Sonia Moura es licenciada en cinematografía, actriz, comunicadora y gestora cultural en La Serafina. Pero más que eso, es una de esas almas rebeldes que usa el arte para patear el tablero de lo establecido. Su trabajo está atravesado por la defensa de los derechos LGBTIQ+ y el humor como herramienta de resistencia (¡qué haríamos sin sus videos parodiando a Lizzarela!).
Dirigió cortos como Lucía/o, El Búnker y El Rayo, además de la delirante y necesaria serie de sketches Lesbiatán. Desde el activismo artístico y las redes, Sonia nos hace reír, pensar, y a veces llorar… de risa o de bronca. Feminista de la risa urgente y la crítica filosa, es imposible no quererla.
Ahora conozcamos las respuestas de Sonia a nuestro Quiz Feminista 2.5.
1-Emancipa:¿Cuándo conociste la palabra feminista? Sonia: No me acuerdo, creo que fue hablando con una amiga feminista.
2- Emancipa: ¿Cuál es el texto que todo o toda feminista debe leer?
Sonia: La insumisa de Cristina Peri Rossi
3- Emancipa: ¿Quién es la autora que deberían leer los chicos y chicas en la escuela?
Sonia: Ay no sé, depende de la edad supongo, yo los pondría a dibujar los poemas de Audre Lorde.
4- Emancipa: ¿Quién es tu heroína feminista?
Sonia: Sin embargo, mi heroína es Malena Pichot :3.
5- Emancipa: ¿Por qué el futuro debe ser feminista?
Sonia: Porque si no, se va extinguir la humanidad y lo que llamamos planeta sería un escenario post apocalíptico con olor a patriarcado, por otro lado, para que seamos seres libres en igualdad.
7- Emancipa: Da una recomendación para que una feminista puede sobrevivir es un espacio y no morir con los machistas, sexistas, heteronormados, etc. (PD: se puede aplicar fiesta, trabajo, encuentro familiar, etc) Sonia: Lesbianizarse o, en su defecto, usar auriculares.
*La producción de este material estuvo a cargo de Noelia Díaz Esquivel
En el IV Encuentro Regional de Foro Madrid, el presidente Santiago Peña volvió apelar al “enemigo interno”. Un acercamiento al alcance pero también las fronteras de esta retórica en los discursos de la extrema derecha global.
* Por Juliana Quintana
Asunción fue lugar del IV Encuentro Regional de Foro Madrid impulsado por el líder del partido de ultraderecha Vox y el principal referente de las políticas antimigratorias de España, Santiago Abascal. La figurita repetida de la defensa de la “vida, familia y libertad” frente a la “amenaza del marxismo cultural” y “sus diversas máscaras”. Durante el 12 y 13 de junio, más de 45 oradores de 17 países de América Latina, Europa y Estados Unidos pasaron por el escenario del Banco Central del Paraguay.
Quizás muchos hayan visto recortes de los momentos más resaltantes en redes, como cuando el presidente Santiago Peña dijo que Paraguay luchó no solamente contra “adversarios externos”, sino también contra los “bárbaros” que “dentro de nuestras murallas tanto daño nos causaron como sociedad”. O cuando la senadora Lizarella Valiente dijo que “la homosexualidad se puso de moda” gracias a la música y los medios de comunicación. Y acusó a las organizaciones internacionales de estar detrás de una agenda para destruir la familia.
Nada de esto fue accidental. Fueron ideas cuidadosamente articuladas en un guión que repite fórmulas conocidas de la extrema derecha global. Como bien explicó el abogado Jorge Rolón Luna, el discurso del cartismo se aggiorna al modelo reaccionario global al reforzar su compromiso con el autoritarismo pero cae en la trampa de su propio discurso antiglobalista. Por mencionar un ejemplo, el principal motivo de persecución de organizaciones no gubernamentales el año pasado fue el financiamiento externo por la posibilidad de traer consigo ideas que pongan en peligro los valores del “último bastión moral” contra agendas foráneas.
El foro fue, en realidad, una oportunidad para reforzar una estrategia cada vez más familiar: la del enemigo interno. Un discurso que no necesita pruebas. Enunciados como los de Peña o Valiente comparten algo más que un marco ideológico. La idea de Dios, patria y familia como trincheras culturales sirve para consolidar poder simbólico y político. Y para eso, se necesita de un otro al que se pueda acusar.
Ese otro que debe ser combatido ya no es (solamente) el comunismo, ni la “ideología de género”, ahora puede ser una persona trans, una familia migrante, una organización feminista, una artista disidente, un medio independiente. No importa. Porque lo importante es cargar en ellos la responsabilidad de nuestros problemas estructurales.
La moral como espectáculo
La figura del enemigo interno no es nueva. Fue utilizada por las dictaduras del Cono Sur para justificar la represión, y hoy es reciclada por la ultraderecha con otros nombres. Peña lo definió clarísimo, casi como si nos estuviera dando una clase del enemigo interno. Para ellos, existe una lucha moral entre el bien y el mal, entre la belleza y la fealdad, entre la familia y sus detractores. Pero una nueva palabra tomó forma en el discurso de Peña: los wokes, que encontramos más frecuentemente en boca de Javier Milei o Donald Trump.
Como explican en este artículo de Presentes, el término woke, que en inglés significa “despierto”, surgió en las comunidades negras de Estados Unidos como una expresión para describir la conciencia frente a las injusticias sociales, especialmente el racismo. Comenzó a utilizarse en las décadas de 1930 y 1940 en círculos activistas y culturales afroamericanos, pero se popularizó en los años 60 durante el movimiento por los derechos civiles como una forma de mantenerse alerta ante la opresión.
A partir de 2010, el término fue recuperado por el movimiento Black Lives Matter, y el hashtag #StayWoke amplió su sentido: aludía al racismo sistémico pero también a otras formas de desigualdad como el sexismo, la LGBTIodio, la xenofobia y la violencia estatal. En ese contexto, ser woke o estar despierto implicaba un compromiso activo con la justicia social y los derechos humanos.
Sin embargo, en la última década, la ultraderecha global comenzó a usar el significante de forma peyorativa, para desacreditar cualquier discurso progresista o disidente, con la intención de vaciar el término de su carga original de lucha y resistencia. Esta estrategia ya fue utilizada por el cartismo durante las elecciones generales de 2023 y quedó demostrado en el libro Ruido, de La Precisa, que estudió el uso arbitrario del término “discurso de odio” durante la campaña del oficialismo.
Mediante la exacerbación del odio, potenciado por la lógica binaria de las redes sociales y el resurgimiento de lo “políticamente incorrecto”, el movimiento antiwoke se opone a todo lo que desafíe estructuras históricas de poder y desigualdad, como el género. Por eso, cuando un presidente dice que el progresismo es un enemigo, o una senadora acusa a la industria cultural de promover la homosexualidad, están sentando las bases simbólicas para continuar discriminando.
Ya lo hemos visto con la censura de proyectos artísticos disidentes, como el de Tentáculos del Poder, de la artista Ruth Flores; persecución a referentes y desaparición de centros culturales anticartistas, como La Chispa; prohibición de materiales con enfoque de género en la educación desde la Resolución Riera; denuncias contra organizaciones de derechos humanos, como con la promulgación de la Ley garrote; la falta de oportunidades para personas LGBTTIQ+, y la lista continúa.
El imperio broligarca y la emergencia de la womanosphere
La idea de que los ultraconservadores son la “verdadera minoría oprimida” me da un poco de gracia y sencillamente colisiona con la realidad. La táctica se suma a otras como relativizar consensos históricos y capitalizar el odio a las mujeres y diversidades, demonizar la participación política y básicamente antagonizar todo lo que involucre formar comunidad. Esto ocurre, desde ya, con el apoyo de una élite masculina o broligarquía -una estructura mediática, política y empresarial que está al frente de monopolios tecnológicos-.
El capitalismo neoliberal necesita cuerpos explotables para seguir funcionando. Entre los más vulnerables están los pibes que pasaron sus años clave de socialización en el encierro de la pandemia. Se trata de jóvenes precarizados que se sienten profundamente solos y encuentran refugio en las apuestas, Reddit, 4chan y otros foros misóginos de Internet. Así crece la manósfera, un ecosistema masculino dominado por discursos machistas, coaches de masculinidad, y un culto a la jerarquía y la virilidad tradicional.
Simultáneamente, millones de mujeres buscan contención en redes como TikTok, Instagram y YouTube que bombardean un universo de contenido hiperdirigido: “tradwives” o esposas tradicionales, influencers que promueven una feminidad conservadora que incluye maternidad full time, cocina, obediencia y “valores familiares”. A este fenómeno lo llaman “womanosphere”. Aunque en Paraguay no necesitamos un neologismo para hablar de mujeres antifeministas que defienden un único modelo de familia.
El rayo homosexualizador como relato
La senadora Lizarella Valiente dijo: “Los medios de comunicación forman parte de una gran estrategia. El mundo de la moda, la música, todo eso va involucrándose en el consciente colectivo (¿habrá querido decir inconsciente colectivo?) de nuestros niños, jóvenes y es así que vemos que la homosexualidad se puso de moda”. Lo que parece sugerir la senadora -si logramos, junto con ella, alguna vez interpretar lo que dice- es que cree en modelos de comunicación del siglo XX.
Me refiero a la teoría de la aguja hipodérmica (por cierto, refutada hace 85 años) que surgió post Primera Guerra Mundial, y sostiene que los medios masivos de comunicación inyectan sus discursos directamente en la mente del público, generando una reacción inmediata y uniforme, como si todos recibieran la información de la misma manera y sin cuestionarla. Esta idea se desarrolló en un momento en que la mass media despegaba y se empezaba a notar el poder de la propaganda política y la publicidad.
Pero estudios posteriores, como los de Lazarsfeld y Hovland (y luego otras decenas de científicos sociales), demostraron que la recepción de los mensajes mediáticos es mucho más compleja, mediada por factores sociales, psicológicos y contextuales y, por tanto, las personas no reaccionan igual ante un mismo mensaje, sino que interpretan, filtran, aceptan o rechazan según sus experiencias, creencias y entorno social.
Mientras que en una primera etapa, se consideraba que los efectos de los medios de comunicación masiva eran todopoderosos, inmediatos y planificados (finales siglo XIX hasta la década del 1940), en una segunda etapa, se sostuvo que los impactos eran limitados y moderados, de corto plazo y de refuerzo, más que de cambio de conducta o actitud (entre los años 50 y los 70). La tercera etapa –y, para muchos, la última- se basó en el efecto a largo plazo sobre la conducta social y la manera en que afecta a los individuos en su percepción de la realidad y la forma que interactúan con ella (a partir de la década de los 70).
En otras palabras, no porque veamos una película de acción vamos a salir a matar a media humanidad con un brazo de cyborg, ni porque reconozcamos la existencia de categorías analíticas científicamente demostradas, como el género en la educación, vamos a acabar con una superproducción de infancias homosexuales. Cuánta impunidad tiene esta gente para desinformar. De verdad todavía nos quieren hacer creer que uno se vuelve gay por contagio u ósmosis.
Por supuesto que también sé que ni Lizarella ni el resto de su bancada cree una palabra de lo que dice, pero estas teorías conspirativas disfrazadas de convicciones tienen poder porque se ejercen desde el poder y además cuentan con el apoyo de operadores políticos y medios aliados que legitiman prejuicios y violencias, habilitan climas de opinión donde el odio pasa a ser una “expresión de la libertad” y definen cuáles son los temas importan en la agenda.
En El orden del discurso, la clase que dictó en el Collège de France el filósofo e historiador Michel Foucault en 1970, habló de los discursos hegemónicos que sobrevivieron en la historia a través del ejercicio del poder. Según explicó, hay discursos que influyen tanto en la vida de los individuos que son capaces incidir sobre su libertad -como el discurso de la ley- y sobre su salud mental -como el de la medicina o la psiquiatría-. Pero ambos están supeditados a un poder más amplio que es el discurso de la razón y de la modernidad, del cual se desprenden los sucesos históricos.
Foucault fue abiertamente homosexual y estudió, por ejemplo, cómo el poder utilizó las prácticas sexuales consideradas perversas para controlar a comunidades históricamente marginalizadas. Él va a decir que el poder define qué discursos se imponen sobre otros, y es por esto que la subjetividad está configurada por los procesos históricos. Las minorías a las que se refiere -los presos, los enfermos, las disidencias sexuales, los migrantes, los jóvenes y las mujeres- fueron despojadas de la historia.
Está clarísimo que en la síntesis “Dios, patria y familia”, los militantes provida lograron acumular un enorme capital social, pero si estudiamos teorías de la comunicación no basta con exponernos a este eslogan para sumarnos a la ola antiderechos. El efecto es más lento, pero profundo y, en este caso, peligroso porque va, gradualmente, formando lo que el psicólogo social Serge Moscovici denominaba “representaciones sociales”.
Para las feministas, el desafío es doble: comprender los engranajes simbólicos de la ultraderecha y construir relatos alternativos donde la igualdad y la justicia social sean más que consignas. En el mes del orgullo bisexual, marika, torta, travesti, trans, no binarie, cuir, intersex, y a días de uno de los feminicidios más mediatizados del último tiempo, siento que necesitamos disputar sentido.
No hay receta. Pero ahora, más que nunca, creo que no podemos esperar que los discursos discriminatorios se diluyan solos. Si algo nos enseña la historia reciente es que los discursos de odio, cuando no se enfrentan, terminan anquilosándose en el poder y convirtiéndose en política de Estado.
Tras más de una década de lucha, las familias de San Oscar Romero – ex Marina Kué – celebran el inicio de la titulación de sus tierras. un territorio de resistencia, siembra y sueños construidos con esfuerzo colectivo. La historia de una conquista que es de todas y todos.
«Nosotros sabíamos que Marina Kué no era de los Riquelme, que no tenían los títulos de propiedad. Siempre tuvimos la esperanza de que estas tierras serían de las y los campesinos. Nunca dejamos de luchar”, dice Cristina Ozuna, la primera persona en pagar por su título de propiedad en San Oscar Romero, Curuguaty.
«En su momento hubo divisiones, tuvimos miedo por nuestras vidas. Hubo tiempos en que las reuniones las sostuvimos apenas entre cuatro personas. A pesar de todo, la meta siempre fue llegar a la titulación», recuerda la dirigente y secretaria de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué.
Cristina Ozuna, dirigente y secretaria de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué. Fotografía: Leo De Blas.
Cristina, agricultora y ama de casa, pagó por el título de propiedad de un lote de 9 hectáreas ubicado en el corazón de la comunidad. Tiene 39 años y es madre de dos hijas, Yamili y Estrella. La primera, de 19 años, hace unos meses migró a la Argentina en busca de nuevos horizontes, quiere ser policía.
Con la venta de gallinas y cosechando mandioca y sésamo, Cristina logró, a duras penas, que estudie y se reciba de peluquera y maquilladora profesional, pero el rubro no tiene mucha salida en pueblos pequeños del interior del país. Su madre sueña con que Yamili vuelva a su lado, a su tierra.
«No me alegro de que se haya ido, como mamá estoy muy preocupada, pero no puedo todo sola», dice con impotencia Cristina. Está segura de que, de haber tenido un hogar y su propia tierra antes, hubiera podido generar mayores ingresos para que sus hijas accedieran a una mejor educación y a un proyecto de vida en su propio país.
Estrella, de 15 años, todavía no terminó la secundaria, y es uno de los motivos por los cuales no pueden asentarse definitivamente en San Oscar Romero. La escuela del asentamiento, Niños Mártires de Marina Kué, ofrece educación solo hasta la primaria. Esta realidad la obliga a trasladarse sin descanso entre los 35 km que separan a Yvypytá y el asentamiento.
Ninguna de estas dificultades logró hacer que Cristina pierda la certeza de que esas tierras, algún día, pertenecerían oficialmente a las y los campesinos.
En el lote número 4 se asienta, rebosante de dignidad, su casa de madera, levantada con la ayuda de su padre, don Ramón Ozuna, de 79 años, y la solidaridad de sus compañeros. Está ubicada sobre el camino principal del asentamiento. La vivienda de dos dormitorios, una sala y una cocina, se erige bajo la cobija de árboles nativos y frutales. Este hogar es para ella sinónimo de victoria.
Cristina en su casa, ubicada en el lote número 4. Fotografía: Leo De Blas.
«Él siempre luchó —dice Cristina al referirse a su padre—, fue uno de los primeros en entrar, una de las 37 personas que ingresaron en 2012. Siempre luchó en Marina Kué. Hace un año tuvo que volver a Yvypytá, porque tiene problemas respiratorios y acá todavía no hay atención sanitaria, además ya está viejo».
Detrás de la casa, varios metros adentro del monte, está el kokue (chacra). Hasta hace poco, todo lo que cosechaban era para el autoconsumo. Sin embargo, el último año Cristina sembró mandioca, maíz y poroto. Logró cosechar y vender una hectárea de mandioca.
«No fue el mejor precio, pero gané ocho millones. Antes solo era para consumo porque no había camino. Ahora que ya tenemos, puede entrar el camión para transportar la producción», dice con una emoción difícil de ocultar.
Concentración de la tierra
Según datos del Censo Agropecuario Nacional 2022 del Instituto Nacional de Estadística (INE), la estructura de la tenencia de la tierra en Paraguay continúa mostrando una marcada concentración: de las 291.497 fincas agropecuarias registradas, el 55% (160.273 fincas) cuenta con título definitivo, el 29% (84.965 fincas) posee documentos provisorios, y el 22% (64.352 fincas) se encuentra en situación de alquiler, aparcería, ocupación u otras formas de tenencia.
La concentración de la tierra en Paraguay es una de las más altas del mundo, con un índice de Gini (medida estadística empleada para cuantificar la distribución de la riqueza) de 0,93, lo que indica una extremada desigualdad de la propiedad.
Según la organización Base-IS, Horacio Cartes, empresario y expresidente de Paraguay, es considerado uno de los mayores propietarios de tierras del país. Además, durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), aproximadamente 8 millones de hectáreas destinadas a la reforma agraria fueron asignadas irregularmente a aliados del régimen. Estas tierras, conocidas como «malhabidas», siguen en manos de particulares y empresas, sin que se haya logrado una redistribución efectiva según refleja la investigación del medio paraguayo El Surti, que desarrolló una herramienta para identificar a los «Invasores VIP del Paraguay».
Estos datos reflejan una persistente concentración de la tierra, con una distribución desigual que afecta especialmente a pequeños productores y comunidades rurales.
Que hoy Cristina sea propietaria de su propio lote es un paso importante hacia la justicia social y la resolución de conflictos históricos relacionados con la tenencia de la tierra en Paraguay.
Victoria
«Me emocioné, lloré, porque es un logro muy importante. Imaginate, después de 12 años de lucha. Para mí fue una enorme alegría. Como mujer siempre luché, ni un momento abandoné, incluso cuando todos nos decían que no íbamos a ganar, cuando aseguraban que nos vendimos. Ahora llegamos a la conquista de nuestro sueño», relata Cristina.
El 24 de febrero de 2025, fecha en que se conmemora el Día de la Mujer Paraguaya, Cristina entregó un millón de guaraníes, la primera cuota por el título de propiedad del lote número 4. Fue la pionera en materializar la tenencia de tierra propia, además con este acto, honró la lucha de todas las mujeres que nunca dejaron de creer, que al igual que los varones, también tienen derecho a ser propietarias de su tierra y su destino. Cristina ya tiene un lugar donde planificar su presente y su futuro.
Cristina recibió el título de su propiedad el 24 de febrero de 2025, fecha en que se conmemora el Día de la Mujer Paraguaya. Fotografía: Leo De Blas.
Así como ella, hoy ya suman 15 pobladores que realizaron la primera entrega por sus títulos de propiedad. En total, deben invertir G. 17 millones un plazo de 10 años. Para las mujeres el plazo puede extenderse hasta 15 años.
Cristina explica que actualmente más pobladores se están anotando para realizar la primera entrega, pero aguardan juntar cierta cantidad de pagadores para convocar nuevamente a los cobradores del Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT). Los traslados a Curuguaty u otras localidades representan un costo que por el momento no pueden asumir. Hasta ahora, han sido censadas 211 familias, pero se estima que podrían llegar a 250.
El presidente Santiago Peña oficializó la transferencia de las tierras de Marina Kué al Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT) el 25 de octubre de 2024. El presidente del INDERT, Francisco Ruíz Díaz, anunció que en diciembre de 2024 se iniciaría la entrega de los títulos de propiedad a los ocupantes.
Todavía queda un largo camino por recorrer, porque si bien hoy el asentamiento pertenece oficialmente a las y los campesinos, aún falta garantizar el acceso a servicios que les permitan vivir dignamente. Falta mejorar el camino de acceso, como así también un puente de madera maltrecho que se encuentra a mitad del acceso principal. De momento, se está avanzando en la electrificación, con líneas de distribución y conexiones trifásicas que están a punto de ser inauguradas.
Parte del camino que forma parte del acceso principal de San Oscar Romero. Fotografía: Leo De Blas.
«Obras Públicas responde muy poco, hay que insistir mucho para que vengan y se limitan a limpiar, mal que mal, las malezas que crecen a la vera del camino. Cuando el puente necesita reparación, nos encargamos nosotros los pobladores», reclama Cristina.
El acceso al agua también sigue siendo un problema sin resolver. La mayoría de los pobladores tiene pozos, pero no todos pueden costear un motor que permita el uso de agua corriente, a lo que se suma el déficit de energía eléctrica, que muchas veces no da abasto para mantener encendida y funcionando la bomba. Los habitantes indicaron que Itaipú Binacional se comprometió a la construcción de pozos artesianos, pero que esperan los documentos de tenencia de tierra para poder iniciar los trabajos.
Mientras tanto, recibir atención médica resulta todo un desafío. San Oscar Romero cuenta con un pequeño dispensario y medicamentos recibidos en donación por parte de un benefactor. Luis Olmedo —ex preso durante el injusto juicio tras la masacre de Curuguaty— aprendió sobre primeros auxilios durante su reclusión en la cárcel de Tacumbú, pero no es suficiente.
Escuela Niños Mártires de Marina Kué. Fotografía: Leo De Blas.
«Tenemos que salir hasta el Km 21 o llegar a Curuguaty ante casos graves. Sin embargo, siempre hay gente solidaria que nos ayuda, como la enfermera Gladys Vera, que tiene muy buena voluntad», cuenta Cristina.
Asentamiento modelo
San Oscar Romero es una comunidad rural ubicada en el distrito de Curuguaty, en el departamento de Amambay, al noreste del Paraguay, muy cerca de la frontera con Brasil. El territorio forma parte de una zona de transición entre el bosque atlántico y el Chaco húmedo, con una rica biodiversidad y numerosos cursos de agua, como el río Aguara’y Guazú, que cruza la región.
Este territorio, conocido históricamente como Marina Kue, fue escenario de una de las más graves masacres en democracia en el año 2012. Desde entonces, y tras años de lucha por la tierra, la comunidad fue rebautizada por sus pobladores como San Oscar Romero, en honor al obispo salvadoreño canonizado, símbolo de justicia social y defensa de los derechos humanos.
San Oscar Romero es un emblema de organización campesina, gestión territorial sostenible y lucha por la justicia agraria en Paraguay. La consecución del pago de sus lotes, más que un trámite, significó el reconocimiento legal de un derecho largamente postergado. Pero no se quedaron ahí: con el acompañamiento de diversas instancias del Estado, desarrollaron un plan de habilitación territorial que incluye la protección de áreas boscosas, la identificación de fuentes de agua y la delimitación de espacios comunitarios como huertas, viveros y zonas de asamblea.
La comunidad cuenta además con un plano original registrado, que contempla 270 hectáreas como reserva forestal, tal como lo establece una ley nacional específica para Marina Kue. Esta ley también promueve su integración a las fincas como parte de un modelo productivo sostenible.
La Ley N.º 7122/2023, promulgada el 22 de junio de 2023 por el entonces presidente Mario Abdo Benítez, representa un hito en la lucha por la tierra en Paraguay. La ley autoriza una permuta de tierras entre el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES) y el Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT).
En este intercambio, el MADES transfiere al INDERT un inmueble de 1.748 hectáreas, identificado como Finca Nº 30, Padrón Nº 61; a cambio, el INDERT transfiere al MADES un inmueble en Karapa’i, departamento de Amambay, identificado como Matrícula Nº N05/733, Padrón Nº 736, que fue destinado a la creación del Parque Nacional Pájaro Campana.
La comunidad también se embarcó en un ambicioso proyecto de rescate de semillas nativas, recuperando variedades originales traídas del departamento de Itapúa. Estas semillas se distribuyen sin costo como práctica de la economía solidaria, con la meta de conservarlas en las fincas familiares y garantizar su transmisión de generación en generación.
Producción fruto de la agricultura familiar campesina de San Oscar Romero. Fotografía: Leo De Blas.
Desde 2023, se impulsa también una huerta comunitaria basada en técnicas agroecológicas. Esta experiencia busca replicarse en otros sectores del asentamiento, ampliando su alcance y utilidad para más familias.
Pobladoras de San Oscar Romero, preparando el almuerzo para la celebración del día de la tierra. Fotografía: Leo De Blas.
Según explica Óscar Rodas, director de cambio climático de WWF-Paraguay, otro de los recursos con gran potencial es la yerba mate silvestre que crece en la zona y posee un alto valor nutricional. Rodas recomienda que «la comunidad se embarque en el desafío de crear un vivero de alta calidad genética, que podría convertir a la región en un polo de producción de semillas de yerba mate».
Desafíos
«Las mujeres organizadas fuimos las protagonistas de esta lucha por la tierra. Fuimos nosotras quienes pusimos el cuerpo por dos años en la carpa de la resistencia, acompañadas por Margarita Durán, Guillermina Kanonikoff. Hoy queremos seguir fortaleciendo la organización, aprender más y algún día llegar a tener una cooperativa. Anhelamos seguir creciendo para tener una vida digna», cuenta Martina Paredes, dirigente de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué.
Martina Paredes, dirigenta de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué. Fotografía: Leo De Blas.
La organización fue lo que siempre sostuvo a esta comunidad, por eso uno de sus principales desafíos es seguir trabajando y desarrollándose unidas y unidos.
Actualmente, 40 mujeres forman parte de una recién nacida asociación bautizada como Mujeres del Alba. Ya iniciaron los trámites para conseguir la personería jurídica, pero mientras tanto, ya empezaron a trabajar.
Cristina Ozuna compartió con sus compañeras sus conocimientos para la elaboración de productos de limpieza. A partir de ello, iniciaron la producción de suavizante para ropa, detergente y jabón casero. «Ya hicimos dos veces y nos repartimos dos litros cada una», cuenta.
Durante las celebraciones en torno al Día de la Tierra, la fecha más importante para la comunidad, el grupo puso a la venta 100 litros de suavizante y 50 litros de detergente para juntar fondos que les permitan financiar sus viajes hasta Asunción y proseguir con los trámites legales de la asociación. Por otro lado, comenzaron a participar en ferias de productos de la agricultura familiar, como la realizada durante la misa central de Caacupé el 8 de diciembre de 2024.
Parte de la producción de detergentes de las “Mujeres del Alba”. Fotografía: Leo De Blas.
Lo que comenzó como una lucha por la tierra hoy florece como un proyecto colectivo de vida, producción y dignidad. «La tierra nos da el sustento; su protección y conservación son nuestra lucha diaria. Estos valores los transmitimos a las y los niños como pilares de la vida campesina», añade Martina.
Solidaridad
«Piel de gallina, estoy re bien, re contento. La satisfacción más grande de un dirigente es la conquista. Y fue la unidad lo que nos llevó a la conquista: solos no íbamos a poder. Agradezco a toda la gente de buena voluntad, a las organizaciones de la sociedad civil, por su solidaridad. La unión hace la fuerza es un dicho real y por eso esta victoria también la celebramos de forma conjunta. Hoy más que nunca: ‘Vencer y vivir’, como dijo el padre Oliva», expresa Darío Acosta, dirigente de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kue.
Darío Acosta, dirigente de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kue. Fotografía: Leo De Blas.
Don Darío Acosta es otro de los grandes protagonistas de esta historia de dolor transformado en lucha. Fue uno de los que nunca se rindió, entendiendo que la alianza con diferentes sectores era indispensable para conseguir el objetivo: ser los únicos y legítimos dueños de San Óscar Romero.
Con esa estrategia política, hizo todo lo posible por abrir espacios de diálogo con el Estado. Pero también supo administrar la solidaridad de benefactores, respondiendo con responsabilidad y compromiso al apoyo de diferentes organizaciones de la sociedad civil.
El proyecto Voces para la Acción Climática Justa (VAC) acompañó con fondos para que las y los dirigentes de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué puedan movilizarse y hacer gestiones de incidencia.
Emma Timmerman, coordinadora de VAC desde WWF Paraguay, explica que «el apoyo consistió en fondos para la coordinación y logística de viajes de los voceros representantes de la asociación, y su participación en reuniones y mesas de diálogo interinstitucionales e intersectoriales con entidades gubernamentales como INFONA, INDERT, la Escribanía Mayor del Gobierno, la Dirección General de los Registros Públicos, y con otras organizaciones de fines sociales».
Don Darío admite que muchas y muchos campesinos desconocen sus derechos, y en ese sentido el acompañamiento de VAC fue crucial para brindar asesoría técnica para el avance de la regularización de las tierras. Paralelamente, recibieron apoyo para el desarrollo sostenible de sus fincas con técnicos apoyados por VAC, para poder mejorar el rendimiento de sus cultivos.
Vivienda familiar ubicada en San Oscar Romero. Fotografía: Leo De Blas.
La solidaridad de la iglesia, a través de la Pastoral Social y del Comité de Iglesias, también fue fundamental, no solo como soporte espiritual sino también con capacitaciones en oficios.
«En mayo, la CONFEPAR (Conferencia de Religiosos y Religiosas de Paraguay) nos va a apoyar con cursos de peluquería, confitería, corte y confección. Todo esto a través de la hermana Raquel y para el fortalecimiento de la Asociación ‘Mujeres del Alba’. Realmente nos encontramos con mucha gente solidaria, recibimos ayuda de todas partes y gracias a eso pudimos sostener esta pesada lucha, ya van a ser 13 años», culmina diciendo Cristina.
Hoy, donde antes hubo desaliento, brotan frutos de esperanza. Cada semilla cosechada guarda la memoria de la lucha. La tierra, al fin, responde al amor de quienes la cuidaron.
Venía de días confusos, de una adicción a las redes insoportable, de despedidas que no terminaban de terminar, hasta que me acordé que tenía que continuar con esa lectura. Esa que había empezado en un avión, con rumbo a México. Yo iba con toda la expectativa de vivir historias extraordinarias, por eso, cuando empecé con este libro, lo sentí un poco de contramano. ¿Por qué ahora me agarraba una lectura de días pasivos, calmos, sin mucho misterio, solo días comunes, corrientes y luminosos? Obviamente, con todo el subidón de aventuras que fui a vivir, dejé el libro por la mitad.
Pero pasaron los meses, el viaje se asentó, volví a mis cosas diarias, empecé una nueva rutina, acepté el tránsito de mi ciudad, estaba en otra etapa de mi duelo, los días empezaron a parecerse, y las noches eran cada vez más largas, más tediosas, las bromas repetidas, los tragos con sabor a jarabe, y yo necesitaba volver a enamorarme. No de alguien, ni de algo, sino de las experiencias, de lo cotidiano, de lo mundano.
Y ahí Teoría de la gravedad, de Leila Guerreiro, me trajo al centro, al detalle, a lo que sucede mientras todes estamos viendo videos en Instagram. Un encuentro callejero casual, un viaje fugaz, una charla con papá, un café hirviendo, una despedida, un concierto, unas instrucciones para (des)vivir.
Para mí, este libro es una clase magistral de escritura de no ficción. Es tanta la fluidez y el paseo por lo mínimo, que al leerlo una termina con muchísimas ganas de escribir. Leyendo a Leila, por fin pude entender eso que dicen varias talleristas y escritoras: “Es mejor no usar tantos adjetivos, y adjetivar los sustantivos”. Así, en abstracto, a mi mente siempre le costó captar esa expresión, pero leyendo a Leila, lo entendí, lo disfruté y saboreé. Qué habilidad para jugar con el lenguaje y hacerte bailar con las oraciones.
Teoría de la gravedad es un diario de cosas inútiles y mundanas como barrer, amasar pan o construir una relación. Porque ¿de qué sirve barrer todos los días un piso que vas a volver a ensuciar? ¿De qué sirve llegar al volumen exacto de una masa de pan si al final se te va a quemar? ¿De qué sirve construir una relación, si al final vas a pasar los días haciendo cosas para destruirla? Al final, el hacer solo sirve para una cosa: seguir viviendo.
Leila no solo me dio ganas de volver a escribir solo por escribir, sino de seguir experimentando y moviéndome por este teatro público al que llamamos vida. Quizás hoy, más que nunca, nuestro vivir sea una performance constante para mostrar al resto, pero tal vez lo performático esté en otro lugar; en esos pequeños quehaceres o rituales, sencillos y sin sentido, que hacíamos como cuando éramos niñes, cuando sabíamos que nadie nos estaba mirando: jugar a ser algo que nadie te invitó, pensar algo y decir otra cosa, asistir a una ceremonia que va en contra de tus creencias, cambiar de camino cada cierto tiempo, tratar de no pisar una baldosa y caminar en una sola pierna.
Hace unas semanas andaba muy obsesionada con un cover deBelieve hecho por la artista Okay Kaya. Repitiendo una y otra vez las frases de esa icónica canción, pensaba en el coro ¿Crees en la vida después del amor? Creo que es muy difícil desde el duelo pensar que puede existir algo más allá. Pero en el fondo, la respuesta siempre va a ser sí. Yo no solo creo eso, sino que me pasó, y me va a volver a pasar: el amor después del amor. Eso pasó conmigo cuando terminé de leer Teoría de la gravedad, volví a descubrir el amor por lo cotidiano, por lo ínfimo, por lo que damos por hecho, pero en realidad nunca lo está.
Lo que Teoría de la gravedad me ayudó a recuperar fue mi capacidad de asombro, a volver a conectar con la sorpresa, de alguna u otra manera, volver a romantizar la vida, pero ya con la conciencia de que mañana eso puede no estar, de que hay procesos que tengo que transitar sola, de que las amigas me pueden salvar, pero también tengo que salvarme a mí misma.
En su libro Todo lo que se mueve, Valeria Mata dice que los viajes también se componen del tiempo en pausa. “Quizás los momentos de aventura y salida de nosotros mismos necesitan equilibrarse con un largo periodo de reposo, pues de otra forma destruiríamos la ley del ritmo. El reposo también es condición de posibilidad de movimiento”. Esos momentos de reposo, son los que, al final, nos permiten apreciar nuestro entorno, darle un marco, un valor, más aún en estos tiempos tan frenéticos y llenos de horror.
Aferrarse a la belleza de lo mínimo, a la ternura de lo insignificante, es una forma de sostener la vida, de inventar razones y sentidos para habitar este mundo. Me di cuenta de que todavía me queda mucho por decir, por amar, por descubrir. Y como diría Leila: “No era un gran momento. No era un momento especial. Era tan solo un momento. En la estupenda simplicidad de la vida cotidiana. Dije ‘Yo no quiero salir. Quiero quedarme acá’. Era una verdad enorme.”
*Romina Aquino González (@buskndosenti2) es periodista, escritora y collagista. Forma parte de Emancipa Paraguay.
El aire en Hugua Po’i se vuelve espeso cada vez que alguien pronuncia la palabra «desalojo». No es un miedo abstracto, es la memoria, es la alerta constante de que, en cualquier momento, un operativo fiscal vuelva a ingresar a la fuerza, con uniformados armados, con helicóptero sobrevolando sus casas, con niñas y niños llorando y cultivos pisoteados. El último desalojo fue en julio de 2022. Y aunque lograron regresar gracias a una medida cautelar, la amenaza no se fue nunca. Esta semana, volvió a tocar la puerta.
Familias de la comunidad Hugua Po’i fueron desalojadas a principios de julio de 2022, pero pudieron regresar a sus tierras con una medida cautelar.Foto: Diario Última Hora.
Hugua Po’i, comunidad Mbya Guaraní ubicada en el distrito de Raúl Arsenio Oviedo (Caaguazú), volvió a estar en la mira del despojo. El 10 de junio, el Ministerio Público tenía previsto realizar un allanamiento en el territorio. Supuestamente no se trataba de una expulsión, pero la experiencia les enseñó a desconfiar: en Paraguay, las tierras indígenas se quitan por partes, con excusas técnicas, con despliegues policiales, con resoluciones firmadas en oficinas donde nadie escucha a las comunidades.
Esta vez, lograron frenarlo. La presión de organizaciones sociales, defensoras de derechos humanos y comunicadores hizo lo suyo. Una comitiva se plantó frente a la Fiscalía General del Estado en la mañana del lunes 9 de junio, y exigió garantías. En una reunión improvisada, representantes del Ministerio Público se comprometieron verbalmente a suspender el operativo. Pero no hay nada oficial por escrito.
Fotografía: Diego Salazar.
Además en octubre de 2024, la decisión judicial de levantar la medida cautelar que protegía a la comunidad encendió todas las alarmas. Para la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (Codehupy), se trata de un acto arbitrario que expone a más de 50 familias a un nuevo desalojo. Y peor aún, indican que el pedido de levantamiento de la medida fue impulsado por representantes cercanos al Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados y a ex autoridades del INDERT, lo que compromete la imparcialidad del caso.
El crimen de cuidar la tierra
El fiscal Alexis Takahashi alegó que el procedimiento se daba por una supuesta denuncia ambiental. La misma narrativa repetida una y otra vez: responsabilizar a quienes cuidan la tierra, mientras los desmontes arrasan con los territorios frente a sus ojos.
«Nos acusan a nosotros de delitos ambientales, pero ya no quedan ni pájaros por la tala que hacen frente a nuestra comunidad», reclamó Mario Rivarola, vocero de la Articulación Nacional Indígena por una Vida Digna (ANIVID).
Lo cierto es que no es la primera causa penal que enfrenta Hugua Po’i. Ni la segunda. Es la tercera. Y todas comparten un patrón: criminalizar la vida en comunidad y desgastar emocionalmente a sus integrantes.
La comunidad cuenta con dictámenes técnicos, estudios antropológicos, medidas, pero aún así, deben defender lo obvio: que esa tierra es suya. Que es ancestral. Que no la compraron, porque la habitan desde antes de que existiera el Estado paraguayo.
Las empresas, el negocio y el Estado ausente
Desde hace años, esta comunidad reclama al Estado la titulación de unas 1.000 hectáreas que consideran suyas por derecho ancestral. Mientras tanto, empresas agroganaderas como Tres Palmas hacen presión desde los tribunales para apropiarse de esas tierras.
«Producimos sin destruir. Cuidamos nuestros árboles. Respetamos la tierra. Pero alrededor nuestro todo es fumigación y tala. Y nadie investiga eso», sostuvo Manuel Ramos, uno de los líderes de la comunidad.
Ni el Ministerio Público ni el Instituto Nacional del Indígena (INDI) han cumplido plenamente con su rol de garantizar la protección de esta comunidad. Tampoco el Poder Judicial ni la Policía Nacional. La Constitución Nacional es clara: ninguna comunidad indígena puede ser desalojada sin su consentimiento.
Fotografía: Diego Salazar.
Lo que Hugua Po’i exige
La comunidad no pide privilegios. Solo quiere vivir en paz, en su territorio. Exige que se cumpla la Constitución y se respeten los tratados internacionales que garantizan el derecho a la tierra, al territorio y a una vida digna.
Sus pedidos puntuales son:
Al Ministerio Público: suspensión inmediata del procedimiento y auditoría del caso.
Al Poder Judicial: revisión de las medidas arbitrarias y garantía del debido proceso.
Al INDI: celeridad en la titulación de tierras y entrega de informes.
Al Ministerio del Interior y la Policía Nacional: que no usen la fuerza, y prioricen el diálogo.
Hugua Po’i no quiere más violencia. Quiere sembrar, criar, respirar, cuidar su monte y vivir con dignidad.