El fenómeno de los Backrooms: del terror viral en internet al éxito cinematográfico de A24
Isaac
Lo que empezó como un simple hilo en un foro de internet se ha terminado convirtiendo en una de las sensaciones cinematográficas más potentes del año en España y el resto de Europa. El universo de los Backrooms, esa pesadilla de pasillos amarillos y luces parpadeantes que nos ponía los pelos de punta en las pantallas de nuestros ordenadores, ha dado el salto definitivo a las salas de cine de la mano de A24, la productora que ya nos dejó locos con títulos como Midsommar. Detrás de las cámaras encontramos a Kane Parsons, un director de apenas 20 años que ha pasado de ser un creador de contenido en YouTube a convertirse en la nueva gran promesa de Hollywood.
La acogida por parte del público español ha sido masiva, demostrando que el terror que nace de las entrañas de la red tiene una fuerza imparable. La película no solo se limita a repetir lo que ya vimos en los vídeos virales, sino que expande una mitología que tiene su origen en el folclore digital o creepypasta de hace unos años. Lo que muchos consideraban una moda pasajera de internet ha demostrado tener la suficiente chicha para aguantar un largometraje de más de cien minutos, manteniendo al espectador pegado a la butaca con una atmósfera asfixiante que no da tregua.
El origen de una pesadilla colectiva en la red

Para entender por qué medio mundo está obsesionado con estas habitaciones vacías, hay que remontarse a 2019, cuando un usuario anónimo de 4chan colgó una foto de una oficina de aspecto bastante rancio. La imagen mostraba un laberinto de paredes amarillentas con un olor a moqueta húmeda que casi se podía oler a través del monitor. Ese post fue la chispa que encendió la imaginación de miles de personas, quienes empezaron a añadir detalles sobre niveles infinitos, criaturas que te acechan en el silencio y la posibilidad de salir de nuestra realidad por error.
Parsons, que por aquel entonces era solo un chaval de 16 años con mucho talento para el diseño 3D, supo captar esa esencia mejor que nadie. Utilizando herramientas como Blender, creó una serie de cortos en formato found footage que acumularon millones de reproducciones en tiempo récord. Su visión era tan potente que no tardó en llamar la atención de pesos pesados de la industria como James Wan, quien ha ejercido de productor en esta adaptación cinematográfica para asegurar que la esencia del material original no se perdiera por el camino.
Aunque la foto original se rastreó recientemente hasta una antigua tienda de muebles en Wisconsin, el mito ya había cobrado vida propia. En la película, esta idea se lleva al extremo, presentándonos un entorno que resulta familiar pero profundamente inquietante, algo que los expertos denominan espacios liminales. Son lugares de tránsito donde no debería haber nadie y que, precisamente por ese vacío, generan una sensación de peligro inminente que te hace mirar por encima del hombro constantemente.
Una trama que mezcla la psicología con lo sobrenatural

La historia que nos plantea el film nos sitúa en la década de los 90, una elección estética que le sienta de maravilla al tono de la cinta. El protagonista es Clark, interpretado por el nominado al Oscar Chiwetel Ejiofor, un vendedor de muebles que atraviesa una crisis personal y profesional. Su vida da un vuelco cuando descubre un portal oculto en el sótano de su propio negocio, una brecha que lo absorbe hacia una dimensión que parece no tener fin ni salida lógica.
Clark no está solo en esta aventura, ya que su terapeuta, a quien da vida la actriz Renate Reinsve, acaba involucrada en la búsqueda cuando su paciente desaparece sin dejar rastro. La película juega muy bien con la idea de que los espacios vacíos reflejan nuestros propios traumas internos, haciendo que el terror no sea solo físico, sino también psicológico. El reparto se completa con nombres como Finn Bennett y Lukita Maxwell, quienes aportan frescura a una narrativa que alterna entre el cine convencional y esos fragmentos de grabaciones caseras que tanto gustan a los fans del género.
El guion, firmado por Will Soodik, consigue darle una vuelta de tuerca a la premisa original de internet. No se trata solo de correr por pasillos, sino de intentar mapear un lugar que desafía todas las leyes de la física conocidas. La película explora la soledad extrema y esa paranoia de sentir que, aunque no veas a nadie, hay algo ahí fuera que te escucha respirar. Es una propuesta que se aleja de los sustos fáciles para centrarse en una tensión constante que te deja el cuerpo un poco del revés.
El éxito de la Generación Z en el cine comercial

El estreno ha sido un auténtico bombazo en taquilla, recaudando cifras que han dejado con la boca abierta a los analistas de la industria. Solo en su primer fin de semana, la cinta logró superar los 100 millones de dólares a nivel mundial, una burrada para una producción independiente con un presupuesto ajustado de unos 10 millones. Este éxito confirma que los creadores que vienen de plataformas como YouTube tienen una conexión directa con el público joven que las grandes productoras tradicionales a veces no terminan de pillar.
Durante la promoción, surgió una pequeña polémica en redes sobre si Parsons era realmente quien llevaba la voz cantante en el set debido a su juventud. Se llegó a rumorear la presencia de un director fantasma, pero el propio Kane zanjó el asunto con bastante guasa en sus redes sociales. Lo cierto es que su estilo visual es inconfundible y se nota que ha tenido libertad total para trasladar su visión desde la pantalla del ordenador a la pantalla gigante, manteniendo esa atmósfera de baja fidelidad que tanto mola.
Este movimiento no es un caso aislado, ya que otros youtubers como Markiplier también están probando suerte en la dirección con proyectos como Iron Lung. Parece que estamos ante un cambio de paradigma en el cine de terror, donde las historias ya no solo vienen de libros o guiones originales, sino de la creatividad colectiva de internet. Parsons ya ha dejado caer que esto es solo el principio y que tiene planes para seguir explorando este universo, ya sea con secuelas o incluso con una serie de televisión si la cosa sigue funcionando así de bien.
La película consigue trasladar de forma magistral esa sensación de agobio que sentíamos al ver los primeros vídeos de Kane Pixels, demostrando que el terror digital tiene un lugar privilegiado en la industria actual. Con una factura técnica impecable y una historia que sabe tocar la fibra sensible del aislamiento moderno, esta propuesta se posiciona como un referente para futuros proyectos que quieran adaptar mitos nacidos en foros. Al final, lo que queda es la inquietante certeza de que, tal vez, nuestra realidad sea mucho más frágil de lo que pensamos y que cualquier esquina mal iluminada podría ser la puerta de entrada a un mundo del que es imposible escapar.







