¿Qué pasa cuando educadorxs en sexualidad se juntan?

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Escribo esta nota de prensa porque cuando una gran amiga, integrante de la Alianza ESI Latam, me contó sobre el Laboratorio, no dudé un segundo en decirle que quería participar.  Me inspiró ver a un grupo de viejas berracas -como le decimos en Colombia a las personas con temple firme- educadoras en sexualidad trabajando a través de zoom, intentando mediar las diferencias de horario, compartiendo sus experiencias y ofreciendo su corazón, como diría Mercedes, por una causa: que todas las personas tengamos autonomía plena sobre nuestros cuerpos y proyectos de vida. Eso es la ESI, la posibilidad de una humanidad que nos duela menos y nos libere más.

 

Créditos: Alianza ESI LATAM

Estas educadoras han trabajado en Urabá, Barú, Tierrabomba, Cartagena, Soacha, Bogotá, Medellín y Cali en Colombia. En la periferia de Montevideo y Canelones en Uruguay. En Buenos Aires y Villa Martelli en Argentina. En Comaltepec, Zacapoaxtla, Puebla y Morelos en México. En Ayacucho y Urubamba en Perú. Son mujeres que conocen las necesidades urgentes de sus estudiantes y que, con amor y mucho estudio, decidieron entregarles las herramientas necesarias para la vida en sus salones de clase. Todas son egresadas de los programas de Educación de Enseña por Colombia, México, Perú, Uruguay y Argentina, y son miembros de la red Teach For All. 

 

Son mujeres que han visto cómo sus estudiantes faltan a la escuela por dificultades para gestionar y cuidar de su ciclo menstrual o que tuvieron que renunciar a su proceso educativo por una maternidad que les interrumpió la adolescencia. Esta nota de prensa es solo un poquito de la esperanza en la humanidad que sentí al verlas construir en colectivo, con los retos que trae, pero sopesando las dificultades para posicionar una agenda urgente cuando el contexto apremia.

América Latina vive una coyuntura de tensiones

Aunque se ha gestado un movimiento social admirable en defensa de los Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos, también enfrentamos un retroceso en términos de igualdad, impulsado por discursos antiderechos y el avance de las nuevas derechas. No es menor, por ejemplo, que en países como Argentina, se difunda una narrativa desinformada sobre la ESI para fines políticos: según el último informe de El Barómetro, en redes sociales circula y se reproduce la idea de que la ESI “adoctrina a las infancias” y promueve la perversión en niños y niñas. Narrativa que, además de ser una afirmación falsa y anticientífica, se distribuye a través de los canales oficiales del gobierno y sus representantes. Es decir, las narrativas antiderechos permean los gobiernos y el desarrollo de políticas públicasen detrimento de toda la población. Educar en ESI a niños, niñas y adolescentes es procurar por experiencias de vida más felices, autónomas y libres de violencia. 

 

Es por eso que este es el momento para organizarse y resistir desde la educación, y la ESI representa una herramienta pedagógica esencial para el cuidado de niños, niñas y adolescencias, así como para el fortalecimiento de la autoestima y la autonomía de todas las personas. La Alianza ESI Latam convocó desde la colectividad, no solo para dignificar el rol educativo, sino para activar a otros sectores en la defensa integral por estos derechos que están bajo amenaza. 

 

Según la ONU, se estima que en la región cada 20 segundos una adolescente se convierte en madre. Una adolescente que, con educación sexual integral y con voluntad política de los Estados, pudo haber disfrutado de su adolescencia: estudiar, jugar, ser feliz y sobre todo, ser dueña de su proyecto de vida. En este contexto, posicionar la ESI como un derecho humano urgente es una tarea que atraviesa los gobiernos, el activismo y los espacios educativos.  

Las verdaderas pedagogas re-educativas

Crédito: Alianza ESI LATAM

Se juntaron 9 organizaciones, que integran por la Alianza ESI Latam, para convocar a un Laboratorio de 4 días en Bogotá. Y en su primer versión se atrevieron a sacar una convocatoria regional: más de 60 personas se inscribieron, pagaron hostal, atravesaron la cordillera y llegaron acá, a una ciudad cerca a las estrellas para soñar, compartir, conspirar, dolernos en colectivo y sobre todo, pensar en lo que vendrá. 

 

El Laboratorio ESI Latam es un espacio presencial, creado para construir intercambios entre educadorxs y personas de sectores aliados como salud, justicia y derechos humanos. Su propósito es reflexionar, aprender y conspirar colectivamente para posicionar la ESI en el centro de la garantía de los Derechos Sexuales y Reproductivos en América Latina.

 

La agenda abarcó la dimensión política de la ESI, la social y comunitaria – relación de la ESI con la construcción de paz, identitaria e interseccional y metodológica con herramientas pedagógicas transformadoras. 4 días de profundizar en cómo la educación de calidad es con ESI. 

 

A la Alianza le interesa trabajar reconociendo los aciertos y aprendiendo de los retos que  hay para superarlos. Abriendo el espacio para que otras personas traigan conocimientos y saberes que alimenten la construcción colectiva y la alegre rebeldía de no perder la esperanza, de seguir luchando por los derechos que ganamos y las victorias que vendrán. 

 

Es así como consolidaremos una comunidad de aprendizaje capaz de responder a contextos sociales y políticos adversos. El Laboratorio está dirigido principalmente educadorxs, pero también a profesionales y activistas de sectores aliados comprometidos con el cuidado de niños, niñas y adolescencias, la educación transformadora y la justicia social. Este es un movimiento regional en defensa de la equidad, la autonomía y los derechos de niños, niñas y adolescencias.

 

Este es el primero de muchos espacios, espero yo, que les recomiendo no perderse. Este ha sido un año de convulsiones y seguro muchas personas pensaron que ya no hay nada por hacer. Con convicción les digo, hay todo por hacer. No estamos solxs, somos una Alianza. 

 

Por la autonomía de nuestros cuerpos, sexualidades y territorio. ¡Unámonos! 

 


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Monitoreo: LIBERTAD DE PRENSA Y DE EXPRESION EN PARAGUAY

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La Red de Mujeres Periodistas y Comunicadoras del Paraguay presenta la segunda edición de su monitoreo sobre libertad de expresión y violencia digital de género, que abarca el periodo de diciembre de 2023 a diciembre de 2024. Este informe registra y analiza los ataques dirigidos a periodistas y comunicadoras en el contexto de la creación y funcionamiento de la Comisión Bicameral de Investigación (CBI), impulsada por legisladores de la ANR para investigar supuestos hechos de corrupción en organizaciones de la sociedad civil. Entre los principales hallazgos se documentan casos de filtración de datos privados, campañas de desprestigio, hostigamiento digital y discursos estigmatizantes que afectaron a al menos 20 periodistas, de los cuales 14 son mujeres.

El objetivo de este monitoreo es visibilizar estas prácticas de persecución y violencia política, aportar evidencia para la memoria colectiva y contar con un registro detallado de lo ocurrido. Este informe también busca llamar la atención sobre los riesgos de criminalización de la labor periodística y de defensa de derechos humanos desde espacios estatales. La primera edición de este monitoreo fue publicada en mayo de 2024, marcando un precedente en la documentación de estos ataques que siguen poniendo en riesgo la libertad de prensa y la democracia.

*Este material forma parte de la campaña Las periodistas ya no se callan, impulsado por la Red de Mujeres Periodistas y Comunicadoras en alianza con Revista Emancipa Paraguay.

JUNIO 2024 (2)


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Juicio contra Carlos Granada: “Que la vergüenza cambie de bando”

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A tres años de las denuncias, el juicio oral y público por acoso y coacción sexual contra el periodista Carlos Granada, sigue su curso. Este martes 24 de junio, en una sala del Palacio de Justicia de Asunción, declaró una de las testigos clave: Angie Prieto, comunicadora y exfuncionaria del Grupo Albavisión, quien relató con detalle el patrón sistemático de acoso que vivió y presenció durante años.

 

El juicio oral contra Carlos Granada, exgerente de prensa del Grupo Albavisión, prosiguió este martes 24 de junio en la sala de juicios orales número 10 del sexto piso, torre norte, del Palacio de Justicia.

 

La jornada comenzó a las 7:50 de la mañana. Comparecieron las fiscales, los abogados de la querella y la defensa, y los tres miembros del Tribunal de Sentencia. Las testigos convocadas, Angie Prieto y Yolanda Castillo, ingresaron por la parte trasera de la sala, a la espera de ser llamadas.

 

Carlos Granada, acusado por coacción sexual, coacción y acoso sexual. Fotografía: Mónica Bareiro.

 

“Hoy hablé por muchas”

 

La primera en declarar fue Angie Prieto, quien compareció como testigo. Aunque su denuncia no forma parte de la causa actual —por no haber sido presentada dentro del plazo legal—, su testimonio fue uno de los más significativos hasta el momento.

 

Prieto también fue víctima de acoso sexual por parte de Granada durante su paso por el canal, pero en su momento no pudo hablar. «Por miedo, por vergüenza, por creer que estaba sola», explicó durante su declaración. Su relato se sumó al de las seis denunciantes cuyos casos fueron admitidos formalmente por el Ministerio Público.

 

«Pude nombrar lo que me pasó. Estar ahí me puso nerviosa, fue duro volver a esos momentos, pero lo hice por mí y por muchas otras que siguen esperando justicia», dijo visiblemente afectada al finalizar su testimonio.

 

Angie Prieto. Fotografía: Noelia Díaz Esquivel.

 

Un patrón sistemático de abuso

 

El relato de Angie coincide con el de otras víctimas: Granada convocaba a las trabajadoras a su oficina —un espacio cerrado, sin ventanas, alejado del movimiento habitual del canal— con el pretexto de evaluar su desempeño. Luego venían los comentarios sobre su imagen, sugerencias para «verse más sexys», insinuaciones, preguntas personales.

 

Según los testimonios, las conversaciones se extendían por más de media hora, y progresivamente escalaban hacia conductas físicas no consentidas, desde roces hasta manoseos. Muchas periodistas confesaron haber sentido pánico cada vez que sonaba el teléfono de la sala de prensa.

 

Complicidades dentro del canal

 

La segunda testigo de la jornada fue Yolanda Castillo, productora que trabajó durante años bajo la jefatura de Granada. Su testimonio fue solicitado por el vínculo directo con el acusado.

 

En diversas declaraciones de las víctimas, tanto ella como otra productora, Raquel Rojas, fueron mencionadas como presuntas facilitadoras del esquema de acoso dentro del canal, acercando a jóvenes periodistas al entorno del entonces gerente. Si bien no están procesadas, sus nombres aparecen recurrentemente en la causa.

 

De la acusación al juicio: un proceso lento

 

Carlos Granada fue acusado en agosto de 2022 por los delitos de acoso sexual, coacción y coacción sexual, tras denuncias presentadas por seis trabajadoras del canal. En agosto de 2023, la causa fue elevada a juicio oral.

 

Tras varias chicanas judiciales, el juicio se instaló finalmente en abril de 2025. Sin embargo, volvió a suspenderse ese mismo día luego de que la defensa recusara a la jueza Sonia Villalba, recién integrada al tribunal. Finalmente, el juicio se reanudó el pasado 5 de mayo y desde entonces avanza, aunque de manera lenta. Ya declararon las seis víctimas, y actualmente se desarrolla la etapa de testigos, tanto de la Fiscalía como de la defensa. El proceso continúa este miércoles 25 de junio.

 

La Fiscalía sostiene en su acusación que Granada abusó de su poder jerárquico para vulnerar la autonomía sexual de sus subordinadas, aprovechando su posición como gerente general del grupo multimedios.

 

El Ministerio Público espera que el juicio avance sin nuevas interrupciones y que se logre una condena que marque precedentes en la justicia paraguaya.

 

Justicia, reparación y no repetición

 

Las sobrevivientes, acompañadas por la Red de Mujeres Periodistas del Paraguay (RMPCPy) y el Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP), insisten en que el proceso debe garantizar justicia real, reparación y garantías de no repetición.

 

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*Este material forma parte de la campaña Las periodistas ya no se callan, impulsado por la Red de Mujeres Periodistas y Comunicadoras en alianza con Revista Emancipa Paraguay.


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QUIZ FEMINISTA: SONIA MOURA

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Sonia Moura es licenciada en cinematografía, actriz, comunicadora y gestora cultural en La Serafina. Pero más que eso, es una de esas almas rebeldes que usa el arte para patear el tablero de lo establecido. Su trabajo está atravesado por la defensa de los derechos LGBTIQ+ y el humor como herramienta de resistencia (¡qué haríamos sin sus videos parodiando a Lizzarela!).

 

Dirigió cortos como Lucía/o, El Búnker y El Rayo, además de la delirante y necesaria serie de sketches Lesbiatán. Desde el activismo artístico y las redes, Sonia nos hace reír, pensar, y a veces llorar… de risa o de bronca. Feminista de la risa urgente y la crítica filosa, es imposible no quererla.

 

 

Ahora conozcamos las respuestas de Sonia a nuestro Quiz Feminista 2.5.

 

1-Emancipa:¿Cuándo conociste la palabra feminista?
Sonia: No me acuerdo, creo que fue hablando con una amiga feminista. 


2- Emancipa: ¿Cuál es el texto que todo o toda feminista debe leer?

Sonia: La insumisa de Cristina Peri Rossi

 

 

3- Emancipa: ¿Quién es la autora que deberían leer los chicos y chicas en la escuela?

Sonia: Ay no sé, depende de la edad supongo, yo los pondría a dibujar los poemas de Audre Lorde. 

 

 

4- Emancipa:  ¿Quién es tu heroína feminista?

Sonia: Sin embargo, mi heroína es Malena Pichot :3.

 

 

5- Emancipa:  ¿Por qué el futuro debe ser feminista?

Sonia: Porque si no, se va extinguir la humanidad y lo que llamamos planeta sería un escenario post apocalíptico con olor a patriarcado, por otro lado, para que seamos seres libres en igualdad. 


7- Emancipa: Da una recomendación para que una feminista puede sobrevivir es un espacio y no morir con los  machistas, sexistas, heteronormados, etc. (PD: se puede aplicar fiesta, trabajo, encuentro familiar, etc)
Sonia: Lesbianizarse o, en su defecto, usar auriculares. 

 

*La producción de este material estuvo a cargo de Noelia Díaz Esquivel

 


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El enemigo era un beso homosexual

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En el IV Encuentro Regional de Foro Madrid, el presidente Santiago Peña volvió apelar al “enemigo interno”. Un acercamiento al alcance pero también las fronteras de esta retórica en los discursos de la extrema derecha global.

 

* Por Juliana Quintana

 

Asunción fue lugar del IV Encuentro Regional de Foro Madrid impulsado por el líder del partido de ultraderecha Vox y el principal referente de las políticas antimigratorias de España, Santiago Abascal. La figurita repetida de la defensa de la “vida, familia y libertad” frente a la “amenaza del marxismo cultural” y “sus diversas máscaras”. Durante el 12 y 13 de junio, más de 45 oradores de 17 países de América Latina, Europa y Estados Unidos pasaron por el escenario del Banco Central del Paraguay. 

 

Quizás muchos hayan visto recortes de los momentos más resaltantes en redes, como cuando el presidente Santiago Peña dijo que Paraguay luchó no solamente contra “adversarios externos”, sino también contra los “bárbaros” que “dentro de nuestras murallas  tanto daño nos causaron como sociedad”. O cuando la senadora Lizarella Valiente dijo que “la homosexualidad se puso de moda” gracias a la música y los medios de comunicación. Y acusó a las organizaciones internacionales de estar detrás de una agenda para destruir la familia. 

 

Nada de esto fue accidental. Fueron ideas cuidadosamente articuladas en un guión que repite fórmulas conocidas de la extrema derecha global. Como bien explicó el abogado Jorge Rolón Luna, el discurso del cartismo se aggiorna al modelo reaccionario global al reforzar su compromiso con el autoritarismo pero cae en la trampa de su propio discurso antiglobalista. Por mencionar un ejemplo, el principal motivo de persecución de organizaciones no gubernamentales el año pasado fue el financiamiento externo por la posibilidad de traer consigo ideas que pongan en peligro los valores del “último bastión moral” contra agendas foráneas. 

 

El foro fue, en realidad, una oportunidad para reforzar una estrategia cada vez más familiar: la del enemigo interno. Un discurso que no necesita pruebas. Enunciados como los de Peña o Valiente comparten algo más que un marco ideológico. La idea de Dios, patria y familia como trincheras culturales sirve para consolidar poder simbólico y político. Y para eso, se necesita de un otro al que se pueda acusar. 

 

Ese otro que debe ser combatido ya no es (solamente) el comunismo, ni la “ideología de género”, ahora puede ser una persona trans, una familia migrante, una organización feminista, una artista disidente, un medio independiente. No importa. Porque lo importante es cargar en ellos la responsabilidad de nuestros problemas estructurales. 

 

La moral como espectáculo

 

La figura del enemigo interno no es nueva. Fue utilizada por las dictaduras del Cono Sur para justificar la represión, y hoy es reciclada por la ultraderecha con otros nombres. Peña lo definió clarísimo, casi como si nos estuviera dando una clase del enemigo interno. Para ellos, existe una lucha moral entre el bien y el mal, entre la belleza y la fealdad, entre la familia y sus detractores. Pero una nueva palabra tomó forma en el discurso de Peña: los wokes, que encontramos más frecuentemente en boca de Javier Milei o Donald Trump. 

 

Como explican en este artículo de Presentes, el término woke, que en inglés significa “despierto”, surgió en las comunidades negras de Estados Unidos como una expresión para describir la conciencia frente a las injusticias sociales, especialmente el racismo. Comenzó a utilizarse en las décadas de 1930 y 1940 en círculos activistas y culturales afroamericanos, pero se popularizó en los años 60 durante el movimiento por los derechos civiles como una forma de mantenerse alerta ante la opresión.

 

A partir de 2010, el término fue recuperado por el movimiento Black Lives Matter, y el hashtag #StayWoke amplió su sentido: aludía al racismo sistémico pero también a otras formas de desigualdad como el sexismo, la LGBTIodio, la xenofobia y la violencia estatal. En ese contexto, ser woke o estar despierto implicaba un compromiso activo con la justicia social y los derechos humanos.

 

Sin embargo, en la última década, la ultraderecha global comenzó a usar el significante de forma peyorativa, para desacreditar cualquier discurso progresista o disidente, con la intención de vaciar el término de su carga original de lucha y resistencia. Esta estrategia ya fue utilizada por el cartismo durante las elecciones generales de 2023 y quedó demostrado en el libro Ruido, de La Precisa, que estudió el uso arbitrario del término “discurso de odio” durante la campaña del oficialismo. 

 

Mediante la exacerbación del odio, potenciado por la lógica binaria de las redes sociales y el resurgimiento de lo “políticamente incorrecto”, el movimiento antiwoke se opone a todo lo que desafíe estructuras históricas de poder y desigualdad, como el género. Por eso, cuando un presidente dice que el progresismo es un enemigo, o una senadora acusa a la industria cultural de promover la homosexualidad, están sentando las bases simbólicas para continuar discriminando. 

 

Ya lo hemos visto con la censura de proyectos artísticos disidentes, como el de Tentáculos del Poder, de la artista Ruth Flores; persecución a referentes y desaparición de centros culturales anticartistas, como La Chispa; prohibición de materiales con enfoque de género en la educación desde la Resolución Riera; denuncias contra organizaciones de derechos humanos, como con la promulgación de la Ley garrote; la falta de oportunidades para personas LGBTTIQ+, y la lista continúa. 

 

El imperio broligarca y la emergencia de la womanosphere

 

La idea de que los ultraconservadores son la “verdadera minoría oprimida” me da un poco de gracia y sencillamente colisiona con la realidad. La táctica se suma a otras como relativizar consensos históricos y capitalizar el odio a las mujeres y diversidades, demonizar la participación política y básicamente antagonizar todo lo que involucre formar comunidad. Esto ocurre, desde ya, con el apoyo de una élite masculina o broligarquía -una estructura mediática, política y empresarial que está al frente de monopolios tecnológicos-.

 

El capitalismo neoliberal necesita cuerpos explotables para seguir funcionando. Entre los más vulnerables están los pibes que pasaron sus años clave de socialización en el encierro de la pandemia. Se trata de jóvenes precarizados que se sienten profundamente solos y encuentran refugio en las apuestas, Reddit, 4chan y otros foros misóginos de Internet. Así crece la manósfera, un ecosistema masculino dominado por discursos machistas, coaches de masculinidad, y un culto a la jerarquía y la virilidad tradicional.

 

Simultáneamente, millones de mujeres buscan contención en redes como TikTok, Instagram y YouTube que bombardean un universo de contenido hiperdirigido: “tradwives” o esposas tradicionales, influencers que promueven una feminidad conservadora que incluye maternidad full time, cocina, obediencia y “valores familiares”. A este fenómeno lo llaman “womanosphere”. Aunque en Paraguay no necesitamos un neologismo para hablar de mujeres antifeministas que defienden un único modelo de familia.

 

El rayo homosexualizador como relato

 

La senadora Lizarella Valiente dijo: “Los medios de comunicación forman parte de una gran estrategia. El mundo de la moda, la música, todo eso va involucrándose en el consciente colectivo (¿habrá querido decir inconsciente colectivo?) de nuestros niños, jóvenes y es así que vemos que la homosexualidad se puso de moda”. Lo que parece sugerir la senadora -si logramos, junto con ella, alguna vez interpretar lo que dice- es que cree en modelos de comunicación del siglo XX.

 

Me refiero a la teoría de la aguja hipodérmica (por cierto, refutada hace 85 años) que surgió post Primera Guerra Mundial, y sostiene que los medios masivos de comunicación inyectan sus discursos directamente en la mente del público, generando una reacción inmediata y uniforme, como si todos recibieran la información de la misma manera y sin cuestionarla. Esta idea se desarrolló en un momento en que la mass media despegaba y se empezaba a notar el poder de la propaganda política y la publicidad. 

 

Pero estudios posteriores, como los de Lazarsfeld y Hovland (y luego otras decenas de científicos sociales), demostraron que la recepción de los mensajes mediáticos es mucho más compleja, mediada por factores sociales, psicológicos y contextuales y, por tanto, las personas no reaccionan igual ante un mismo mensaje, sino que interpretan, filtran, aceptan o rechazan según sus experiencias, creencias y entorno social. 

 

Mientras que en una primera etapa, se consideraba que los efectos de los medios de comunicación masiva eran todopoderosos, inmediatos y planificados (finales siglo XIX hasta la década del 1940), en una segunda etapa, se sostuvo que los impactos eran limitados y moderados, de corto plazo y de refuerzo, más que de cambio de conducta o actitud (entre los años 50 y los 70). La tercera etapa –y, para muchos, la última- se basó en el efecto a largo plazo sobre la conducta social y la manera en que afecta a los individuos en su percepción de la realidad y la forma que interactúan con ella (a partir de la década de los 70). 

 

En otras palabras, no porque veamos una película de acción vamos a salir a matar a media humanidad con un brazo de cyborg, ni porque reconozcamos la existencia de categorías analíticas científicamente demostradas, como el género en la educación, vamos a acabar con una superproducción de infancias homosexuales. Cuánta impunidad tiene esta gente para desinformar. De verdad todavía nos quieren hacer creer que uno se vuelve gay por contagio u ósmosis. 

 

Por supuesto que también sé que ni Lizarella ni el resto de su bancada cree una palabra de lo que dice, pero estas teorías conspirativas disfrazadas de convicciones tienen poder porque se ejercen desde el poder y además cuentan con el apoyo de operadores políticos y medios aliados que legitiman prejuicios y violencias, habilitan climas de opinión donde el odio pasa a ser una “expresión de la libertad” y definen cuáles son los temas importan en la agenda.

 

En El orden del discurso, la clase que dictó en el Collège de France el filósofo e historiador Michel Foucault en 1970, habló de los discursos hegemónicos que sobrevivieron en la historia a través del ejercicio del poder. Según explicó, hay discursos que influyen tanto en la vida de los individuos que son capaces incidir sobre su libertad -como el discurso de la ley- y sobre su salud mental -como el de la medicina o la psiquiatría-. Pero ambos están supeditados a un poder más amplio que es el discurso de la razón y de la modernidad, del cual se desprenden los sucesos históricos. 

 

Foucault fue abiertamente homosexual y estudió, por ejemplo, cómo el poder utilizó las prácticas sexuales consideradas perversas para controlar a comunidades históricamente marginalizadas. Él va a decir que el poder define qué discursos se imponen sobre otros, y es por esto que la subjetividad está configurada por los procesos históricos. Las minorías a las que se refiere -los presos, los enfermos, las disidencias sexuales, los migrantes, los jóvenes y las mujeres- fueron despojadas de la historia. 

 

Está clarísimo que en la síntesis “Dios, patria y familia”, los militantes provida lograron acumular un enorme capital social, pero si estudiamos teorías de la comunicación no basta con exponernos a este eslogan para sumarnos a la ola antiderechos. El efecto es más lento, pero profundo y, en este caso, peligroso porque va, gradualmente, formando lo que el psicólogo social Serge Moscovici denominaba “representaciones sociales”. 

 

Para las feministas, el desafío es doble: comprender los engranajes simbólicos de la ultraderecha y construir relatos alternativos donde la igualdad y la justicia social sean más que consignas. En el mes del orgullo bisexual, marika, torta, travesti, trans, no binarie, cuir, intersex, y a días de uno de los feminicidios más mediatizados del último tiempo, siento que necesitamos disputar sentido. 

 

No hay receta. Pero ahora, más que nunca, creo que no podemos esperar que los discursos discriminatorios se diluyan solos. Si algo nos enseña la historia reciente es que los discursos de odio, cuando no se enfrentan, terminan anquilosándose en el poder y convirtiéndose en política de Estado. 


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