Kate Winslet se suma a La caza de Gollum en El Señor de los Anillos

Isaac

Kate Winslet en nueva película de El Señor de los Anillos

La Tierra Media se prepara para recibir a Kate Winslet en su próxima aventura cinematográfica. La intérprete británica se incorpora a El Señor de los Anillos: La caza de Gollum, el nuevo largometraje ambientado en el universo creado por J.R.R. Tolkien que llegará a los cines a finales de 2027.

Según han avanzado varios medios especializados, Winslet asumirá el rol femenino principal en esta producción, aunque el estudio mantiene en secreto el nombre y la naturaleza exacta de su personaje. La noticia coloca a la ganadora del Oscar en el centro de uno de los proyectos más ambiciosos de la próxima década dentro del cine fantástico.

Un fichaje largo de cerrar para volver a la Tierra Media

Reparto y producción de La caza de Gollum

Detrás de la incorporación de la actriz no ha habido un acuerdo exprés, sino meses de negociaciones entre Andy Serkis y Peter Jackson para convencerla de sumarse al rodaje. El compromiso no es menor: el plan de producción prevé que Winslet se traslade a Nueva Zelanda entre finales de mayo y octubre, donde se concentrará la filmación principal.

Para la intérprete no será un territorio completamente desconocido. En 1994 rodó en Nueva Zelanda Criaturas celestiales, su primer gran papel cinematográfico, bajo la dirección del propio Peter Jackson. Tres décadas después, ambos volverán a coincidir, esta vez con el cineasta como productor y ella como una de las caras visibles de la nueva etapa de la franquicia.

Fuentes cercanas al proyecto apuntan a que el papel que interpretará tendrá un peso central en la trama, hasta el punto de ser descrito como la “protagonista femenina” del filme. Sin embargo, el estudio y el equipo creativo han evitado ofrecer más detalles, en parte para mantener cierto margen de sorpresa entre los seguidores de la saga.

Diferentes informaciones apuntan a que, en la fase inicial de desarrollo, la producción abrió casting para dos papeles femeninos inéditos en las adaptaciones anteriores: un personaje principal y otro secundario que no aparecían en las trilogías de El Señor de los Anillos ni de El Hobbit. La elección de Winslet encajaría en ese movimiento de renovar el reparto sin romper la conexión con las películas originales.

Argumento: la peligrosa caza de Gollum entre El Hobbit y El Señor de los Anillos

La caza de Gollum en la Tierra Media

La caza de Gollum se sitúa en un punto intermedio clave de la cronología de la Tierra Media. La historia se encuadra entre los sucesos narrados en El Hobbit y los acontecimientos de La Comunidad del Anillo, apoyándose en notas, apéndices y materiales adicionales de J.R.R. Tolkien.

La premisa gira en torno a la misión de Aragorn para localizar y capturar a Gollum antes de que la criatura desvele a Sauron información crucial sobre el Anillo Único y su paradero. Por encargo de Gandalf, el montaraz inicia una persecución que lo lleva a los rincones más oscuros y peligrosos de la Tierra Media, con el objetivo de contener una amenaza que aún solo intuyen unos pocos.

Al mismo tiempo, Sauron intensifica su búsqueda del Anillo y las piezas empiezan a colocarse sobre el tablero que desembocará más tarde en la Guerra del Anillo. La película aspira a explorar esta etapa apenas esbozada en las anteriores adaptaciones, aportando matices sobre los motivos de Gandalf y Aragorn y sobre el papel que juega Gollum como figura trágica dentro de la mitología de Tolkien.

Aunque algunos informes sitúan la acción ligeramente más cerca de los eventos de La Comunidad del Anillo y otros la extienden hacia el periodo entre El Hobbit y la trilogía principal, el consenso es que la cinta actuará como puente entre ambas sagas cinematográficas, ampliando lagunas narrativas de forma coherente con los textos originales.

Equipo creativo y regresos del reparto original

Equipo creativo de la nueva película de El Señor de los Anillos

Uno de los grandes argumentos del proyecto es que mantiene al núcleo creativo de las trilogías de Peter Jackson. Andy Serkis se coloca al frente de la dirección y, además, volverá a interpretar a Gollum mediante captura de movimiento, el personaje que lo convirtió en una referencia mundial del cine digital.

La producción corre a cargo de Peter Jackson, Fran Walsh y Philippa Boyens, el mismo trío que encabezó las adaptaciones de El Señor de los Anillos y El Hobbit, junto a Zane Weiner, veterano productor de la saga. El guion recae en un equipo formado por Walsh, Boyens, Phoebe Gittins y Arty Papageorgiou, responsables también de la película de animación La guerra de los Rohirrim (2024), lo que garantiza cierta continuidad tonal y temática dentro del universo cinematográfico.

En cuanto al reparto, Andy Serkis repetirá como Gollum y Ian McKellen regresará como Gandalf, uno de los personajes más reconocibles de la franquicia. Diversas fuentes señalan además que Elijah Wood está muy cerca de volver como Frodo Bolsón y que ya ha insinuado públicamente su interés en retomar el papel, aunque la confirmación oficial aún se hace esperar.

También se ha mencionado en varias ocasiones la posibilidad de que Orlando Bloom vuelva a ponerse en la piel de Legolas. El gran interrogante sigue siendo Aragorn: Viggo Mortensen ha dejado claro que solo aceptaría regresar si el personaje se ajusta a su edad actual, algo que, paradójicamente, no choca con la cronología de Tolkien, ya que el heredero al trono de Gondor tiene 87 años en los libros cuando se une a la Compañía.

Rodaje en Nueva Zelanda y calendario de estreno

Rodaje de La caza de Gollum en Nueva Zelanda

La nueva película volverá a apoyarse en los paisajes de Nueva Zelanda como columna vertebral visual de la Tierra Media. Serkis ha alternado en los últimos meses la preproducción entre Los Ángeles y el país oceánico, donde se han reactivado infraestructuras y localizaciones ya empleadas en las entregas previas.

El plan de trabajo prevé que el rodaje arranque a finales de mayo y se prolongue hasta octubre. En ese periodo se espera la presencia estable de Kate Winslet, que se trasladará con su familia durante buena parte de la filmación, así como la reincorporación gradual del resto del reparto, tanto de los veteranos como de los nuevos fichajes que se irán anunciando.

Warner Bros. y New Line Cinema han fijado ya una fecha en el calendario: El Señor de los Anillos: La caza de Gollum llegará a los cines el 17 de diciembre de 2027. Con ello, el estudio reserva para la franquicia uno de los periodos más golosos de la temporada alta, siguiendo la tradición de estrenar las grandes producciones de la Tierra Media en plena campaña navideña.

Detrás del proyecto está la intención de seguir ampliando un universo que ha generado miles de millones de dólares en taquilla mundial con las dos trilogías anteriores. La nueva cinta se enfocará en relatos apenas mencionados en los textos de Tolkien, pero lo hará bajo la supervisión del mismo equipo que consolidó el fenómeno en cines, un equilibrio pensado para atraer tanto a los fans más veteranos como al público que se acerque por primera vez a estas historias.

Con estos ingredientes —el regreso de figuras clave delante y detrás de las cámaras, un hueco narrativo atractivo y el fichaje de una actriz del calibre de Kate Winslet—, La caza de Gollum se perfila como el siguiente gran capítulo de El Señor de los Anillos en la gran pantalla, llamado a reactivar la saga con una mezcla de caras conocidas y nuevos personajes que, si todo va según lo previsto, volverán a colocar a la Tierra Media en el centro de la conversación cinematográfica europea y mundial.


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Muere Alfredo Bryce Echenique, voz clave del boom latinoamericano

Isaac

Alfredo Bryce Echenique escritor peruano

El mundo literario latinoamericano e ibérico despide a Alfredo Bryce Echenique, fallecido en Lima a los 87 años, según han confirmado fuentes cercanas al autor y diversas instituciones culturales peruanas. La noticia, adelantada por medios como El Comercio y la emisora RPP, ha sido refrendada después por la Casa de la Literatura Peruana y la Cátedra Vargas Llosa en sus redes sociales.

Considerado uno de los narradores más singulares de la lengua española, Bryce deja tras de sí una obra marcada por el humor, la nostalgia y una mirada implacable —aunque siempre compasiva— sobre la alta burguesía limeña y las contradicciones de la sociedad peruana del siglo XX. Su figura, a caballo entre Perú y Europa, ha sido clave para el diálogo literario entre ambos lados del Atlántico.

Confirmación de su muerte y reacciones en Perú y España

La Casa de la Literatura Peruana publicó en X un mensaje en el que lamenta profundamente la partida del escritor, al que define como “una de las voces más representativas de la literatura peruana contemporánea”. En ese comunicado se recuerda que su producción abarcó novela, cuento, ensayo y memorias, y que ha dejado huella en varias generaciones de lectores dentro y fuera del país andino.

El Ministerio de Cultura, el Congreso y la Presidencia de Perú han expresado también sus condolencias oficiales por la muerte de Bryce, subrayando su relevancia como referente cultural del país. Entidades como la Casa de la Literatura Peruana y la Cátedra Vargas Llosa coinciden en que la literatura del siglo XX en español no se entiende sin su voz y su legado intelectual.

Las muestras de pesar han cruzado rápidamente el Atlántico. La editorial Anagrama, una de sus casas fundamentales en España, destacó que “supo convertir el humor, la memoria y la fragilidad humana en literatura extraordinaria” y se declaró honrada por haber sido una de sus editoriales. Desde Barcelona y Madrid se han sucedido recordatorios que insisten en su talento para mezclar ironía, ternura y crítica social.

Incluso la Casa Real española se ha sumado a los homenajes, calificando a Bryce como “uno de los referentes de las letras iberoamericanas, maestro y relator de experiencias humanas”. En su mensaje subraya que su voz literaria acompañó a generaciones de lectores y enriqueció la narrativa en español, enviando sus condolencias a la familia y a la comunidad literaria.

Alfredo Bryce Echenique novelista latinoamericano

Un mundo para Julius: la novela que lo cambió todo

La obra que consolidó la fama internacional de Bryce fue “Un mundo para Julius” (1970), considerada por muchos críticos como una de las mejores novelas peruanas de todos los tiempos. Escrita a partir de un relato breve que se le fue de las manos, se convirtió en un fresco monumental de la oligarquía limeña de los años cincuenta y sesenta, vista desde los ojos de un niño huérfano que vive en un palacete frente al antiguo hipódromo de San Felipe.

En sus primeras páginas se describe la mansión familiar, los jardines, la piscina y el pequeño huerto en el que el pequeño Julius aparece fascinado por detalles mínimos, como una flor, mientras a su alrededor se despliega un mundo de servidumbre, fiestas, racismo y clasismo. Ese punto de vista infantil —tierno y despiadado a la vez— permitió a Bryce diseccionar la alta sociedad limeña sin concesiones, pero con un tono que mezcla candidez y crueldad.

La novela le valió el Premio Nacional de Literatura de Perú en 1972 y el galardón a la Mejor Novela en Francia en 1974, abriéndole definitivamente las puertas de Europa. En España, la obra encontró un eco especial gracias a la difusión de Seix Barral, en pleno auge del interés por la narrativa latinoamericana. No es raro que muchos lectores europeos hayan llegado al autor precisamente por Julius y su universo de palacios decadentes y criados entrañables.

Durante años, parte de la crítica interpretó el libro en clave política, como una metáfora de la ruptura de la inocencia de una clase social entera. Sin embargo, la propia trayectoria posterior de Bryce dejó claro que, más que la teoría política, lo que le interesaba era la oralidad, el humor y la memoria sentimental. En el desenlace de la novela, cuando Julius descubre que la criada que más quiere ejerce la prostitución en sus días libres, lo que se tambalea no es un sistema ideológico, sino la confianza infantil en los adultos.

Del boom al post-boom: un peruano en el corazón de la literatura latinoamericana

Bryce Echenique fue presentado muchas veces como uno de los últimos representantes del boom latinoamericano, aunque él prefería situarse en la generación posterior, el llamado post-boom. Era contemporáneo de figuras como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, José Donoso y Mario Vargas Llosa, pero empezó a publicar un poco más tarde, cuando la “explosión” del boom ya había cambiado el mapa literario.

Su obra comparte con esos autores la ambición formal y la atención a las transformaciones políticas y sociales de América Latina, pero se distancia por un uso muy peculiar del humor, una oralidad contagiosa y un tono confidencial, casi de charla de bar a punto de cerrar. Sus personajes hablan, recuerdan y se contradicen como si improvisaran ante el lector, lo que acercó sus libros a públicos que quizá veían con cierta distancia la solemnidad de otras novelas de la época.

En Europa, y especialmente en España, Bryce se convirtió en uno de los rostros más visibles de la narrativa peruana junto a Vargas Llosa y Julio Ramón Ribeyro. Los tres formaron lo que muchos han llamado la “tríada sagrada” de la narrativa del Perú de la segunda mitad del siglo XX. Compartieron generación, origen social acomodado, exilios voluntarios y una relación intensa con ciudades como París, Barcelona y Madrid.

El propio autor reconocía que el resplandor de los grandes nombres del boom llegó a deslumbrarlo, y que en Barcelona prefería mantener cierta distancia de esos círculos para preservar su estilo personal. Su literatura, decía, iba de amor, amistad y memoria, y en más de una entrevista confesó que escribía “para que mis amigos me quieran más”, reduciendo con ironía toda ambición de grandeza.

Infancia aristocrática y formación entre Lima, París y Europa

Nacido en Lima el 19 de febrero de 1939 en el seno de una familia de banqueros y linaje político, Bryce creció en un entorno aristocrático marcado por palacetes imposibles de mantener, clubes exclusivos y una red de parientes en la que aparecen figuras como un tatarabuelo presidente del Perú a mediados del siglo XIX. Su infancia transcurrió entre colegios religiosos como el Inmaculado Corazón y un internado inglés, el San Pablo, experiencia que luego trasladó con ironía a sus ficciones.

Presionado por su entorno, estudió Derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, aunque pronto compaginó esas clases con estudios de Letras. La literatura terminó imponiéndose: presentó en 1964 una tesis sobre Ernest Hemingway en la Sorbona de París y se doctoró en literatura francesa clásica y contemporánea, un giro definitivo hacia la vida de escritor que no todos en su familia encajaron bien.

La Lima de su juventud, con su arquitectura afrancesada, sus clubes selectos y sus tensiones de clase, fue el material de base de buena parte de su obra. Bryce solía recordar la “mirada hacia abajo de los amos” con la que la élite observaba a los sectores más desfavorecidos, una actitud que conoció de cerca aun cuando en su casa, insistía, se trataba con consideración a los empleados. Esa mezcla de pertenencia y distancia le permitió retratar a los ricos desde dentro, algo poco habitual en la narrativa latinoamericana de su generación.

A mediados de los años sesenta viajó a Europa, siguiendo la estela del mito del escritor latinoamericano que debía “cruzar el charco” para consagrarse. En París fue acogido por Julio Ramón Ribeyro, cuentista peruano exiliado, con quien entabló una amistad decisiva. Ribeyro le regaló el título de su primer libro de relatos, “Huerto cerrado” (1968), un volumen en el que un joven limeño llamado Manolo atraviesa los ritos de paso de la burguesía urbana: prostíbulos, tedio familiar, hipocresía y racismo, siempre matizados por el humor.

Un escritor entre París, Barcelona, Madrid y Lima

Durante su largo periplo europeo, Bryce vivió en Francia, Italia, Grecia y Alemania antes de establecerse con mayor estabilidad en España. En 1985 se instaló en Madrid, ciudad en la que residió hasta 1999, cuando decidió regresar a Perú y cerrar lo que él mismo definió como su “exilio voluntario de 34 años en Europa”. Pese a ese retorno, poco después retomó su vida a caballo entre Lima y Barcelona, ciudad a la que dedicó páginas llenas de afecto.

En más de una entrevista explicaba que en Barcelona se sentía especialmente cómodo: “La gente es discreta y formal, pero sabe reírse”, comentaba, contraponiendo esa sensación a la falta de privacidad que decía experimentar en Madrid. No es casual que varias de sus obras y de sus “antimemorias” tengan a España como escenario clave, ni que haya participado en cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Santander o que eligiera Barcelona como lugar de residencia en sus últimos años europeos.

Su presencia en el sistema literario español fue intensa: publicó en sellos como Seix Barral, Anagrama y posteriormente otras editoriales, y fue lector habitual en clubes de lectura y festivales. En 1998 recibió en España el Premio Nacional de Narrativa por “Reo de nocturnidad”, una novela gestada a partir de sus curas de sueño en una clínica de Montpellier. Cuatro años más tarde, en 2002, se alzó con el Premio Planeta por “El huerto de mi amada”, comedia romántica ambientada en la Lima de los años cincuenta, donde vuelve a aparecer la burguesía limeña, aunque aquí teñida de ternura amorosa.

El vínculo sentimental con Europa y, en particular, con España, fue también personal. En 1968 contrajo matrimonio con Maggie Revilla, quien lo animó decididamente a apostar por la escritura. Más tarde, ya instalado en la península, se casó en 1989 con la asturiana Pilar de Vega y en 2004 con la abogada peruana Ana Chávez, en una vida afectiva tan movida como la de muchos de sus personajes.

Humor, amor y memoria: las claves de su estilo

Si algo distingue a Bryce dentro del panorama del boom es la forma en que convirtió la ironía y la oralidad en su principal marca de autor. Él mismo repetía que en su literatura “el amor y el humor van juntos, no se pueden separar” y que sus personajes se pasaban la vida haciendo el amor y el humor al mismo tiempo. Esa combinación le permitía abordar temas dolorosos —la desigualdad, el clasismo, el racismo o la decadencia de una clase social— sin caer en el panfleto ni en la solemnidad.

Novelas como La vida exagerada de Martín Romaña (1981) y El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz (1985), que forman el célebre díptico Cuaderno de navegación en un sillón Voltaire, llevaron esa apuesta al límite. Su protagonista, Martín Romaña, es un neurótico entrañable, bebedor, locuaz, maniaco-depresivo y consumista que se confiesa ante el lector con un desparpajo muy moderno, rozando la autoficción. Para muchos, se trata de textos adelantados a su tiempo, llenos de humor autocrítico y de experimentos con la voz narrativa.

Otra vertiente importante de su obra son los relatos y crónicas. En A vuelo de buen cubero y otras crónicas (1977), fruto de una beca Guggenheim que lo llevó a Estados Unidos en 1975, dejó una serie de textos sobre el Sur profundo norteamericano escritos para un periódico mexicano. En libros como Magdalena y otros cuentos, Crónicas personales o Guía triste de París, alternó la mirada nostálgica con la sátira, siempre atento a la vida cotidiana de las ciudades por las que pasó.

Ya en el tramo final de su carrera, se volcó en lo que llamó “antimemorias”: Permiso para vivir, Permiso para sentir y Permiso para retirarme, esta última publicada en 2021. En esos libros revisa su biografía con un tono ácido y autorreflexivo, repasando la transformación del Perú de finales del siglo XX y su propia evolución como escritor. “Permiso para retirarme” fue leída por muchos como una despedida, una forma de ir poniéndose a un lado con la misma picardía que lo caracterizó siempre.

Premios, reconocimientos y también controversias

A lo largo de su trayectoria, Bryce recibió numerosos premios. Además del ya mencionado Premio Nacional de Literatura de Perú por “Un mundo para Julius”, el Nacional de Narrativa español por Reo de nocturnidad y el Planeta por El huerto de mi amada, fue distinguido en Italia con el Grinzane Cavour por La amigdalitis de Tarzán (2002) y obtuvo en 2012 el Premio de Literatura en Lenguas Romances de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara por su condición de gran cronista de la vida, con una prosa llena de humor y de registro oral.

Su figura, sin embargo, no quedó al margen de polémicas. En 2009 fue sancionado por el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi) de Perú, que acreditó plagios de artículos periodísticos firmados con su nombre en medios peruanos y españoles. La multa superó los 41.000 euros y parte del sector editorial mostró su incomodidad, especialmente cuando, pese a este episodio, recibió el premio de la FIL de Guadalajara.

El propio Bryce atribuyó el caso a una suplantación de su identidad informática, defensa que no evitó que el asunto dejara una sombra en su reputación pública. Aun así, no abandonó la escritura ni la publicación de libros, y buena parte de la crítica ha terminado por situar esta controversia como un episodio incómodo pero no definitivo dentro de una obra vasta y muy influyente.

En el plano cívico, también se destacó por su gesto de rechazar la Orden El Sol del Perú cuando esta distinción le fue ofrecida por el gobierno de Alberto Fujimori, alegando convicciones democráticas. Ese episodio reforzó la imagen de un autor capaz de tomar distancia crítica frente al poder político, a pesar de proceder de una familia históricamente vinculada a las élites del país.

Relación con Vargas Llosa, Ribeyro y el ecosistema editorial español

La relación de Bryce con España y Europa no puede entenderse sin mencionar nombres propios como Mario Vargas Llosa y Julio Ramón Ribeyro. Con el primero compartió universidad en San Marcos y luego trayectoria internacional; con el segundo, amistad estrecha en el París de los sesenta. Fue precisamente Vargas Llosa quien leyó los primeros manuscritos de Bryce, le dio consejos editoriales y le recomendó a Carlos Barral, de Seix Barral, como editor ideal.

En entrevistas citadas por la prensa peruana, Bryce reconocía que Vargas Llosa lo apoyó desde el inicio, y que gracias a esa mediación su primer libro de relatos, Huerto cerrado, encontró casa en Barcelona tras una primera edición en La Habana. Años después, tras la muerte del Nobel peruano en 2025, Bryce escribió que consideraba a Vargas Llosa “el peruano de todos los tiempos”, dejando constancia de una admiración que, pese a las diferencias de estilo y temperamento, fue mutua.

Con Ribeyro, en cambio, lo unió una afinidad más íntima. Lo acogió en París, le cedió el título de Huerto cerrado y lo ayudó a encontrar una voz literaria en la que el humor aligerara el dolor de hablar del Perú. Bryce confesó alguna vez que, gracias a ese tono irónico, le resultaba menos duro escribir sobre su país y sobre la nostalgia del “bien perdido”, un motivo recurrente en la tradición peruana.

El ecosistema editorial español desempeñó además un papel determinante en su proyección europea. Seix Barral fue clave en la difusión inicial de sus novelas dentro del boom latinoamericano, mientras que Anagrama y otros sellos consolidaron su presencia en librerías españolas. Premios como el Biblioteca Breve o el propio Planeta, así como la acogida crítica en diarios y suplementos culturales, convirtieron a Bryce en una figura habitual del panorama literario español desde los años setenta hasta bien entrado el siglo XXI.

Vida personal, excesos y la construcción de un personaje público

Más allá de los libros, Bryce cultivó una imagen pública inconfundible. Muchos amigos y colegas evocan su inagotable sentido del humor y su picardía, rasgos que lo hacían tan querido como imprevisible. Circulan anécdotas sobre conferencias en las que se quedaba dormido, defensas caballerescas de amigos resueltas con golpes de kárate poco ortodoxos o coplillas que cantaba en su propio honor, como aquella que empezaba “De vascos sin una pela / e ingleses sin un penique / nació para la novela / Alfredo Bryce Echenique”.

Él mismo se definía como un “novelista disparatado” y un “nostálgico de oficio”, más cerca del bar de madrugada que del despacho solemne. Su relación con el alcohol fue notoria, hasta el punto de sostener, medio en broma medio en serio, que corregía mejor sus textos con unas copas de más. Defendía que muchas buenas páginas nacían de ese atrevimiento alcohólico, corregido luego en frío al día siguiente.

Ese modo de vida, entre parranda y escritura, terminó pasándole factura y su segunda mitad de carrera se volvió más contenida y melancólica. Sin abandonar del todo la escena literaria, se fue retirando poco a poco de los focos públicos, sobre todo en la última década. Las “antimemorias” funcionan en parte como rendición de cuentas consigo mismo y con los lectores, un ajuste de cuentas irónico con sus excesos y contradicciones.

En el terreno afectivo, sus rupturas con familia, amigos y clase social fueron, según confesó, el precio que tuvo que pagar para dedicarse a la escritura. “Mi familia no quería que fuera escritor; me hizo estudiar Derecho. Para escribir, rompí con ellos, con amigos, con mi clase social… y hasta me fui de Perú”, recordaba en una entrevista, definiendo ese proceso como un exilio voluntario que, con el tiempo, alimentaría muchas de sus tramas.

Últimos años, despedida y permanencia de su obra

En 2019 Bryce comenzó a preparar lo que sería la tercera y última entrega de sus ‘antimemorias’, volumen que vería la luz en 2021 bajo el título Permiso para retirarme. El libro, en el que Barcelona ocupa un lugar destacado, fue recibido como un gesto claro de despedida, sin estridencias pero con la ironía intacta. El propio título parecía un guiño a esa forma suya de pedir “permiso para vivir” primero, y “permiso para retirarse” después.

Ya instalado de nuevo en Lima tras sus décadas europeas, decidió volver a su ciudad natal para envejecer y reencontrarse con sus amigos de infancia, muchos de los cuales aparecieron transformados en personajes de sus últimos textos. Ese retorno cerraba el círculo vital de un escritor que había convertido el viaje —geográfico y sentimental— en motor de su narrativa.

Tras conocerse su muerte, el escritor Jorge Eduardo Benavides lo recordó como alguien que no solo fue un grandísimo escritor, con un estilo personal, certero y lleno de hallazgos, sino también “un amigo leal, cariñoso y lleno de detalles y atenciones”. Álvaro Vargas Llosa, por su parte, lo definió como uno de los grandes autores peruanos y de la lengua española de las últimas décadas, subrayando que su obra lo sobrevivirá sin duda.

Entre homenajes, obituarios y relecturas que se multiplican a uno y otro lado del Atlántico, se consolida la sensación de que sin la voz de Alfredo Bryce Echenique resultaría mucho más difícil entender la literatura hispanoamericana contemporánea, así como los intensos lazos culturales tejidos entre Perú, España y Europa durante la segunda mitad del siglo XX. Sus novelas, cuentos y crónicas quedan ahora como la mejor forma de seguir conversando con él.


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CANAL PRADO

¿QUÉ ES CANAL PRADO?
Un repositorio alojado en la web del Museo Nacional del Prado que recopila y hace accesibles a los usuarios, de forma fácil y rápida, todos los vídeos generados por esta institución: series temáticas, conferencias, entrevistas, cursos y piezas de divulgación.
Forma parte de este gran archivo audiovisual la serie Historias del arte, de la Fundación de Amigos del Museo, con más de 1.300 vídeos y audios; tienen prioridad los contenidos cuyo valor trasciende la actualidad y está previsto que la lista de piezas vaya creciendo en el tiempo.
 
¿QUÉ NOVEDADES INCORPORA?
Canal Prado estrena Pensar el Prado, un espacio divulgativo impulsado y presentado por el conservador Alejandro Vergara que nos invita a profundizar en nuestra relación personal con el arte mediante preguntas de fondo —¿qué tipo de conocimiento nos aporta el arte?, ¿por qué lo valoramos?, ¿cómo cambian los juicios a lo largo de los siglos?, ¿cuánto se tarda en pintar un cuadro?—, abordadas junto a este historiador del arte y desde su perspectiva y la de sus invitados: filósofos, historiadores…
 
¿DE QUÉ MODO SE ORGANIZAN LOS CONTENIDOS?
Canal Prado estructura sus contenidos en bloques temáticos, facilitando así que el público acceda a los vídeos atendiendo a sus intereses y favoreciendo una navegación más clara y especializada.
Esta articulación permite agrupar formatos diversos — desde visitas o making of hasta restauraciones o exposiciones— y se completa con propuestas especiales programadas de forma periódica. Además, en momentos señalados, la plataforma destacará contenidos vinculados a efemérides o líneas temáticas concretas; por ejemplo, durante el mes de marzo se pone el foco en aquellos materiales vinculados con las mujeres en el Prado.
 
¿EN QUÉ CAMBIARÁ LA WEB DEL MUSEO DEL PRADO?
Coincidiendo con la presentación de este proyecto, la web del Prado se ha actualizado, gracias a Plataforma Prado (PRTR), y cuenta con un nuevo metabuscador semántico y mejoras de navegación y móvil.
Se han unificado en ese metabuscador todas las herramientas de búsqueda previas; así, podremos efectuar en él consultas semánticas sobre la información completa del museo y, en el caso de las obras, consultas por entidades -artistas, técnicas, temas, lugares o personajes representados-.
Asimismo, se ha modificado el menú para mejorar la experiencia del usuario en la versión móvil y se han rediseñado las páginas principales. Como novedad, se publica un recurso de itinerarios temáticos que permite revisitar los que se han llevado a cabo después de su finalización.
 
 
PARA MÁS INFORMACIÓN:
www.museodelprado.es

 

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El feminismo en tiempos de ultraderecha

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*Por Carmen Monges

Hay algo que se siente en el aire. Un discurso, una narrativa que vuelve a instalar la idea de que el feminismo exagera, divide, molesta. Una necesidad constante de señalar enemigos. En tiempos de ultraderecha, el feminismo vuelve a ser incómodo y eso no es casual.

Lo primero que se cuestiona son los avances en derechos ya conquistados. Se ridiculiza la agenda de género. Se instala la idea de que hablar de esto es ideología, como si los derechos humanos fueran una opinión y no un principio básico de cualquier democracia que se tome en serio.

Otro rasgo de este momento político es la producción permanente de un “otro”. Siempre hay alguien a quien responsabilizar; el feminismo, las minorías, los movimientos sociales, quién piensa distinto. La figura del enemigo organiza el enojo, la rabia y simplifica conflictos sistémicos. Divide. Fragmenta. 

La desigualdad no es un error del sistema; muchas veces le es funcional. El poder se sostiene mejor cuando la sociedad está enfrentada consigo misma, cuando quienes comparten luchas colectivas compiten entre sí en lugar de preguntarse por las estructuras que reproducen desigualdades.

En este punto, las palabras de Rita Segato ayudan a entender la profundidad del tema. Ella sostiene que el patriarcado no es cultural, es político.

En tiempos de ultraderecha, el feminismo vuelve a ser incómodo porque recuerda el poder de lo colectivo. Porque discute quién toma decisiones y bajo qué reglas. Porque no se limita a denunciar desigualdades, sino que analiza cómo se organizan las estructuras que las producen. El feminismo es teoría política y es praxis: reflexión sobre el poder y acción concreta para transformarlo.

En este contexto, la respuesta no puede ser solo indignación. Necesita inteligencia política, la capacidad de leer el momento histórico que estamos viviendo y entender por qué estos discursos de odio crecen. Entender qué emociones movilizan esos discursos y ofrecer respuestas que no reproduzcan la lógica del enfrentamiento permanente. Saber que no toda confrontación fortalece la causa. 

El crecimiento de discursos de odio también responde a una estrategia. La polarización moviliza. Construir un “otro” organiza el enojo y genera identidad. En lugar de debatir políticas públicas, se disputa moralmente la legitimidad del adversario. El conflicto deja de ser político en el sentido democrático —donde hay desacuerdo dentro de reglas compartidas— y se convierte en confrontación existencial.

Sin embargo, el hecho de que el odio sea ruidoso no significa que sea mayoritario. Muchas veces ocupa espacio porque provoca, porque circula mejor en entornos digitales que amplifican emociones intensas. Pero no representa necesariamente el consenso social.

¿Cómo se enfrenta entonces este momento? No con ingenuidad, pero tampoco reproduciendo la lógica de deshumanización. Se enfrenta disputando sentido de lo común. Nombrando lo que ocurre. Reconstruyendo comunidad. Recordando que los derechos no son concesiones ideológicas, sino principios básicos de una democracia que se toma en serio la dignidad humana.

Quizás el desafío de este tiempo sea volver a poner en el centro lo colectivo. La empatía. La capacidad de mirar al otro y decir: tu mundo también me importa, y en tu historia también puedo encontrar la mía.

En tiempos de ultraderecha, el feminismo es memoria histórica y colectiva. Es análisis. Es organización.

Y, sobre todo, es no retroceder. 

Porque hay lugares a los que ya no volveremos.

No volveremos al silencio impuesto.

No volveremos a aceptar que la violencia es privada.

No volveremos a pedir permiso para ocupar espacios, para pensar, para decidir.

Cuando otros han decidido históricamente sobre tu cuerpo, tu tiempo y tu voz, decidir por vos mismano es una elección individual, es una posición frente a un sistema patriarcal. Es un acto político.

Porque los derechos que incomodan son los que realmente transforman la sociedad.


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CREADORAS EN EL PRADO

¿QUÉ ES CREADORAS EN EL PRADO?
Una aplicación digital desarrollada por la Universidad de Salamanca que, utilizada en las colecciones del Museo del Prado, permite dar a conocer a las mujeres dedicadas a la producción, conservación y estudio de las obras de arte y los contenidos culturales.
 
¿EN QUÉ CONSISTE?
Recopila 11.000 registros identificados en los catálogos de la Biblioteca y de la Colección del Prado, desvelando redes, trayectorias y legados que hasta la fecha permanecían dispersos y ofreciendo un panorama completo del papel de las mujeres en la historia del arte.
La plataforma reconoce a artistas en todos los campos, pero también a generadoras de conocimiento, como historiadoras del arte, profesoras, arqueólogas, escritoras y ensayistas, y a profesionales de ámbitos menos conocidos pero imprescindibles, como conservadoras de museos, restauradoras, comisarias de exposiciones, anticuarias, galeristas, editoras, impresoras, ilustradoras, encuadernadoras, bibliotecarias y archiveras.
Así, se reúne y conecta a artistas como Sofonisba Anguissola o Rosa Bonheur; pioneras de la foto como Jane Clifford, reporteras de guerra como Gerda Taro y Lee Miller o creadoras plásticas más recientes como Ouka Leele y Cristina García Rodero; escultoras como Camille Claudel, Susana Solano o Cristina Iglesias; y profesionales destacadas como Elena Páez, Luisa Morales, Pilar Fernández Vega, María Luisa Caturla o Estrella de Diego.
Los registros incluidos en la plataforma nos dejan acceder tanto a información sobre los libros conservados en la Biblioteca del museo dedicados a estas mujeres como a obras escritas por ellas mismas, enlazando muchas veces con sus creaciones artísticas presentes en la pinacoteca.
 
¿QUÉ OBJETIVOS TIENE?
Subrayar el compromiso sostenido del Prado en la difusión y la valoración social de la contribución histórica de las mujeres al arte, en este caso a través de un espacio vivo que posibilite su exploración, localización y contextualización.
Además, Creadoras en el Prado podrá abrir nuevas posibilidades para el estudio académico, la divulgación y la construcción de referentes femeninos en la historia del arte.
 
¿EN QUÉ TÉCNICAS SE BASA LA APLICACIÓN?
En los procesos de minería de datos y la inteligencia artificial, que permiten detectar, organizar y estructurar información dispersa.
Igualmente, otras bases de datos abiertas y plataformas colaborativas de conocimiento, como Wikipedia y Wikidata, han servido para ampliar el alcance y la profundidad de cada perfil.
 
¿QUÉ HERRAMIENTAS NOS PERMITEN MANEJAR SU INFORMACIÓN?
La aplicación cuenta con un buscador avanzado con filtros que acotan la información por nombre, disciplina profesional, ámbito geográfico o periodo histórico. Además, un mapa cronológico interactivo ubica a las creadoras en su contexto espacial y temporal, para generar una experiencia de navegación geolocalizada y dinámica. Esta visualización facilita comprender redes, trayectorias y relaciones entre autoras, disciplinas y territorios.
 
 
PARA MÁS INFORMACIÓN:
www.museodelprado.es

 
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Ante la ofensiva antiderechos, más organización feminista, siete años después

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*Por Clemen Bareiro Gaona

Cada 8 de marzo las calles de Asunción vuelven a llenarse de pañuelos , carteles y cantos colectivos. Miles de mujeres, jóvenes, adultas, niñas y disidencias marchan para reclamar derechos, denunciar violencias y celebrar las luchas que nos trajeron hasta aquí. Pero el 8M en Paraguay ya no es solo una fecha conmemorativa. Con el paso de los años se ha convertido en uno de los principales espacios de articulación política del movimiento feminista.

Desde hace casi una decada, organizaciones de mujeres y feministas de Asunción y de distintas ciudades del país –Encarnación, Ciudad del Este, Concepción, Coronel Oviedo, Pilar, Horqueta, entre otras – se autoconvocan para tomar las calles y las plazas. En ese proceso, el 8M dejó de ser un día de movilización para convertirse también en un espacio desde donde pensar estrategias, construir organización y colocar en la agenda pública debates que durante mucho tiempo fueron invisibilizados.

Una compañera definió una vez al 8M como el gran espacio articulador de los feminismos del Paraguay. Allí confluyen organizaciones, colectivas y activistas que impulsan debates sobre la violencia contra las mujeres, la desigualdad en el trabajo, el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, la precarización de la vida y la crisis de los cuidados.

Pero el 8M también expresa la diversidad del movimiento feminista. Cuando hablamos de feminismos hablamos de las mujeres en todas sus diversidades: mujeres heterosexuales, lesbianas, trans, urbanas y rurales, campesinas, profesionales, indigenas, madres y mujeres que deciden no serlo, artistas, estudiantes, trabajadoras, deportistas. Mujeres de distintas generaciones y trayectorias que comparten una convicción común: enfrentar un sistema de desigualdades sostenido por el patriarcado y por un modelo económico que reproduce exclusiones profundas.  

Cuando escribía sobre el 8M en 2019 hablábamos de una arremetida antiderechos que se expresaba en decisiones políticas concretas. La prohibición de materiales de educación integral de la sexualiad en el sistema educativo o la declaración del Senado “por la vida y la familia” mostraban la reacción de sectores conservadores frente al avance de la agenda de derechos de las mujeres.

Siete años después, ese fenómeno no solo continua, sino que se ha consolidado. Los sectores antiderechos lograron articularse como un proyecto político que disputa sentidos, instituciones y políticas públicas. A través de discursos que apelan a la defensa de la familia, la moral o la libertad, buscan frenar o revertir avances en materia de derechos sexuales y reproductivos, educación, igualdad y diversidad.

Esta ofensiva no es exclusivamente paraguaya. Forma parte de una avanzada conservadora que atraviesa América Latina y otros lugares del mundo, impulsada por redes políticas, religiosas y económicas que han comprendido que el feminismo se convirtió en uno de los movimientos sociales más dinámicos de nuestro tiempo.

En Paraguay, esta disputa se expresa en distintos ámbitos: en el sistema educativo, en el debate parlamentario, en los medios de comunicación y cada vez más en las redes sociales. No se trata solamente de una disputa por determinadas políticas públicas, sino también por el sentido mismo de la democracia.

Porque lo que está en juego no son únicamente algunos derechos específicos. Lo que está en juego es el tipo de sociedad que queremos construir.

Frente a ese escenario, el desafio del movimiento feminista sigue siendo fortalecer la organización y el pensamiento crítico. No se trata únicamente de resistir los retrocesos, sino también de seguir construyendo propuestas que amplien los horizontes de igualdad y justicia.

En estos años aprendimos que la lucha se da en múltiples frentes. Está el frente de las calles, donde las movilizaciones siguen siendo un espacio fundamental de visibilización y construcción colectiva. Está el frente institucional, donde compañeras que ocupan espacios en el Estado impulsan políticas públicas y defienden derechos conquistados. Y está el frente cultural, donde artistas, investigadoras, docentes y comunicadoras disputan los sentidos que organizan nuestra vida social.

No podemos regalar ningún espacio.

Al mismo tiempo, el movimiento feminista ha demostrado ser una de las fuerzas sociales con mayor capacidad de movilización en las ciudades del país. Cada año miles de personas participan de las marchas y actividades del 8M, generando un espacio de encuentro que convoca especialmente a nuevas generaciones.

Esa potencia movilizadora es una de nuestras principales fortalezas, pero también plantea desafios. Necesitamos fortalecer la organización territorial, ampliar los espacios de formación política y seguir construyendo alianzas con otros movimientos sociales: el movimiento campesino, el sindicalismo, el movimiento estudiantil y las organizaciones comunitarias.

En un país profundamente desigual como Paraguay, la lucha feminista no puede separarse de otras luchas por la justicia social. Las demandas por trabajo digno, por servicios públicos de calidad, por el reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidados, y por el acceso equitativo a los recursos y a la tierra forman parte de la agenda feminista.

Las conquistas que hemos logrado – como el reconocimiento del salario mínimo para las trabajadoras domésticas –demuestran que los derechos nunca fueron concesiones. Son el resultado de años de organización y lucha colectiva.

Nuestro desafío sigue siendo combinar la fuerza del movimiento con la conquista concreta de derechos. No podemos quedarnos en el reclamo desde las calles, pero tampoco podemos abandonar ese espacio que históricamente ha sido el motor de nuestras transformaciones.

Hoy, frente al avance de discursos autoritarios y de odio que buscan restringir derechos y reducir la democracia a un ritual electoral, el feminismo vuelve a recordarnos algo fundamental: que la democracia solo puede sostenerse si incluye nuestras vidas, nuestros cuerpos y nuestras decisiones. 

Por eso, frente a la ofensiva antiderechos, la respuesta sigue siendo la misma que hace siete años: más organización feminista.

Porque sin igualdad, la democracia es apenas una promesa vacía.

Y porque nuestras luchas – como nuestras palabras – siguen siendo semilla que se siembra hoy para florecer mañana.

 

 


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