El enemigo era un beso homosexual

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En el IV Encuentro Regional de Foro Madrid, el presidente Santiago Peña volvió apelar al “enemigo interno”. Un acercamiento al alcance pero también las fronteras de esta retórica en los discursos de la extrema derecha global.

 

* Por Juliana Quintana

 

Asunción fue lugar del IV Encuentro Regional de Foro Madrid impulsado por el líder del partido de ultraderecha Vox y el principal referente de las políticas antimigratorias de España, Santiago Abascal. La figurita repetida de la defensa de la “vida, familia y libertad” frente a la “amenaza del marxismo cultural” y “sus diversas máscaras”. Durante el 12 y 13 de junio, más de 45 oradores de 17 países de América Latina, Europa y Estados Unidos pasaron por el escenario del Banco Central del Paraguay. 

 

Quizás muchos hayan visto recortes de los momentos más resaltantes en redes, como cuando el presidente Santiago Peña dijo que Paraguay luchó no solamente contra “adversarios externos”, sino también contra los “bárbaros” que “dentro de nuestras murallas  tanto daño nos causaron como sociedad”. O cuando la senadora Lizarella Valiente dijo que “la homosexualidad se puso de moda” gracias a la música y los medios de comunicación. Y acusó a las organizaciones internacionales de estar detrás de una agenda para destruir la familia. 

 

Nada de esto fue accidental. Fueron ideas cuidadosamente articuladas en un guión que repite fórmulas conocidas de la extrema derecha global. Como bien explicó el abogado Jorge Rolón Luna, el discurso del cartismo se aggiorna al modelo reaccionario global al reforzar su compromiso con el autoritarismo pero cae en la trampa de su propio discurso antiglobalista. Por mencionar un ejemplo, el principal motivo de persecución de organizaciones no gubernamentales el año pasado fue el financiamiento externo por la posibilidad de traer consigo ideas que pongan en peligro los valores del “último bastión moral” contra agendas foráneas. 

 

El foro fue, en realidad, una oportunidad para reforzar una estrategia cada vez más familiar: la del enemigo interno. Un discurso que no necesita pruebas. Enunciados como los de Peña o Valiente comparten algo más que un marco ideológico. La idea de Dios, patria y familia como trincheras culturales sirve para consolidar poder simbólico y político. Y para eso, se necesita de un otro al que se pueda acusar. 

 

Ese otro que debe ser combatido ya no es (solamente) el comunismo, ni la “ideología de género”, ahora puede ser una persona trans, una familia migrante, una organización feminista, una artista disidente, un medio independiente. No importa. Porque lo importante es cargar en ellos la responsabilidad de nuestros problemas estructurales. 

 

La moral como espectáculo

 

La figura del enemigo interno no es nueva. Fue utilizada por las dictaduras del Cono Sur para justificar la represión, y hoy es reciclada por la ultraderecha con otros nombres. Peña lo definió clarísimo, casi como si nos estuviera dando una clase del enemigo interno. Para ellos, existe una lucha moral entre el bien y el mal, entre la belleza y la fealdad, entre la familia y sus detractores. Pero una nueva palabra tomó forma en el discurso de Peña: los wokes, que encontramos más frecuentemente en boca de Javier Milei o Donald Trump. 

 

Como explican en este artículo de Presentes, el término woke, que en inglés significa “despierto”, surgió en las comunidades negras de Estados Unidos como una expresión para describir la conciencia frente a las injusticias sociales, especialmente el racismo. Comenzó a utilizarse en las décadas de 1930 y 1940 en círculos activistas y culturales afroamericanos, pero se popularizó en los años 60 durante el movimiento por los derechos civiles como una forma de mantenerse alerta ante la opresión.

 

A partir de 2010, el término fue recuperado por el movimiento Black Lives Matter, y el hashtag #StayWoke amplió su sentido: aludía al racismo sistémico pero también a otras formas de desigualdad como el sexismo, la LGBTIodio, la xenofobia y la violencia estatal. En ese contexto, ser woke o estar despierto implicaba un compromiso activo con la justicia social y los derechos humanos.

 

Sin embargo, en la última década, la ultraderecha global comenzó a usar el significante de forma peyorativa, para desacreditar cualquier discurso progresista o disidente, con la intención de vaciar el término de su carga original de lucha y resistencia. Esta estrategia ya fue utilizada por el cartismo durante las elecciones generales de 2023 y quedó demostrado en el libro Ruido, de La Precisa, que estudió el uso arbitrario del término “discurso de odio” durante la campaña del oficialismo. 

 

Mediante la exacerbación del odio, potenciado por la lógica binaria de las redes sociales y el resurgimiento de lo “políticamente incorrecto”, el movimiento antiwoke se opone a todo lo que desafíe estructuras históricas de poder y desigualdad, como el género. Por eso, cuando un presidente dice que el progresismo es un enemigo, o una senadora acusa a la industria cultural de promover la homosexualidad, están sentando las bases simbólicas para continuar discriminando. 

 

Ya lo hemos visto con la censura de proyectos artísticos disidentes, como el de Tentáculos del Poder, de la artista Ruth Flores; persecución a referentes y desaparición de centros culturales anticartistas, como La Chispa; prohibición de materiales con enfoque de género en la educación desde la Resolución Riera; denuncias contra organizaciones de derechos humanos, como con la promulgación de la Ley garrote; la falta de oportunidades para personas LGBTTIQ+, y la lista continúa. 

 

El imperio broligarca y la emergencia de la womanosphere

 

La idea de que los ultraconservadores son la “verdadera minoría oprimida” me da un poco de gracia y sencillamente colisiona con la realidad. La táctica se suma a otras como relativizar consensos históricos y capitalizar el odio a las mujeres y diversidades, demonizar la participación política y básicamente antagonizar todo lo que involucre formar comunidad. Esto ocurre, desde ya, con el apoyo de una élite masculina o broligarquía -una estructura mediática, política y empresarial que está al frente de monopolios tecnológicos-.

 

El capitalismo neoliberal necesita cuerpos explotables para seguir funcionando. Entre los más vulnerables están los pibes que pasaron sus años clave de socialización en el encierro de la pandemia. Se trata de jóvenes precarizados que se sienten profundamente solos y encuentran refugio en las apuestas, Reddit, 4chan y otros foros misóginos de Internet. Así crece la manósfera, un ecosistema masculino dominado por discursos machistas, coaches de masculinidad, y un culto a la jerarquía y la virilidad tradicional.

 

Simultáneamente, millones de mujeres buscan contención en redes como TikTok, Instagram y YouTube que bombardean un universo de contenido hiperdirigido: “tradwives” o esposas tradicionales, influencers que promueven una feminidad conservadora que incluye maternidad full time, cocina, obediencia y “valores familiares”. A este fenómeno lo llaman “womanosphere”. Aunque en Paraguay no necesitamos un neologismo para hablar de mujeres antifeministas que defienden un único modelo de familia.

 

El rayo homosexualizador como relato

 

La senadora Lizarella Valiente dijo: “Los medios de comunicación forman parte de una gran estrategia. El mundo de la moda, la música, todo eso va involucrándose en el consciente colectivo (¿habrá querido decir inconsciente colectivo?) de nuestros niños, jóvenes y es así que vemos que la homosexualidad se puso de moda”. Lo que parece sugerir la senadora -si logramos, junto con ella, alguna vez interpretar lo que dice- es que cree en modelos de comunicación del siglo XX.

 

Me refiero a la teoría de la aguja hipodérmica (por cierto, refutada hace 85 años) que surgió post Primera Guerra Mundial, y sostiene que los medios masivos de comunicación inyectan sus discursos directamente en la mente del público, generando una reacción inmediata y uniforme, como si todos recibieran la información de la misma manera y sin cuestionarla. Esta idea se desarrolló en un momento en que la mass media despegaba y se empezaba a notar el poder de la propaganda política y la publicidad. 

 

Pero estudios posteriores, como los de Lazarsfeld y Hovland (y luego otras decenas de científicos sociales), demostraron que la recepción de los mensajes mediáticos es mucho más compleja, mediada por factores sociales, psicológicos y contextuales y, por tanto, las personas no reaccionan igual ante un mismo mensaje, sino que interpretan, filtran, aceptan o rechazan según sus experiencias, creencias y entorno social. 

 

Mientras que en una primera etapa, se consideraba que los efectos de los medios de comunicación masiva eran todopoderosos, inmediatos y planificados (finales siglo XIX hasta la década del 1940), en una segunda etapa, se sostuvo que los impactos eran limitados y moderados, de corto plazo y de refuerzo, más que de cambio de conducta o actitud (entre los años 50 y los 70). La tercera etapa –y, para muchos, la última- se basó en el efecto a largo plazo sobre la conducta social y la manera en que afecta a los individuos en su percepción de la realidad y la forma que interactúan con ella (a partir de la década de los 70). 

 

En otras palabras, no porque veamos una película de acción vamos a salir a matar a media humanidad con un brazo de cyborg, ni porque reconozcamos la existencia de categorías analíticas científicamente demostradas, como el género en la educación, vamos a acabar con una superproducción de infancias homosexuales. Cuánta impunidad tiene esta gente para desinformar. De verdad todavía nos quieren hacer creer que uno se vuelve gay por contagio u ósmosis. 

 

Por supuesto que también sé que ni Lizarella ni el resto de su bancada cree una palabra de lo que dice, pero estas teorías conspirativas disfrazadas de convicciones tienen poder porque se ejercen desde el poder y además cuentan con el apoyo de operadores políticos y medios aliados que legitiman prejuicios y violencias, habilitan climas de opinión donde el odio pasa a ser una “expresión de la libertad” y definen cuáles son los temas importan en la agenda.

 

En El orden del discurso, la clase que dictó en el Collège de France el filósofo e historiador Michel Foucault en 1970, habló de los discursos hegemónicos que sobrevivieron en la historia a través del ejercicio del poder. Según explicó, hay discursos que influyen tanto en la vida de los individuos que son capaces incidir sobre su libertad -como el discurso de la ley- y sobre su salud mental -como el de la medicina o la psiquiatría-. Pero ambos están supeditados a un poder más amplio que es el discurso de la razón y de la modernidad, del cual se desprenden los sucesos históricos. 

 

Foucault fue abiertamente homosexual y estudió, por ejemplo, cómo el poder utilizó las prácticas sexuales consideradas perversas para controlar a comunidades históricamente marginalizadas. Él va a decir que el poder define qué discursos se imponen sobre otros, y es por esto que la subjetividad está configurada por los procesos históricos. Las minorías a las que se refiere -los presos, los enfermos, las disidencias sexuales, los migrantes, los jóvenes y las mujeres- fueron despojadas de la historia. 

 

Está clarísimo que en la síntesis “Dios, patria y familia”, los militantes provida lograron acumular un enorme capital social, pero si estudiamos teorías de la comunicación no basta con exponernos a este eslogan para sumarnos a la ola antiderechos. El efecto es más lento, pero profundo y, en este caso, peligroso porque va, gradualmente, formando lo que el psicólogo social Serge Moscovici denominaba “representaciones sociales”. 

 

Para las feministas, el desafío es doble: comprender los engranajes simbólicos de la ultraderecha y construir relatos alternativos donde la igualdad y la justicia social sean más que consignas. En el mes del orgullo bisexual, marika, torta, travesti, trans, no binarie, cuir, intersex, y a días de uno de los feminicidios más mediatizados del último tiempo, siento que necesitamos disputar sentido. 

 

No hay receta. Pero ahora, más que nunca, creo que no podemos esperar que los discursos discriminatorios se diluyan solos. Si algo nos enseña la historia reciente es que los discursos de odio, cuando no se enfrentan, terminan anquilosándose en el poder y convirtiéndose en política de Estado. 


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EXTRAMURS

¿QUÉ ES EXTRAMURS?
Un proyecto artístico iniciado por el Museu Tàpies que concibe la ciudad como un espacio susceptible de ser intervenido y mediado. Desde una perspectiva multidisciplinar, se basa en tres ejes conceptuales: el diálogo interinstitucional, el diálogo con el espacio público y el diálogo con el medio ambiente.
 
¿QUIÉN LO ORGANIZA?
El Museu Tàpies cuenta para su puesta en marcha con la colaboración estable de EINA. Centro Universitario de Diseño y Arte de Barcelona y del Festival Grec.
 
¿QUÉ OBJETIVOS TIENE?
Repensar el papel de las instituciones culturales desde una perspectiva abierta, mediante intervenciones y actividades que responden a las necesidades actuales de los espectadores y fomentan nuevas narrativas comunitarias en el espacio urbano.
Inspirándose en las premisas del conocimiento situado, se quiere impulsar la reflexión sobre cómo nos relacionamos con el entorno y cómo podemos habitarlo de una manera más consciente e integradora. Al considerar los muros del espacio público como portadores potenciales de voces ciudadanas, donde se materializan algunos discursos de implicaciones colectivas y se resignifican las experiencias compartidas, se conecta además con el pensamiento de Tàpies en torno a la pared como soporte creativo.
 
 
¿EN QUÉ FECHAS SE CELEBRA?
Anualmente desde 2024, coincidiendo con el Festival Grec.
 
¿EN QUÉ CONSISTIÓ SU PRIMERA PROPUESTA?
A cargo de Serge Attukwei Clottey, se llamó Más allá de la piel y pudo verse en el Museu Tàpies durante el verano y el otoño de 2024. Proponía reflexiones sobre la migración, la sostenibilidad y la identidad a través de las prácticas de ese artista ghanés.
 
¿Y EN QUÉ CONSISTIRÁ LA SEGUNDA?
Este 2025, el proyecto de Extramurs será Transitar La Quema, de Elena del Rivero, y Mateo Feijóo será su comisario.
Parte de una acción inicial, La Quema, desarrollada en un pueblo gallego de la comarca de Baixa Límia, en el marco de las acciones impulsadas por A Casa do Pozo. Este proceso fue documentado a través de imágenes y grabaciones sonoras: algunas obras de esta autora fueron quemadas en octubre de 2024, después de haber sido expuestas en casas y espacios del pueblo. La acción exploraba temáticas como la destrucción simbólica, la purificación y la renovación, elementos que se articularán en relación con los enclaves urbanos y arquitectónicos que serán intervenidos en Barcelona.
Las instalaciones concebidas por Del Rivero como parte del proyecto Extramurs (que constarán de fotografías, collages, objetos y un rótulo luminoso) se expondrán en la fachada y el interior del Museu Tàpies, el Centre d’Art La Capella, la Basílica de Santa Maria del Pi, los jardines del Teatre Grec, la Galería Senda y Loop Barcelona.
 
¿QUÉ ACTIVIDADES ACOMPAÑARÁN ESTA PROPUESTA?
El programa público de Transitar La Quema incluirá el concierto de campanas El espacio liberado de Llorenç Barber, con la colaboración de estudiantes de la ESMUC y del Conservatorio Municipal de Música de Barcelona. Este concierto tendrá lugar el 8 de julio a las 19:30 horas en el marco del Festival Grec, como acto inaugural.
Además, durante el Festival Loop se proyectará un ciclo audiovisual del que formarán parte la película O carro e o home (1940) de Antonio Román y Xaquín Lorenzo, y un documental de nueva creación sobre La Quema, dirigido por Improfilms, coproductores del audiovisual junto a A Casa do Pozo y The Paracle. La presentación del documental contará con la antropóloga Cristiana Bastos.
 
¿EN QUÉ FECHAS PUEDE VERSE?
Del 8 de julio al 23 de noviembre de 2025.
 
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La comunidad que transformó el dolor en esperanza

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Tras más de una década de lucha, las familias de San Oscar Romero – ex Marina Kué – celebran el inicio de la titulación de sus tierras. un territorio de resistencia, siembra y sueños construidos con esfuerzo colectivo. La historia de una conquista que es de todas y todos.

 

*Por: Noelia Díaz Esquivel – Edición: Mónica Bareiro.

 

«Nosotros sabíamos que Marina Kué no era de los Riquelme, que no tenían los títulos de propiedad. Siempre tuvimos la esperanza de que estas tierras serían de las y los campesinos. Nunca dejamos de luchar”, dice Cristina Ozuna, la primera persona en pagar por su título de propiedad en San Oscar Romero, Curuguaty. 

 

«En su momento hubo divisiones, tuvimos miedo por nuestras vidas. Hubo tiempos en que las reuniones las sostuvimos apenas entre cuatro personas. A pesar de todo, la meta siempre fue llegar a la titulación», recuerda la dirigente y secretaria de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué.

 

Cristina Ozuna, dirigente y secretaria de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué. Fotografía: Leo De Blas.

 

Cristina, agricultora y ama de casa, pagó por el título de propiedad de un lote de 9 hectáreas ubicado en el corazón de la comunidad. Tiene 39 años y es madre de dos hijas, Yamili y Estrella. La primera, de 19 años, hace unos meses migró a la Argentina en busca de nuevos horizontes, quiere ser policía.

 

Con la venta de gallinas y cosechando mandioca y sésamo, Cristina logró, a duras penas, que estudie y se reciba de peluquera y maquilladora profesional, pero el rubro no tiene mucha salida en pueblos pequeños del interior del país. Su madre sueña con que Yamili vuelva a su lado, a su tierra.

 

«No me alegro de que se haya ido, como mamá estoy muy preocupada, pero no puedo todo sola», dice con impotencia Cristina. Está segura de que, de haber tenido un hogar y su propia tierra antes, hubiera podido generar mayores ingresos para que sus hijas accedieran a una mejor educación y a un proyecto de vida en su propio país.

 

Estrella, de 15 años, todavía no terminó la secundaria, y es uno de los motivos por los cuales no pueden asentarse definitivamente en San Oscar Romero. La escuela del asentamiento, Niños Mártires de Marina Kué, ofrece educación solo hasta la primaria. Esta realidad la obliga a trasladarse sin descanso entre los 35 km que separan a Yvypytá y el asentamiento. 

 

Ninguna de estas dificultades logró hacer que Cristina pierda la certeza de que esas tierras, algún día, pertenecerían oficialmente a las y los campesinos.

 

En el lote número 4 se asienta, rebosante de dignidad, su casa de madera, levantada con la ayuda de su padre, don Ramón Ozuna, de 79 años, y la solidaridad de sus compañeros. Está ubicada sobre el camino principal del asentamiento. La vivienda de dos dormitorios, una sala y una cocina, se erige bajo la cobija de árboles nativos y frutales. Este hogar es para ella sinónimo de victoria.

 

Cristina en su casa, ubicada en el lote número 4. Fotografía: Leo De Blas.

 

«Él siempre luchó —dice Cristina al referirse a su padre—, fue uno de los primeros en entrar, una de las 37 personas que ingresaron en 2012. Siempre luchó en Marina Kué. Hace un año tuvo que volver a Yvypytá, porque tiene problemas respiratorios y acá todavía no hay atención sanitaria, además ya está viejo».

 

Detrás de la casa, varios metros adentro del monte, está el kokue (chacra). Hasta hace poco, todo lo que cosechaban era para el autoconsumo. Sin embargo, el último año Cristina sembró mandioca, maíz y poroto. Logró cosechar y vender una hectárea de mandioca.

 

«No fue el mejor precio, pero gané ocho millones. Antes solo era para consumo porque no había camino. Ahora que ya tenemos, puede entrar el camión para transportar la producción», dice con una emoción difícil de ocultar. 

 

Concentración de la tierra

 

Según datos del Censo Agropecuario Nacional 2022 del Instituto Nacional de Estadística (INE), la estructura de la tenencia de la tierra en Paraguay continúa mostrando una marcada concentración: de las 291.497 fincas agropecuarias registradas, el 55% (160.273 fincas) cuenta con título definitivo, el 29% (84.965 fincas) posee documentos provisorios, y el 22% (64.352 fincas) se encuentra en situación de alquiler, aparcería, ocupación u otras formas de tenencia.

 

La concentración de la tierra en Paraguay es una de las más altas del mundo, con un índice de Gini (medida estadística empleada para cuantificar la distribución de la riqueza) de 0,93, lo que indica una extremada desigualdad de la propiedad.

 

Según la organización Base-IS, Horacio Cartes, empresario y expresidente de Paraguay, es considerado uno de los mayores propietarios de tierras del país. Además, durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), aproximadamente 8 millones de hectáreas destinadas a la reforma agraria fueron asignadas irregularmente a aliados del régimen. Estas tierras, conocidas como «malhabidas», siguen en manos de particulares y empresas, sin que se haya logrado una redistribución efectiva según refleja la investigación del medio paraguayo El Surti, que desarrolló una herramienta para identificar a los «Invasores VIP del Paraguay».

 

Estos datos reflejan una persistente concentración de la tierra, con una distribución desigual que afecta especialmente a pequeños productores y comunidades rurales.

 

Que hoy Cristina sea propietaria de su propio lote es un paso importante hacia la justicia social y la resolución de conflictos históricos relacionados con la tenencia de la tierra en Paraguay.

 

Victoria

 

«Me emocioné, lloré, porque es un logro muy importante. Imaginate, después de 12 años de lucha. Para mí fue una enorme alegría. Como mujer siempre luché, ni un momento abandoné, incluso cuando todos nos decían que no íbamos a ganar, cuando aseguraban que nos vendimos. Ahora llegamos a la conquista de nuestro sueño», relata Cristina.

 

El 24 de febrero de 2025, fecha en que se conmemora el Día de la Mujer Paraguaya, Cristina entregó un millón de guaraníes, la primera cuota por el título de propiedad del lote número 4. Fue la pionera en materializar la tenencia de tierra propia, además con este acto, honró la lucha de todas las mujeres que nunca dejaron de creer, que al igual que los varones, también tienen derecho a ser propietarias de su tierra y su destino. Cristina ya tiene un lugar donde planificar su presente y su futuro. 

 

Cristina recibió el título de su propiedad el 24 de febrero de 2025, fecha en que se conmemora el Día de la Mujer Paraguaya. Fotografía: Leo De Blas.

 

Así como ella, hoy ya suman 15 pobladores que realizaron la primera entrega por sus títulos de propiedad. En total, deben invertir G.  17 millones un plazo de 10 años. Para las mujeres el plazo puede extenderse hasta 15 años.

 

Cristina explica que actualmente más pobladores se están anotando para realizar la primera entrega, pero aguardan juntar cierta cantidad de pagadores para convocar nuevamente a los cobradores del Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT). Los traslados a Curuguaty u otras localidades representan un costo que por el momento no pueden asumir. Hasta ahora, han sido censadas 211 familias, pero se estima que podrían llegar a 250.

 

El presidente Santiago Peña oficializó la transferencia de las tierras de Marina Kué al Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT) el 25 de octubre de 2024. El presidente del INDERT, Francisco Ruíz Díaz, anunció que en diciembre de 2024 se iniciaría la entrega de los títulos de propiedad a los ocupantes.

Todavía queda un largo camino por recorrer, porque si bien hoy el asentamiento pertenece oficialmente a las y los campesinos, aún falta garantizar el acceso a servicios que les permitan vivir dignamente. Falta mejorar el camino de acceso, como así también un puente de madera maltrecho que se encuentra a mitad del acceso principal. De momento, se está avanzando en la electrificación, con líneas de distribución y conexiones trifásicas que están a punto de ser inauguradas.

 

Parte del camino que forma parte del acceso principal de San Oscar Romero. Fotografía: Leo De Blas.

«Obras Públicas responde muy poco, hay que insistir mucho para que vengan y se limitan a limpiar, mal que mal, las malezas que crecen a la vera del camino. Cuando el puente necesita reparación, nos encargamos nosotros los pobladores», reclama Cristina.

 

El acceso al agua también sigue siendo un problema sin resolver. La mayoría de los pobladores tiene pozos, pero no todos pueden costear un motor que permita el uso de agua corriente, a lo que se suma el déficit de energía eléctrica, que muchas veces no da abasto para mantener encendida y funcionando la bomba. Los habitantes indicaron que Itaipú Binacional se comprometió a la construcción de pozos artesianos, pero que esperan los documentos de tenencia de tierra para poder iniciar los trabajos.

 

Mientras tanto, recibir atención médica resulta todo un desafío. San Oscar Romero cuenta con un pequeño dispensario y medicamentos recibidos en donación por parte de un benefactor. Luis Olmedo —ex preso durante el injusto juicio tras la masacre de Curuguaty— aprendió sobre primeros auxilios durante su reclusión en la cárcel de Tacumbú, pero no es suficiente.

 

Escuela Niños Mártires de Marina Kué. Fotografía: Leo De Blas.

 

«Tenemos que salir hasta el Km 21 o llegar a Curuguaty ante casos graves. Sin embargo, siempre hay gente solidaria que nos ayuda, como la enfermera Gladys Vera, que tiene muy buena voluntad», cuenta Cristina.

 

Asentamiento modelo

 

San Oscar Romero es una comunidad rural ubicada en el distrito de Curuguaty, en el departamento de Amambay, al noreste del Paraguay, muy cerca de la frontera con Brasil. El territorio forma parte de una zona de transición entre el bosque atlántico y el Chaco húmedo, con una rica biodiversidad y numerosos cursos de agua, como el río Aguara’y Guazú, que cruza la región.

 

Este territorio, conocido históricamente como Marina Kue, fue escenario de una de las más graves masacres en democracia en el año 2012. Desde entonces, y tras años de lucha por la tierra, la comunidad fue rebautizada por sus pobladores como San Oscar Romero, en honor al obispo salvadoreño canonizado, símbolo de justicia social y defensa de los derechos humanos.

 

San Oscar Romero es un emblema de organización campesina, gestión territorial sostenible y lucha por la justicia agraria en Paraguay. La consecución del pago de sus lotes, más que un trámite, significó el reconocimiento legal de un derecho largamente postergado. Pero no se quedaron ahí: con el acompañamiento de diversas instancias del Estado, desarrollaron un plan de habilitación territorial que incluye la protección de áreas boscosas, la identificación de fuentes de agua y la delimitación de espacios comunitarios como huertas, viveros y zonas de asamblea.

 

La comunidad cuenta además con un plano original registrado, que contempla 270 hectáreas como reserva forestal, tal como lo establece una ley nacional específica para Marina Kue. Esta ley también promueve su integración a las fincas como parte de un modelo productivo sostenible.

 

La Ley N.º 7122/2023, promulgada el 22 de junio de 2023 por el entonces presidente Mario Abdo Benítez, representa un hito en la lucha por la tierra en Paraguay. La ley autoriza una permuta de tierras entre el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES) y el Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT).

 

En este intercambio, el MADES transfiere al INDERT un inmueble de 1.748 hectáreas, identificado como Finca Nº 30, Padrón Nº 61; a cambio, el INDERT transfiere al MADES un inmueble en Karapa’i, departamento de Amambay, identificado como Matrícula Nº N05/733, Padrón Nº 736, que fue destinado a la creación del Parque Nacional Pájaro Campana.

 

La comunidad también se embarcó en un ambicioso proyecto de rescate de semillas nativas, recuperando variedades originales traídas del departamento de Itapúa. Estas semillas se distribuyen sin costo como práctica de la economía solidaria, con la meta de conservarlas en las fincas familiares y garantizar su transmisión de generación en generación.

 

Producción fruto de la agricultura familiar campesina de San Oscar Romero. Fotografía: Leo De Blas.

 

Desde 2023, se impulsa también una huerta comunitaria basada en técnicas agroecológicas. Esta experiencia busca replicarse en otros sectores del asentamiento, ampliando su alcance y utilidad para más familias.

 

Pobladoras de San Oscar Romero, preparando el almuerzo para la celebración del día de la tierra. Fotografía: Leo De Blas.

 

Según explica Óscar Rodas, director de cambio climático de WWF-Paraguay, otro de los recursos con gran potencial es la yerba mate silvestre que crece en la zona y posee un alto valor nutricional. Rodas recomienda que «la comunidad se embarque en el desafío de crear un vivero de alta calidad genética, que podría convertir a la región en un polo de producción de semillas de yerba mate».

 

Desafíos

 

«Las mujeres organizadas fuimos las protagonistas de esta lucha por la tierra. Fuimos nosotras quienes pusimos el cuerpo por dos años en la carpa de la resistencia, acompañadas por Margarita Durán, Guillermina Kanonikoff. Hoy queremos seguir fortaleciendo la organización, aprender más y algún día llegar a tener una cooperativa. Anhelamos seguir creciendo para tener una vida digna», cuenta Martina Paredes, dirigente de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué.

 

Martina Paredes, dirigenta de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué. Fotografía: Leo De Blas.

 

La organización fue lo que siempre sostuvo a esta comunidad, por eso uno de sus principales desafíos es seguir trabajando y desarrollándose unidas y unidos.

 

Actualmente, 40 mujeres forman parte de una recién nacida asociación bautizada como Mujeres del Alba. Ya iniciaron los trámites para conseguir la personería jurídica, pero mientras tanto, ya empezaron a trabajar.

 

Cristina Ozuna compartió con sus compañeras sus conocimientos para la elaboración de productos de limpieza. A partir de ello, iniciaron la producción de suavizante para ropa, detergente y jabón casero. «Ya hicimos dos veces y nos repartimos dos litros cada una», cuenta.

 

Durante las celebraciones en torno al Día de la Tierra, la fecha más importante para la comunidad, el grupo puso a la venta 100 litros de suavizante y 50 litros de detergente para juntar fondos que les permitan financiar sus viajes hasta Asunción y proseguir con los trámites legales de la asociación. Por otro lado, comenzaron a participar en ferias de productos de la agricultura familiar, como la realizada durante la misa central de Caacupé el 8 de diciembre de 2024.

 

Parte de la producción de detergentes de las “Mujeres del Alba”. Fotografía: Leo De Blas.

 

Lo que comenzó como una lucha por la tierra hoy florece como un proyecto colectivo de vida, producción y dignidad. «La tierra nos da el sustento; su protección y conservación son nuestra lucha diaria. Estos valores los transmitimos a las y los niños como pilares de la vida campesina», añade Martina.

 

Solidaridad

 

«Piel de gallina, estoy re bien, re contento. La satisfacción más grande de un dirigente es la conquista. Y fue la unidad lo que nos llevó a la conquista: solos no íbamos a poder. Agradezco a toda la gente de buena voluntad, a las organizaciones de la sociedad civil, por su solidaridad. La unión hace la fuerza es un dicho real y por eso esta victoria también la celebramos de forma conjunta. Hoy más que nunca: ‘Vencer y vivir’, como dijo el padre Oliva», expresa Darío Acosta, dirigente de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kue.

 

Darío Acosta, dirigente de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kue. Fotografía: Leo De Blas.

 

Don Darío Acosta es otro de los grandes protagonistas de esta historia de dolor transformado en lucha. Fue uno de los que nunca se rindió, entendiendo que la alianza con diferentes sectores era indispensable para conseguir el objetivo: ser los únicos y legítimos dueños de San Óscar Romero.

 

Con esa estrategia política, hizo todo lo posible por abrir espacios de diálogo con el Estado. Pero también supo administrar la solidaridad de benefactores, respondiendo con responsabilidad y compromiso al apoyo de diferentes organizaciones de la sociedad civil.

 

El proyecto Voces para la Acción Climática Justa (VAC) acompañó con fondos para que las y los dirigentes de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué puedan movilizarse y hacer gestiones de incidencia.

 

Emma Timmerman, coordinadora de VAC desde WWF Paraguay, explica que «el apoyo consistió en fondos para la coordinación y logística de viajes de los voceros representantes de la asociación, y su participación en reuniones y mesas de diálogo interinstitucionales e intersectoriales con entidades gubernamentales como INFONA, INDERT, la Escribanía Mayor del Gobierno, la Dirección General de los Registros Públicos, y con otras organizaciones de fines sociales».

 

Don Darío admite que muchas y muchos campesinos desconocen sus derechos, y en ese sentido el acompañamiento de VAC fue crucial para brindar asesoría técnica para el avance de la regularización de las tierras. Paralelamente, recibieron apoyo para el desarrollo sostenible de sus fincas con técnicos apoyados por VAC, para poder mejorar el rendimiento de sus cultivos.

 

Vivienda familiar ubicada en San Oscar Romero. Fotografía: Leo De Blas.

 

La solidaridad de la iglesia, a través de la Pastoral Social y del Comité de Iglesias, también fue fundamental, no solo como soporte espiritual sino también con capacitaciones en oficios.

 

«En mayo, la CONFEPAR (Conferencia de Religiosos y Religiosas de Paraguay) nos va a apoyar con cursos de peluquería, confitería, corte y confección. Todo esto a través de la hermana Raquel y para el fortalecimiento de la Asociación ‘Mujeres del Alba’. Realmente nos encontramos con mucha gente solidaria, recibimos ayuda de todas partes y gracias a eso pudimos sostener esta pesada lucha, ya van a ser 13 años», culmina diciendo Cristina.

 

Hoy, donde antes hubo desaliento, brotan frutos de esperanza. Cada semilla cosechada guarda la memoria de la lucha. La tierra, al fin, responde al amor de quienes la cuidaron. 

 

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*𝘌𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘢𝘵𝘦𝘳𝘪𝘢𝘭 𝘧𝘶𝘦 𝘱𝘳𝘰𝘥𝘶𝘤𝘪𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘮𝘢𝘳𝘤𝘰 𝘥𝘦𝘭 proyecto 𝘝𝘰𝘤𝘦𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘈𝘤𝘤𝘪ó𝘯 𝘊𝘭𝘪𝘮á𝘵𝘪𝘤𝘢 𝘑𝘶𝘴𝘵𝘢 (𝘝𝘈𝘊), 𝘪𝘮𝘱𝘭𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘗𝘢𝘳𝘢𝘨𝘶𝘢𝘺 𝘱𝘰𝘳 𝘞𝘞𝘍-𝘗𝘢𝘳𝘢𝘨𝘶𝘢𝘺 𝘺 𝘍𝘶𝘯𝘥𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘈𝘷𝘪𝘯𝘢.⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣


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