Isaac
El lehendakari Imanol Pradales ha mantenido en el Vaticano un encuentro con el papa León XIV que, más allá de la cortesía protocolaria, ha tenido una clara carga simbólica en torno a la paz, la memoria de Gernika y las lenguas minorizadas. La audiencia se ha celebrado en el marco de una de las primeras citas institucionales del nuevo pontífice, lo que ha situado a la delegación vasca en un lugar relevante dentro de la agenda diplomática de la Santa Sede.
Para la ocasión, el Gobierno Vasco ha preparado una serie de obsequios que buscaban ir mucho más allá del gesto diplomático habitual. Entre ellos destacaban una reinterpretación vasca del Guernica, un ensayo de referencia sobre la obra de Picasso y un poema redactado en euskera y traducido al quechua. Los tres regalos enlazan la experiencia histórica de Gernika con el compromiso actual por la paz y la protección de las culturas minoritarias.
Un encuentro cargado de simbolismo en plena escalada bélica
La presencia de Pradales en la audiencia general presidida por León XIV se ha interpretado en clave política y cultural, en un contexto internacional marcado por conflictos armados y una creciente preocupación por el deterioro del diálogo entre bloques. El pontífice se ha caracterizado desde el inicio de su mandato por insistir en mensajes pacifistas y llamamientos constantes al fin de la violencia.
En este escenario, el lehendakari ha querido aprovechar la invitación vaticana para subrayar el papel del País Vasco como territorio que ha vivido de primera mano la guerra, el exilio y la violencia, y que hoy reivindica la memoria de esos episodios como un punto de partida para la convivencia. La referencia a Gernika, tanto a través de Picasso como de la creación vasca contemporánea, ha sido el hilo conductor de la visita.
Durante la jornada, Pradales ha participado primero en la audiencia general en la plaza de San Pedro, donde ha podido saludar brevemente al papa, y posteriormente ha mantenido una reunión privada con el secretario de Estado de la Santa Sede, Pietro Parolin. Según fuentes del Ejecutivo vasco, el encuentro ha servido para abordar cuestiones relacionadas con la paz, la justicia social y la protección de la diversidad cultural y lingüística.
El hecho de que la reunión se haya producido pocos días después de la elección de León XIV refuerza la idea de que el Vaticano quiere mantener puentes abiertos con las instituciones europeas y con las regiones que aportan experiencias propias en resolución de conflictos. Para el lehendakari, verse entre los primeros líderes autonómicos recibidos oficialmente en Roma supone también un gesto de reconocimiento al recorrido del País Vasco en materia de convivencia.
Un Guernica vasco para recordar el bombardeo de Gernika y denunciar la barbarie
Uno de los presentes que más ha llamado la atención ha sido la entrega al papa de una reproducción de la relectura del Guernica realizada en 1999 por el artista vasco José Luis Zumeta. Esta obra revisita el cuadro de Picasso desde una sensibilidad contemporánea, manteniendo la referencia al bombardeo de Gernika pero incorporando un lenguaje plástico propio del arte vasco de finales del siglo XX.
La pintura de Zumeta, de fuerte carga expresiva, introduce caseríos en llamas, figuras mutiladas y otros símbolos universales asociados a la barbarie y al sufrimiento civil en tiempos de guerra. El uso intenso del color, lejos del blanco y negro icónico de Picasso, subraya la desolación de la escena desde otro ángulo, apoyándose en una composición libre y gestual que remite al impacto emocional del bombardeo.
El Gobierno Vasco ha destacado que esta reinterpretación del Guernica se presenta como una forma de conectar la memoria de Gernika con las guerras actuales, recordando que la obra de Picasso no es solo un episodio del pasado, sino un emblema vigente contra la violencia y la destrucción. Al situar esta pieza en manos del papa, la delegación vasca envía un mensaje que pretende reforzar el discurso pacifista de León XIV.
Este Guernica vasco, con su estética propia y su relectura simbólica, muestra cómo la cultura continúa reelaborando el trauma del bombardeo y lo convierte en un relato compartido que trasciende fronteras, ideologías y generaciones. El gesto, en clave europea, recuerda también la génesis del original de Picasso, concebido para el pabellón de la República en la Exposición Universal de París de 1937 como denuncia de los ataques a la población civil.
El libro de Juan Larrea: clave para entender el Guernica de Picasso
Junto a la obra de Zumeta, Pradales ha obsequiado al papa con el libro «Guernica, Pablo Picasso» del poeta y ensayista bilbaíno Juan Larrea, considerado un texto fundamental para interpretar la intención y el alcance del célebre mural. El volumen examina el cuadro como respuesta artística al bombardeo de la villa foral y como un símbolo internacional contra la violencia.
El Ejecutivo vasco subraya el papel de Larrea en la gestación del Guernica original, ya que el autor mantuvo una relación cercana con Picasso durante la preparación del encargo para el pabellón de la República en la Exposición de París de 1937. Ese vínculo le permitió conocer de primera mano el proceso creativo y las motivaciones del pintor malagueño, algo que convierte su ensayo en una referencia ineludible.
Al poner este libro en manos de León XIV, la delegación vasca pretende reforzar la lectura del Guernica como una denuncia clara de la masacre sufrida por Gernika y un alegato contra todas las guerras. De este modo, se confrontan también las interpretaciones revisionistas que han tratado de restar contenido político a la obra o incluso han cuestionado su conexión con el bombardeo de la localidad vizcaína.
En clave europea, la elección de este título incide en la importancia de la memoria histórica como herramienta para construir una cultura de paz. El Guernica se ha convertido en una imagen-recuerdo de alcance mundial, y el libro de Larrea ayuda a fijar su significado en un marco que enlaza arte, historia y conciencia social, algo muy presente en las preocupaciones actuales de la Unión Europea.
Un poema en euskera y quechua para reivindicar las lenguas minorizadas
El tercer obsequio entregado al papa ha sido una composición poética de Jon Sarasua, pensador y escritor vasco, escrita originalmente en euskera y traducida también al quechua. Con este gesto, el Gobierno Vasco ha querido reconocer de forma explícita el interés mostrado por León XIV hacia las lenguas indígenas durante su etapa como misionero en Perú.
El pontífice aprendió quechua para poder comunicarse con las comunidades de los Andes, algo que ha quedado grabado como un ejemplo práctico de respeto hacia las culturas minorizadas y sus idiomas. Entregarle un texto bilingüe en euskera y quechua enlaza directamente con esa trayectoria personal, y al mismo tiempo crea un puente simbólico entre una lengua europea minoritaria y una lengua originaria de América Latina.
El poema, que el Gobierno Vasco define como una reflexión sobre el euskera entendido como “comunidad y tarea”, presenta al idioma como una tradición que se ha transmitido de generación en generación, pese a las dificultades y los periodos de marginación. La pieza sugiere que la lengua vasca es a la vez herencia recibida y proyecto compartido, algo vivo que requiere esfuerzo colectivo para mantenerse.
En la versión traducida al castellano, el texto evoca imágenes como “desde la infancia de la humanidad nos llega el aroma, la harina que molieron de generación en generación”, y reivindica el euskera como anhelo, alegría y dolor de tantas culturas marginadas, sueño que se ofrece y voluntad de embellecer una tierra. La composición concluye con una idea de apertura: lo particular que se proyecta hacia todos y todas, en una invitación a comprender la diversidad como riqueza.
La elección del quechua como lengua acompañante no es casual: se presenta como un gesto de hermandad hacia una lengua amiga, compartiendo la condición de idioma minorizado y de símbolo identitario para su comunidad. En el contexto europeo, este regalo refuerza la idea de que la defensa del euskera es parte de una lucha global por la protección de las lenguas en riesgo de retroceso.
El papel del euskera como lengua minorizada en Europa
En la documentación remitida desde el Ejecutivo vasco se insiste en describir el euskera como lengua minorizada de Europa, hablada a ambos lados de los Pirineos por una comunidad pequeña pero muy implicada con su preservación. Este énfasis conecta con los debates europeos sobre la protección de las lenguas regionales y minoritarias, incluidas en diversas cartas y recomendaciones del Consejo de Europa.
El Gobierno Vasco utiliza esta visita para recordar que el euskera ha sobrevivido a etapas de prohibición, persecución y fuerte presión de lenguas mayoritarias, y que su pervivencia se debe en buena parte al compromiso de las comunidades que lo han mantenido en sus hogares, escuelas y espacios culturales. Presentarlo en Roma, ante el papa, como símbolo de resistencia lingüística, tiene un claro valor político.
En paralelo, se subraya que la defensa del euskera va unida a un respeto más amplio por la diversidad cultural y lingüística como base para un mundo más justo. La idea que se proyecta es que cada lengua aporta una forma de mirar la realidad y de nombrarla, y que el empobrecimiento lingüístico conlleva también un empobrecimiento de visiones, relatos y soluciones colectivas.
La conexión con el quechua y con otras lenguas indígenas no europeas devuelve el foco a la responsabilidad compartida de las instituciones internacionales, incluidas las religiosas, para evitar que las lenguas minorizadas queden reducidas a meros símbolos folclóricos sin presencia real en la vida pública. La propia biografía de León XIV, con su aprendizaje de quechua en Perú, da credibilidad a este discurso.
Así, el poema de Sarasua y su presentación en el Vaticano se leen también como una apelación a reforzar las políticas públicas de protección lingüística en Europa y en América Latina, donde conviven idiomas oficiales muy extendidos con redes de lenguas locales que reclaman espacio y reconocimiento.
El conjunto de la visita de Pradales al Vaticano, con el Guernica vasco, el ensayo de Larrea y el poema en euskera y quechua, acaba articulando un relato común que enlaza memoria de la guerra, cultura vasca y defensa de las lenguas minorizadas bajo el paraguas del mensaje pacifista de León XIV. En un momento de tensión internacional, el gesto se sitúa a medio camino entre la diplomacia institucional y la reivindicación cultural, con un ojo puesto en Europa y otro en aquellas comunidades del mundo que luchan por conservar su voz propia.

