La comunidad que transformó el dolor en esperanza

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Tras más de una década de lucha, las familias de San Oscar Romero – ex Marina Kué – celebran el inicio de la titulación de sus tierras. un territorio de resistencia, siembra y sueños construidos con esfuerzo colectivo. La historia de una conquista que es de todas y todos.

 

*Por: Noelia Díaz Esquivel – Edición: Mónica Bareiro.

 

«Nosotros sabíamos que Marina Kué no era de los Riquelme, que no tenían los títulos de propiedad. Siempre tuvimos la esperanza de que estas tierras serían de las y los campesinos. Nunca dejamos de luchar”, dice Cristina Ozuna, la primera persona en pagar por su título de propiedad en San Oscar Romero, Curuguaty. 

 

«En su momento hubo divisiones, tuvimos miedo por nuestras vidas. Hubo tiempos en que las reuniones las sostuvimos apenas entre cuatro personas. A pesar de todo, la meta siempre fue llegar a la titulación», recuerda la dirigente y secretaria de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué.

 

Cristina Ozuna, dirigente y secretaria de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué. Fotografía: Leo De Blas.

 

Cristina, agricultora y ama de casa, pagó por el título de propiedad de un lote de 9 hectáreas ubicado en el corazón de la comunidad. Tiene 39 años y es madre de dos hijas, Yamili y Estrella. La primera, de 19 años, hace unos meses migró a la Argentina en busca de nuevos horizontes, quiere ser policía.

 

Con la venta de gallinas y cosechando mandioca y sésamo, Cristina logró, a duras penas, que estudie y se reciba de peluquera y maquilladora profesional, pero el rubro no tiene mucha salida en pueblos pequeños del interior del país. Su madre sueña con que Yamili vuelva a su lado, a su tierra.

 

«No me alegro de que se haya ido, como mamá estoy muy preocupada, pero no puedo todo sola», dice con impotencia Cristina. Está segura de que, de haber tenido un hogar y su propia tierra antes, hubiera podido generar mayores ingresos para que sus hijas accedieran a una mejor educación y a un proyecto de vida en su propio país.

 

Estrella, de 15 años, todavía no terminó la secundaria, y es uno de los motivos por los cuales no pueden asentarse definitivamente en San Oscar Romero. La escuela del asentamiento, Niños Mártires de Marina Kué, ofrece educación solo hasta la primaria. Esta realidad la obliga a trasladarse sin descanso entre los 35 km que separan a Yvypytá y el asentamiento. 

 

Ninguna de estas dificultades logró hacer que Cristina pierda la certeza de que esas tierras, algún día, pertenecerían oficialmente a las y los campesinos.

 

En el lote número 4 se asienta, rebosante de dignidad, su casa de madera, levantada con la ayuda de su padre, don Ramón Ozuna, de 79 años, y la solidaridad de sus compañeros. Está ubicada sobre el camino principal del asentamiento. La vivienda de dos dormitorios, una sala y una cocina, se erige bajo la cobija de árboles nativos y frutales. Este hogar es para ella sinónimo de victoria.

 

Cristina en su casa, ubicada en el lote número 4. Fotografía: Leo De Blas.

 

«Él siempre luchó —dice Cristina al referirse a su padre—, fue uno de los primeros en entrar, una de las 37 personas que ingresaron en 2012. Siempre luchó en Marina Kué. Hace un año tuvo que volver a Yvypytá, porque tiene problemas respiratorios y acá todavía no hay atención sanitaria, además ya está viejo».

 

Detrás de la casa, varios metros adentro del monte, está el kokue (chacra). Hasta hace poco, todo lo que cosechaban era para el autoconsumo. Sin embargo, el último año Cristina sembró mandioca, maíz y poroto. Logró cosechar y vender una hectárea de mandioca.

 

«No fue el mejor precio, pero gané ocho millones. Antes solo era para consumo porque no había camino. Ahora que ya tenemos, puede entrar el camión para transportar la producción», dice con una emoción difícil de ocultar. 

 

Concentración de la tierra

 

Según datos del Censo Agropecuario Nacional 2022 del Instituto Nacional de Estadística (INE), la estructura de la tenencia de la tierra en Paraguay continúa mostrando una marcada concentración: de las 291.497 fincas agropecuarias registradas, el 55% (160.273 fincas) cuenta con título definitivo, el 29% (84.965 fincas) posee documentos provisorios, y el 22% (64.352 fincas) se encuentra en situación de alquiler, aparcería, ocupación u otras formas de tenencia.

 

La concentración de la tierra en Paraguay es una de las más altas del mundo, con un índice de Gini (medida estadística empleada para cuantificar la distribución de la riqueza) de 0,93, lo que indica una extremada desigualdad de la propiedad.

 

Según la organización Base-IS, Horacio Cartes, empresario y expresidente de Paraguay, es considerado uno de los mayores propietarios de tierras del país. Además, durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), aproximadamente 8 millones de hectáreas destinadas a la reforma agraria fueron asignadas irregularmente a aliados del régimen. Estas tierras, conocidas como «malhabidas», siguen en manos de particulares y empresas, sin que se haya logrado una redistribución efectiva según refleja la investigación del medio paraguayo El Surti, que desarrolló una herramienta para identificar a los «Invasores VIP del Paraguay».

 

Estos datos reflejan una persistente concentración de la tierra, con una distribución desigual que afecta especialmente a pequeños productores y comunidades rurales.

 

Que hoy Cristina sea propietaria de su propio lote es un paso importante hacia la justicia social y la resolución de conflictos históricos relacionados con la tenencia de la tierra en Paraguay.

 

Victoria

 

«Me emocioné, lloré, porque es un logro muy importante. Imaginate, después de 12 años de lucha. Para mí fue una enorme alegría. Como mujer siempre luché, ni un momento abandoné, incluso cuando todos nos decían que no íbamos a ganar, cuando aseguraban que nos vendimos. Ahora llegamos a la conquista de nuestro sueño», relata Cristina.

 

El 24 de febrero de 2025, fecha en que se conmemora el Día de la Mujer Paraguaya, Cristina entregó un millón de guaraníes, la primera cuota por el título de propiedad del lote número 4. Fue la pionera en materializar la tenencia de tierra propia, además con este acto, honró la lucha de todas las mujeres que nunca dejaron de creer, que al igual que los varones, también tienen derecho a ser propietarias de su tierra y su destino. Cristina ya tiene un lugar donde planificar su presente y su futuro. 

 

Cristina recibió el título de su propiedad el 24 de febrero de 2025, fecha en que se conmemora el Día de la Mujer Paraguaya. Fotografía: Leo De Blas.

 

Así como ella, hoy ya suman 15 pobladores que realizaron la primera entrega por sus títulos de propiedad. En total, deben invertir G.  17 millones un plazo de 10 años. Para las mujeres el plazo puede extenderse hasta 15 años.

 

Cristina explica que actualmente más pobladores se están anotando para realizar la primera entrega, pero aguardan juntar cierta cantidad de pagadores para convocar nuevamente a los cobradores del Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT). Los traslados a Curuguaty u otras localidades representan un costo que por el momento no pueden asumir. Hasta ahora, han sido censadas 211 familias, pero se estima que podrían llegar a 250.

 

El presidente Santiago Peña oficializó la transferencia de las tierras de Marina Kué al Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT) el 25 de octubre de 2024. El presidente del INDERT, Francisco Ruíz Díaz, anunció que en diciembre de 2024 se iniciaría la entrega de los títulos de propiedad a los ocupantes.

Todavía queda un largo camino por recorrer, porque si bien hoy el asentamiento pertenece oficialmente a las y los campesinos, aún falta garantizar el acceso a servicios que les permitan vivir dignamente. Falta mejorar el camino de acceso, como así también un puente de madera maltrecho que se encuentra a mitad del acceso principal. De momento, se está avanzando en la electrificación, con líneas de distribución y conexiones trifásicas que están a punto de ser inauguradas.

 

Parte del camino que forma parte del acceso principal de San Oscar Romero. Fotografía: Leo De Blas.

«Obras Públicas responde muy poco, hay que insistir mucho para que vengan y se limitan a limpiar, mal que mal, las malezas que crecen a la vera del camino. Cuando el puente necesita reparación, nos encargamos nosotros los pobladores», reclama Cristina.

 

El acceso al agua también sigue siendo un problema sin resolver. La mayoría de los pobladores tiene pozos, pero no todos pueden costear un motor que permita el uso de agua corriente, a lo que se suma el déficit de energía eléctrica, que muchas veces no da abasto para mantener encendida y funcionando la bomba. Los habitantes indicaron que Itaipú Binacional se comprometió a la construcción de pozos artesianos, pero que esperan los documentos de tenencia de tierra para poder iniciar los trabajos.

 

Mientras tanto, recibir atención médica resulta todo un desafío. San Oscar Romero cuenta con un pequeño dispensario y medicamentos recibidos en donación por parte de un benefactor. Luis Olmedo —ex preso durante el injusto juicio tras la masacre de Curuguaty— aprendió sobre primeros auxilios durante su reclusión en la cárcel de Tacumbú, pero no es suficiente.

 

Escuela Niños Mártires de Marina Kué. Fotografía: Leo De Blas.

 

«Tenemos que salir hasta el Km 21 o llegar a Curuguaty ante casos graves. Sin embargo, siempre hay gente solidaria que nos ayuda, como la enfermera Gladys Vera, que tiene muy buena voluntad», cuenta Cristina.

 

Asentamiento modelo

 

San Oscar Romero es una comunidad rural ubicada en el distrito de Curuguaty, en el departamento de Amambay, al noreste del Paraguay, muy cerca de la frontera con Brasil. El territorio forma parte de una zona de transición entre el bosque atlántico y el Chaco húmedo, con una rica biodiversidad y numerosos cursos de agua, como el río Aguara’y Guazú, que cruza la región.

 

Este territorio, conocido históricamente como Marina Kue, fue escenario de una de las más graves masacres en democracia en el año 2012. Desde entonces, y tras años de lucha por la tierra, la comunidad fue rebautizada por sus pobladores como San Oscar Romero, en honor al obispo salvadoreño canonizado, símbolo de justicia social y defensa de los derechos humanos.

 

San Oscar Romero es un emblema de organización campesina, gestión territorial sostenible y lucha por la justicia agraria en Paraguay. La consecución del pago de sus lotes, más que un trámite, significó el reconocimiento legal de un derecho largamente postergado. Pero no se quedaron ahí: con el acompañamiento de diversas instancias del Estado, desarrollaron un plan de habilitación territorial que incluye la protección de áreas boscosas, la identificación de fuentes de agua y la delimitación de espacios comunitarios como huertas, viveros y zonas de asamblea.

 

La comunidad cuenta además con un plano original registrado, que contempla 270 hectáreas como reserva forestal, tal como lo establece una ley nacional específica para Marina Kue. Esta ley también promueve su integración a las fincas como parte de un modelo productivo sostenible.

 

La Ley N.º 7122/2023, promulgada el 22 de junio de 2023 por el entonces presidente Mario Abdo Benítez, representa un hito en la lucha por la tierra en Paraguay. La ley autoriza una permuta de tierras entre el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES) y el Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT).

 

En este intercambio, el MADES transfiere al INDERT un inmueble de 1.748 hectáreas, identificado como Finca Nº 30, Padrón Nº 61; a cambio, el INDERT transfiere al MADES un inmueble en Karapa’i, departamento de Amambay, identificado como Matrícula Nº N05/733, Padrón Nº 736, que fue destinado a la creación del Parque Nacional Pájaro Campana.

 

La comunidad también se embarcó en un ambicioso proyecto de rescate de semillas nativas, recuperando variedades originales traídas del departamento de Itapúa. Estas semillas se distribuyen sin costo como práctica de la economía solidaria, con la meta de conservarlas en las fincas familiares y garantizar su transmisión de generación en generación.

 

Producción fruto de la agricultura familiar campesina de San Oscar Romero. Fotografía: Leo De Blas.

 

Desde 2023, se impulsa también una huerta comunitaria basada en técnicas agroecológicas. Esta experiencia busca replicarse en otros sectores del asentamiento, ampliando su alcance y utilidad para más familias.

 

Pobladoras de San Oscar Romero, preparando el almuerzo para la celebración del día de la tierra. Fotografía: Leo De Blas.

 

Según explica Óscar Rodas, director de cambio climático de WWF-Paraguay, otro de los recursos con gran potencial es la yerba mate silvestre que crece en la zona y posee un alto valor nutricional. Rodas recomienda que «la comunidad se embarque en el desafío de crear un vivero de alta calidad genética, que podría convertir a la región en un polo de producción de semillas de yerba mate».

 

Desafíos

 

«Las mujeres organizadas fuimos las protagonistas de esta lucha por la tierra. Fuimos nosotras quienes pusimos el cuerpo por dos años en la carpa de la resistencia, acompañadas por Margarita Durán, Guillermina Kanonikoff. Hoy queremos seguir fortaleciendo la organización, aprender más y algún día llegar a tener una cooperativa. Anhelamos seguir creciendo para tener una vida digna», cuenta Martina Paredes, dirigente de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué.

 

Martina Paredes, dirigenta de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué. Fotografía: Leo De Blas.

 

La organización fue lo que siempre sostuvo a esta comunidad, por eso uno de sus principales desafíos es seguir trabajando y desarrollándose unidas y unidos.

 

Actualmente, 40 mujeres forman parte de una recién nacida asociación bautizada como Mujeres del Alba. Ya iniciaron los trámites para conseguir la personería jurídica, pero mientras tanto, ya empezaron a trabajar.

 

Cristina Ozuna compartió con sus compañeras sus conocimientos para la elaboración de productos de limpieza. A partir de ello, iniciaron la producción de suavizante para ropa, detergente y jabón casero. «Ya hicimos dos veces y nos repartimos dos litros cada una», cuenta.

 

Durante las celebraciones en torno al Día de la Tierra, la fecha más importante para la comunidad, el grupo puso a la venta 100 litros de suavizante y 50 litros de detergente para juntar fondos que les permitan financiar sus viajes hasta Asunción y proseguir con los trámites legales de la asociación. Por otro lado, comenzaron a participar en ferias de productos de la agricultura familiar, como la realizada durante la misa central de Caacupé el 8 de diciembre de 2024.

 

Parte de la producción de detergentes de las “Mujeres del Alba”. Fotografía: Leo De Blas.

 

Lo que comenzó como una lucha por la tierra hoy florece como un proyecto colectivo de vida, producción y dignidad. «La tierra nos da el sustento; su protección y conservación son nuestra lucha diaria. Estos valores los transmitimos a las y los niños como pilares de la vida campesina», añade Martina.

 

Solidaridad

 

«Piel de gallina, estoy re bien, re contento. La satisfacción más grande de un dirigente es la conquista. Y fue la unidad lo que nos llevó a la conquista: solos no íbamos a poder. Agradezco a toda la gente de buena voluntad, a las organizaciones de la sociedad civil, por su solidaridad. La unión hace la fuerza es un dicho real y por eso esta victoria también la celebramos de forma conjunta. Hoy más que nunca: ‘Vencer y vivir’, como dijo el padre Oliva», expresa Darío Acosta, dirigente de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kue.

 

Darío Acosta, dirigente de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kue. Fotografía: Leo De Blas.

 

Don Darío Acosta es otro de los grandes protagonistas de esta historia de dolor transformado en lucha. Fue uno de los que nunca se rindió, entendiendo que la alianza con diferentes sectores era indispensable para conseguir el objetivo: ser los únicos y legítimos dueños de San Óscar Romero.

 

Con esa estrategia política, hizo todo lo posible por abrir espacios de diálogo con el Estado. Pero también supo administrar la solidaridad de benefactores, respondiendo con responsabilidad y compromiso al apoyo de diferentes organizaciones de la sociedad civil.

 

El proyecto Voces para la Acción Climática Justa (VAC) acompañó con fondos para que las y los dirigentes de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué puedan movilizarse y hacer gestiones de incidencia.

 

Emma Timmerman, coordinadora de VAC desde WWF Paraguay, explica que «el apoyo consistió en fondos para la coordinación y logística de viajes de los voceros representantes de la asociación, y su participación en reuniones y mesas de diálogo interinstitucionales e intersectoriales con entidades gubernamentales como INFONA, INDERT, la Escribanía Mayor del Gobierno, la Dirección General de los Registros Públicos, y con otras organizaciones de fines sociales».

 

Don Darío admite que muchas y muchos campesinos desconocen sus derechos, y en ese sentido el acompañamiento de VAC fue crucial para brindar asesoría técnica para el avance de la regularización de las tierras. Paralelamente, recibieron apoyo para el desarrollo sostenible de sus fincas con técnicos apoyados por VAC, para poder mejorar el rendimiento de sus cultivos.

 

Vivienda familiar ubicada en San Oscar Romero. Fotografía: Leo De Blas.

 

La solidaridad de la iglesia, a través de la Pastoral Social y del Comité de Iglesias, también fue fundamental, no solo como soporte espiritual sino también con capacitaciones en oficios.

 

«En mayo, la CONFEPAR (Conferencia de Religiosos y Religiosas de Paraguay) nos va a apoyar con cursos de peluquería, confitería, corte y confección. Todo esto a través de la hermana Raquel y para el fortalecimiento de la Asociación ‘Mujeres del Alba’. Realmente nos encontramos con mucha gente solidaria, recibimos ayuda de todas partes y gracias a eso pudimos sostener esta pesada lucha, ya van a ser 13 años», culmina diciendo Cristina.

 

Hoy, donde antes hubo desaliento, brotan frutos de esperanza. Cada semilla cosechada guarda la memoria de la lucha. La tierra, al fin, responde al amor de quienes la cuidaron. 

 

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Sostener el ritual o teoría de la gravedad

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Por Romina Aquino González*

Venía de días confusos, de una adicción a las redes insoportable, de despedidas que no terminaban de terminar, hasta que me acordé que tenía que continuar con esa lectura. Esa que había empezado en un avión, con rumbo a México. Yo iba con toda la expectativa de vivir historias extraordinarias, por eso, cuando empecé con este libro, lo sentí un poco de contramano. ¿Por qué ahora me agarraba una lectura de días pasivos, calmos, sin mucho misterio, solo días comunes, corrientes y luminosos? Obviamente, con todo el subidón de aventuras que fui a vivir, dejé el libro por la mitad. 

 

Pero pasaron los meses, el viaje se asentó, volví a mis cosas diarias, empecé una nueva rutina, acepté el tránsito de mi ciudad, estaba en otra etapa de mi duelo, los días empezaron a parecerse, y las noches eran cada vez más largas, más tediosas, las bromas repetidas, los tragos con sabor a jarabe, y yo necesitaba volver a enamorarme. No de alguien, ni de algo, sino de las experiencias, de lo cotidiano, de lo mundano. 

 

Y ahí Teoría de la gravedad, de Leila Guerreiro, me trajo al centro, al detalle, a lo que sucede mientras todes estamos viendo videos en Instagram. Un encuentro callejero casual, un viaje fugaz, una charla con papá, un café hirviendo, una despedida, un concierto, unas instrucciones para (des)vivir. 

 

Para mí, este libro es una clase magistral de escritura de no ficción. Es tanta la fluidez y el paseo por lo mínimo, que al leerlo una termina con muchísimas ganas de escribir. Leyendo a Leila, por fin pude entender eso que dicen varias talleristas y escritoras: “Es mejor no usar tantos adjetivos, y adjetivar los sustantivos”. Así, en abstracto, a mi mente siempre le costó captar esa expresión, pero leyendo a Leila, lo entendí, lo disfruté y saboreé. Qué habilidad para jugar con el lenguaje y hacerte bailar con las oraciones. 

 

Teoría de la gravedad es un diario de cosas inútiles y mundanas como barrer, amasar pan o construir una relación. Porque ¿de qué sirve barrer todos los días un piso que vas a volver a ensuciar? ¿De qué sirve llegar al volumen exacto de una masa de pan si al final se te va a quemar? ¿De qué sirve construir una relación, si al final vas a pasar los días haciendo cosas para destruirla? Al final, el hacer solo sirve para una cosa: seguir viviendo. 

 

Leila no solo me dio ganas de volver a escribir solo por escribir, sino de seguir experimentando y moviéndome por este teatro público al que llamamos vida. Quizás hoy, más que nunca, nuestro vivir sea una performance constante para mostrar al resto, pero tal vez lo performático esté en otro lugar; en esos pequeños quehaceres o rituales, sencillos y sin sentido, que hacíamos como cuando éramos niñes, cuando sabíamos que nadie nos estaba mirando: jugar a ser algo que nadie te invitó, pensar algo y decir otra cosa, asistir a una ceremonia que va en contra de tus creencias, cambiar de camino cada cierto tiempo, tratar de no pisar una baldosa y caminar en una sola pierna. 

 

Hace unas semanas andaba muy obsesionada con un cover de Believe hecho por la artista Okay Kaya. Repitiendo una y otra vez las frases de esa icónica canción, pensaba en el coro ¿Crees en la vida después del amor? Creo que es muy difícil desde el duelo pensar que puede existir algo más allá. Pero en el fondo, la respuesta siempre va a ser sí. Yo no solo creo eso, sino que me pasó, y me va a volver a pasar: el amor después del amor. Eso pasó conmigo cuando terminé de leer Teoría de la gravedad, volví a descubrir el amor por lo cotidiano, por lo ínfimo, por lo que damos por hecho, pero en realidad nunca lo está. 

 

Lo que Teoría de la gravedad me ayudó a recuperar fue mi capacidad de asombro, a volver a conectar con la sorpresa, de alguna u otra manera, volver a romantizar la vida, pero ya con la conciencia de que mañana eso puede no estar, de que hay procesos que tengo que transitar sola, de que las amigas me pueden salvar, pero también tengo que salvarme a mí misma. 

 

En su libro Todo lo que se mueve, Valeria Mata dice que los viajes también se componen del tiempo en pausa. “Quizás los momentos de aventura y salida de nosotros mismos necesitan equilibrarse con un largo periodo de reposo, pues de otra forma destruiríamos la ley del ritmo. El reposo también es condición de posibilidad de movimiento”. Esos momentos de reposo, son los que, al final, nos permiten apreciar nuestro entorno, darle un marco, un valor, más aún en estos tiempos tan frenéticos y llenos de horror. 

 

Aferrarse a la belleza de lo mínimo, a la ternura de lo insignificante, es una forma de sostener la vida, de inventar razones y sentidos para habitar este mundo. Me di cuenta de que todavía me queda mucho por decir, por amar, por descubrir. Y como diría Leila: “No era un gran momento. No era un momento especial. Era tan solo un momento. En la estupenda simplicidad de la vida cotidiana. Dije ‘Yo no quiero salir. Quiero quedarme acá’. Era una verdad enorme.” 

*Romina Aquino González (@buskndosenti2) es periodista, escritora y collagista. Forma parte de Emancipa Paraguay. 


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Defender la tierra no es delito, vivir en paz es un derecho

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*Por Noelia Díaz Esquivel

 

El aire en Hugua Po’i se vuelve espeso cada vez que alguien pronuncia la palabra «desalojo». No es un miedo abstracto, es la memoria, es la alerta constante de que, en cualquier momento, un operativo fiscal vuelva a ingresar a la fuerza, con uniformados armados, con helicóptero sobrevolando sus casas, con niñas y niños llorando y cultivos pisoteados. El último desalojo fue en julio de 2022. Y aunque lograron regresar gracias a una medida cautelar, la amenaza no se fue nunca. Esta semana, volvió a tocar la puerta.

 

Familias de la comunidad Hugua Po’i fueron desalojadas a principios de julio de 2022, pero pudieron regresar a sus tierras con una medida cautelar.Foto: Diario Última Hora.

 

Hugua Po’i, comunidad Mbya Guaraní ubicada en el distrito de Raúl Arsenio Oviedo (Caaguazú), volvió a estar en la mira del despojo. El 10 de junio, el Ministerio Público tenía previsto realizar un allanamiento en el territorio. Supuestamente no se trataba de una expulsión, pero la experiencia les enseñó a desconfiar: en Paraguay, las tierras indígenas se quitan por partes, con excusas técnicas, con despliegues policiales, con resoluciones firmadas en oficinas donde nadie escucha a las comunidades.

 

Esta vez, lograron frenarlo. La presión de organizaciones sociales, defensoras de derechos humanos y comunicadores hizo lo suyo. Una comitiva se plantó frente a la Fiscalía General del Estado en la mañana del lunes 9 de junio, y exigió garantías. En una reunión improvisada, representantes del Ministerio Público se comprometieron verbalmente a suspender el operativo. Pero no hay nada oficial por escrito.

 

Fotografía: Diego Salazar.

 

Además en octubre de 2024, la decisión judicial de levantar la medida cautelar que protegía a la comunidad encendió todas las alarmas. Para la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (Codehupy), se trata de un acto arbitrario que expone a más de 50 familias a un nuevo desalojo. Y peor aún, indican que el pedido de levantamiento de la medida fue impulsado por representantes cercanos al Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados y a ex autoridades del INDERT, lo que compromete la imparcialidad del caso.

 

El crimen de cuidar la tierra

 

El fiscal Alexis Takahashi alegó que el procedimiento se daba por una supuesta denuncia ambiental. La misma narrativa repetida una y otra vez: responsabilizar a quienes cuidan la tierra, mientras los desmontes arrasan con los territorios frente a sus ojos.

 

«Nos acusan a nosotros de delitos ambientales, pero ya no quedan ni pájaros por la tala que hacen frente a nuestra comunidad», reclamó Mario Rivarola, vocero de la Articulación Nacional Indígena por una Vida Digna (ANIVID).

 

Lo cierto es que no es la primera causa penal que enfrenta Hugua Po’i. Ni la segunda. Es la tercera. Y todas comparten un patrón: criminalizar la vida en comunidad y desgastar emocionalmente a sus integrantes.

 

La comunidad cuenta con dictámenes técnicos, estudios antropológicos, medidas, pero aún así, deben defender lo obvio: que esa tierra es suya. Que es ancestral. Que no la compraron, porque la habitan desde antes de que existiera el Estado paraguayo.

 

Las empresas, el negocio y el Estado ausente

 

Desde hace años, esta comunidad reclama al Estado la titulación de unas 1.000 hectáreas que consideran suyas por derecho ancestral. Mientras tanto, empresas agroganaderas como Tres Palmas hacen presión desde los tribunales para apropiarse de esas tierras.

 

«Producimos sin destruir. Cuidamos nuestros árboles. Respetamos la tierra. Pero alrededor nuestro todo es fumigación y tala. Y nadie investiga eso», sostuvo Manuel Ramos, uno de los líderes de la comunidad.

 

Ni el Ministerio Público ni el Instituto Nacional del Indígena (INDI) han cumplido plenamente con su rol de garantizar la protección de esta comunidad. Tampoco el Poder Judicial ni la Policía Nacional. La Constitución Nacional es clara: ninguna comunidad indígena puede ser desalojada sin su consentimiento. 

 

Fotografía: Diego Salazar.

 

Lo que Hugua Po’i exige

 

La comunidad no pide privilegios. Solo quiere vivir en paz, en su territorio. Exige que se cumpla la Constitución y se respeten los tratados internacionales que garantizan el derecho a la tierra, al territorio y a una vida digna.

 

Sus pedidos puntuales son:

  • Al Ministerio Público: suspensión inmediata del procedimiento y auditoría del caso.
  • Al Poder Judicial: revisión de las medidas arbitrarias y garantía del debido proceso.
  • Al INDI: celeridad en la titulación de tierras y entrega de informes.

  • Al Ministerio del Interior y la Policía Nacional: que no usen la fuerza, y prioricen el diálogo.

Hugua Po’i no quiere más violencia. Quiere sembrar, criar, respirar, cuidar su monte y vivir con dignidad. 

 

*𝘌𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘢𝘵𝘦𝘳𝘪𝘢𝘭 𝘧𝘶𝘦 𝘱𝘳𝘰𝘥𝘶𝘤𝘪𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘮𝘢𝘳𝘤𝘰 𝘥𝘦𝘭 proyecto 𝘝𝘰𝘤𝘦𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘈𝘤𝘤𝘪ó𝘯 𝘊𝘭𝘪𝘮á𝘵𝘪𝘤𝘢 𝘑𝘶𝘴𝘵𝘢 (𝘝𝘈𝘊), 𝘪𝘮𝘱𝘭𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘗𝘢𝘳𝘢𝘨𝘶𝘢𝘺 𝘱𝘰𝘳 𝘞𝘞𝘍-𝘗𝘢𝘳𝘢𝘨𝘶𝘢𝘺 𝘺 𝘍𝘶𝘯𝘥𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘈𝘷𝘪𝘯𝘢.⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣


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EL TIEMPO DENTRO

¿QUÉ ES EL TIEMPO DENTRO?
Un proyecto artístico que acaba de presentarse en la Sala Noble del Museo Carmen Thyssen de Málaga. Se trata de una instalación específica que incita a la reflexión sobre el tiempo y su percepción a través de la imagen de un cielo en continuo cambio, su reflejo en el agua y una intervención sonora y lumínica en esa estancia.
 
¿DE QUIÉN ES OBRA?
El tiempo dentro es un proyecto del estudio Tars Lab, bajo el comisariado del colectivo LUZE y con la coordinación del Área de Educación y Acción Cultural del museo malagueño.
Tars Lab es el departamento digital de Tars Design, dirigido por Juanjo Ortiz y Jordi Blasco, que desarrolla experiencias inmersivas que combinan la sensibilidad artística y la innovación técnica.
LUZE es una plataforma que reivindica la luz, las artes visuales y la tecnología como formas legitimas de expresión artística, impulsada por el artista Elimaginario y el productor y gestor cultural Luis Díaz González.
 
¿DE QUÉ PARTES CONSTA LA PIEZA?
Consta de tres elementos básicos. Al fondo de la sala, un monitor presenta un cielo digital en constante cambio, generado algorítmicamente de manera que nunca se repita y con colores que se modifican a lo largo del día. Así, la obra recuerda que el tiempo no es lineal, sino un flujo de instantes que siempre están surgiendo y acabándose.
En segundo lugar, a los pies del monitor se sitúa un estanque de agua, que convierte el reflejo en algo orgánico, vibrante y real. Y por último, el artesonado de madera tallada se ilumina por luces led sincronizadas con los colores de la proyección, lo que convierte la Sala Noble en un espacio inmersivo en el que lo antiguo y lo contemporáneo se encuentran.
Toda la instalación queda envuelta por un paisaje sonoro que refuerza la conexión del visitante con el pulso del tiempo.
 
¿EN QUÉ FECHAS PODRÁ VERSE?
Del 11 de junio al 6 de julio de 2025.
 
 
PARA MÁS INFORMACIÓN:
https://carmenthyssenmalaga.org/

 
 
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Clásicos para festejar una década: vuelve Cibeles de cine

El verano es tiempo de cine también fuera de las salas y, en Madrid, una de las programaciones más asentadas es la de Cibeles de Cine, que este mes cumplirá una década. Viene contando con el respaldo de numerosos espectadores -el año pasado recibió 35.000- y a los próximos los espera del 26 de junio al 11 de septiembre, de nuevo en la Galería de Cristal de CentroCentro, el espacio del Área de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid.
Organizado por el propio CentroCentro y por mk2, se prolongará durante esas doce semanas y proyectará setenta títulos, diversos para atraer a públicos que también lo sean.
Podrán verse trabajos recientes y premiados (Anora, Wicked, Los pecadores, The brutalist, Emilia Pérez, La Sustancia), filmes independientes estrenados en los últimos meses (Aún estoy aquí, Por todo lo alto, Flow, Parthenope), obras aún en salas (La trama fenicia, Fórmula 1, Materialistas) y cine de culto de los setenta, ochenta y noventa, destinado a nostálgicos y jóvenes que quieran abrir miras, como Annie Hall, Dirty Dancing o Pulp Fiction.
Las películas españolas también tendrán su sitio en Cibeles de cine: pasarán por CentroCentro Sorda, La infiltrada, El 47, La habitación de al lado o Sirat, una de las ganadoras del Premio Del Jurado en el último Festival de Cannes. En algunos casos, se ofrecerán sesiones especiales para que el público pueda charlar con sus equipos.
Los domingos del verano se desarrollará, de nuevo, el ciclo TCM Nights, con más clásicos: Dos en la carretera, Desayuno con diamantes, West Side Story y títulos fundamentales de aniversario, como La quimera del oro de Charles Chaplin (que cumple un siglo), El crepúsculo de los dioses de Billy Wilder (se rodó hace setenta y cinco años), El apartamento, también de Billy Wilder (cumple sesenta y cinco), Tiburón de Steven Spielberg (en su medio siglo) o Deseando Amar de Wong Kar-Wai (se filmó hace veinticinco). Además, se homenajeará en Madrid al cineasta David Lynch, que murió a principios de año, con la proyección de Mulholland Drive. 
En cuanto a los sábados, serán los días elegidos para las propuestas familiares e infantiles: este año podrán verse Lilo & Stitch, La princesa prometida, Cómo entrenar a tu dragón, Vaiana 2 o Robot Salvaje.
Además, las sesiones Sala Glamour albergarán las proyecciones de Maria Callas, La sustancia, Anora y Dirty Dancing y contarán con un coloquio previo a cargo del equipo de esa revista.
No todo serán visionados: CentroCentro trabaja en la presentación de “Pop Icons”, una exhibición aérea de ilustraciones de retratos pop de grandes figuras del cine realizados por la artista francesa Flore Maquin, que ha trabajado con Universal Pictures, Paramount Channel, The Hollywood Reporter o el Festival de Cannes (ella ha sido la diseñadora del cartel de esta décima edición de Cibeles de cine).

La venta de entradas online ya está disponible en cibelesdecine.com para las propuestas de junio y julio. La programación correspondiente a los meses de agosto y septiembre se anunciará en los próximos días.
A tener en cuenta: las proyecciones comenzarán a las 22:00 horas, pero las puertas para esta actividad se abrirán a las 20:00 horas. Son 650 las plazas y las películas se escuchan a través de auriculares inalámbricos en VOSE, excepto los sábados que suelen ser en versión doblada.
El precio de la entrada general es de seis euros en taquilla y siete euros online. También se facilitan entradas combinadas con packs de bebidas y cena desde doce euros.

 

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Por qué Zimbabue quiere a sus Granjeros Blancos de vuelta

Zimbabue tiene una de las peores economías del mundo. Ahora, el gobierno está abordando el momento en que todo se desmoronó: cuando confiscó las tierras de los agricultores blancos y los expulsó. #historiageopolitica #economía #África
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Peter Hujar, retratista siempre

El año pasado se cumplieron nueve décadas desde el nacimiento de Peter Hujar, el fotógrafo de Trenton que pronto marchó a Manhattan y que fue retratista incluso cuando sus obras no se enmarcasen estrictamente dentro de ese género: en sus trabajos, al margen del tema, lo relevante era la captación de la chispa del encuentro entre el propio autor y su motivo o modelo. Buena parte de ellos ofrecen formato cuadrado, que le permitía suscitar serenidad y a la vez conceder gravedad al objeto de su atención, la sensación del tiempo detenido en torno a él.
Apenas reconocido en vida (falleció en 1987), publicó únicamente un libro de fotografías, Portraits in Life and Death, pero hoy lo consideramos uno de los fotógrafos más personales, y fieles a su propio lenguaje, de la segunda mitad del siglo XX. En sus retratos supo conjugar lo revelado y lo oculto, a veces la sensación de fiereza y la de calma; se dice que sus imágenes no pueden valorarse sólo por lo que dejan ver, sino también por lo que parecen mostrar.
Trató de combinar, en un principio, la vertiente más creativa y original de su trabajo, en la que se encuadrarían sus retratos de intelectuales en Nueva York, con la búsqueda de reconocimiento en el ámbito de las revistas de moda, en la senda de sus maestros Irving Penn, Lisette Model o Richard Avedon. Pero sin separar ambos caminos: nunca expuso sus fotos por separado, de forma individual o cronológica; sino que las superponía en yuxtaposiciones que pudieran sorprender o desconcertar. Para su última exposición, en enero de 1986 en la Gracie Mansion Gallery del East Village, organizó durante varios días setenta fotografías en treinta y cinco pares verticales dispuestos muy próximos entre sí, procurando que en ninguna fila hubiera dos fotos contiguas del mismo género. Sí le preocupó preservar la invisibilidad de la técnica en sus composiciones, sin dejar por ello de cuidarla.
Entre 1958 y 1963 vivió fundamentalmente en Italia, primero con Joseph Raffael y después con Paul Thek. Tras estudiar durante un año en la escuela de cinematografía de Roma, volvió a Nueva York, donde se movió en el ambiente de Susan Sontag y de la Fábrica de Andy Warhol. Una década más tarde, entre 1968 y 1972, fue cuando emprendió su citada andadura como fotógrafo de moda freelance, publicando más de una docena de reportajes en Harper’s Bazaar y GQ antes de concluir que el ajetreo del trabajo en las revistas no era su terreno.
Peter Hujar. Susan Sontag, 1975. The Morgan Library & Museum, The Peter Hujar Collection. Adquirida gracias a The Charina Endowment Fund, 2013.108:1.4 © The Peter Hujar Archive, LLC. Cortesía Pace/MacGill Gallery, Nueva York, y Fraenkel Gallery, San Francisco
Peter Hujar. Lynn Davis (Pulling Hair), 1981. The Peter Hujar Archive
En 1973 ya había abandonado sus aspiraciones profesionales para emprender una vida de creación personal (y de pobreza) en el East Village neoyorquino. Los únicos trabajos pagados que realizaba los llevaba a cabo para concentrarse en lo que realmente le motivaba: retratar a artistas que conocía, animales, el cuerpo desnudo y el Nueva York que le era cotidiano, aunque no se encontrara en su mejor momento.
En 1976 publicó el citado Portraits in Life and Death, en el que combinó estudios íntimos de su círculo de personajes del downtown (pintores, actores, coreógrafos y escritores como Susan Sontag y William S. Burroughs) con retratos de momias que había hecho trece años antes, durante una visita con Thek a las catacumbas de Palermo.
Su atención por la muerte se acentuó en los ochenta, coincidiendo con el crecimiento del sida. En los últimos años que vivió, fue amante Hujar de David Wojnarowicz, del que también sería mentor, y no cejó en su rol autoasumido de cronista de la cultura creativa de la que era partícipe.
Peter Hujar. Candy Darling on Her Deathbed, 1973. Colección de Richard y Ronay Menschel © The Peter Hujar Archive, LLC. Cortesía Pace/MacGill Gallery, Nueva York, y Fraenkel Gallery, San Francisco
Su modelo más habitual en esos años fue el actor drag Ethyl Eichelberger, que era su vecino y su amigo y a quien consideraba “el actor más grande de América”. Además, junto a Wojnarowicz se desplazaba a las zonas deprimidas de los alrededores de Nueva York para capturar ruinas industriales en Queens, los barrios de Newark, una Nueva Jersey marcada por los disturbios de finales de los años sesenta y los muelles abandonados del río Hudson en la parte baja de Manhattan.
Hujar murió en la ciudad que amó el Día de Acción de Gracias de 1987, casi un año después de ser diagnosticado de sida. Nunca fue un activista, pero conoció de cerca los disturbios de Stonewall, estuvo presente en las primeras reuniones del llamado Frente de Liberación Gay y para ellos creó un póster, en 1970.
Frente a los autores que preferían el dinamismo y la sorpresa que podía facilitarles la fotografía callejera, él siempre eligió la quietud y la calma de su estudio o de espacios interiores, el trabajo meditado y silencioso. Así podía captar las esencias del tema abordado, el reflejo de la relación vulnerable entre el fotógrafo y su modelo, que había de mostrarse sin inhibiciones ante la cámara. Por esa razón le resultaba más sencillo trabajar con personas de su confianza, amigos y amantes. Alguna parte de sus personalidades se nos hace casi transparente.
Peter Hujar. David Wojnarowicz Smoking, 1981. The Peter Hujar Archive
Peter Hujar. Sin título (Rostro en la tierra), 1991
 
 
BIBLIOGRAFÍA
Peter Hujar. A la velocidad de la vida. Fundación Mapfre, 2017
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