QUIZ FEMINISTA: REGI RIVAS

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Fotografía: gentileza.

 

Regi Rivas es dibujante e ilustradora. En 2025 lanzó su libro “Me senté en mi banquito y me puse a llorar”, una obra tan honesta como conmovedora. Desde la tristeza hasta el desamor, pasando por la ternura, el deseo y el feminismo, sus dibujos son una forma de decir lo que a veces no se puede poner en palabras. Su arte es refugio, grito, caricia y rebelión. Es referente de una generación de mujeres que dibujan sin pedir permiso, su arte es una forma de resistir con belleza. Forma parte de la iniciativa Club de Artistas Frustradas y de  Colectiva Robusta. Regi es cruda, honesta y profundamente humana.

Ahora conozcamos las respuestas de Regi a nuestro Quiz Feminista 2.5

 

1-Emancipa:¿Cuándo conociste la palabra feminista?

Regi: Creo que a mis 20 recién, tal vez en la adolescencia pero el recuerdo es muy vago. Cómo muchas mujeres de mi generación el feminismo nos llegó un poco tarde.

 

2- Emancipa: ¿Cuál es el texto que todo o toda feminista debe leer?

Regi: A mujeres vivas, siempre. Ya sea hablen de amor, de feminismo, dolor, muerte, etc. Creo que es importante darle fuerza a esas voces contemporáneas que nos están hablando de lo que está pasando en el mundo. A lo largo de la historia se silenció a tantas mujeres que ya no podemos seguir permitiendo lo mismo. Así que: a elegir bien!

 

Obra propiedad de Regi Rivas.

 

3- Emancipa: ¿Quién es la autora que deberían leer los chicos y chicas en la escuela?

Regi: Selva Almada.

 

 

4- Emancipa:  ¿Quién es tu heroína feminista?

Regi: Judith Buttler

 

 

5- Emancipa:  ¿Por qué el futuro debe ser feminista?

Regi: Porque creo que es el camino de la lucha y justicia social y por la igualdad de género. Creo que ahí está la cuestión, nuestra verdadera liberación del patriarcado y sus infinitos mandatos.

 

 

7- Emancipa: ¿Nos darías una recomendación para que una feminista pueda sobrevivir es un espacio y no morir con los  machistas, sexistas, heteronormados, etc.? (PD: se puede aplicar fiesta, trabajo, encuentro familiar, etc) 

Regi: Dejar de callarse podría ser. Creo que eso ayudaría a sobrevivir porque nos reivindica en nuestras luchas y deseos. En todos los ámbitos tenemos a hombres, y a veces también mujeres, diciéndonos qué hacer o qué y en vez de estar asintiendo hay que empezar a hacer escuchar nuestras voces, que sepan que no nos callamos más, ante lo chico, ante lo grande, ante lo inmenso. 

 

 

*La producción de este material estuvo a cargo de Noelia Díaz Esquivel


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Juicio contra Carlos Granada: «No me animaba a hablar porque pensé que estaba sola»

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Este lunes declaró la segunda sobreviviente en el juicio contra Carlos Granada. Con valentía, relató cómo fue sometida sistemáticamente a acoso y coacción sexual mientras él ocupaba el cargo de gerente de prensa del Grupo Albavisión. Durante meses soportó en silencio por miedo y porque no sabía que otras compañeras también eran víctimas. Hasta que se animaron a hablar. A romper el silencio juntas.

 

Las fiscales Luz Guerrero, Claudia Aguilera y Natalia Silva explicaron que esta etapa del juicio será extensa: cada una de las seis denunciantes necesita su tiempo para contar lo vivido. Es clave para que el tribunal —presidido por Laura Ocampo e integrado por Cándida Fleitas y Juan Pablo Mendoza— tenga todos los elementos para impartir justicia.

 

La Fiscalía explicó que Granda, al estar imputado por tres tipos penales —acoso, coacción y coacción sexual—, la expectativa de pena podría llegar hasta 15 años de cárcel. Sin embargo, esa solicitud se formalizará recién en las últimas audiencias del juicio oral. Las agentes fiscales expresaron su deseo de que el veredicto pueda acercar un poco de justicia y reparación a las denunciantes, en nombre de todas las mujeres que también sobrevivieron a situaciones similares.

 

📅 El juicio continúa el jueves 5 de junio con el testimonio de la tercera víctima.

¡Las periodistas ya no se callan!

 

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*Este material forma parte de la serie Las periodistas ya no se callan, impulsado por la Red de Mujeres Periodistas y Comunicadoras en alianza con Revista Emancipa Paraguay.


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No fue solo una tragedia. Fue feminicidio. Y fue el patriarcado

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    * Por Montserrat Valladares

Lo que parecería la escena de una película de terror -secuestro, tentativa de aborto forzado, asesinato, quema y entierro del cuerpo frente a la casa del victimario- no es una ficción. Es Paraguay. Es 2025. Es otro capítulo de la serie “Paraguay, último bastión moral de Sudamérica”, donde la violencia estructural contra las mujeres y niñas se expresa con saña, y el Estado se mantiene en silencio o actúa como cómplice.

El feminicidio de María Fernanda, adolescente de 17 años, no es un hecho aislado. Es la consecuencia directa de una sociedad moldeada por la misoginia, donde los cuerpos de las mujeres son territorios de control, castigo y disputa. En este país, el aborto es más escandaloso que un asesinato.

En este país, se persigue a la propietaria de una farmacia por la venta de una pastilla anticonceptiva de emergencia, pero no se investiga con la misma urgencia a quienes secuestran, violentan y matan a una adolescente.

Los medios no tardaron en llenar portadas con este caso. Pero lejos de aportar una mirada crítica, la mayoría eligió el camino del morbo, del escándalo y del detalle escabroso, como si el horror fuera un espectáculo para consumir. Se compartieron capturas de chats, fotos, nombres, suposiciones y partes de la autopsia sin ningún enfoque ético ni perspectiva de género. Se priorizó la violencia mediática por sobre la justicia y la dignidad de María Fernanda.

Una vez más, los cuerpos de las mujeres, aún en la muerte, son expuestos, juzgados y mercantilizados para alimentar una narrativa que no interpela al sistema, sino que lo reafirma.

¿Dónde está la crítica al Estado que sigue sin políticas públicas integrales de prevención de la violencia basada en género? ¿Dónde está la protección real a niñas y adolescentes que viven en riesgo cotidiano? Mientras tanto, se estima que más de 30.000 abortos ocurren cada año en Paraguay, según una investigación realizada por el Centro Paraguayo de Estudios de Población (CEPEP), y ocurren en silencio, en la clandestinidad, lejos del acceso a derechos y cerca del peligro. Pero eso no conmueve. Lo que escandaliza es si alguien vendió o no una pastilla.

La maquinaria mediática y judicial se mueve rápido para criminalizar a las mujeres, para montar una nueva cacería de brujas donde el aborto, real o imaginado, es la excusa perfecta para desatar una persecución moral. ¿Por qué es más fácil hablar de una supuesta amiga o de un fármaco que nombrar la estructura de violencia machista que permitió este crimen?

Y mientras se repudia públicamente este hecho, una parte de la sociedad responde con la misma violencia que dice condenar. Lo vemos en los discursos de odio, en la necesidad de castigar con crueldad, de exhibir nombres, rostros y cuerpos como si el dolor ajeno fuera un espectáculo. Es la lógica del escarmiento, no de la justicia.

Esta violencia es síntoma de una sociedad que, incapaz de mirar su propia complicidad con el sistema patriarcal, reproduce el horror bajo nuevas formas. La venganza no es justicia. El odio no repara. Y seguir culpando a las mujeres no salva vidas.

María Fernanda fue asesinada por un sistema que sigue naturalizando el control, el castigo y la muerte sobre los cuerpos de las mujeres y niñas.

Honrar su memoria es exigir políticas públicas reales de prevención, educación sexual integral, acceso a derechos reproductivos y justicia feminista. Porque el verdadero crimen es seguir viviendo en un país donde el horror se repite y se tolera en silencio.


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Una red juvenil que late en el corazón del Chaco

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*Redacción: FortaleSer (Fortaleza del Ser)

 

En el amplio y desafiante paisaje del Chaco paraguayo, donde el sol brilla con intensidad y la vida cotidiana exige creatividad y esfuerzo, un grupo de adolescentes y jóvenes decidió sembrar algo diferente: esperanza, compromiso y comunidad. Así nació la Red Juvenil del Chaco, un espacio impulsado por y para jóvenes indígenas y latinos del departamento de Boquerón, que sueñan con transformar su entorno y, al mismo tiempo, construir nuevas respuestas frente al cambio climático desde sus propios territorios.

 

Todo comenzó con una pregunta sencilla pero poderosa: ¿Para qué queremos estar juntos en esta Red? Las respuestas surgieron rápidamente. Querían unirse para enfrentar las realidades que viven día a día: la falta de conocimiento y acción para una gestión eficaz del agua, la ausencia de prácticas adecuadas para el manejo de residuos, y la necesidad de plantar y proteger los árboles en sus comunidades. Pero también los movía el deseo de compartir, aprender, hacer nuevas amistades y animarse a liderar proyectos que transformen su entorno.

 

 

Fotografía: gentileza.

 

Durante los encuentros presenciales, muchos de ellos viajaron largas distancias, dejando sus casas, sus estudios, sus obligaciones. Entre dinámicas, caminatas, debates, visitas a lugares históricos y risas, fueron construyendo una identidad colectiva. Pensaron un nombre, diseñaron un logo, planificaron actividades en escuelas, radios y plazas. Decidieron hablarles a sus comunidades desde su propia voz.

 

Fotografía: gentileza.

 

Pero lo más valioso no fue lo que se planificó en papel, sino lo que se encendió en sus corazones. En cada encuentro, los jóvenes se miraron con más fuerza, con más orgullo. Descubrieron que tienen mucho para decir, mucho para aportar. Que pueden liderar, organizar, proponer y sostener. Que no están solos.

 

Hoy la Red Juvenil del Chaco sigue creciendo con la convicción de que las transformaciones más profundas comienzan en comunidad. Con cada acción, demuestran que el liderazgo juvenil no es un futuro prometido, sino un presente que se construye con valentía, creatividad y raíces profundas.

 

*𝘌𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘢𝘵𝘦𝘳𝘪𝘢𝘭 𝘧𝘶𝘦 𝘱𝘳𝘰𝘥𝘶𝘤𝘪𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘮𝘢𝘳𝘤𝘰 𝘥𝘦𝘭 proyecto 𝘝𝘰𝘤𝘦𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘈𝘤𝘤𝘪ó𝘯 𝘊𝘭𝘪𝘮á𝘵𝘪𝘤𝘢 𝘑𝘶𝘴𝘵𝘢 (𝘝𝘈𝘊), 𝘪𝘮𝘱𝘭𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘗𝘢𝘳𝘢𝘨𝘶𝘢𝘺 𝘱𝘰𝘳 𝘞𝘞𝘍-𝘗𝘢𝘳𝘢𝘨𝘶𝘢𝘺 𝘺 𝘍𝘶𝘯𝘥𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘈𝘷𝘪𝘯𝘢.⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣


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Es cultural como el tereré: La burla de un senador que normaliza la esclavitud infantil 

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*Por Clemen Bareiro Gaona

Escribo desde la rabia, la indignación y el dolor, porque después de escuchar al senador Gustavo Leite argumentando en contra de la penalización del criadazgo en Paraguay, estos sentimientos son lo único que queda. Lo otro sería matarlo, como dice Espido Freiré(1). Hay muchas formas de hacerlo. Puede ser con un arma, con veneno o fingir un accidente, sin embargo, la más efectiva, dice Freire, es el olvido… pero discrepo en este punto porque no quiero que olvidemos a este personaje, no quiero que lo asesinemos.

Me gustaría que lo condenemos, que lo castiguemos, por ejemplo, no votándole, demostrándole que somos un pueblo digno, un pueblo que defiende a sus niñas y niños. Una sociedad que se indigna cada vez que aparece en las noticias un hecho de violencia hacia ellas y ellos.

Una de mis primeras experiencias laborales fue realizar encuestas para  una investigación del Centro de Documentación y Estudios (CDE) sobre criadazgo. Fui a escuelas, a hablar con estas niñas (también hablé con niños pero en su mayoría son niñas las preferidas para cumplir con la función de criadas).

Para comprender por qué madres y padres entregan a sus hijas e hijos, tenemos que tener en cuenta la realidad del país profundamente desigual. En términos educativos el Paraguay ocupa el lugar 80 de 81 a nivel mundial, según el informe Pisa (2).

A estas familias se les promete educación y cuidado familiar para sus hijas a cambio de trabajo doméstico (este acuerdo no siempre es explícito). Nada más lejano de la realidad, no faltará quien me diga que en su familia se le trataba como una más, puede ser que hayan existido esos casos pero son los menos.

No fue el caso de mi amiga Ana (3), por ejemplo, quien tenía 9 años, cuando a sus padres, como a muchos, les prometieron una casa cómoda, con amor de familia y educación en la ciudad, a cambio que ella viniera a cuidar al único hijo pequeño de la pareja. El niño tendría unos dos o tres años.

Ana, impulsada por sus padres, dejó su casita, los pocos juguetes que tenía y viajó hasta la ciudad creyendo que dormiría mejor, comería mejor y que cambiaría a sus hermanos mayores, por uno pequeño, eso era lo que le habían dicho.

Cuando llegó a la casa empezaron las obligaciones; la señora la maltrataba. Ana sufría. Un día llegó su hermana mayor a visitarla, tendría unos 12 o 13 años, y mientras estaba en la habitación que a Ana le tocaba compartir con el niño, escuchó como la patrona estaba maltratando a la pequeña. La hermana mayor no dudó, en ese mismo instante salió del cuarto y la llevó de regreso a su casa. Ese día le salvó la vida. Eso me dijo Ana.

Hoy, Ana probablemente sea una de las personas más geniales, generosas e inteligentes que conocí en mi vida. Ella tuvo suerte.

Por historias como las de Ana u otras que no se pudieron contar, es que escuchar en mayo de 2025 a un senador de la República decir con total liviandad que penalizar el criadazgo sería “antinatural en Paraguay” y que además es “algo cultural como el tereré”, es una ofensa, una afrenta, una manera de perpetuar la violencia, la discriminación y la exclusión de miles de niñas en nuestro país.

Probablemente Leite quiera “lo mejor” para los suyos, pero esos deseos le nacen desde la comodidad de una casa en la que le sirven de todo, a diferencia de los padres y madres que lo que quieren es que sus hijas e hijos tengan techo, comida y educación dignas. Eso es lo que este Estado debería garantizar.

 

1. Espido Freire escritora española, se hace referencia al inicio de su obra Melocotones Helados.

2. El informe Pisa es un estudio internacional que evalúa el rendimiento de estudiantes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias.

3. Nombre ficticio para proteger la identidad de la persona.


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