Las guardianas de los bosques en Paraguay

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Las heroínas de esta historia no tienen capa ni superpoderes, pero con su trabajo diario aseguran el futuro de todas y todos. Se encargan de proteger los bosques, la fauna, la flora, los recursos naturales y culturales. Hablamos de Ursulina, Perla y Lourdes: las guardianas de las reservas naturales de Paraguay.

Desafortunadamente, proteger los bosques con el trabajo y a veces con la vida misma, no siempre se reconoce como se debe y las condiciones en las que se desarrolla la labor están marcadas por la precarización y el peligro. La situación es especialmente complicada para las mujeres que se dedican a ésta tarea.

En algunos casos, deben dejar a sus hijas e hijos durante dos o tres semanas, mientras se enfrentan a la ilegalidad o a desastres como los incendios forestales. En otros casos, deben vencer los prejuicios y estereotipos para demostrar que pueden cumplir con sus funciones al igual que sus compañeros.

Ursulina Figueredo, Lourdes Oviedo Vallejos, Perla Noemí Vázquez Gil. Fotografía: Mónica Bereiro.

En el marco del 1° Campamento de Senderos para Mujeres, Ursu, Lourdes y Perla, se tomaron un tiempo para hablar sobre la labor que llevan a cabo. Aunque cada historia es diferente, las tres tienen dos cosas en común: su pasión por la naturaleza y la convicción de que sin guardaparques, no hay conservación.

Toda una vida protegiendo las riquezas de Ybycuí

Ursulina Figueredo (39), dinámica, habladora y extrovertida es madre de tres hijos varones. Nació y se crió en Ybycuí, departamento de Paraguarí. A los 13 años inició su militancia verde, cuando formó parte de una comisión juvenil cuya tarea era colaborar voluntariamente con los guardaparques del Parque Nacional Ybycuí.

Ursulina compartiendo parte de su trabajo y su vida en el 1er Campamento de Senderos para Mujeres. Fotografía: Mónica Bareiro.

“Mi casa quedaba a dos kilómetros del parque. Siempre me gustó, mi sueño era ser guardaparque y en cada oportunidad que tenía me iba a  ayudarles. Desde ese entonces comenzamos a capacitarnos primero con apicultores de la zona y después llevábamos teatros ambientales a colegios”, rememora Ursulina.

En 2014 se animó a concursar para acceder a una vacante como guardaparque. Afortunadamente todo salió bien y se cumplió su sueño “desde enero de 2015 formo parte del plantel de guardaparques del Parque Nacional Ybycuí. Después concursé de nuevo para ser funcionaria y desde 2018 estoy en el plantel de permanentes del Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES)”.

Ursu se encarga del museo ubicado en el parque, donde está asentada la primera fábrica de fundición de hierro de Sudamérica. Aprovecha ese espacio para hablar de recursos naturales y de la importancia de la conservación del área.

Relata que le costó hacerse camino en ese espacio, sobre todo por los estereotipos: “no por ser mujer una no puede realizar ciertas actividades, yo creo que no existe esa barrera cuando una quiere y se propone lograrlo”. Reconoce sin embargo, que todo vale la pena porque diariamente le pasan cosas lindas, conoce nuevas personas y por eso cada día se esfuerza para dar lo mejor.

La enfermera que vela por la salud de Cerro Corá

Perla Noemí Vázquez Gil (40), tiene una melena oscura y tupida que le llega hasta los muslos, por eso la llaman cariñosamente “Cabellera”. Está casada hace 18 años con Julio Cáceres y juntos tienen una hija y un hijo. Se crió en la localidad Isla Umbú, departamento de Ñeembucú.

Perla Vázquez, es la primera guardaparque jefa de área silvestre protegida a nivel nacional. Fotografía: Mónica Bareiro.

Relata que siempre le gustó la enfermería y cuando tuvo la edad y los recursos, cursó la licenciatura. Sin embargo, a pesar de contar con un título no logró acceder a ninguna oportunidad laboral en el campo de la salud. Al final, esta situación la llevó a emprender un camino que hoy la llena de satisfacciones y orgullo.

En busca de un trabajo estable, un día de 2015 escuchó en la radio que estaban promocionando un concurso para una vacante de guardaparques: “el cupo era para Lago Sirena, Ñeembucú, que hoy es un balneario de la zona de Cerrito. Concursé, presenté mi curriculum y me preguntaron qué hacía ahí una licenciada en enfermería. Pensé que no tenía chances, todos eran ingenieros y gente con más experiencia, ¡pero finalmente gané!”.

Tras obtener el trabajo de guardaparques, recibió capacitación y se quedó en Cerrito por un año. Sin embargo, ya no hubo posibilidades de recuperar las 9.000 hectáreas de la reserva que estaban ocupadas, no había dónde reubicar a los pobladores. Finalmente el lugar tuvo que ser desafectado. Luego fue trasladada a Ybycuí y un año y cuatro meses a Caazapá, donde no solo aprendió muchas cosas nuevas sino que además hizo muy buenos amigos y amigas. 

“Después de ocho meses en Caazapá hubo traslados masivos y todos fuimos reubicados, yo me fui al Parque Nacional Cerro Corá, donde me nombraron jefa de área. Fui la primera mujer guardaparque jefa de área silvestre protegida a nivel nacional”, relata Perla, quien está en el puesto desde hace seis años. 

Este transitar tampoco fue sencillo para ella, comenta que fue una ardua batalla ganarse el respeto de sus compañeros varones.

Eran reacios, no querían aceptar que las mujeres guardaparques ocupen un lugar más alto que ellos. Ellos hacían comentarios delante mío sobre que las mujeres tienen que estar en la casa, que no pueden hacer carpida o no pueden manejar un tractor. Pero yo estaba convencida de que podía todo y se los demostré”, cuenta Perla con mucha fuerza en sus palabras.

Una vocación que se trabaja y se vive con pasión

Lourdes Oviedo Vallejos (34), es fan indiscutible del yaguareté, con contagiante emoción rememora el día en que vio un ejemplar por primera vez. “Ver al yaguareté eso fue lo más impresionante que me pasó. La primera vez fue en un camino donde estábamos haciendo patrulla y se cruzó frente a nosotros, a unos tres metros. Luego entró al bosque, se sentó a unos cinco metros, y nos observó desde ahí”.

Lourdes Oviedo, guardaparques del puesto Agua Dulce, Parque Nacional Defensores del Chaco. Fotografía: Mónica Bareiro.

Lourdes es oriunda de San Juan Nepomuceno, relata que siempre le gustaron los trabajos de conservación. Vivía en el área de amortiguamiento del Parque Nacional Caazapá y desde pequeña vió y participó de las actividades que se hacían en la zona.

Mientras estudiaba la carrera de agronomía, también trabajaba en la gobernación de Caazapá, en la sección de medio ambiente, desde donde realizaron grandes esfuerzos, en conjunto con comisiones vecinales, para reforestar la zona. 

“En 2017 hubo cupo para tres guardaparques, me postulé y reboté. Pero luego en 2020 hubo un llamado de nuevo, volví a postularme y logré quedarme”, cuenta Lourdes. 

Desde hace dos años y nueve meses, Lourdes, junto a Wilson, su pareja, es guardaparque del Defensores del Chaco, a más de mil kilómetros de su Caazapá natal. Están a cargo del puesto Agua Dulce. Varias mujeres pasaron antes por esta zona pero no duraron porque las condiciones de vida son duras por la falta de agua, energía o cuando no hay caminos disponibles. Recuerda que apenas llegó al lugar sobrevivió a una grave intoxicación. 

“A principios de 2021 cuando llegamos al puesto Madrejon, donde viví dos meses, el único reservorio de agua era un aljibe, pero había sido estaba lleno de basura. El agua contaminada me ocasionó terribles dolores estomacales, a los pocos días ya no podía comer ni beber nada. Le llamé al jefe y me dijo que la única solución era salir en carona (pedir aventones). A las seis de la tarde nos subimos a una transportadora que iba a Filadelfia, hacía mucho frío. Wilson me acompañó. Al cruce Los Pioneros llegamos a medianoche, ya no había colectivos. Yo estaba débil y desabrigada. Afortunadamente mi pareja llamó a un amigo quien vino a rescatarnos. Al día siguiente recibí atención médica”.

La guardaparque explica que su trabajo se basa en patrullaje, observación de aves, colocación de cámaras trampa para monitoreo de fauna, entre otras actividades. Además se encargan de todo el mantenimiento de las instalaciones edilicias. Actualmente están en plena tarea de limpieza para un sendero al que bautizaron “Samu´u”.

“Este puesto estuvo abandonado más de 20 años, así que  somos lentos, porque solo estamos dos y el área es grande. Solo este bloque tiene unas 60.000 hectáreas. Ahora mismo tendría (el sendero) alrededor de 200 metros y queremos hacer 3 kilómetros para llegar a un cauce seco que cuando hay repunte de agua se convierte en río. La idea es hacer un mirador”, señala Lourdes.

Situación de las y los guardaparques en Paraguay

Las y los guardaparques son personas que se dedican a la conservación y que cumplen importantes funciones, que van desde el control y la vigilancia de las áreas protegidas hasta la atención a las y los visitantes, el trabajo con pobladores y comunidades locales, actividades de educación ambiental, apoyo a investigaciones científicas y la prevención y el combate de incendios.

Tres mujeres, tres historias, pero una misma convicción: proteger los bosques de Paraguay. Fotografía: Mónica Bareiro.

En Paraguay existen alrededor de 83 guardaparques, de los cuales sólo ocho son mujeres. Se encargan de proteger 20.000 km2 de áreas protegidas de las constantes amenazas que se ven acentuadas con la crisis climática. Pero nuestro país destina apenas el 1% de su presupuesto anual al medio ambiente. 

Estos defensores del medio ambiente ganan un salario que no supera el mínimo legal vigente (G. 2.680.373, lo que equivale a USD 358). No acceden al seguro social y la ley que reglamenta sus funciones debe ser modificada para revisar varios temas como el derecho jubilatorio.

La protección y conservación de áreas naturales es fundamental para la preservación de la biodiversidad y la salud del planeta. Las áreas protegidas tienen importantes funciones como la regulación del clima, la conservación de reservas de agua, el mantenimiento de la fertilidad de los suelos, la captación del exceso del CO2 atmosférico, entre otros.

Es importante que los países inviertan en la protección y conservación de estas áreas para garantizar su supervivencia y la de las especies que habitan en ellas. La pérdida de estos espacios supone la supresión de toda la biodiversidad que albergan, lo que puede tener graves consecuencias para el medio ambiente y la humanidad.

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Los Premios Dignidad 2023 destacó la larga trayectoria de lucha de las mujeres

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Tres mujeres luchadoras y defensoras de los derechos humanos fueron las galardonadas en tres de las cuatro categorías que forman parte de los “Premios Dignidad a la Defensa de los Derechos Humanos en Paraguay”.

Petrona Villasboa,  Yamili Nair Burgos y Liz Paola Cortaza recibieron homenajes por sus incansables luchas en favor del medio ambiente y de derechos para todas las personas, en especial las más vulnerabilizadas. 

  • Premio Dignidad a la trayectoria por un ambiente sano: Petrona Villasboa es hija de un luchador de las Ligas Agrarias Cristianas que peleó contra la dictadura de Alfredo Stroessner. Es madre de 11 hijos, y la muerte de uno de ellos cuando era niño -a consecuencia de una fumigación con agroquímicos- marcó su vida para siempre. Silvino Talavera murió el 7 de enero de 2003 y desde entonces esta madre levanta la bandera contra el uso no controlado de plaguicidas.

    Petrona Villasboa. Fotografía: Alegría González

  • Premio Dignidad por la memoria: Yamili Nair Burgos es docente y campesina, quien actualmente vive en la Colonia Santiago Nicolás Bo Parodi, distrito de Carayaó. Integra la Organización de Trabajadores de la Educación del Paraguay – Sindicato Nacional (Otep-SN), con quienes en su momento logró el derecho a la jubilación digna de los docentes. Actualmente, trabaja desde la Coordinadora de Agricultores de Caaguazú (CAC), donde lucha por el fortalecimiento de la agricultura familiar campesina.

    Yamili Nair Burgos. Fotografía: Alegría González.

  • Premio Dignidad a la trayectoria por la Memoria Histórica: Liz Paola Cortaza tiene 63 años y es una de las últimas sobreviviente transexual de la dictadura stronista. Hasta hoy sueña con que las leyes del Paraguay le permitan cambiar su nombre respetando su identidad de género, derecho por el cual tiene una acción abierta ante el Poder Judicial.

    Liz Paola Cortaza. Fotografía: Alegría González.

También fue distinguida la Comunidad indígena Loma Piro’y del pueblo Mbya Guaraní, que recibió el Premio Dignidad por un ambiente sano. Esta comunidad lucha desde el 2020 buscando recuperar parte de su territorio ancestral y sufrieron numerosos atropellos, desalojos, fumigaciones aéreas de parte de autoridades nacionales y colonos extranjeros -con sus civiles armados- que les disputan el territorio. La comunidad está asentada en Raúl Arsenio Oviedo, departamento de Caaguazú.

Asimismo, se rindió homenaje a una funcionaria y un funcionario del Poder Judicial por su destacado trabajo en favor de los derechos humanos. Este reconocimiento fue otorgado por las organizaciones que forman parte de la red de Codehupy. Los galardonados fueron:

  • La Licenciada Rosa Palau, quien desempeñó un papel crucial en la coordinación de los trabajos de registro y clasificación de la documentación sobre la dictadura. Hoy trabaja en el Centro Museo de la Justicia, Centro de Documentación y Archivo para la Defensa de los Derechos Humanos, entidad dependiente de la Corte Suprema de Justicia. 
  • Prof. Dr. José Agustín Fernández es un jurista paraguayo con 28 años de experiencia como magistrado, actualmente lidera el Museo de la Justicia y Centro de Documentación para la Defensa de los Derechos Humanos del Poder Judicial. Su excepcional trayectoria ha sido reconocida con diversas distinciones a las que ahora se sumaron los Premios Dignidad.

Los Premios Dignidad tienen como propósito central visibilizar a las personas defensoras de derechos humanos, quienes enfrentan un alto riesgo en el contexto social paraguayo. Este año se llevó a cabo la cuarta edición consecutiva del evento y fueron elegidas dos temáticas de trabajo para recibir postulaciones: Memoria Histórica y Medio Ambiente Sano. En total se recibieron 25 postulaciones para ambas áreas.

La elección de las y los ganadores estuvo a cargo de un jurado externo a Codehupy, compuesto por la historiadora Ana Barreto Valinotti, la directora de cine Paz Encina, el curador y promotor cultural Ticio Escobar, el abogado y teólogo Dionisio Gauto, el sacerdote José Zanardini y la periodista Estela Ruiz Díaz.

En cuanto a las temáticas, se tomó en cuenta que este año Paraguay conmemora los 30 años del descubrimiento del archivo del terror y los 20 años de la Mesa Memoria Histórica, cuyo papel ha sido fundamental en la búsqueda de verdad y justicia sobre lo ocurrido durante la dictadura. Sobre el eje Ambiente Sano se tuvo en cuenta que este año, el Relator Especial sobre Sustancias Tóxicas de las Naciones Unidas presentó un informe sobre la contaminación en Paraguay, subrayando la importancia de apoyar a quienes defienden nuestro medio ambiente.

La ceremonia de premiación se llevó a cabo el 7 de noviembre en el Sitio de la Memoria y Centro Cultural 1A Ycuá Bolaños.

Más información sobre la historia de las personas ganadoras y postuladas ingresá al enlace:

Premios Dignidad


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TEDIC lanzó una investigación sobre la violencia digital de género a periodistas en Paraguay

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La violencia digital de género existe, pero en sociedades significativamente machistas, nombrarla como tal no es suficiente, también es necesario registrarla, evidenciarla y clasificarla. En este marco desde la Organización Tecnología y Derechos Humanos (TEDIC) llevaron a cabo la primera investigación exploratoria sobre este tipo de violencia, dirigida a mujeres periodistas en Paraguay.

Las investigadoras Maricarmen Sequera y Jazmín Acuña identificaron la necesidad de liderar este trabajo dado que la dinámica del debate político y periodístico ha sido transformada por Internet y las redes sociales y ante esta realidad las periodistas deben enfrentar diariamente la violencia de género digital, con consecuencias significativas tanto en el ámbito personal como profesional.

“El objetivo es proveer de insumos que podrían servir para políticas públicas más reales y concretas adaptadas a nuestra realidad nacional”, explica Maricarmen Sequera, coordinadora de la investigación.

El objetivo principal fue evaluar si las participantes habían sufrido violencia digital relacionada con su género en el entorno periodístico, desafiando así la noción errónea de que la violencia de género se limita a contextos físicos y demostrando cómo se manifiesta en el mundo digital. Mediante encuestas, entrevistas y grupos focales, la investigación caracterizó la violencia en línea contra periodistas en Paraguay. Más de 100 profesionales de medios aportaron valiosas perspectivas, enriqueciendo el informe con sus experiencias.

Entre los hallazgos más resaltantes, se encuentra que:

  • En Paraguay, las periodistas enfrentan 12 formas específicas de agresiones en línea, desde insultos y amenazas hasta difamación y exposición de información personal, conforme con la clasificación de violencia digital de género llevada a cabo por TEDIC, en conjunto con varias organizaciones.
  • La cobertura de temas sensibles, el ejercicio de un periodismo crítico y el género de las periodistas son factores desencadenantes de esta violencia.
  • Las mujeres periodistas son atacadas de manera desproporcionada en aspectos relacionados con su imagen y capacidad intelectual en comparación con sus colegas masculinos.
  • De un total de 239 agresores registrados, los anónimos son predominantes, seguidos de trolls, grupos anti-derechos y en una menor medida autoridades del Estado, situación que puede variar dependiente de la población específica estudiada.
  • Se detectaron posibles ataques coordinados, lo que resalta la necesidad de medidas de protección y apoyo en el entorno digital.

“Según los datos recabados en los grupos focales aplicados a periodistas de Central, Ciudad del Este, Villarrica, Coronel Oviedo y Encarnación, la gran mayoría de los agresores se encuentran en las fuentes periodistas que terminan con acoso sistemático fuera de horario laboral. Sin embargo, en Asunción, los ataques vienen, con más frecuencia, de perfiles anónimos en redes, también se da en los espacios de trabajo”, expresa Sequera.

Esta investigación reconoce el papel fundamental de las mujeres periodistas como defensoras de la libertad de expresión y resalta la necesidad de abordar la violencia digital dirigida a éstas y promover la capacitación en seguridad digital. 

Asimismo, destaca la responsabilidad de los medios de comunicación y otros actores determinantes en la prevención de la violencia digital y pone de manifiesto la imperiosa necesidad de establecer protocolos efectivos contra la violencia de género en los medios de comunicación. 

A pesar de los desafíos persistentes que enfrentan, las mujeres periodistas rompen con estereotipos de género, superan obstáculos culturales, disputan espacios para ser voces de los más vulnerables y defienden la libertad de expresión. 

Clic aquí para leer la investigación completa.


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Intercambio de culturas, saberes ancestrales, ciencia y medio ambiente en el primer campamento de senderos para mujeres

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*Por Noelia Díaz Esquivel

Edición: Mónica Bareiro

El parque nacional Tte. Agripino Enciso, a unos 630 km de Asunción, fue sede del primer Campamento de Senderos para Mujeres realizado en nuestro país. Casi 50 participantes intercambiaron conocimientos sobre ciencia, medio ambiente y saberes ancestrales, amparadas por la fuerza y belleza del árido Chaco paraguayo.

Para ingresar al sendero hay que atravesar un portón de metal y una valla de alambre que se mimetiza con el color verde-grisáceo del bosque y la oscuridad de la nublada noche. Las mujeres cruzan el portal ataviadas con pantalones, camisas de mangas largas, calzados cerrados y linternas frontales en sus cabezas. Las guías dan instrucciones claras: caminar en fila, no salir del sendero, permanecer en silencio y nunca gritar o correr ante la aparición de los dueños del bosque. 

Ingreso trasero al sendero Trinchera. Fotografía; Mónica Bareiro.

No fue fortuito que minutos después de iniciada la caminata nocturna, el melódico sonido del ambiente, compuesto por el canto de un sin número de aves e insectos, fuera abruptamente interrumpido por el crujir de ramas secas producto de pisadas. 

En ese momento todas quedaron tiesas mientras apuntaban de un lugar a otro con las luces de las linternas, intentando descubrir de donde provenía el sonido de los pasos. Finalmente, siguiendo la línea del sendero, pudieron divisar a una manada de tañy katî o chanchos silvestres, que también las observaban sigilosamente.

De nuevo, la instrucción fue permanecer juntas y quietas, pero atentas para hacer toda clase de potentes zapateos, en caso de que la manada se acerque demasiado. Minutos después, los tañy katy se fueron alejando en dirección a la aguada ubicada en medio del sendero y las chicas reanudaron el recorrido bajo una tímida luz de luna.

Esta experiencia describe en gran parte lo que significa un sendero, “es el puente entre la ciencia y las personas”, explica .

Araceli González de la Organización Paraguaya de Conservación y Desarrollo Sostenible (OPADES).

“Los conocimientos que los investigadores e investigadoras generan son de mucha importancia y el sendero nos da la oportunidad de compartir esos conocimientos científicos y entrelazarlos con los saberes ancestrales. Nos permite revalorizar la cultura al pisar esos caminos recorridos por nuestros ancestros”, dice Araceli. 

Empoderar a las mujeres, conservar el medio ambiente y generar ingresos locales

Hace cuatro años, OPADES empezó a trabajar en senderos interpretativos con pobladoras y pobladores en Ybycuí, en el departamento de Paraguarí. A partir de ello se dieron cuenta que la faena de poner carteles, postes y transportarlos por varios kilómetros, además de acarrear cemento, carretillas y otras herramientas, era un trabajo liderado por hombres. Por lo tanto, se propusieron capacitar a las chicas para la realización de esas actividades y en el marco de un programa de voluntariado crearon una escuelita.

“En el plan de formación de la escuelita está incluido que ellas aprendan a hacer mezclas de cemento, cavar pozos, sepan usar una barreta, etc. Y así nació la idea de hacer un campamento de senderos  para mujeres”, relata González.

El campamento se llevó a cabo en el Parque Nacional Teniente Agripino Enciso, ubicado en el departamento de Boquerón, del 23 al 27 de octubre. Las organizadoras señalan que es la primera vez que se realiza este tipo de actividad en Paraguay, pero lo realmente especial es que fue pensado y enfocado exclusivamente para mujeres, con el objetivo de empoderarlas, mostrándoles que ellas también pueden trabajar en los senderos, guiar los recorridos y que ésta actividad podría convertirse en una fuente extra de ingresos para ellas y sus comunidades.

Fotografía: Claudia Ríos.

Participaron más de 50 mujeres provenientes de Ybycuí, Yvytyrusu y de comunidades indígenas asentadas en la zona de amortiguamiento del parque nacional. 

Participaron de talleres de formación sobre tipos de senderos, turismo asociado a ambientes naturales y la posibilidad de un impulso económico a través de esta actividad. Además de charlas con mujeres guardaparques del Parque Nacional Cerro Corá,  Defensores del Chaco e Ybycuí, quienes relataron cómo se enfrentaron al sistema para lograr ingresar y permanecer en espacios históricamente ocupados por hombres. 

Durante la realización de uno de los talleres. Fotografía: Mónica Bareiro.

También recorrieron el sendero “Trinchera”, primero guiadas por los guardaparques de Teniente Enciso y luego para la colocación de nuevas señaléticas. Asimismo, se desarrollaron talleres prácticos sobre observación de aves y huellas, además contemplaron el cielo chaqueño. 

Caminata para la observación de huellas y flora. Fotografía: Mónica Bareiro.

Igualmente, tuvieron la posibilidad de aprender sobre plantas y árboles medicinales gracias al aporte de las mujeres indígenas que acudieron al encuentro. 

Hablaron de violencia de género y aprendieron a identificarlas, pero sobre todo comprendieron que no están solas y que todas las mujeres tienen derecho a vivir libres y seguras.

Observando la colorida libertad de las aves chaqueñas

“La observación desarrolla nuestra paciencia, al tiempo de regalarnos la posibilidad de contemplar la libertad de volar, de migrar. Las aves, a diferencia de los seres humanos, no conocen de fronteras”, dijo Fiorela Pirovano, quien lideró el taller de observación de aves.

Fiorela Pirovano, lideró el taller de observación de aves durante el campamento. Fotografía: Mónica Bareiro.

Fiorela es voluntaria de OPADES y forma parte del Programa de Apoyo de Voluntarios en Áreas Protegidas (PAVAP), desde hace varios años. Es una apasionada de la ornitología y durante todo el campamento sus ojos de largas pestañas se iluminaban cada vez que escuchaba el trinar de algún pajarito o lo divisaba en la copa de un árbol. Enseguida tomaba sus binoculares y a los pocos segundos identificaba la especie y la buscaba en la guía de aves del Paraguay, para compartir la información con las compañeras.

Fiorela relata que cuando estaba en el último año de la carrera de Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), un grupo de compañeras la invitó a una salida de aves. Era una mañana muy fría y la cita estaba marcada para las primeras horas de la mañana “me interesó, me fuí y me inspiraron tanto que terminé encantada con el plan. De eso ya hace cinco años. Las aves son mi pasión y es una actividad extra que hago voluntariamente”.

En plena tarea de observación. Fotografía: Gentileza.

Resalta que una de las ventajas de la observación de aves es que no se necesita nada más que los ojos o los oídos. Se trata de una actividad inclusiva, ya que incluso las personas ciegas son aptas para acompañar una salida de aves: “es algo para todas y todos, no necesitas mucha inversión de dinero y te produce mucha satisfacción”

Delicias Pycasu potenciando la alegría del encuentro

Se cree que la comida es un potente estimulante y bajo esta hipótesis imaginen las sensaciones que emergen al probar un bocado de un delicioso plato de frutas de estación, o de un bife a caballo acompañado de una fresca ensalada verde, o de un café servido con pan recién horneado. Todo esto combinado con el apacible sonido de la naturaleza y el disfrute de mujeres conversando entre sí: ¡Eureka!. Este fenómeno fue comprobado gracias a las delicias culinarias de Carolina.

Carolina Cabrera, emprendedora culinaria. Fotografía: Mónica Bareiro.

En el quincho del establecimiento para visitantes del parque hay una larga mesada, detrás se encuentran la cocina a leña, la parrilla y el lavadero. Sobre la encimera, a los costados, están dispuestos varios electrodomésticos y utensilios de cocina, el centro está libre. Entre ese espacio libre de artículos domésticos y la cocina hay un pasillo por el cual Carolina se mueve como una habilidad magistral, como si estuviera bailando la música que más le gusta en el mundo. 

Las acampantes observaban embelesadas la serenidad con la que amasaba el pan, para después darle forma de bollitos que luego colocaba en una bandeja y los horneaba. “El movimiento de sus manos se parece a las caricias de mamá”, dijo una de las chicas.

Carolina preparando medialunas para la merienda. Fotografía: Mónica Bareiro.

Carolina Cabrera nació en Campo 9, departamento de Caaguazú. Relata que hace 15 años vino a Filadelfia, cuando respondió a una oferta laboral. Llegó con su primer hijo, que en ese entonces tenía 2 años. Un poco el trabajo y un poco el amor, hicieron que se asiente definitivamente en el Chaco. Aquí conoció a su marido y juntos tienen dos hijos más.

“Yo desde que tengo 17 años estoy en la cocina. Cuando llegué a Filadelfia trabajé en el restaurante Boquerón, en el hotel Florida, después en una confitería. Cuando comenzó la pandemia nos quedamos en casa y de ahí empezamos a hacer tortas, panificados, cabeza de vaca, etc. Después ya ofrecimos nuestro servicio de catering. Hacemos de todo, dulce y salado, completo”, relata la emprendedora. 

La chef cuenta que el año pasado la contrataron para el 6° Encuentro de Guardaparques del Gran Pantanal. “Ahora me llamó Giselle (coordinadora del evento por OPADES) y me habló de este campamento y yo encantadisima acepté. Le conté a mi marido y le dije me voy porque me voy», cuenta entre risas Carolina, mientras amasa más pan para el desayuno del día siguiente. (Spoiler: Carolina siempre está amasando pan o haciendo alguna comida).

La elaboración del menú para el campamento fue un proceso colectivo entre ella y las chicas de OPADES. El encuentro siempre tuvo como punto focal brindar bienestar y seguridad para lograr que el grupo pueda integrarse y aprender. 

Una experiencia histórica e inolvidable

El primer campamento de senderos para mujeres culminó con interminables y cálidos abrazos, con promesas de seguir fortaleciendo la amistad, de permanecer en contacto y con la esperanza de un próximo encuentro porque todavía hay muchos senderos por soñar y caminar juntas. 

La unión hace la fuerza! Las chicas colocando una nueva señalética. Fotografía: Gentileza.

Carolina Cabrera (37), encargada de la cocina. Filadelfia, departamento de Boquerón.

“Me encantó compartir, conocer gente nueva y hablar. Conversando aprendí cosas nuevas. Me encantó el ambiente, me sentí en familia”.

Vilma Benitez (26), artesana de la parcialidad Guaraní Ñandeva, comunidad Ñu Guasú, ubicada en el departamento de  Boquerón.

Wilma Benítez.

 

“En este campamento aprendimos y vimos muchas cosas nuevas. Me gustó mucho la observación astronómica, porque algunas veces miro arriba y quiero saber qué hay ahí. Me gustó mucho compartir con todas estas mujeres”.

 

Tania González (28), de Colonia Independencia, departamento de Guairá.

Tania González.

“Super todo, el ambiente, la gente, el lugar y todo lo que hay. Legalmente lo que más amé fue que no hubo diferencias, todas nos sentimos iguales”.

 

 

 

Claudia Fariña (26) de Ybycuí, departamento de Paraguarí. 

Claudia Fariña.

“El Chaco me mostró su mejor cara. Siempre escuché que hace demasiado calor, pero yo quiero volver al Chaco, para mi esta semana quedó corta. Aprendí mucho de la cultura de las compañeras indígenas, me enseñaron cosas especiales y valoro este intercambio cultural”.

 

 

Araceli González (29), Asunción.

Araceli González.

“Es de las experiencias más lindas y desafiantes que tuve hasta ahora. Fue maravilloso estar juntas y hablar de cómo podemos usar los senderos como herramienta de conservación de biodiversidad, hablarlo desde el punto de vista del ecoturismo, de senderos inclusivos y de escuchar a las comunidades indígenas”

En los senderos la conservación y el turismo caminan juntos

En la actualidad se considera que el sendero es una de las mejores herramientas de conservación, porque es una de las actividades que menos impacta sobre el ambiente. Se trata de un ejemplo de cómo las comunidades locales, la recreación al aire libre y la conservación ambiental pueden beneficiarse mutuamente.

A diferencia de otros países de la región, Paraguay todavía no cuenta con una red de senderos. Sin embargo, en noviembre del año pasado se fundó la Red Paraguaya de Senderos, como un primer paso para pensar en la sostenibilidad del ecoturismo en nuestro país. 

Más información sobre el parque

Parque Nacional Teniente Agripino Enciso, fue creado en 1980 por decreto Nº 15.936 y tiene una extensión de 40.000 ha. Se encuentra a unos 630 kilómetros de Asunción, en el departamento de Boquerón, se caracteriza por exóticos paisajes que custodian especies protegidas de la flora y fauna de la región así como rastros de la contienda chaqueña. 

Entre arbustos, matorrales y árboles como el samu’u, algarrobo, aromita o tuka, coronillo y quebracho blanco, habitan diversas especies animales como yaguareté, puma, tapir, taguá, tirica, ocelote, jaguarundi, zorrino, oso melero o kaguare, venado, armadillo, mono de la noche, kure’i y pichiciego. Además de los mamíferos, en los alrededores es posible apreciar aves, reptiles e insectos como buitre o yryvu, ñandú, loro, tujuju cuartelero, charata, serpiente de cascabel, caimán o jakaré, teju guasu, tortugas, araña pollito, mosquitos y mariposas. 

Armadillo. Fotografía: Mónica Bareiro.

Este parque es un cuartel refaccionado y dispone de infraestructura administrativa básica, equipo de guardaparques, opciones de alojamiento y camping. Las personas interesadas en visitarlo deben realizar una solicitud al Ministerio del Ambiente.

Fuente: Parque Tte. Enciso, monumento natural al heroísmo

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Razones para una ciudad que cuide

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Por Danae Prado Carmona y Karina Ramos Zapata*

Al igual que muchas mujeres trabajadoras, nosotras trabajamos en el centro de Santiago, más específicamente en la calle Bandera con Alameda, en el Gobierno Regional Metropolitano de Santiago. Asimismo, igual que esas mujeres, cuando salimos después de las 7 de nuestras oficinas debemos armar un plan de traslado, establecer por qué vereda caminaremos, cuan rápido irán nuestros pasos en ciertos tramos, calcular cuanto demoramos en llegar a tal estación de metro, lo que definirá si nos bajamos en la que queda más cerca pero tiene una salida más oscura o en la que nos queda más lejos, pero tiene más iluminación y locales que estarán abiertos a esa hora.

Así es la vida de las mujeres en las ciudades, en comunas urbanas y rurales, salir a la calle para nosotras amerita una planificación, buscando rutas seguras para llegar de un punto a otro de la ciudad. Nada de esto nos ha sido enseñado de manera formal, es simplemente parte del acuerdo tácito que nos recuerda a diario que no pertenecemos, según algunos, a la vida pública, que nuestro lugar natural siempre es lo privado.

Todas estas premisas nos hablan de la importancia de conocer y reconocer cómo se diferencian las experiencias de mujeres y hombres en las ciudades, y, desde la política pública, avanzar desde todos los espacios en reducir las desigualdades, porque limitar el uso libre de las ciudades es limitar el desarrollo pleno de la mitad de la población humana.

La geógrafa canadiense Leslie Kern, en su libro Ciudad Feminista, la lucha por el espacio en un mundo diseñado por hombres, explica “Así como el acoso en el lugar de trabajo expulsa a las mujeres de las posiciones de poder y borra sus contribuciones en ciencia, política, arte y cultura, también el espectro de la violencia urbana limita el poder de las mujeres, sus opciones y decisiones, sus oportunidades económicas”. De ahí que una planificación del espacio público para ser completa, debe incorporar nuevas aristas que logren la integración total de niñas y mujeres en el desarrollo de nuestras ciudades.

El desarrollo del urbanismo feminista es una herramienta fundamental para desnaturalizar la visión masculina que se incrusta en la planificación urbana, porque parte de la base que el urbanismo no es neutro y que nuestras ciudades y nuestros barrios se han configurado a partir de los valores de una sociedad que es patriarcal y que la forma física de los espacios han contribuido y siguen contribuyendo a perpetuar y reproducir estos valores (Col-lectiu Punt6, Barcelona).

 

Una de las herramientas más importantes que se usan para planificar una ciudad con perspectiva de género es la de poner la vida de las personas en las decisiones urbanas, es decir, que al momento de pesar en la construcción de las infraestructuras cotidianas de nuestra ciudad pensemos  en cómo estas ayudan  al desarrollo de la vida o, por el contrario, la hace más inseguras e incómodas: veredas, luminarias, pasos bajo nivel, pasarelas, plazas, parques, arbolado, paraderos y refugios, si no son construidos con la perspectiva de las mujeres pueden transformarse en espacios de más inseguridades y peligros.

 

A raíz de esto, la geografía feminista ha desarrollado metodologías que permiten mirar los territorios y auditarlos desde la perspectiva de las mujeres y disidencias, con una mirada interseccional que incluya también las particularidades de personas mayores, con movilidad reducida, entre otras.

 

Una de estas metodologías son los mapeos feministas, en los que diversos grupos de personas, que viven en los territorios levantan información de lugares y espacios considerados como inseguros o peligrosos, incluso lugares que no se ajustan a las necesidades de las personas que allí habitan, así como las condiciones que generan esa percepción.

 

Estas auditorías territoriales, realizadas a partir de las llamadas marchas exploratorias, permiten que las propias experiencias de quienes viven en ellos, se conviertan en el conocimiento experto que se necesita para planificar una ciudad, involucrando a las comunidades no solo en el diagnóstico, sino también en el diseño de las respuestas y en la construcción de las soluciones.

 

A partir de esta metodología, lugares como terrenos baldíos o microbasurales, calles con baja iluminación o con mucho arbolado, que habitualmente generan mayores sensaciones de peligro y/o inseguridad, son identificados, rediseñados e intervenidos en conjunto por las comunidades organizadas y las instituciones involucradas en la construcción de la infraestructura de la ciudad.

 

Colectivos como Col-lectiu Punt 6 en Barcelona o Safetipin en la India, no solo han desarrollado experiencias éxitosas entre colectivos de mujeres interesadas en estos temas, sino que han logrado colaborar con las instituciones locales y subnacionales, para el desarrollo de respuestas reales a problemas como la movilidad de mujeres que trabajan de noche o el desarrollo de aplicaciones que permitan el levantamiento colectivo de información que permita la toma de decisiones armando rutas seguras que luego son compartidas de manera colectiva entre mujeres de una misma localidad.

 

Son estas distintas experiencias desarrolladas en el mundo mediante las herramientas del urbanismo feminista, las que nos han inspirado  para trabajar de manera conjunta entre  las comisiones de Mujer, Equidad de Género y Diversidad y la de Infraestructura, Transporte y Aguas Lluvias del Consejo Regional Metropolitano, con la idea de recoger desde la política pública información de las ciudades, a través de una auditoría colectiva, realizada con la  diversidad de mujeres que viven en nuestra región, que nos permita, tanto al Gobierno Regional como a los Gobiernos Locales, contar con la información para entender la movilidad de las mujeres en los territorios e intervenirlos para lograr que nuestra Región no solo sea más segura, sino también que cuide y sea un lugar que permita cuidar.

 

Saber dónde y cómo pasan las cosas, cuáles son los elementos que hacen un espacio inseguro, cuáles son las infraestructuras que se pueden modificar para hacer los barrios más seguros para las mujeres, qué obras se pueden realizar para mejorar los tránsitos por la ciudad y asegurar rutas seguras para todas, se transforma en esencial cuando los recursos son escasos y las necesidades múltiples.

 

Avanzar hacia un sistema de auditoria de la ciudad con perspectiva de género, feminista, que levante la perspectiva de las mujeres y disidencias, de manera interseccional, permitiría iniciar un camino para construir una ciudad que ponga en el centro a las personas y su derecho a un habitar digno y seguro, abrir paso a una ciudad cuidadora.

 

En este 29 de octubre, en que por primera vez se celebra el Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo, para hacer visible un trabajo indispensable para el desarrollo humano y económico que realizan de manera mayoritaria las mujeres, buscamos seguir haciendo evidente la necesidad de asumir políticas públicas que sean un aporte al debate nacional y mundial de los cuidados, en el que todas y todos asuman un rol en la visibilización de los cuidados como parte esencial de la vida humana, innovando en políticas públicas que mejoren las vidas de las mujeres, mejorando de paso la vida de todas y todos.

Danae Prado Carmona es CORE de La Florida, San Joaquín, Macul, Peñalolén y La Granja Karina Ramos Zapata es CORE de San Miguel, PAC, La Cisterna, San Ramón, El Bosque, La Pintana y Lo Espejo


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