Isaac
La literatura catalana ha perdido a una de sus figuras más queridas y prolíficas. Josep Vallverdú, el creador del inolvidable perro Rovelló, ha fallecido este martes a los 103 años, según han confirmado fuentes cercanas. Nacido en Lleida el 9 de julio de 1923, el escritor deja tras de sí una obra ingente que abarca novelas, poesía, teatro, ensayos y traducciones, y que ha acompañado a varias generaciones de lectores desde finales de los años sesenta.
Vallverdú no solo fue un referente de la literatura infantil y juvenil en catalán, sino también un intelectual comprometido con la lengua y la cultura del país. Su muerte ha provocado una oleada de reacciones, entre ellas la del presidente de la Generalitat, Salvador Illa, que ha destacado su «legado inmenso» para las letras catalanas. El escritor, que el año pasado publicó la esperada secuela de su clásico, ‘El retorn de Rovelló’, se había despedido de la vida pública hace apenas seis meses, consciente de que las fuerzas le abandonaban.
Trayectoria vital y formación

Josep Vallverdú i Aixalà nació en Lleida en plena dictadura de Primo de Rivera. La Guerra Civil truncó su infancia y obligó a su familia a refugiarse en Puiggròs y Sant Martí de Maldà. Tras la contienda, se trasladaron a Barcelona, donde su padre regentaba una tienda de ropa. Allí, el joven Vallverdú cursó el bachillerato y más tarde se licenció en Filosofía y Letras, especialidad de Filología Clásica, en la Universidad de Barcelona. Durante aquellos años entabló amistad con figuras del catalanismo cultural como Joan Triadú, Josep Palau i Fabre o Antoni Badia i Margarit, y conoció a Isabel Arqué, pedagoga con la que se casaría.
Tras una breve etapa como becario del doctor Josep Rubió i Balaguer en el Archivo de la Corona de Aragón, Vallverdú se instaló en Sant Feliu de Guíxols en 1949, donde trabajó en una academia y más tarde en una empresa de tapones de corcho. Allí comenzó a dar clases y a participar en la vida cultural de la villa, colaborando en la revista ‘Àncora’ y entablando amistad con el periodista Gaziel. En 2023, el Ayuntamiento le nombró Hijo Adoptivo de la localidad. Posteriormente, entre 1959 y 1969, vivió en Lleida, donde empezó a forjar su carrera literaria.
El fenómeno de Rovelló

El verano de 1968, en una choza de cañas en el jardín de su casa de Puiggròs, Vallverdú escribió casi de un tirón la historia de un perro rústico llamado Rovelló. La obra ganó el premio Josep Maria Folch i Torres y se publicó en 1969, convirtiéndose en un éxito inmediato. Desde entonces, Edicions de la Galera ha lanzado más de treinta ediciones y ha vendido más de 75.000 ejemplares. El libro ha sido traducido al castellano, euskera, francés, italiano y ruso, y en el año 2000 se adaptó a una popular serie de dibujos animados de 26 episodios.
Vallverdú formó parte, junto a Emili Teixidor, Joaquim Carbó y Sebastià Sorribas, del llamado «póquer de ases» de la literatura infantil y juvenil catalana. Su objetivo era ofrecer a los niños catalanes novelas de aventuras estimulantes en su propia lengua, y lo consiguió con creces. Aunque Rovelló fue su obra más conocida, el autor siempre consideró que su legado iba mucho más allá. En febrero de 2026, con 102 años, presentó la secuela ‘El retorn de Rovelló’, donde el perro vive nuevas aventuras con referencias a otras obras del autor.
Una obra ingente y variada

La producción literaria de Josep Vallverdú supera los 300 títulos, entre los que se cuentan novelas juveniles como ‘Trampa sota les aigües’ (1965), ‘En Roc drapaire’ (1971) o ‘Bernat i els bandolers’ (1974), así como obras para adultos, poesía, teatro y ensayos. También fue un traductor incansable: acercó al catalán a autores como Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Graham Greene, Jack London, Oscar Wilde, G.K. Chesterton o Martin Luther King. Su labor como traductor fue especialmente intensa entre 1962 y 1975, cuando trabajó para Edicions 62.
En el ámbito del ensayo, destacan títulos como ‘Lleida, problema i realitat’ (1967), ‘Catalunya continental’ (1968) o ‘Història de la literatura catalana’ (1978). Vallverdú fue también un cronista de las tierras de Ponent, término que él mismo contribuyó a popularizar. Obras como ‘Proses de Ponent’ (1970) o ‘Indíbil i la boira’ (1983) reflejan su profundo conocimiento del paisaje y la gente de la Cataluña occidental. En sus últimos años se volcó en la poesía, publicando nueve poemarios desde 2009, convencido de que el verso era la forma más radical de expresar las vivencias profundas.
Además de la escritura, Vallverdú ejerció la docencia en varios institutos, entre ellos el de Les Borges Blanques, que hoy lleva su nombre. Su compromiso con la lengua catalana fue constante: en el acto de su centenario, en 2023, advirtió que el catalán «retrocede porque no se usa lo suficiente» e instó a fomentar la lectura entre los jóvenes. También mostró preocupación por el medio ambiente, alertando de que el planeta se está «destrozando» y que algún día habrá una guerra por el agua.
Reconocimientos y legado

A lo largo de su carrera, Vallverdú recibió los máximos galardones de las letras catalanas. En 1990 le fue concedida la Creu de Sant Jordi, y en el año 2000 (o 2002 según las fuentes) el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes. También obtuvo la Medalla d’Or de la Generalitat (2019), el Premio Jaume Fuster (2012) y el doctorado honoris causa por la Universitat de Lleida (2004). En 2023, con motivo de su centenario, la Generalitat le otorgó la Medalla Centenaria y se celebró el Any Josep Vallverdú con numerosos actos por todo el país.
El escritor fue nombrado hijo predilecto de Lleida en 2020 e hijo adoptivo de Balaguer, L’Espluga de Francolí, Les Borges Blanques y Sant Martí de Maldà. En Balaguer, donde residió sus últimos años con su segunda esposa Antonieta Vilajoliu, una escultura recuerda a Rovelló. Tras su muerte, Òmnium Cultural ha asegurado que mantendrá vivo su legado y su compromiso con la lengua, recordando que personajes como Rovelló «han hecho soñar a tantas generaciones» y han acercando el catalán a miles de lectores desde la infancia.

La muerte de Josep Vallverdú deja un vacío difícil de llenar en la cultura catalana, pero su obra permanece viva en las estanterías de las bibliotecas y en la memoria de quienes crecieron con las aventuras de Rovelló. Con más de 50.000 páginas escritas, entre literatura infantil, juvenil, para adultos y traducciones, el autor de Ponent se ha ganado un lugar de honor en la historia de las letras. Como él mismo deseaba, será recordado como una buena persona y, sobre todo, como un escritor que supo conectar con lectores de todas las edades, sin condescendencia y con una calidad que trasciende generaciones.

