de los motivos por los que soy un lector lento. Estoy leyendo Ilión, de Mario Villén, que me está pareciendo un trabajo de documentación y puesta al día de la Ilíada tremendo. La batalla de los Tengu’, de Stan Sakai, y varios libros de documentación.
En cuanto a lo que estoy escribiendo, aún no se puede decir, pero no es una novela.
AL: ¿Cómo crees que está el panorama editorial?
DBG: Contra pronóstico, la pandemia ha supuesto un punto de inflexión en cuanto a las ventas, que han comenzado a remontar. Eso no significa que nos hayamos convertido de repente en un país de lectores, ni que la industria haya cambiado su modelo. Se siguen publicando muchísimos títulos al año y el mercado está descompensado: la mayoría de títulos venden poco o poquísimo, y unos pocos venden mucho. Todo el mundo parece estar de acuerdo en que hay un exceso de lanzamientos y que no hay espacio para consolidar una midlist, pero nadie quiere ser el primero en levantar el pie del acelerador
AL: ¿Te está siendo difícil el momento de crisis que estamos viviendo o podrás quedarte con algo positivo tanto en el ámbito cultural como en el social?
DBG: La ventaja que tenemos los escritores es que, en momentos de crisis, podemos recluirnos en nuestro propio mundo, crear nuestra propia realidad, al menos durante unas horas al día. En lo personal, todo este episodio pandémico ha sido fructíferocreativamente; lo malo llegaba al separarte del procesador de texto y encender las noticias.
En Estados Unidos, se calcula que en torno al 40% de la población evita ir al médico cuando lo necesita por miedo a las facturas derivadas de la consulta. El dato es preocupante, pero existe otro precio que pagar al que se presta menos atención y no es otro que el que se deriva de compartir nuestros datos. Durante la época que viví en ese país, y una vez logré identificar que sufría depresión, me negué rotundamente a acudir a un profesional debido, entre otras cosas, a la incapacidad de saber qué haría exactamente la industria sanitaria con esa información, junto a la sospecha de que podría ser utilizada para incrementar el precio del seguro, o directamente para negármelo en algún momento. Mis suspicacias se cimentaban en un hecho irrebatible: cada vez son más las empresas que buscan recolectar el mayor número de datos posible sobre nosotros porque eso les aporta una ventaja competitiva que, a la larga, se traduce en golosos beneficios.
Más allá del conglomerado estadounidense en torno a la salud –uno de los más lucrativos–, y de las grandes tecnológicas y el oligopolio de las redes sociales, la adquisición de datos personales de todo tipo a través de la digitalización se está convirtiendo en un mandato para la supervivencia en el mundo de los negocios. El concepto acuñado para definir este fenómeno es “darwinismo digital”, una suerte de reinterpretación de las teorías del científico inglés Charles Darwin, que promulga la imperiosa adaptación del tejido corporativo a la “evolución” del tecnológico y el comportamiento de los posibles clientes.
Las marcas que no sean capaces de llevar a cabo ese proceso, dicen los expertos, morirán, y estas abarcan desde fabricantes de aspiradoras, persianas “inteligentes” y demás objetos que ya integran lo que se ha venido a llamar “el internet de las cosas”, hasta ese reloj que mide las pulsaciones y pasos, o la industria automovilística. Esta última, decía Shoshana Zuboff, autora del libro Surveillance Capitalism (capitalismo de la vigilancia) y profesora de Harvard, obtiene ya más rédito gracias a los datos que le aportan las cámaras de los coches que con la fabricación y venta de vehículos. Que hasta algunos comederos para perros lleven incorporados chips y pantallas conectados, puede argumentarse, no responde tanto al progreso de nuestra civilización como a un modelo de negocio basado en la gestión de información personal.
Así, la prensa especializada subraya a menudo las ganancias de implantar inteligencia artificial y, específicamente, mecanismos de aprendizaje automatizado (machine learning) en distintos sectores, ya que, más allá de su acumulación, los datos son utilizados para entrenar a algoritmos que modificarán a la máquina produciendo el efecto deseado: en los vehículos sin conductor, que éste identifique rutas y obstáculos en la carretera; en los seguros (de salud, del hogar), que modelen escenarios de riesgo según los cuales establecer el coste de las pólizas.
Los inversores lo tienen claro, y han logrado dilucidar algunas tendencias con potencial de crecimiento. Una de ellas sería la marcada por John Kerry, el enviado presidencial de Estados Unidos para el Clima, quien aseguró en 2021 que la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero provendría en un 50% de “tecnologías que no tenemos todavía”. El tecno-optimismo de este cargo público está siendo utilizado para justificar el desarrollo de infraestructuras cuestionables como las dedicadas a la captura de carbono, pero hay más.
El despliegue del 5G, por ejemplo, constituiría otra de las áreas de expansión digital propuestas por gobiernos y corporaciones, a pesar de las múltiples críticas. Si el científico del CSIC Antonio Turiel no ha dudado en calificarlo como “lo más parecido en el ámbito de las telecomunicaciones a la construcción de los moais de la isla de Pascua, es decir, el canto del cisne antes del colapso”, a causa del derroche energético que supone, el Alto Consejo por el Clima francés también expresó hace dos años sus dudas. Según el organismo, la instalación masiva del 5G podría provocar un aumento de las emisiones, así como daños en la salud. Por su parte, la periodista especializada en tecnología Marta Peirano ya ha afirmado en más de una ocasión que el 5G es “una necesidad creada para la explotación de datos” y, por ende, “una gran trampa para espiarnos”.
De ese espionaje, que tiende a multiplicarse conforme el entramado empresarial y financiero fortalece su dogma darwinista, se desprenden consecuencias nefastas que van desde el destrozo medioambiental perpetrado por la nube, hasta la fabricación de nuevos hábitos de consumo y la pérdida de privacidad, pasando por la manipulación de sensibilidades políticas y conductas electorales. La sobrevivencia de la industria más fuerte, tecnológicamente hablando, apunta así a una debilidad civil mientras más se afianza nuestra dependencia digital.
La entrada Darwinismo digital: a la conquista de nuestros datos se publicó primero en lamarea.com.