Libros que Importan en Zaragoza: el amigo invisible literario que llena de lecturas la plaza del Pilar

Isaac

Libros que Importan en Zaragoza

La plaza del Pilar vuelve a convertirse estos días en un punto de encuentro para quienes viven los libros con especial intensidad. “Libros que Importan” regresa a Zaragoza con una nueva edición de su intercambio literario, un amigo invisible hecho de lecturas, dedicatorias y regalos envueltos en papel que ya forma parte del paisaje navideño de la ciudad.

Durante varios días, lectores de todas las edades se acercan a la caseta instalada junto al Belén del mercado navideño para entregar un ejemplar significativo y recibir otro a cambio. La mecánica es sencilla, pero el componente emocional tiene mucho peso: cada libro viaja acompañado de unas líneas manuscritas en las primeras páginas, donde se explican los motivos por los que esa obra ha sido importante.

Qué es “Libros que Importan” y por qué se ha hecho hueco en la Navidad zaragozana

“Libros que Importan” es un proyecto de animación a la lectura impulsado por la asociación Atrapavientos, con el respaldo del Ayuntamiento de Zaragoza, las Bibliotecas Públicas Municipales y el Ministerio de Cultura. Nació en diciembre de 2016 y, desde entonces, se ha consolidado como uno de los actos culturales más reconocibles del mercado navideño de la plaza del Pilar.

La propuesta se articula como un gran intercambio de libros en formato amigo invisible literario. Cada participante aporta un título que para él o ella tiene un valor especial, escribe una dedicatoria dirigida a una persona desconocida y lo entrega envuelto en la caseta de la actividad. A cambio, recibe otro libro que alguien ha escogido y dedicado con el mismo cuidado.

Según los datos aportados por Atrapavientos, el proyecto ha registrado ya cerca de 16.000 intercambios de ejemplares desde su puesta en marcha. Solo en la capital aragonesa, la última edición contabilizó alrededor de 1.300 libros entregados y recogidos, con una participación que ronda el 70 % de mujeres y una presencia creciente de familias completas que se acercan con varias generaciones a la vez.

Esta iniciativa no se limita a Zaragoza: “Libros que Importan” se ha celebrado en más de veinte localidades de España y del extranjero, entre ellas Ciudad de México, Estocolmo, Utrecht, Bilbao, Pedrola, Huesca o Riofrío de Aliste. Aun así, la plaza del Pilar sigue siendo uno de sus escenarios más emblemáticos y el lugar donde el proyecto se ha convertido, en palabras de sus responsables, en un auténtico clásico navideño.

El impacto no se mide solo en cifras. Para la organización y para quienes participan año tras año, la clave está en ese momento en el que se abre un libro y se descubre la dedicatoria de alguien a quien no se conoce. Esa mezcla de curiosidad, sorpresa y cercanía es la que ha hecho que muchos lectores repitan edición tras edición.

Intercambio de libros en Zaragoza

Fechas, lugar y horarios de Libros que Importan en Zaragoza

La nueva edición de Libros que Importan en Zaragoza se celebra del 26 al 30 de diciembre en pleno centro de la ciudad. La caseta se sitúa en la plaza del Pilar, junto a la salida del Belén del mercado navideño, un punto de paso constante para vecinos y visitantes.

El funcionamiento se mantiene estable respecto a años anteriores. Durante varios días, la caseta abre en horario de mañana y tarde, habitualmente de 11:00 a 15:00 y de 16:30 a 21:00 horas, permitiendo que tanto quienes se acercan por la mañana como quienes pasean al caer la noche puedan participar sin prisas.

La inauguración suele coincidir con uno de los primeros días fuertes del mercado de Navidad. Desde la apertura de la caseta se forman pequeñas colas de personas con sus libros envueltos bajo el brazo, ansiosas por saber qué título les tocará este año. Hay participantes veteranos que repiten desde hace varias ediciones y otros que se asoman por primera vez, animados por amigos, familiares o por la curiosidad que genera ver a tanta gente intercambiando paquetes.

El Ayuntamiento de Zaragoza respalda la propuesta desde sus inicios y, a través del área de Cultura y de la red de bibliotecas municipales, aprovecha estos días para acercar la vida de las 27 bibliotecas de la ciudad al público que pasa por la plaza del Pilar. Además de fomentar la lectura, se busca que el público conozca otros recursos y actividades que se desarrollan a lo largo del año.

Responsables institucionales, gestores culturales y representantes del sector del libro suelen pasar por la caseta durante estos días. Figuras como la consejera de Cultura o el director general de Cultura de la DGA han participado llevando sus propios ejemplares, en ocasiones vinculados al patrimonio aragonés, como libros sobre el monasterio de Sigena o publicaciones relacionadas con barrios de la ciudad como San José.

Caseta de Libros que Importan

Cómo participar paso a paso en el amigo invisible literario

Tomar parte en Libros que Importan Zaragoza es sencillo, pero conviene seguir bien los pasos para que el intercambio funcione y todo el mundo pueda disfrutar de la experiencia sin contratiempos.

Lo primero es elegir el libro que se va a entregar. No se trata de deshacerse de cualquier ejemplar que sobre en casa, sino de pensar en una obra que haya significado algo: una novela que marcó una etapa, un ensayo que hizo cambiar de opinión, un álbum ilustrado que se ha leído en voz alta muchas veces o un poemario al que se vuelve con frecuencia. Puede ser un libro propio, uno nuevo o incluso uno de segunda mano, siempre que tenga un sentido real para quien lo regala.

El segundo paso es escribir una dedicatoria en una de las primeras páginas. En ese texto se cuenta a la persona desconocida que lo recibirá por qué se ha elegido ese título, qué ha supuesto en la vida de quien lo entrega o en qué momento lo leyó. Esas líneas, que en muchos casos acaban siendo pequeñas historias personales, son el corazón del proyecto.

A continuación, es necesario rellenar el formulario de inscripción online en la web de la iniciativa. Al completar el registro se genera un código que llega por correo electrónico y que se pedirá al entregar el libro en la caseta. Durante este proceso, la plataforma ofrece la opción de adjuntar una fotografía de la dedicatoria, lo que permite participar en el concurso de mejores textos.

Una vez inscrito, toca preparar el paquete. El libro debe ir envuelto como si fuera un regalo navideño, poniendo especial cuidado en la presentación. Con el ejemplar ya preparado, el código en el correo y la dedicatoria escrita, solo queda acercarse a la caseta de la plaza del Pilar en los días y horarios establecidos. Allí, el equipo de Atrapavientos recibe el libro, comprueba la inscripción y entrega al participante otro paquete al azar, elegido de entre los aportados por el resto de personas.

El resultado es una especie de amigo invisible colectivo: nadie sabe quién recibirá su libro ni de quién viene el que se lleva a casa, pero todos comparten la misma voluntad de regalar una lectura que ha sido importante en algún momento de sus vidas.

Participantes en Libros que Importan

La importancia de la dedicatoria y el premio Matildas y Bastianes

Si hay un elemento que distingue a Libros que Importan de otros intercambios de libros, es la dedicatoria obligatoria que debe acompañar a cada ejemplar. No vale con entregar el libro sin más: el sentido del proyecto está en contar por qué ese título importa y en dirigirse de forma directa a la persona que lo recibirá.

La organización insiste en que “los motivos importan”. Esas palabras escritas en las primeras páginas son las que crean un vínculo, aunque sea breve, entre quien regala y quien recibe. Pueden ser recuerdos de una lectura adolescente, una recomendación para un momento vital concreto o simplemente una confesión de por qué esa historia acompañó durante una etapa determinada.

Para poner en valor este componente, Atrapavientos convoca cada año el Premio Matildas y Bastianes a la mejor dedicatoria. Quienes quieran optar a este reconocimiento deben subir una fotografía del texto que han escrito durante el proceso de inscripción online. Así, la organización puede leer y valorar las propuestas sin desvelar la identidad de las personas que participan.

La dedicatoria seleccionada recibe una estatuilla diseñada por la artista malagueña Pepa Muñoz, además de un cheque regalo para utilizar en la librería que elija la persona ganadora. Este formato permite que el proyecto apoye también a las librerías de cercanía, derivando parte del impacto del evento hacia el comercio local del libro.

Este premio se ha convertido en un aliciente añadido para muchas personas que cuidan especialmente lo que escriben. Más allá del reconocimiento, el concurso fomenta la creatividad literaria y anima a reflexionar sobre la relación personal que se mantiene con los libros: no solo se intercambian objetos, también se comparten experiencias, emociones y recuerdos.

Premio Matildas y Bastianes

Datos, lecturas más repetidas y mapa literario de Zaragoza

Cada edición de Libros que Importan deja tras de sí un rastro de datos que la organización aprovecha para dibujar un auténtico mapa literario de la ciudad. A partir de la información que se introduce durante el registro, Atrapavientos puede analizar qué títulos se mueven más, qué autores se repiten o cuál es el perfil aproximado de las personas participantes.

En una de las últimas ediciones celebradas en Zaragoza, participaron 1.282 lectores, de los cuales alrededor del 72 % eran mujeres. La mayoría de los ejemplares entregados eran libros que ya se encontraban en las estanterías de casa, aunque también aparecieron obras compradas expresamente para la ocasión. El género dominante fue la narrativa, pero se observó un aumento en la presencia de poesía y álbum ilustrado.

Entre los nombres propios más frecuentes destacan Isabel Allende como autora más intercambiada, seguida de Arturo Pérez-Reverte, Eduardo Mendoza y Carlos Ruiz Zafón. En cuanto a títulos concretos, se repiten con fuerza novelas como “Los pilares de la Tierra”, “El ocho” y “El diario de Ana Frank”, que parecen mantener su capacidad de conectar con distintas generaciones.

La organización elabora con todo ello un informe que permite observar cómo se lee en Zaragoza y qué obras siguen circulando con más intensidad. Para Atrapavientos, estos datos funcionan casi como una radiografía de los gustos lectores de la ciudad durante las fiestas navideñas, con particularidades que cambian ligeramente cada año.

Este seguimiento también ayuda a calibrar la evolución del proyecto. En la presente edición, el coordinador del programa, Jorge Gonzalvo, ha señalado que el número de intercambios se sitúa entre los 1.300 y los 1.500 libros solo en Zaragoza, lo que consolida la propuesta como una cita ya arraigada en el calendario cultural local.

Libros y dedicatorias en Zaragoza

Historias, participantes y salto a otras ciudades

Más allá de las cifras, cada edición de Libros que Importan deja anécdotas y pequeñas historias personales que dan cuenta del ambiente que se vive en la plaza del Pilar durante estos días. Pese al frío o a la lluvia propios de la época, el entorno de la caseta suele mantenerse animado, con lectores que se saludan, familias que comentan qué han traído este año y curiosos que se acercan a preguntar cómo funciona.

En anteriores ediciones han participado lectores anónimos junto a autores, periodistas y figuras destacadas de la vida cultural aragonesa. Algunos han llevado cómics sobre barrios de la ciudad ya agotados, otros han escogido novelas históricas vinculadas al patrimonio aragonés, y no faltan quienes apuestan por libros que han descubierto de forma casi azarosa y que les han marcado precisamente por haber llegado sin buscarlos.

Desde la organización se insiste en que el proyecto no se limita a la caseta de la plaza del Pilar. Atrapavientos lo concibe como parte de un programa más amplio, que incluye talleres, mediación lectora y actividades en colaboración con bibliotecas y entidades culturales a lo largo del año. El reconocimiento del Ministerio de Cultura, que otorgó a la asociación el Premio Nacional de Fomento de la Lectura en 2022, avala esta trayectoria.

El crecimiento geográfico de la iniciativa también es significativo. Después de nacer en Zaragoza, Libros que Importan fue extendiéndose a otras ciudades españolas y, más tarde, dio el salto internacional a lugares como Ciudad de México, Estocolmo o Utrecht. En los últimos tiempos se ha celebrado de forma presencial en municipios como Bilbao, Riofrío de Aliste, Pedrola o Huesca, y la intención de la organización es seguir tejiendo una red que pueda llegar próximamente a Madrid o Barcelona, además de otras localidades como Teruel.

En todos esos destinos se mantiene la misma filosofía: intercambiar libros que realmente importan, acompañados de dedicatorias que explican sus motivos. El formato se adapta al contexto local, pero la esencia —la lectura compartida como excusa para encontrarse— permanece intacta.

Ambiente navideño en Libros que Importan

La propuesta de Libros que Importan en Zaragoza muestra cómo un gesto tan sencillo como regalar un libro con una dedicatoria puede convertirse en una cita fija del calendario cultural. La combinación de apoyo institucional, participación ciudadana, cuidado por las librerías de proximidad y expansión a otras ciudades dibuja un proyecto que ha sabido encontrar su lugar en las fiestas navideñas, manteniendo el foco en lo esencial: las personas que leen, los libros que las acompañan y las historias que se comparten cuando esos ejemplares cambian de manos en la plaza del Pilar.


Ir a la fuente en actualidadliteratura.com

“Ariel”: Shakespeare se cuela en una isla de cine europeo

Isaac

Ariel los personajes de Shakespeare en busca de una pelicula

En un rincón perdido del Atlántico, los personajes de Shakespeare parecen haberse quedado atrapados en una especie de bucle escénico sin fin. Esa es la poderosa premisa de Ariel, el nuevo largometraje de ficción del cineasta gallego Lois Patiño, que convierte las islas Azores en un territorio donde la literatura, el teatro y el cine se cruzan sin pedir permiso.

Lejos de la típica adaptación académica, la película levanta un dispositivo muy libre inspirado en “La tempestad” y en otros textos del bardo inglés. Lo que arranca como el viaje de una actriz para participar en una obra se transforma pronto en una experiencia metanarrativa, fantasmagórica y juguetona, donde la propia idea de personaje, autor y espectador se pone en cuestión de manera constante.

De “La tempestad” a una isla poblada de fantasmas shakesperianos

La tempestad se ha considerado durante décadas una de las piezas más crípticas y enigmáticas de Shakespeare, y también una especie de despedida del autor a través de la figura de Próspero. Ese universo mágico y ambiguo es el que toma como punto de partida Lois Patiño, que ya había tanteado este territorio junto al argentino Matías Piñeiro en el cortometraje Sycorax (2021), centrado en la hechicera apenas visible en la obra original.

En Ariel, el foco se desplaza hacia el espíritu del aire que da título a la película. El cineasta gallego recoge el eco de Sycorax y de la propia isla de Próspero para construir un nuevo espacio escénico en Faial y el archipiélago de las Azores, donde la naturaleza deja de ser simple decorado para comportarse como un personaje animista más, lleno de presencias y voces.

El germen del proyecto nace del diálogo creativo con Piñeiro, conocido por su filmografía en torno a Shakespeare. Patiño reconoce que, sin esa alianza inicial, quizá habría preferido acercarse a otros territorios dramáticos, como los de Samuel Beckett o el teatro del absurdo. Sin embargo, la riqueza poética y la potencia de las frases del dramaturgo inglés acabaron imponiéndose como un campo de experimentación ideal.

A partir de ahí, la película se abre no solo a “La tempestad”, sino a todo un coro de obras shakesperianas. Romeo y Julieta, Hamlet, las brujas de Macbeth y otros personajes aparecen como ecos, citas y fragmentos dispersos en los diálogos, componiendo un mosaico de textos remezclados que desborda cualquier adaptación literal.

La idea de libertad —tan central en el Ariel teatral— se convierte en uno de los núcleos de la propuesta. El film se interroga sobre lo que significa alcanzar la libertad y sobre el miedo que genera, tanto en clave íntima como desde lecturas más políticas o colonialistas, muy presentes en los estudios sobre Shakespeare. Los habitantes de la isla, convertidos en figuras ficcionales, parecen debatirse entre la obediencia al texto y el deseo de emanciparse de su destino escrito.

Una actriz en viaje: de Galicia a las Azores, del ensayo a la ficción

La película sigue los pasos de Agustina, una actriz argentina con raíces gallegas que se prepara para interpretar a Ariel en una compañía de teatro que planea representar La tempestad en portugués en una isla de las Azores. Antes de embarcar, pasa unos días en un pequeño pueblo gallego en la frontera con Portugal, donde ensaya el texto en la casa donde su abuela vivió de niña.

Tras esa estancia inicial, el viaje continúa por mar hasta la isla en la que supuestamente tendrá lugar la representación. Al llegar, Agustina se topa con un vacío inquietante: no hay rastro de la compañía y nadie parece saber nada de una obra en preparación; las referencias al montaje desaparecen en cuanto pregunta.

Ese desconcierto da pie a un giro: la espera y la ausencia se convierten en motores narrativos. En lugar de seguir la lógica de un ensayo convencional, la película se decanta por diluir los contornos entre lo real y lo imaginado. Casi sin darse cuenta, la protagonista se ve envuelta en una trama en la que la isla se revela como escenario total, y sus habitantes, como figuras extraídas de un inmenso repertorio shakesperiano.

En ese contexto aparece Ariel, un personaje encarnado por Irene Escolar, que le revela a Agustina que la función ya ha comenzado y que no existe un teatro al uso ni un público sentado en butacas. La isla entera actúa como escenario, y sus vecinos y visitantes participan de la obra como si estuvieran inmersos en una representación sin principio ni fin.

A partir de ese momento, el filme articula un continuo juego entre ensayo, función y vida cotidiana. Los gestos y las frases que podrían pertenecer a una obra de teatro se escapan al paseo por el puerto, a una conversación en una gasolinera o a un encuentro en el supermercado, de manera que la palabra shakesperiana lo empapa todo, desde el paisaje hasta los movimientos más triviales.

Un Ariel con dos rostros: Agustina Muñoz e Irene Escolar

Uno de los elementos más singulares de Ariel es el desdoblamiento del personaje titular en dos actrices. Agustina Muñoz e Irene Escolar interpretan, a la vez, a personajes y a sí mismas. La primera representa una mirada más realista, la segunda encarna la faceta idealista, casi espectral, de ese espíritu del aire que se desliza por la isla.

Entre ambas se teje una relación de complicidad muy sutil, una especie de hiedra invisible que las recorre y las une como si fueran dos manifestaciones de una misma entidad. Agus, todavía anclada a su condición de persona, sigue a Ariel/Irene por caminos, acantilados y carreteras secundarias, tratando de entender qué tipo de ficción está habitando y hasta qué punto puede decidir sobre su propio destino.

Patiño cuenta que trabajar con dos intérpretes de este nivel le permitió centrar la dirección en matices, tonos emocionales y modulaciones gestuales, más que en correcciones técnicas. Al dominar a la perfección el texto, Muñoz y Escolar pudieron colaborar también en la pulcritud literaria de los diálogos, puliendo frases y dando espesor a los monólogos que ponen en crisis al propio autor.

La película llega incluso a jugar con la idea de que los buenos escritores escuchan a sus personajes. En algunos tramos, las figuras de la ficción verbalizan su sospecha de estar manejadas por una instancia superior que decide sus pasos. “Si solo podemos hacer lo que está escrito, ¿no habrá alguien ahí fuera escribiendo lo que debemos hacer?”, llega a sugerirse en uno de los diálogos, abriendo un agujero metafísico que la propia película finge cerrar con humor.

En el tramo final, Agustina elabora un monólogo propio que se superpone al mundo shakesperiano, citando, con un guiño, a distintos cineastas contemporáneos. El texto se recita mientras la cámara se fija en el rostro de Irene Escolar, ambas mirando hacia el océano. Las palabras de Shakespeare, las frases nuevas y la imagen del mar se funden como si todo perteneciera a un mismo tejido verbal y visual.

Metaficción, teatro del absurdo y personajes conscientes de serlo

Cuando Piñeiro abandona el proyecto de Ariel, Patiño aprovecha la coyuntura para abrir el relato a una reflexión más explícita sobre la frontera entre realidad y representación. En ese giro se asoman con fuerza referencias al teatro del absurdo, a Pirandello y a Unamuno, especialmente en la idea de personajes que se saben tales y tratan de rebelarse contra su condición escrita.

El cineasta reconoce la influencia de Seis personajes en busca de un autor y de obras como Niebla, donde los protagonistas interpelan al creador e incluso discuten la trama que les ha sido impuesta. Esa línea se traduce en Ariel en diálogos incongruentes, cambios de registro y situaciones donde algunos personajes únicamente pueden hablar con frases tomadas de Shakespeare, lo que genera tanto momentos de humor como rupturas narrativas deliberadas.

En la construcción de los textos se percibe un método basado en la selección y montaje de “átomos” poéticos y en la estructura de un soneto: Patiño toma fragmentos de diversas obras shakesperianas, extrae frases sueltas que le interesan por su alcance metafísico o emocional y las reubica en nuevas escenas. El resultado, en ocasiones, se acerca a una especie de poema en prosa o de haiku descontextualizado, que funciona tanto por choque como por resonancia.

Esa apuesta conlleva también un ritmo muy particular, que puede resultar tan fascinante como exigente para el espectador. Hay pasajes de gran potencia evocadora y otros donde el exceso de lirismo y solemnidad roza lo extenuante, hasta que un giro de humor absurdo o un gesto cotidiano rompe la solemnidad y devuelve la película a un terreno más terrenal.

Al mismo tiempo, la isla se imagina como un limbo teatral en el que todas las obras de Shakespeare parecen representarse de manera simultánea. Los personajes viven atrapados en un tiempo suspendido, repitiendo cada día los mismos destinos trágicos, conscientes de que alguien —un autor, un público, un director— ha decidido ya cómo deben morir, amar o traicionarse.

Entre vida y muerte: un cine espectral y circular

La dimensión espectral atraviesa buena parte de la filmografía de Lois Patiño, y Ariel no es una excepción. Después de Samsara, donde exploraba el tránsito de la reencarnación, aquí el umbral entre vida y muerte se traduce en una zona gris entre sueño y vigilia, entre realidad y ficción.

La estructura del film, con su repetición de motivos, sus bucles narrativos y su tiempo ambiguo, refuerza la sensación de que los personajes circulan por un espacio del que no pueden salir. Ni siquiera la muerte funciona como un final definitivo: más bien parece otro paso dentro de una representación interminable que se reinicia al amanecer, día tras día.

Uno de los momentos clave es la escena de un sueño colectivo a bordo de un barco, donde una especie de “tempestad” simbólica conduce a los personajes —y al propio espectador— a otro mundo. Esa secuencia actúa como bisagra entre dos niveles de realidad, marcando el instante en que las islas azorianas se convierten por completo en “islas literarias”, desligadas del tiempo histórico y sujetas a las leyes del texto.

Patiño vuelve a emplear recursos que ya había ensayado en trabajos anteriores, como El Sembrador de estrellas, seleccionando frases significativas y disponiéndolas en escenas que funcionan casi como pequeñas composiciones autónomas. En el tramo final, las voces en off guían un recorrido por diferentes desenlaces shakesperianos, donde la muerte de los personajes se cita y se reinterpreta desde esta nueva geografía atlántica.

El resultado es un tejido circular en el que el paseo de Agustina por la isla se impone como imagen recurrente. Sus movimientos por caminos inciertos, repetidos una y otra vez, se convierten en un gesto casi ritual, cargado de placer y de sospecha, como si estuviera siempre a punto de encontrar una salida que nunca llega a materializarse del todo.

La imagen, el mar y la luz violeta: el trabajo visual de Ion de Sosa

Si algo ha caracterizado la obra de Patiño desde Costa da Morte es su atención radical al paisaje y a la composición visual. En muchos de sus trabajos previos fue él mismo quien asumió la dirección de fotografía, pero en Ariel opta por invitar a Ion de Sosa para sumar otra mirada, también marcada por su experiencia como director.

De Sosa aporta un tratamiento de la luz y del color que oscila entre la delicadeza naturalista y un extrañamiento casi onírico. El mar y el rostro humano se funden mediante teleobjetivos y zooms que aplanan la profundidad de campo, generando imágenes donde las figuras parecen flotar ante paisajes comprimidos en un solo plano.

El uso del violeta en ciertas escenas establece un puente visual con otros trabajos afines, como “Isabella” de Matías Piñeiro, a la vez que refuerza el tono fantástico y espectral de la isla. El agua teñida de tonalidades poco realistas subraya la idea de que lo que estamos viendo no es un registro documental del lugar, sino un territorio alterado por la ficción.

El propio Patiño explica que buscaba incorporar también el humor visual de De Sosa al tratamiento de las secuencias más cercanas al teatro del absurdo. Esa mezcla de precisión pictórica, ironía y ligereza se nota en detalles aparentemente menores: la manera de encuadrar a los personajes en supermercados, gasolineras o cuevas fluviales, o la forma de acercarse a los habitantes de la isla desde lejos, sin perder cierta distancia respetuosa.

Las imágenes, trabajadas con fundidos encadenados y superposiciones, van adquiriendo una textura casi líquida. El mar, las montañas, los cuerpos y los rostros se mezclan hasta confundirse, como si la propia película fuese permeable y se disolviera en el entorno que filma.

Shakespeare desde Galicia y Portugal: coproducción y recorrido europeo

Ariel es también un proyecto que refleja las conexiones actuales entre los cines de España y Portugal. La película está producida por la gallega Filmika Galaika y la portuguesa Bando à Parte, y se rueda en un paisaje azoriano que se convierte en punto de encuentro entre culturas atlánticas.

En el reparto destacan Irene Escolar y Agustina Muñoz al frente de un elenco coral en el que figuran Hugo Torres, Diego Anido, José Díaz, Marta Pazos, Susana Salema, César Lima y Felipe Porteiro, entre otros. La mezcla de intérpretes españoles, portugueses y latinoamericanos refuerza esa idea de comunidad teatral en tránsito continuo entre idiomas y tradiciones.

El film inició su andadura internacional en la sección Harbour del Festival Internacional de Cine de Róterdam, uno de los escaparates europeos más receptivos al cine de autor y a las propuestas formales arriesgadas. Desde ahí, la película ha ido sumando paradas en diversos festivales.

En España, Ariel inauguró el Festival Internacional de Cine Curtocircuíto en Santiago de Compostela, reforzando el vínculo del proyecto con Galicia. Más tarde pasó por citas como el festival Lo Que Viene Tenerife, el Atlàntida Mallorca Film Fest, L’Alternativa de Barcelona y el Festival Internacional de Cine de Gijón, consolidando una presencia continuada en el circuito de cine independiente.

Para el público general, el estreno comercial en salas se ha fijado en una fecha cercana a la Navidad, de la mano de la distribuidora Atalante. La llegada a cines españoles busca conectar con espectadores curiosos, más allá de los habituales del cine de autor, ofreciendo una puerta de entrada lúdica pero exigente al universo shakesperiano.

En paralelo, la propia figura de Patiño se consolida en el panorama europeo y se le percibe como un autor que se mueve entre el documental, el cine experimental y la ficción. Tras trabajos como Costa da Morte, Lúa vermella y Samsara, Ariel confirma su interés en explorar los límites del lenguaje cinematográfico sin renunciar a un cierto componente narrativo.

La película funciona así como un puente entre la tradición clásica y las formas contemporáneas de hacer cine en Europa, recuperando los grandes textos teatrales no como monumentos intocables, sino como materiales vivos con los que seguir jugando, cuestionando y pensando.

En conjunto, Ariel propone una experiencia poco acomodaticia pero muy estimulante: un viaje por una isla que es al mismo tiempo escenario, limbo y laboratorio creativo, donde las palabras de Shakespeare se mezclan con el rumor del Atlántico y con las dudas existenciales de unos personajes que sospechan, quizás con razón, que su vida no es más que un papel escrito por alguien al otro lado de la pantalla.


Ir a la fuente en actualidadliteratura.com

Muere el escritor ourensano José María Pérez Álvarez, Chesi

Isaac

Escritor ourensano fallecido

El escritor ourensano José María Pérez Álvarez, conocido literariamente como Chesi, ha muerto en Ourense a los 73 años, dejando tras de sí una obra tan abundante como exigente que lo situó, sin hacer apenas ruido mediático, entre los narradores más singulares en lengua castellana de las últimas décadas.

Nacido en 1952 en O Barco de Valdeorras, Pérez Álvarez cultivó una trayectoria deliberadamente discreta, alejada de los focos, pero respaldada por la crítica, los premios y el respeto de colegas de primer orden. Para él, el verdadero centro de su vida fue siempre la escritura, un oficio al que se entregó con una mezcla de juego, obsesión y disciplina artesanal.

Una madrugada silenciosa para un autor que huía de los focos

La muerte de Chesi se produjo en la madrugada de este miércoles en la ciudad de Ourense, donde residía desde hacía años. Jubilado de su empleo como funcionario de Hacienda —trabajo con el que aseguraba que alimentaba el cuerpo—, llevaba un tiempo dedicado casi por completo a “enredar” con las palabras, como le gustaba decir, disfrutando del tiempo ganado para leer y escribir.

En más de una ocasión confesó que su relación con la literatura era una especie de superstición inevitable: nunca sería del todo feliz escribiendo, pero estaba convencido de que, si se dedicaba a otra cosa, lo sería todavía menos. Esa entrega sin concesiones explica en buena medida que se mantuviera al margen de campañas promocionales y modas editoriales, caminando por los márgenes del sistema literario.

En entrevistas y conversaciones públicas, Chesi insistía en que no escribía para gustar a todo el mundo. Aceptaba, incluso con un punto de ironía, que su obra fuese minoritaria: prefería, decía, “correr el riesgo de ser un peñazo” antes que simplificar sus textos para ampliar el público. Se declaraba “felizmente resignado” a tener pocos lectores, siempre que fueran fieles y exigentes.

Ese carácter reservado se trasladó también a su relación con los reconocimientos. Aunque acumuló galardones relevantes y elogios muy sonados, se mantuvo en una zona intermedia, a medio camino entre el autor de culto y el escritor secreto, más citado por críticos, escritores y lectores muy atentos que por el gran público.

Los primeros pasos: un novelista que nace con un premio bajo el brazo

Escritor gallego y su obra

La entrada de Pérez Álvarez en el panorama literario llegó en 1987, cuando obtuvo el Premio Constitución, convocado por la Junta de Extremadura, con su primera novela, Las estaciones de la muerte. Tenía entonces 35 años, y la prensa ourensana tituló aquella irrupción como el “nacimiento” de un novelista, subrayando el impacto de una ópera prima que abordaba la vejez en más de doscientas páginas.

Este debut ya lo colocó en el radar de críticos y jurados, y marcó varias de las constantes de su obra posterior: novelas extensas, de estructura cuidada y lenguaje muy trabajado, que exigían del lector una implicación activa. No eran libros concebidos para el consumo rápido, sino para la relectura, el subrayado y la reflexión pausada.

Unos años más tarde, en 1996, publicó En perigo de extinción, uno de los pocos títulos que escribió en gallego. Aunque la mayor parte de su producción literaria fue en castellano, esta novela supuso una excepción significativa y reforzó su presencia en el contexto literario gallego, ampliando a la vez la proyección de su nombre en el ámbito estatal.

Desde aquella primera etapa, Chesi se movió siempre con una mezcla de humildad y ambición literaria. “Con ser el mejor escritor de mi casa, me conformo”, había dicho en sus inicios, una frase que condensaba su sentido del humor y su desconfianza ante la vanidad que a veces rodea al oficio de escribir.

«Nembrot»: la novela que cambió su lugar en la literatura

Entre la docena larga de novelas que firmó, hubo una que se convirtió en punto de inflexión: Nembrot, publicada en 2003. Se trataba de un proyecto en el que trabajó durante años con meticulosidad extrema: cuatro años de escritura, dos más de reescritura y un periodo adicional de poda paciente para eliminar lo que consideraba superfluo.

La recompensa a esa labor silenciosa llegó de forma inesperada en la Feria del Libro de Madrid de ese mismo año. Preguntado por las mejores publicaciones del momento, Juan Goytisolo citó únicamente Nembrot. Aquel gesto fue el inicio de una amistad y de una relación literaria intensa: el autor ourensano empezó a ser invitado a entidades como el Instituto Cervantes de París y fue incluido en antologías coordinadas por el propio Goytisolo.

El reconocimiento no se quedó en el ámbito español. Desde publicaciones como Times Literary Supplement también se destacó la novela de Pérez Álvarez, reforzando la idea, compartida por críticos y colegas, de que estábamos ante una obra radical y muy personal, levantada desde los márgenes. Años más tarde, en 2016, Chesi decidió revisar y ampliar el libro, publicando una nueva edición de Nembrot con unas doscientas páginas adicionales y un prólogo firmado por Goytisolo.

El propio autor reconocía que tenía una relación especial con esta novela. No ocultaba que consideraba Nembrot su trabajo más logrado y, en alguna ocasión, llegó a decir que no esperaba escribir nada mejor. Entre lecturas, música y digresiones, fue sedimentando un texto que muchos lectores y escritores han situado entre lo más singular de la narrativa española reciente.

Una obra extensa, premios y una escritura de alto voltaje

Aunque Nembrot acaparó muchos de los focos que solían esquivarle, el conjunto de la obra de Pérez Álvarez es amplio y diverso. Junto a Las estaciones de la muerte o En perigo de extinción, destacan títulos como La soledad de las vocales —con la que obtuvo el Premio Bruguera de Novela en 2008—, Tela de araña, Predicciones catastróficas o Examen final, además de Cabo de Hornos, con la que se quedó a las puertas del Premio Nacional de Narrativa.

Su último libro, La última patria, publicado en 2023, reunía textos que orbitaban alrededor de Ourense, ciudad que convirtió en escenario sentimental y literario. Plazas, callejones y espacios como Canella Cega, la plaza de San Martiño o el parque Lonia pasaban del mapa urbano al territorio emocional gracias a su prosa, que mezclaba memoria, observación y una sensibilidad muy particular hacia los lugares.

Además de novelas, Chesi dejó cuentos, artículos, ensayos y colaboraciones en prensa. Sus textos aparecieron en revistas y medios como Jano, Galipress o Faro de Vigo. En 2014 reunió parte de su producción periodística en Dos por uno, una antología de artículos que reflejaba su mirada incisiva y su gusto por el detalle.

Su trayectoria fue reconocida con numerosos premios: Constitución de novela larga, Felipe Trigo y Ramón Sijé de novela corta, así como el Hucha de Plata, el Gabriel Miró, el Mor de Fuentes o El Golpe en el ámbito del cuento. Letras Libres lo consideró uno de los grandes autores contemporáneos en castellano, elogio que fue acompañado por el respaldo de voces tan influyentes como la del cineasta José Luis Cuerda, que se declaró abiertamente admirador de su literatura.

Uno de los episodios más singulares de su carrera fue el plagio cometido por el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, Premio Planeta, quien reprodujo como propio el artículo Las esquinas habitadas, que Chesi había publicado en Jano y Galipress. El texto apareció en un medio de Lima bajo el título La tierra prometida, un incidente que puso en evidencia hasta qué punto su escritura llamaba la atención incluso fuera de su entorno más inmediato.

Ourense como escenario vital y literario

Ourense fue mucho más que el lugar donde falleció; fue, en gran medida, el territorio simbólico de la obra de Pérez Álvarez. Sus calles, plazas y rincones conformaron un mapa íntimo que reaparece una y otra vez en sus libros, ya sea de forma explícita o como telón de fondo sugerido.

Los callejones de Canella Cega y el Olvido, las plazas de San Marcial y do Ferro, la calle Lamas Carvajal o el parque Lonia eran espacios que relacionaba con otras ciudades que amaba, como París. En su literatura, estos lugares se transformaban en escenarios cargados de memoria, donde la geografía se mezclaba con recuerdos, lecturas y sensaciones.

Durante años, combinó su trabajo en la Administración con columnas en Faro de Vigo. Compañeros del periódico recuerdan su obsesión por la precisión del lenguaje. El periodista y escritor Xosé Manuel del Caño, uno de sus grandes amigos en los medios, contaba que Chesi enviaba siempre los textos sin una sola errata, hasta el punto de que encontrar un pequeño fallo en una de sus novelas fue casi un alivio para quien se consideraba un autor “imperfecto”.

Otros periodistas y escritores ourensanos, como Paco Sarria, no han dudado en situarlo entre los mejores novelistas contemporáneos no solo de Ourense, sino de toda España. Con él compartían bromas, complicidades y una manera algo canalla de mirar el mundo, que también se filtraba en algunos de sus personajes.

Ese arraigo local no le impidió dialogar con tradiciones literarias muy amplias. Admiraba a autores como Stendhal, Flaubert, Borges, Onetti, Joyce, Beckett, Cortázar o Cunqueiro, y veneraba la buena música —en especial el jazz— y deportes de estética y carácter, como el tenis. Todo ello conformaba un universo cultural que alimentaba su escritura y su conversación.

El artesano de las palabras: su idea de la literatura

Si algo repetía Chesi era que cada palabra tiene su textura, su olor y su sabor. Esa concepción casi física del lenguaje explicaba su lentitud al escribir y reescribir, su tendencia a revisar una y otra vez los textos hasta que encajaran como un puzle perfecto, al que precisamente dedicó uno de sus libros y de sus proyectos más queridos, El arte del puzle.

En sus novelas, el estilo estaba siempre en primer plano. Cuidaba la forma con un nivel de exigencia poco habitual, convencido de que la literatura no puede renunciar a la complejidad sin perder algo esencial. Se veía a sí mismo como un arquitecto de la frase, alguien que levanta estructuras a base de ritmo, precisión y matices.

Su relación con el lector era, por ello, particular. Reconocía que podía ser “cruel” con quien se acercaba a sus libros, porque los obligaba a jugar, estar atentos y aceptar un cierto grado de dificultad. Frente a la tendencia a simplificar, apostaba por textos que suscitasen dudas, relecturas y reflexión profunda, lo que hoy, en tiempos de consumo cultural acelerado, resulta casi un acto de resistencia.

Definía la literatura como su “religión” personal. En ese imaginario íntimo, Cervantes ocupaba el lugar de dios o figura central, y los autores que más admiraba serían una suerte de apóstoles, aunque bromeaba con que le resultaba imposible reducirlos a solo doce nombres. Repetía también la idea, tomada de José Ángel Valente, de que cuando se apaga ese juego infinito con las palabras, algo esencial de nosotros se acaba.

Para Pérez Álvarez, escribir era, a la vez, un juego y una tarea muy seria. Decía que la literatura era su juego favorito, aunque exigiese una entrega absoluta. Esa mezcla de rigor y disfrute se percibe en unos libros densos, llenos de referencias, digresiones y capas de sentido, pero también atravesados por humor, ternura y una cierta melancolía.

Divulgador, articulista y maestro de muchas voces

Más allá de la ficción, Chesi desarrolló una intensa labor como divulgador y comentarista literario. Entre 1994 y 2004 dirigió en la Cadena SER el programa El libro de la semana, espacio desde el que recomendaba lecturas y conversaba sobre novedades y clásicos, siempre con la mirada exigente del escritor que no se conforma con lo superficial.

A través de su blog, también titulado El arte del puzle, trasladó a internet su forma de ver el mundo y la escritura. En este espacio, y en sus artículos para prensa, trataba temas muy variados, siempre con un estilo reconocible y una fina combinación de ironía, lucidez y sensibilidad. Parte de esos textos terminaron recogidos en volumen, como muestra de una faceta menos conocida, pero muy querida por sus lectores.

Su influencia en generaciones posteriores de escritores gallegos y españoles ha sido subrayada por autores como Juan Tallón o Manuel de Lorenzo. El primero destacaba que levantó desde los márgenes una obra radical, coherente y tozudamente exigente, más admirada fuera de su entorno inmediato que en su propia tierra, algo que consideraba casi una costumbre triste en el panorama cultural.

De Lorenzo, por su parte, apuntaba que, aunque Chesi afirmase que todo autor está al servicio de la literatura y no al revés, en su caso casi ocurría lo contrario: era la propia literatura la que parecía ponerse a su servicio, dada la intensidad y la personalidad de su voz narrativa.

El adiós a un intelectual cercano y heterodoxo

Quienes lo trataron de cerca lo describen como un intelectual de izquierdas, afable y con un gran sentido del humor. En las distancias cortas combinaba la conversación culta con la broma rápida, y esa mezcla se trasladaba también a sus textos, capaces de pasar de la reflexión profunda al guiño irónico en apenas unas líneas.

Su fallecimiento deja un hueco notable en el panorama literario gallego y español, pero también en su círculo familiar y de amistades. Sembró admiración a través de sus libros y afecto en su entorno más próximo. Su familia —su esposa Pilar, sus hijas Beatriz y Elena, su yerno Rubén y su nieta Nora, entre otros allegados— ha recibido numerosas muestras de cariño en estas horas.

El velatorio se celebra en el tanatorio de As Burgas, en Ourense, entre los días 24 y 25 de diciembre, hasta las 16:30 horas. A lo largo de la jornada se llevan a cabo distintos actos litúrgicos de despedida, en los que amigos, lectores y colegas se acercan a decirle adiós.

Chesi sentía una especial fascinación por algunos lugares significativos de la ciudad, como el cementerio de San Francisco en Ourense, al que consideraba un espacio de memoria y patrimonio cultural digno de ser visitado. Allí descansa, por ejemplo, el intelectual Ben-Cho-Shey, cuyo epitafio —crítico con las homenajes póstumos que llegan tarde— encajaba muy bien con la forma de estar en el mundo de Pérez Álvarez.

Al evocarlo, muchos recuerdan una frase suya que resume un modo de entender la vida y la pérdida: “se conoce qué es la felicidad cuando se termina”. Una idea que hoy resuena con especial fuerza para quienes han seguido de cerca su trayectoria y su manera de habitar la literatura.

Con la muerte de José María Pérez Álvarez, la literatura gallega y española pierde a uno de sus autores más singulares, un novelista que escribió siempre de espaldas a las modas, fiel a una pasión literaria austera y radical. Sus libros, sus artículos y su magisterio silencioso quedan como testimonio de una vida volcada en ese juego muy serio de las palabras, que convirtió a un funcionario de Hacienda en un referente imprescindible para quienes creen que la buena literatura sigue siendo uno de los mejores refugios frente al paso del tiempo.


Ir a la fuente en actualidadliteratura.com

Los mundos de Oriol Maspons, en la Real Academia de San Fernando

La sala de fotografía del Museo de la Real Academia de San Fernando expone, hasta abril de 2026, una selección de imágenes del fotógrafo catalán Oriol Maspons que forman parte de los fondos de esta institución. Además, se exhibe material bibliográfico y hemerográfico procedente de los fondos de Pedro Melero y Marisa Llorente.
Maspons (Barcelona, 1928-2013) fue uno de los más activos e influyentes miembros de la Escuela de Barcelona. En 1951 ingresó en la Agrupación Fotográfica de Cataluña y dos años después inició su amistad con Catalá-Roca.
En 1953 fue enviado a París por una compañía de seguros y allí se adentró en los ambientes fotográficos y conoció a Robert Doisneau, Cartier-Bresson, Brassaï, Guy Bourdin y los miembros del Grupo Los 30 x 40. Cuando, en 1956, regresó a España, emprendió su carrera como fotógrafo profesional, dedicado a hacer reportajes, retratos y fotografías de moda y de publicidad. Desde entonces, y durante casi medio siglo, no dejó de trabajar para la prensa, las editoriales, los estudios de cine y las emergentes compañías publicitarias.
Oriol Maspons. La Mancha
The post Los mundos de Oriol Maspons, en la Real Academia de San Fernando appeared first on masdearte. Información de exposiciones, museos y artistas.

Gabriela Mistral: homenajes globales y nuevas lecturas a 80 años del Nobel

Isaac

Gabriela Mistral

Instituciones académicas, ministerios de cultura y centros culturales han puesto en marcha una programación masiva de homenajes, exposiciones y entregas de libros que buscan acercar su obra a públicos muy diversos. Desde Berlín hasta Santiago de Chile, pasando por espacios de referencia del mundo hispánico como Casa América o el Instituto Cervantes, se multiplican los actos que leen a Mistral con ojos nuevos y la conectan con lectores del siglo XXI.

Una vida entre Chile, España y Europa: la Gabriela Mistral más cosmopolita

Poeta Gabriela Mistral

Detrás del nombre artístico Gabriela Mistral se encuentra Lucila de María Godoy Alcayaga, nacida en 1889 en Vicuña, en el norte de Chile. Su seudónimo surge de la combinación de dos autores que admiraba profundamente, Gabriele D’Annunzio y Frédéric Mistral, una elección que ya anticipaba su vocación cosmopolita y su diálogo con la tradición literaria europea.

Su biografía temprana estuvo marcada por la ausencia del padre, que abandonó el hogar cuando ella tenía apenas tres años, y por el papel clave de su madre y de su media hermana, quienes la introdujeron en la lectura y la escritura. A los 16 años inició una intensa carrera como docente, una vocación que nunca abandonaría y que la llevaría a trabajar en distintos lugares de América Latina, impulsando la educación pública y la creación de bibliotecas populares.

En 1922 viajó a México para colaborar en una amplia reforma educativa y, en paralelo, vio aparecer en Nueva York su primer libro, Desolación, avalado por el crítico español Federico de Onís. El volumen la situó de inmediato en el mapa internacional y supuso el inicio de una trayectoria poética profundamente ligada al mundo hispano y a la diáspora latinoamericana.

Durante los años treinta, Mistral vivió en Madrid y tejió una red de amistades con intelectuales españoles como Juan Ramón Jiménez, Enrique Díez o la jurista Victoria Kent. Participó en tertulias del Lyceum Club Femenino, fundado por María de Maeztu, y se integró en los circuitos culturales que, desde España, pensaban el papel de la lengua y la literatura en un contexto de cambios políticos acelerados.

La Guerra Civil española supuso para ella un punto de inflexión. Desde su experiencia como cónsul y su red de contactos, se implicó en gestiones para ayudar a exiliarse a artistas e intelectuales en riesgo. Colaboró, por ejemplo, en la salida de la pintora surrealista Maruja Mallo hacia Argentina y trató de intervenir para facilitar el exilio del poeta Antonio Machado, una gestión que no pudo concretarse pero que muestra la dimensión ética de su compromiso.

Poeta, «india vasca» y americanista: una autora de múltiples identidades

Gabriela Mistral homenaje

La obra de Mistral se alimenta de dolores íntimos, exilios y duelos que atraviesan su biografía. Desolación, como su propio título sugiere, reúne poemas donde la distancia geográfica, la soledad espiritual y las pérdidas sentimentales se convierten en materia poética. La propia autora llegó a escribir al final del libro: «Dios me perdone este libro amargo y los hombres que sienten la vida como dulzura me lo perdonen también», una frase que condensa el tono sombrío de aquel volumen inicial.

En los años siguientes su trayectoria diplomática la llevó a desempeñarse como cónsul en distintos destinos de América y Europa, mientras seguía publicando. En 1938 vio la luz Tala, una de sus obras capitales, cuyos derechos cedió íntegramente a los niños vascos dispersos por el mundo a raíz de la Guerra Civil. En el prólogo se definió como «mestiza de vasco» y llegó a presentarse cariñosamente como una «india vasca», reivindicando su ascendencia guipuzcoana por la rama Alcayaga.

Ese gesto solidario con la infancia desplazada y la comunidad vasca no fue aislado. En Tala se despliega una mirada americanista que entrelaza mitologías indígenas, cristianismo y tragedias históricas del continente. La poeta reescribe América desde dentro, acudiendo a sus raíces ancestrales y a sus paisajes rurales, y anticipa debates que hoy se leen en clave decolonial.

La década de 1940 resultó particularmente dura en el plano personal. Mientras vivía en Brasil, Mistral recibió la noticia del suicidio de sus amigos Stefan Zweig y Lotte Altmann, y poco después afrontó la muerte de Juan Miguel Godoy Mendoza, conocido como Yin-Yin, su sobrino e hijo adoptivo. El joven, de solo 18 años, se quitó la vida y dejó una carta de despedida que revelaba su incapacidad para «vencer» en la existencia. Años más tarde, la albacea y pareja de Mistral, Doris Dana, sugeriría que Yin-Yin podría haber sido en realidad hijo biológico de la poeta, fruto de una relación fugaz con un italiano, un extremo nunca aclarado del todo.

En medio de ese torbellino emocional, en 1945 llegó el gran reconocimiento: el Premio Nobel de Literatura, que la convirtió en la primera persona latinoamericana en recibirlo en esa categoría y en la única escritora en lengua castellana distinguida con este galardón. En el discurso de entrega, el secretario de la Academia Sueca, Hjalmar Gullberg, la presentó como «la gran cantadora de la misericordia y la maternidad», subrayando la dimensión ética de su obra más allá del puro lirismo.

Tras el Nobel publicó Lagar en 1954, considerado por muchos como el punto culminante de su poesía. En esos años, ya consolidada como autora de referencia, se instaló en Nueva York, donde vivió junto a Doris Dana hasta su fallecimiento en 1957 por un cáncer de páncreas. El vínculo entre ambas, silenciado durante décadas, salió a la luz de forma más nítida en 2009 con la edición de Niña errante, una selección de cartas que muestran una relación sentimental intensa y compleja. Pasajes como «quiero morirme en tus brazos» han impulsado nuevas lecturas sobre la sexualidad de Mistral y su lugar en la historia de las disidencias afectivas en América Latina.

Un 80 aniversario con acento europeo: Berlín y el mundo hispano miran a Mistral

La conmemoración de los 80 años del Nobel ha tenido un eco especial en Europa, donde las instituciones culturales hispánicas y las embajadas latinoamericanas han situado a Mistral en el centro de sus agendas. En Berlín, la Embajada de Chile en Alemania y el Instituto Cervantes organizaron un acto que reunió a diplomáticos, académicos y lectores interesados en repensar el legado de la poeta.

El encuentro se abrió con unas palabras del director del Instituto Cervantes de Berlín, Ignacio Martínez Castignani, quien destacó la relevancia de celebrar a Mistral en una institución dedicada a la proyección global del español. A continuación, la embajadora de Suecia en Alemania, Veronika Wand-Danielsson, recordó el impacto histórico del Nobel de 1945 y su influencia en la visibilidad internacional de la literatura en lengua castellana.

Por parte de Chile intervino la embajadora María Magdalena Atria Barros, que subrayó las múltiples facetas de la autora: poeta, maestra y diplomática, además de su compromiso con la infancia y la educación. Esta mirada amplia encaja con la línea que están siguiendo también instituciones europeas y latinoamericanas que prefieren recordar a Mistral como figura integral, no solo como autora de manual.

El programa incluyó un componente artístico y emocional particularmente cuidado. Se proyectaron imágenes históricas de Gabriela Mistral y una niña chilena, Ignacia Fuenzalida Salvatierra, recitó el poema «Dame la mano y danzaremos», gesto que simbolizó el diálogo intergeneracional. La música corrió a cargo del guitarrista chileno Rodrigo Santa María y de la soprano alemana Marie Luise Bestehorn, quien estrenó una pieza basada en el poema «País de Ausencia», tendiendo puentes entre la lírica mistraliana y la creación musical contemporánea.

La parte académica del acto reunió a especialistas como Marília Jöhnk (Goethe-Universität Frankfurt) y el investigador Benjamin Loy, que analizaron la vigencia de Mistral como pensadora cosmopolita, feminista, decolonial y mística. Sus intervenciones se acompañaron de lecturas de poemas emblemáticos, insistiendo en la idea de que la autora sigue siendo una voz útil para pensar los desafíos del presente, desde la educación hasta los derechos humanos.

Exposiciones inmersivas y tecnología: Mistral en la Universidad de Chile

En paralelo a los homenajes europeos, en Santiago se ha inaugurado una de las muestras más ambiciosas dedicadas a Gabriela Mistral. Bajo el título «Gabriela Mistral: Maestra de América, voz en el mundo», la Plataforma Cultural del campus Juan Gómez Millas, de la Universidad de Chile, presenta una exposición que combina documentos patrimoniales, arte contemporáneo e innovación tecnológica.

La iniciativa reúne el trabajo del Museo de Arte Popular Latinoamericano Tomás Lago (MAPA), el Archivo Central Andrés Bello y el laboratorio de realidad virtual XR-Labs. La muestra, abierta hasta el 30 de junio de 2026, ofrece al público manuscritos, primeras ediciones, fotografías, material audiovisual, instalaciones sensoriales y obras artísticas que dialogan con los grandes ejes de la vida mistraliana: la escritura, la educación, la naturaleza, los viajes y el pensamiento político-social.

Durante la inauguración, la vicerrectora de Extensión y Comunicaciones, Pilar Barba, remarcó que este proyecto expresa la vocación de universidad pública compleja, plural y crítica, capaz de articular investigación, patrimonio y creación contemporánea. Subrayó además que el llamado «año mistraliano» estuvo atravesado por decenas de actividades que permitieron reconectar con la autora desde enfoques muy diversos.

La directora del MAPA, Paulina Faba, insistió en el vínculo histórico y afectivo entre Mistral y la Universidad de Chile, institución que la distinguió como Doctora Honoris Causa en 1954. Recordó la importancia que la poeta concedía al arte popular, a los oficios y a los saberes situados, cuestionando jerarquías culturales todavía muy presentes en los debates sobre educación y justicia social.

En la misma línea, la directora del Archivo Central Andrés Bello, Fernanda Vera, definió la muestra como uno de los hitos de la agenda institucional por el aniversario del Nobel y destacó la proyección de Mistral como embajadora cultural de Chile y América Latina. Su voz, señaló, sigue dialogando con sensibilidades contemporáneas que cuestionan el centralismo cultural y reivindican la pluralidad de experiencias latinoamericanas.

La apuesta por la realidad virtual y las nuevas tecnologías

Uno de los rasgos más llamativos de la exposición es el uso de tecnologías inmersivas basadas en inteligencia artificial para reconstruir momentos clave de la vida de la poeta. El director de XR-Labs, Víctor Fajnzylber, presentó una pieza audiovisual que recrea el discurso de Mistral cuando recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Chile, en el Salón de Honor de la Casa Central, en 1954.

El equipo trabajó a partir de la única fotografía conocida de aquel acto y de diversas fuentes documentales para reconstruir el espacio y la atmósfera de la ceremonia. Según explicó Fajnzylber, fue necesario identificar el aspecto exacto del salón en esa época, recrear al público asistente uno a uno e incorporar, como anfitrión, al entonces rector Juan Gómez Millas.

La instalación, conocida como «Mistral XR», invita a los visitantes a experimentar lo que el equipo denomina «un momento histórico perdido», planteando preguntas sobre la memoria, el patrimonio y los límites éticos del uso de la inteligencia artificial en la recreación de acontecimientos pasados. Esta aproximación, que combina rigor documental y experimentación tecnológica, pretende atraer a nuevas generaciones que se acercan a la historia a través de lenguajes interactivos.

La muestra se complementa con piezas como el Árbol de la vida, una estructura de mimbre creada por Pablo García, Macarena González, Catalina Mateluna y Paola Santander, que rinde homenaje al pensamiento y la sensibilidad mistralianos vinculados a la naturaleza. Otra obra destacada es la Materioteca tintórea y pigmentaria, que reúne tierras, arcillas y especies vegetales relacionadas con el imaginario rural y los paisajes que habitaron la autora.

Los visitantes también pueden acceder a primeras ediciones de libros fundamentales como Desolación, Ternura, Tala y Lagar, presentadas en un formato interactivo que acerca los textos originales a un público acostumbrado a lo digital. La combinación de soportes tradicionales y herramientas tecnológicas refuerza la idea de que el legado de Mistral no pertenece solo al pasado.

Un «año mistraliano» con más de 250 actividades

La magnitud de la conmemoración no se limita a una sola institución. El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile ha impulsado una agenda nacional e internacional de más de 250 actividades, coordinadas con el apoyo de una Comisión Asesora Ministerial en la que participan académicos y representantes de diversas universidades.

Entre quienes integran esta comisión se encuentra la Dra. Yenny Ariz, académica de la Facultad de Educación de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), designada por el Consejo de Rectores junto a otras autoridades universitarias. Su labor ha incluido la elaboración de materiales pedagógicos para centros escolares, la transcripción de manuscritos como los Sonetos de la muerte, la participación en coloquios internacionales, la organización de jornadas mistralianas y la preparación de exposiciones patrimoniales sobre los manuscritos de la autora.

Durante una sesión celebrada en el Salón O’Higgins del Palacio de La Moneda, presidida por la ministra de las Culturas, Carolina Arredondo, se dieron a conocer hitos inéditos de esta programación. Entre ellos, la tramitación de una ley para institucionalizar la celebración del natalicio de Gabriela Mistral, la proyección de la pregunta «¿Qué será de Chile en el cielo?» en edificios públicos, lecturas de su obra en Bibliolanchas, tarjetas de transporte conmemorativas en Coquimbo, sellos postales dedicados a la poeta y la reedición de su Obra reunida.

La propia ministra Arredondo ha enfatizado en varias ocasiones que el objetivo es ir más allá de un simple aniversario. Según ha señalado, no se trata solo de recordar un hito, sino de volver a escuchar una voz comprometida con la educación pública, la justicia social y la dignidad de los pueblos. La agenda de actividades, que se prolongará hasta enero de 2026, busca precisamente mantener esa conversación abierta en el tiempo.

Por su parte, la Dra. Ariz ha subrayado que participar en esta comisión ha supuesto un honor y una oportunidad para articular el trabajo académico con políticas culturales de alcance nacional. La continuidad de los proyectos, incluso después de que la comisión diera por concluido formalmente su mandato el 10 de diciembre, indica que el llamado «año mistraliano» se proyecta más allá de las efemérides oficiales.

La mayor entrega gratuita de libros de Gabriela Mistral

Uno de los proyectos más comentados en el marco de la conmemoración es la distribución gratuita de 100.000 ejemplares de un libro antológico de Gabriela Mistral, considerada por sus impulsores como la mayor entrega de libros sin coste en la historia de Chile. La iniciativa nace de una alianza entre el Ministerio de las Culturas, el Metro de Santiago y el Banco Itaú.

El libro, titulado La primera de TODAS, recoge una selección de textos de Mistral editada por el escritor Matías Rivas e ilustrada por niños, niñas y jóvenes ganadores del concurso de dibujo «Imaginando a Gabriela Mistral». La propuesta combina así promoción de la lectura, participación infantil y difusión del patrimonio literario en espacios cotidianos.

La entrega principal se ha programado en la Región Metropolitana, entre las 9:30 y las 10:30 horas de un miércoles de diciembre, con repartos en 23 estaciones del Metro de Santiago. Los ejemplares se distribuyen tanto en la línea 1 (paradas como San Pablo, Universidad de Chile, Baquedano o Los Dominicos), como en las líneas 3, 4 y 5, acercando la obra mistraliana a miles de usuarios del transporte público en sus trayectos diarios.

A partir de la semana siguiente, la campaña se extiende a todas las capitales regionales del país, además de la ciudad de Curicó, mediante entregas en plazas de armas y espacios públicos. De este modo, el proyecto busca evitar concentrarse solo en la capital y reforzar el carácter nacional de la celebración, con especial atención a regiones históricamente alejadas de los grandes circuitos culturales.

Como parte del mismo programa, se realizó un primer hito de distribución de tres mil ejemplares en la estación Universidad de Chile del Metro, que sirvió de anticipo a la entrega masiva. Paralelamente, módulos del programa Bibliometro, que cuenta con 22 puntos de préstamo gratuito de libros dentro de la red de transporte, también incorporan ejemplares de la antología, consolidándose como una de las bibliotecas públicas más grandes del país.

Cultura, banca y metro: una alianza para el fomento lector

La iniciativa de La primera de TODAS está acogida a la Ley de Donaciones Culturales a través de la Fundación Inversión Cultural (FINC) y se presenta como un ejemplo de colaboración público-privada en torno al fomento lector. La Gerente de Sustentabilidad y Asuntos Corporativos de Itaú Chile, Claudia Labbé, ha señalado que el proyecto simboliza el compromiso del banco con el desarrollo cultural y al mismo tiempo rinde homenaje a los lazos históricos entre Chile y Brasil, país donde Mistral recibió la noticia del Nobel en 1945.

Desde Metro de Santiago, Paulina del Campo, gerente de Comunicaciones y Sostenibilidad, ha destacado que esta acción se suma a otras iniciativas de largo recorrido como Bibliometro, reforzando el rol del transporte público como espacio de acceso democrático al libro. Las estaciones, habitualmente asociadas al tránsito apresurado, se convierten así en puntos de encuentro con la poesía y la memoria cultural.

Para el Ministerio de las Culturas, la entrega de libros posee un valor simbólico que va más allá de los números. La ministra Carolina Arredondo ha remarcado que, cuando se piensa en Gabriela Mistral, a menudo se reduce su figura a su faceta de poeta, pero su legado se extiende a la diplomacia, la educación, la reflexión sobre la naturaleza y las infancias. La antología busca precisamente mostrar esa diversidad de registros y acercarla a públicos que quizá nunca han leído un poema suyo completo.

El proyecto también refuerza el mensaje de que la literatura puede y debe circular fuera de los espacios convencionales, como librerías o universidades. Al situar la obra mistraliana en andénes, vagones y plazas, la campaña reivindica la poesía como un bien común, disponible sin coste económico y sin requisitos de pertenencia a élites culturales.

Esta lógica dialoga con el propio pensamiento de Mistral, que concibió la educación como un derecho y trabajó activamente en la bibliotecas populares. Que su obra circule ahora gratuitamente por todo Chile, a través de esta alianza, puede leerse como una actualización de esa apuesta pedagógica en clave contemporánea.

Nuevas lecturas y debates sobre la figura de Mistral

Más allá de los actos oficiales y las cifras de ejemplares repartidos, la conmemoración ha reactivado debates en torno a la manera de leer a Gabriela Mistral hoy. En los últimos años, su imagen ha transitado de la figura de «maestra dolorida» y madre simbólica de la nación a la de una autora adelantada a su tiempo, etiquetada en ocasiones como feminista, «loca» o lesbiana, términos que reflejan tanto admiración como resistencia.

Las cartas con Doris Dana, compiladas en Niña errante, y las cartas privadas a otras amistades han abierto preguntas sobre su vida afectiva y su relación con la disidencia sexual, en un contexto en el que la homosexualidad femenina estaba fuertemente silenciada. Aunque Mistral nunca se definió públicamente como lesbiana, muchas lectoras y lectores actuales encuentran en su biografía y en su obra claves para pensar la diversidad de deseos y afectos en la historia latinoamericana.

En paralelo, su trabajo como diplomática y su intervención en momentos políticos críticos, como la Guerra Civil española, han alimentado una lectura de Mistral como pensadora política y figura de referencia para los debates decoloniales. Su interés por las culturas indígenas, su defensa de la ruralidad y su preocupación por la infancia pobre se reinterpretan hoy en clave de justicia social y crítica al colonialismo.

Los paneles organizados por universidades y centros culturales, tanto en Chile como en Europa, se han detenido en estas dimensiones, analizando su obra desde perspectivas feministas, ecológicas, místicas y cosmopolitas. Esta pluralidad de enfoques ha contribuido a que nuevas generaciones de lectoras y lectores se acerquen a Mistral sin el peso de los tópicos escolares que durante décadas la encasillaron.

En este contexto, espacios como la sección «Mujeres hispanas» del Círculo de Orellana, difundida en programas de radio y actividades en Casa América, han dedicado sesiones específicas a la figura de la poeta. Voces como la de Leticia Espinosa de los Monteros, presidenta del Círculo, y del escritor y agregado cultural Diego del Pozo, han ayudado a subrayar los vínculos históricos entre Mistral y España, tanto en su estancia en Madrid en los años treinta como en la red de amistades intelectuales que mantuvo a lo largo de su vida.

Todo este entramado de homenajes, exposiciones, paneles académicos y entregas masivas de libros muestra hasta qué punto la figura de Gabriela Mistral sigue en plena conversación con nuestro tiempo. Desde los salones del Instituto Cervantes en Berlín hasta los andenes del Metro de Santiago, pasando por las salas de realidad virtual de la Universidad de Chile y las iniciativas de la Comisión Asesora Ministerial, se perfila a una autora que ya no se mira solo como reliquia, sino como una voz viva, compleja y en constante relectura, capaz de tender puentes entre Chile, Europa y el resto del mundo hispano.


Ir a la fuente en actualidadliteratura.com

Juan Gutiérrez gana el Primer Certamen Hilos Black de CordoBlack

Isaac

Certamen Hilos Black en CordoBlack

La tercera edición de CordoBlack, Festival de Novela Negra del Sur, ha echado el cierre con un protagonista claro: el gaditano Juan Jesús Gutiérrez, que se ha alzado con la victoria en el Primer Certamen Hilos Black gracias a un relato publicado en la red social X. El certamen, planteado como una apuesta por las nuevas narrativas digitales, ha sido uno de los ejes de un programa que ha llenado de noir distintos rincones de Córdoba.

Al mismo tiempo, el festival ha confirmado su crecimiento como cita de referencia del género negro en España, tanto por cifras de público como por la nómina de autores invitados. Más de seiscientas personas han pasado por las actividades programadas, consolidando una comunidad fiel que vuelve cada año y que ha convertido a CordoBlack en una parada obligatoria para lectores, curiosos y profesionales del sector.

Un hilo negro y social que convence al jurado

El Primer Certamen Hilos Black se diseñó como un concurso abierto a cualquier autor que escribiera en castellano y quisiera experimentar con el formato hilo en la red social X. A partir del jueves 18 de diciembre comenzaron a publicarse las historias participantes, hasta reunir un total de 8 hilos que entraron en la fase de valoración por parte del jurado.

Tras una lectura minuciosa de cada una de las propuestas, el comité decidió por unanimidad que el ganador debía ser Juan Jesús Gutiérrez (@guangle84), autor del hilo titulado Optimización de Recursos. Se trata de una historia de corte social narrada en clave negra, donde la Inteligencia Artificial y los algoritmos de las redes se convierten en piezas fundamentales de la trama, planteando interrogantes sobre cómo la tecnología condiciona la vida cotidiana.

La mirada de Gutiérrez combina elementos propios de la novela negra clásica —tensión, sospecha, crítica social— con un escenario profundamente digital, lo que encaja con la voluntad del festival de explorar nuevos soportes y formatos narrativos. Todos los hilos que participaron en el certamen pueden leerse en la cuenta oficial del festival en X, @CordoBlackFest, donde han ido ganando lectores durante los días de celebración.

El jurado estuvo formado por perfiles muy vinculados a la creación y la divulgación: el escritor y arquitecto @Pedro_Torrijos, el narrador y colaborador del Grupo Joly @gutisolis (Salvador Gutiérrez Solís), el guionista y escritor @Yosoycorra (Jorge Corrales), el novelista @israeldiaz_r (Israel Díaz Reinado) y el experto en música y redes @HistorietaLa (Jesús Báez Alcaide). Su fallo conjunto ha reforzado la apuesta por el hilo como formato narrativo válido dentro del género negro.

El perfil del ganador: de las historias virales a la novela

Tras el nombre de Juan Jesús Gutiérrez hay un autor con una trayectoria ya asentada en el ámbito digital. Nacido en Cádiz en 1984, es ingeniero informático de formación y, casi en paralelo, narrador vocacional que ha hecho de los hilos una herramienta habitual para contar historias.

En los últimos años, sus relatos han captado la atención de millones de lectores en internet, gracias a tramas que mezclan ciencia ficción, misterio y acción con giros inesperados y teorías poco convencionales. Esta combinación le ha permitido consolidar una comunidad de seguidores que espera cada nuevo hilo como si se tratara de un episodio de serie.

Ese recorrido en redes desembocó en la publicación de su primera novela, Arrebol, editada por La Esfera de los Libros. Con ella dio el salto del formato breve y fragmentado al territorio de la narrativa larga, manteniendo muchos de los ingredientes que le habían funcionado en X: ritmo ágil, personajes en tensión constante y escenarios donde la tecnología no es solo decorado, sino motor de conflicto.

El reconocimiento obtenido en CordoBlack refuerza la idea de que las historias nacidas en plataformas digitales pueden convivir con naturalidad con la tradición editorial. Para el festival, premiar a un autor que se mueve con soltura entre hilos virales y novela supone un guiño claro a esa doble vía de creación.

CordoBlack 2025: cifras que avalan su crecimiento

Más allá del certamen de hilos, la tercera edición de CordoBlack ha destacado por sus cifras de participación. A lo largo de los días de programación, el festival reunió a más de 600 asistentes y participantes, una cantidad que consolida una tendencia al alza respecto a años anteriores y que confirma el interés por el género negro en la ciudad y en el conjunto del país.

En el plano creativo, la cita contó con la presencia de 26 autores procedentes de distintos puntos de España, lo que se ha traducido en una amplia diversidad de voces, estilos y enfoques sobre el noir contemporáneo. Desde propuestas más clásicas hasta experimentos formales, la programación ha buscado dar cabida a todo el abanico que hoy convive bajo la etiqueta de novela negra.

El programa de CordoBlack incluyó 18 actividades repartidas por varios espacios de Córdoba, con un papel destacado para las bibliotecas públicas Grupo Cántico y Antonio Gala. Estos centros se convirtieron en puntos neurálgicos de encuentros, presentaciones, mesas redondas y conversaciones con el público, reforzando la idea de las bibliotecas como espacios vivos de cultura.

La respuesta del público, tanto en asistencia como en participación activa, ha sido uno de los aspectos que más ha subrayado la organización. La fidelidad de quienes repiten cada año, unida a la llegada de nuevos asistentes, ha situado al festival entre las referencias nacionales del género negro, especialmente en el sur de España.

Una ciudad volcada con el género negro

La estructura del festival no se limitó a un único escenario, sino que se extendió por diferentes puntos de la ciudad, reforzando la idea de que Córdoba se convierte durante unos días en un auténtico mapa negro. Las bibliotecas Grupo Cántico y Antonio Gala actuaron como sedes principales, pero otras localizaciones se sumaron para completar una oferta variada y dinámica.

El inicio oficial de esta tercera edición tuvo lugar el 18 de diciembre, con un acto de inauguración a cargo del escritor César Pérez Gellida, uno de los nombres reconocidos del género. Su participación sirvió para abrir el festival con una conversación en torno al estado actual de la novela negra y su evolución reciente en España.

Desde ese arranque, el calendario fue encadenando encuentros con autores, charlas temáticas, presentaciones de libros y actividades dirigidas a distintos perfiles de público, desde lectores habituales del noir hasta personas que se acercaban por primera vez al género. El ambiente, según la organización, ha sido marcado por la cercanía entre escritores y asistentes, con tiempo para preguntas, firmas y diálogo distendido.

La fecha de cierre llegó el domingo 21 de diciembre, cuando se hizo público el fallo del Primer Certamen Hilos Black. Ese anuncio puso el broche final a varios días de actividad intensa y sirvió también para dejar planteado el reto de seguir creciendo en futuras ediciones, tanto en repercusión como en ambición de contenidos.

Un certamen que apuesta por nuevos lenguajes

El lanzamiento del Certamen Hilos Black ha sido una de las grandes novedades de este año. La iniciativa nació con la idea de explorar los hilos en redes sociales como una forma legítima de narrativa, en este caso vinculada al género negro y abierta a temáticas actuales, como la relación entre tecnología, vigilancia y poder.

Que el relato premiado, Optimización de Recursos, gire en torno a la Inteligencia Artificial y los algoritmos que gobiernan las plataformas digitales encaja con esa mirada hacia los desafíos contemporáneos. El certamen ha permitido comprobar cómo autores de distintos orígenes son capaces de construir tramas complejas y con tensión dentro de un formato pensado originalmente para mensajes breves.

La mecánica del concurso, con la publicación de los hilos directamente en X, ha facilitado además que el público pudiera leer las propuestas casi en tiempo real, comentarlas y compartirlas. Esta dimensión interactiva ha aportado un componente adicional de dinamismo, que la organización valora como un punto a reforzar en futuras ediciones.

El hecho de que un jurado especializado haya dedicado tiempo a la lectura y al análisis de cada hilo ha contribuido a dar legitimidad al formato dentro del entorno literario. No se trata solo de mensajes encadenados, sino de historias con estructura, tono y personajes, capaces de sostener una atmósfera negra de principio a fin.

Impulso institucional y apoyo del sector cultural

La celebración de CordoBlack 2025 ha sido posible gracias a una red de apoyos institucionales y culturales que respalda el proyecto desde sus inicios. El festival está organizado por Verbo Servicios Culturales y cuenta con la dirección literaria de Salvador Gutiérrez Solís, escritor y figura clave en la consolidación de la cita.

En el plano institucional, el evento ha recibido una subvención del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura. También ha contado con el respaldo de la Delegación de Cultura y Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Córdoba, que ha facilitado la utilización de espacios y recursos para el desarrollo de las actividades.

La Junta de Andalucía, mediante su Delegación Territorial, se ha sumado igualmente como colaboradora, reforzando la dimensión regional de un festival que aspira a consolidarse como referente del noir en el sur de Europa. A este entramado se unen aliados del sector privado, como la Librería Luque y Banana Coffee, que han aportado presencia, recursos y puntos de encuentro informales para autores y lectores.

La organización ha señalado su intención de mantener y ampliar estas alianzas en las próximas ediciones, especialmente en lo que respecta al tejido empresarial y cultural privado. La idea es que Córdoba se convierta, año tras año, en un centro estable de encuentro entre la industria del libro, los creadores y el público interesado en el género negro.

Mirada puesta en 2026: nuevos soportes y más noir

Aunque la tercera edición acaba de cerrarse, el equipo de CordoBlack ya ha empezado a trabajar en la programación de 2026. El objetivo declarado pasa por seguir profundizando en nuevos lenguajes y soportes a través de los cuales se expresa el género negro, más allá de las vías tradicionales de la novela y el cuento.

En este sentido, el éxito del Certamen Hilos Black se interpreta como una pista clara: hay un público dispuesto a leer y seguir historias en redes sociales, y hay escritores capaces de desarrollar tramas sólidas en estos entornos. No se descarta, por tanto, que futuras ediciones del festival incorporen otras formas híbridas de narración, como podcasts, proyectos transmedia o propuestas que mezclen texto, imagen y sonido.

La intención de la organización es que CordoBlack siga funcionando como laboratorio de tendencias del noir, sin perder de vista el anclaje en la tradición literaria. El equilibrio entre autores consolidados y voces emergentes, entre novela impresa e historias digitales, se perfila como una de las señas de identidad de la cita cordobesa.

Con esta edición, el festival confirma que Córdoba se ha ganado un espacio propio en el mapa de la novela negra, tanto en España como, progresivamente, en el ámbito europeo. El triunfo de Juan Jesús Gutiérrez en el Primer Certamen Hilos Black, el respaldo del público y el apoyo institucional apuntan a que el camino iniciado tiene recorrido y margen para seguir creciendo en los próximos años.


Ir a la fuente en actualidadliteratura.com