Diálogos por la democracia con Silvana Rabinovich y John Ackerman
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La creencia de Trump de que el bloqueo provocará una crisis de almacenamiento de petróleo en Irán es “algo exagerada”. Le quedó la vía de la asfixia económica, pero exige más tiempo.
Isaac
La provincia de Valladolid volverá a teñirse de negro y de alta costura con la nueva edición de Blacklladolid, el festival que fusiona novela negra y moda en un mismo escenario. En su sexta convocatoria, tras su quinta edición en Fuensaldaña, el certamen regresa al castillo de Fuensaldaña con una programación que se desarrollará del 16 al 20 de septiembre, reforzando su sitio en el calendario cultural español.
El encuentro se ha consolidado como una de las citas culturales más destacadas del país, gracias a un formato que mezcla diálogos literarios, diseño, música en directo y una cuidada selección de invitados. En esta ocasión, la propuesta crece con nuevos guiños al público, como la presentación en exclusiva de la próxima novela de César Pérez Gellida y un programa de actos que combina sesiones de tarde y de mañana.
La presentación oficial de esta sexta edición se ha celebrado en la sede de la Diputación de Valladolid, donde el presidente provincial, Conrado Íscar, ha ejercido de anfitrión acompañado por los escritores Dolores Redondo y César Pérez Gellida, ambos impulsores y padrinos del proyecto. Los tres han destacado la madurez que ha alcanzado Blacklladolid y la buena respuesta del público en años anteriores.
El castillo de Fuensaldaña volverá a ser el epicentro de todas las actividades entre el 16 y el 20 de septiembre, con su patio y sus espacios interiores convertidos en escenario para las conversaciones entre autores, diseñadores y periodistas. La idea es mantener el espíritu presencial del festival, sin renunciar a una retransmisión en streaming que permite seguir el programa desde cualquier punto.
Antes de que arranque oficialmente la programación, el día 15 se ha previsto un aperitivo literario muy especial: César Pérez Gellida presentará en primicia su nueva novela, titulada «La piel de una gota». Será una especie de regalo para el público vallisoletano y para los seguidores del certamen, que podrán conocer los primeros detalles de este lanzamiento antes de que llegue a las librerías.
Las entradas para esta edición se pondrán a la venta en breve a través de la página web oficial, www.blacklladolid.es, donde también se centralizará el acceso al streaming. Como en años anteriores, la organización mantiene así un modelo híbrido que facilita la asistencia tanto física como virtual.
El apartado literario vuelve a ser uno de los grandes reclamos del festival, con un cartel que reúne a nombres clave de la narrativa en España. Entre los invitados figuran Clara Sánchez, Juan Luis Arsuaga, Paloma Sánchez-Garnica, Javier Castillo, Carla Montero, Dolores Redondo, María Dueñas y Sonsoles Ónega.
La escritora Clara Sánchez, miembro de la RAE y ganadora de los premios Planeta, Nadal y Alfaguara, inaugurará las conversaciones de tarde el miércoles 16. Su participación se presenta como uno de los platos fuertes de la jornada inaugural, en la que dialogará con invitados del ámbito musical y del diseño vinculados al grupo vallisoletano Siloé.
El jueves 17 será el turno del paleoantropólogo y escritor Juan Luis Arsuaga, uno de los mayores divulgadores científicos del país y codirector del proyecto de Atapuerca. Su presencia aporta una mirada distinta dentro del género negro y del ensayo, abriendo el foco a temas científicos y de evolución humana que conectan con un público muy amplio.
El viernes 18 por la tarde llegará la sesión con Paloma Sánchez-Garnica, reconocida por sus novelas históricas y ganadora del Premio Planeta. La autora, que el año anterior no pudo asistir por motivos personales, recupera ahora su cita con el público de Blacklladolid.
La jornada del sábado 19 se dividirá en doble horario. Por la mañana, el protagonismo será para Javier Castillo, uno de los autores más leídos del thriller español contemporáneo, con varios millones de ejemplares vendidos y adaptaciones audiovisuales de sus obras. El escritor compartirá escenario con una de las diseñadoras invitadas, en un formato que combina charla y reflexión sobre procesos creativos.
Por la tarde, el relevo lo tomarán Carla Montero y Dolores Redondo, que se sentarán juntas para conversar sobre novela histórica, misterio y los puentes que se tienden entre ambos géneros. La obra de Montero, con fuerte base documental y un estilo muy evocador, dialogará con el universo de la novela negra de Redondo, referente internacional gracias a la Trilogía del Baztán.
El domingo 20, cierre del festival, contará con un trío muy esperado: Sonsoles Ónega, María Dueñas e Irene de la Cuesta. Ónega, periodista y escritora premiada, compartirá sus últimas novedades editoriales, incluida su obra galardonada con el Premio Planeta. Dueñas, por su parte, regresará a Blacklladolid como invitada muy querida y recibirá el reconocimiento del certamen a una trayectoria que cambió el panorama editorial con «El tiempo entre costuras».
Si algo distingue a esta edición es la presencia de la moda como eje creativo al mismo nivel que la literatura. El festival ha reunido a un grupo de diseñadoras, modelos y profesionales del sector que compartirán escenario con los autores para explorar cómo se construyen las identidades de los personajes a través de su vestuario.
Entre los nombres confirmados figura Amaya Arzuaga, una de las diseñadoras españolas con mayor proyección internacional, que ha presentado sus colecciones en pasarelas de ciudades como París, Nueva York o Milán y ha sido reconocida con el Premio Nacional de Moda. Su participación subraya el peso del diseño en este programa.
La diseñadora Natalia Esgueva, responsable del vestuario del grupo Siloé y creadora de piezas para figuras conocidas del cine y la televisión, también formará parte de las conversaciones. Esgueva aportará la visión de quien se mueve entre la moda, la música y el ámbito escénico, conectando directamente con la faceta más visual del festival.
En el terreno de la moda nupcial y de ceremonia estará presente Silvia Fernández, con una trayectoria de más de dos décadas desde su atelier en El Bierzo. Su trabajo combina la tradición artesanal con una sensibilidad contemporánea que la ha posicionado como referencia en su sector.
La programación incluye, además, a Rosana Largo, diseñadora y artista que fusiona moda y pintura y que ha impulsado iniciativas como «La provincia de Valladolid viste su patrimonio», reinterpretando elementos históricos de la zona en clave actual. Su enfoque encaja con la vocación del festival de poner en valor el territorio.
Completan el cartel la modelo y empresaria Estefanía Luyk, que aportará su experiencia en pasarela y comunicación de marca; y la vallisoletana Irene de la Cuesta, diseñadora especializada en moda nupcial y de ceremonia, que ha levantado su propio atelier en la Plaza Mayor de Valladolid y colabora habitualmente en eventos como la Seminci o los Premios Goya.
La estructura de Blacklladolid se basa en encuentros a dos o tres voces, en los que un autor o autora comparte escenario con uno o varios representantes del mundo de la moda. De este modo, se generan diálogos en torno a la creación de personajes, la construcción de atmósferas o la forma en que la ropa ayuda a contar historias, tanto en la narrativa como en la pasarela.
Así, durante la tarde del miércoles 16, Clara Sánchez se sentará con Fito Robles y Natalia Esgueva, uniendo literatura, música y diseño de vestuario en una misma conversación. Se abordará cómo se visten los personajes en la ficción, pero también cómo se construye la imagen de un grupo musical a través de la ropa y la estética.
El jueves 17, la combinación será entre Juan Luis Arsuaga y la diseñadora nupcial Silvia Fernández. En su caso, el diálogo girará en torno a la divulgación científica, la narrativa y la manera en que el atuendo puede ayudar a definir épocas, contextos y símbolos.
Para el viernes 18 está prevista la pareja Paloma Sánchez-Garnica y Amaya Arzuaga, que unirán novela histórica y alta costura. La cita permitirá ahondar en cómo se recrean periodos pasados, tanto en la escritura como en la moda, y en qué medida el vestuario se convierte en un elemento narrativo más.
El sábado 19 por la mañana, Javier Castillo y Rosana Largo compartirán escenario para hablar de thriller, procesos creativos y la dimensión plástica del diseño. Por la tarde, tomará el relevo un trío muy especial: Dolores Redondo y Carla Montero, acompañadas por Estefanía Luyk, en una sesión que cruzará novela negra, ficción histórica y experiencia en pasarela.
El domingo 20, Sonsoles Ónega cerrará la parte literaria con una conversación en la que hablará de su obra más reciente y de su trayectoria narrativa. A continuación, se dará paso a una sesión práctica con Irene de la Cuesta, que mostrará en directo procesos de patronaje y construcción de prendas, y se contará también con la presencia de María Dueñas, que volverá al escenario de Blacklladolid para reencontrarse con el público.
Una de las novedades de esta sexta edición es la presencia reforzada de la música. Fito Robles, vocalista de la banda vallisoletana Siloé, participará no solo en las charlas, sino también con actuaciones en directo en las que interpretará algunos de los temas más conocidos del grupo. Su intervención suma una capa sonora a la experiencia del festival.
La conexión entre el universo de Siloé y el certamen se ve reforzada por la participación de Natalia Esgueva, responsable de su vestuario escénico, que aportará la visión de cómo se construye la imagen de un proyecto musical desde el diseño de moda. Esta doble presencia permite abordar el espectáculo desde dentro, tanto desde el escenario como desde la trastienda.
En cuanto a la conducción de los actos, Blacklladolid vuelve a confiar en Raquel Martos para moderar las conversaciones literarias. Periodista, guionista y escritora, Martos se ha convertido en un rostro habitual del festival, encargándose de dinamizar los diálogos con los autores y de generar un clima cercano con el público.
Las sesiones centradas en la moda estarán en manos de María Ramos, periodista especializada que repetirá como presentadora en esta área. Su papel será el de guiar las entrevistas con diseñadoras, modelos y profesionales del sector, ayudando a explicar procesos creativos y tendencias sin perder el tono divulgativo.
Este tándem de presentadoras contribuye a dar cohesión al programa, manteniendo un estilo de conversación ágil y accesible, en el que tanto los asistentes presenciales como quienes siguen el festival en streaming pueden sentirse parte del encuentro.
Desde sus inicios, Blacklladolid ha ido creciendo hasta convertirse en un referente nacional dentro de los festivales dedicados a la novela negra, distinguiéndose además por su apuesta por el diálogo con otras disciplinas. El salto hacia la moda como eje temático ha sido uno de los factores que han dado personalidad propia al certamen.
Durante la presentación, tanto Dolores Redondo como César Pérez Gellida subrayaron que cada vez son más los autores interesados en participar y que, en palabras de la propia Redondo, «ya hay cola» para sumarse al programa. Desde la organización se interpreta este interés como un síntoma de la buena salud del proyecto.
El presidente de la Diputación, Conrado Íscar, destacó que el festival «se ha consolidado» y que es «un éxito», reforzando la idea de que Blacklladolid no es ya una iniciativa experimental, sino una cita fija en la agenda cultural de la provincia y del conjunto de España.
El certamen mantiene también su vertiente solidaria, con colaboraciones ya habituales con entidades como Aspace Valladolid y la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). Estos lazos se materializan en acciones concretas a lo largo del año, como la elaboración de calendarios solidarios y otras iniciativas de apoyo.
Gracias a la retransmisión íntegra vía streaming y a la venta de entradas en su web, Blacklladolid amplía su alcance más allá del público local, permitiendo que lectores y aficionados a la moda de toda España e incluso de otros países europeos puedan seguir las charlas y presentaciones.
Con un programa que combina grandes nombres de la literatura, figuras de referencia en la moda, música en directo y una clara vocación de apertura y compromiso social, Blacklladolid afronta su sexta edición en el castillo de Fuensaldaña como un evento ya maduro, con personalidad propia y margen para seguir creciendo dentro del panorama cultural español.
Isaac
La escritora canaria Inés Cardoso Albarracín se ha convertido en la gran protagonista de la II edición de los Premios de Literatura de Puy du Fou España al alzarse con el primer galardón gracias a su obra La traición de Tenesoya. El relato, centrado en un episodio clave de la conquista de las Islas Canarias, ha logrado imponerse en un certamen que ha reunido a más de un millar de participantes de todo el país.
Con esta distinción, el concurso literario impulsado por el parque temático Puy du Fou España, en Toledo, consolida su apuesta por la narrativa histórica y por descubrir nuevas voces capaces de acercar la Historia de España al gran público. La victoria de Cardoso supone, además, un importante espaldarazo para la creación literaria que se hace desde Canarias en el contexto nacional.

Natural de Las Palmas de Gran Canaria, Inés Cardoso Albarracín ha visto cómo su nombre se abre paso en el panorama literario gracias a un texto que combina documentación histórica y una gran carga emocional. La traición de Tenesoya se adentra en uno de los momentos más delicados de la historia del Archipiélago: el proceso de conquista y choque entre las poblaciones indígenas y el poder castellano.
El relato se articula en torno a una protagonista joven que vive dividida entre dos realidades, obligada a reconstruir su identidad mientras su mundo se transforma de forma irreversible. A partir de esa mirada íntima, la autora aborda temas como la lealtad, la pertenencia, la supervivencia y el desgarro de pertenecer a culturas enfrentadas.
El jurado ha destacado la fuerza narrativa y la complejidad emocional de la obra, subrayando su capacidad para mantener la tensión y construir un personaje cargado de matices. Sin convertir la historia en una mera lección académica, el texto logra sumergir al lector en el clima de la época y en las consecuencias personales de las grandes decisiones políticas y militares.
En paralelo al trasfondo histórico, el relato se nutre de la tradición insular ligada a la figura de Tenesoya, una princesa indígena cuya leyenda refleja el impacto de la conquista en las vidas individuales. El eco de estos episodios se convierte en materia literaria que mira al pasado, pero también interpela al lector actual sobre la identidad y la memoria.
La inspiración de Cardoso se vincula con la leyenda de la princesa Tenesoya, sobrina de Tenesor Semidán, considerado el último rey aborigen de Gran Canaria. Según la tradición, la joven fue raptada y llevada a servir en la casa de doña Inés Peraza, esposa del conquistador Diego de Herrera, en un claro ejemplo de cómo la conquista afectó de forma directa a las élites indígenas.
Tras su conversión al cristianismo, Tenesoya regresó a la isla en el marco de un intercambio de prisioneros, pero ya transformada por completo: se sentía extraña respecto a sus raíces, distante de las antiguas costumbres y marcada por su nueva fe y su experiencia de cautiverio. Esa fractura interior entre el origen y la vida impuesta es uno de los elementos que más peso tiene en el universo simbólico del relato.
El texto no se limita a recrear un episodio exótico del pasado, sino que se adentra en el proceso de transformación cultural y personal que se produce cuando dos mundos chocan de manera violenta. A través de la protagonista, la obra examina qué se pierde, qué se conserva y qué se reinventa cuando una sociedad se ve sometida a una presión histórica irreversible.
En este escenario, la autora utiliza la conquista de las Islas Canarias como espejo para reflexionar sobre identidad, pertenencia y memoria colectiva. El territorio canario, a menudo relegado en los grandes relatos históricos peninsulares, aparece aquí como un espacio central donde se ponen en juego decisiones que marcarán el futuro de generaciones enteras.
La II edición de los Premios de Literatura de Puy du Fou España ha registrado una participación de 1.363 obras procedentes de distintos puntos de la geografía española. Todas las piezas debían tener como eje común algún episodio o periodo de la Historia de España, entendido en un sentido amplio y abierto a diferentes enfoques narrativos.
El certamen, concebido como un concurso libre e independiente de alcance nacional, se ha propuesto desde su creación descubrir nuevos autores y contribuir a que la historia del país siga siendo contada y reinterpretada desde la ficción. En solo dos convocatorias, las cifras sitúan al premio como una referencia para quienes trabajan la narrativa histórica desde perspectivas diversas.
Según la organización, este incremento de manuscritos refleja un interés sostenido por la ficción histórica y un notable volumen de escritores que encuentran en este género un espacio creativo accesible. El premio, con una dotación económica relevante para el ganador, se convierte también en un incentivo para que muchos autores den el paso de presentar sus textos y someterlos al juicio de un jurado especializado.
Además del impacto en el entorno literario, la convocatoria contribuye a reforzar la imagen de Puy du Fou España como espacio cultural que va más allá del espectáculo escénico. La literatura se suma así al abanico de formatos a través de los cuales el parque trata de acercar la historia al público general.
Para gestionar el elevado número de propuestas, la organización puso en marcha un proceso de lectura jerarquizado. En una primera fase, un equipo de preselección se encargó de revisar todos los manuscritos atendiendo a criterios básicos de estructura, coherencia interna y adecuación al contexto histórico escogido.
Las obras que superaron ese primer filtro pasaron a manos de un jurado especializado, que valoró aspectos como la tensión narrativa, el desarrollo de los personajes, la calidad del lenguaje y la forma de integrar la documentación histórica en la trama sin lastrar el ritmo del relato.
En la fase final, se tuvo también en cuenta la viabilidad editorial y el potencial de lectura, descartando textos que, pese a tener buenas ideas, quedaban lastrados por tramas demasiado lineales, anacronismos o un manejo poco fluido del tiempo narrativo. En ese contexto competitivo, La traición de Tenesoya destacó por su equilibrio entre rigor documental y dinamismo.
La impresión general, según destacan desde el entorno del premio, es que el volumen de manuscritos demuestra que la escritura histórica goza de buena salud y que muchos autores trabajan con ambición literaria más allá de la mera recreación de batallas o figuras ilustres. La obra ganadora se enmarca precisamente en esa línea, al optar por un enfoque íntimo y emocional sin perder de vista el contexto amplio.
La ceremonia de entrega se celebró en las instalaciones de Puy du Fou España, en Toledo, en un acto en el que se puso el acento en la importancia de la palabra escrita como herramienta para entender el pasado. Durante el evento, la organización subrayó que la literatura permite matizar y humanizar episodios históricos que, de otro modo, podrían quedar reducidos a fechas y grandes nombres.
El jurado de esta segunda edición ha estado presidido por el escritor y periodista Antonio Pérez Henares, figura habitual en el ámbito de la narrativa histórica española. Junto a él han participado personalidades del mundo cultural y literario como Luis Zueco, Almudena de Arteaga, María Reig, Elvira Roca Barea y Javier Rioyo, entre otros.
Este grupo de expertos ha sido el encargado de examinar la calidad de los trabajos finalistas y consensuar el fallo, en un proceso que busca mantener la independencia del certamen y garantizar que el premio se concede sobre la base de criterios literarios y de rigor histórico.
En sus intervenciones, tanto miembros del jurado como representantes del parque resaltaron la necesidad de seguir apoyando iniciativas que vinculen cultura, historia y creación, especialmente en un contexto en el que los hábitos de lectura se han transformado y los lectores buscan nuevas formas de acercarse al pasado.
El primer premio obtenido por Inés Cardoso está dotado con 10.000 euros, una cantidad que sitúa al certamen en un rango atractivo para autores que se dedican a la narrativa histórica o que quieren abrirse un hueco en este campo. Junto a la dotación económica, la obra ganadora formará parte de un libro recopilatorio con los textos premiados, que se publicará más adelante.
Hasta que ese volumen llegue a las librerías, los relatos no están disponibles para su lectura pública, por lo que el interés se centra de momento en las sinopsis e indicaciones facilitadas por la organización. En el caso de La traición de Tenesoya, esa información ya ha bastado para situar el texto entre las propuestas más comentadas de esta edición.
El segundo premio, con una dotación de 3.000 euros, ha recaído en Manuel Vidal Alejandre, de Alicante, por Niños comiendo uvas y melón, un relato ambientado en el Madrid del Siglo de Oro que entrelaza arte, ambición y miseria para ofrecer una reflexión sobre la dignidad humana. El tercer premio, de 2.000 euros, ha sido para César Carballeda Moreno, de Castellón, por Una parcela muy valiosa, situado en la Hispania romana y centrado en la ciudad de Cástulo (Linares).
Completan el palmarés un cuarto y un quinto premio, ambos dotados con 1.000 euros cada uno. El cuarto ha sido para Beatriz Álvarez Díez, de Madrid, por El último capitán, que se adentra en figuras como Álvar Fáñez y en valores como la lealtad o el sacrificio en un contexto de inestabilidad política. El quinto lo firma Benedicto Martínez Hernández, de Salamanca, con La nao del fin del mundo, un texto que revisita la expedición de Magallanes y Elcano desde una óptica íntima y centrada en las emociones de sus protagonistas.
Con este reparto de galardones, el certamen muestra una amplia variedad de escenarios históricos que abarcan desde la antigüedad romana hasta la expansión marítima y los siglos áureos, pasando por episodios menos presentes en los manuales escolares, como la conquista de Canarias.
La edición de este año deja un mensaje claro: la Historia de España sigue siendo un terreno fértil para la ficción, y voces como la de Inés Cardoso, con su mirada sobre Tenesoya y el Archipiélago canario, aportan nuevas capas de complejidad a un pasado que aún guarda muchas historias por contar.
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Contó con un éxito bastante importante en vida, también internacional -su trabajo forma parte de las colecciones del MoMA-, y el Palacio de Cristal le dedicó en 1982 una muestra, planteada como retrospectiva, bien recordada, pero en sus últimos años y en los posteriores a su muerte en 2011 Aurèlia Muñoz quedó parcialmente relegada, sobre todo para las nuevas generaciones. En la difusión de su producción recientemente ha desempeñado un papel muy relevante la galería José de la Mano, que, en palabras de la hija de la artista, Silvia Ventosa, la ha vuelto a poner en el mapa y ha trabajado para que pudieran exponerse al público obras de colecciones privadas, procurando además que algunas de ellas llegaran a fondos institucionales.
Los esfuerzos han dado frutos: en 2024 el Centro Grau-Garriga presentó una selección de sus trabajos, planteando lecturas alternativas de los mismos en relación con la crisis ecológica o el resurgimiento postdigital de la artesanía, y el Museo Reina Sofía acoge ahora, antes de su paso por el MACBA barcelonés, la antología “Entes”, que han comisariado Manuel Cirauqui y Rosa Lleó, con la colaboración de Ventosa.
Coincide en fechas con el centenario de su nacimiento y ha implicado varios desafíos: la artista entendió que tanto sus procesos creativos como las obras en sí eran vías para generar conocimiento, y que también podían constituirlas sus montajes, que demandan soluciones museográficas diferentes a las piezas de los géneros al uso. Implican una dimensión creativa y han posibilitado el estudio de sus creaciones hasta el último momento.
Aurèlia Muñoz con su obra Macra I, 1969
Muñoz se consideraba escultora, pero a la luz de esta muestra podemos apreciarla como una artista total que no estableció fronteras ni jerarquías entre disciplinas, aunque estudiase todas las técnicas con respeto. Su vocación por valerse de materiales y métodos conocidos o ancestrales y crear con ellos arte contemporáneo motivó que fuese cuestionada en su época, al igual que su trabajo coral con otros artistas y creativos. También con colaboradores, sobre todo colaboradoras, como Josefina Salazar, habituales y esenciales en el manejo de sus materiales, que oscilan entre lo más ligero y lo más pesado, lo opaco y lo transparente.
Son muy dispares y ricas, y las recoge en parte el catálogo de la exposición, las lecturas desde las que puede analizarse su obra (técnicas, filosóficas, ingenieriles, medioambientales), pero en todo caso gana en potencia a todos esos enfoques el entendimiento fundamental de sus creaciones tridimensionales como piezas vivas que se transforman al ser montadas y, a su vez, modifican el espacio en torno a ellas; en expresión de Ventosa, salen de la caja como un bacalao (planas) y hay que espabilarlas. Una vez resucitadas, devienen entes, personajes, macras, tótems o pájaros-cometa; en el fondo, todas ellas, abstracciones del mundo.
La exposición, cuya articulación conjuga la ordenación cronológica y la afinidad formal y estética entre las piezas, arranca con fotografías que documentan sus procesos y sus maquetas -Muñoz colaboró con fotógrafos importantes, entre ellos Català-Roca-, para mostrar enseguida sus bordados y estampaciones primeras.
Autodidacta en inicio, la barcelonesa decidió dedicarse al arte tardíamente, más allá de su treintena, pero lo hizo con todas las consecuencias. Empezó estudiando el bordado, el popular y el histórico, y la articulación compositiva de las piezas de Miró, Magritte o Klee, e hizo confluir esas referencias en dibujos, collages, pinturas, ensamblajes y telas estampadas poderosas, sobre todo en tapices murales que, a diferencia de los tradicionales, cuentan con una dimensión escultórica y están ejecutados, a veces, con materiales bien distintos a la lana: del lino a la crin. Sus puntadas son pinceladas, pero los seres que apreciamos en estos trabajos, como los que después veremos en su serie de Entes, no tienen ni género ni especie definidos: un ejemplo evidente es su homenaje a El Bosco. Motivos similares aparecen en sus dibujos, un medio que siempre cultivó y para el que se supo muy dotada.
Aurèlia Muñoz. Homenaje a Jerónimo Bosco, 1971. Collection Provinciehuis Noord-Brabant, ‘s-Hertogenbosch. Fotografía: Fátima Sanz
El macramé llegaría a fines de los sesenta, y le permitió explorar volúmenes y modificar entornos por el camino de los nudos. Con sus esculturas anudadas abandonó la pared en favor de la suspensión, y lo hizo sin dejar a un lado la monumentalidad, fuera en sisal, yute o algodón. Entre ellas se encuentran sus Entes, esos seres colectivos y ambiguos que dan título a la muestra -Muñoz valoraba en pie de igualdad el mundo animado y el inanimado- o sus Ondulaciones, que evocan las olas del mar. El Reina Sofía nos da la ocasión de comprobar cómo todas estas piezas son fruto de una preparación minuciosa: dibujos, patrones, maquetas, a veces ideadas junto a arquitectos o ingenieros.
Aurèlia Muñoz. Entes. Museo Reina Sofía. Fotografía: Fátima Sanz
Aurèlia Muñoz. Àguila Beix, 1977. The Museum of Modern Art, New York. Committee on Architecture and Design Funds, 2018. Fotografía: Fátima Sanz
Por primera vez en una exhibición puede verse su extraordinaria Palmera y también serán inéditos para el público sus materiales de archivo, entre ellos las delicadas maquetas de los Pájaros-cometa, que se han reconstruido en el MACBA tras una investigación minuciosa en documentación original. Muñoz concedió mucha importancia a la plasmación de sus procesos.
Esa serie, desplegada en una sala en la que son protagonistas, se concibió con lona utilizada en la fabricación de barcos y para su exhibición al aire libre, aunque hoy primen razones de conservación para que no sea así. En todo caso, reemplazar sus materiales no supondría transformar sus ideas: estas piezas pueden replicarse adoptando otros velajes y medios de sujeción: hilos de lino o seda, pesas de plomo, ballenas de aluminio. Probó la catalana sus opciones de flexionar el espacio al tiempo que evocaba la común afición de realizar pajaritas en la infancia o los experimentos de Da Vinci, a quien homenajea en un dibujo.
Aurèlia Muñoz. Pájaro-cometa B1, 1981-1982. Colección de Arte Textil y Tapiz Contemporáneo, Ayuntamiento de Sant Cugat, Barcelona. Fotografía: Fátima Sanz
En su senda hacia la ligereza llegarían sus creaciones con papel hecho a mano, valiéndose de fibras de lino y algodón desintegradas en el agua. Muchas veces adoptó en ellas la forma de los libros, que le interesaron como objetos en sí mismos y como vía de transmisión de conocimiento. Al hacerlos aéreos, tuvieron algo de pájaros; otras veces trazó en ellos signos de escritura con resultados abstractos o les dotó de las huellas del sistema de registro precolombino del quipu.
Y uno de los capítulos más atractivos de la exposición se dedica al mar -Aurèlia fue una gran buceadora, además de, recordemos, amante vital de la naturaleza-. Ideó, en los ochenta y los noventa, entes marinos con ese papel fabricado a mano: imaginó que el trabajo podía abordarse como técnica del agua, dando espacio a baños, tintes y coladas. Frente al resto de su legado, los formatos de estas composiciones, a veces algas o anémonas, son reducidos -incluso pueden parecer fragmentos- y sus tonos no pueden ser más seductores.
Nuevamente son piezas vivas, tan diversas al resto en cuanto a texturas y escalas como los integrantes de cualquier ecosistema.
Aurèlia Muñoz. Jeroglífic, 1988. Colección Mariano Yera. Fotografía: Fátima Sanz
Aurèlia Muñoz. Elementos para obras en papel, 1986
“Aurèlia Muñoz. Entes”
MUSEO NACIONAL CENTRO DE ARTE REINA SOFÍA. MNCARS
c/ Santa Isabel, 52
Madrid
Del 29 de abril al 7 de septiembre de 2026
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La entrada [Crítica] «Cuerpo celeste»: La transición como pérdida de la inocencia se publicó primero en Cine y Literatura.
Verónica Gudiña
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