Por primera vez en la historia reciente, dos mujeres encabezan la disputa por la intendencia de la capital. En medio de tensiones, presiones y urgencias, su sola presencia en la contienda ya marca un hecho político que inspira y redefine la democracia.
*Por Noelia Díaz Esquivel
Esta semana, mientras veía en redes las fotos de cinco precandidatos colorados (todos hombres, blancos y con poder), me llamó la atención algo mucho más inspirador. En mi feed, entre esos rostros repetidos, empezaban a multiplicarse las noticias sobre dos mujeres que también quieren gobernar Asunción: Johanna Ortega y Soledad Núñez. Dos mujeres que no están en los márgenes del poder, sino disputándolo. Y eso, en un país donde la política sigue siendo un club de varones, ya es noticia.
Johanna Ortega, precandidata a la intendencia de Asunción, por el partido País Solidario.
Me dio orgullo. No porque haya una contienda, que la hay, sino porque ambas encarnan una posibilidad histórica: la de ver mujeres preparadas, con voz y con convicción disputando la conducción de una ciudad devastada por la corrupción y la desidia. Verlas ahí, protagonizando titulares, me recordó que la política también puede ser un espacio de inspiración para más mujeres, incluso cuando hay tensiones.
No es habitual.. Las mujeres casi siempre somos llamadas a “ceder por el bien común”, y ese “bien común” suele tener nombre de hombre. Pero esta vez no. Esta vez dos mujeres están dispuestas a pelear por lo que creen, a convencer, a construir ilusión, a decirle a la ciudadanía que quieren recuperar Asunción. Y lo hacen desde sus propias miradas, ideologías y equipos. En ese ejercicio hay algo profundamente democrático.
Soledad Núñez, precandidata a la intendencia de Asunción, por el movimiento político Alternativa Asunción.
Porque la democracia no se agota en los discursos sobre unidad o en los pactos entre cúpulas. La democracia se ejerce. Se camina, se discute, se vota. Y en este caso, se debería elegir entre dos mujeres que tienen el mismo derecho a recorrer la ciudad, a buscar apoyo, a hablar con la gente y construir un proyecto de futuro.
Desde una mirada feminista, la democracia también se mide por cuántas mujeres pueden estar en la línea de largada, no por cuántas se bajan “por el bien de la causa”. Una democracia feminista propone justamente eso: participación real, igualdad de condiciones, reconocimiento y acceso al poder sin tutelajes ni presiones. No basta con decir que hay paridad si a la hora de definir, las decisiones vuelven a tomarse entre unos pocos.
Por eso, me resulta preocupante el apuro que se percibe desde algunos sectores por instalar una candidatura única sin pasar por el proceso más básico de cualquier sistema democrático: la elección. Elegir no divide; elegir fortalece. La competencia sana, transparente,en igualdad de condiciones y el voto de la gente, es lo que legitima finalmente, a quien resulte electa.
En este momento histórico, ojalá la oposición esté a la altura del desafío. Que acompañe el proceso sin atajos ni presiones. Que respete los tiempos, el calendario electoral y, sobre todo, la inteligencia de la ciudadanía.
Porque la democracia se defiende practicándola. Y qué maravilloso que hoy, en ese ejercicio, las protagonistas sean dos mujeres disputando espacios de poder en Asunción.
En Madrid, el Ministerio de Cultura ha anunciado que el escritor mexicano Gonzalo Celorio será el galardonado con el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes de este año. El reconocimiento, considerado el más prestigioso de las letras en español, está dotado con 125.000 euros y distingue una trayectoria creativa y crítica de más de cinco décadas.
El fallo subraya que su obra opera como memoria del México contemporáneo y, a la vez, como espejo de la condición humana. La presidenta del jurado, María José Gálvez, y el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, detallaron que la entrega se celebrará el 23 de abril en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, siguiendo la tradición vinculada a la efeméride cervantina.
¿Quién es Gonzalo Celorio?
Nacido en Ciudad de México (1948), Celorio es narrador, ensayista y cronista, con sólida formación como Doctor en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Su voz literaria, reconocida por su finura y hondura reflexiva, ha contribuido a renovar la lectura del canon hispanoamericano.
A lo largo de su carrera ha combinado creación y docencia, y actualmente ejerce como profesor de literatura hispanoamericana en la UNAM, donde dirige la cátedra Maestros del Exilio Español. Su perfil intelectual se completa con una intensa labor crítica y una atención sostenida a los vínculos entre memoria, identidad y lenguaje.
Forma parte de instituciones de referencia: es director de la Academia Mexicana de la Lengua, miembro correspondiente de la Real Academia Española y de la Academia Cubana de la Lengua. Su obra ha sido traducida a diversos idiomas, consolidando su alcance en el ámbito internacional.
Obras y aportes literarios
Entre sus títulos más conocidos figuran las novelas Amor propio, El viaje sedentario, Y retiemble en sus centros la tierra, El metal y la escoria y Mentideros de la memoria, así como los ensayos Los subrayados son míos y Cánones subversivos. Este conjunto testimonia una producción que equilibra erudición y sensibilidad narrativa.
Críticos y lectores coinciden en señalar la elegancia y hondura de su estilo: una prosa que mira a la experiencia personal sin perder de vista el contexto cultural. Entre los ejes más frecuentes de su escritura aparecen la memoria, la educación sentimental y las pérdidas que marcan el devenir individual y colectivo.
En su libro más reciente, Ese montón de espejos rotos, el autor se adentra en su propia biografía para indagar en la formación del escritor y en la fragilidad del recuerdo, diálogo que enlaza con una tradición literaria que remite a Borges y a las posibilidades del lenguaje como artificio de la memoria.
Trayectoria académica y gestión cultural
Desde 1974, Celorio ha impartido clases en instituciones como la Universidad Iberoamericana, el Instituto Politécnico Nacional y El Colegio de México. En el ámbito de la gestión, ha sido director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, director de Literatura del INBA, coordinador de Difusión Cultural de la UNAM y director general del Fondo de Cultura Económica (2000-2002).
Su trabajo ha recibido múltiples reconocimientos, entre ellos el Premio de Periodismo Cultural del INBA (1986) por Los subrayados son míos, el Prix des Deux Océans (1997) por El viaje sedentario, el IMPAC-CONARTE-ITESM (1999), el Premio Universidad Nacional (2008), el Premio Nacional de Ciencias y Artes (2010), el Mazatlán de Literatura (2015) y el Xavier Villaurrutia (2023), además de la Orden de la Cultura Nacional de Cuba (1996).
El galardón y su significado
Concedido por el Ministerio de Cultura de España, el Cervantes reconoce anualmente una obra escrita total o esencialmente en castellano. Nacido en 1976 y dotado con 125.000 euros, el premio ha distinguido a figuras como Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Octavio Paz, María Zambrano, Ana María Matute, Elena Poniatowska, Mario Vargas Llosa, Camilo José Cela, Guillermo Cabrera Infante, Álvaro Mutis, Carlos Fuentes, Nicanor Parra, Sergio Ramírez, Rafael Cadenas, Luis Mateo Díez y Álvaro Pombo.
En los últimos años se ha hablado de la tradición de alternancia entre España e Iberoamérica, ritmo que se ha flexibilizado. Este año, el anuncio del fallo se realizó en el Auditorio Jorge Semprún, con la comparecencia del ministro Ernest Urtasun y de la presidenta del jurado, María José Gálvez, en un acto institucional que refrenda la centralidad del premio en el espacio cultural hispánico.
Próximos pasos: entrega del premio
La ceremonia oficial tendrá lugar el 23 de abril en la Universidad de Alcalá, presidida por Felipe VI. La fecha coincide con el aniversario de 1616, asociado a la muerte de Miguel de Cervantes, y sitúa a Alcalá de Henares como epicentro de una celebración que reafirma la vitalidad de la literatura en español.
La designación de Gonzalo Celorio sintetiza una trayectoria que une creación, magisterio y compromiso con la lengua. El reconocimiento del Ministerio de Cultura subraya la vigencia de su obra, el puente que tiende entre México y España y la relevancia de una escritura que, con mirada crítica y sensibilidad narrativa, ha enriquecido la conversación literaria del ámbito hispánico.
Caracas vuelve a convertir la lectura en protagonista con la 16ª Feria del Libro de Caracas, una cita que pone a dialogar a autores, sellos y lectores en torno a la palabra escrita. Para el público español y europeo, supone una ventana directa al pulso editorial venezolano y a las conexiones literarias iberoamericanas.
Bajo el lema «Un libro, un amigo», la feria se despliega del 31 de octubre al 10 de noviembre en la Galería de Arte Nacional (GAN) y la Plaza de la Juventud, con una programación amplia y diversa que supera con holgura las dos centenas y alcanza más de 300 actividades, incluyendo invitados de España y otros países.
Fechas, sedes y organización
La feria está impulsada por la Alcaldía de Caracas a través de Fundarte, con dos epicentros: la GAN y la Plaza de la Juventud. El objetivo declarado es revitalizar los espacios culturales, fomentar el encuentro lector y fortalecer el ecosistema del libro con una mirada local e inclusiva.
Con una vocación complementaria a la Filven, esta cita prioriza la producción editorial venezolana y el impulso de sellos emergentes, libreros y autores. En el recinto se contabilizan 71 stands, pensados para que los lectores descubran novedades, catálogos de fondo y proyectos independientes.
La inauguración contó con la presencia institucional de la Vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien animó a la ciudadanía a sumarse a esta “fiesta del conocimiento”. En la misma línea, Freddy Ñáñez subrayó el compromiso con el tejido cultural y presentó títulos como La construcción discontinua, de Coral Pérez Gómez, y Poemas sociómanos, de Juan Antonio Calzadilla Arreaza.
Entre los pasillos ha destacado la percepción de precios accesibles y el efecto de los subsidios en la compra de libros. Libreros veteranos valoran la organización y el plan de comunicación, una combinación que, según explican, facilita el acceso y la visibilidad de la oferta editorial.
Programación y cifras destacadas
El programa reúne más de 300 actividades con detalle de cifras: 166 presentaciones de libros, 80 actividades infantiles, 17 sesiones de cómic y 7 de revistas, además de 36 conversatorios, 10 talleres, 8 recitales poéticos y 4 proyecciones audiovisuales.
La participación de mujeres alcanza el 45% del programa (escritoras, editoras, conferenciantes y mediadoras de lectura), un dato que refuerza un enfoque diverso en géneros, formatos y debates. También hay hueco para contenidos emergentes como podcasts e inteligencia artificial.
En el plano internacional asisten representantes de Cuba, Colombia, España, México e Irán. La edición rinde homenaje al escritor Juan Antonio Calzadilla Arreaza y acoge presentaciones especiales, entre ellas la de teleSUR con “El ojo de América en el mundo”.
El calendario incluye la entrega del Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca 2025 y del Premio Infantil y Juvenil Manuel Felipe Rugeles, dos hitos que consolidan la feria como plataforma de reconocimiento y estímulo a nuevas voces.
En el área institucional, el Mincyt ofrece 16 publicaciones gratuitas desde su stand y anuncia la impresión de 19.500 ejemplares en total, con títulos como El páramo en el alma, Semilleros Científicos, Capitalismo y cibercontrol o la revista todo tiene su ciencia. Es una forma concreta de acercar la ciencia y la divulgación al público general.
Juventud, tecnología y comunidad lectora
Una de las líneas de trabajo busca atraer a jóvenes y adolescentes, invitándoles a equilibrar su tiempo en redes con lecturas afines; de ahí la presencia de nuevas narrativas, talleres y actividades con guiños a formatos digitales.
Los asistentes señalan variedad y buena relación calidad-precio, con especial atención a catálogos locales y a sellos independientes. Para lectores europeos, la presencia de autores y editoriales españolas facilita un puente de ida y vuelta con la escena iberoamericana.
La combinación de sedes —GAN y Plaza de la Juventud— distribuye el flujo del público y abre espacios a recitales, charlas y presentaciones. La agenda, activa del 31 de octubre al 10 de noviembre, favorece visitas escalonadas y recorridos temáticos por géneros y sellos.
Con su enfoque en el libro como herramienta de encuentro, la feria articula cultura, acceso y diversidad: una programación amplia, precios ajustados y una participación internacional que conecta a Caracas con lectores de España y Europa, sin perder el acento en la creación venezolana.
El Museu d’Art Contemporani de Barcelona. MACBA ha anunciado la reciente donación a su colección de dieciocho obras en formato vídeo de la Fundación Han Nefkens. Supone este gesto el inicio de una colaboración permanente entre ambas instituciones en su deseo de apoyar el videoarte contemporáneo y a los artistas emergentes.
Las piezas donadas, adquiridas por esa institución entre 2009 y 2022, son fruto de su programa de becas y premios para favorecer las carreras de jóvenes creadores internacionales. Cada pieza se ha mostrado previamente en exposiciones organizadas en colaboración con centros asociados a la Fundación Han Nefkens.
Se corresponden en su mayoría con las prioridades curatoriales de sus actividades: las perspectivas poscoloniales y los artistas del llamado sur global, enfoques contemporáneos de la historia, el poder y la memoria y la ecología.
La colaboración también tiene una dimensión estratégica: el MACBA y la Fundación Han Nefkens coorganizan iniciativas como la Moving Image Comission, un premio bianual que apoya la producción de nuevas obras de vídeo, junto con el MUAC y el UNAM, en Ciudad de Mexico, y The Bass Museum of Art, en Miami. En 2024, Minia Biabiany recibió una beca de 100.000 dólares a través de este programa para la creación de una obra de videoarte en pantalla.
Aziz Hazara. Bow Echo, 2019. Colección MACBA
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Barcelona vuelve a abrir sus puertas al Festival 42 de géneros fantásticos, que celebra su quinta edición del 5 al 9 de noviembre entre Fabra i Coats y la Biblioteca Ignasi Iglésias-Can Fabra. La organización confía en igualar o superar las 7.500 personas de la edición anterior, consolidando el evento como una cita clave del sur de Europa.
Uno de los grandes reclamos de este año es la visita de David Lloyd, ilustrador de V de Vendetta, cuya presencia encaja con el arranque en una fecha simbólica, el 5 de noviembre. Los comisarios Ricard Ruiz Garzón, Susana Vallejo y Karen Madrid Ribas subrayan que su participación dialoga con el contexto actual y con la tradición crítica del cómic creado junto a Alan Moore.
Cartel e invitados
El programa reúne a más de 160 participantes, con nombres internacionales de primera línea como V. E. Schwab, Fonda Lee, Claire North, Anna Starobinets o Ben Aaronovitch. También se podrá escuchar a China Miéville en una entrevista registrada, tras su proyecto conjunto con Keanu Reeves, además de otras voces destacadas del panorama europeo.
La representación catalana llega con Anna Pantinat, Elisenda Solsona, Sebastià Alzamora, Joan-Lluís Lluís, Albert Pijuan, Isabel del Río, Mar Garcia Puig, Care Santos, Víctor Garcia Tur, Antoni Munné-Jordà o Carme Torras, entre otros. En castellano figuran Rosa Montero, Elia Barceló, Juan Jacinto Muñoz Rengel o Edmundo Paz Soldán, componiendo un mosaico plural y con gran tirón lector.
La inauguración la firma Cristina Fernández Cubas, que pondrá el foco en las líneas temáticas de este año: la mitología y tradición fantástica en Catalunya, la figura del monstruo, la ficción climática y la diversidad LGTBI+ con especial atención a la mirada femenina. Todo ello refuerza la voluntad del 42 de ser un espacio de conversación abierto y con perspectiva amplia.
Programa, mesas, premios y actividades
La agenda suma 78 actividades: 35 mesas redondas, 19 diálogos con autores, 6 sesiones para institutos, 4 talleres, 2 exposiciones y 1 ruta literaria. Entre los homenajes sobresalen el dedicado a Jesús Moncada (dos décadas después de su fallecimiento) y la celebración de los 40 años de la librería Gigamesh, referente del género en Barcelona.
El sábado se concentran cuatro grandes encuentros en Fabra i Coats. A las 16:00 los ganadores y ganadoras de los Premios 42 comentarán sus obras en una mesa abierta al público, una oportunidad para profundizar en los títulos más reconocidos del curso.
A las 17:15 llega la primera mesa sobre diversidad en el Festival 42 con Josep Rodríguez, H. Zubieta, Albert Font, Elsa Velasco y Lluís J. Salart. Se abordará cómo lo fantástico sirve para visibilizar realidades LGBTIQ+, denunciar abusos y normalizar identidades no hegemónicas.
A la misma hora, otro encuentro analizará las voces latinoamericanas y su pujanza global con Edmundo Paz Soldán, Alberto Chimal, María Fernanda Ampuero, Santiago Roncagliolo, Esther Cross, Juan Mattio, Laura Ortiz, Ramiro Sanchiz y Maielis González. Se explorarán tendencias, cruces de géneros y el impulso creativo que vive la región.
El bloque de la tarde culmina a las 18:30 con una mesa dedicada en exclusiva a autoras internacionales para reforzar su visibilidad: Fonda Lee, Anna Starobínets, V. E. Schwab, Claire North, Frances Hardinge, Amal El‑Mohtar, V. L. Bovalino, Anna Smith Spark y Stella Tack compartirán enfoques y procesos de escritura.
El viernes por la noche, a las 20:00, tendrá lugar la entrega de los Premios 42. Los galardones, diseñados por Tono Cristòfol, cuentan con dos jurados: en catalán(Miquel Codony, Tatiana Dunyó, Aissata M’ballo y Cristina Xifra) y en castellano(Borja Bilbao, Leticia Lara, Laura S. Maquilón y Carla Plumed), reconociendo obras originales, traducciones y nuevas voces.
En la edición anterior resultaron premiados Elaine Vilar Madruga por El cielo de la selva y Joan Roca por Sota el fang. También se distinguen la mejor obra traducida en ambos idiomas, el mejor clásico en catalán, las obras revelación y el Premio Alba 42 de literatura juvenil (y su equivalente en castellano), además del Premio Honorífico, que reconoció la trayectoria de César Mallorquí.
La vertiente educativa cobrará fuerza con el proyecto Lecturas explosivas: 7 institutos de distintos distritos aportarán 387 alumnos que participarán en encuentros de 10:00 a 13:00 el jueves 6 y el viernes 7. El objetivo es fomentar la lectura fantástica y de ciencia ficción con clubes, presentaciones y diálogo directo con autores.
En paralelo, dos exposiciones de proximidad enriquecerán la visita. Essa Efa repasa a los pioneros de la ciencia ficción catalana en la biblioteca de Can Fabra, mientras que la muestra ilustrada por Laia Baldevey invita a descubrir la mitología catalana a través de figuras como el Conde Arnau, la Pesanta o los Minairons.
El cierre del domingo llegará con un concierto de Feyleryn y su propuesta de folktrónicaRoute to Balladica, un broche musical que refuerza el carácter multidisciplinar del festival y su vocación de encuentro para profesionales y público.
Para sus comisarios, el auge de nuevas editoriales en la última década ha dado músculo al género en España: ya no es la “hermanita pobre”, y el crecimiento de visitantes año tras año así lo demuestra. Con este impulso, el 42 se consolida como pieza clave del mapa de festivales de Barcelona, Ciudad Literaria de la UNESCO.
Con un calendario compacto, un cartel potente y un marcado acento en la diversidad, la memoria del género y la participación del público joven, el Festival 42 refuerza su papel como escenario de referencia para la fantasía, la ciencia ficción y el terror en Europa.
Incluso para quienes acuden muy a menudo a los museos, cruzar su puerta implica acceder a un lugar muy distinto (no al de la vida) pero sí al de la rutina; a un espacio en el que se conecta el pasado y nuestro tiempo, y los mismos visitantes, a lo mejor, son en mayor medida conscientes de formar parte de un devenir muchísimo más grande que ellos. También suponen contenedores de memoria, poder e ideas.
El cine ha aprovechado, a veces de forma explícita y otras menos, esa fuerza simbólica: en las películas, estos espacios para el arte no pueden ser nunca decorados simples, sino actores “silenciosos” que ejercen una influencia sobre el resto de los personajes, pueden vertebrar el relato y llegar a ser narradores de la trama.
Vamos a repasar un conjunto de films en que los museos han ejercido alguno de esos roles, siendo escenarios, narradores, símbolos, terreno propicio para la experiencia estética y, a veces, también para el conflicto.
Puede ser un punto de partida 007. En Skyfall (2012), de Sam Mendes, el James Bond correspondiente recala en la sala 34 de la National Gallery de Londres y allí se reúne con Q (Ben Whishaw), que le entrega billetes de avión y una pistola que habrán de servirle en su próxima misión. Lo que nos interesa es su conversación frente a El Temerario remolcado a su último atraque para el desguace de Turner, toda una oda a la melancolía. El barco, emblema de la fuerza naval británica y de su pasado glorioso, está a punto de desaparecer tras haber prestado servicio en la batalla de Trafalgar, inmerso en una naturaleza con algo de conceptual: no se basa en la observación directa, sino que predomina el sentido simbólico con detalles más o menos realistas.
Q comenta la inevitabilidad del paso del tiempo que recalca el pintor, a lo que Bond responde con sarcasmo: ¡Menudo barco! El museo se convierte aquí en espacio de reflexión sobre la fugacidad de los días.
Seis años antes, por cierto, la misma National Gallery y La Venus del espejo de Velázquez ya aparecieron en otra película británica: Venus, de Roger Michell. Peter O’Toole y Jodie Whittaker acudían allí a contemplar su pintura favorita, que inspiraba tanto el título de esta obra como el apodo de Whittaker en la trama.
Sam Mendes. Skyfall, 2012
La presencia del Louvre en Banda aparte, de Jean-Luc Godard (1964), aunque breve como sabemos, tiene un calado mayor. Odile, Arthur y Franz (Anna Karina, Claude Brasseur y Sami Frey) rompían con la solemnidad ligada a los museos con su célebre carrera: el mayor y más suntuoso templo artístico de Francia deviene en este caso escenario de una visión nueva de la modernidad y también de la libertad del cine como ejercicio creativo -en contraste con el estatismo de la pintura-.
El gesto rebelde de correr en el Louvre muestra que los museos pueden ser también espacios de identidad generacional, de apropiación personal y de diversión lúdica. De algún modo, este trío encarna aquí una rebelión frente a la cultura oficial, una proclama que encaja perfectamente con el espíritu de la Nouvelle Vague y que Bertolucci homenajearía en Soñadores (2003).
En ocasiones, en el cine con voluntad de acoger símbolos de trascendencia no aparecen museos en sentido estricto, pero sí arte; también como espacio íntimo de deseo y memoria. La joven de la perla (de Peter Webber, 2003) reconstruye el proceso imaginario de creación del lienzo de Vermeer, en el que el tiempo parece suspenderse.
Se basó en una novela de Tracy Chevalier, pero no son necesarios textos en ese empeño: ahí queda El molino y la cruz (2012), de Lech Majewski, que narra la historia de la Pasión de Cristo situándola en el Flandes dominado por España en 1564, basándose en la pintura del mismo año Camino del calvario, de Bruegel el Viejo.
De entre el más de medio millar de figuras que pueblan el cuadro, la película se centra en la historia de una docena de personajes cuyas vidas se cruzan en un paisaje panorámico de cuidada fotografía. Lo preside un enigmático molino que parece sostenerse milagrosamente sobre una escarpada montaña, y que marca los tiempos de la vida del lugar (Amberes).
Entre sus habitantes se encuentran el propio Pieter Bruegel (interpretado por Rutger Hauer), su amigo y coleccionista de arte Nicholas Jonghelinck (Michael York) y la Virgen María (encarnada por Charlotte Rampling).
Los museos, como hoy se hace hincapié a menudo, también pueden hablar de poder y autoridad: es así en El último emperador, de Bernardo Bertolucci (1987). La Ciudad Prohibida pasa de ser palacio imperial a museo (atracción turística), simbolizando el fin de una era.
Ese cambio transforma el complejo en metáfora del tiempo y de la memoria: el anterior centro del poder absoluto deviene recinto vacío, donde quedan restos y recuerdos de vidas pasadas. La privacidad de los monarcas se convierte en exposición.
Y si una ciudad es un museo al aire libre susceptible de ser recorrida como si cada uno de sus rincones fuese una sala expositiva, esa es Roma. Así la paseaba Jep Gambardella en La gran belleza (2013), de Sorrentino.
En este caso, el gran museo romano es símbolo de la cultura que oprime, pesa y cautiva a un tiempo: pasado y presente dialogan constantemente (como en los museos) y Gambardella-Servillo transita por sus calles como un visitante perdido en un museo interior; la que fue capital imperial refleja el vacío existencial del protagonista.
En el film más felliniano de Sorrentino las ruinas, las obras de arte y los frescos no son decorado, sino huella de la memoria colectiva italiana (europea) y de una cultura que se contempla a sí misma con nostalgia. La ciudad en su conjunto funciona como alegoría de la identidad y el tiempo, un espacio que conserva rastros de lo efímero y lo sagrado. Aquí, con claridad, el museo crece hasta fundirse con la vida.
Paolo Sorrentino. La gran belleza, 2013
Quizá no sea demasiado común, pero a veces el museo también narra, cuenta relatos paralelos. En Vértigo (1958), de Hitchcock, el arte -un retrato femenino- se convierte en espejo de deseos y obsesiones, incluso en adelanto del futuro de la protagonista (Kim Novak).
Simboliza la repetición y la obsesión, la reencarnación y el doble; también la memoria: entre pinturas, el tiempo se detiene. Además, con su cadencia hipnótica, Hitchcock sabe crear un clima de fascinación pictórica, convirtiendo el museo (el de Bellas Artes de San Francisco) en espacio psicológico en que una composición absorbe la identidad de quien la mira.
Alfred Hitchcock. Vértigo, 1958
¿Y si consideramos el laberinto de espejos de La dama de Shanghái (1947), de Orson Welles, como un museo de realidad fragmentada? Las figuras del mismo Welles y de Rita Hayworth se multiplican, generando confusión en la narración y poniendo en cuestión las nociones de verdad e identidad.
Ese laberinto, además, revela el sentido profundo de esta película: el arte, al igual que los espejos, puede mostrar la verdad, pero siempre lo hará a través de la distorsión.
Orson Welles. La dama de Shanghái, 1947
A veces las obras llegan a dialogar (metafóricamente) con los personajes, que pueden experimentar hacia ellas dependencia. Virgil Oldman (Geoffrey Rush), en La mejor oferta de Tornatore (2013), se rodea de retratos femeninos que apuntan a su imposibilidad de encontrar el amor real: cada una de ellas representa un ideal distinto, igualmente inalcanzable, atemporal. Como la Roma de Sorrentino, funcionan como espejos emocionales: reflejan el vacío y la obsesión del agente de subastas.
Por eso, cuando la colección se pierde, lo que desaparece no son sólo los cuadros, sino el mundo interior de Oldman.
En otras ocasiones, una única obra puede narrar: en Le mystère Picasso (1968), de Henri-Georges Clouzot, el argumento es la construcción de un lienzo, filmada desde su reverso. Como si se pintara solo, asistimos al acto creativo en tiempo real.
Si tenemos que elegir films en los que un museo encarne una identidad cultural (amenazada)…, preferimos prescindir del presente y quedarnos con El tren (1964), de John Frankenheimer. El convoy que transporta arte a salvar es campo de batalla en la II Guerra Mundial, porque esas piezas son objeto de deseo y de resistencia cultural.
Podemos debatir a partir de esta película sobre el poder simbólico del patrimonio, no como objeto de lujo, sino como testimonio del espíritu de un pueblo y de su libertad. Y sobre si por él vale la pena jugarse la vida.
John Frankenheimer. El tren, 1964
Y a infinitos debates puede dar lugar, asimismo, The Square (2017), de Ruben Östlund, ese cineasta sueco propenso a reírse de los tics de los muy ricos. Su museo (de arte contemporáneo) es espacio de marketing y espectáculo, de contradicción ética; incluso laboratorio de comportamiento. El espectador ya no contempla: es observado y puesto a prueba, mientras la creación sirve para poner de relieve hipocresías recientes.
Terminaremos con una experiencia estética: la que propone El arca rusa (2002), de Alexander Sokurov. Filmada en un plano único, nos invita a recorrer el Hermitage de San Petersburgo, con sus recuerdos y fantasmas. Acompañamos a un diplomático francés y a un narrador invisible, y cada estancia nos sumerge en una época.
El museo ruso se nos ofrece aquí como metáfora de continuidad histórica: el arte preserva lo que el tiempo sepulta.
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Este podcast tiene la intención de reproducir interpretaciones personales de algunos clásicos de la poesía universal. Entiendo, al igual que Octavio Paz, que la poesía es una actividad emocional revolucionaria, un ejercicio espiritual, un medio de liberación interior y una búsqueda de transfiguración. Adonis, Ali Ahmad Said y Octavio paz son mis favoritos. Dos clásicos modernos.
Este poema, como tantos otros, tiene que ver con los límites de la vida. Es un poema profundo y desconcertante, pero como todos en los poemas de Adonis nunca sabemos a dónde nos lleva sus impresionantes versos, es como no saber en qué puerto este barco llegará anclar.