La Academia Argentina de Letras saluda y reconoce la labor del recién jubilado doctor Alejandro Parada, director de nuestra Biblioteca Jorge Luis Borges

Presidencia

En un emotivo acto, la comisión directiva de la Academia Argentina de Letras entregó al director de nuestra Biblioteca Jorge Luis Borgesdoctor Alejandro E. Parada, una medalla en reconocimiento por sus treinta años de servicio, luego de que el mes pasado se retiró para disfrutar del beneficio de la jubilación.

La presidenta de la Corporación, doctora Alicia María Zorrilla manifestó, en nombre de la Academia y del suyo propio, gratitud a la labor desarrollada por el doctor Parada como director de la Biblioteca, y destacó la excelencia de su gestión a través de tantos años con un breve discurso que logró emocionar a todos los presentes.

A su vez, el doctor Parada también agradeció muy emocionado, mencionando lo feliz que fue en la Biblioteca. No olvidó a quienes lo acompañaron en su tarea a través de los años, aunque ya no estén presentes, y demostró su amor por nuestra Biblioteca, una vez más, al recordar a todos la importancia del acervo y las características particulares que hacen de esta una biblioteca invaluable.


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«V centenario de la muerte de Elio Antonio de Nebrija. La búsqueda de la sabiduría», por Alicia María Zorrilla

Presidencia

En la sesión ordinaria del jueves 22 de septiembre, la presidenta y académica de número de la AAL Alicia María Zorrilla leyó su comunicación titulada «V centenario de la muerte de Elio Antonio de Nebrija. La búsqueda de la sabiduría», en homenaje al autor de la primera gramática de la lengua española —publicada en 1492—, de cuyo fallecimiento se cumplieron quinientos años el pasado 2 de julio.

El artículo de Alicia María Zorrilla se publica a continuación y también será difundido —como se hace con todas las comunicaciones de los académicos leídas en sesión ordinaria— en el Boletín de la Academia Argentina de Letras —publicación impresa periódica y órgano oficial de la Academia—, en el número que corresponderá al período de julio-diciembre de 2022.

«“Gramático, traductor, exégeta bíblico, docente, catedrático, lexicógrafo, lingüista, escritor, poeta, historiador, cronista real, pedagogo, impresor y editor”, Antonio Martínez de Cala y Xarana, Antonio Martínez de Cala Hinojosa y Jarana del Ojo, Antonio de Lebrija, de Lebrixa o de Librixa, o Elio Antonio de Nebrija o de Nebrixa, el gran humanista de la España de los Reyes Católicos, nace en la antigua Nebrissa, también llamada Veneria, hoy Lebrija (Sevilla), en 1444 (algunos estudiosos dicen en 1441). No le faltaron nombres, pero su fecha de nacimiento se desconoce. Es el segundo de cinco hermanos. Son sus padres Juan Martínez de Cala e Hinojosa y Catalina Martínez de Xarana y Ojo, quienes descendían de los antiguos conquistadores de Lebrija. No eran nobles ni plebeyos, sino de mediana posición. Es bautizado en la parroquia de Santa María con el nombre de Antonio, muy común en su familia, pero más tarde él mismo, porque así lo desea, le antepone el de Aelius o Elio para reivindicar el origen romano de su tierra. Lo explica de esta manera:

… como en Lebrija y en toda su comarca se encuentran muchas lápidas romanas, en que aparecen los nombres de Elios y Elianos, me he permitido anteponer ese nombre al de pila, como descendiente de una familia romana muy conocida en toda Andalucía, y de la que salieron emperadores tan gloriosos como Elio Adriano y Elio Trajano, que puede decirse que fueron conterráneos míos. […] si no soy pariente de ellos por naturaleza, lo soy por adopción…

A pesar de los apellidos paterno y materno, adopta el de su lugar natal: Nebrija.

Pasa los primeros años en su tierra, a la que le escribe un poema durante su estada en Italia:

Salve, casita mía, y vosotros también, dioses tutelares y penates, testigos de mi nacimiento. Aquí respiré el primer aliento vital y abrí los ojos a la luz. Aquí mamé la primera leche y recibí las primeras caricias de mis padres. Aquí estaba la cuna en que dormía; aquí me cantaba mi madre para que me durmiese. […]. Recíbeme en tus brazos; no tengas a menos recibir en ellos al hijo que ha inmortalizado su nombre». […]. Ahora, en cambio, gracias a mis letritas, los dos somos conocidos en todo el mundo, y durará muchos siglos nuestra gloria. […]. Este será el puerto de mi vida; aquí hallaré el descanso apetecido y dormiré en paz el último sueño…

Después de estudiar en Lebrija Gramática, Latín, Cálculo y Lógica, en 1455, sus padres lo envían a Salamanca, donde cursa Matemáticas, Filosofía Natural y Filosofía Moral. Por supuesto, se enseñaba en latín. Con cierta arrogancia, confiesa que sus maestros «en decir» saben poco, aunque no en el saber; se preocupan más del fondo que de la forma. De esta manera, surge su intenso interés por las palabras, su pasión filológica. Ignorarlas es para él sumirse en la confusión y contribuir al atraso del Derecho, de la Medicina, de la Filosofía y de la Sagrada Escritura. Su afición a las letras sagradas se advierte en su obra De las antigüedades de España. El estudio de las lenguas griega y hebrea lo lleva a profundizar el del latín. Como el de los humanistas, el objetivo de Nebrija es “restaurar la pureza y perfección del latín clásico». Entonces, ávido siempre de poseer una formación humanística superior, a los diecinueve años, viaja a Italia, recorre las escuelas más famosas, participa de las lecciones de los grandes maestros y, finalmente, ingresa en el Colegio de San Clemente de los Españoles, en Bolonia, donde obtiene una beca de colegial teólogo, que disfruta hasta 1470. Estudia con gran empeño a los clásicos griegos y latinos. Debe permanecer allí ocho años, hasta obtener el título de doctor, pero no los cumple, solo se queda cinco, ya que no se gradúa en Teología. La estudia junto con Derecho y Medicina, pero no quiere otro título más honroso que el de gramático, a pesar de que, para muchos, es lo menos a que podía llegar un hombre de letras, pues enseñar Gramática significa impartir los primeros rudimentos de la lengua latina. Tan desacreditada está la Gramática que el lebrijano, si bien reconoce que es la última de todas las facultades, también afirma que es la primera en lo que se refiere a las letras, las sílabas, las palabras y a la estructura de la oración. Y, como considera que todos están «enfermos en materia de letras”, es imperioso que recurran a esta para curar sus dolencias. Por eso, el gramático debe conocer todas las materias y a los autores versados en ellas […]».

Continuar leyendo la comunicación de Alicia María Zorrilla.


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«Una biblioteca», por Alejandro Parada

Presidencia

La Biblioteca Jorge Luis Borges de la Academia Argentina de Letras informa que después de treinta años de destacada gestión nuestro director, Alejandro Enrique Parada, se retira para disfrutar del beneficio de la jubilación.

Compartimos una breve y sentida reflexión sobre la biblioteca que nos dejó para este boletín:

Una biblioteca puede ser muchas cosas. Cada persona le puede dar una forma o un significado. Para muchos es el lugar donde reside la felicidad de la lectura. Para otros una morada de la paz y la libertad. Para algunos, según la conocida metáfora borgiana, es un paraíso o, acaso, el Paraíso mismo. Algo celestial, como un ángel elegido sobrevolando la superficie de la tierra y consagrado al acto de leer. Pues una biblioteca no es un ámbito rígido ni estático. Es como un ser vivo que se parece a un árbol de la vida y de la lectura. O como un animal que desplaza la tibieza de su cuerpo para que sintamos la dicha de tocarlo. Todo eso y mucho más es ese conjunto palpitante de libros y textos. Pero también es un lugar maravilloso donde el furor del mundo no puede entrar y donde el silencio es el mayor de los gritos, casi un aullido. Y sobre todo, una biblioteca, como la de la Academia Argentina de Letras, posee la dimensión religiosa de un templo sin muros, donde lo diverso es uno y lo uno todas las diversidades. Donde las voces de las mujeres y los hombres son miradas plurales y corales. Donde lo sagrado ya no tiene un credo ni un dogma. Así es una biblioteca.

Alejandro E. Parada


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«Recuerdos de Alejandra Pizarnik», por Antonio Requeni

Presidencia

En la sesión ordinaria del jueves 11 de agosto, el académico de número de la AAL Antonio Requeni leyó su comunicación titulada «Recuerdos de Alejandra Pizarnik», en homenaje a la poeta, ensayista y traductora argentina, de cuyo fallecimiento se cumplieron cincuenta años el pasado 25 de septiembre.

El artículo de Antonio Requeni se publica a continuación y también será difundido —como se hace con todas las comunicaciones de los académicos leídas en sesión ordinaria— en el Boletín de la Academia Argentina de Letras —publicación impresa periódica y órgano oficial de la Academia—, en el número que corresponderá al período de julio-diciembre de 2022.

«Al promediar la década de los años cincuenta, las tres cuadras de la calle Viamonte que van de Florida a 25 de Mayo, eran el territorio habitual y emblemático de la intelectualidad porteña. En la esquina de Florida estaba le confitería Jockey Club, donde por las tardes podía verse a Oliverio Girondo y su esposa Norah Lange con su revuelta cabellera rojiza, rodeados por los poetas surrealistas Enrique Molina, Edgar Bayley y Francisco Madariaga, quienes junto con artistas plásticos afines fundaron allí la revista Letra y Línea. Borges, burlón y poco afecto a los excesos vanguardistas, la llamaba “Letrinia”.

A poca distancia, en la acera opuesta de Viamonte, se hallaba la librería “Galatea”, del francés Félix Gategno y su socio Pierre, que había sido héroe de la Resistencia en París. Allí podía encontrarse las últimas novedades bibliográficas llegadas de Francia, así como la revista Temps Modernes y discos de Juliette Greco y Jacques Brel.

En la siguiente cuadra, a metros de San Martín, en el primer piso del edificio de Viamonte 494, funcionaba la oficina de la revista y editorial Sur. El edificio se levantaba en el solar donde había nacido Victoria Ocampo. En la vereda de la Facultad de Filosofía y Letras, pasando Reconquista, estaba la pequeña librería “Letras”, de la robusta y simpática María Rosa Vaccaro, y frente a la Facultad otra librería: “Verbum” de Paulino Vázquez. Se decía que el local era en realidad de dos profesores que por temor a la persecución peronista pusieron como testaferro a Paulino Vázquez, un gallego que había sido ordenanza de la Facultad y ahora fumaba en pipa y adoptaba un gesto intelectual, entre circunspecto y reconcentrado. Una de las paredes estaba ornada con fotografías de los poetas de la generación del 40, algunos de los cuales eran habitué de la librería: Alberto Girri, Héctor Murena, y otros hoy bastante olvidados como Eduardo Jorge Bosco, Héctor Villanueva y Gregorio Santos Hernando.

Un bar frecuentado por los cuarentistas era el “Florida”, en uno de los accesos de las Galerías Pacífico. Una tarde me hallaba sentado a una de sus mesas cuando vi entrar al poeta y editor Arturo Cuadrado con una jovencita. Cuadrado, a quien conocía, me saludó y presentó a su acompañante. Era Alejandra Pizarnik, de quien acababa de publicar en su editorial “Botella al Mar” el libro La tierra más ajena. Reconocí en ella a una vecina que había visto muchas veces en el barrio sin saber quién era. Los dos vivíamos entonces en Avellaneda. Ella también me reconoció. Ese fue el comienzo de una amistad que perduró hasta su muerte.

Alejandra tenía 19 años, estudiaba en la Facultad y había hecho un curso de periodismo junto con su amiga Elizabeth Azcona Cranwell, donde tuvo una relación algo más que sentimental con su profesor de literatura, también poeta, que la inició en su fascinación por los poetas románticos alemanes y por los franceses llamados “malditos” […]».

Continuar leyendo la comunicación de Antonio Requeni.


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Novedades BVMC 29 de septiembre de 2022, 18 obras nuevas

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Moneda falsa / Florencio Sánchez

Un buen negocio / Florencio Sánchez

En familia / Florencio Sánchez

Los curdas / Florencio Sánchez

El pasado / Florencio Sánchez

Literatura portuguesa. El futurista Mario de Sa Carneiro / Carmen de Burgos (C…


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