La AAL presentó el libro de Jaime Correas sobre Roberto Juarroz

Presidencia

La Academia Argentina de Letras realizó, el jueves 7 de mayo, a las 18, la presentación del libro Roberto Juarroz: la palabra necesaria, del académico correspondiente con residencia en Mendoza Jaime Correas, publicado y distribuido por la editorial Libros de Piedra Infinita.

Los oradores del acto, celebrado en el Salón Leopoldo Lugones de nuestra sede (Sánchez de Bustamante 2663, Ciudad de Buenos Aires), fueron el presidente de la Academia, Rafael Felipe Oteriño; los académicos de número Antonio Requeni y Santiago Sylvester; el autor, y el escritor y periodista colombiano Héctor Abad Faciolince.

En el marco de la presentación, se conmemoró también el centenario del nacimiento del poeta, bibliotecario, crítico y ensayista Roberto Juarroz (25 de octubre de 1925 – 31 de marzo de 1995), autor de Poesía vertical y académico de la AAL desde 1984 hasta su muerte. Por su iniciativa, en nuestra Institución se creó en 1995 el Premio Academia Argentina de Letras que se entrega anualmente.

Roberto Juarroz

Crónica del encuentro, por Jaime Correas
El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, después de aclarar que no era experto en la obra de Juarroz, centró su relato en su vínculo de amistad con el autor de la obra presentada y destacó la minuciosidad de sus investigaciones.
Agradeció a la Academia Argentina de Letras la amabilidad de la recepción que le habían brindado las autoridades antes del acto en la Presidencia. Con admiración, remarcó la belleza del edificio y sobre todo de la Biblioteca Jorge Luis Borges, autor por el que confesó tener una admiración ilimitada.

Destacó la obsesión de Correas por encontrar detalles que han quedado ocultos para buscar sentidos profundos. Relató que había encontrado en este nuevo libro esa actitud, como le sucedió hace casi veinte años en la pesquisa que los unió a partir de la publicación de su obra El olvido que seremos. En esa búsqueda, investigaron en conjunto el origen de un soneto de Borges copiado en un papel que llevaba en el bolsillo de la camisa su padre, el médico Héctor Abad Gómez, el día que fue asesinado por paramilitares en una calle de Medellín.

Abad Faciolince habló de una hermandad a la distancia que se mantiene intacta, surgida entre ellos a partir de la búsqueda de la autoría del poema. Contó también que en esos días en Buenos Aires había encontrado por azar en la librería Alberto Casares parte de la biblioteca que perteneció a Roberto Juarroz. Relató que compró un libro de Antonio Porchia y mostró una curiosidad: uno de los pequeños libritos de poemas, debidos a un grupo de alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo al que pertenecía Correas. Es de la misma serie editorial que el de los cinco sonetos inéditos de Borges donde figuraba el que llegó a su padre. El ejemplar, publicado bajo el sello Ediciones Anónimos y dedicado a Juarroz por Correas, emergió mágicamente en ese conjunto rescatado.

Dijo también que su amigo lo ha invitado a conocer a dos creadores argentinos: Roberto Juarroz y Antonio Di Benedetto, sobre todo su novela Zama. Entre risas comentó que «la batalla de Juarroz ya la ha ganado» y leyó para cerrar sus palabras un poema de la Poesía vertical:

Pienso que en este momento
tal vez nadie en el universo piensa en mí,
que sólo yo me pienso,
y si ahora muriese,
nadie, ni yo, me pensaría.
Y aquí empieza el abismo,
como cuando me duermo.
Soy mi propio sostén y me lo quito.
Contribuyo a tapizar de ausencia todo.
Tal vez sea por esto
que pensar en un hombre
se parece a salvarlo.
Jaime Correas cerró el acto agradeciendo a los presentadores por su generosidad en los comentarios y planteó cómo la poesía establece vasos comunicantes que, entre otras cosas, anudan lazos entrañables de amistad. Fue así que hizo un recorrido enumerando diversos momentos en los cuales la intensidad creada a través de esos contactos interpersonales produjeron hechos notables.

Empezó en la propia amistad que se generó con el poeta Roberto Juarroz, que llevó, a través de la lectura de su obra, al texto central del libro. A su vez, dijo que ese escrito, que es su tesis de Licenciatura en la carrera de Lengua y Literatura de la Facultad de Filosofía y Letras de Universidad Nacional de Cuyo tal como fuera escrita en 1987, fue posible gracias a que su director fue Adolfo Ruiz Díaz.
Explicó Correas que era un profesor que, no sólo permitió, sino que también alentó algunas características poco usuales del trabajo. Entre ellas destacó que no arriba a una conclusión, sino a una «inconclusión», lo cual rompe ciertas tradiciones académicas universitarias y la acerca a la poesía.

Destacó que esa relación de profesor y alumno derivó también en una relación amistosa que se proyectó fuera de la Facultad, algo que también sucedió con Emilia de Zuleta, otra de las profesoras del autor. Marcó que a esos profesores y al propio Roberto Juarroz está dedicado el libro por esa razón: la proyección de lo literario y académico en la vida misma a través de la amistad y la pasión poética. Ese nexo también tiende un puente a los integrantes de la mesa, aclaró el autor.

Por un lado su amistad con Héctor Abad Faciolince es la que había llevado al escritor colombiano a participar del acto y ella era la que posibilitó el contacto para que el volumen tenga en su tapa una foto del fotógrafo argentino Daniel Mordzinsky, célebre internacionalmente por sus imágenes de escritores. En esa vía también estableció el lazo de amistad que lo une con el resto de los presentadores a través de las actividades de la Academia Argentina de Letras. En ese sentido recordó que fue testigo presencial del discurso de ingreso de Roberto Juarroz a la corporación en noviembre de 1986, todavía recordado por su extensión e intensidad, al punto de que luego el texto fue publicado como libro en España.

Completó el autor esas relaciones amistosas que generan ecos con el relato de que fue Emilia de Zuleta quien lo introdujo, a través de su amistad con la viuda del poeta, al archivo de Jorge Enrique Ramponi, donde encontró una valiosa carta dirigida a Juarroz que fue incorporada al volumen. Y que la atenta amistad del historiador Luis Alberto Romero le acercó una carta de Juarroz dirigida desde París a su padre, el también historiador José Luis Romero, donde además incluye un poema inédito, todo incorporado a la obra.

Finalmente, atribuyó a la generosidad del propio Juarroz que también haya contado con otros cuatro poemas inéditos que él mismo le envió para una frustrada edición de su tesis.

Correas terminó su intervención leyendo un poema propio dedicado a Roberto Juarroz, que formó parte de aquella tesis juvenil:

Hay una voz que nos habla
del otro lado de las cosas
es una voz que nos salva
aunque no sepamos de qué.
Hay una voz que piensa y siente
en una misma pirueta del espíritu
es una voz apoyada en el silencio
como la piedra en el vacío.
Hay una voz
y hay muertes
que nos acercan más a la muerte
y hay vidas
que nos acercan más a la vida.

Sobre el libro, que cuenta con prólogo de Rafael Felipe Oteriño
Los Andes — Roberto Juarroz: la palabra necesaria, de Jaime Correas, tuvo la forma inicial de un seminario de licenciatura dirigido por Adolfo Ruiz Díaz en la Facultad de Filosofía y Letras (UNCuyo), a fines de los 80. Ya por entonces, Correas pensó en convertirlo en un libro y por ello el mismísimo autor de Poesía vertical le proporcionó poemas inéditos para acompañar ese futuro volumen. Pero el proyecto nunca fue posible, hasta ahora, cuando Correas lo trabajó junto a Fernando G. Toledo y Hernán Schillagi (editores de Libros de Piedra Infinita). Allí el libro tomó un nuevo cariz, que se completó con la sumatoria de una clarificadora introducción del autor, un prólogo de Rafael Felipe Oteriño [académico de número y actual presidente de la AAL] y el agregado de otro poema inédito —en su momento enviado a José Luis Romero— y de una carta-ensayo de Jorge Enrique Ramponi sobre Juarroz. Además, el fotógrafo Daniel Mordzinski autorizó el uso de su retrato para esta edición.

El libro se constituye, por todo este cúmulo de razones, en un acontecimiento editorial de interés mundial, habida cuenta de la relevancia de Juarroz para la poesía contemporánea.

Correas es también autor, entre otros libros, de la novela Los falsificadores de Borges (2011) y del ensayo Cortázar en Mendoza (2014). Fue director periodístico de Diario Uno y director General de Escuelas de 2015 a 2019. Actualmente es miembro de la Academia Argentina de Letras […].

Leer el artículo de Los Andes, donde el diario mendocino comparte el primer capítulo de Roberto Juarroz: la palabra necesaria (que lleva por subtítulo: Creación y realidad en la Poesía vertical).

La Oficina de Comunicación y Publicaciones de la Academia Argentina de Letras no vende este título. Consulte en la editorial Libros de Piedra Infinita.

Jaime Correas

Entrevistas a Jaime Correas

Diario Uno: «Con un libro, Jaime Correas rescata del olvido a Roberto Juarroz, el poeta “del otro lado de las cosas”»
Memo: «Roberto Juarroz: la palabra necesaria: el nuevo libro de Jaime Correas que recorre la vida del poeta»
VIDEO: La entrevista en Radio Post 92.1

Fuente: BID, Número 179, 2026.


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Encabezada por Anxo Lorenzo, Director Xeral de Cultura, nos visitó una delegación de la Xunta de Galicia

Presidencia

El académico de número Eduardo Álvarez Tuñón y el presidente de la AAL Rafael Felipe Oteriño con el director Xeral de Cultura de la Xunta de Galicia don Anxo Lorenzo, en ocasión de la visita realizada a la Academia el pasado jueves 7 de mayo, con motivo de su participación en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.



La delegación de escritores gallegos durante su visita.



Rafael Felipe Oteriño y Anxo Lorenzo,

con el libro recientemente publicado La identidad lingüística argentina,
del académico honorario y expresidente de la Academia Pedro Luis Barcia.

Fuente: BID, Número 179, 2026.


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El Premio Planeta celebra sus 75 años con una gala histórica en Madrid

Isaac

Gala conmemorativa del Premio Planeta

La ciudad de Madrid se ha convertido en el epicentro de las letras en español para dar el pistoletazo de salida a las celebraciones por las siete décadas y media de vida de uno de los galardones más emblemáticos del panorama editorial. La Galería de Cristal del Palacio de Cibeles fue el escenario elegido para reunir a lo más granado de la cultura y la sociedad civil en una velada que no solo miró al pasado con nostalgia, sino que también sirvió para sacar músculo sobre el excelente estado de salud del que goza la literatura actual.

El encuentro ha supuesto un hito para el grupo editorial, siendo la primera ocasión en la que se organiza un despliegue de tal magnitud para conmemorar su aniversario. Entre los asistentes, se pudo ver a figuras de primer nivel político como el ministro Ernest Urtasun, la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso o el líder de la oposición Alberto Núñez Feijóo, quienes compartieron espacio con rostros muy conocidos de la pequeña pantalla y, por supuesto, con los verdaderos protagonistas de la noche: los escritores.

Escritores y autoridades en el 75 aniversario

El Palacio de Cibeles se viste de gala para los autores

La alfombra azul desplegada para la ocasión vio desfilar a más de un centenar de plumas vinculadas a la historia del certamen. Desde autores consagrados que ya forman parte del imaginario colectivo hasta las nuevas voces que han refrescado el palmarés en los últimos años, el ambiente era de auténtica celebración familiar. No faltaron nombres como Eduardo Mendoza, Carmen Posadas o Dolores Redondo, quienes charlaron animadamente sobre cómo ganar este premio les cambió la vida por completo y les abrió las puertas a un público masivo que, de otra forma, habría sido difícil de alcanzar.

Durante la ceremonia, presidida por José Creuheras, se hizo especial hincapié en el papel fundamental que juegan los finalistas. A menudo a la sombra del ganador, estos escritores han sido piezas clave para cimentar el prestigio del galardón a lo largo de los años. Por ello, se les dedicó un tributo especial, reconociendo que sus obras también han contribuido de manera decisiva a la diversidad de géneros, desde la novela histórica hasta las obras finalistas del Premio Planeta más disruptivas.

Ambiente de la gala literaria

Muchos de los presentes recordaron anécdotas de ediciones pasadas, como la sorpresa que supuso en su momento el triunfo de autoras muy jóvenes o la repercusión mediática que alcanzan los títulos ganadores nada más salir de la imprenta. La presencia de periodistas y presentadores de televisión como Sonsoles Ónega o Juan del Val, ambos premiados en convocatorias recientes, subrayó la capacidad de este certamen para conectar con la actualidad y atraer el interés de un espectro social muy amplio en toda España.

Una trayectoria marcada por las cifras y el fomento de la lectura

Desde que José Manuel Lara Hernández fundara el premio a principios de los años cincuenta con una dotación que hoy nos parecería anecdótica, el crecimiento ha sido exponencial. Según los datos facilitados durante el evento, las novelas galardonadas han alcanzado la friolera de 47 millones de copias vendidas, lo que supone una presencia constante en las estanterías de los hogares españoles. Estas cifras no son solo números, sino que reflejan un compromiso real con la difusión del libro en un mundo cada vez más digitalizado.

Detalle del evento del Premio Planeta

El presidente del grupo tuvo palabras de recuerdo para sus antecesores, destacando que el objetivo fundacional de ayudar a los escritores y promover la lectura sigue más vigente que nunca. Resulta curioso pensar que aquellas primeras 40.000 pesetas del año 52 se han transformado hoy en un millón de euros, situando al galardón en la cima de los premios literarios mejor dotados económicamente a nivel mundial, incluso por delante del Nobel en términos puramente monetarios.

Este éxito sostenido se debe, en gran parte, a la fidelidad de una audiencia que cada 15 de octubre espera con ganas conocer el nuevo título que pasará a formar parte de su biblioteca. El acto también sirvió para homenajear a los miembros del jurado que han pasado por el certamen, figuras de la talla de José Manuel Blecua, recientemente fallecido, cuyo legado intelectual ha sido fundamental para mantener el listón de calidad que se le exige a una obra de estas características.

Intervención de José Creuheras

El futuro del galardón y su próxima parada

Aunque la fiesta en Madrid ha sido el plato fuerte para arrancar las celebraciones, la agenda de actividades no se detiene aquí. En los próximos meses se llevarán a cabo diversos actos por toda la geografía nacional, aunque el punto culminante llegará, como marca la tradición, a mediados de otoño. La gran gala final en Barcelona pondrá el cierre a este año de festejos, donde se desvelará el nombre de la obra ganadora y la finalista de la nueva edición, que promete estar a la altura de tan señalada efeméride.

La expectación es máxima, ya que se espera que el nivel de los manuscritos recibidos sea excepcionalmente alto debido al carácter simbólico de esta convocatoria. Los responsables del grupo editorial se mostraron convencidos de que la literatura en castellano vive un momento dulce, capaz de renovarse y adaptarse a las nuevas tendencias sin perder esa esencia que engancha a miles de personas cada año en las librerías.

Invitados y autores en el photocall

Esta conmemoración en la capital española ha dejado claro que el certamen es mucho más que un concurso de escritura; es un motor cultural que mueve a toda una industria y que ha sabido aguantar el tipo frente a los cambios sociales. Con la vista puesta en el futuro, el evento se despidió con la sensación de que quedan muchas páginas por escribir en esta historia que comenzó en una mesa del restaurante Lhardy y que hoy se celebra por todo lo alto en los palacios madrileños, manteniendo intacta esa ilusión por descubrir historias que emocionen a los lectores de todas las generaciones.


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El alivio de los estudiantes ante el examen de Historia de la Filosofía en la Selectividad

Isaac

Estudiantes realizando el examen de historia de la filosofía

La segunda jornada de las pruebas de acceso a la universidad ha traído consigo una calma tensa, especialmente para quienes se decantaron por las letras. Mientras en las aulas de ciencias el ambiente era de pura frustración tras una prueba de matemáticas algo enrevesada, los que se enfrentaron a la historia de la filosofía salieron con una sonrisa de oreja a oreja. No es para menos, ya que los autores que aparecieron en las opciones principales eran viejos conocidos que se habían machacado a fondo durante todo el curso escolar.

El murmullo general a la salida de las facultades coincidía en que el examen fue bastante asequible, permitiendo a los alumnos lucirse sin demasiados sobresaltos. A diferencia de otros años donde la ambigüedad reinaba en los enunciados, en esta ocasión las preguntas fueron directas, lo que permitió que muchos estudiantes terminaran antes de tiempo con la sensación de haber hecho los deberes. Esta materia, que suele generar sudores fríos, se convirtió en el oasis de una jornada marcada por los nervios típicos de la selectividad.

Platón y Nussbaum: los pilares de la prueba

Libros de filosofía y apuntes de selectividad

Uno de los textos estrella de la jornada pertenecía a ‘La República’ de Platón, un autor que nunca falla y que suele ser el favorito de los bachilleres. Su aparición fue recibida como una auténtica bendición, ya que su teoría de las ideas y la organización del Estado son conceptos que se repiten hasta la saciedad en clase. Los correctores han señalado que, aunque el contenido no era excesivamente complejo, la capacidad de redacción y síntesis será lo que marque la diferencia entre un aprobado y una nota excelente para entrar en las carreras más demandadas.

Por otro lado, la inclusión de Martha Nussbaum con su obra ‘Crear capacidades’ aportó el toque contemporáneo y necesario a la prueba. Es reseñable que se siga apostando por dar visibilidad a las filósofas, siendo Nussbaum una de las voces más potentes en la actualidad. Los alumnos tuvieron que analizar sus propuestas sobre la justicia social, lo que permitió conectar el pensamiento clásico con problemas reales de nuestro siglo, algo que los examinadores valoran cada vez más positivamente en el nuevo modelo competencial.

La coincidencia de Nietzsche y la visita papal

Lo más comentado en los pasillos, y que casi parece un chiste de mal gusto para algunos, fue la pregunta sobre la afirmación ‘Dios ha muerto’ de Nietzsche. Lo curioso del asunto es que este análisis ha coincidido de pleno con la visita oficial del Papa León XIV a la capital catalana. Mientras los jóvenes reflexionaban sobre el nihilismo y la pérdida de los valores tradicionales en Occidente, el Pontífice recorría las calles en un contraste que no pasó desapercibido para nadie y que inundó las redes sociales de bromas y memes.

Más allá de la anécdota, el ejercicio pedía comparar la visión de la religión y la metafísica desde la perspectiva de dos autores distintos. En otras comunidades, como Castilla y León, el enfoque varió ligeramente hacia figuras como Aristóteles o el humanismo de Marx, pero la tónica general fue la misma: fomentar el espíritu crítico del alumnado frente a las grandes corrientes de pensamiento. Los docentes coinciden en que este tipo de preguntas permiten ver si el estudiante ha comprendido realmente la evolución de las ideas o si simplemente ha memorizado párrafos enteros.

En cuanto a las estadísticas, la asignatura de filosofía ha ganado terreno este año, siendo elegida por casi el 55% de los matriculados frente a la historia convencional. Este cambio de tendencia refleja que los chavales se sienten más cómodos analizando textos que memorizando fechas y batallas. A pesar de los estrictos controles contra el uso de móviles y las posibles distracciones externas, la jornada transcurrió con total normalidad, dejando un buen sabor de boca generalizado antes de encarar el último día de exámenes.

El balance final de esta convocatoria apunta a que el pensamiento crítico ha salido reforzado, consolidándose como una materia donde los jóvenes pueden demostrar su madurez intelectual. Tras analizar las teorías de Platón y enfrentarse al reto de Nussbaum, la sensación predominante es que el esfuerzo de estos meses ha valido la pena, cerrando un ciclo de estudio intenso con una prueba que, aunque exigente en su forma, ha resultado gratificante en su contenido para la gran mayoría de los aspirantes universitarios.


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Víctor Herrero de Miguel se alza con el prestigioso Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma

Isaac

Entrega del Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma

El Palacio Provincial de Segovia ha servido de escenario para el anuncio del ganador de una de las citas más relevantes de las letras en castellano. Tras una deliberación que se ha prolongado durante varias horas debido al altísimo nivel de los originales, el jurado ha fallado que el trigésimo sexta edición del Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma recaiga en el escritor salmantino Víctor Herrero de Miguel.

La convocatoria de este año ha sido un auténtico éxito de convocatoria, superando con creces las expectativas de la organización al recibir más de mil poemarios. Miguel Ángel de Vicente, presidente de la Diputación de Segovia, ha querido poner en valor el prestigio consolidado de este galardón, que edición tras edición demuestra que la poesía sigue siendo un vehículo fundamental para dar voz a silencios que necesitan ser escuchados.

Un canto a la contemplación y al asombro cotidiano

Víctor Herrero de Miguel poeta

El poemario ganador, titulado ‘Los planos de un lugar’, ha sido definido por el tribunal como un libro de hondas raíces castellanas y un sólido poso cultural. Su autor, Víctor Herrero de Miguel, combina su faceta creativa con su labor como fraile franciscano y profesor de literatura bíblica, algo que impregna sus versos de una espiritualidad limpia y alejada de artificios innecesarios.

Los expertos han destacado que la obra de Herrero de Miguel se construye desde una poética de la atención contemplativa, fijando su mirada en los lugares pequeños donde surge la epifanía. Con un premio dotado con 12.000 euros y la edición en Visor, el autor se suma a una lista de ganadores ilustres, aportando una voz que bebe de influencias tan interesantes como las de Christian Bobin o Mary Oliver.

Cifras históricas para un premio internacional

No es moco de pavo que este año se hayan presentado 1.182 poemarios procedentes de 36 países, lo que sitúa al Gil de Biedma en la primera división de los certámenes literarios. Desde la organización se ha destacado la llegada de textos de lugares tan dispares como Corea, Ucrania, Rumanía o México, lo que deja claro que el interés por este reconocimiento no conoce fronteras.

Juan Manuel de Prada, coordinador del jurado, ha admitido con total sinceridad que elegir un vencedor ha sido un proceso «penoso», en el sentido de que la calidad de los dieciséis finalistas era tan elevada que cualquier descarte resultaba doloroso. Según de Prada, la apertura a todas las escuelas estéticas es precisamente lo que otorga al premio su naturaleza más íntima y su mejor legado para la posteridad.

Talento joven y renovación en las letras

Además del galardón principal, la jornada ha servido para reconocer el empuje de las nuevas voces con el Premio Joven, que ha recaído en María Martín Hernández. La zaragozana, que actualmente desarrolla su labor literaria en la Residencia de Estudiantes de Madrid, ha conquistado al jurado con su obra ‘Bajo la piel, la sombra’, un libro que indaga en la identidad y la herencia emocional.

Asunción Escribano, miembro del jurado, ha resaltado que la obra de Martín Hernández logra convertir vivencias íntimas en interrogantes universales, gracias a un estilo cuidado y de notable claridad. Este premio para autores menores de treinta años, dotado con 5.000 euros, confirma que hay cantera y que la poesía joven en España goza de una salud envidiable y una madurez sorprendente.

Este certamen cierra así un capítulo brillante en el que se ha primado la excelencia y la diversidad de estilos por encima de modas pasajeras. Con la futura publicación de los trabajos ganadores, los lectores podrán acercarse a una poesía de la gratitud y la memoria que ha logrado poner de acuerdo a un jurado de primer nivel. El éxito de esta edición, marcada por una participación récord, asegura que la llama literaria de Jaime Gil de Biedma seguirá iluminando el camino de los nuevos poetas durante muchos años más.


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Treinta y dos años de Belém do Pará: la violencia como falta del Estado

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Por Daniela Poblete Ibáñez

 

El 9 de junio de 1994, en la ciudad brasileña de Belém do Pará, la Organización de los Estados Americanos, adoptó la primera convención del mundo dedicada exclusivamente a la violencia contra las mujeres. La Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer hizo algo, que hasta entonces, ningún tratado vinculante había hecho: nombró la violencia de género como lo que es, una violación de derechos humanos. Lo revolucionario, no fue describir un fenómeno que las mujeres conocíamos en carne propia desde siempre, sino trasladarlo del terreno de lo privado, lo íntimo, lo que durante siglos se llamó “doméstico”, al terreno donde se juega la responsabilidad de los Estados.

 

Decir que la violencia contra las mujeres vulnera derechos humanos no es una figura retórica, ni un énfasis militante: es una categoría jurídica con consecuencias precisas. Significa que el Estado deja de ser un espectador neutral frente a lo que ocurre “entre particulares” y pasa a ser garante. La Convención, reconoce en su artículo 3 el derecho de toda mujer a una vida libre de violencia y en su artículo 7 obliga a los Estados a actuar con debida diligencia para prevenir, investigar, sancionar esa violencia y a adoptar la legislación interna necesaria para hacerlo. Es una protección especial y adicional: especial porque atiende a una desigualdad estructural —la de género— y adicional porque se suma a las obligaciones generales que ya pesan sobre cualquier Estado de derecho.

 

Esa protección reforzada no quedó en el papel. En 2009, en el caso “Campo Algodonero” (González y otras vs. México), la Corte Interamericana de Derechos Humanos lo dijo con todas sus letras: en los casos de violencia contra las mujeres los Estados tienen, además de sus obligaciones generales, una obligación reforzada que nace de Belém do Pará. La Corte responsabilizó a México, no sólo, por no investigar los femicidios de Ciudad Juárez, sino por no haberlos prevenido conociendo el contexto. Ahí está la clave jurídica de algo que solemos decir con el cuerpo y que conviene decir también con el derecho: no da lo mismo. Cada hecho de violencia que el Estado pudo prevenir y no previno, cada denuncia que no se investigó a tiempo, no es una desgracia privada ni una estadística inevitable: es una falla del Estado y muy concretamente, de los gobiernos que decidieron no destinar recursos a evitarlo. La igualdad sustantiva, la real, la que se mide en presupuestos, en casas de acogida, en duplas psicojurídicas o psicosociales, en sistemas de alerta temprana, no se puede relativizar.

 

Y conviene mirar las cifras, porque son oficiales y son demoledoras. Según el Observatorio de Igualdad de Género de la CEPAL, durante 2024 al menos 3.828 mujeres fueron víctimas de femicidio o muerte violenta por razón de género en veintiséis países de la región: once mujeres muertas cada día, más de 19.000 en el último quinquenio. Las tasas más altas se registraron en Honduras, Guatemala y República Dominicana. A esos asesinatos consumados, se suman 5.502 femicidios frustrados informados por catorce países en un solo año, y la mayoría de las muertes fueron cometidas por parejas o exparejas. No son accidentes ni arrebatos: son el extremo de un continuo de violencia que el Estado conoce, mide y demasiado a menudo, deja correr. En agosto de 2025, los gobiernos de la región firmaron el Compromiso de Tlatelolco, que proclama una “década de acción” hacia la igualdad sustantiva. Los compromisos se escriben fácil; lo difícil y lo que de verdad importa, es que tengan presupuesto detrás.

 

Hay una segunda dimensión donde el incumplimiento estatal se vuelve casi un reflejo cultural: la violencia sexual. Frente a ella, el primer movimiento de los sistemas de justicia y de buena parte de la conversación pública, sigue siendo poner en duda a las mujeres. Se nos exige una prueba, prueba que no se le pide a ninguna otra víctima de ningún otro delito. En todos los países, apenas, se discute una norma de igualdad aparece la preocupación urgente por las “denuncias falsas”, por proteger al acusado de un supuesto abuso del sistema. Es revelador dónde se concentra la energía legislativa de algunos, siempre encontramos sectores dispuestos a blindar al señalado y casi nunca para empujar la norma que protege a la mujer. Esa la empujamos nosotras, solas, una y otra vez. La presunción de inocencia es un principio irrenunciable del derecho penal; el problema es que con las mujeres se ha convertido, de hecho, en presunción de mentira.

 

Y todo esto se agrava cuando la víctima tiene menos voz. La violencia sexual es todavía más brutal y la ausencia del Estado todavía más evidente, cuando recae sobre niñas y niños, sobre mujeres y niñas migrantes, sobre quienes viven en condiciones de alta vulnerabilidad social. El MESECVI, el mecanismo que da seguimiento a Belém do Pará, lleva años documentando la violencia sexual contra niñas y las maternidades forzadas que de ella resultan; hace poco saludó las decisiones internacionales que condenaron a Ecuador y a Nicaragua por vulnerar los derechos de niñas víctimas de abuso obligadas a parir y esto lo vemos en cada uno de nuestros países. Donde se cruzan la edad, la pobreza, la condición migratoria o la discapacidad, no hay un Estado que falla a medias: hay un Estado ausente y una sociedad que mira para el costado.

 

Treinta y dos años después, el balance es ambivalente. Es cierto, y hay que decirlo, que Belém do Pará es el pilar sobre el que se levantaron casi todas las leyes nacionales de la región: las que tipifican el femicidio, las que ordenan políticas integrales contra la violencia, las que crean sistemas de protección. Esa arquitectura legal existe, importa, y hay que seguir trabajando desde ella, defendiéndola y exigiendo que se aplique. Pero ninguna ley, por buena que sea, desarma por sí sola el arraigo cultural de la violencia. Hay algo que está más allá del texto: la convicción tan extendida de que la vida de las mujeres vale un poco menos, de que su palabra pesa un poco menos, de que su muerte es un poco más tolerable. Eso no se deroga en el Diario Oficial.

 

Y, sin embargo, es justo eso lo que hoy algunas autoridades se permiten relativizar. Vemos a quienes, desde el poder, ponen en duda la necesidad misma de la igualdad entre hombres y mujeres y dicen hacerlo en nombre de la libertad. No es libertad: es la defensa de un privilegio que se resiste a ceder, disfrazada de principio. Erradicar la violencia contra las mujeres no es una opción ideológica que cada gobierno pueda tomar o descartar según su color. Es una obligación jurídica internacional que los Estados de la región asumieron 32 años y que sigue plenamente vigente, gobierne quien gobierne. La vida de las mujeres no se somete a votación ni se relativiza con cada elección. Esa es, todavía hoy, la promesa de Belém do Pará y la deuda que llevamos treinta y dos años cobrando.


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