Escaparate, la mirada que gana el XVII Premio Málaga de Ensayo

Isaac

Premio de Málaga de Ensayo

El XVII Premio Málaga de Ensayo ya tiene nombre propio: «Escaparate. Pedagogía de la modernidad», del docente e historiador del arte Iñaki Gómez Álvarez. La obra, que parte de un recuerdo infantil aparentemente sencillo, convierte el gesto de pararse frente a un cristal en una reflexión amplia sobre cómo aprendemos a mirar, desear y entender el mundo contemporáneo.

La presentación oficial del libro, celebrado en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga, ha reunido a representantes institucionales, responsables editoriales y al propio autor. El acto ha servido no solo para escenificar la entrega del premio, sino también para subrayar el peso que este galardón ha adquirido en el panorama del ensayo en España y su conexión con debates actuales sobre cultura visual, memoria y educación.

Un ensayo ganador sobre la pedagogía de la mirada

«Escaparate. Pedagogía de la modernidad» se ha alzado con el XVII Premio Málaga de Ensayo «José María González Ruiz» tras imponerse entre 60 manuscritos presentados, el doble que en la edición anterior. El libro toma forma a partir de una escena temprana: un niño que, camino del colegio y mientras espera el autobús, se queda fascinado ante los escaparates de una imprenta repleta de libros ilustrados, enciclopedias de arte y novelas.

Desde ese recuerdo, convertido casi en imagen fundacional, Gómez Álvarez elabora una teoría de la mirada cotidiana. El escaparate deja de ser solo una superficie de cristal que exhibe mercancías para transformarse en un dispositivo simbólico cargado de significados. El ensayo lo presenta como una herramienta pedagógica que ha contribuido, junto a otros soportes visuales, a enseñar a varias generaciones a relacionarse con los objetos, las imágenes y la ciudad.

El jurado ha destacado la obra por «la originalidad y el acierto del tema elegido», al convertir ese elemento arquitectónico corriente -el frente acristalado de los comercios- en el eje de una reflexión antropológica y cultural. El libro explora las distintas experiencias del paseante que se detiene ante un escaparate y cómo ese gesto mínimo revela deseos, miedos, aspiraciones y códigos sociales.

Para el autor, la infancia asomada al cristal funciona como una especie de pedagogía silenciosa: los niños observan, imaginan y organizan el mundo a partir de lo que ven tras el vidrio. Esa educación visual, sostiene el ensayo, tiene una huella profunda en la manera en que se construye la identidad personal y colectiva en las sociedades occidentales.

La presentación en el Ayuntamiento de Málaga

El Ayuntamiento de Málaga ha sido el escenario de la presentación pública del libro ganador, en un acto que refuerza la vocación institucional del premio por apoyar el género ensayístico. El encuentro ha tenido lugar en el Salón de los Espejos, uno de los espacios más emblemáticos de la casa consistorial.

En la mesa han intervenido el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre; la concejala de Cultura y Patrimonio Histórico, Mariana Pineda; el director de la editorial Páginas de Espuma, Juan Casamayor; y el ensayista premiado, Iñaki Gómez Álvarez. Cada uno ha aportado una perspectiva distinta sobre el significado del libro y del galardón dentro del circuito cultural español.

De la Torre ha felicitado tanto al autor como a la editorial, subrayando que el tema escogido «motiva la reflexión» y que le parece, en sus palabras, no solo original, sino especialmente acertado. El alcalde ha recordado además que casi todo el mundo puede reconocerse en la experiencia de quedarse frente a un escaparate, una vivencia compartida que el ensayo convierte en materia de pensamiento.

Por su parte, la concejala de Cultura ha enmarcado el premio dentro de las políticas municipales para reforzar el ensayo como herramienta de análisis crítico. La presencia de responsables públicos en la presentación refuerza la idea de que el Premio Málaga de Ensayo es una apuesta estratégica por parte de la ciudad para fomentar la reflexión sobre la realidad contemporánea.

Juan Casamayor, al frente de Páginas de Espuma, ha puesto el acento en la dimensión emocional del libro. Ha señalado que la infancia de muchos lectores está marcada por «ese deseo de quien se ha parado alguna vez delante de un escaparate», y ha invitado a mirar la ciudad de otra manera: como un entramado de cristales que componen una especie de museo urbano de la vida cotidiana.

Un autor entre la docencia, el arte y la memoria visual

Iñaki Gómez Álvarez (Madrid, 1968) llega a este reconocimiento con una trayectoria vinculada a la historia del arte, la educación y la crítica cultural. Profesor de secundaria, ha trabajado también como guía de exposiciones y como crítico en publicaciones especializadas, lo que le ha permitido cruzar mirada académica y experiencia directa con el público.

Su research se ha centrado en los llamados «museos imaginarios», las enciclopedias de arte y la recepción social de las imágenes. «Escaparate. Pedagogía de la modernidad» nace, en palabras del propio autor, como una especie de derivación de su tesis doctoral, centrada en las reproducciones fotográficas y en cómo las personas se relacionan con estas.

En la presentación, Gómez Álvarez se ha mostrado sorprendido y agradecido por el fallo del jurado, y ha reivindicado el valor de los instantes cotidianos que casi nunca se registran. Ha explicado que miles de pequeñas experiencias de belleza se pierden porque no logran articularse en una forma de ver el mundo compartible, y que su ensayo intenta precisamente rescatar ese tipo de descubrimientos mínimos.

El autor también ha hablado de la inevitable carga de nostalgia que atraviesa el libro. Para él, la mirada hacia atrás no es un simple ejercicio sentimental, sino una forma de pensar el presente: la nostalgia como dolor por lo que se conoce, por aquello que está sucediendo sin que uno pueda participar plenamente. Ese matiz le permite conectar la memoria de los viejos escaparates con las inquietudes de una época saturada de pantallas.

Entre las influencias intelectuales que planean sobre el texto, Gómez Álvarez cita nombres como Montaigne o John Berger, autores que han pensado en profundidad la experiencia de mirar y la relación entre imagen, cuerpo y sociedad. El resultado es un ensayo que combina rigor conceptual y prosa accesible, según ha subrayado el jurado.

Del escaparate físico a las pantallas del siglo XXI

Uno de los hilos centrales del libro es el tránsito desde los escaparates tradicionales hasta las pantallas contemporáneas como nuevos cristales de la vida pública. El ensayo no se limita a una mirada nostálgica hacia las vitrinas de antaño, sino que establece puentes entre esas superficies de vidrio y los dispositivos electrónicos que hoy organizan buena parte de nuestra atención.

El autor se detiene especialmente en la ciudad de Chicago, cuyos escaparates históricos —desde los grandes almacenes Marshall Field’s hasta escenas evocadas por cuadros como «Nighthawks» de Edward Hopper— sirven de laboratorio para analizar la relación entre comercio, espacio urbano y discursos sociales. Según el texto, estos puntos de luz en la trama de la ciudad llegaron incluso a funcionar como escenario de conflictos políticos y tensiones sociales, especialmente en la década de 1960.

Desde esa perspectiva, observar un escaparate no es un gesto inocente: es una forma de leer la ciudad y sus desigualdades, de ver cómo se construye el deseo colectivo y cómo se escenifican las promesas de la sociedad de consumo. El ensayo sostiene que quien se para a mirar a través del cristal, ya sea desde la calle o desde el interior de la tienda, participa en una fenomenología de la experiencia urbana.

El libro enlaza esta reflexión con el presente, marcado por la omnipresencia de móviles, ordenadores y televisores. Estas pantallas, plantea Gómez Álvarez, actúan como nuevos escaparates del siglo XXI, en los que seguimos aprendiendo a desear y a relacionarnos con el entorno, aunque ahora desde la lógica de los algoritmos y la hiperconectividad.

En el ámbito educativo, el volumen compara el impacto social de los escaparates con el de las pizarras digitales y otros recursos audiovisuales del aula. Lejos de ser simples adornos comerciales, las vitrinas urbanas habrían ejercido durante décadas una función pedagógica silenciosa, especialmente sobre niños y adolescentes, que recorren la ciudad «como pequeños flâneurs» en busca de descubrimientos visuales.

El fallo del jurado y la dotación del galardón

El XVII Premio Málaga de Ensayo está convocado por el Ayuntamiento de Málaga, a través del Área de Cultura y Patrimonio Histórico, en colaboración con la editorial Páginas de Espuma, que se encarga de la publicación de la obra ganadora. Esta edición ha registrado 60 originales, una cifra que duplica la del año anterior y que refleja el interés creciente por el certamen.

El fallo se hizo público en diciembre de 2025, tras la deliberación de un jurado presidido por la directora general de Cultura del Ayuntamiento, Susana Martín Fernández. El panel lo completaban la catedrática y ensayista Estrella de Diego; la escritora y ensayista Espido Freire; el catedrático y ensayista Javier Gomá, y el escritor y responsable de la Casa Gerald Brenan, Alfredo Taján. Todos ellos optaron por distinguir la propuesta de Gómez Álvarez por mayoría.

En el acta, el jurado subraya la relevancia del tema escogido y la forma en que el ensayo ilumina un elemento funcional y popular como el escaparate, mostrando que, pese a su aparente sencillez, ha cumplido una función pedagógica clave en las sociedades occidentales durante el último siglo, con un efecto particular sobre la mirada infantil.

La obra ganadora no solo consigue su publicación en el catálogo de Páginas de Espuma, sino que recibe una dotación económica de 10.000 euros, cantidad que consolida al Premio Málaga de Ensayo como uno de los reconocimientos mejor valorados en su ámbito dentro de España. El Ayuntamiento ha incidido en el carácter divulgativo del premio y en su capacidad para acercar el ensayo a un público amplio.

El libro ya ha llegado a las librerías, pero, como ha señalado el propio autor, su verdadera lección sigue sucediendo «frente al cristal»: en ese diálogo cotidiano entre lo que la ciudad muestra y lo que cada persona decide mirar. Al detenerse, aunque sea unos segundos, ante un escaparate, se activa uno de esos microdescubrimientos de belleza que el ensayo trata de rescatar del olvido.

Un premio consolidado en el mapa del ensayo en España

Creado en 2007 y bautizado en memoria de José María González Ruiz, el Premio Málaga de Ensayo ha ido ganando peso tanto en número de participantes como en proyección internacional. Desde sus primeras ediciones, la presencia de manuscritos procedentes de América Latina ha sido significativa, con autores argentinos, mexicanos y peruanos entre los galardonados.

El palmarés del certamen refleja la variedad temática y el carácter híbrido del ensayo contemporáneo. Entre otros, han sido reconocidos el cordobés Vicente Luis Mora con «Pasadizos» en la primera edición; el argentino Blas Matamoro y el mexicano Ignacio Padilla en convocatorias posteriores, así como autores que han explorado territorios fronterizos del pensamiento, desde la literatura fantástica hasta la reflexión política y social.

En esta trayectoria se inscriben propuestas como las de David Roas, centrada en lo fantástico; Cristián Crusat, que abordó la autoficción; o Remedios Zafra, que investigó la relación entre creatividad y género. También figuran trabajos que se han detenido en conceptos como la espera, la realidad no contemplada o las tensiones del lenguaje en sociedades pluricéntricas.

Entre otros títulos destacados se encuentran «La lira de las masas», del escritor y crítico peruano Rodríguez-Gaona; «Agitación. Sobre el mal de la impaciencia», del ensayista Jorge Freire; «Caos, virus, calma. La Física del Caos aplicada al desorden artístico, social y político», de Nùria Perpinyà; o «La impostora. Cuaderno de traducción de una escritora». Más recientemente, han sido distinguidos «Arquitectura de las pequeñas cosas», del arquitecto madrileño Santiago de Molina; «Herida Fecunda», de la autora argentino-mexicana Sandra Lorenzano; y «Flaubert a la carta», del tinerfeño Antonio Álvarez de la Rosa.

Este recorrido evidencia que el galardón malagueño ha buscado, edición tras edición, tender puentes entre autores y lectores en torno a temas que combinan reflexión teórica y conexión con la vida diaria. La elección este año de un libro centrado en los escaparates encaja en esa línea: un objeto familiar convertido en puerta de entrada a cuestiones más amplias sobre ciudad, deseo y aprendizaje.

A día de hoy, el Premio Málaga de Ensayo se considera uno de los referentes del género en el ámbito español y europeo, tanto por la calidad de las obras seleccionadas como por el apoyo institucional y editorial que lo respalda. Su evolución apunta a un espacio donde conviven la investigación académica, la experimentación literaria y el interés por llegar a un público general curioso por entender mejor el mundo que le rodea.

Con la elección de «Escaparate. Pedagogía de la modernidad», el premio refuerza su apuesta por miradas singulares sobre lo cotidiano, capaces de descubrir, en un simple cristal de tienda, una ventana a la forma en que construimos nuestras ciudades, nuestros deseos y nuestra memoria colectiva.


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La intriga del funeral inconveniente, el regreso del detective sin nombre de Eduardo Mendoza

Isaac

Portada de novela de misterio ambientada en Barcelona

La nueva novela de Eduardo Mendoza vuelve a situar a su inolvidable detective sin nombre en el centro de un enredo criminal que, como es habitual en el autor barcelonés, empieza de forma casi ridícula y termina complicándose más de la cuenta. Con La intriga del funeral inconveniente, el escritor recupera uno de sus personajes más queridos y lo sitúa de nuevo en una Barcelona llena de sombras, secretos y disparates.

El punto de partida no puede ser más modesto: la crónica de un funeral que nadie consideraba importante en un periódico local. A partir de ese texto, escrito por un redactor recién llegado a la redacción, se desencadena una reacción imprevisible que salpica a poderosos, saca a la luz una trama financiera de alto nivel y arrastra al detective a un caso que, sobre el papel, parecía un simple malentendido.

Un funeral menor que desata un escándalo mayúsculo

En el corazón de la novela se encuentra Ramoncito Valenzuela, un periodista novato que firma una breve nota sobre un entierro anodino para un diario local. Lo que para él es apenas una pieza de relleno acaba costándole el puesto: la publicación de esa crónica desencadena su despido fulminante, sin que el propio Ramoncito entienda bien qué hilo sensible ha tocado.

Sin saberlo, con ese texto ha puesto en marcha una reacción en cadena. A partir de aquel funeral aparentemente insignificante empiezan a aparecer conexiones con intereses económicos ocultos, operaciones financieras turbias y personajes influyentes que preferirían que ciertos asuntos no apareciesen en los periódicos. El relato del sepelio se convierte, sin pretenderlo, en la pista inicial de investigación de alto nivel.

La novela traza así el recorrido de cómo algo mínimo -una pequeña noticia perdida en las páginas interiores- puede destapar una conspiración de consecuencias desproporcionadas. El despido de Ramoncito es solo el primer síntoma de que hay fuerzas moviéndose para evitar que la verdad salga a la luz y que el eco de ese funeral vaya más allá de los pocos asistentes que acudieron al mismo.

El mundo de los medios locales, las presiones empresariales y el miedo a incomodar a ciertos poderes forman parte del telón de fondo de una trama en la que un gesto aparentemente inocente -cumplir con el trabajo de cubrir un entierro- se transforma en el detonante de una cadena de sucesos cada vez más inverosímiles.

El regreso del detective sin nombre tras más de una década de altibajos

En este contexto reaparece el célebre detective sin nombre, uno de los personajes más reconocibles del universo literario de Mendoza. Después de once años de altibajos y vicisitudes, este investigador atípico vuelve a verse atrapado en un caso que, igual que en entregas anteriores, se inicia como un asunto menor y deriva en un enredo de grandes dimensiones.

El protagonista lleva a cuestas una trayectoria que los lectores ya conocen bien gracias a títulos como El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas, La aventura del tocador de señoras, El enredo de la bolsa y la vida y El secreto de la modelo extraviada. En La intriga del funeral inconveniente, vuelve a moverse entre instituciones, barrios y personajes pintorescos, siempre con ese punto de torpeza lúcida que lo convierte en alguien cercano pese a lo extravagante de las situaciones. Además, obras como Sin noticias de Gurb forman parte del catálogo que instala al autor en el imaginario de muchos lectores.

Lejos del cliché del sabueso infalible, este investigador se topa con una red intrincada de suplantaciones, engaños y chapuzas criminales. El caso le pilla, como de costumbre, con más problemas personales que medios, pero su capacidad para sobrevivir a cualquier atropello -combinada con una mirada muy particular sobre la ciudad y sus habitantes- marca el ritmo de la narración.

La nueva aventura supone además la sexta incursión del personaje en la obra de Mendoza, consolidando una saga que ha pasado de ser un experimento de tono cómico a convertirse en uno de los pilares más reconocibles de su narrativa de misterio en clave satírica. Cada vuelta del detective a las librerías es, para muchos lectores, una forma de reencontrarse con un universo propio, reconocible y a la vez reinventado en cada entrega.

Trama detectivesca, sátira y crítica social en la Barcelona de Mendoza

Uno de los rasgos más destacados de La intriga del funeral inconveniente es la manera en que Eduardo Mendoza vuelve a combinar sátira, absurdo y lucidez moral. La historia funciona como una novela detectivesca con todos sus ingredientes -pistas, sospechosos, giros inesperados-, pero al mismo tiempo propone una mirada irónica sobre las estructuras de poder, las apariencias y la facilidad con la que se prefiere ocultar la verdad antes que afrontarla.

En esta nueva entrega, el verdadero enigma no es solo quién está detrás de la trama financiera o qué se esconde tras aquel funeral, sino por qué nadie quiere que la verdad se conozca. La resistencia de instituciones, empresas y particulares a que ciertos datos salgan a la luz se convierte en un motor narrativo, pero también en una forma de señalar contradicciones y miserias cotidianas.

Barcelona vuelve a ser el escenario privilegiado de la comedia humana que plantea Mendoza. Calles, edificios oficiales, barrios populares y rincones menos transitados se mezclan en un mapa urbano que el lector reconoce y al mismo tiempo descubre desde una nueva perspectiva. La ciudad aparece como un personaje más, cómplice y víctima de las tramas que se tejen entre despachos, cementerios y redacciones de periódicos.

El tono combina lo hilarante con lo implacable: los diálogos, los equívocos y las situaciones disparatadas provocan la sonrisa, pero debajo de esa superficie ligera late una crítica firme a la corrupción, la chapuza y la opacidad que a menudo rodean al poder económico y político. Mendoza vuelve a demostrar su habilidad para reírse de casi todo sin perder de vista la gravedad de lo que está contando.

Un título más en una trayectoria literaria premiada

Con esta novela, Eduardo Mendoza suma un nuevo hito a una carrera reconocida con galardones tan relevantes como el Premio Cervantes y el Premio Princesa de Asturias de las Letras, entre otros. Su regreso a las estanterías se produce apenas dos años después de Tres enigmas para la Organización, lo que confirma el buen momento creativo del autor.

A lo largo de las últimas décadas, Mendoza ha construido una obra diversa en la que conviven la parodia detectivesca, la novela urbana y el relato histórico, con títulos ya clásicos como La verdad sobre el caso Savolta, La ciudad de los prodigios, Sin noticias de Gurb, El año del diluvio o Una comedia ligera. Dentro de ese conjunto, las aventuras del detective sin nombre constituyen una de sus aportaciones más populares y reconocibles.

La intriga del funeral inconveniente se incorpora a esa línea, pero con un enfoque que entronca de lleno con las preocupaciones contemporáneas sobre transparencia, información y poder. La mezcla de humor, misterio y crítica social enlaza tanto con sus primeras novelas como con obras más recientes, lo que hace que el libro pueda atraer tanto a quienes han seguido la saga del detective desde el principio como a lectores que se acercan por primera vez al autor.

En conjunto, la obra se presenta como una nueva oportunidad para adentrarse en el particular universo narrativo de Mendoza: una Barcelona reconocible pero retorcida por el absurdo, unos personajes que rozan la caricatura sin perder humanidad y una trama que, partiendo de un funeral en apariencia irrelevante, acaba cuestionando cómo se construye y se oculta la verdad en nuestra sociedad.


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TINTAS 5

¿QUÉ ES TINTAS 5?
Una muestra que la Subdirección General del Libro de la Comunidad de Madrid y la Agencia Madrileña de Atención Social (AMAS) nos ofrecen en la capital y que recoge arte outsider creado por artistas de los Centros para Personas con Discapacidad Intelectual de esta agencia.
 
¿QUÉ OBJETIVOS TIENE?
Invitarnos a descubrir la originalidad y la mirada única de estos autores; una creación diferente, surgida fuera del ámbito académico o profesional y que refleja una libertad expresiva y una sensibilidad excepcionales.
Estos trabajos comparten una espontaneidad y una autenticidad que revelan la personalidad de sus creadores. A través del color, las formas y de sus diversos temas, despliegan frescura y pueden enseñarnos nuevas formas de entender el arte.
 
¿QUÉ VEREMOS EN TINTAS 5?
Ochenta obras realizadas con diversas técnicas pictóricas y sobre distintos soportes, sin demasiadas normas y con mucha autonomía: paisajes y retratos, interpretaciones de obras de arte bien conocidas, piezas abstractas, otras inspiradas en imágenes de libros o revistas, personajes o escenas inventadas…
 
¿EN QUÉ FECHAS PUEDE VISITARSE?
Hasta el próximo 22 de febrero de 2026.
 
¿Y EN QUÉ ESPACIO?
En la Sala de exposiciones de la Biblioteca Regional de Madrid “Joaquín Leguina”, en el Complejo El Águila.
 
¿QUÉ PUEDO HACER PARA VISITARLA?
La asistencia es gratuita.
 
 
PARA MÁS INFORMACIÓN:
www.comunidad.madrid
José Manuel Obispo. La joven del baile
Carmen Hernández Calama. Las manos
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Deforma Laboral y Estado carcelario: Así se vuelve al siglo XIX

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Por Sólana López

 

Mientras el mundo avanza, Argentina aprobó en 48 horas una reforma laboral que destruye derechos conquistados en un siglo de lucha y una ley de punibilidad adolescente que criminaliza la pobreza. El pueblo resiste en las calles, el movimiento feminista prepara la respuesta.


Ph: Lina Etchesuri / lavaca.org

Miércoles 11 de febrero. Mientras la policía reprimía brutalmente a trabajadorxs y organizaciones sociales en la Plaza de los 2 Congresos, el Senado argentino daba media sanción a la nueva Ley de Reforma Laboral. El país ya la bautizó con su nombre verdadero: Deforma Laboral. Y es que, efectivamente, produce una transformación que viola principios constitucionales garantizados en los artículos 14 y 14 bis de la Constitución Nacional. Derechos conquistados en un proceso de casi cien años de historia y que eliminaron las condiciones de servidumbre en el territorio nacional.

 

La reforma entrega a las patronales vía libre para despidos, contrataciones, convenios, horas de trabajo y salarios. Lxs trabajadorxs quedaremos a merced de cada empresa. Hasta se restringe el derecho de huelga, ese último bastión de dignidad obrera.

 

 

El segundo golpe

 

Jueves 12. Aprovechando que el pueblo todavía recuperaba el aliento del día anterior, la Cámara de Diputadxs, dio media sanción al proyecto de Ley que baja la edad de imputabilidad a 14 años.

 

Estas dos leyes van de la mano y son parte de en un plan que además de cruel, pretende generar transformaciones estructurales no solo económicas e institucionales, sino de la sociedad y la cultura misma. La baja a 14 años, implica un Estado punitivo que vulnera compromisos internacionales de la República Argentina, sobre la defensa irrestricta de los derechos de niñeces y adolescencias.

 

Sobrada es la evidencia científica que plantea que, no hay posibilidad alguna de que el encierro, coartar el libre tránsito o el control panóptico sobre adolescentes, contribuya a su desarrollo subjetivo. Por el contrario, lo obtura severamente y no aleja a aquella población del peligro ni de los delitos.

 

Por el contrario, la evidencia nos indica, que con una definición de Estado como esta, en un tiempo más, estaremos frente al difícil desafío de reparar las secuelas en adolescentes y jóvenes arrasadxs y desmanteladxs en sus estructuraciones psíquicas, producto de la institucionalización forzada que mantiene prácticas profunda de violencia institucional, con consecuencias traumáticas aún más graves.

 

La creatividad popular como respuesta

 

El movimiento popular agota sus fuerzas en un modelo de resistencia que enfrenta brutales represiones. Es hora de apelar a la creatividad popular, a la unidad capaz de construir fortaleza.

 

El 7 de febrero el colectivo transfeminista y LGTBIQ+ llevó adelante una gran movilización antifascista, que logró aglutinar diversos sectores agredidos por este gobierno. También, esperamos un contundente 8 de marzo, en nuestro país, Latinoamérica y el mundo entero. Un 8 de marzo que empuje desde todos los rincones el espíritu combativo ante injusticias cómo las que vivimos en Argentina.

 

Nos esperan más jornadas de lucha en las próximas fechas. El congreso debe terminar de definir el futuro de estos proyectos de Ley y las feministas ahí estaremos. Estaremos ahí, poniendo el cuerpo por nosotrxs, porque sabemos que este presente de lucha, tiene responsabilidad de futuro.


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Javier Sierra, nuevo Premio CEDRO por su defensa de la cultura escrita

Isaac

Premio CEDRO a Javier Sierra

El escritor y periodista turolense Javier Sierra ha sido elegido para recibir el Premio CEDRO 2026, un reconocimiento que otorga el Centro Español de Derechos Reprográficos a quienes destacan por su implicación en la protección de la cultura escrita y de la propiedad intelectual. La decisión, adoptada por la Junta Directiva de la entidad, sitúa al autor entre las voces más visibles en la defensa de los creadores en el ámbito hispanohablante.

La distinción se entregará el próximo 29 de abril, coincidiendo con el Día Internacional de la Propiedad Intelectual, en un acto que reunirá a premiados de ediciones anteriores y que marcará el décimo aniversario del galardón. Con este gesto, CEDRO subraya la dimensión pública del compromiso de Sierra, tanto en España como en el contexto europeo.

Un premio que reconoce un compromiso sostenido

Desde CEDRO se destaca que la trayectoria de Sierra representa una defensa constante de los derechos de autor y de los profesionales de la cultura escrita. La presidenta de la entidad, Carme Riera, ha recalcado que ese compromiso no se limita a su producción literaria, sino que se refleja en sus intervenciones en actos públicos, su presencia en medios de comunicación y sus artículos de opinión.

Riera ha subrayado, además, que la actitud abierta y generosa del escritor ha facilitado su participación en debates sobre propiedad intelectual, acceso a la lectura y nuevos desafíos tecnológicos. En palabras de la presidenta, para CEDRO supone un auténtico privilegio contar con un premiado que combina proyección mediática con una postura clara en defensa del ecosistema del libro.

La entidad recuerda que, a lo largo de los últimos años, Sierra se ha implicado de forma reiterada en la lucha contra la piratería y la vulneración de derechos de autor, alertando de las consecuencias económicas y culturales que tiene la difusión irregular de contenidos para escritores, traductores y resto de agentes del sector editorial.

En paralelo, el autor ha insistido en la necesidad de que las Administraciones Públicas asuman un liderazgo real en la protección y promoción de la cultura escrita. Para Sierra, ese papel institucional resulta clave a la hora de garantizar un entorno estable para la creación, tanto en España como en el conjunto de Europa, especialmente en un momento de cambios acelerados en la industria del libro.

Otro de los ejes sobre los que ha llamado la atención es el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo de los creadores. A través de conferencias, entrevistas y textos divulgativos, el escritor ha reclamado marcos normativos que tengan en cuenta los derechos de autor en el entrenamiento de modelos y en el uso de contenidos protegidos, alineándose con los debates que se están desarrollando en las instituciones europeas.

Defensa de la lectura, las bibliotecas y el medio rural

Más allá del terreno estrictamente jurídico, CEDRO pone en valor la visión de Sierra sobre la lectura como herramienta de cohesión social. El autor ha reivindicado con frecuencia el papel de las bibliotecas públicas, los clubes de lectura y las actividades de animación lectora como espacios básicos para la circulación de ideas y el mantenimiento de una ciudadanía crítica.

En sus intervenciones, Sierra suele insistir en la importancia de la historia como sostén de la identidad colectiva, advirtiendo de que la pérdida de referentes culturales debilita el diálogo entre generaciones. Esta mirada histórica impregna tanto sus novelas como sus ensayos, y se traslada igualmente a su defensa de la conservación del patrimonio bibliográfico.

El escritor también ha llamado la atención sobre la necesidad de reforzar la presencia de los libros en el medio rural, donde a menudo el acceso a librerías, bibliotecas y actividades culturales es limitado. Para él, la oferta de lectura en pueblos y pequeñas localidades es un factor determinante para evitar brechas culturales entre territorios.

Su compromiso con la difusión de la cultura escrita se traduce, asimismo, en la reivindicación de la lengua española como patrimonio compartido por millones de hablantes dentro y fuera de Europa. En este sentido, Sierra ha defendido la circulación internacional de autores en español y la visibilidad de la literatura en nuestra lengua en mercados como el estadounidense.

Como muestra de este reconocimiento social, la Biblioteca Pública del Estado de Teruel lleva el nombre de Javier Sierra, un gesto simbólico que vincula la trayectoria del autor con su tierra natal y refuerza su imagen como referente cultural aragonés y español.

Una obra literaria con proyección internacional

Además de su faceta como divulgador y analista, Sierra ha construido una sólida carrera literaria, tanto en la narrativa como en el ensayo. Ha firmado cuatro ensayos dedicados a los grandes enigmas de la historia y la ciencia, combinando investigación y divulgación para acercar al público cuestiones fronterizas entre la historiografía, la arqueología y el misterio.

En el terreno de la ficción, su bibliografía incluye títulos como El Plan Maestro (2025), El mensaje de Pandora (2020), El fuego invisible (2017), La pirámide inmortal (2014), El maestro del Prado (2013), El ángel perdido (2011) o La cena secreta (2004), entre otros. En todas ellas, el autor combina tramas de suspense con referencias artísticas, científicas y religiosas que han encontrado un público diverso dentro y fuera de España.

Entre sus novelas, La cena secreta se ha consolidado como su obra de mayor impacto internacional. Traducida y editada en 45 países, le permitió convertirse en el primer —y hasta la fecha único— escritor español que logra situarse en el top 10 de las listas de libros más vendidos en Estados Unidos, un mercado especialmente competitivo para la literatura en lengua extranjera.

A lo largo de su trayectoria, Sierra ha recibido numerosos reconocimientos en el ámbito literario. La dama azul fue seleccionada como Mejor Novela Histórica del Año en Estados Unidos en 2008, mientras que El ángel perdido obtuvo dos Latino Book Awards en 2012. Por su parte, El maestro del Prado se convirtió en el libro de ficción más vendido en España en 2013.

El punto culminante de su trayectoria en el mercado editorial español llegó con El fuego invisible, obra galardonada con el Premio Planeta en 2017. Este reconocimiento reforzó su presencia mediática y consolidó definitivamente su posición como uno de los novelistas más leídos en el ámbito hispano.

Además de los premios vinculados a títulos concretos, Sierra ha sido distinguido con reconocimientos a su carrera en su tierra, como el Premio de las Letras Aragonesas, que subraya su aportación al patrimonio literario de Aragón y su proyección más allá de las fronteras regionales.

Un perfil mediático al servicio de la divulgación

La figura de Javier Sierra no se limita al espacio del libro. Su relación con los medios de comunicación se remonta a la infancia, cuando comenzó a colaborar en la radio con tan solo doce años. Posteriormente se licenció en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, lo que le permitió desarrollar una carrera profesional que combina periodismo, divulgación y creación literaria.

En el ámbito de la prensa escrita y las revistas especializadas, alcanzó notoriedad como cofundador de la revista Año Cero, centrada en enigmas históricos y fenómenos fronterizos del conocimiento, y como director de Más allá de la Ciencia. Desde estas cabeceras impulsó reportajes y dossiers que contribuyeron a popularizar temas habitualmente relegados al ámbito académico o a círculos muy especializados.

Su faceta televisiva también ha tenido peso en su proyección pública. Sierra ha dirigido y presentado programas como El otro lado de la realidad y El arca secreta, en los que combina entrevistas, reportajes y análisis de documentos históricos. Más recientemente, ha encabezado la serie Otros Mundos para Movistar+, un formato que adapta a la pantalla el tipo de contenidos que ya trabajaba en sus libros: historias poco conocidas, enigmas sin resolver y conexiones entre pasado y presente.

Este perfil híbrido entre escritor y comunicador ha permitido que sus reflexiones sobre propiedad intelectual, lectura y cultura escrita lleguen a audiencias muy amplias, más allá del circuito estrictamente literario. Sus apariciones en radio, prensa y televisión han servido de altavoz para temas como la protección de los creadores, la educación lectora o el papel del libro en una sociedad cada vez más digitalizada.

Gracias a esta labor constante en diferentes formatos, muchas de las ideas que defiende —desde la necesidad de respetar los derechos de autor hasta la urgencia de mantener políticas activas de fomento de la lectura— han ido calando en el debate público español, alineadas con las reivindicaciones del sector editorial y de las entidades de gestión de derechos.

Diez años de Premios CEDRO y una mirada europea

El galardón que recibirá Javier Sierra forma parte de una distinción que nació en 2017 con la intención de reconocer cada año la defensa de la cultura y de los derechos de autor. Desde entonces, el Premio CEDRO se ha entregado ininterrumpidamente en el marco del Día Internacional de la Propiedad Intelectual, consolidándose como una de las referencias en España para destacar a personas e instituciones comprometidas con la protección de la creación escrita.

Entre los nombres que figuran en el palmarés se encuentran autores y profesionales de gran peso en el panorama literario y mediático español. Lorenzo Silva fue el primer galardonado en 2017, seguido por Julia Navarro en 2018 y Pepa Fernández en 2019. En 2020 el premio recayó en Rosa Montero, mientras que José María Merino fue distinguido en 2021.

En 2022, CEDRO optó por reconocer conjuntamente a Eduardo Maura, Emilio del Río, Marta Rivera de la Cruz y José Andrés Torres Mora, figuras vinculadas a la política y la gestión cultural que han trabajado en favor de la propiedad intelectual y el libro desde distintos frentes institucionales. Posteriormente, el galardón fue para Antonio Muñoz Molina en 2023, Gemma Lienas en 2024 y Manuel Rivas en 2025, todos ellos autores con una larga trayectoria en el panorama literario español.

La edición de 2026 adquiere un significado especial al coincidir con el décimo aniversario de los Premios CEDRO. En el acto del 29 de abril está previsto que se reúnan muchos de los premiados de años anteriores, lo que convertirá la ceremonia en un punto de encuentro entre generaciones de escritores, periodistas y responsables culturales que comparten una misma preocupación: garantizar un marco sólido para la creación.

El alcance del premio trasciende las fronteras nacionales. Este año se otorgará también una mención especial a la escritora y periodista alemana Nina George, ex presidenta del European Writers’ Council (EWC). CEDRO quiere así reconocer su papel al frente de esta organización europea y su labor como portavoz de los autores y traductores en los procesos legislativos relacionados con la inteligencia artificial.

Entre 2019 y 2023, Nina George presidió el EWC y, tras concluir su mandato, fue nombrada primera presidenta de honor y comisaria de Asuntos Políticos para el periodo 2023-2025. Durante esos años, participó activamente en los debates sobre la regulación de la IA en la Unión Europea, insistiendo en la necesidad de que las normas tengan en cuenta los derechos de quienes generan los contenidos que sirven de base para entrenar las nuevas tecnologías.

La presencia de George en la ceremonia evidencia que el debate sobre propiedad intelectual y tecnología se libra hoy en clave europea, con impacto directo sobre la industria del libro en España. La sintonía entre las posiciones defendidas por la autora alemana y las preocupaciones de escritores como Javier Sierra refuerza la idea de que la defensa de los creadores exige una respuesta coordinada a nivel comunitario.

Con la elección de Javier Sierra como Premio CEDRO 2026 y la mención especial a Nina George, el galardón subraya la relevancia de quienes combinan una sólida producción literaria con una acción pública constante en defensa de los derechos de autor, la lectura y la cultura escrita. En un contexto marcado por la digitalización y la expansión de la inteligencia artificial, la trayectoria del escritor turolense se presenta como ejemplo de cómo la literatura, el periodismo y la divulgación pueden ir de la mano para sostener un ecosistema cultural más justo y equilibrado para creadores y lectores.


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Juan Carlos Mestre reúne medio siglo de poesía en «Asamblea»

Isaac

Retrato de Juan Carlos Mestre

La publicación de «Asamblea. Poesía reunida 1975-2025» se ha convertido en uno de los hitos literarios más relevantes del panorama poético español reciente. El volumen, editado por Galaxia Gutenberg, reúne en torno a mil quinientas páginas que recorren, libro a libro, el medio siglo de escritura de Juan Carlos Mestre, poeta y artista visual nacido en Villafranca del Bierzo (León) en 1957. Desde sus primeros textos casi secretos hasta los avances de su próximo poemario, el libro ofrece una mirada completa a una de las voces más singulares de la lírica en lengua castellana.

Esta obra total no solo pretende celebrar una trayectoria consolidada, sino fijar la versión definitiva de cada libro, fruto de un minucioso trabajo de revisión y reordenación llevado a cabo por el propio Mestre. En un contexto europeo marcado por tensiones políticas, desigualdades crecientes y un cierto cansancio democrático, la aparición de un proyecto literario tan ligado al compromiso ético y a la memoria histórica aporta una perspectiva poco complaciente pero profundamente humanista.

Un volumen monumental para cincuenta años de poesía

«Asamblea» se presenta como un tomo voluminoso que impresiona tanto por su tamaño físico como por la densidad imaginativa que contiene. En sus alrededor de 1.500 páginas caben cinco décadas de escritura, lo que, como ha señalado con ironía Antonio Gamoneda, vendría a ser un promedio de unas treinta páginas de poemas por año de trabajo constante. Esta escala permite seguir de manera continua la evolución de la voz de Mestre, sus obsesiones temáticas y su particular forma de mezclar memoria, sueño y crítica social.

El libro reúne todos los títulos poéticos publicados por Mestre hasta la fecha, desde las primeras plaquettes juveniles hasta los libros más reconocidos por la crítica. Se incluyen sus dos series iniciales, «Siete poemas escritos junto a la lluvia» y «La visita de Safo», así como los volúmenes que marcaron su consolidación, entre ellos «Antífona del otoño en el valle del Bierzo», «La poesía ha caído en desgracia», «La tumba de Keats», «La casa roja», «La bicicleta del panadero» o «Museo de la clase obrera».

Además de la obra ya conocida, «Asamblea» incorpora un conjunto de poemas inéditos que avanzan su próximo libro, «El ciprés descapotable». Se trata de veintiún textos que funcionan como una ventana hacia la etapa más reciente del autor, donde persisten su tono visionario y su voluntad de interrogar la realidad política y moral desde una imaginación desbordante. Esta sección inédita otorga al volumen un carácter de estreno y no solo de recopilación.

Otra de las piezas clave del volumen es la primera traducción íntegra al castellano de «200 gramos de patacas tristes», libro originalmente escrito en gallego, la lengua de la infancia del poeta. La versión corre a cargo del joven poeta Mario Obrero, que traslada al castellano una serie de retratos emocionados dedicados a quienes fueron silenciados o marginados históricamente. Esta traducción amplía el acceso del público hispanohablante a un libro considerado fundamental dentro de la producción reciente de Mestre.

El recorrido se cierra con un apéndice titulado «Poesía primera», donde se integran las series escritas en la década anterior a la aparición de «Antífona del otoño en el valle del Bierzo». Estas páginas permiten ver al poeta en sus tanteos iniciales, cuando comenzaba a fijar un universo propio en el que se mezclan mitologías personales, memoria familiar, referencias culturales y una sensibilidad política en ciernes.

Gamoneda y Doce: dos miradas críticas para enmarcar la obra

El volumen no se limita a apilar libros anteriores, sino que se articula como una verdadera edición de referencia acompañada de textos de lectura imprescindibles. En primer lugar, el poeta Antonio Gamoneda abre el tomo con un largo poema de presentación, seis páginas de tono afectivo y reflexivo en las que se dirige a Mestre como «hijo» y «maestro», subrayando la relación de complicidad intelectual y humana que les une.

En ese texto de apertura, Gamoneda mezcla la ternura personal con una honda preocupación por el presente político y social. Ante un contexto que describe como amenazante, en el que «hoy es ayer» y parece imponerse una regresión histórica, el poeta leonés plantea la tentación de una «huida al pasado» como refugio, sin dejar de advertir sobre los peligros de esa nostalgia. Su intervención sitúa la poesía de Mestre en un territorio de vigilancia y resistencia frente a los nuevos autoritarismos, tanto en España como en el conjunto de Europa.

Junto a este prólogo en forma de poema, el crítico y poeta Jordi Doce firma la introducción ensayística titulada «El testimonio de la imaginación». En ella explica por qué sitúa a Juan Carlos Mestre en un lugar prácticamente de excepción dentro de la poesía española reciente. Doce destaca que su obra no se deja encasillar en escuelas ni etiquetas críticas al uso, y que sostiene una coherencia poco frecuente pese a sus continuas metamorfosis formales.

Para Doce, la obra de Mestre se caracteriza por una imaginación verbal deslumbrante y una fidelidad a los «imperativos de la imaginación», que actúan como brújula estética y ética. Subraya también la forma en que sus libros constituyen una «asamblea» de voces excluidas: vivos y muertos que nunca tuvieron palabra pública, reunidos en el poema para afirmar su existencia y su verdad. Esta idea da sentido al título del volumen y enlaza con la dimensión política que atraviesa su escritura.

El crítico recalca igualmente que en Mestre no existe una separación nítida entre la palabra escrita, la oralidad performativa y la creación plástica. Sus recitales con músicos como Amancio Prada o Cuco Pérez, así como su labor como pintor, grabador y creador de cajas y artefactos visuales, forman parte de un mismo impulso creativo. La edición de «Asamblea» permite comprobar cómo esa fusión de lenguajes se traslada a la página, donde el poema suele funcionar como un espacio de imágenes en movimiento.

Biografía de un poeta entre el Bierzo, Barcelona, Chile y Roma

Detrás de este corpus poético se encuentra una trayectoria vital marcada por los desplazamientos, el activismo y la fidelidad a un origen humilde. Juan Carlos Mestre nace el 15 de abril de 1957 en Villafranca del Bierzo, en una familia ligada a oficios como la panadería y la sastrería. Desde muy joven escribe poesía y se aproxima a un pensamiento progresista alimentado por su entorno y por figuras clave que se cruzan en su camino.

A mediados de los años setenta, se traslada a Barcelona para estudiar Ciencias de la Información. Allí combina los estudios universitarios con el compromiso político en plena transición española, y comienza a trabajar como periodista en una prensa vinculada al pensamiento disidente. En esa etapa conoce a la pintora y poeta chilena Alexandra Domínguez, que se convertirá en su compañera de vida y de proyectos creativos.

Sus primeros libros, «Siete poemas escritos junto a la lluvia» (1981) y «La visita de Safo» (1983), abren el territorio del deseo y de la exploración amorosa, con un lenguaje en el que ya asoman el juego con la tradición clásica, la ironía y una fuerte carga sensorial. Críticos como Antonio Pereira vieron en aquellas obras iniciales la promesa de un autor dispuesto a empujar los límites del discurso poético, partiendo de la experiencia personal pero cargándola de resonancias colectivas.

A mediados de los ochenta, Mestre se instala en Concepción (Chile), un periodo decisivo tanto en lo biográfico como en lo literario. Allí escribe «Antífona del otoño en el valle del Bierzo», que recibe el Premio Adonáis de 1985 y que convierte la memoria familiar y el paisaje natal en materia central de su poesía. El libro convierte la herencia de panaderos y sastres en una especie de mitología íntima que dialoga con la historia política y social.

De esa etapa chilena procede también el material que dará lugar a «La poesía ha caído en desgracia» (1992, Premio Gil de Biedma), donde la experiencia del autoritarismo y la violencia política se filtra en los poemas a través de imágenes que oscilan entre la desolación y la esperanza. La mirada del poeta se afila frente a la represión y las injusticias, pero sin renunciar a la dimensión onírica y visionaria que caracteriza su estilo.

Reconocimientos, grandes libros y compromiso cívico

Desde finales de los años ochenta, Mestre se instala en Madrid, ciudad en la que continúa desarrollando su doble faceta de escritor y artista visual. Su obra poética va creciendo con títulos que consolidan su presencia en la literatura española contemporánea, a la vez que se multiplican sus exposiciones de pintura, grabado y libros de artista en Europa, América Latina y Estados Unidos.

Durante el curso 1997-1998, el poeta reside en la Academia de España en Roma, una estancia que cristaliza en «La tumba de Keats» (1999, Premio Jaén). En este libro, los sueños de juventud, la tradición artística y las utopías liberadoras se confrontan con la historia de una Roma milenaria donde también se acumulan ruinas y fracasos. El poema largo que da título al libro funciona como una meditación sobre la propia escritura y sus límites.

La madurez de su proyecto poético se afirma con obras como «La casa roja» (Premio Nacional de Poesía) y «La bicicleta del panadero» (Premio de la Crítica), donde el autor trenza memoria personal, denuncia social y un imaginario poblado de personajes desamparados, animales, objetos cotidianos y referencias culturales de todo tipo. El tono oscila entre la ternura y la ferocidad crítica, en un lenguaje que no renuncia a la belleza pero tampoco a la incomodidad.

En «Museo de la clase obrera» (2018), Mestre ensaya una incursión en los límites del lenguaje para atravesar los escombros del siglo XX. El libro propone una suerte de catálogo poético de la memoria obrera, los fracasos revolucionarios y las formas de explotación que persisten en el capitalismo tardío. La poesía se convierte en un espacio de archivo y reparación, aunque sin caer en la solemnidad académica.

Escrito en gallego, «200 gramos de patacas tristes» (2019) recupera voces y rostros de quienes fueron ignorados por la historia oficial. Se trata de retratos breves de personas corrientes, muchas veces golpeadas por la pobreza o la represión, a las que el poema otorga una dignidad que los discursos dominantes les negaron. Este libro refuerza la idea de la poesía como acto civil y gesto de restitución simbólica.

A lo largo de estas décadas, la obra de Mestre ha sido objeto de traducciones a diversas lenguas y ha recibido un reconocimiento sostenido. Entre otros galardones, en 2017 obtuvo el Premio Castilla y León de las Letras por el conjunto de su obra, y en 2018 fue distinguido con la Medalla Europea «Homero» de Poesía y Arte. En 1999 recibió una Mención de Honor en el Premio Nacional de Grabado de la Calcografía Nacional, que subraya la importancia de su faceta plástica.

Influencias, maestros y genealogía poética

La construcción de este universo creativo no puede entenderse sin las figuras que funcionaron como faros literarios y vitales para Mestre. Entre las más determinantes se encuentra Gilberto Núñez Ursinos, escritor berciano cuya temprana muerte dejó una huella indeleble. La víspera de su suicidio, dejó en la panadería del padre de Mestre un paquete con tres libros fundamentales: «Los cantos pisanos» de Ezra Pound, «Anábasis» de Saint-John Perse y «Sublevación inmóvil» de Antonio Gamoneda.

Aquel gesto, que el propio Mestre ha interpretado como una suerte de testamento poético y mandato ético, actuó como detonante de una vocación entendida no solo como ejercicio estético, sino como tarea de pensamiento crítico y compromiso con los desheredados. Durante años, el joven poeta leyó y releyó esos libros sin descifrar del todo su código, pero fue asimilando poco a poco una «gramática insurgente» que desafiaba los usos convencionales de la lengua.

Entre las influencias explícitas, Antonio Gamoneda ocupa un lugar central. Mestre ha reconocido repetidamente que la obra del autor de «Sublevación inmóvil» trasciende lo puramente literario para encarnar la figura de un ciudadano ético, alguien cuya escritura se resiste a cualquier forma de complacencia con el poder. Gamoneda no solo ha sido un referente estilístico, sino también un modelo de actitud cívica y rigor moral.

Otra presencia clave es la de Saint-John Perse, cuya poesía visionaria y atravesada por el exilio ha dejado una marca perceptible en el tono y la imaginería de Mestre. Ambos comparten una fascinación por la palabra como territorio de revelación y por las voces migrantes que se sitúan en los márgenes de las historias oficiales. Esta cercanía se confirma en la monumental traducción de la «Obra poética» de Perse, realizada por Mestre y Alexandra Domínguez para Galaxia Gutenberg, un trabajo que la crítica ha calificado de «verdadera hazaña».

En ese mapa de afinidades hay también una relación estrecha con la tradición poética española y latinoamericana del siglo XX. Nombres como Juan Larrea, Luis Cernuda, León Felipe, Concha Méndez, María Zambrano o Clara Campoamor aparecen en su discurso como parte de una constelación de escritores y pensadores ligados a la derrota republicana, el exilio y la defensa de la libertad. Este diálogo con los «vencidos» se prolonga hacia figuras como Pier Paolo Pasolini, cuya muerte violenta simboliza para Mestre la caída en desgracia de ciertos valores éticos.

En el ámbito latinoamericano, la relación con poetas como Lêdo Ivo, Yevgueni Yevtuchenko (en su dimensión hispanoamericana), o su trato con autores de distintos países, ha afianzado la idea de la poesía como acto de fraternidad civil. La traducción conjunta con Guadalupe Grande de una antología de Lêdo Ivo, publicada como «La aldea de sal», y el poema «Cavalo morto» dan cuenta de ese intercambio constante entre orillas.

Poesía, política y memoria: una «asamblea» de voces

Uno de los rasgos que más destacan los estudiosos es la imposibilidad de separar en la obra de Mestre la dimensión poética de la política, entendida esta no tanto como militancia partidista, sino como intervención en el debate público y toma de postura frente a la injusticia. Desde sus primeros textos, se percibe una clara inclinación hacia los débiles, los marginados y quienes han sido expulsados del relato dominante.

Para el autor berciano, la poesía forma parte de una larga tradición de resistencia frente a los órdenes abyectos del mundo. No se trata de panfletarismo ni de consignas directas, sino de una forma de pensamiento que pone en cuestión las estructuras de poder, las lógicas del mercado y los discursos que intentan normalizar la desigualdad. El poema se convierte así en un lugar desde el que impugnar la naturalización de la violencia, ya sea económica, política o simbólica.

En esta línea, «Asamblea» se puede leer como un gran foro en el que comparecen los vivos y los muertos que nunca tuvieron voz. Campesinos, obreros, exiliados, víctimas de la represión, pero también animales, objetos y elementos naturales forman parte de un coro donde la palabra poética intenta restituir, al menos simbólicamente, la dignidad arrebatada. La memoria, entendida como presencia activa del pasado, configura el eje desde el que se piensa el futuro.

Mestre ha señalado en varias ocasiones que la poesía cayó en desgracia cuando comenzaron a derrumbarse los valores éticos que sostenían una convivencia más justa. Cita episodios como la desaparición de Ósip Mandelshtam en Siberia, el asesinato de Federico García Lorca o el exilio de buena parte de la intelectualidad republicana como momentos en los que la civilización de la palabra fue derrotada por la violencia. A ello suma tragedias contemporáneas como Auschwitz o Gaza, que muestran cómo la barbarie se reconfigura en distintos contextos.

En sus reflexiones sobre el presente, el poeta advierte del auge de nuevas formas de autoritarismo, el deterioro de la democracia y la sustitución de las sociedades de cultura por comunidades de consumo. Frente a ese panorama, la poesía se sitúa, a su juicio, en el lado de la resistencia, como uno de los pocos lenguajes capaces de recordar que nada significa dos veces lo mismo y que las víctimas y los verdugos no pueden ser equiparados bajo eufemismos reconciliadores.

Un creador total: palabra, voz e imagen

Más allá de los libros, la figura de Juan Carlos Mestre se ha configurado como la de un creador total que desborda las fronteras entre disciplinas. Sus recitales suelen incorporar la música en directo, con colaboraciones continuadas con artistas como Amancio Prada o Cuco Pérez, y un uso de la voz que convierte la lectura de poemas en una experiencia performativa. La oralidad, en su caso, no es un añadido, sino una prolongación natural del texto escrito.

Su faceta como artista visual abarca la pintura, el grabado, el dibujo, la escultura y la creación de libros de artista y cajas-objeto. Estas piezas, expuestas en galerías y centros culturales de Europa, América Latina y Estados Unidos, comparten con su poesía una imaginería onírica y una atención minuciosa a los detalles aparentemente insignificantes. La mezcla de materiales, colores y signos remite a un mismo impulso de recomponer fragmentos dispersos de realidad.

En este sentido, quienes han seguido de cerca su trayectoria insisten en que no existe una verdadera frontera entre lo que Mestre hace con las palabras y lo que hace con las manos. El poema se llena de imágenes plásticas, y sus obras visuales parecen, a menudo, páginas de un libro expandido en el espacio. «Asamblea» permite percibir este diálogo constante entre lenguajes, incluso cuando el lector solo tiene delante el texto impreso.

Su trabajo como traductor, especialmente en la «Obra poética» de Saint-John Perse, revela otra faceta de ese mismo compromiso con la lengua. Traducir, para Mestre, supone entrar en el taller de otro poeta y asumir la responsabilidad de trasladar un universo verbal entero a otra lengua sin traicionar su impulso original. El reconocimiento crítico a esta traducción confirma la solvencia de su oído y su capacidad para manejar registros muy distintos dentro del castellano.

Al mismo tiempo, su relación con la escena poética latinoamericana y europea, a través de festivales, lecturas y proyectos colectivos, consolida la imagen de un autor que concibe la poesía como un trabajo compartido, una empresa en la que el yo nunca está completamente solo. Los diálogos intergeneracionales, las colaboraciones con músicos y artistas y la presencia en espacios públicos refuerzan esa idea de la poesía como acto comunitario.

La aparición de «Asamblea» llega así en un momento en que buena parte del debate cultural en España y Europa se centra en la memoria histórica, la crisis de los modelos democráticos y el papel de la cultura en sociedades atravesadas por la desigualdad. El libro de Mestre, lejos de ofrecer respuestas sencillas, propone un viaje por un imaginario donde conviven la ternura y la rabia, el juego verbal y la denuncia, la intimidad y el gesto colectivo. Para lectores y especialistas, se perfila ya como una referencia ineludible dentro de la poesía contemporánea en castellano, tanto por su ambición formal como por la firmeza de su apuesta ética.


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