Intercambio de culturas, saberes ancestrales, ciencia y medio ambiente en el primer campamento de senderos para mujeres

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*Por Noelia Díaz Esquivel

Edición: Mónica Bareiro

El parque nacional Tte. Agripino Enciso, a unos 630 km de Asunción, fue sede del primer Campamento de Senderos para Mujeres realizado en nuestro país. Casi 50 participantes intercambiaron conocimientos sobre ciencia, medio ambiente y saberes ancestrales, amparadas por la fuerza y belleza del árido Chaco paraguayo.

Para ingresar al sendero hay que atravesar un portón de metal y una valla de alambre que se mimetiza con el color verde-grisáceo del bosque y la oscuridad de la nublada noche. Las mujeres cruzan el portal ataviadas con pantalones, camisas de mangas largas, calzados cerrados y linternas frontales en sus cabezas. Las guías dan instrucciones claras: caminar en fila, no salir del sendero, permanecer en silencio y nunca gritar o correr ante la aparición de los dueños del bosque. 

Ingreso trasero al sendero Trinchera. Fotografía; Mónica Bareiro.

No fue fortuito que minutos después de iniciada la caminata nocturna, el melódico sonido del ambiente, compuesto por el canto de un sin número de aves e insectos, fuera abruptamente interrumpido por el crujir de ramas secas producto de pisadas. 

En ese momento todas quedaron tiesas mientras apuntaban de un lugar a otro con las luces de las linternas, intentando descubrir de donde provenía el sonido de los pasos. Finalmente, siguiendo la línea del sendero, pudieron divisar a una manada de tañy katî o chanchos silvestres, que también las observaban sigilosamente.

De nuevo, la instrucción fue permanecer juntas y quietas, pero atentas para hacer toda clase de potentes zapateos, en caso de que la manada se acerque demasiado. Minutos después, los tañy katy se fueron alejando en dirección a la aguada ubicada en medio del sendero y las chicas reanudaron el recorrido bajo una tímida luz de luna.

Esta experiencia describe en gran parte lo que significa un sendero, “es el puente entre la ciencia y las personas”, explica .

Araceli González de la Organización Paraguaya de Conservación y Desarrollo Sostenible (OPADES).

“Los conocimientos que los investigadores e investigadoras generan son de mucha importancia y el sendero nos da la oportunidad de compartir esos conocimientos científicos y entrelazarlos con los saberes ancestrales. Nos permite revalorizar la cultura al pisar esos caminos recorridos por nuestros ancestros”, dice Araceli. 

Empoderar a las mujeres, conservar el medio ambiente y generar ingresos locales

Hace cuatro años, OPADES empezó a trabajar en senderos interpretativos con pobladoras y pobladores en Ybycuí, en el departamento de Paraguarí. A partir de ello se dieron cuenta que la faena de poner carteles, postes y transportarlos por varios kilómetros, además de acarrear cemento, carretillas y otras herramientas, era un trabajo liderado por hombres. Por lo tanto, se propusieron capacitar a las chicas para la realización de esas actividades y en el marco de un programa de voluntariado crearon una escuelita.

“En el plan de formación de la escuelita está incluido que ellas aprendan a hacer mezclas de cemento, cavar pozos, sepan usar una barreta, etc. Y así nació la idea de hacer un campamento de senderos  para mujeres”, relata González.

El campamento se llevó a cabo en el Parque Nacional Teniente Agripino Enciso, ubicado en el departamento de Boquerón, del 23 al 27 de octubre. Las organizadoras señalan que es la primera vez que se realiza este tipo de actividad en Paraguay, pero lo realmente especial es que fue pensado y enfocado exclusivamente para mujeres, con el objetivo de empoderarlas, mostrándoles que ellas también pueden trabajar en los senderos, guiar los recorridos y que ésta actividad podría convertirse en una fuente extra de ingresos para ellas y sus comunidades.

Fotografía: Claudia Ríos.

Participaron más de 50 mujeres provenientes de Ybycuí, Yvytyrusu y de comunidades indígenas asentadas en la zona de amortiguamiento del parque nacional. 

Participaron de talleres de formación sobre tipos de senderos, turismo asociado a ambientes naturales y la posibilidad de un impulso económico a través de esta actividad. Además de charlas con mujeres guardaparques del Parque Nacional Cerro Corá,  Defensores del Chaco e Ybycuí, quienes relataron cómo se enfrentaron al sistema para lograr ingresar y permanecer en espacios históricamente ocupados por hombres. 

Durante la realización de uno de los talleres. Fotografía: Mónica Bareiro.

También recorrieron el sendero “Trinchera”, primero guiadas por los guardaparques de Teniente Enciso y luego para la colocación de nuevas señaléticas. Asimismo, se desarrollaron talleres prácticos sobre observación de aves y huellas, además contemplaron el cielo chaqueño. 

Caminata para la observación de huellas y flora. Fotografía: Mónica Bareiro.

Igualmente, tuvieron la posibilidad de aprender sobre plantas y árboles medicinales gracias al aporte de las mujeres indígenas que acudieron al encuentro. 

Hablaron de violencia de género y aprendieron a identificarlas, pero sobre todo comprendieron que no están solas y que todas las mujeres tienen derecho a vivir libres y seguras.

Observando la colorida libertad de las aves chaqueñas

“La observación desarrolla nuestra paciencia, al tiempo de regalarnos la posibilidad de contemplar la libertad de volar, de migrar. Las aves, a diferencia de los seres humanos, no conocen de fronteras”, dijo Fiorela Pirovano, quien lideró el taller de observación de aves.

Fiorela Pirovano, lideró el taller de observación de aves durante el campamento. Fotografía: Mónica Bareiro.

Fiorela es voluntaria de OPADES y forma parte del Programa de Apoyo de Voluntarios en Áreas Protegidas (PAVAP), desde hace varios años. Es una apasionada de la ornitología y durante todo el campamento sus ojos de largas pestañas se iluminaban cada vez que escuchaba el trinar de algún pajarito o lo divisaba en la copa de un árbol. Enseguida tomaba sus binoculares y a los pocos segundos identificaba la especie y la buscaba en la guía de aves del Paraguay, para compartir la información con las compañeras.

Fiorela relata que cuando estaba en el último año de la carrera de Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), un grupo de compañeras la invitó a una salida de aves. Era una mañana muy fría y la cita estaba marcada para las primeras horas de la mañana “me interesó, me fuí y me inspiraron tanto que terminé encantada con el plan. De eso ya hace cinco años. Las aves son mi pasión y es una actividad extra que hago voluntariamente”.

En plena tarea de observación. Fotografía: Gentileza.

Resalta que una de las ventajas de la observación de aves es que no se necesita nada más que los ojos o los oídos. Se trata de una actividad inclusiva, ya que incluso las personas ciegas son aptas para acompañar una salida de aves: “es algo para todas y todos, no necesitas mucha inversión de dinero y te produce mucha satisfacción”

Delicias Pycasu potenciando la alegría del encuentro

Se cree que la comida es un potente estimulante y bajo esta hipótesis imaginen las sensaciones que emergen al probar un bocado de un delicioso plato de frutas de estación, o de un bife a caballo acompañado de una fresca ensalada verde, o de un café servido con pan recién horneado. Todo esto combinado con el apacible sonido de la naturaleza y el disfrute de mujeres conversando entre sí: ¡Eureka!. Este fenómeno fue comprobado gracias a las delicias culinarias de Carolina.

Carolina Cabrera, emprendedora culinaria. Fotografía: Mónica Bareiro.

En el quincho del establecimiento para visitantes del parque hay una larga mesada, detrás se encuentran la cocina a leña, la parrilla y el lavadero. Sobre la encimera, a los costados, están dispuestos varios electrodomésticos y utensilios de cocina, el centro está libre. Entre ese espacio libre de artículos domésticos y la cocina hay un pasillo por el cual Carolina se mueve como una habilidad magistral, como si estuviera bailando la música que más le gusta en el mundo. 

Las acampantes observaban embelesadas la serenidad con la que amasaba el pan, para después darle forma de bollitos que luego colocaba en una bandeja y los horneaba. “El movimiento de sus manos se parece a las caricias de mamá”, dijo una de las chicas.

Carolina preparando medialunas para la merienda. Fotografía: Mónica Bareiro.

Carolina Cabrera nació en Campo 9, departamento de Caaguazú. Relata que hace 15 años vino a Filadelfia, cuando respondió a una oferta laboral. Llegó con su primer hijo, que en ese entonces tenía 2 años. Un poco el trabajo y un poco el amor, hicieron que se asiente definitivamente en el Chaco. Aquí conoció a su marido y juntos tienen dos hijos más.

“Yo desde que tengo 17 años estoy en la cocina. Cuando llegué a Filadelfia trabajé en el restaurante Boquerón, en el hotel Florida, después en una confitería. Cuando comenzó la pandemia nos quedamos en casa y de ahí empezamos a hacer tortas, panificados, cabeza de vaca, etc. Después ya ofrecimos nuestro servicio de catering. Hacemos de todo, dulce y salado, completo”, relata la emprendedora. 

La chef cuenta que el año pasado la contrataron para el 6° Encuentro de Guardaparques del Gran Pantanal. “Ahora me llamó Giselle (coordinadora del evento por OPADES) y me habló de este campamento y yo encantadisima acepté. Le conté a mi marido y le dije me voy porque me voy», cuenta entre risas Carolina, mientras amasa más pan para el desayuno del día siguiente. (Spoiler: Carolina siempre está amasando pan o haciendo alguna comida).

La elaboración del menú para el campamento fue un proceso colectivo entre ella y las chicas de OPADES. El encuentro siempre tuvo como punto focal brindar bienestar y seguridad para lograr que el grupo pueda integrarse y aprender. 

Una experiencia histórica e inolvidable

El primer campamento de senderos para mujeres culminó con interminables y cálidos abrazos, con promesas de seguir fortaleciendo la amistad, de permanecer en contacto y con la esperanza de un próximo encuentro porque todavía hay muchos senderos por soñar y caminar juntas. 

La unión hace la fuerza! Las chicas colocando una nueva señalética. Fotografía: Gentileza.

Carolina Cabrera (37), encargada de la cocina. Filadelfia, departamento de Boquerón.

“Me encantó compartir, conocer gente nueva y hablar. Conversando aprendí cosas nuevas. Me encantó el ambiente, me sentí en familia”.

Vilma Benitez (26), artesana de la parcialidad Guaraní Ñandeva, comunidad Ñu Guasú, ubicada en el departamento de  Boquerón.

Wilma Benítez.

 

“En este campamento aprendimos y vimos muchas cosas nuevas. Me gustó mucho la observación astronómica, porque algunas veces miro arriba y quiero saber qué hay ahí. Me gustó mucho compartir con todas estas mujeres”.

 

Tania González (28), de Colonia Independencia, departamento de Guairá.

Tania González.

“Super todo, el ambiente, la gente, el lugar y todo lo que hay. Legalmente lo que más amé fue que no hubo diferencias, todas nos sentimos iguales”.

 

 

 

Claudia Fariña (26) de Ybycuí, departamento de Paraguarí. 

Claudia Fariña.

“El Chaco me mostró su mejor cara. Siempre escuché que hace demasiado calor, pero yo quiero volver al Chaco, para mi esta semana quedó corta. Aprendí mucho de la cultura de las compañeras indígenas, me enseñaron cosas especiales y valoro este intercambio cultural”.

 

 

Araceli González (29), Asunción.

Araceli González.

“Es de las experiencias más lindas y desafiantes que tuve hasta ahora. Fue maravilloso estar juntas y hablar de cómo podemos usar los senderos como herramienta de conservación de biodiversidad, hablarlo desde el punto de vista del ecoturismo, de senderos inclusivos y de escuchar a las comunidades indígenas”

En los senderos la conservación y el turismo caminan juntos

En la actualidad se considera que el sendero es una de las mejores herramientas de conservación, porque es una de las actividades que menos impacta sobre el ambiente. Se trata de un ejemplo de cómo las comunidades locales, la recreación al aire libre y la conservación ambiental pueden beneficiarse mutuamente.

A diferencia de otros países de la región, Paraguay todavía no cuenta con una red de senderos. Sin embargo, en noviembre del año pasado se fundó la Red Paraguaya de Senderos, como un primer paso para pensar en la sostenibilidad del ecoturismo en nuestro país. 

Más información sobre el parque

Parque Nacional Teniente Agripino Enciso, fue creado en 1980 por decreto Nº 15.936 y tiene una extensión de 40.000 ha. Se encuentra a unos 630 kilómetros de Asunción, en el departamento de Boquerón, se caracteriza por exóticos paisajes que custodian especies protegidas de la flora y fauna de la región así como rastros de la contienda chaqueña. 

Entre arbustos, matorrales y árboles como el samu’u, algarrobo, aromita o tuka, coronillo y quebracho blanco, habitan diversas especies animales como yaguareté, puma, tapir, taguá, tirica, ocelote, jaguarundi, zorrino, oso melero o kaguare, venado, armadillo, mono de la noche, kure’i y pichiciego. Además de los mamíferos, en los alrededores es posible apreciar aves, reptiles e insectos como buitre o yryvu, ñandú, loro, tujuju cuartelero, charata, serpiente de cascabel, caimán o jakaré, teju guasu, tortugas, araña pollito, mosquitos y mariposas. 

Armadillo. Fotografía: Mónica Bareiro.

Este parque es un cuartel refaccionado y dispone de infraestructura administrativa básica, equipo de guardaparques, opciones de alojamiento y camping. Las personas interesadas en visitarlo deben realizar una solicitud al Ministerio del Ambiente.

Fuente: Parque Tte. Enciso, monumento natural al heroísmo

*𝘌𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘢𝘵𝘦𝘳𝘪𝘢𝘭 𝘧𝘶𝘦 𝘱𝘳𝘰𝘥𝘶𝘤𝘪𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘮𝘢𝘳𝘤𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘰𝘨𝘳𝘢𝘮𝘢 𝘝𝘰𝘤𝘦𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘈𝘤𝘤𝘪ó𝘯 𝘊𝘭𝘪𝘮á𝘵𝘪𝘤𝘢 𝘑𝘶𝘴𝘵𝘢 (𝘝𝘈𝘊), 𝘪𝘮𝘱𝘭𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘗𝘢𝘳𝘢𝘨𝘶𝘢𝘺 𝘱𝘰𝘳 𝘞𝘞𝘍-𝘗𝘢𝘳𝘢𝘨𝘶𝘢𝘺 𝘺 𝘍𝘶𝘯𝘥𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘈𝘷𝘪𝘯𝘢.⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣


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Razones para una ciudad que cuide

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Por Danae Prado Carmona y Karina Ramos Zapata*

Al igual que muchas mujeres trabajadoras, nosotras trabajamos en el centro de Santiago, más específicamente en la calle Bandera con Alameda, en el Gobierno Regional Metropolitano de Santiago. Asimismo, igual que esas mujeres, cuando salimos después de las 7 de nuestras oficinas debemos armar un plan de traslado, establecer por qué vereda caminaremos, cuan rápido irán nuestros pasos en ciertos tramos, calcular cuanto demoramos en llegar a tal estación de metro, lo que definirá si nos bajamos en la que queda más cerca pero tiene una salida más oscura o en la que nos queda más lejos, pero tiene más iluminación y locales que estarán abiertos a esa hora.

Así es la vida de las mujeres en las ciudades, en comunas urbanas y rurales, salir a la calle para nosotras amerita una planificación, buscando rutas seguras para llegar de un punto a otro de la ciudad. Nada de esto nos ha sido enseñado de manera formal, es simplemente parte del acuerdo tácito que nos recuerda a diario que no pertenecemos, según algunos, a la vida pública, que nuestro lugar natural siempre es lo privado.

Todas estas premisas nos hablan de la importancia de conocer y reconocer cómo se diferencian las experiencias de mujeres y hombres en las ciudades, y, desde la política pública, avanzar desde todos los espacios en reducir las desigualdades, porque limitar el uso libre de las ciudades es limitar el desarrollo pleno de la mitad de la población humana.

La geógrafa canadiense Leslie Kern, en su libro Ciudad Feminista, la lucha por el espacio en un mundo diseñado por hombres, explica “Así como el acoso en el lugar de trabajo expulsa a las mujeres de las posiciones de poder y borra sus contribuciones en ciencia, política, arte y cultura, también el espectro de la violencia urbana limita el poder de las mujeres, sus opciones y decisiones, sus oportunidades económicas”. De ahí que una planificación del espacio público para ser completa, debe incorporar nuevas aristas que logren la integración total de niñas y mujeres en el desarrollo de nuestras ciudades.

El desarrollo del urbanismo feminista es una herramienta fundamental para desnaturalizar la visión masculina que se incrusta en la planificación urbana, porque parte de la base que el urbanismo no es neutro y que nuestras ciudades y nuestros barrios se han configurado a partir de los valores de una sociedad que es patriarcal y que la forma física de los espacios han contribuido y siguen contribuyendo a perpetuar y reproducir estos valores (Col-lectiu Punt6, Barcelona).

 

Una de las herramientas más importantes que se usan para planificar una ciudad con perspectiva de género es la de poner la vida de las personas en las decisiones urbanas, es decir, que al momento de pesar en la construcción de las infraestructuras cotidianas de nuestra ciudad pensemos  en cómo estas ayudan  al desarrollo de la vida o, por el contrario, la hace más inseguras e incómodas: veredas, luminarias, pasos bajo nivel, pasarelas, plazas, parques, arbolado, paraderos y refugios, si no son construidos con la perspectiva de las mujeres pueden transformarse en espacios de más inseguridades y peligros.

 

A raíz de esto, la geografía feminista ha desarrollado metodologías que permiten mirar los territorios y auditarlos desde la perspectiva de las mujeres y disidencias, con una mirada interseccional que incluya también las particularidades de personas mayores, con movilidad reducida, entre otras.

 

Una de estas metodologías son los mapeos feministas, en los que diversos grupos de personas, que viven en los territorios levantan información de lugares y espacios considerados como inseguros o peligrosos, incluso lugares que no se ajustan a las necesidades de las personas que allí habitan, así como las condiciones que generan esa percepción.

 

Estas auditorías territoriales, realizadas a partir de las llamadas marchas exploratorias, permiten que las propias experiencias de quienes viven en ellos, se conviertan en el conocimiento experto que se necesita para planificar una ciudad, involucrando a las comunidades no solo en el diagnóstico, sino también en el diseño de las respuestas y en la construcción de las soluciones.

 

A partir de esta metodología, lugares como terrenos baldíos o microbasurales, calles con baja iluminación o con mucho arbolado, que habitualmente generan mayores sensaciones de peligro y/o inseguridad, son identificados, rediseñados e intervenidos en conjunto por las comunidades organizadas y las instituciones involucradas en la construcción de la infraestructura de la ciudad.

 

Colectivos como Col-lectiu Punt 6 en Barcelona o Safetipin en la India, no solo han desarrollado experiencias éxitosas entre colectivos de mujeres interesadas en estos temas, sino que han logrado colaborar con las instituciones locales y subnacionales, para el desarrollo de respuestas reales a problemas como la movilidad de mujeres que trabajan de noche o el desarrollo de aplicaciones que permitan el levantamiento colectivo de información que permita la toma de decisiones armando rutas seguras que luego son compartidas de manera colectiva entre mujeres de una misma localidad.

 

Son estas distintas experiencias desarrolladas en el mundo mediante las herramientas del urbanismo feminista, las que nos han inspirado  para trabajar de manera conjunta entre  las comisiones de Mujer, Equidad de Género y Diversidad y la de Infraestructura, Transporte y Aguas Lluvias del Consejo Regional Metropolitano, con la idea de recoger desde la política pública información de las ciudades, a través de una auditoría colectiva, realizada con la  diversidad de mujeres que viven en nuestra región, que nos permita, tanto al Gobierno Regional como a los Gobiernos Locales, contar con la información para entender la movilidad de las mujeres en los territorios e intervenirlos para lograr que nuestra Región no solo sea más segura, sino también que cuide y sea un lugar que permita cuidar.

 

Saber dónde y cómo pasan las cosas, cuáles son los elementos que hacen un espacio inseguro, cuáles son las infraestructuras que se pueden modificar para hacer los barrios más seguros para las mujeres, qué obras se pueden realizar para mejorar los tránsitos por la ciudad y asegurar rutas seguras para todas, se transforma en esencial cuando los recursos son escasos y las necesidades múltiples.

 

Avanzar hacia un sistema de auditoria de la ciudad con perspectiva de género, feminista, que levante la perspectiva de las mujeres y disidencias, de manera interseccional, permitiría iniciar un camino para construir una ciudad que ponga en el centro a las personas y su derecho a un habitar digno y seguro, abrir paso a una ciudad cuidadora.

 

En este 29 de octubre, en que por primera vez se celebra el Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo, para hacer visible un trabajo indispensable para el desarrollo humano y económico que realizan de manera mayoritaria las mujeres, buscamos seguir haciendo evidente la necesidad de asumir políticas públicas que sean un aporte al debate nacional y mundial de los cuidados, en el que todas y todos asuman un rol en la visibilización de los cuidados como parte esencial de la vida humana, innovando en políticas públicas que mejoren las vidas de las mujeres, mejorando de paso la vida de todas y todos.

Danae Prado Carmona es CORE de La Florida, San Joaquín, Macul, Peñalolén y La Granja Karina Ramos Zapata es CORE de San Miguel, PAC, La Cisterna, San Ramón, El Bosque, La Pintana y Lo Espejo


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Machete Vaina: donde los Maskoy y las flores resisten a la falta de agua

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*Por Noelia Díaz Esquivel

Edición: Mónica Bareiro

Aquel día la temperatura no llegaba ni a los 30 grados en Puerto Casado, comunidad a orillas del río Paraguay, en pleno Chaco a 630 km de Asunción. Esa temperatura se puede considerar una delicia en comparación al intenso calor que abraza la mayor parte del año a la región. 

Con una polvareda que impedía disfrutar a pleno del paisaje y distinguir entre los karanda’y, quebracho colorado, lapachos y palos borrachos, avanzábamos por un arcilloso terraplén seco. Nuestro destino está a unos 35 km de Puerto Casado, se trata de la comunidad Machete Vaina, una comunidad de la etnia Maskoy. 

A mitad de camino hubo un giro a la derecha, la pista empeoró, pero el bosque se expandió y a la travesía se sumó una bandada de tuyuyú cuarteleros que desplegaba sus alas con una elegancia cautivante, pasando de un lado al otro del sendero.

Fotografía: Mónica Bareiro.

El melancólico gris de la sequía estaba cambiando de color. Adelante, un cartel de madera pintado con letras blancas anunció la llegada: “Bienvenido a la comunidad Machete Vaina” y un tajamar dió la bienvenida con una postal: dos mujeres mayores metidas casi a medio cuerpo, pescando entre la alfombra verde de plantas acuáticas.

Fotografía: Mónica Bareiro.

Historia de lucha por la tierra y el agua 

El epicentro de la comunidad Machete Vaina, del pueblo Maskoy, estaba unos metros más adelante, compuesta por viviendas de armoniosa estructura, separadas unas de otras por cercas de postes, alambre y un encantador factor común: plantas de colores, muchos colores que transmiten una sensación diferente a cualquier pueblo. Y en el centro de la comunidad, una gran explanada de pasto en donde se ubica un imponente y también florido yvyra verá (árbol de guayacán). 

Fotografía: Mónica Bareiro.

La comunidad está notable y pulcramente asentada alrededor de la plazoleta. Las viviendas, el centro comunitario, dispensario de salud y la escuela Nº 14.708 donde asisten las niñas y niños de la comunidad a dar clases con el sistema plurigrado. 

Fotografía: Mónica Bareiro.

Verónica Martínez es docente, relata que su familia se asentó en este territorio cuando ella todavía era una niña, en 1987 año en que la comunidad logró la histórica recuperación de unas 35.000 hectáreas de tierras ancestrales. 

Verónica Martínez, docente de la escuela Nº 14.708. Fotografía: Mónica Bareiro.

En esa época una gran parte del departamento de Alto Paraguay se encontraba en manos de la empresa Carlos Casado SA, que explotó los recursos naturales del Chaco en una gran extensión, con la instalación de la primera industria taninera (extracto de quebracho), de la región.

Sin embargo, la historia de resistencia del pueblo Maskoy inició mucho antes de la memorable conquista de tierras. Históricamente habían tenido que sobrevivir a la falta de agua en sus territorios.

Fotografía: Mónica Bareiro.

La profe Verónica relata que desde siempre, las sequías afectaron fuertemente a esta comunidad y a todos los demás territorios indígenas de la región Occidental de Paraguay. Recuerda que en 1988, había una laguna que servía para beber, para el aseo personal y el lavado de ropas “pero cuando ya no llueve todo se seca”, explica. 

Años más tarde, con el objetivo de garantizar agua para todo el año, una oenegé, cuyo nombre dice no recordar, cavó otro tajamar, pero la lluvia tampoco fue suficiente y pronto asoló la sequía. La congregación de los Salesianos hizo lo mismo, pero el agua que emanaba de ese estanque no era apta para el consumo “era demasiado salada”, rememora. 

“Luego salió un proyecto de SENAVITAT (actualmente Ministerio de Urbanismo, Vivienda y Hábitat)  con el que se habilitaron tanques de agua en cada casa, pero eran pequeños. En el marco de otro proyecto se pidió un tanque más grande y eso es lo que ahora estamos usando”, explica Martínez.

Fotografía: Mónica Bareiro.

Carlos Giesbrecht, director de la la organización civil Pro Comunidades Indígenas (PCI), explica que actualmente tres comunidades indígenas de la etnia Maskoy, del distrito de Puerto Casado, tienen instalado un sistema de agua para mitigar el impacto de la sequía. Está a cargo del Servicio Nacional de Saneamiento Ambiental (Senasa) y cuenta con la cooperación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El sistema de captación de agua es con tanques ubicados bajo tierra y la colocación de canaletas en cada casa, de modo a juntar la lluvia, que luego se decanta en los reservorios. Al final de cada canaleta hay un filtro que cumple la función de colar el líquido antes de que llegue a los tanques y permite que sea apto para el consumo humano.

Fotografía: Mónica Bareiro.

¡Para que haya agua todo el tiempo, tiene que llover! 

“A veces llueve y tenemos agua, ahora ya no y nuestros tambores están todos vacíos. Estamos usando el agua que queda en los tanques de la escuela, el dispensario de salud, la iglesia y el tinglado. Para racionalizar nos vamos a lavar la ropa y a bañarnos al tajamar «, dice resignada Verónica. 

Lo paradójico es que esta penosa realidad tiene lugar a escasos kilómetros de Puerto Casado, lugar donde se instaló la planta de bombeo del fallido sistema de acuerdo para el Chaco, inaugurado con bombos y platillos por el expresidente Mario Abdo, pero que solo funcionó (medianamente) por un día.

El acueducto tuvo un costo de más de 130 millones de dólares y el proyecto se  encuentra parado desde finales de diciembre del 2022. La megaobra fue promocio­nada como un medio para llevar “vida” al corazón del Chaco, pero el vital líquido, a pesar del potencial del río Paraguay, sigue sin llegar a las comunidades chaqueñas.

 

*𝘌𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘢𝘵𝘦𝘳𝘪𝘢𝘭 𝘧𝘶𝘦 𝘱𝘳𝘰𝘥𝘶𝘤𝘪𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘮𝘢𝘳𝘤𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘱𝘳oyecto 𝘝𝘰𝘤𝘦𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘈𝘤𝘤𝘪ó𝘯 𝘊𝘭𝘪𝘮á𝘵𝘪𝘤𝘢 𝘑𝘶𝘴𝘵𝘢 (𝘝𝘈𝘊), 𝘪𝘮𝘱𝘭𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘗𝘢𝘳𝘢𝘨𝘶𝘢𝘺 𝘱𝘰𝘳 𝘞𝘞𝘍-𝘗𝘢𝘳𝘢𝘨𝘶𝘢𝘺 𝘺 𝘍𝘶𝘯𝘥𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘈𝘷𝘪𝘯𝘢.⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣

*Fuentes:

https://etniasdelmundo.com/c-otras-etnias/maskoy/?expand_article=1

https://www.ultimahora.com/casado-nativos-sufren-falta-de-agua-cerca-del-acueducto

https://www.bbc.com/mundo/noticias/2010/11/101125_paraguay_chaco_am

https://www.ultimahora.com/indigenas-crean-un-sistema-captar-agua-el-chaco-n3036490

https://www.hoy.com.py/nacionales/gobierno-de-mario-abdo-inauguro-acueducto-del-chaco-pese-a-falla


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Festival Sorora: Más allá de la música

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*Por Emilia Yugovich

La tercera edición del Festival Sorora se llevó a cabo el 14 de octubre pasado en la Estación Central del Ferrocarril, ubicado en el centro histórico de Asunción. Como en las ediciones anteriores, la propuesta artística consistió en un line up conformado exclusivamente por proyectos liderados por mujeres, y así como en las otras veces, fueron también las mujeres sus principales organizadoras.

Fue una tarde de eclipse. A las 16:00, cuando la Luna ya había empezado a orbitar entre la Tierra y Sol, se abrieron las puertas de la Estación Central.

 

Fotografía: Clari Lezcano.

 

Algunos flashes de la tarde-noche

Amigas cantan y bailan, una feria que se despliega en los andenes de la estación. Niñas y niños dibujando, Loli Molina y su guitarra, la elegancia de Rafaela Mood, la magia en la órbita de Darlings y Puta Romántica, mujeres con cámaras en las manos, otras con planchetas en las manos y un par con cinturones de cintas adhesivas, un abrazo de reencuentro, la delicadeza de Sari Carri, la frescura de Sol Gómez, un vaso de cerveza fría, mucho glitter, las DJ en sus bandejas, la prestancia de Lizza Bogado, la combativa Desobediente, Kuña Street y sus barras, la inigualable Lucero Sarambí, el carisma de Sara Hebe, el Tarot, la Luna eclipsando al Sol.

Buscando charlar

Desde Emancipa Paraguay tuvimos acceso al backstage y charlamos con la cantautora y gestora cultural, Rocío Robledo, una de las impulsoras de la propuesta del Festival Sorora. Nos pidió 10  minutos para arreglarse el pelo, hacía muchos días que venía trabajando sin parar y no tuvo tiempo de fijarse cómo lucía en ese momento. Después de unos minutos salió y comenzamos a hablar.

Cuando la palabra se vuelve acción

Rocío nos contó que Sorora nació en 2019 exigiendo “Más mujeres en los escenarios” luego de que empezaran a notar que en los line ups de los festivales no había ningún proyecto de mujeres. Un reclamo hecho en redes sociales fue el primer paso para que se juntaran entre varias artistas y – después de mucha reflexión – redoblaran la apuesta con el objetivo de conseguir la transmutación de la denuncia en acción política, generar sus propios espacios ante la dificultad de acceder a la industria y denunciar desde allí que las mujeres en la música también existen.

La propuesta política

El Festival se organiza con un montón de trabajo de voluntarias principalmente y también de voluntarios que hacen posible su realización. Nos contó Rocío que están en un momento diferente al del inicio, más bien de aprendizaje. El festival moviliza mucho alrededor, los debates y las reflexiones se van profundizando con cada edición

Por eso, el Festival Sorora es resistencia al poder; y la resistencia debe ejercerse como un derecho, el derecho de cuestionar el ejercicio de ese poder desde un sentido crítico, esto implica también ensayar otras prácticas transformadoras de las formas de establecer relaciones impuestas por el capitalismo y el patriarcado, una tarea para nada pequeña y mucho menos fácil pero que, cuando las vemos a ellas llevando adelante todo esto, sentimos que es posible el conducirse a una misma (y también como colectivo) de otra manera, generando un impacto ético y político concreto y material en todas las personas involucradas en cada etapa de este proceso.

“Nosotras no estamos solas”

Un montón de organizaciones se sumaron a esta edición del festival. Rocío, quien forma parte de la organización Sorora Música, nos cuenta que eso fue un producto de un trabajo de tejer redes.

“Nosotras no estamos solas, y de hecho queremos seguir tejiendo redes, eso es lo más difícil, hay un montón de grupos y cómo hacer para trabajar juntas por más diferencias que tengamos entre nosotras, esa nuestra militancia también”, reflexionó.

 La selección para el line up

A la cantidad de propuestas presentadas se aplicó un proceso de selección, “La parte más difícil es armar el line up, porque hay demasiados proyectos geniales, nosotras queremos que estén todas”, nos confesaba Rocío antes de volver a sus tareas. Los criterios de selección también son discutidos colectivamente, de ahí el aprendizaje constante. Se despidió diciendo: “Necesitamos más gente que piense en colectivo”

Las más esperada

La última en tocar fue Sara Hebe, quien se llevó todo por delante, además de los gritos, los aplausos, los pogos, los bailes y los suspiros y los miles de “te amo”. Sara desparramó su carisma durante todo su show, se paseó con temas de todos sus discos, sus himnos feministas, cumbias, rap, trap, rock y más. Hizo un poco de freestyle. Nos sorprendió con el Rap de las hormigas. Después, pidió un cigarrillo y permiso a las organizadoras para seguir cantando.

Fotografía: Clari Lezcano.

Dictadura Nunca más

Dijo: Quiero decir algo con la remera del Festival Sorora en una de las manos, en lo que sería uno de los momentos más políticos del Sorora, Sara Hebe dejó bien claro que no es feminista, es transfeminista. Se refirió al contexto electoral de su país cuando dijo: En Argentina estamos viviendo una situación que da miedo pero a la vez me siento como valiente o estoy loca, pero ¿nuestra escuela cuál es?: la de las abuelas de Plaza de Mayo, la de las madres de Plaza de Mayo, la de las compañeras travestis y trans, el transfeminismo y esto no lo van a para con nada, ningún presidente”. Envidia Me Tenés, que estaba como presentadora en ese momento, recordó el mes de las 108 memorias, y ambas terminaron arengando a todo el público con un fuerte Dictadura Nunca Más.

Así fue como el fin de semana pasado el Festival Sorora nos mostró lo que es poner un límite político al poder de la industria. Aquí, las cosas se gestionan de otra manera, los criterios son distintos y son producto de reflexiones colectivas. Aquí, las mujeres están sobre y detrás del escenario, aquí todas aprenden a la par. Aquí, hay resistencia al poder y posibilidad de transformación política y hay mucha vida, porque como dice Sara Hebe, “donde no hay poder, hay vida”

 

*Fotografía de portada: Clari Lezcano


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#InjerenciaReligiosa

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🏫 El Ministerio de Educación y Cultura (MEC), influenciado por grupos fundamentalistas, promueve charlas para padres y docentes lideradas por el pastor Miguel Ortigoza, presidente de la Fenapep, y María Judith Turriaga, autodenominada “experta en educación de la sexualidad”.

📚 El material “12 Ciencias para la educación de la sexualidad y la afectividad en la escuela y la familia” fue aprobado por resolución sin pasar por un proceso participativo ni fue revisado antes por especialistas del MEC.

📢 Mientras autoridades que se declaran provida pierden tiempo legislando con base en prejuicios y convirtiendo en tabú la educación sexual integral (ESI), cada 2 horas en promedio se registra un caso de abuso sexual contra niñas y adolescentes en Paraguay.

💎 Ficha Técnica:

Edición y post: Milena Coral y Jazmín Cebé

Guión y conducción: Juli Quintana y Emilia Yugovich

#EmancipaParaguay #NaranjaHai🍊#EducacionSexualIntegralYa


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