China, en las garras de la deflación. José Luis Cava

#China, en #deflación.

Y #EEUU, ¿está al borde de la recesión?

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La DOCTRINA MUSK en AMÉRICA LATINA | LA PIZARRA

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El injerencismo del dueño de X, uno de los multimillonarios más polémicos del mundo no es algo de siempre. Cómo comenzó a hablar de política Elon Musk, cuáles son sus países predilectos, qué motivaciones políticas, económicas e ideológicas tiene detrás. Un informe de Bahía Luna y Crismar Lujano, el análisis de Alfredo Serrano Mancilla.

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La manipulación mediática de la violencia machista: sesgo y silencio. HECD – Marina Lobo

En este episodio de ‘Hasta el Coño de’, con Marina Lobo, abordamos de manera cruda y directa la realidad de la violencia machista, exponiendo la manipulación y el sesgo que aún persiste en los titulares mediáticos. Analizamos casos recientes que revelan cómo se oculta la responsabilidad de los agresores y se perpetúa la culpabilización de las víctimas. Marina reflexiona sobre el papel de los medios de comunicación en la normalización de estas violencias, dejando claro que, en pleno 2024, aún estamos lejos de un tratamiento justo y equitativo de esta problemática.

Además, ponemos en evidencia cómo voces influyentes, con miles de seguidores, prefieren indignarse por la supuesta criminalización de los hombres antes que condenar firmemente los feminicidios y agresiones que ocurren semanalmente. Los casos recientes de titulares inaceptables y la incapacidad de los medios para hablar con claridad sobre feminicidios muestran una sociedad donde la cultura de la violación sigue vigente, con las mujeres pagando el precio más alto.

Marina y la comunidad de remolachers comparten su frustración con el racismo, el machismo y las listas de espera en el sistema de salud, todo en un tono crítico y sin concesiones.

No te pierdas este análisis descarnado de la actualidad, donde desmontamos discursos, sacamos a la luz las verdades incómodas, y ponemos el foco en lo que realmente importa: la defensa de los derechos humanos.

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Juan Ortiz

La mala costumbra

La mala costumbra

La mala costumbre es una novela contemporánea escrita por la dramaturga, poeta, directora escénica y autora española Alana S. Portero. La obra fue publicada el 3 de mayo de 2023 por el sello editorial Seix Barral, bajo la colección Biblioteca Breve. Tras su lanzamiento, el libro ha sido recibido con abrazos que demuestran cuánto se necesita de la literatura social bien escrita.

A lo largo del último año, los lectores han dejado ver su favoritismo por La mala costumbre a través de plataformas como Goodreads y Amazon, donde cuenta con una media de 4.55 y 4.5 estrellas, respectivamente. Esto no solo demuestra el éxito comercial del título de Alana S. Portero, sino una postura favorable ante las historias que se cuentan son sinceridad y hermosura.

Sinopsis de La mala costumbre

Entre la violencia y la belleza del despertar

La novela se sitúa en San Blas, uno de los barrios obreros del Madrid de los años 80 y 90, en una España que aún arrastraba las sombras de la dictadura de Franco, una sociedad con estructuras tan rígidas como normas opresivas. La protagonista —de la mano de la propia autora— narra su infancia y adolescencia marcada por la incomprensión, la confusión, y, a menudo, la violencia.

En este contexto, la escritora empieza a percibir la discrepancia entre lo que se espera de ella y lo que realmente siente en lo más profundo de su corazón. Aquí, el relato se mueve entre momentos de vulnerabilidad y epifanías personales, donde se captura la lucha interna que sufre el personaje principal en su búsqueda de su verdadera identidad.

Temáticas abordadas en la obra

Desde el dolor de vivir en un cuerpo y una realidad que no le corresponden, hasta la liberación que siente cuando comienza a vivir su auténtico yo, la novela explora temas como la transfobia, la disforia de género y la incomprensión familiar y social, todo ello en un escenario marcado por la desigualdad de clase y el machismo.

Estilo narrativo de la obra

Uno de los aspectos más arrolladores de La mala costumbre es la prosa de su autora. Su estilo es directo, descarnado y, a la vez, lírico. Alana no rehúye de describir los momentos más duros de su vida, pero lo hace con una sensibilidad poética que ilumina las sombras y humaniza el sufrimiento. La brutalidad de su experiencia se ve atenuada por una voz narrativa que sabe encontrar la belleza, incluso en las situaciones más oscuras.

Portero equilibra hábilmente la crudeza de las emociones y las situaciones vividas con la reflexión sobre el significado de la identidad, el cuerpo y la libertad. A lo largo de la novela, se siente su fuerza como activista, pero sin convertir el relato en un manifiesto. En lugar de eso, se trata de un testimonio íntimo y personal que resuena de manera universal con personas de todos los estratos.

La visibilización de la realidad trans

La mala costumbre no es solo una historia personal: es una obra que contribuye a visibilizar las realidades de las personas trans en una sociedad que aún se resiste al cambio. Portero muestra con franqueza las dificultades que enfrenta este colectivo en su día a día, desde la falta de comprensión en la infancia hasta la marginación y violencia en la vida adulta.

Al mismo tiempo, este libro se convierte en una ventana para aquellos que no han vivido estas experiencias, y una voz de aliento para quienes las han enfrentado. De igual manera, es una crítica a la hipocresía de las normas sociales, la masculinidad tóxica y el conservadurismo que han contribuido a perpetuar el sufrimiento de tantos seres humanos.

Impacto y recepción

Desde su publicación, La mala costumbre ha sido recibida con elogios por parte de la crítica y el público. La valentía de Alana S. Portero al compartir su historia, unida a la calidad literaria de su obra, ha hecho que esta novela sea considerada una de las más importantes del año en España. Su contribución no solo se limita a la literatura, sino también al activismo por los derechos LGTBIQ+, donde la autora es una figura destacada.

Alana ha conseguido generar un espacio de reflexión y diálogo sobre las experiencias trans, pero también sobre la forma en que construimos nuestras identidades en sociedades que tienden a limitarlas y condicionarlas. Al respecto, muchos críticos han hecho alusión a aquella frase que reza que los libros pueden cambiar un poquito el mundo, y este no es la excepción.

Sobre la autora

Alana S. Portero nació en 1978, en Madrid, España. Se licenció en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), donde también hizo una especialización en Historia Medieval. Asimismo, Portero es fundadora de la compañía de teatro STRIGA, la cual comenzó a dirigir tras actuar en ella. Tanto en dramaturgia como en literatura, escribe sobre cultura, feminismo y activismo LGTB.

Más allá de este medio, la autora ha prestado su voz para publicaciones como Agente Provocador, ElDiario.es, El Salto, SModa y Vogue España. También cuenta con su propio Patreon. Gracias a su labor, a lo largo de los últimos años ha recibido varios reconocimientos, entre ellos: el Premio Cálamo (2023) y el Premio Openbank de Literatura by Vanity Fair, del mismo año.

Otros libros de Alana S. Portero

  • Música silenciosa. Teatro. Ediciones Endymion (2008);
  • Poesía. Ediciones Endymion (2010);
  • Poesía. Ediciones Endymion (2011);
  • La próxima tormenta. Poesía. Ed. Origami (2014);
  • La habitación de las ahogadas. Poesía. Ed. Harpo Libros (2017).

30 mejores libros escritos por mujeres

  • Nada, de Carmen Laforet;
  • La mano izquierda de la oscuridad, de Ursula K Le Guin;
  • Enero, de Sara Gallardo;
  • Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen;
  • El corazón es un cazador solitario, de Carson McCullers;
  • El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, de Tatiana Țîbuleac;
  • Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado, de Maya Angelou;
  • Buenos días, tristeza, de Françoise Sagan;
  • Mujer en punto cero, de Nawal El Saadawi;
  • Sobre los huesos de los muertos, de Olga Tokarczuk;
  • Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan;
  • Olive Kitteridge, de Elizabeth Strout;
  • Orlando, de Virginia Woolf;
  • Cometierra, de Dolores Reyes;
  • Ariel, de Sylvia Plath;
  • El mar, el mar, de Iris Murdoch;
  • Amnesia Colectiva, de Koleka Putuma;
  • Qué fue de los Mulvaney, de Joyce Carol Oates;
  • La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexiévich;
  • Dientes blancos, de Zadie Smith;
  • El jilguero, de Donna Tartt;
  • Persépolis, de Marjane Satrapi;
  • El mejor de los mundos posibles, de Karen Lord;
  • Los recuerdos del porvenir, de Elena Garro;
  • El cuaderno dorado, de Doris Lessing;
  • Usos amorosos de la posguerra española, de Carmen Martín Gaite;
  • Lo que no es tuyo no es tuyo, de Helen Oyeyemi;
  • Todo lo que tengo lo llevo conmigo, de Herta Müller;
  • La casa de los Espíritus, de Isabel Allende;
  • Secretos a voces, de Alice Munro.

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Un siglo de El navegante: la pericia, no solo naviera, de Buster Keaton

Que El navegante pudiera llegar a realizarse, hace ahora un siglo, fue una conjunción de fortuna y de la habilidad casi infinita de Buster Keaton, en este filme actor y director junto a Donald Crisp. Tiempo antes de su rodaje, Fred Gabouri, un amigo suyo, había sido contratado para dar con antiguos navíos que ya no se encontraran en servicio y adaptarlos de manera que parecieran prácticamente buques de guerra isabelinos en la película The Sea Hawk (en su versión muda de ese mismo año 1924, a cargo de Frank Lloyd, no en el clásico del cine de piratas más conocido, que se rodó en 1940). Entretanto, el mismo Keaton había dejado de trabajar en un proyecto para el que se necesitaba el uso de un crucero; esa obra abandonada tenía argumento de Jean Havez, que quería unir a dos jóvenes ricos, hombre y mujer, que nunca hubiesen tenido un empleo, bien mimosos e inútiles, en un barco a la deriva, en concreto un buque fantasma en el que no hubiese ni luces ni vapor. Pero tampoco había, para esa historia, barco que utilizar.
En su búsqueda, Gabouri encontró, por fin, un buque abandonado que consideró perfecto para el filme varado de Keaton; se conservan sus palabras: Hace mucho tiempo te dije que te iba a conseguir un barco de verdad. Bien, te he conseguido un barco de verdad. Puedes hacer lo que quieras con él: navegar, quemarlo, hacerlo explotar, hundirlo. Efectivamente, pronto empezaron a trabajar en esa trama que, con esos datos, podríamos considerar que inspiraría El Triángulo de la Tristeza de Ruben Östlund, pero que en los treinta fue con más tino comparada con Tiempos modernos de Chaplin, realizada más de una década más tarde: existen entre ambas piezas paralelismos en su tratamiento de la relación entre el hombre y la máquina (devoradora). En todo caso, a Keaton también le interesaban los vínculos entre los jóvenes atrapados en el mar: Estábamos en plena noche, flotando en el mar, sin saber ninguno de los dos que el otro estaba a bordo. Había muchas discusiones, ¿debíamos ser desconocidos o no? Mi idea era que debíamos conocernos y tener un problema común. Desamparados juntos-o embarcados por el destino, se podría decir- el problema realmente estaría sentado en nuestro regazo. Solo entonces tendríamos un gran problema, no el pequeño problema de quién se casaba con quién, sino el de sobrevivir en un barco abandonado.
Efectivamente, los lazos entre ambos inquilinos de la embarcación acaban siendo sentimentales: antes de verse en las aguas, el personaje de Keaton, Rollo Treadway, decide casarse por capricho, y sin pensárselo demasiado, con el encarnado por Kathryn McGuire, con la vista puesta en su luna de miel. Ella lo rechaza, pero por voluntad del destino los dos acaban compartiendo sin quererlo una suerte de viaje de novios en el que, como es habitual en las películas de este autor, se propician infinitos gags en un espacio limitado; de las estrecheces que ese mismo espacio ofrece, y de los intentos infructuosos de Keaton por adaptarse a las penosas circunstancias, surgen la mayoría de esos instantes cómicos y brillantes, definidos por un manejo muy preciso del tiempo.
Esta pareja hecha de la casualidad, que surca el mar en un barco de guerra del que se espera que naufrague -ellos no lo saben-, se prepara por primera vez un desayuno con sus propias manos, en una cocina de uso casi imposible; hace café con agua de mar, lucha contra las latas de conserva, tiene que usar cubiertos descomunales que rizan más el rizo de su incompetencia y, cuando llega la noche, no les espera el descanso: se ven sobresaltados por la mirada sombría de un capitán en un cuadro; ella lo tira al mar, pero termina enganchándose en un saliente frente a la ventana de él, que sale corriendo asustado. También llega a utilizar un cangrejo como herramienta para reparar la nave cuando unos caníbales la acechan.
Mucho más que una pieza maestra del slapstick en los años en que ese género, el de las comedias de humor físico, vivía una etapa de esplendor, El navegante recaudó más de dos millones de dólares cuando su rodaje solo costó 211.000 (situémonos, repetimos, en 1924). En esa última cifra se incluían 25.000 dólares invertidos en la tripulación, la gasolina y el alquiler del barco, además de esa cara escena submarina de arreglo del aparato, con Keaton vestido de buzo, que se filmó en el lago Tahoe en una época del año en que solo se resistía en sus profundidades escasos minutos. También el cámara, sentado en una campana de buzo construida para la ocasión, tenía que ir pertrechado para el Ártico.
Buster era hábil, no solo a la hora de encontrar financiación para sus películas, también sometiéndose a tormentos varios y no menores con el fin de hacernos reír.

 

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