Deforma Laboral y Estado carcelario: Así se vuelve al siglo XIX

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Por Sólana López

 

Mientras el mundo avanza, Argentina aprobó en 48 horas una reforma laboral que destruye derechos conquistados en un siglo de lucha y una ley de punibilidad adolescente que criminaliza la pobreza. El pueblo resiste en las calles, el movimiento feminista prepara la respuesta.


Ph: Lina Etchesuri / lavaca.org

Miércoles 11 de febrero. Mientras la policía reprimía brutalmente a trabajadorxs y organizaciones sociales en la Plaza de los 2 Congresos, el Senado argentino daba media sanción a la nueva Ley de Reforma Laboral. El país ya la bautizó con su nombre verdadero: Deforma Laboral. Y es que, efectivamente, produce una transformación que viola principios constitucionales garantizados en los artículos 14 y 14 bis de la Constitución Nacional. Derechos conquistados en un proceso de casi cien años de historia y que eliminaron las condiciones de servidumbre en el territorio nacional.

 

La reforma entrega a las patronales vía libre para despidos, contrataciones, convenios, horas de trabajo y salarios. Lxs trabajadorxs quedaremos a merced de cada empresa. Hasta se restringe el derecho de huelga, ese último bastión de dignidad obrera.

 

 

El segundo golpe

 

Jueves 12. Aprovechando que el pueblo todavía recuperaba el aliento del día anterior, la Cámara de Diputadxs, dio media sanción al proyecto de Ley que baja la edad de imputabilidad a 14 años.

 

Estas dos leyes van de la mano y son parte de en un plan que además de cruel, pretende generar transformaciones estructurales no solo económicas e institucionales, sino de la sociedad y la cultura misma. La baja a 14 años, implica un Estado punitivo que vulnera compromisos internacionales de la República Argentina, sobre la defensa irrestricta de los derechos de niñeces y adolescencias.

 

Sobrada es la evidencia científica que plantea que, no hay posibilidad alguna de que el encierro, coartar el libre tránsito o el control panóptico sobre adolescentes, contribuya a su desarrollo subjetivo. Por el contrario, lo obtura severamente y no aleja a aquella población del peligro ni de los delitos.

 

Por el contrario, la evidencia nos indica, que con una definición de Estado como esta, en un tiempo más, estaremos frente al difícil desafío de reparar las secuelas en adolescentes y jóvenes arrasadxs y desmanteladxs en sus estructuraciones psíquicas, producto de la institucionalización forzada que mantiene prácticas profunda de violencia institucional, con consecuencias traumáticas aún más graves.

 

La creatividad popular como respuesta

 

El movimiento popular agota sus fuerzas en un modelo de resistencia que enfrenta brutales represiones. Es hora de apelar a la creatividad popular, a la unidad capaz de construir fortaleza.

 

El 7 de febrero el colectivo transfeminista y LGTBIQ+ llevó adelante una gran movilización antifascista, que logró aglutinar diversos sectores agredidos por este gobierno. También, esperamos un contundente 8 de marzo, en nuestro país, Latinoamérica y el mundo entero. Un 8 de marzo que empuje desde todos los rincones el espíritu combativo ante injusticias cómo las que vivimos en Argentina.

 

Nos esperan más jornadas de lucha en las próximas fechas. El congreso debe terminar de definir el futuro de estos proyectos de Ley y las feministas ahí estaremos. Estaremos ahí, poniendo el cuerpo por nosotrxs, porque sabemos que este presente de lucha, tiene responsabilidad de futuro.


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Javier Sierra, nuevo Premio CEDRO por su defensa de la cultura escrita

Isaac

Premio CEDRO a Javier Sierra

El escritor y periodista turolense Javier Sierra ha sido elegido para recibir el Premio CEDRO 2026, un reconocimiento que otorga el Centro Español de Derechos Reprográficos a quienes destacan por su implicación en la protección de la cultura escrita y de la propiedad intelectual. La decisión, adoptada por la Junta Directiva de la entidad, sitúa al autor entre las voces más visibles en la defensa de los creadores en el ámbito hispanohablante.

La distinción se entregará el próximo 29 de abril, coincidiendo con el Día Internacional de la Propiedad Intelectual, en un acto que reunirá a premiados de ediciones anteriores y que marcará el décimo aniversario del galardón. Con este gesto, CEDRO subraya la dimensión pública del compromiso de Sierra, tanto en España como en el contexto europeo.

Un premio que reconoce un compromiso sostenido

Desde CEDRO se destaca que la trayectoria de Sierra representa una defensa constante de los derechos de autor y de los profesionales de la cultura escrita. La presidenta de la entidad, Carme Riera, ha recalcado que ese compromiso no se limita a su producción literaria, sino que se refleja en sus intervenciones en actos públicos, su presencia en medios de comunicación y sus artículos de opinión.

Riera ha subrayado, además, que la actitud abierta y generosa del escritor ha facilitado su participación en debates sobre propiedad intelectual, acceso a la lectura y nuevos desafíos tecnológicos. En palabras de la presidenta, para CEDRO supone un auténtico privilegio contar con un premiado que combina proyección mediática con una postura clara en defensa del ecosistema del libro.

La entidad recuerda que, a lo largo de los últimos años, Sierra se ha implicado de forma reiterada en la lucha contra la piratería y la vulneración de derechos de autor, alertando de las consecuencias económicas y culturales que tiene la difusión irregular de contenidos para escritores, traductores y resto de agentes del sector editorial.

En paralelo, el autor ha insistido en la necesidad de que las Administraciones Públicas asuman un liderazgo real en la protección y promoción de la cultura escrita. Para Sierra, ese papel institucional resulta clave a la hora de garantizar un entorno estable para la creación, tanto en España como en el conjunto de Europa, especialmente en un momento de cambios acelerados en la industria del libro.

Otro de los ejes sobre los que ha llamado la atención es el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo de los creadores. A través de conferencias, entrevistas y textos divulgativos, el escritor ha reclamado marcos normativos que tengan en cuenta los derechos de autor en el entrenamiento de modelos y en el uso de contenidos protegidos, alineándose con los debates que se están desarrollando en las instituciones europeas.

Defensa de la lectura, las bibliotecas y el medio rural

Más allá del terreno estrictamente jurídico, CEDRO pone en valor la visión de Sierra sobre la lectura como herramienta de cohesión social. El autor ha reivindicado con frecuencia el papel de las bibliotecas públicas, los clubes de lectura y las actividades de animación lectora como espacios básicos para la circulación de ideas y el mantenimiento de una ciudadanía crítica.

En sus intervenciones, Sierra suele insistir en la importancia de la historia como sostén de la identidad colectiva, advirtiendo de que la pérdida de referentes culturales debilita el diálogo entre generaciones. Esta mirada histórica impregna tanto sus novelas como sus ensayos, y se traslada igualmente a su defensa de la conservación del patrimonio bibliográfico.

El escritor también ha llamado la atención sobre la necesidad de reforzar la presencia de los libros en el medio rural, donde a menudo el acceso a librerías, bibliotecas y actividades culturales es limitado. Para él, la oferta de lectura en pueblos y pequeñas localidades es un factor determinante para evitar brechas culturales entre territorios.

Su compromiso con la difusión de la cultura escrita se traduce, asimismo, en la reivindicación de la lengua española como patrimonio compartido por millones de hablantes dentro y fuera de Europa. En este sentido, Sierra ha defendido la circulación internacional de autores en español y la visibilidad de la literatura en nuestra lengua en mercados como el estadounidense.

Como muestra de este reconocimiento social, la Biblioteca Pública del Estado de Teruel lleva el nombre de Javier Sierra, un gesto simbólico que vincula la trayectoria del autor con su tierra natal y refuerza su imagen como referente cultural aragonés y español.

Una obra literaria con proyección internacional

Además de su faceta como divulgador y analista, Sierra ha construido una sólida carrera literaria, tanto en la narrativa como en el ensayo. Ha firmado cuatro ensayos dedicados a los grandes enigmas de la historia y la ciencia, combinando investigación y divulgación para acercar al público cuestiones fronterizas entre la historiografía, la arqueología y el misterio.

En el terreno de la ficción, su bibliografía incluye títulos como El Plan Maestro (2025), El mensaje de Pandora (2020), El fuego invisible (2017), La pirámide inmortal (2014), El maestro del Prado (2013), El ángel perdido (2011) o La cena secreta (2004), entre otros. En todas ellas, el autor combina tramas de suspense con referencias artísticas, científicas y religiosas que han encontrado un público diverso dentro y fuera de España.

Entre sus novelas, La cena secreta se ha consolidado como su obra de mayor impacto internacional. Traducida y editada en 45 países, le permitió convertirse en el primer —y hasta la fecha único— escritor español que logra situarse en el top 10 de las listas de libros más vendidos en Estados Unidos, un mercado especialmente competitivo para la literatura en lengua extranjera.

A lo largo de su trayectoria, Sierra ha recibido numerosos reconocimientos en el ámbito literario. La dama azul fue seleccionada como Mejor Novela Histórica del Año en Estados Unidos en 2008, mientras que El ángel perdido obtuvo dos Latino Book Awards en 2012. Por su parte, El maestro del Prado se convirtió en el libro de ficción más vendido en España en 2013.

El punto culminante de su trayectoria en el mercado editorial español llegó con El fuego invisible, obra galardonada con el Premio Planeta en 2017. Este reconocimiento reforzó su presencia mediática y consolidó definitivamente su posición como uno de los novelistas más leídos en el ámbito hispano.

Además de los premios vinculados a títulos concretos, Sierra ha sido distinguido con reconocimientos a su carrera en su tierra, como el Premio de las Letras Aragonesas, que subraya su aportación al patrimonio literario de Aragón y su proyección más allá de las fronteras regionales.

Un perfil mediático al servicio de la divulgación

La figura de Javier Sierra no se limita al espacio del libro. Su relación con los medios de comunicación se remonta a la infancia, cuando comenzó a colaborar en la radio con tan solo doce años. Posteriormente se licenció en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, lo que le permitió desarrollar una carrera profesional que combina periodismo, divulgación y creación literaria.

En el ámbito de la prensa escrita y las revistas especializadas, alcanzó notoriedad como cofundador de la revista Año Cero, centrada en enigmas históricos y fenómenos fronterizos del conocimiento, y como director de Más allá de la Ciencia. Desde estas cabeceras impulsó reportajes y dossiers que contribuyeron a popularizar temas habitualmente relegados al ámbito académico o a círculos muy especializados.

Su faceta televisiva también ha tenido peso en su proyección pública. Sierra ha dirigido y presentado programas como El otro lado de la realidad y El arca secreta, en los que combina entrevistas, reportajes y análisis de documentos históricos. Más recientemente, ha encabezado la serie Otros Mundos para Movistar+, un formato que adapta a la pantalla el tipo de contenidos que ya trabajaba en sus libros: historias poco conocidas, enigmas sin resolver y conexiones entre pasado y presente.

Este perfil híbrido entre escritor y comunicador ha permitido que sus reflexiones sobre propiedad intelectual, lectura y cultura escrita lleguen a audiencias muy amplias, más allá del circuito estrictamente literario. Sus apariciones en radio, prensa y televisión han servido de altavoz para temas como la protección de los creadores, la educación lectora o el papel del libro en una sociedad cada vez más digitalizada.

Gracias a esta labor constante en diferentes formatos, muchas de las ideas que defiende —desde la necesidad de respetar los derechos de autor hasta la urgencia de mantener políticas activas de fomento de la lectura— han ido calando en el debate público español, alineadas con las reivindicaciones del sector editorial y de las entidades de gestión de derechos.

Diez años de Premios CEDRO y una mirada europea

El galardón que recibirá Javier Sierra forma parte de una distinción que nació en 2017 con la intención de reconocer cada año la defensa de la cultura y de los derechos de autor. Desde entonces, el Premio CEDRO se ha entregado ininterrumpidamente en el marco del Día Internacional de la Propiedad Intelectual, consolidándose como una de las referencias en España para destacar a personas e instituciones comprometidas con la protección de la creación escrita.

Entre los nombres que figuran en el palmarés se encuentran autores y profesionales de gran peso en el panorama literario y mediático español. Lorenzo Silva fue el primer galardonado en 2017, seguido por Julia Navarro en 2018 y Pepa Fernández en 2019. En 2020 el premio recayó en Rosa Montero, mientras que José María Merino fue distinguido en 2021.

En 2022, CEDRO optó por reconocer conjuntamente a Eduardo Maura, Emilio del Río, Marta Rivera de la Cruz y José Andrés Torres Mora, figuras vinculadas a la política y la gestión cultural que han trabajado en favor de la propiedad intelectual y el libro desde distintos frentes institucionales. Posteriormente, el galardón fue para Antonio Muñoz Molina en 2023, Gemma Lienas en 2024 y Manuel Rivas en 2025, todos ellos autores con una larga trayectoria en el panorama literario español.

La edición de 2026 adquiere un significado especial al coincidir con el décimo aniversario de los Premios CEDRO. En el acto del 29 de abril está previsto que se reúnan muchos de los premiados de años anteriores, lo que convertirá la ceremonia en un punto de encuentro entre generaciones de escritores, periodistas y responsables culturales que comparten una misma preocupación: garantizar un marco sólido para la creación.

El alcance del premio trasciende las fronteras nacionales. Este año se otorgará también una mención especial a la escritora y periodista alemana Nina George, ex presidenta del European Writers’ Council (EWC). CEDRO quiere así reconocer su papel al frente de esta organización europea y su labor como portavoz de los autores y traductores en los procesos legislativos relacionados con la inteligencia artificial.

Entre 2019 y 2023, Nina George presidió el EWC y, tras concluir su mandato, fue nombrada primera presidenta de honor y comisaria de Asuntos Políticos para el periodo 2023-2025. Durante esos años, participó activamente en los debates sobre la regulación de la IA en la Unión Europea, insistiendo en la necesidad de que las normas tengan en cuenta los derechos de quienes generan los contenidos que sirven de base para entrenar las nuevas tecnologías.

La presencia de George en la ceremonia evidencia que el debate sobre propiedad intelectual y tecnología se libra hoy en clave europea, con impacto directo sobre la industria del libro en España. La sintonía entre las posiciones defendidas por la autora alemana y las preocupaciones de escritores como Javier Sierra refuerza la idea de que la defensa de los creadores exige una respuesta coordinada a nivel comunitario.

Con la elección de Javier Sierra como Premio CEDRO 2026 y la mención especial a Nina George, el galardón subraya la relevancia de quienes combinan una sólida producción literaria con una acción pública constante en defensa de los derechos de autor, la lectura y la cultura escrita. En un contexto marcado por la digitalización y la expansión de la inteligencia artificial, la trayectoria del escritor turolense se presenta como ejemplo de cómo la literatura, el periodismo y la divulgación pueden ir de la mano para sostener un ecosistema cultural más justo y equilibrado para creadores y lectores.


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Juan Carlos Mestre reúne medio siglo de poesía en «Asamblea»

Isaac

Retrato de Juan Carlos Mestre

La publicación de «Asamblea. Poesía reunida 1975-2025» se ha convertido en uno de los hitos literarios más relevantes del panorama poético español reciente. El volumen, editado por Galaxia Gutenberg, reúne en torno a mil quinientas páginas que recorren, libro a libro, el medio siglo de escritura de Juan Carlos Mestre, poeta y artista visual nacido en Villafranca del Bierzo (León) en 1957. Desde sus primeros textos casi secretos hasta los avances de su próximo poemario, el libro ofrece una mirada completa a una de las voces más singulares de la lírica en lengua castellana.

Esta obra total no solo pretende celebrar una trayectoria consolidada, sino fijar la versión definitiva de cada libro, fruto de un minucioso trabajo de revisión y reordenación llevado a cabo por el propio Mestre. En un contexto europeo marcado por tensiones políticas, desigualdades crecientes y un cierto cansancio democrático, la aparición de un proyecto literario tan ligado al compromiso ético y a la memoria histórica aporta una perspectiva poco complaciente pero profundamente humanista.

Un volumen monumental para cincuenta años de poesía

«Asamblea» se presenta como un tomo voluminoso que impresiona tanto por su tamaño físico como por la densidad imaginativa que contiene. En sus alrededor de 1.500 páginas caben cinco décadas de escritura, lo que, como ha señalado con ironía Antonio Gamoneda, vendría a ser un promedio de unas treinta páginas de poemas por año de trabajo constante. Esta escala permite seguir de manera continua la evolución de la voz de Mestre, sus obsesiones temáticas y su particular forma de mezclar memoria, sueño y crítica social.

El libro reúne todos los títulos poéticos publicados por Mestre hasta la fecha, desde las primeras plaquettes juveniles hasta los libros más reconocidos por la crítica. Se incluyen sus dos series iniciales, «Siete poemas escritos junto a la lluvia» y «La visita de Safo», así como los volúmenes que marcaron su consolidación, entre ellos «Antífona del otoño en el valle del Bierzo», «La poesía ha caído en desgracia», «La tumba de Keats», «La casa roja», «La bicicleta del panadero» o «Museo de la clase obrera».

Además de la obra ya conocida, «Asamblea» incorpora un conjunto de poemas inéditos que avanzan su próximo libro, «El ciprés descapotable». Se trata de veintiún textos que funcionan como una ventana hacia la etapa más reciente del autor, donde persisten su tono visionario y su voluntad de interrogar la realidad política y moral desde una imaginación desbordante. Esta sección inédita otorga al volumen un carácter de estreno y no solo de recopilación.

Otra de las piezas clave del volumen es la primera traducción íntegra al castellano de «200 gramos de patacas tristes», libro originalmente escrito en gallego, la lengua de la infancia del poeta. La versión corre a cargo del joven poeta Mario Obrero, que traslada al castellano una serie de retratos emocionados dedicados a quienes fueron silenciados o marginados históricamente. Esta traducción amplía el acceso del público hispanohablante a un libro considerado fundamental dentro de la producción reciente de Mestre.

El recorrido se cierra con un apéndice titulado «Poesía primera», donde se integran las series escritas en la década anterior a la aparición de «Antífona del otoño en el valle del Bierzo». Estas páginas permiten ver al poeta en sus tanteos iniciales, cuando comenzaba a fijar un universo propio en el que se mezclan mitologías personales, memoria familiar, referencias culturales y una sensibilidad política en ciernes.

Gamoneda y Doce: dos miradas críticas para enmarcar la obra

El volumen no se limita a apilar libros anteriores, sino que se articula como una verdadera edición de referencia acompañada de textos de lectura imprescindibles. En primer lugar, el poeta Antonio Gamoneda abre el tomo con un largo poema de presentación, seis páginas de tono afectivo y reflexivo en las que se dirige a Mestre como «hijo» y «maestro», subrayando la relación de complicidad intelectual y humana que les une.

En ese texto de apertura, Gamoneda mezcla la ternura personal con una honda preocupación por el presente político y social. Ante un contexto que describe como amenazante, en el que «hoy es ayer» y parece imponerse una regresión histórica, el poeta leonés plantea la tentación de una «huida al pasado» como refugio, sin dejar de advertir sobre los peligros de esa nostalgia. Su intervención sitúa la poesía de Mestre en un territorio de vigilancia y resistencia frente a los nuevos autoritarismos, tanto en España como en el conjunto de Europa.

Junto a este prólogo en forma de poema, el crítico y poeta Jordi Doce firma la introducción ensayística titulada «El testimonio de la imaginación». En ella explica por qué sitúa a Juan Carlos Mestre en un lugar prácticamente de excepción dentro de la poesía española reciente. Doce destaca que su obra no se deja encasillar en escuelas ni etiquetas críticas al uso, y que sostiene una coherencia poco frecuente pese a sus continuas metamorfosis formales.

Para Doce, la obra de Mestre se caracteriza por una imaginación verbal deslumbrante y una fidelidad a los «imperativos de la imaginación», que actúan como brújula estética y ética. Subraya también la forma en que sus libros constituyen una «asamblea» de voces excluidas: vivos y muertos que nunca tuvieron palabra pública, reunidos en el poema para afirmar su existencia y su verdad. Esta idea da sentido al título del volumen y enlaza con la dimensión política que atraviesa su escritura.

El crítico recalca igualmente que en Mestre no existe una separación nítida entre la palabra escrita, la oralidad performativa y la creación plástica. Sus recitales con músicos como Amancio Prada o Cuco Pérez, así como su labor como pintor, grabador y creador de cajas y artefactos visuales, forman parte de un mismo impulso creativo. La edición de «Asamblea» permite comprobar cómo esa fusión de lenguajes se traslada a la página, donde el poema suele funcionar como un espacio de imágenes en movimiento.

Biografía de un poeta entre el Bierzo, Barcelona, Chile y Roma

Detrás de este corpus poético se encuentra una trayectoria vital marcada por los desplazamientos, el activismo y la fidelidad a un origen humilde. Juan Carlos Mestre nace el 15 de abril de 1957 en Villafranca del Bierzo, en una familia ligada a oficios como la panadería y la sastrería. Desde muy joven escribe poesía y se aproxima a un pensamiento progresista alimentado por su entorno y por figuras clave que se cruzan en su camino.

A mediados de los años setenta, se traslada a Barcelona para estudiar Ciencias de la Información. Allí combina los estudios universitarios con el compromiso político en plena transición española, y comienza a trabajar como periodista en una prensa vinculada al pensamiento disidente. En esa etapa conoce a la pintora y poeta chilena Alexandra Domínguez, que se convertirá en su compañera de vida y de proyectos creativos.

Sus primeros libros, «Siete poemas escritos junto a la lluvia» (1981) y «La visita de Safo» (1983), abren el territorio del deseo y de la exploración amorosa, con un lenguaje en el que ya asoman el juego con la tradición clásica, la ironía y una fuerte carga sensorial. Críticos como Antonio Pereira vieron en aquellas obras iniciales la promesa de un autor dispuesto a empujar los límites del discurso poético, partiendo de la experiencia personal pero cargándola de resonancias colectivas.

A mediados de los ochenta, Mestre se instala en Concepción (Chile), un periodo decisivo tanto en lo biográfico como en lo literario. Allí escribe «Antífona del otoño en el valle del Bierzo», que recibe el Premio Adonáis de 1985 y que convierte la memoria familiar y el paisaje natal en materia central de su poesía. El libro convierte la herencia de panaderos y sastres en una especie de mitología íntima que dialoga con la historia política y social.

De esa etapa chilena procede también el material que dará lugar a «La poesía ha caído en desgracia» (1992, Premio Gil de Biedma), donde la experiencia del autoritarismo y la violencia política se filtra en los poemas a través de imágenes que oscilan entre la desolación y la esperanza. La mirada del poeta se afila frente a la represión y las injusticias, pero sin renunciar a la dimensión onírica y visionaria que caracteriza su estilo.

Reconocimientos, grandes libros y compromiso cívico

Desde finales de los años ochenta, Mestre se instala en Madrid, ciudad en la que continúa desarrollando su doble faceta de escritor y artista visual. Su obra poética va creciendo con títulos que consolidan su presencia en la literatura española contemporánea, a la vez que se multiplican sus exposiciones de pintura, grabado y libros de artista en Europa, América Latina y Estados Unidos.

Durante el curso 1997-1998, el poeta reside en la Academia de España en Roma, una estancia que cristaliza en «La tumba de Keats» (1999, Premio Jaén). En este libro, los sueños de juventud, la tradición artística y las utopías liberadoras se confrontan con la historia de una Roma milenaria donde también se acumulan ruinas y fracasos. El poema largo que da título al libro funciona como una meditación sobre la propia escritura y sus límites.

La madurez de su proyecto poético se afirma con obras como «La casa roja» (Premio Nacional de Poesía) y «La bicicleta del panadero» (Premio de la Crítica), donde el autor trenza memoria personal, denuncia social y un imaginario poblado de personajes desamparados, animales, objetos cotidianos y referencias culturales de todo tipo. El tono oscila entre la ternura y la ferocidad crítica, en un lenguaje que no renuncia a la belleza pero tampoco a la incomodidad.

En «Museo de la clase obrera» (2018), Mestre ensaya una incursión en los límites del lenguaje para atravesar los escombros del siglo XX. El libro propone una suerte de catálogo poético de la memoria obrera, los fracasos revolucionarios y las formas de explotación que persisten en el capitalismo tardío. La poesía se convierte en un espacio de archivo y reparación, aunque sin caer en la solemnidad académica.

Escrito en gallego, «200 gramos de patacas tristes» (2019) recupera voces y rostros de quienes fueron ignorados por la historia oficial. Se trata de retratos breves de personas corrientes, muchas veces golpeadas por la pobreza o la represión, a las que el poema otorga una dignidad que los discursos dominantes les negaron. Este libro refuerza la idea de la poesía como acto civil y gesto de restitución simbólica.

A lo largo de estas décadas, la obra de Mestre ha sido objeto de traducciones a diversas lenguas y ha recibido un reconocimiento sostenido. Entre otros galardones, en 2017 obtuvo el Premio Castilla y León de las Letras por el conjunto de su obra, y en 2018 fue distinguido con la Medalla Europea «Homero» de Poesía y Arte. En 1999 recibió una Mención de Honor en el Premio Nacional de Grabado de la Calcografía Nacional, que subraya la importancia de su faceta plástica.

Influencias, maestros y genealogía poética

La construcción de este universo creativo no puede entenderse sin las figuras que funcionaron como faros literarios y vitales para Mestre. Entre las más determinantes se encuentra Gilberto Núñez Ursinos, escritor berciano cuya temprana muerte dejó una huella indeleble. La víspera de su suicidio, dejó en la panadería del padre de Mestre un paquete con tres libros fundamentales: «Los cantos pisanos» de Ezra Pound, «Anábasis» de Saint-John Perse y «Sublevación inmóvil» de Antonio Gamoneda.

Aquel gesto, que el propio Mestre ha interpretado como una suerte de testamento poético y mandato ético, actuó como detonante de una vocación entendida no solo como ejercicio estético, sino como tarea de pensamiento crítico y compromiso con los desheredados. Durante años, el joven poeta leyó y releyó esos libros sin descifrar del todo su código, pero fue asimilando poco a poco una «gramática insurgente» que desafiaba los usos convencionales de la lengua.

Entre las influencias explícitas, Antonio Gamoneda ocupa un lugar central. Mestre ha reconocido repetidamente que la obra del autor de «Sublevación inmóvil» trasciende lo puramente literario para encarnar la figura de un ciudadano ético, alguien cuya escritura se resiste a cualquier forma de complacencia con el poder. Gamoneda no solo ha sido un referente estilístico, sino también un modelo de actitud cívica y rigor moral.

Otra presencia clave es la de Saint-John Perse, cuya poesía visionaria y atravesada por el exilio ha dejado una marca perceptible en el tono y la imaginería de Mestre. Ambos comparten una fascinación por la palabra como territorio de revelación y por las voces migrantes que se sitúan en los márgenes de las historias oficiales. Esta cercanía se confirma en la monumental traducción de la «Obra poética» de Perse, realizada por Mestre y Alexandra Domínguez para Galaxia Gutenberg, un trabajo que la crítica ha calificado de «verdadera hazaña».

En ese mapa de afinidades hay también una relación estrecha con la tradición poética española y latinoamericana del siglo XX. Nombres como Juan Larrea, Luis Cernuda, León Felipe, Concha Méndez, María Zambrano o Clara Campoamor aparecen en su discurso como parte de una constelación de escritores y pensadores ligados a la derrota republicana, el exilio y la defensa de la libertad. Este diálogo con los «vencidos» se prolonga hacia figuras como Pier Paolo Pasolini, cuya muerte violenta simboliza para Mestre la caída en desgracia de ciertos valores éticos.

En el ámbito latinoamericano, la relación con poetas como Lêdo Ivo, Yevgueni Yevtuchenko (en su dimensión hispanoamericana), o su trato con autores de distintos países, ha afianzado la idea de la poesía como acto de fraternidad civil. La traducción conjunta con Guadalupe Grande de una antología de Lêdo Ivo, publicada como «La aldea de sal», y el poema «Cavalo morto» dan cuenta de ese intercambio constante entre orillas.

Poesía, política y memoria: una «asamblea» de voces

Uno de los rasgos que más destacan los estudiosos es la imposibilidad de separar en la obra de Mestre la dimensión poética de la política, entendida esta no tanto como militancia partidista, sino como intervención en el debate público y toma de postura frente a la injusticia. Desde sus primeros textos, se percibe una clara inclinación hacia los débiles, los marginados y quienes han sido expulsados del relato dominante.

Para el autor berciano, la poesía forma parte de una larga tradición de resistencia frente a los órdenes abyectos del mundo. No se trata de panfletarismo ni de consignas directas, sino de una forma de pensamiento que pone en cuestión las estructuras de poder, las lógicas del mercado y los discursos que intentan normalizar la desigualdad. El poema se convierte así en un lugar desde el que impugnar la naturalización de la violencia, ya sea económica, política o simbólica.

En esta línea, «Asamblea» se puede leer como un gran foro en el que comparecen los vivos y los muertos que nunca tuvieron voz. Campesinos, obreros, exiliados, víctimas de la represión, pero también animales, objetos y elementos naturales forman parte de un coro donde la palabra poética intenta restituir, al menos simbólicamente, la dignidad arrebatada. La memoria, entendida como presencia activa del pasado, configura el eje desde el que se piensa el futuro.

Mestre ha señalado en varias ocasiones que la poesía cayó en desgracia cuando comenzaron a derrumbarse los valores éticos que sostenían una convivencia más justa. Cita episodios como la desaparición de Ósip Mandelshtam en Siberia, el asesinato de Federico García Lorca o el exilio de buena parte de la intelectualidad republicana como momentos en los que la civilización de la palabra fue derrotada por la violencia. A ello suma tragedias contemporáneas como Auschwitz o Gaza, que muestran cómo la barbarie se reconfigura en distintos contextos.

En sus reflexiones sobre el presente, el poeta advierte del auge de nuevas formas de autoritarismo, el deterioro de la democracia y la sustitución de las sociedades de cultura por comunidades de consumo. Frente a ese panorama, la poesía se sitúa, a su juicio, en el lado de la resistencia, como uno de los pocos lenguajes capaces de recordar que nada significa dos veces lo mismo y que las víctimas y los verdugos no pueden ser equiparados bajo eufemismos reconciliadores.

Un creador total: palabra, voz e imagen

Más allá de los libros, la figura de Juan Carlos Mestre se ha configurado como la de un creador total que desborda las fronteras entre disciplinas. Sus recitales suelen incorporar la música en directo, con colaboraciones continuadas con artistas como Amancio Prada o Cuco Pérez, y un uso de la voz que convierte la lectura de poemas en una experiencia performativa. La oralidad, en su caso, no es un añadido, sino una prolongación natural del texto escrito.

Su faceta como artista visual abarca la pintura, el grabado, el dibujo, la escultura y la creación de libros de artista y cajas-objeto. Estas piezas, expuestas en galerías y centros culturales de Europa, América Latina y Estados Unidos, comparten con su poesía una imaginería onírica y una atención minuciosa a los detalles aparentemente insignificantes. La mezcla de materiales, colores y signos remite a un mismo impulso de recomponer fragmentos dispersos de realidad.

En este sentido, quienes han seguido de cerca su trayectoria insisten en que no existe una verdadera frontera entre lo que Mestre hace con las palabras y lo que hace con las manos. El poema se llena de imágenes plásticas, y sus obras visuales parecen, a menudo, páginas de un libro expandido en el espacio. «Asamblea» permite percibir este diálogo constante entre lenguajes, incluso cuando el lector solo tiene delante el texto impreso.

Su trabajo como traductor, especialmente en la «Obra poética» de Saint-John Perse, revela otra faceta de ese mismo compromiso con la lengua. Traducir, para Mestre, supone entrar en el taller de otro poeta y asumir la responsabilidad de trasladar un universo verbal entero a otra lengua sin traicionar su impulso original. El reconocimiento crítico a esta traducción confirma la solvencia de su oído y su capacidad para manejar registros muy distintos dentro del castellano.

Al mismo tiempo, su relación con la escena poética latinoamericana y europea, a través de festivales, lecturas y proyectos colectivos, consolida la imagen de un autor que concibe la poesía como un trabajo compartido, una empresa en la que el yo nunca está completamente solo. Los diálogos intergeneracionales, las colaboraciones con músicos y artistas y la presencia en espacios públicos refuerzan esa idea de la poesía como acto comunitario.

La aparición de «Asamblea» llega así en un momento en que buena parte del debate cultural en España y Europa se centra en la memoria histórica, la crisis de los modelos democráticos y el papel de la cultura en sociedades atravesadas por la desigualdad. El libro de Mestre, lejos de ofrecer respuestas sencillas, propone un viaje por un imaginario donde conviven la ternura y la rabia, el juego verbal y la denuncia, la intimidad y el gesto colectivo. Para lectores y especialistas, se perfila ya como una referencia ineludible dentro de la poesía contemporánea en castellano, tanto por su ambición formal como por la firmeza de su apuesta ética.


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El amor que nos deben. Parte tres

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Por Daniela Poblete Ibáñez

Han pasado varios años desde que escribí por primera vez sobre el amor que nos deben. Hoy, quise regresar a las páginas de Revista Emancipa porque; me gusta el amor.

 

Pero, resulta que “por amor” se trabaja muchísimo. Se cuida la vida de otras personas, se sostiene emocionalmente y se reorganiza la vida entera muy seguido. Todo eso, que tiene un valor económico perfectamente medible, se nos ha vendido como algo que brota naturalmente del corazón de las mujeres. El amor ha sido la excusa más bonita para justificar que el trabajo reproductivo no se valore o hasta se menosprecie.

 

Darse cuenta de que fuiste o que puedes volver a ser parte de ello, duele un poco, no voy a mentir. Pero también, nos hace saltar al vació y abre una puerta enorme: la posibilidad de construir desde otro lugar. Un lugar, que nos quita responsabilidades que nos dijeron eran naturales de las mujeres y etiquetas que nunca nos quedaron bien. Un lugar que nos aleja de esas expectativas imposibles de cumplir, donde teníamos que ser todo para todos, menos para nosotras mismas.

 

Ese amor, que estamos inventando viene con instrucciones distintas, pero no estandarizadas. Cada vínculo las construye, las negocia o las reinventa. Viene con consentimiento, no con suposiciones heredadas. Viene sin privilegios automáticos de nadie o sobre nadie. Viene con máximos cuidados, sí, pero un cuidado del vínculo construido en igualdad y equidad de condiciones. O al menos eso intentamos, porque seamos honestas: desaprender lo aprendido no es tarea de un fin de semana.

 

El feminismo nos enseña que el amor también es político, que no hay nada de neutral en cómo amamos, en qué esperamos de los vínculos o qué estamos dispuestas a dar y qué no. Exigir el amor que nos deben, no es ser egoístas o poco románticas. Es exigir reciprocidad real. Es negarnos a seguir subsidiando con nuestro tiempo y nuestra energía vital, un sistema que nos explota mientras nos dedica boleros, con todo lo que me gustan los boleros ¡que no se dejen de cantar nunca! 

 

El amor que nos deben, no viene en caja de bombones o flores. Es tiempo propio. Es poder elegir sin que la soledad sea una amenaza. Es reconocimiento del valor de lo que aportamos. Es poder construir vínculos donde la entrega sea mutua y no un sacrificio unilateral.

 

Y mientras tanto, mientras seguimos exigiendo esa deuda histórica, también estamos creando algo distinto. Un amor más libre, más honesto, más nuestro. Un amor que no necesita desigualdad para funcionar. Un amor donde también estamos incluidas nosotras.

 

Porque resulta que el amor que más nos debían, era el amor propio. Y este, finalmente, lo estamos cobrando.


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Isaac Julien y la palabra africana en las vanguardias

La Fundación Calparsoro, creada recientemente por el empresario y coleccionista Gabriel Calparsoro, ha presentado hoy en el Museo Lázaro Galdiano Once Again… (Statues Never Die) (2022), una de las últimas instalaciones cinematográficas realizadas por el artista británico Isaac Julien para abordar asuntos relevantes en los debates recientes sobre el arte y la cultura. Comisaría el proyecto, que puede verse hasta el 29 de marzo en pantalla doble, Bartomeu Marí.
En sus instalaciones y propuestas fílmicas, este artista trabaja para difuminar las fronteras entre el cine, la danza, la fotografía, la música, el teatro, la pintura o la escultura, y en concreto esta pieza supone en sus palabras un ejercicio de “restitución poética” respecto al peso del arte africano en las vanguardias artísticas de principios del siglo XX.
La narrativa de Once Again… (Statues Never Die) imagina diálogos entre el filósofo Alain Locke, impulsor del movimiento Harlem Renaissance, que combatió el racismo y procuró transformar la percepción de los afroamericanos en los veinte y los treinta, y el coleccionista y filántropo Albert C. Barnes, que fundó hace un siglo la Barnes Collection. En su trabajo les ponen voz los actores André Holland (Moonlight) y Danny Huston (Succession).
Ambos conversaron a través de textos y ensayos, que tuvieron eco histórico, y Julien ha buscado trasladar su conversación a la pantalla, haciéndoles hablar sobre ese rol del arte africano en el relato más difundido de la modernidad occidental. Explica Julien que le interesa reorganizar aquello que suele considerarse marginal para mostrar que no es un margen, sino el núcleo de la historia del arte moderno.
Isaac Julien. Once Again… Statues Never Die, 2022
Saldrá a nuestro paso en el Lázaro Galdiano un collage visual que conjuga imágenes rodadas en instituciones como la Barnes Collection, el Pitt Rivers Museum de Oxford y la Pennsylvania Academy of Fine Arts, y fragmentos de dos películas: de Looking for Langston (1989), del mismo Julien, y de otro film de los setenta del cineasta ghanés Nil Kwate Owoo, ambientado en los almacenes del British Museum de Londres, donde se conservan objetos de arte africano.
El recorrido comienza con la visita, ficticia, de una conservadora a las salas de un museo (el mencionado Pitt Rivers Museum), que cuenta con un buen número de armas y artefactos rituales africanos. A partir de ahí, la obra traza paralelismos entre las empresas coloniales en África y las actuales colecciones de los museos occidentales, sumando referencias a la expedición militar británica en Benín en 1897, capitaneada por George Leclerc-Everton, y a los lazos entre Locke y el artista Richmond Barthé.
Para incorporar a nuestro país a este proyecto se recuerda que el poeta Langston Hughes -el protagonista de Looking for Langston (1989), que Julien considera una precuela de Once Again… (Statues Never Die), vinculado a Harlem Renaissance– pudo conocer a Federico García Lorca durante su visita a la Universidad de Columbia en 1929. Años más tarde, el americano colaboró con su hermano, Francisco García Lorca, que fue profesor en esa misma universidad, en la traducción al inglés del Romancero gitano. Además, Hughes visitó España en 1937 como corresponsal de guerra, para dar cuenta de la actividad de los voluntarios afroamericanos en las Brigadas Internacionales.
La presentación de esta obra en el Lázaro Galdiano implica, asimismo, un fuerte contraste histórico entre la colección del museo de la calle Serrano y la de Albert C. Barnes. Mientras éste fue pionero en coleccionar las vanguardias europeas de inicios del siglo XX, las élites españolas se mostraron más reticentes a apoyar la renovación en las artes visuales.
El pasado reciente es, por tanto, el punto de partida de Julien en Once Again… (Statues Never Die), a medio camino entre el activismo y la experimentación artística. Quienes se queden con ganas de más podrán acudir, el sábado 7 de marzo en el Cine Doré de la Filmoteca Española, a la proyección de Looking for Langston (1989) y Les Statues Meurent Aussi (1953), de Chris Marker, Alain Resnais y Ghislain Cloquet. Tras la sesión, tendrá lugar una conversación entre Isaac Julien, Gabriel Calparsoro y Bartomeu Marí.
Isaac Julien. Once Again… Statues Never Die, 2022
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La nueva fiebre por ‘Cumbres borrascosas’: de Emily Brontë a la película de Emerald Fennell con Margot Robbie y Jacob Elordi

Isaac

Cumbres borrascosas Emily Brontë

‘Cumbres borrascosas’ ha vuelto a colarse en las conversaciones de lectores, cinéfilos y críticos, y no precisamente por una reedición discreta de la novela. La responsable de este nuevo revuelo es Emerald Fennell, directora británica conocida por el tono provocador de Una joven prometedora y Saltburn, que firma una nueva película inspirada en el clásico de Emily Brontë con Margot Robbie y Jacob Elordi como pareja protagonista.

Esta versión cinematográfica llega rodeada de hype, polémica y división de opiniones: desde quienes la disfrutan como un guilty pleasure ardiente y autoconsciente, hasta quienes la consideran una traición al espíritu de la novela. En medio de ese ruido, el libro original publicado en 1847 reaparece con fuerza, y las editoriales españolas y europeas aprovechan la ocasión para relanzar ediciones comentadas, lujosas y económicas de una obra que nunca ha dejado de generar debates intensos.

Una película que no quiere ser adaptación fiel

Lo primero que deja claro Emerald Fennell es que no pretende replicar al pie de la letra la novela de Emily Brontë. Las comillas con las que se anuncia el título -“Cumbres borrascosas”- funcionan casi como un aviso al espectador: lo que se ofrece es una reinterpretación libre, basada en sus propios recuerdos adolescentes de lectura y en su interés por jugar con el deseo, el erotismo y la imagen, más que por reconstruir el texto decimonónico.

En la película se simplifican tramas, se reordenan elementos y se eliminan capas enteras del relato original, en especial la historia de la segunda generación de los Earnshaw y los Linton, clave en la novela para mostrar la herencia del trauma y la posibilidad de romper el ciclo de violencia. Fennell opta por un desarrollo lineal, sin la estructura enmarcada en la voz de Nelly Dean y sin el filtro del señor Lockwood, que en el libro funcionan como narradores poco fiables y aportan distancia crítica.

Ese recorte deja el foco casi exclusivamente en la relación entre Catherine y Heathcliff, convertida aquí en un torbellino de pasión explícita y alta carga sexual, donde el subtexto gótico y el comentario social quedan relegados frente a la estilización visual, la música y un tono deliberadamente excesivo. Hay espectadores que agradecen esta apuesta sin complejos; otros la perciben como una versión superficial que vacía de contenido el drama original.

Película Cumbres borrascosas Margot Robbie Jacob Elordi

La propia campaña promocional ha alimentado esta dualidad. Entre teasers cargados de erotismo, frases diseñadas para volverse virales y apariciones constantes de Robbie y Elordi en alfombras rojas y entrevistas, la película se presenta tanto como un evento pop para el fin de semana de San Valentín como una relectura irreverente de un clásico gótico. De ahí que muchos críticos recomienden verla sin tener la novela demasiado fresca, o incluso sin haberla leído, para no entrar en la sala cargados de expectativas literarias imposibles de satisfacer.

La novela de Emily Brontë: un clásico incómodo y radical

Para entender por qué esta nueva adaptación genera tantas reacciones cruzadas, conviene regresar al punto de partida: la única novela que Emily Brontë publicó en vida, firmada en 1847 con el seudónimo masculino de Ellis Bell. Nacida en los parajes agrestes de Yorkshire y marcada por la enfermedad, el aislamiento y un entorno familiar complejo, la autora volcó en ‘Cumbres borrascosas’ una visión del amor y la violencia sentimental difícil de encajar incluso hoy.

Lejos de la imagen edulcorada que han difundido algunas adaptaciones, la novela no idealiza la relación entre Heathcliff y Catherine. Numerosos especialistas en literatura inglesa recuerdan que estamos ante una historia repleta de obsesiones, maltrato emocional, venganzas encadenadas y personajes incapaces de encontrar una felicidad estable. Heathcliff está lejos de ser un héroe romántico y Catherine no encaja en el molde de heroína ejemplar; su unión funciona más como advertencia que como modelo a imitar.

El trasfondo social también es decisivo. El libro retrata con crudeza las jerarquías de clase en la Inglaterra victoriana, el desprecio hacia quien viene de fuera, la violencia heredada y el peso de las estructuras familiares. Heathcliff, niño huérfano acogido por los Earnshaw, crece entre humillaciones y abusos, con Catherine como único refugio emocional. Cuando ella se casa con Edgar Linton para asegurar su futuro, la decisión se interpreta como una traición de clase que alimenta una espiral de rencor en la que la venganza se convierte en el motor del protagonista.

La segunda parte de la novela, a menudo reducida o directamente suprimida en las versiones audiovisuales, profundiza en esa dimensión de “maldión hereditaria”: los hijos de ambas familias repiten patrones de abuso y sometimiento

, hasta que una forma distinta de quererse abre la puerta a romper el círculo. Es precisamente esta lectura generacional, mucho más amarga que romántica, la que muchos temen que se pierda cuando el relato se simplifica para convertirlo en una pasión de temporada.

Novela Cumbres borrascosas Emily Brontë

Heathcliff, entre el mito romántico y el personaje tóxico

Uno de los grandes focos de discusión, tanto en la crítica literaria como en las redes y los clubes de lectura, es la figura de Heathcliff. Mientras los tráileres de la nueva película lo venden como un amante atormentado al que seguir “hasta el fin del mundo”, muchas lectoras y lectores subrayan que el Heathcliff del libro se parece más a lo que hoy llamaríamos una pareja profundamente tóxica.

En la novela, el personaje despliega una violencia psicológica extrema, comportamientos crueles hacia quienes le rodean y un afán de control que desborda cualquier fantasía romántica. Su matrimonio por despecho con Isabella Linton, por ejemplo, se presenta con un nivel de maltrato que lleva a algunos críticos contemporáneos a hablar abiertamente de un abusador. Esta lectura choca con la tendencia cultural a “lavarle la cara” al personaje cuando llega al cine o la televisión, transformándolo en un icono del amor maldito.

No todo el mundo, sin embargo, se aproxima al libro desde el rechazo. Hay quien admite sin tapujos disfrutar la novela como una experiencia oscura, casi como un placer culpable, donde lo inquietante y lo desagradable forman parte del atractivo. Esa misma ambivalencia se traslada ahora a la película: para algunos, ver en pantalla una pasión destructiva, exagerada y nada sana resulta hipnótico siempre que se entienda que no es un modelo deseable en la vida real.

Otros lectores, en cambio, confiesan que el clásico les resulta casi indigesto: personajes antipáticos, muertes encadenadas, estructura enrevesada, acentos transcritos fonéticamente que dificultan la lectura y una atmósfera tan lúgubre que les cuesta creer que alguien lo tenga como libro favorito. Esa diversidad de reacciones ayuda a explicar por qué cada nueva adaptación se recibe con una mezcla de curiosidad y escepticismo.

Emerald Fennell, Margot Robbie y Jacob Elordi: una apuesta por el exceso

La directora británica llega a ‘Cumbres borrascosas’ con una reputación ya consolidada por proyectos anteriores marcados por la provocación y la estética muy calculada. En Una joven prometedora abordó los abusos sexuales y la venganza con una narrativa divisiva; en Saltburn llevó al límite la representación de la fascinación de clase y el deseo con escenas extremas. Ahora, con el clásico de Brontë, Fennell parece empeñada en consolidar una imagen de autora transgresora que no teme incomodar.

En esta ocasión cuenta además con el respaldo de dos estrellas de enorme tirón mediático. Margot Robbie, que ya produjo Barbie, figura aquí también como productora y rostro principal de la película, mientras que Jacob Elordi, convertido en nuevo favorito de la industria tras su paso por Euphoria y Saltburn, asume el rol de un Heathcliff que prioriza la presencia física y el magnetismo visual frente a la complejidad psicológica del texto original.

La química entre ambos actores se ha convertido en uno de los puntos más comentados: entrevistas, sesiones fotográficas y apariciones conjuntas han alimentado la percepción de que la relación de los protagonistas es el gran reclamo comercial de la cinta. Parte de la crítica celebra esa energía y la capacidad de la película para jugar con el deseo del espectador; otra parte reprocha que la apuesta por la imagen y el erotismo deje poco espacio para desarrollar a los personajes más allá de su función simbólica.

La puesta en escena refuerza esa sensación de exceso calculado: fotografía muy compuesta, colores intensos, simetrías trabajadas, vestuario deliberadamente anacrónico y un uso abundante de metáforas visuales -desde elementos cotidianos convertidos en símbolos hasta acumulaciones casi barrocas-. Para algunos espectadores, este enfoque convierte cada plano en un cuadro disfrutable; para otros, levanta una barrera emocional y les deja como observadores de una postal, más que como partícipes del drama.

Un debate encendido en la crítica española

En los medios culturales de España y Europa, las reacciones ante la película han ido desde la fascinación hasta el rechazo frontal. Hay articulistas que admiten haberse dejado llevar por la sensualidad de la propuesta, por la combinación de romanticismo clásico con un toque picante y contemporáneo, y que reconocen haber disfrutado más precisamente por no haber releído la novela antes.

Otros críticos han sido mucho más duros y describen el film como una lectura grotesca y descafeinada del original, centrada en la superficialidad de la imagen y en un erotismo insistente que, según su punto de vista, no llega a construir un conflicto dramático sólido ni un arco real para los personajes. Algunos artículos llegan a considerar que la cinta trivializa el feminismo y reduce a sus protagonistas a meras perchas sobre las que colgar un ejercicio estético.

En paralelo, abundan las piezas que animan a ver la película como una obra completamente independiente, casi como un fanfic de alto presupuesto, desligándola de la obligación de “estar a la altura” del clásico literario. Desde esta perspectiva, lo más razonable sería aceptar que la cinta no pretende sustituir al libro ni ofrecer una versión definitiva, sino aprovechar el imaginario de la obra para plantear un juego contemporáneo con el deseo, el recuerdo y el mito.

Esa diversidad de enfoques desemboca en una especie de acuerdo tácito: quien busque la complejidad moral, la violencia estructural y la profundidad psicológica de Brontë tendrá que acudir al texto; quien quiera dos horas largas de exceso visual y pasión exacerbada puede encontrar en la película un entretenimiento discutible pero llamativo, siempre que entre al cine con las expectativas bien colocadas.

Un clásico que no deja de reescribirse

El interés actual por ‘Cumbres borrascosas’ no se limita a la pantalla. En el ámbito editorial, sobre todo en España, se multiplican las novedades en torno al clásico: desde ediciones económicas pensadas para quienes se acercan por primera vez, hasta volúmenes anotados de gran formato dirigidos a lectores que ya conocen bien la historia.

Destaca especialmente la edición comentada que analiza el libro capítulo a capítulo, incluyendo estudios sobre la vida de Emily Brontë, el contexto victoriano, las influencias literarias, las distintas traducciones y las adaptaciones cinematográficas a lo largo del siglo XX y XXI. Se trata de un enfoque más académico y visual, con fotografías de manuscritos, ilustraciones, portadas históricas y fotogramas de películas, que busca acompañar a quienes desean profundizar en la obra más allá de una lectura aislada.

A estas propuestas se suman nuevas traducciones al castellano y reediciones en sellos como Siruela, Molino, Alianza o Austral, cada una con un tono y un público diferente: desde ediciones de lujo para regalar hasta versiones de bolsillo accesibles para estudiantes y clubes de lectura. Este movimiento editorial confirma que el interés por el género gótico y las historias de atmósfera oscura está viviendo un nuevo auge entre lectores jóvenes.

En el fondo, la novela de Emily Brontë se beneficia de cada polémica: cuanto más se discute sobre si una adaptación la deforma, la exagera o la suaviza, más personas sienten curiosidad por volver a los páramos de Yorkshire en la página escrita. Y esa capacidad de seguir generando relecturas, ediciones y disputas críticas casi dos siglos después es una de las pruebas más claras de que seguimos hablando de un clásico vivo.

Entre el fenómeno fan que rodea a la película de Emerald Fennell, las voces críticas que le reprochan frivolizar un relato ferozmente oscuro y la avalancha de nuevas ediciones y comentarios en España y Europa, ‘Cumbres borrascosas’ vuelve a situarse en el centro del debate cultural. La novela de Emily Brontë, incómoda, salvaje y difícil de clasificar, se mantiene como referencia obligada, mientras su nueva encarnación en pantalla divide al público entre quienes se dejan arrastrar por la pasión filmada y quienes prefieren regresar al viento helado de los páramos originales para encontrar allí, sin filtros ni comillas, la fuerza de un clásico que todavía no ha dicho su última palabra.


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