Clubes de lectura que se reinventan en España: nuevas citas, formatos y reivindicaciones

Isaac

Personas en club de lectura

Los clubes de lectura vuelven a situarse en el centro de la vida cultural de muchas localidades españolas, con propuestas que abarcan desde la infancia hasta la edad adulta y que combinan encuentros presenciales, dinamización profesional y, en algunos casos, una clara dimensión reivindicativa. En bibliotecas municipales de distintos puntos del país se están organizando actividades que ponen el foco en leer en comunidad, compartir miradas y convertir los libros en un espacio de encuentro.

Lejos de ser solo una reunión informal de lectores, estos grupos se consolidan como herramientas para fomentar hábitos de lectura, crear tejido social y ofrecer a la ciudadanía un lugar estable donde conversar sobre literatura. Desde Hoyo de Manzanares hasta Soraluze, pasando por Orihuela, Elche o pequeñas localidades castellanoleonesas, las bibliotecas públicas refuerzan su papel como nodulos culturales abiertos y participativos.

Clubes de lectura para infancia y juventud: leer en familia y crecer con los libros

En la Biblioteca Municipal Camilo José Cela, en Hoyo de Manzanares, se ha programado una nueva jornada doble con dos actividades muy ligadas al club de lectura: la sesión de “Leer en Familia” y el club de lectura juvenil, ambas conducidas por Estrella Escriña. El objetivo es claro: incentivar la lectura entre los niños y los adolescentes a través de experiencias compartidas y muy pegadas al día a día.

La propuesta “Leer en Familia” invita a madres, padres, abuelos y peques a usar la biblioteca como espacio de encuentro y convivencia lectora. Se trabaja con fondos de la propia biblioteca agrupados por temáticas, de manera que las familias puedan descubrir títulos relacionados y aprender a recomendarse libros unos a otros. Entre las metas que se persiguen están sentir la biblioteca como un lugar cercano, fomentar la lectura entre los más pequeños, mejorar la capacidad de prescribir lecturas en casa y familiarizarse con autores e ilustradores de literatura infantil.

En la próxima sesión el libro protagonista será “Comer y celebrar, todo es empezar”, una lectura pensada para menores a partir de 3 años. La actividad se celebrará a las 17:30 horas, tendrá una duración aproximada de 45 minutos y cuenta con aforo limitado, por lo que es necesario reservar con antelación. Esta fórmula de encuentros breves, temáticos y acompañados por una mediadora busca que los pequeños asocien el acto de leer con algo lúdico y compartido.

Justo a continuación, la misma biblioteca acogerá el club de lectura juvenil, orientado a lectores a partir de 8 años. En este caso, el grupo lee al mismo tiempo una obra concreta —en esta ocasión, “Basil, el ratón súper detective”— y cada participante recibe un ejemplar prestado por la propia biblioteca. Las reuniones, de 90 minutos de duración y con aforo limitado, se realizan de forma periódica (quincenal o mensual) para comentar lo leído y compartir impresiones en un ambiente distendido.

La filosofía de este club se basa en combinar lectura individual y reflexión compartida. Los jóvenes leen a solas, a su ritmo, pero luego se encuentran para descubrir cómo una misma obra puede transformarse en “múltiples historias”, tantas como lectores tiene. La idea que se trabaja es que cada libro se reinventa en la imaginación de quien lo lee, y que esa diversidad de interpretaciones es precisamente una de las “magias” de la literatura juvenil.

Para participar tanto en “Leer en Familia” como en el club juvenil, las entradas se pueden reservar por correo electrónico en la dirección facilitada por el área de Cultura del ayuntamiento, desde el miércoles anterior a la actividad y hasta completar el aforo. Con esta dinámica, la biblioteca refuerza su papel como espacio seguro, cercano y activo para las familias lectoras de la localidad.

Clubes de lectura para adultos: nuevos grupos, dinamizadores y calendarios

El impulso a los clubes de lectura para personas adultas también es notable. En la Biblioteca Pública del Estado y Archivo Histórico “Fernando de Loazes”, en Orihuela, se ha programado un club de lectura fácil dirigido a quienes desean iniciarse en la lectura o tienen dificultades lectoras o de idioma. Estas sesiones están pensadas para ayudar a construir el hábito lector paso a paso, trabajando textos accesibles pero significativos.

Este club de lectura fácil se celebra los lunes a las 10:00 horas y se prolonga durante varias semanas, hasta el 15 de diciembre. Cada encuentro está orientado a comentar lo leído en un entorno amable y sin presiones, de modo que las personas participantes puedan ganar confianza con los libros, mejorar su comprensión lectora y, de paso, estrechar lazos con otras personas que están en una situación similar.

En Soraluze, la biblioteca municipal ha anunciado la puesta en marcha de un nuevo club de lectura en castellano, con inicio previsto para el 21 de enero. Este grupo estará dinamizado por la periodista de origen catalán Mónica Leiva, conocida por coordinar numerosos clubes de lectura en distintas bibliotecas de Euskal Herria. Su experiencia como mediadora aportará al grupo herramientas para analizar, contextualizar y debatir las obras con mayor profundidad.

La primera reunión está fijada a las 18:30 horas y girará en torno a la novela “La fórmula preferida del profesor”, de Yoko Ogawa, cuya lectura será facilitada por la propia biblioteca, que prestará un ejemplar a cada participante. La dinámica está planteada para que los asistentes puedan analizar, reflexionar y compartir puntos de vista sobre el libro, trabajando aspectos como los personajes, la estructura y los temas de fondo.

Este club de Soraluze se reunirá cada dos meses, de enero a mayo, para comentar un título diferente en cada sesión. De momento hay programadas tres fechas: 21 de enero, 18 de marzo y 20 de mayo. El único requisito para apuntarse es ser miembro de la biblioteca, un trámite gratuito que puede realizarse en el mismo momento de la inscripción. Quien desee más información puede acercarse a la biblioteca en su horario habitual de apertura, llamar por teléfono o enviar un correo electrónico a la dirección oficial del centro.

Clubes en euskera y castellano: lectura en clave multilingüe

En otros municipios, el club de lectura se organiza en paralelo en distintos idiomas, con grupos en castellano y en euskera que comparten estructura pero se diferencian por las obras seleccionadas. En uno de estos programas, por ejemplo, se han convocado dos citas muy concretas para el mes de diciembre, ambas en la biblioteca municipal y con guías especializadas.

Por un lado, el club de lectura en castellano se reunirá el miércoles 17 a las 18:00 horas para comentar el libro “Las pequeñas virtudes”, de Natalia Ginzburg. La sesión estará guiada por Mónica Leiva, que se encarga de dinamizar el debate y de proponer claves de lectura para profundizar en la obra. La combinación de un texto clásico de la narrativa italiana y la mirada colectiva de los lectores permite enriquecer la experiencia de lectura más allá de lo individual.

Por otro lado, el club de lectura en euskara tiene cita el jueves 27 a las 18:30 hours, también en la biblioteca, para hablar de “Fun Home”, de Alison Bechdel. En este caso, la mentora será Miriam Luki, que conduce el grupo en euskera y adapta el ritmo y el enfoque a las necesidades de los participantes. La elección de una novela gráfica autobiográfica contemporánea abre la puerta a debates sobre memoria, identidad y familia, desde una perspectiva visual y literaria a la vez.

Estos grupos, tanto en castellano como en euskera, se caracterizan por ser abiertos al público. Aun así, se recomienda inscribirse previamente en la biblioteca municipal, ya sea de forma presencial, por teléfono, por correo electrónico o incluso mediante WhatsApp. De esta manera, el personal bibliotecario puede organizar mejor los espacios, asegurar el material de lectura y mantener un acompañamiento más personalizado a quienes acuden de forma regular.

Clubes de lectura como espacios de reflexión y análisis literario

Los clubes de lectura no solo sirven para compartir impresiones informales sobre los libros, sino también para realizar análisis más profundos de las obras y de sus personajes. Un buen ejemplo de ello se ha visto en la Biblioteca Pública de la Fundación Caja Cega / Cajaviva de Fuentepelayo, donde el club de lectura “Pasa la hoja” ha colaborado de forma activa en la presentación de la novela “Los humores de la tierra”, del profesor emérito Ángel Gómez, natural de Vegafría y residente en Cuéllar.

Antes del encuentro con el autor, la veintena de miembros del club ya había estado leyendo y analizando individual y colectivamente la obra. Durante las reuniones se hizo un repaso minucioso de los personajes, todos ellos ficticios pero con rasgos tan verosímiles que muchos lectores pudieron verse reflejados en alguno. Entre las figuras que más debate generaron estuvieron Ramón, un maltratador; la sufridora Patro; la rebelde Eva; la maternal Micaela o el perseverante Gabriel.

El propio Ángel Gómez reconoció sentir afecto por todos sus personajes, aunque admitió que Ramón es el más complejo. Autor y lectores coincidieron en destacar la dureza de la novela y su ambientación en un pequeño pueblo castellano de posguerra, un entorno que podría ser perfectamente Vegafría u otra localidad de la provincia de Segovia. El lenguaje empleado se caracteriza por ser muy directo y profundamente ligado a la idiosincrasia castellana de la época.

En el coloquio se subrayó cómo el autor mezcla elementos imaginados con recuerdos reales de su infancia. Gómez llegó a afirmar que “mi patria es mi infancia”, una declaración que sitúa la novela como un compromiso íntimo con su propia memoria. El estilo, valorado por los asistentes como muy cuidado desde el punto de vista sintáctico y estéticamente sugerente, fue otro de los aspectos más elogiados, ya que logra atrapar al lector incluso cuando describe escenas duras.

Para el escritor, la novela pertenece al lector una vez publicada, y son precisamente lecturas como las del club “Pasa la hoja” las que dan sentido a esa afirmación. Invitó a los presentes a leer siempre con espíritu crítico, desconfiando de las apariencias y exigiendo que cada texto tenga un significado de fondo. Estas sesiones demuestran que un club de lectura puede convertirse en un auténtico laboratorio de interpretación literaria, donde la conversación enriquece y matiza la obra.

Clubes de lectura como espacio de apoyo y reivindicación social

En otros contextos, los clubes de lectura trascienden el plano estrictamente literario para convertirse también en espacios de apoyo mutuo y de reivindicación social. Es el caso del club de lectura de la Casa de la Dona de Elche, cuyas integrantes llevan meses concentrándose en la Plaza de Baix cada segundo miércoles de mes, con sillas y libros en la mano, para reclamar la reapertura de este espacio, cerrado desde septiembre.

Este grupo de lectoras reivindica no solo la recuperación física de la Casa de la Dona, sino también la figura de la promotora de igualdad, a la que consideran fundamental. Según explica una de las participantes, Vanesa Agulló, esta profesional ayuda a contextualizar los malestares y violencias que atraviesan a las mujeres, ofreciendo acompañamiento y herramientas para entender las experiencias propias en un marco más amplio.

Durante dos años, el club de lectura de la Casa de la Dona funcionó como un espacio de encuentro, apoyo y construcción de tejido social, elementos que sus integrantes consideran esenciales en la prevención de la violencia de género. La clausura de la actividad, que según las usuarias se produjo sin previo aviso, ha generado un profundo malestar. La concejala de Mujer, Caridad Martínez, sostiene que el cierre se comunicó en junio, lo que ha añadido una dimensión de conflicto al debate público.

Las declaraciones de la concejala, que aludían a supuestas “malas formas” de las participantes hacia el personal técnico, han sido rechazadas por las usuarias. Caridad Martínez sostuvo esa versión, mientras que Vanesa Agulló insiste en que su forma de reivindicación ha sido silenciosa, respetuosa y simbólicamente ligada a los libros. Leer juntas en plena plaza se ha convertido así tanto en un gesto de continuidad del club de lectura como en una manera pacífica de hacer visible su protesta.

Este caso ilustra cómo un club de lectura puede ir más allá del comentario sobre novelas o ensayos y convertirse en un espacio político en el sentido amplio del término: un lugar donde las personas se organizan, comparten vivencias y articulan demandas que conectan la cultura con los derechos y la igualdad. La lectura aquí no solo entretiene ni forma; también ayuda a nombrar realidades y a reclamar cambios concretos.

Entre sesiones familiares con cuentos ilustrados, grupos juveniles que descubren detectives ratones, clubes en castellano y euskera que analizan desde Yoko Ogawa hasta Alison Bechdel, y lectoras que se reúnen en una plaza para defender su espacio, los clubes de lectura en España se muestran más vivos y diversos que nunca. Bibliotecas grandes y pequeñas, asociaciones y fundaciones los están utilizando como una herramienta potente para fomentar el hábito lector, fortalecer la vida comunitaria y abrir conversaciones profundas sobre la literatura y su vínculo con la realidad cotidiana.


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Giovanni Segantini, voglio vedere le mie montagne

La vida de Giovanni Segantini fue breve -apenas superó los cuarenta años, en la segunda mitad del siglo XIX-, pero suficiente para convertirse en uno de los grandes pintores alpinos de estas montañas, quizá por su amor por la agricultura y la vida natural.
En los avances del divisionismo (la aplicación de la división del color a partir del prisma óptico), encontró una expresión artística moderna que podía iluminar los Alpes con una nueva luz y colores vibrantes y despertar el anhelo por la experiencia de la naturaleza virgen.
Nacido en Arco, en el Tirol, en un entorno humilde, perdió a sus padres a temprana edad y se formó en Milán, en la Escuela de Brera. Comenzó llevando a cabo escenas de la vida urbana, para más tarde centrarse en los paisajes de la región de los lagos de Brianza, en el norte de Italia -allí ambientó una de sus composiciones más célebres, Ave María a trasbordo (Ave María en la orilla), donde disecciona la materia en luz y color, logrando un resplandor de aire sobrenatural-. Apátrida, junto a su esposa Bice Bugatti y sus cuatro hijos se trasladó a Savognin, donde pudo empaparse de la cultura campesina local y diseñar sus primeras pinturas monumentales de los Alpes suizos.
Terminó estableciéndose con su familia en el pueblo de Maloja, en la Engadina, y pasó los duros inviernos en el Val Bregaglia. Elaboró entonces sus enormes lienzos al aire libre, ascendiendo cada vez más ladera arriba hacia las cumbres, y logró su apogeo con el legendario “Tríptico Alpino”, que preparó en estudios de gran formato. La creciente idealización que le motivaba llevó las telas de Segantini a un reino donde las montañas se le antojaban un paraíso terrenal; dicen que sus últimas palabras fueron “Voglio vedere le mie montagne” (Quiero ver mis montañas).
Giovanni Segantini. Ave Maria a trasbordo, 1886. Segantini Museum, St. Moritz
Uno de los grandes asuntos de su producción fue la relación simbiótica entre humanos y animales, y el esfuerzo de los agricultores en su trabajo diario (lo vemos en Cosecha de heno, de 1889; Esquileo de ovejas, de 1886-1888; o Retorno del bosque, de 1890). El granero supone, una y otra vez, un lugar de refugio que promete en sus composiciones protección en la oscuridad inminente; la madera y la paja también garantizan calor. Sólo en su obra muy temprana La cosecha de calabazas (1884-1886) la industrialización, a través del ferrocarril, rompe por primera y única vez la representación idealizada del idilio rural, que inevitablemente dialoga con las miradas hacia el mismo tema de Millet y Courbet, pero también con las de Liebermann.
Esa labor del campo ejerce sobre los espectadores una atracción hipnótica derivada de su carácter de proceso interminable y su repetición siempre igual: a la formación de un almiar de heno seguirá su decrecimiento, y reunir con el rastrillo y cargar ese heno se hace sólo para repartirlo a las reses durante el invierno, uno tras otro.
Giovanni Segantini. Ritorno dal bosco, 1890. Otto Fischbacher / Giovanni Segantini Foundation. En depósito permanente en el Segantini Museum, St. Moritz
Daubigny veía en estas acciones sucesos anónimos, con pequeñas figuras en el paisaje, mientras Segantini sitúa una sola figura en el primer plano, apelando a las emociones: la nostalgia o la compasión. Mantenía trato diario con esos agricultores o pastores y generalizaba sus experiencias individuales hasta encontrar en ellas signos de un destino colectivo.
Cuanto más asciende en las montañas, más luminosas se vuelven sus obras y más individual su manejo del color, la forma y el motivo. Una de sus últimas composiciones encarna esa vivísima luminosidad: la inacabada Paisaje de montaña (1898-1899), en la que la cualidad mística de éstas se quiere transferir a la imagen; sus delicadas pinceladas de color puro se fusionan en una verdadera explosión de luz.
Giovanni Segantini. Primavera en los Alpes, 1897
En las alturas, Segantini experimentaba más luminosidad, más claridad, más aire. Los enclaves escarpados eran un lugar místico para él, aunque su primer terreno fue el de la llanura (después los fondos de valle con sus lagos, hasta que finalmente se asentó en las altas mesetas, ese reino de carácter aún indómito que desplegó como emblema de armonía universal).
La naturaleza en la obra del italiano es divina, nunca mortal, tanto que en sus trabajos tardíos e inconclusos se acerca a la cima perdiéndose en una premonición de monocromía y abstracción. La montaña es aquí último cobijo, y la reducción del motivo a unos pocos elementos pictóricos y su concentración en un número limitado de gradaciones de color lo condujeron a un punto en el que la disolución de la materia en paleta y luz, en energía invisible, no está lejos.
Giovanni Segantini. El amor en la fuente de la vida, 1896. Galleria d’Arte Moderna, Milan
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László Krasznahorkai, Nobel de Literatura y voz del apocalipsis contemporáneo

Isaac

Escritor húngaro Nobel de Literatura

El escritor húngaro László Krasznahorkai ha convertido su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en una pieza literaria en sí misma, entre la parábola apocalíptica y el ensayo moral. Lejos de ofrecer una intervención protocolaria, el autor ha aprovechado la tribuna de la Academia Sueca en Estocolmo para lanzar una reflexión incómoda sobre la dignidad humana, la marginación y el rumbo que está tomando la civilización contemporánea.

Aunque confesó que le habría gustado hablar de la esperanza, admitió que sus reservas estaban “agotadas” y optó por centrar su intervención en una imagen poderosa y recurrente en su obra: “los nuevos ángeles sin alas”, figuras silenciosas que caminan entre nosotros y que sirven al escritor para cuestionar tanto el poder tecnológico como la indiferencia ante quienes viven en los márgenes.

Un discurso entre ángeles, apocalipsis y tecnología

En Estocolmo, Krasznahorkai construyó un relato que bascula entre la visión metafórica del Apocalipsis y una crítica muy terrenal al presente. Su conferencia-relato retrata un mundo sometido a guerras, expulsiones y violencia estructural, donde se multiplican las víctimas y se pisotea la dignidad de los más vulnerables. Todo ello, en un escenario en el que los ángeles “tradicionales” parecen haber desaparecido y han sido sustituidos por nuevos ángeles desprovistos de alas y, sobre todo, de mensaje.

Estos nuevos ángeles, explica el húngaro, no llegan con trompetas ni luces celestiales: visten ropa corriente, se mezclan entre la multitud, aparecen “aquí y allá” en situaciones cotidianas y, cuando se manifiestan, permanecen mudos. No anuncian nada, no consuelan, no dictan mandatos divinos. Se limitan a mirar al ser humano, casi suplicando que sea este quien les dé un mensaje. El problema, según el autor, es que ya no tenemos nada consistente que ofrecerles.

En uno de los pasajes más inquietantes, Krasznahorkai sugiere que quizá estos seres ni siquiera sean ángeles, sino víctimas sacrificiales de un sistema que vive en guerra permanente: una guerra visible, con armas, torturas y destrucción, y otra más sutil, hecha de palabras hirientes, actos injustos y desprecio cotidiano hacia la inocencia. Una sola ofensa, sostiene, puede herirlos para siempre, en una herida “más allá de todo remedio”.

El tono del discurso ha reforzado su fama de “maestro del apocalipsis”, etiqueta que ya le había colocado la crítica Susan Sontag. No obstante, su apocalipsis no es un espectáculo de catástrofes, sino un análisis lúcido de cómo, al destruir la imaginación y reducirnos a una memoria a corto plazo, la humanidad se despega del conocimiento compartido, de la belleza y del bien moral.

Elon Musk y los “ángeles” del poder global

Para aterrizar esta metáfora, Krasznahorkai no dudó en citar nombres propios. Entre esos nuevos ángeles situó a Elon Musk, figura emblemática del poder tecnológico y financiero actual, a quien retrató como uno de los hombres que intentan “adueñarse del espacio y del tiempo” de las personas con sus “planes demenciales”. No lo presentó como un demonio clásico, sino como un profeta laico del progreso que se mueve en ese terreno ambiguo donde el salvador y el verdugo a veces se confunden.

En su intervención, el Nobel húngaro lamentó que el antiguo “arriba” —ese lugar simbólico desde el que venían los ángeles— parezca haber sido sustituido por un “eterno algún lugar” dominado por estructuras insanas, muchas de ellas vinculadas a las grandes corporaciones tecnológicas. Desde ahí, sostuvo, unos pocos deciden la organización del tiempo, el espacio, la atención y hasta la imaginación de millones de personas.

Esa deriva encaja con la visión general del discurso: un mundo en manos de poderosos que se presentan como salvadores, mientras consolidan dinámicas de control y desigualdad. Krasznahorkai no se limita a demonizar a individuos concretos, sino que los usa como ejemplo de una lógica más amplia, en la que los avances científicos y digitales conviven con una creciente deshumanización.

El contraste es especialmente agudo cuando el escritor contrapone este poder aséptico y distante a la realidad que él conoce bien: la de quienes viven en la calle, en la pobreza y al margen del orden social, convertidos en los verdaderos “ángeles sin mensaje”, expuestos a la violencia de cada día.

Los márgenes como centro: dignidad, pobreza y exclusión

Buena parte del discurso giró en torno a una preocupación que atraviesa la vida y la obra de Krasznahorkai: la dignidad de quienes viven en los márgenes. Este interés no es una pose literaria; tiene raíces biográficas. Con apenas 19 años, el autor dejó sus estudios de Derecho y decidió vivir en la calle para “entender mejor a los excluidos”. Esa experiencia marcó de manera indeleble su mirada.

El propio escritor recordó ante la Academia Sueca un episodio vivido en el metro de Berlín: un vagabundo, encorvado por el dolor y con una mirada que pedía compasión, intentaba orinar sobre las vías cuando fue sorprendido por un policía. La escena, aparentemente mínima, se le quedó grabada como una imagen fija: el hombre herido, la autoridad que corre hacia él y un espacio de diez metros imposibles de salvar entre el Bien y el Mal.

Para el húngaro, esos diez metros simbolizan la distancia irreductible entre lo que llamamos Bien —la ley, el orden, la corrección moral— y la compleja realidad de los seres humanos concretos. En esa brecha se instala su convicción de que “el Bien nunca atrapará al Mal”, no al menos si seguimos entendiendo el Mal como algo que se proyecta únicamente sobre los cuerpos frágiles y marginales.

Este tipo de escenas no son ajenas a sus libros. En Tango satánico, Melancolía de la resistencia o Guerra y guerra, el autor retrata comunidades arruinadas, personajes excéntricos y casi invisibles, seres que apenas cuentan para el Estado o para la historia. Son figuras que se mueven en aldeas perdidas, suburbios, espacios donde la modernidad llega en forma de abandono. El Nobel no se limita a narrarlos: les otorga una dignidad literaria radical, situándolos en el centro de un universo moral en descomposición.

Según ha explicado su traductor al español, Adam Kovacsics, el interés de Krasznahorkai por la pobreza y la vulnerabilidad ha sido “una constante” en toda su trayectoria. Esa fidelidad se refleja tanto en la elección de sus protagonistas como en la forma en que escribe: largas frases, atmósferas opresivas y una prosa que sigue el pensamiento de personajes que casi nunca tienen la palabra en la vida real.

Ser humano, criatura asombrosa: un repaso a la evolución y la caída

En un tramo central y especialmente memorable del discurso, el Nobel se dirigió directamente al oyente con una pregunta que funciona como columna vertebral de su reflexión: “Ser humano, criatura asombrosa, ¿quién eres?”. A partir de ahí, desplegó un viaje vertiginoso por la historia de la humanidad, desde las primeras herramientas hasta la carrera espacial.

Krasznahorkai recordó cómo nuestra especie inventó la rueda, dominó el fuego, comprendió que la cooperación era clave para la supervivencia y desarrolló un intelecto extraordinario. Evocó el surgimiento del lenguaje, la capacidad de nombrar las cosas, la invención de la escritura, los primeros sistemas filosóficos, la navegación, la exploración del planeta y la formulación de teorías científicas que, aunque luego se demostraran erróneas, impulsaron el progreso.

También repasó logros culturales que van de las pinturas rupestres a Leonardo da Vinci, de los ritmos ancestrales a la música de Johann Sebastian Bach. Todo ello, para subrayar que el camino evolutivo del ser humano ha sido impresionante, lleno de hitos técnicos, artísticos y espirituales. Pero ese reconocimiento no le impidió plantear un giro oscuro.

Según el escritor, en un momento dado la humanidad empezó a no creer en nada. Armados con los mismos dispositivos que habían contribuido a su desarrollo, los seres humanos habrían comenzado a erosionar su capacidad de imaginar, reduciendo su horizonte a una memoria inmediata, utilitaria, sin profundidad. En esa transformación, se abandonaría lo que el Nobel llama “la noble y común posesión del conocimiento, la belleza y el bien moral”.

Su diagnóstico es severo: el barro en el que nos adentramos —un lodo tanto literal como metafórico— amenaza con tragarnos. No es solo el colapso ecológico o la violencia política lo que le preocupa, sino una crisis más íntima: la pérdida de la imaginación como herramienta para concebir futuros distintos. Aun así, en medio de ese paisaje desolador, el propio hecho de formular esta crítica deja entrever una llamarada de lucidez que, de algún modo, se resiste a desaparecer.

De Kafka a la “corrección permanente”: una vida literaria a contracorriente

Más allá del contenido filosófico, el discurso dejó pinceladas sobre la propia trayectoria vital del autor. De apariencia humilde y algo tímida, Krasznahorkai confesó que su intención, al principio, no era convertirse en escritor. Su idea juvenil era publicar un solo libro y desaparecer, “porque no quería ser nadie”. La literatura, sin embargo, fue tirando de él una y otra vez.

Después de Tango satánico, publicada en los años ochenta y más tarde llevada al cine por su amigo Béla Tarr, sintió que el libro no era perfecto. Decidió entonces probar suerte con otro volumen de relatos, Relaciones misericordiosas, y más tarde continuó corrigiéndose con nuevas novelas como Melancolía de la resistencia. Esa dinámica, admite, no se ha interrumpido: “Mi vida es una corrección permanente”, ha dicho en más de una ocasión.

Entre sus influencias, destaca una figura que él mismo define como su héroe literario: Franz Kafka. De Kafka hereda no solo el clima de opresión y extrañeza, sino también la sensación de que el individuo está atrapado en estructuras incomprensibles. Sin embargo, el húngaro introduce una capa adicional de lirismo y de obsesión por el paisaje, tanto físico como mental, que convierte sus novelas en verdaderas cartografías del derrumbe.

Su carrera se ha desarrollado a menudo lejos de los focos. Antes del Nobel, ya era un autor de culto en círculos literarios europeos, especialmente gracias a sus adaptaciones cinematográficas y a la difusión de su obra en editoriales independientes. En España, por ejemplo, su nombre se ha ido consolidando gracias a sellos como Acantilado o Ediciones del Cráter, que han apostado por traducir y mantener su catálogo vivo.

El galardón lo convierte en el segundo escritor húngaro en obtener el Nobel de Literatura, después de Imre Kertész, premiado a comienzos de siglo y al que Krasznahorkai consideraba un gran amigo y una influencia decisiva. Esa continuidad sitúa a las letras húngaras en un lugar de relevancia dentro del panorama europeo contemporáneo, con una tradición que combina memoria histórica, reflexión existencial y una potente dimensión formal.

Salud frágil, agenda limitada y una presencia muy europea

La intervención de Estocolmo ha tenido, además, un peso simbólico añadido porque su salud viene condicionando su presencia pública. En los meses previos, el escritor tuvo que cancelar su participación en el festival literario Kosmopolis en Barcelona —donde era uno de los grandes reclamos— y declinar la invitación para pronunciar el discurso inaugural en la Feria del Libro de Frankfurt.

Por eso, verle subir al estrado de la Academia Sueca, con aspecto más recuperado, supuso cierto alivio para lectores, críticos y editores europeos. La propia agente literaria del autor, Laurence Laluyaux, compartió en redes sociales la víspera del acto una imagen celebrando que todo estuviera listo, indicando que el esperado discurso se celebraría finalmente sin más sobresaltos.

Krasznahorkai vive hoy en una zona rural de Hungría, aunque alterna estancias en ciudades como Trieste y Viena. Ese equilibrio entre aislamiento y vida urbana se refleja también en su escritura, que combina la contemplación lenta del campo con la experiencia de grandes capitales europeas, desde Berlín hasta las ciudades españolas que tanto han marcado su imaginación.

En el terreno político, el escritor se ha declarado abiertamente opositor a las políticas del primer ministro húngaro Viktor Orbán, una postura que refuerza su imagen de autor incómodo con los discursos nacionalistas excluyentes y con cualquier intento de instrumentalizar la cultura. Su literatura, aunque nunca panfletaria, respira un espíritu crítico constante que se hace visible tanto en sus escenarios como en la construcción de personajes.

Esta combinación de vida discreta, compromiso ético y reconocimiento internacional ha convertido a Krasznahorkai en una figura singular dentro del circuito literario europeo: alguien capaz de llenar auditorios y, al mismo tiempo, mantener una relación distante con la fama, siempre a medio camino entre la torre de escritura y la calle.

España en la imaginación de Krasznahorkai

Dentro de ese mapa europeo, España ocupa un lugar destacado en la obra y en la biografía del Nobel húngaro. Su traductor al español, Adam Kovacsics, ha explicado que el escritor ha pasado temporadas en distintas regiones españolas y que algunos de sus relatos se sitúan en escenarios tan reconocibles como la Alhambra de Granada o La Pedrera de Barcelona.

El autor ha visitado con frecuencia Andalucía, Extremadura, Madrid y la propia Barcelona, destinos que han ido dejando huella en su mirada literaria. No se trata únicamente de paisajes descritos con precisión, sino de la manera en que esos lugares se convierten en espacios simbólicos, idóneos para explorar tensiones entre belleza, decadencia y resistencia.

En el contexto español y europeo, su recepción ha ido de menos a más. Durante años fue leído sobre todo por minorías muy fieles, vinculadas al ensayo, la filosofía y el cine de autor. Pero la constancia de editoriales como Acantilado, que ha publicado en castellano buena parte de su obra, ha contribuido a abrirlo a un público más amplio, especialmente interesado en literaturas que cuestionan el optimismo fácil y las narrativas complacientes.

El catálogo en español incluye títulos clave como Melancolía de la resistencia, Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río, Guerra y guerra, Ha llegado Isaías, Y Seiobo descendió a la Tierra, Tango satánico, Relaciones misericordiosas y El barón Wenckheim vuelve a casa. A través de estas obras, el lector hispanohablante accede a un universo narrativo denso, cargado de repeticiones, de motivos obsesivos y de una musicalidad muy particular en las frases largas.

En este sentido, el Nobel no llega como un reconocimiento aislado, sino como la culminación de un trabajo sostenido en Europa, donde críticos y lectores ya habían situado al húngaro como uno de los grandes renovadores de la novela contemporánea. La distinción sueca no hace más que consolidar una relación que, en el caso español, se ha ido construyendo con paciencia, traducción tras traducción.

La estampa que deja este premio es la de un escritor que, desde una habitación modesta en lo alto de una casa, rodeado de tablones y un aislamiento térmico imperfecto, elabora discursos capaces de interpelar a toda Europa. Entre ángeles sin alas, vagabundos berlineses, ciudades españolas y profetas tecnológicos, la voz de László Krasznahorkai se ha instalado en el centro del debate literario y moral, recordando que la literatura sigue siendo uno de los pocos lugares donde es posible pensar, sin anestesia, qué clase de mundo estamos construyendo.


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Festival Internacional del Cuento de Los Silos: programación, protagonistas e historias

Isaac

Festival Internacional del Cuento de Los Silos

Durante varios días de diciembre, el municipio de Los Silos, en el noroeste de Tenerife, se convierte en un gran escenario al aire libre donde el cuento y la palabra hablada toman calles, plazas, casas y paisajes. La trigésima edición del Festival Internacional del Cuento reúne a narradores, músicos, artistas plásticos y colectivos locales en un programa tan intenso como variado.

Con más de 60 artistas invitados y más de un centenar de actividades, el festival confirma su condición de cita de referencia en España para la narración oral y el cuento como género literario. La propuesta se extiende por el casco histórico, el antiguo convento de San Sebastián, la costa y espacios naturales de la Isla Baja, con una programación dirigida a público infantil, familiar y adulto.

Un festival del cuento, no solo de narración oral

El director del festival, el escritor y profesor Ernesto Rodríguez Abad, insiste en una idea que atraviesa toda la programación: no se trata solo de un encuentro de narración oral, sino de un festival dedicado al cuento en todas sus dimensiones. De ahí que se combinen sesiones de cuentacuentos, teatro, música, exposiciones, rutas literarias y propuestas formativas.

En esta trigésima edición se superan las 120 acciones culturales repartidas entre narraciones, conciertos, instalaciones, homenajes, recitales poéticos, itinerarios por el paisaje y actividades gastronómicas vinculadas a la literatura. La Asociación Cultural para el Desarrollo y Fomento de la Lectura y el Cuento, junto al Ayuntamiento y numerosos colectivos del municipio, sostienen un programa que ya es seña de identidad de Los Silos.

Buena parte de las actividades se desarrollan en espacios de aforo limitado, por lo que es necesario adquirir entrada o retirar invitación a través de la web oficial del festival, cuentoslossilos.es, o en la Feria del Libro instalada en la villa. Esta organización permite mantener el carácter cercano e íntimo de muchas de las propuestas.

El festival arranca con una primera jornada de nueve horas seguidas de acción literaria, artística y lúdica, que se prolongan hasta bien entrada la noche. Desde las aperturas oficiales y exposiciones hasta los paseos literarios para noctámbulos, el programa apuesta por una presencia constante de la palabra en el municipio.

Arranque de la trigésima edición y vocación social

La apertura de la programación tiene lugar en el patio del antiguo convento de San Sebastián, uno de los centros neurálgicos del festival. A las 16:00 se presenta Palabras prisioneras, una de las acciones que mejor refleja la vertiente social del evento: una experiencia literaria trabajada con internos del Centro Penitenciario Tenerife II, coordinada por el profesor de la Universidad de La Laguna Andrés González Novoa.

Tras esta primera cita, se inaugura la exposición «Palabras ilustradas», con obra gráfica original del artista y profesor de grabado Ramón Freire, en la sala Doctor Jordán, 15. La muestra, que se integra en la narrativa del festival, sirve de marco para sesiones de cuentos en torno a la obra visual, en las que los narradores dialogan con las piezas expuestas.

A las 18:00 tiene lugar la apertura oficial del festival en el mismo convento de San Sebastián, con la intervención de Rodríguez Abad y la presentación del cartel a cargo de su autora, la ilustradora Francesca dell’Orto. La sesión se completa con una conferencia inaugural del escritor y académico Antonio Rodríguez Almodóvar, figura clave en la investigación de los cuentos de tradición oral en España.

La vertiente festiva y gastronómica se activa a las 20:00 con la inauguración de la zona gastronómica del festival mediante el acto Degustación de sabores y palabras. En él interviene el narrador costarricense Juan Madrigal, acompañado por asociaciones y colectivos del municipio, en una propuesta que mezcla relato, producto local y convivencia.

Ese primer día concluye pasada la medianoche con el primer paseo literario para noctámbulos, Imagen y literatura, conducido por narradores de diversos países que parten desde la escalinata de la iglesia del casco histórico a las 23:30. La mezcla de voces, acentos y miradas subraya la dimensión internacional del certamen.

Una constelación de narradores y artistas internacionales

La programación de esta edición reúne a una lista muy extensa de invitados, entre narradores orales, escritores, músicos, poetas y artistas plásticos. Proceden de Canarias, la península y numerosos países de Europa y América, lo que consolida el carácter internacional del encuentro.

Entre las figuras más destacadas se encuentra la escritora argentina María Teresa Andruetto, primera autora en lengua española que obtuvo el Premio Hans Christian Andersen de literatura infantil y juvenil. También participa la argentina Liliana Cinetto, reconocida autora de cuentos y poesía con más de cien títulos publicados en literatura infantil y juvenil, además de especialista en narración oral.

El festival cuenta, además, con narradores como Eric Chartiot (Francia), mago y contador de historias que estrenó sus actuaciones en España precisamente en Los Silos; Niré Collazo (Uruguay), gestora cultural y directora de la escuela de narración oral Caszacuento; Emilio Lome (México), que se define como “niñólogo” y defensor del cuento como herramienta de cura; y los costarricenses Juan y Pampa Madrigal, padre e hijo, que combinan narración y música en familia.

De Brasil y Portugal llega Benita Prieto, artista de la palabra vinculada a proyectos de promoción lectora; de Venezuela acude RomerYPunto, con más de dos décadas de improvisación a sus espaldas; y de Portugal participan Estefânia Surreira y Vítor Fernandes, impulsores del proyecto Dois dos montes, inspirado en la naturaleza de Trás-os-Montes.

Completan la nómina internacional la mexicana Paola Tena, autora de microcuentos; la investigadora y poeta Katya Vázquez (Argentina), galardonada en poesía y narrativa; y una amplia representación de narradores y narradoras de distintas islas y comunidades españolas, entre ellos Luis Sampedro, Fabiola Socas, Ana Griott, Héctor Ruiz, María Kapitán, Benigno León Felipe, Roberto Toledo o Antonio Martín Piñero.

Programación general: 129 acciones para todos los públicos

En total, el festival despliega 129 actividades distribuidas en cuatro días, con una agenda que comienza en la mañana y termina de madrugada. La palabra se abre paso en patios, balcones, zaguanes, plazas, salas de exposición, fincas, senderos rurales y espacios naturales.

Para el público familiar e infantil se diseñan propuestas específicas como sesiones de cuentos para bebés y primeros lectores, itinerarios por patios y plazas, talleres creativos, actividades en centros de salud y espacios abiertos. Es el caso de Al mercado, cuentos para bebés con Laura Escuela en la sala Callejón; o de las propuestas de la escuela de narración oral del festival y de la uruguaya Caszacuentos, que se encargan de la animación en plazas como la de La Luz.

La programación para adultos despliega sesiones específicas de narración en horarios de tarde y noche, con espectáculos como Soy canaria de Uruguay, de Niré Collazo; Cuentos mágicos, de Eric Chartiot; La mujer loba y otros cuentos de mujeres poderosas, de Ana Griott; o los formatos de microrrelato coordinados por Paola Tena en la sala Callejón.

El festival también reserva espacio a tertulias, coloquios y actividades de reflexión sobre género, inclusión y literatura, así como a encuentros entre autores y público en presentaciones de libros. Los asistentes pueden participar en debates, recomendaciones de lectura táctil en braille o conversaciones sobre novela negra y literatura infantil y juvenil.

Balcones y zaguanes del casco histórico se transforman en pequeños escenarios donde, en distintos horarios, narradores y músicos conducen al público en recorridos por diferentes rincones de la villa. Estas sendas, que parten desde el exterior del Ayuntamiento o la plaza de la Luz, permiten descubrir el patrimonio arquitectónico mientras se escuchan historias.

Las Crisálidas y otros espacios íntimos con la palabra

Una de las propuestas más valoradas por el público en los últimos años es «Las Crisálidas: Encuentros con la palabra», un formato que se ofrece para público familiar y adulto. Se celebra en la plaza de la iglesia de Nuestra Señora de la Luz en diferentes horarios, con aforo controlado y acceso mediante invitación retirada en la Feria del Libro.

Estas sesiones buscan crear un clima íntimo y pausado, en el que narradores y asistentes compartan las historias con cercanía, sin grandes montajes escénicos, priorizando la escucha y el silencio. Es una de las apuestas del festival por experiencias alejadas de la masificación.

Junto a este formato, el festival habilita la Sala Callejón como espacio especializado para los más pequeños, con sesiones adaptadas a edades tempranas y actividades lúdicas. En paralelo, la sala Placeta, Doctor Jordán 15 o la sala Pérez Enríquez acogen narraciones vinculadas a exposiciones como «Palabras ilustradas» o «El bosque de los sueños», que se convierten en escenarios para cuentos temáticos.

En la exposición permanente El bosque de los sueños, por ejemplo, interviene la narradora Marta López, que combina palabra, música y canto para acompañar el recorrido. Estas propuestas ponen de manifiesto cómo el festival entiende la unión entre artes plásticas, literatura y oralidad.

También forma parte de esta línea íntima la sección «El placer de leer», en el patio del Ayuntamiento, con actividades como Acariciando las palabras, que propone cuentos con texturas, relieve y braille, y Reflexiones sobre género: inclusión y literatura, con la participación de especialistas en LIJ y mediación lectora.

Homenajes literarios: Tomás de Iriarte y Ana María Matute

Cada año, el festival elige a un autor canario del pasado para rendirle homenaje. En esta trigésima edición, el protagonista es Tomás de Iriarte (Puerto de la Cruz, 1750 – Madrid, 1791), conocido por sus fábulas pero también por una vertiente menos difundida: sus poemas eróticos.

La agrupación TeatroSilos asume dos acciones dedicadas al escritor portuense. Por un lado, la representación de La librería, un sainete costumbrista en prosa de 1780, en la escalinata de la iglesia, dirigido a público adulto. Por otro, un montaje nocturno en la torre del antiguo convento de San Sebastián que se centra en su literatura erótica, con la colaboración de Mariceli Adán Padrón.

El festival abre también un espacio de homenaje a Ana María Matute, una de las grandes voces de la literatura española del siglo XX. En la sala Placeta se celebra el acto «Palabras vagabundas: homenaje a Ana María Matute», con la participación de Ernesto Rodríguez Abad y Diego Expósito Socas, que combinan lectura, reflexión y narración oral.

La clausura de la trigésima edición incorpora otra figura de referencia internacional: la argentina María Teresa Andruetto, cuyas palabras cierran la ronda final de narradores en el patio del antiguo convento de San Sebastián. Su intervención culmina simbólicamente una edición muy centrada en la literatura infantil y juvenil y en la importancia del cuento en la formación lectora.

Además, el programa incluye un acto dedicado a Iriarte en la sala Placeta, de la mano de Benigno León Felipe y Humberto Hernández, con recital del actor Alexis Rodríguez, así como presentaciones de proyectos editoriales como Palabras al límite, del poeta y editor Roberto Toledo Palliser, orientado a tender puentes entre creadores jóvenes y autores ya consolidados.

La música como compañera del cuento

Una de las grandes novedades de esta edición es la incorporación de la Sinfónica de Tenerife a la programación general del festival, más allá del ámbito educativo. Un septeto de la formación insular interpreta Historia de un soldado, de Ígor Stravinski, en el antiguo convento de San Sebastián, con Ernesto Rodríguez Abad como narrador.

Esta obra, concebida para siete instrumentistas y narrador, mezcla jazz, tango, marcha y música popular y toma como base cuentos rusos sobre un soldado que se cruza con el diablo a su regreso del frente. Para Rodríguez Abad, trabajarla en el contexto del festival supone ajustar la palabra al ritmo preciso de la partitura, explorando otras maneras de contar.

Las autoridades insulares subrayan que la presencia de la Sinfónica responde a la línea del Cabildo de Tenerife de acercar la música sinfónica a todos los municipios y promover diálogos entre disciplinas. La colaboración con el festival se interpreta como un paso importante en la construcción de redes culturales y en la dignificación del cuento como género.

La programación musical no se queda ahí. Se estrena el espectáculo literario-musical «Chiribiri», con Benito Cabrera, Tomás Fariña, Árgel Campos y el propio Rodríguez Abad, en la Finca Quiñones. Además, la Sinfónica comparte cartel con propuestas como Guitarreando cuentos, a cargo de Pampa Madrigal, o Sinfonía de cuentos contentos, con Juan y Pampa Madrigal en sesiones familiares.

Otros narradores, como el propio Juan Madrigal, integran la guitarra y otros instrumentos en sus relatos, especialmente en los paseos literarios nocturnos, como Narración oral en el tiempo de la IA. Del mismo modo, Marta López se apoya en música y canto para sus intervenciones en El bosque de los sueños, y Diego Expósito Socas recurre también a la combinación de voz y sonido en el homenaje a Ana María Matute.

El capítulo musical se completa con el recorrido Zaguanes de música y cuentos, en el que artistas como Melani Simón, Aborá Cel, Germán Cuesto, Aníbal Llarena y Hans Coello acompañan al público en un viaje por patios y entradas de casas del casco silense. Las bandas locales y formaciones como la Agrupación Musical Nueva Unión participan también en veladas literarias en la plaza de la Luz.

Poesía, teatro y propuestas escénicas

La dimensión escénica del festival se refuerza con montajes teatrales, recitales poéticos y piezas híbridas entre la música y la palabra. La agrupación TeatroSilos, además de los homenajes a Iriarte, presenta Arteterror. Sombras en la noche, un recorrido en varias sesiones en el entorno del cementerio, que utiliza el miedo como recurso para invitar a la reflexión.

Este espectáculo, no recomendado para personas con problemas de movilidad, fobias o afecciones cardíacas, propone un viaje nocturno por el lado más inquietante de la imaginación, con pases a las 23:00, 00:00 y 01:00, en el que el público recorre espacios exteriores guiado por actores y narradores.

La poesía ocupa también un lugar destacado con el recital «Lágrimas de otoño», coordinado por Roberto Toledo Palliser en la casa de Pedro José Báez, con dos sesiones donde participan poetas como Antonio Martín Piñero, Ricardo Marrero Gil, Guillermo Oliva, Alba Tavío, Acerina Cruz y María Gómez. La propuesta se prolonga hasta la noche con paseos poéticos para noctámbulos por distintas zonas del municipio.

Los balcones, zaguanes y patios de Los Silos se abren al arte de contar historias con música y cuentos en horarios de tarde y noche. En estos recorridos participan narradores como Melania Simón, Aborá Cel Abreu, Germán Cuesto, Aníbal Llarena, Hans Coello, Andrés González Novoa, Manuel Díaz y María J. Batista, entre otros.

En el apartado de presentaciones de libros, se incluyen títulos como Bestiario del agua, de Ernesto Rodríguez Abad, editado por Libros de las Malas Compañías, presentado en el Charco de las Damas (Caleta de Interián) junto a la editora Ana Griott y la especialista en LIJ Elvira Novell; o El eco de Cobain, de Javier Hernández, publicado por M.A.R. Editor, que se acompaña de una tertulia sobre novela negra.

La Universidad de La Laguna se hace presente a través de la Agrupación de Teatro ULL, que participa en acciones como Plazas encuentadas en la zona gastronómica, y por la presencia de investigadores y docentes que enlazan el festival con el ámbito académico y la investigación en literatura oral.

El paisaje como escenario: rutas, queso y cuentos

Más allá del casco urbano, el festival se adentra en el territorio con actividades que integran literatura, paisaje y patrimonio rural. Una de las más singulares es Experiencia en la naturaleza, queso y palabras, una excursión por la zona de Teno Alto que parte de la plaza de Teno Alto y recorre unos cinco kilómetros con dificultad media-alta.

En esta ruta, guiada por María Kapitán, Aarón Rodríguez y Luis Sampedro, se combinan explicaciones etnográficas sobre el territorio, relatos vinculados a la historia y la ciencia y una visita a la quesería Naturteno. Allí, el propietario Alexander López muestra las instalaciones, explica el proceso de elaboración y ofrece una degustación de diferentes tipos de queso acompañados de vino y cuentos.

Durante la caminata, se ponen en valor elementos de la arquitectura tradicional canaria, caminos pastoriles y costumbres rurales, mientras la narración recuerda historias como la de Marie Curie, relatada por Sampedro en un ambiente íntimo con chocolate caliente y rosquetes de Los Silos.

La sección «Paisaje y literatura» incluye también recorridos por la Costa de Los Silos y por enclaves como El rayo, en Sibora, con itinerarios de dos a seis kilómetros guiados por narradores como Mar González Novell, Omar Regalado, Héctor Ruiz Verde o el propio Rodríguez Abad. Se recomiendan calzado adecuado, abrigo y agua, ya que se trata de salidas de dificultad media.

Otras acciones en entornos naturales son «Cuentos en plataneras», desarrollada en una finca de la carretera al Puertito, frente a la Bodeguita La Platanera, con el mexicano Emilio Lome y su propuesta Tacuenteando; y las sesiones de cuentos en Pina, donde narradores como Fernando Cruz y David Duque acompañan al público en un trayecto de dos horas vinculado al paisaje.

Estas iniciativas demuestran la intención del festival de descentralizar la cultura, llevarla más allá de los auditorios convencionales y poner en diálogo la tradición oral con los territorios rurales, sus oficios, productos y formas de vida.

Actividades familiares, escolares y para todas las edades

Uno de los ejes fundamentales del festival es su vocación pedagógica y familiar. A lo largo de la programación se suceden propuestas específicamente diseñadas para niños y niñas, así como para compartir en familia, con distintos niveles de complejidad según la edad.

En la sala Callejón se celebran varias sesiones para bebés y primeros lectores, como Chu-Chú, del venezolano RomerYPunto, que se dirige a menores de hasta ocho años. A la misma hora, el casco de Los Silos se llena de familias con las secciones «Patios para familias» y «Plaza para familias», que plantean recorridos y talleres dirigidos por narradores como Ana Griott, Luis Sampedro o Mar González Novell.

La programación familiar incluye también «Desayunos de cuentos» en la Finca Quiñones, donde a primera hora de la mañana Liliana Cinetto abre el día con historias; y «Letras para merendar», que combina gastronomía y literatura con la presencia de Andruetto, Humberto Hernández y Antonio Rodríguez Almodóvar, moderados por Benigno León Felipe.

En la última jornada se ofrece una amplia franja de actividades encadenadas: Como en un libro abierto, con Eric Chartiot, en la sala Callejón; Sinfonía de cuentos contentos, con Juan y Pampa Madrigal en el Centro de Salud; cuentos en la exposición Palabras ilustradas con Ramón Freire y RomerYPunto; y sesiones al aire libre con narradores como Luis Carballo en la plaza del Festival del Cuento.

Para los adultos, las franjas de tarde y noche proponen espectáculos como Vaya y venga sin que nada lo detenga, de RomerYPunto; Érase una vez un cuento que alguien me contó, con Estefânia Surreira y Vítor Fernandes; o la sesión de Microrrelatos para Micromomentos, coordinada por Paola Tena, que abre espacio a nuevas formas breves de narrar.

Cabalgata, cierre y apuesta por las nuevas generaciones

El lunes por la tarde, la cabalgata del cuento recorre el municipio desde la plaza de la Luz como penúltimo acto del festival. Las comparsas, carros alegóricos y grupos participantes diseñan sus propuestas inspiradas en relatos y personajes literarios, en un trabajo previo que implica a asociaciones, vecinos y colectivos.

Para el director del festival, esta cabalgata es una forma de llevar los cuentos al terreno del festejo colectivo, pero también un proceso de creación comunitaria. Durante las semanas de preparación, quienes participan reflexionan sobre historias, personajes y símbolos literarios, y los trasladan a disfraces, estructuras y pequeñas escenografías.

La ronda final de narradores tiene lugar en el patio del antiguo convento de San Sebastián a partir de las 19:30, con la participación de los artistas de la palabra que han intervenido en la edición. Tras esa ronda, las palabras de María Teresa Andruetto cierran oficialmente la trigésima edición, situando el foco en la literatura infantil y juvenil y en el papel del cuento en la educación.

Más allá de la clausura inmediata, el festival deja planteada una “semilla” para el futuro: el deseo de consolidar en Los Silos una casa y museo del Cuento y una escuela de narración oral para jóvenes. Rodríguez Abad expresa su aspiración de formar nuevas generaciones de narradores que garanticen la continuidad del proyecto y extiendan el gusto por la oralidad al conjunto de la isla.

La implicación del municipio, de la ciudadanía silense, de la comunidad educativa y de las instituciones insulares y regionales refuerza la idea de que el festival no es solo un evento puntual, sino un proceso cultural de largo recorrido, que cada diciembre renueva la relación entre cuento, territorio y comunidad.

Con su combinación de narración oral, música sinfónica, teatro, poesía, rutas por el paisaje, homenajes literarios, acciones sociales y actividades para todas las edades, el Festival Internacional del Cuento de Los Silos consolida su posición como uno de los encuentros más completos dedicados al cuento en Europa. Lo que comenzó hace tres décadas como el sueño de un profesor y escritor se ha convertido en una cita estable del calendario cultural canario, donde la palabra, lejos de perder vigor, se muestra más viva, diversa y compartida que nunca.


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PLATFORM DALÍ

¿QUÉ ES PLATFORM DALÍ?
Un nuevo programa de arte y ciencia impulsado por la Fundació Gala-Salvador Dalí e inspirado en el interés de este artista por los avances científicos de su tiempo.
Llegó a afirmar Dalí: Los fenómenos de la ciencia son los únicos que guían constantemente mi imaginación.
 
¿QUIÉN LO DIRIGE?
Mónica Bello, comisaria y gestora cultural con experiencia al frente de iniciativas internacionales en la intersección entre arte, ciencia y tecnología.
 
¿QUÉ OTRAS INSTITUCIONES COLABORAN?
Cinco centros científicos con sede en Barcelona: el Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS), el Institut de Ciències Fotòniques (ICFO), el Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC), el Institut de Física d’Altes Energies (IFAE) y el Parc de Recerca Biomèdica de Barcelona (PRBB).
 
¿EN QUÉ CONSISTIRÁ?
A partir de 2026, este programa pondrá en marcha becas artísticas, residencias, encuentros y proyectos públicos para impulsar la investigación, la creación y la mediación entre artistas y científicos.
Los mencionados centros de investigación acogerán las actividades convocadas y participarán activamente en ellas, abordando de forma singular el diálogo entre las prácticas artísticas y áreas clave de la ciencia contemporánea, como las ciencias de la vida, la física fundamental, la supercomputación, la investigación marina y la fotónica.
Todas estas actividades, y las obras en ellas generadas, culminarán en una exposición en 2029.
 
¿QUÉ OBJETIVOS TIENE?
Favorecer el diálogo entre artistas y científicos, articulando un marco estable en el que ese acercamiento se produzca, y explorar nuevas formas de comprender el mundo a través del conocimiento y la imaginación.
A largo plazo, Platform Dalí quiere extender su alcance hacia otras ciudades y centros científicos de Europa y del mundo, con el fin de consolidarse como una iniciativa de referencia y contribuir a las redes globales entre arte y ciencia.
 
¿QUÉ ARTISTAS SERÁN LOS PRIMEROS BECARIOS Y RESIDENTES?
Autores que pertenecen a la escala local e internacional y trabajan en diferentes disciplinas: se ha confirmado a Tania Candiani, que se vale de la tecnología y el sonido; Israel Galván, bailaor y coreógrafo; Taller Estampa, que investiga las tecnologías digitales; y George Mahashe, que estudia los vínculos entre arte, ciencia y sistemas de conocimiento y transmisión, sobre todo en Sudáfrica.
En lo que queda de año se anunciarán los tres participantes restantes, hasta completar cinco residentes y dos becarios anuales.
 
 
PARA MÁS INFORMACIÓN:
https://platformdali.org/

 
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Feria del Libro Aragonés de Monzón: programa, Tren de la Cultura y protagonistas

Isaac

Feria del Libro Aragones de Monzon

La Feria del Libro Aragonés de Monzón vuelve a convertir la ciudad en uno de los puntos clave del mapa literario de Aragón durante el puente de diciembre. La cita, que alcanza ya su XXXI edición, mantiene su carácter de encuentro de referencia para editoriales, autores y lectores que se mueven en el ámbito aragonés, junto a otras ferias como la Feria del Libro de Toledo.

El evento se celebra del 6 al 8 de diciembre en el ya habitual Pabellón Joaquín Saludas, con horario de 11:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:30 horas. La feria conserva su rasgo distintivo: solo se presentan libros y catálogos vinculados a creadores y proyectos editoriales aragoneses, lo que la sitúa como una de las ferias más singulares del panorama estatal.

Una feria consolidada para el libro aragonés

Feria del Libro Aragones en Monzon

Con el paso de las décadas, la cita de Monzón se ha afianzado como uno de los principales escaparates del libro en Aragón, al igual que otras ferias como la Feria del Libro de Murcia. La tradición de reunir a las editoriales del territorio y a numerosos autores y autoeditores ha convertido este encuentro en una parada casi obligada para profesionales del sector y para el público lector que busca novedades de proximidad.

A lo largo del fin de semana, la programación incluye presentaciones de novedades, diálogos entre escritores, sesiones de firmas y diferentes actividades ligadas al libro y a la lectura, con programaciones como la de Sevilla que muestran modelos variados de actividades. El ambiente que se genera en el pabellón, con estands editoriales, autores conversando con sus lectores y un flujo continuo de visitantes, refuerza el papel de la feria como punto de encuentro anual del ecosistema editorial aragonés.

La condición de feria especializada en producción aragonesa hace que muchas editoriales utilicen esta cita como espacio estratégico para mostrar su fondo y dar visibilidad a sus proyectos. A su vez, los lectores encuentran en un mismo recinto propuestas que abarcan desde narrativa y poesía hasta ensayo, cómic o trabajos de investigación local.

Al celebrarse en pleno puente de diciembre, la organización ha logrado consolidar un modelo en el que la actividad cultural se combina con el ocio familiar y el turismo de proximidad. Muchas personas aprovechan estos días festivos para acercarse a Monzón, pasar el día en la feria y regresar a casa con una buena lista de lecturas para el invierno.

Premios FLA y protagonismo de los reconocimientos

Uno de los momentos destacados de la feria es la entrega de los Premios FLA, que cada año señalan a figuras y colectivos relevantes del mundo del libro en Aragón. En esta edición, el reconocimiento individual recae en el periodista Manuel Campo Vidal, cuya trayectoria profesional y vínculo con la comunicación y la cultura se subrayan desde la organización.

En la categoría colectiva, el galardón se concede a la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro, entidad que mantiene desde hace años un trabajo continuado de difusión de la lectura, organización de actos culturales y apoyo a la vida literaria aragonesa. Este premio pretende visibilizar la importancia del tejido asociativo en la dinamización del sector.

Junto a estos reconocimientos, la feria reserva un espacio especial para el homenaje a los editores Joaquín Campo y Marina Heredia, recientemente fallecidos. Campo, al frente de Taula Editorial, y Heredia, impulsora de Los libros del Gato Negro, han sido figuras significativas en la escena editorial aragonesa contemporánea.

Con este recuerdo público, la Feria del Libro Aragonés quiere poner en valor la labor silenciosa pero esencial de la edición independiente, subrayando la aportación de quienes han ayudado a construir un catálogo robusto y diverso de autores aragoneses. El gesto tiene un componente emotivo para colegas de profesión, escritores y lectores que han seguido su trabajo durante años.

El Tren de la Cultura: cómo llegar desde Zaragoza

Para facilitar la asistencia de público procedente de la capital aragonesa, RENFE y el Ayuntamiento de Monzón vuelven a activar el conocido Tren de la Cultura. Este servicio especial se ofrece el domingo 7 de diciembre, con un recorrido de ida y vuelta entre Zaragoza y Monzón pensado para disfrutar de toda la jornada en la feria sin preocuparse por el coche.

El convoy parte de la estación de Zaragoza Delicias a las 8:57 horas y realiza parada en Zaragoza Goya a las 9:02 horas, con llegada prevista a Monzón a las 10:35 horas. El regreso se efectúa el mismo domingo desde Monzón a las 18:35 horas, lo que permite aprovechar tanto la franja de mañana como la de tarde en el recinto ferial.

El billete tiene un precio de 11 euros ida y vuelta y se han puesto a disposición 125 plazas, muy demandadas en anteriores ediciones por quienes quieren acercarse a la feria de forma cómoda y sin necesidad de vehículo propio. Esta combinación horaria encaja bien con la programación, de manera que los asistentes pueden llegar a la apertura de puertas y permanecer hasta casi el cierre de la tarde.

La compra de billetes puede realizarse a través de la página web municipal, www.monzon.es, y la organización insiste en la importancia de la reserva anticipada, ya que el número de asientos es limitado. De este modo, el Tren de la Cultura se consolida como opción práctica para familias, grupos de amigos y lectores habituales que prefieren un viaje organizado de principio a fin.

Más allá del mero desplazamiento, este servicio ferroviario temático se ha convertido en uno de los símbolos de la feria. Para muchos asistentes, el viaje forma ya parte de la experiencia: una manera distinta de comenzar la jornada literaria, compartiendo vagón con otros lectores y visitantes que acuden al mismo destino.

Una propuesta cultural con apoyo institucional

La puesta en marcha del Tren de la Cultura se enmarca en la colaboración estable entre Renfe y el Ayuntamiento de Monzón, que refuerzan así su apuesta por la movilidad sostenible asociada a grandes eventos culturales. El objetivo es ofrecer alternativas accesibles para que nadie deje de participar por cuestiones de transporte.

Las instituciones implicadas destacan que la feria contribuye a dinamizar el tejido cultural y económico del territorio, tanto por el movimiento de visitantes como por la proyección de la ciudad como sede de un encuentro literario consolidado. El apoyo logístico y organizativo se considera clave para que el evento mantenga su nivel de asistencia y su capacidad de atracción.

Para la población local, la celebración de la Feria del Libro Aragonés supone también un impulso a la vida cultural de Monzón, que durante tres días ve cómo el Pabellón Joaquín Saludas se transforma en un espacio dedicado por completo a los libros, a la conversación pausada y al intercambio de ideas.

Esta colaboración entre administraciones y empresas públicas encaja con iniciativas similares en otras ciudades europeas, donde la cultura se vincula al transporte público como elemento facilitador, y también con experiencias en España como la Feria del Libro de Huelva. En el caso de Monzón, el Tren de la Cultura se ha ido consolidando año tras año hasta convertirse en un complemento casi inseparable de la feria.

Plan perfecto para el puente de diciembre

La combinación de feria y desplazamiento organizado encaja de lleno en la agenda del puente de diciembre, un periodo en el que muchas personas buscan planes culturales próximos y asumibles. La posibilidad de viajar por la mañana, pasar el día en la feria y regresar a última hora de la tarde configura una propuesta redonda para quienes quieren dedicar un festivo a los libros.

Durante la jornada, los asistentes pueden recorrer los estands, conversar con autores, asistir a presentaciones y reservar tiempo para las firmas de ejemplares. La flexibilidad de horarios permite adaptar la visita a distintos ritmos: quienes prefieren un paseo tranquilo por la mañana y quienes se inclinan por aprovechar las actividades de la tarde.

El ambiente que se crea en el Pabellón Joaquín Saludas favorece que tanto lectores habituales como personas menos acostumbradas al hábito lector se acerquen a las propuestas. La feria busca, precisamente, abrir puertas a nuevos públicos y fomentar el contacto directo con los libros, ya sea a través de novedades editoriales, clásicos reeditados o proyectos menos conocidos.

Para muchas familias, la cita se ha convertido en una costumbre del puente, una especie de ritual en el que elegir lecturas para el invierno o incluso adelantar compras de cara a las fiestas navideñas. Así, la Feria del Libro Aragonés de Monzón se integra de manera natural en el calendario de ocio y cultura de buena parte de la población aragonesa.

Con una programación que combina reconocimientos, actividades literarias y facilidades de acceso como el Tren de la Cultura, la Feria del Libro Aragonés de Monzón se mantiene como un referente estable para el libro en Aragón, capaz de reunir en pocos días a autores, editoriales y lectores en torno a un mismo objetivo: seguir dando vida al ecosistema literario del territorio.


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