La fuerza del relevo generacional en el liderazgo de las mujeres chaqueñas

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El Gran Chaco vive un momento clave: las mujeres que durante décadas defendieron con coraje a sus comunidades hoy empiezan a pasar la posta a las nuevas generaciones. En el Encuentro Trinacional del Colectivo de Mujeres del Chaco, la voz de las jóvenes se alza con fuerza para asumir el liderazgo y enfrentar desafíos presentes y futuros. La experiencia de las lideresas adultas y la energía innovadora de las juventudes se entrelazan en una transición histórica que busca consolidar la articulación trinacional y llevar la voz de las mujeres chaqueñas hasta espacios globales.

 

El Gran Chaco americano atraviesa un momento decisivo. Los desafíos sociales, ambientales y culturales exigen hoy, más que nunca, la unión de fuerzas entre generaciones. Durante décadas, las lideresas adultas han sostenido con valentía la defensa de los derechos de sus comunidades, transmitiendo conocimientos, experiencias y valores. Hoy, ellas trabajan para entregar la posta a las nuevas generaciones de mujeres, quienes representan la continuidad y la renovación de esta lucha.

 

Durante la plenaria realizada durante el Encuentro Trinacional del Colectivo de Mujeres del Chaco 2025: “Nosotras movemos el territorio”. Fotografía: Diego Salazar.

 

La formación de jóvenes mujeres chaqueñas se vuelve fundamental para asegurar el futuro de los procesos organizativos. Ellas encarnan el recambio necesario: liderazgos, con energía, innovación y compromiso para enfrentar los retos actuales y venideros. Hay un camino recorrido de las líderes adultas que con valentía han sostenido la defensa de los derechos de sus comunidades y han transferido sus saberes, experiencias y valores ancestrales.

 

Rosalía Acevei, joven representante de la Organización de Pueblos Guaraníes (OPG) parte del Encuentro Trinacional del Colectivo de Mujeres del Chaco, aseguró que “los jóvenes tenemos que estar preparados para enfrentar los obstáculos por nuestra comunidad y por todos los pueblos indígenas. Principalmente para defender nuestro territorio. El problema del agua es lo más urgente: sin agua no hay futuro”. Su voz refleja la urgencia vital de empoderar a las juventudes y brindarles herramientas para asumir el liderazgo en la defensa del territorio, impulsar una búsqueda de soluciones para el acceso al agua y la construcción de un futuro digno para los pueblos indígenas del Chaco Americano que se extienda por Paraguay, Bolivia y Argentina.

 

Rosalía Acevei, representante de la Organización de Pueblos Guaraníes (OPG). Fotografía: Leo De Blas.

 

Desde Bolivia, Jacinta Rivera reafirmó esta necesidad al señalar que, muchas veces, la exclusión de las mujeres —y especialmente de las jóvenes— responde a la falta y ausencia de oportunidades formativas para fortalecer sus conocimientos: “Las jóvenes deben ser las cuidadoras del futuro. Con conocimiento, ellas podrán ocupar ese lugar y cuidarse, al mismo tiempo que cuidan a los demás”.

 

Jacinta Rivera, lideresa boliviana. Fotografía: Leo De Blas.

 

El Encuentro Trinacional del Colectivo de Mujeres del Chaco 2025: “Nosotras movemos el territorio”, que se celebra en Filadelfia, Paraguay. Durante dos días, reúne a mujeres guaraníes en un espacio de articulación regional busca consolidar la voz y el protagonismo de las mujeres como defensoras de la vida y del territorio. Este encuentro fortalece la coordinación trinacional y promueve una estrategia común de incidencia a nivel local, nacional y fronterizo.

 

Con el propósito de fortalecer la articulación trinacional, visibilizar sus aportes económicos y políticos, y construir una estrategia común de incidencia, las participantes proyectan sus demandas y propuestas hacia el Encuentro Mundial del Chaco Americano (EMCHA 2025) y el Encuentro Mundial de Partes (COP 30).

 

Para Mariana Franco, secretaria ejecutiva de la Red Chaco de Paraguay, el encuentro también es un puente rumbo a la COP 30 para posicionar y visibilizar al Gran Chaco Americano a través de la voz de las mujeres, quienes han estado trabajando y formándose para formular propuestas claras sobre cómo el cambio climático impacta sus vidas y cómo sus conocimientos y sus prácticas ancestrales pueden ser integrados a los proyectos de mitigación para asegurar la sostenibilidad de los procesos a corto, mediano y largo plazo.

 

Esta red de mujeres reivindica su rol fundamental en el buen vivir en el gran chaco americano. El futuro se teje hoy con hilos de lucha, memoria y esperanza, entrelazando la experiencia de las lideresas y la fuerza renovadora de las juventudes.

 

 

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Del cielo a la canilla: la ruta del agua en el Chaco

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¿Dónde va el agua que cae del cielo? La respuesta, por fin, tiene rostro de esperanza en el Chaco paraguayo. Mediante el trabajo en equipo, la consulta previa con las comunidades y una red de alianzas estratégicas, hoy es realidad un sistema que garantiza acceso a agua potable durante todo el año.

 

*Por Noelia Díaz Esquivel

 

¿Qué pasa con el agua de lluvia? La pregunta suena a misterio, a plegaria y a milagro. En el Chaco paraguayo —ese territorio semiárido donde la vida se abre paso en condiciones extremas—, la respuesta durante décadas fue desoladora: el agua caía, corría, se evaporaba… las comunidades quedaban sedientas, no por castigo divino, sino por un histórico abandono estatal.

 

Millones de guaraníes de fondos públicos se gastaron en proyectos que nunca funcionaron. Promesas que se evaporaron como el agua misma. La sed y la sequía se repetían cada año por cinco o seis meses, como una condena. Entonces, entre la desesperanza, un grupo de soñadores se preguntó ¿y si el agua del cielo pudiera guardarse en la tierra para sostener la vida todo el año?

 

Luego de numerosas pruebas y aprendiendo de cada experiencia desarrollada tanto a nivel nacional como en otros países que atraviesan la misma problemática, nació la idea de desarrollar un sistema de macrocaptación de agua de lluvia, pensado desde la naturaleza y con la gente como protagonista.

 

Toma área de la comunidad Cucaani, en Carmelo Peralta, donde está ubicada una de la plantas del sistema de macrocaptación. Fotografía: gentiliza PCI:

 

De la idea al proyecto: cuando la naturaleza inspira

 

La chispa se encendió en 2019, cuando la organización Pro Comunidades Indígenas (PCI), con más de 30 años de trabajo en el Chaco, propuso al Servicio Nacional de Saneamiento Ambiental (SENASA) explorar una solución distinta. 

 

La propuesta comenzó en 2019, pero recién se efectivizó en abril de 2020, justo cuando arrancaba la pandemia. Igual nos movimos, casa por casa, para consultar a las comunidades. Dos problemas se repetían: la falta de agua en la sequía y que los sistemas instalados no daban abasto. Además, eran proyectos pensados sin la gente”, recuerda Carlos Giesbrecht, referente del proceso.

 

Carlos Giesbrecht, coordinador del proyecto. Fotografía: Leo De Blas.

 

Inspirados en reservorios usados en la producción ganadera, surgió otra pregunta: ¿por qué no aplicar lo mismo para el consumo humano? Parecía un sueño lejano, pero el tiempo y la terquedad lo acercaron a la realidad.

 

El sistema se diseñó de manera sencilla y ecológica: el agua de lluvia se capta, filtra con piedra, grava, arena y carbón, y luego se clora para garantizar seguridad microbiológica. Todo por gravedad, sin grandes dependencias tecnológicas. Un invento adaptado al Chaco y mucho más económico que los megaproyectos estatales que fracasaron.

 

En esta imagen se observan los filtros por los cuales pasa el agua captada en temporada de lluvias. Esta planta esta ubicada en la comunidad Emaus, Chaco paraguayo. Fotografía: Leo De Blas.

 

La captación, entonces, solucionaba el primer problema. Pero para el consumo humano es necesario pasar por otros procesos de filtrado y purificación. Nacía otro desafío ¿cómo desarrollar un sistema amigable, sostenible y asequible para las comunidades?

 

Ciencia práctica y manos comunitarias

 

Fulgencio Mendez, como ingeniero empírico, hizo la primera prueba en una simple damajuana, colocando capas de grava y arena. El agua se filtró. Y ahí comenzó la certeza de que funcionaría en grande.

 

Fulgencio Méndez, principal impulsor del proyecto sistema de agua basado en la naturaleza. Fotografía: Diego Salazar.

 

Las comunidades de Cucaani y Guida Ichái, en Carmelo Peralta, fueron las primeras en tener plantas piloto. No fue un proyecto impuesto, sino construido con la gente: hombres y mujeres participaron en la obra, aprendieron el manejo y se organizaron en consejos de agua para garantizar el mantenimiento.

 

Participo en el mantenimiento, ayudo a mi marido a limpiar. Ahora todo está mejor. Antes tomábamos agua cruda del río, ahora ya es agua filtrada y clorada. Eso es salud, sobre todo para los niños”, lo resume con sencillez Sonia Quena Dosapei, pobladora de Cucaani.

 

Sonia Quena Dosapei, pobladora de Cucaani. Fotografía: gentileza PCI.

 

La fuerza de las alianzas

 

La innovación generó resistencias. “Muchos pensaban que iba a ser un elefante blanco”, recuerda Giesbrecht. Pero la directora de SENASA en ese entonces entendió el valor de la propuesta. Aun así, costó convencer a los financiadores: estaban acostumbrados a presupuestos millonarios, no a soluciones baratas y efectivas.

 

Finalmente, el apoyo llegó de la mano de alianzas público-privadas: SENASA, PCI, empresas como COITEA, y más tarde el proyecto Voces para la Acción Climática Justa (VAC). El trabajo en conjunto permitió no solo instalar los sistemas, sino también formar capacidades locales y generar confianza en las comunidades.

 

Hoy hay cuatro plantas de macrocaptación operativas: dos en Laguna Negra, que abastecen a 15 comunidades (1517 personas), y dos en La Patria, que benefician a 18 comunidades (2329 personas). En total, casi 4000 latinos e indígenas tienen acceso a agua potable de lluvia durante todo el año.

 

Un cambio que se siente

 

Fulgencio Quencho Méndez, técnico del proyecto, explica:

 

Succionamos agua del río con bomba, pasa por un prefiltro y luego por filtros de piedra, arena y carbón. Todo funciona por gravedad, cae a un reservorio enterrado, y desde allí se eleva a un tanque con cloro para distribuir en cada canilla. Es un sistema sencillo, pero eficaz”.

 

En los lugares donde no existe un río cercano, el sistema de filtrado se adapta al territorio: el agua de lluvia se recoge en extensiones de tierra especialmente cercadas, con canales que concentran y conducen el líquido hasta caños. Luego el agua pasa a una pileta protegida con una malla especial para filtrar impurezas grandes, antes de ingresar al sistema de grava, arena y carbón. Así, lo que antes se perdía en el suelo árido, hoy se guarda y se transforma en agua segura que llega directamente a las casas.

 

Esta es la pileta a la cual llega el agua de lluvia que se recoge en extensiones de tierra especialmente cercadas, con canales que concentran y conducen el líquido hasta caños. Fotografía: Leo De Blas.

 

El secreto está en su diseño: tecnología apropiada, bajo costo, fácil de mantener y respetuosa con la naturaleza. Y lo más importante: es manejada por las propias comunidades.

 

Siempre quise que mi hijo tomara agua potable, y ahora eso me hace tan feliz. Cuando falta energía usamos generador, pero ya no necesitamos volver al río”, cuenta con emoción Elías Posoraja, presidente del consejo de agua de Guida Ichái. 

 

La diferencia en la vida cotidiana es enorme. Nelio Ramón Añasco, encargado de mantenimiento de la planta ubicada en la comunidad Emaus, asegura: “Controlamos todos los días que el sistema funcione. Gracias a Dios nunca falló. Y lo mejor es que nosotros mismos usamos esta agua. Tomamos con tranquilidad, sabiendo que está segura”.

 

Nelio Ramón Añasco, encargado de mantenimiento de la planta ubicada en la comunidad Emaus, Chaco paraguayo. Fotografía: Leo De Blas.

 

El agua dejó de ser un privilegio incierto para convertirse en un derecho tangible y el proyecto VAC fue clave para que la macrocaptación dejara de ser un experimento aislado. En ese sentido, apoyó la construcción de una planta demostrativa en Remansito, que permitió mostrar el sistema a técnicos, autoridades y financiadores sin necesidad de viajar hasta el Chaco profundo. Esa visibilización abrió puertas y sumó voluntades.

 

 

Además, VAC cooperó con fondos para hacer posible el intercambio de saberes y el enfoque de justicia climática: traslados para escuchar a las comunidades, respetar sus decisiones y poner en el centro la sostenibilidad ambiental.

 

Gotas de esperanza

 

En el Chaco, cada gota de agua es vida. Por eso este proyecto no es solo una obra técnica: es una historia de dignidad colectiva.

 

Agua segura y asequible durante todo el año. Fotografía: Leo De Blas.

 

El agua de lluvia, antes desperdiciada, ahora se convierte en símbolo de resistencia y futuro. Las comunidades ya no esperan milagros: construyen su propio camino con alianzas, ciencia práctica y compromiso.

 

La esperanza fluye en cada canilla abierta, en cada niño y niña que bebe sin miedo. Y aunque queda mucho por hacer para llegar a todas las comunidades chaqueñas, este es el comienzo de una transformación posible.

 

 

 

 

 

*Edición: Mónica Bareiro @monibareiro

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Democracia con lente hū 

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*Por Clemen Bareiro Gaona
El Senado paraguayo protagonizó una escena que quedará en la memoria colectiva: la expulsión de Norma Aquino, conocida como Yami Nal, y la suspensión por 60 días de Javier Vera, alias Chaqueñito. Todo esto tras la filtración de audios que hablan de compra de votos, tráfico de influencias y un Congreso convertido en mercado.

Podríamos detenernos solo en la corrupción -porque sí, es grave que se hable de “nuestros votos valen 20.000 dólares”- pero lo que está en juego es algo más profundo: la degradación de la democracia, que se vuelve espectáculo, y la forma en que ese espectáculo se vive distinto si la protagonista es mujer o varón.

Democracia: lo que debería ser y lo que vemos

Robert Dahl decía que la democracia es un sistema que responde a la ciudadanía en condiciones de igualdad. Esa idea parece lejana cuando miramos lo que sucedió en el Paraguay: un senado que se mueve rápido para expulsar a una mujer, que vacila para sancionar a un hombre, y que se defiende a sí mismo más por reputación que por principios. Para que la representación política democrática sea real, nos dice la politóloga Line Bareiro, debe haber representación sexual, territorial y de concepciones políticas o ideológicas.

Lo que deberían ser condiciones mínimas – igualdad de trato, transparencia, rendición de cuentas- se desdibujan frente a la urgencia de salvar la imagen institucional. Y ahí está la primera grieta: la democracia, en lugar de responder a la ciudadanía, responde a su propio teatro interno.

Las barbaridades de un discurso

Durante su descargo, Yami Nal soltó frases que parecían escritas para un guión tragicómico. La más resonante fue: “mi poder tengo en mis gafas. Cuando tengo mis gafas, digo todo lo que tengo que decir”. Detrás de lo absurdo, la frase encierra una radiografía de nuestra política: el poder como accesorio, como disfraz, como objeto que se viste y se quita.

No habló de representar a sus votantes, ni de la responsabilidad del cargo, ni de la confianza ciudadana. Habló del poder de sus gafas. Y esa confesión, en su crudeza, refleja lo que muchas y muchos sospechamos: en el Senado el poder se actúa, se representa, se simboliza, pero rara vez se ejerce en clave de servicio público. Además, dedicó gran parte de su tiempo de defensa a no explicar su rol ni a responder las acusaciones, sino a pedir disculpas a los colegas que mencionó en los audios, y, sobre todo, a Horacio Cartes – expresidente de la República y actual titular de la ANR – mostrando sin rodeos donde se concentra el poder real en Paraguay: más allá del hemiciclo, en la figura del líder partidario que articula lealtades, castigos y favores.

Ser mujer en medio del escándalo

Aquí entra el ángulo feminista. Porque sí, Yami Nal dijo barbaridades. Y sí, está implicada en audios vergonzosos y su desempeño en estos dos años como senadora de la Nación deja mucho que desear. Pero el contraste con Chaqueñito es inevitable: ella pierde la banca, él solo se va dos meses de “vacaciones” sin sueldo.

¿Acaso la justicia parlamentaria pesa distinto cuando se trata de una mujer? ¿Acaso el escrutinio moral es más severo?

Las mujeres en política siempre cargan con esa doble vara: se les exige ejemplaridad, se les juzga por sus emociones, se las ridiculiza con mayor facilidad. Un varón puede ser cínico, grosero o corrupto y la crítica será política; una mujer que cae en lo mismo es motivo de burla, de caricatura, de sanción ejemplar.

No se trata de absolver a Yami Nal. Se trata de reconocer que el género opera incluso en la forma en que se castiga la corrupción.

El teatro del Senado

Lo que vimos en la sesión fue más teatro que justicia. Lágrimas, acusaciones, palabras grandilocuentes, pedidos que no prosperaron. Una escena donde la defensa se mezcló con el show y donde, al final, lo que importaba no era tanto limpiar la democracia, sino salvar la imagen del Senado.

Ese teatro tiene consecuencias: erosiona la confianza ciudadana, manda el mensaje de que la política es un espectáculo de pasillo y no un espacio de construcción colectiva, y disuade especialmente a las mujeres jóvenes que sueñan con participar. ¿Quién quiere entrar a un escenario donde la regla es la burla y la sanción desigual?

Democracia “vaciada”

Cuando la democracia se vacía, pasan cosas como estas:

  • El poder se reduce a símbolos ridículos (un par de gafas)
  • Las reglas no se aplican igual (ella expulsada, él sancionado)
  • La ciudadanía queda fuera (los votos y los cargos se negocian como mercancía)
  • El Senado se protege a sí mismo más que a la democracia y a sus electores.

Y lo más peligroso: nos acostumbramos. Cada espectáculo parece superar al anterior y, sin embargo, la indignación dura poco. Se convierte en rutina.

Feminismo como espejo

La perspectiva feminista no es una excusa para defender a nadie. Es un espejo para ver cómo las desigualdades atraviesan incluso los momentos de crisis política. Nos ayuda a preguntarnos:

¿Por qué la vara fue distinta entre Yami Nal y Chaqueñito? ¿Qué significa que las frases de ella hayan sido objeto de memes y burlas, mientras las de él pasaron casi desapercibidas? ¿Qué mensaje se envía a las mujeres que quieren entrar en política cuando ven como se juzga, sanciona y ridiculiza a una senadora?

El feminismo, en este caso, no blinda a Yami Nal. Blinda la idea de justicia equitativa. Porque si la democracia no es igual para mujeres y hombres, no es democracia plena.

¿Qué clase de democracia queremos después de este espectáculo?

¿Una democracia de lentes, donde el poder se actúa, pero no se ejerce? ¿Una democracia de doble vara, donde las mujeres cargan con la sanción más dura y el ridículo más cruel? ¿O una democracia que se atreva a ser honesta, transparente, equitativa, donde la ética no se vista de accesorio, sino que se viva en el día a día?

La degradación de la democracia paraguaya no se mide solo en dólares por voto o en ascensores pagados por donaciones. Se mide en cada gesto que convierte la política en teatro, en cada sanción que aplica reglas desiguales, en cada burla que desalienta a más mujeres a ocupar espacios de poder.

Hoy el Senado nos mostró su cara más descarnada. La nuestra, como ciudadanía, es decidir si seguimos siendo público pasivo de este teatro o si nos animamos a exigir otro guión: uno donde la democracia no sea disfraz ni espectáculo, sino palabra, memoria, igualdad y responsabilidad.


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El dedo del medio

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*Por Noelia Díaz Esquivel

 

Una ya no sabe si reír o llorar. No hablamos sólo de mediocridad, hablamos de una bajeza intelectual, ética y moral impresionante. Y lo peor es que son nuestras, nuestros legisladores, los que deberían marcar rumbo, los que tienen en sus manos uno de los poderes más importantes del Estado. Imagínense en manos de quién está nuestra democracia.

 

“Yo ahora me planté, porque no puede ser que no cobremos nuestro tañarandy… ocho millones de dólares… se van a repartir entre seis… van a pagar la cuenta de Nenecho…”, se escuchaba en la voz de la senadora Norma Aquino, alias Yamy Nal y el senador Javier “Chaqueñito” Vera. Así de burdos, así de impunes. Los audios los pillaban hablando de repartijas de una donación de Taiwán, mencionando a colegas colorados cartistas. 

 

El escándalo terminó con su destitución, pero no nos engañemos: ella es apenas la cara visible de un sistema podrido hasta la raíz, donde los negocios turbios y las coimas se negocian como si fueran caramelos. Lo que hay que entender es que el problema no es solo Yamy Nal, el problema es la degradación completa de la institucionalidad democrática y representativa. Una busca palabras para describir la sensación de vivir en Paraguay en este momento y cuesta encontrarlas. Es demasiado grave.

 

Mientras tanto, ¿qué pasa afuera en la calle, en los barrios? Ciudades destrozadas como nuestra república, baches que parecen trincheras de guerra, hospitales donde sobrevivir es casi un milagro, una educación que no educa, salarios de hambre que no alcanzan para fin de mes, y encima la violencia constante contra mujeres, niñas, niños y adolescentes. Eso es lo que vivimos cada día mientras esta gente juega a hacer política como si fuera su circo privado. Repartiéndose maletines llenos de dinero que debería ser invertido en la gente, en nosotras y nosotros.

 

Probablemente lo mismo pensaban durante la dictadura: tanta podredumbre, tanto atropello, tanto descaro, y una preguntándose cómo seguir sin caer en la desesperanza. ¿Cómo se hace para no rendirse? ¿Cómo aportar para mejorar algo en medio de este desastre?

 

Tal vez ahí está la clave: hablarlo, pensarlo desde los feminismos, desde los espacios que construimos con dignidad, donde la solidaridad no es discurso vacío, sino práctica política diaria. Capaz no tenemos todas las respuestas, pero sí la certeza de que vamos a seguir denunciando, organizándonos y buscando salidas colectivas.

 

Porque si algo debería enseñarnos este momento es que la democracia no se defiende sola, y que mientras ellos la degradan, nosotras vamos a seguir sosteniendo la vida en medio del caos. No nos queda de otra.

 

Al menos eso espero, eso deseo.

 


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Mujeres que siembran sueños

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En Bahía Negra, un grupo de mujeres decidió transformar su realidad con una huerta comunitaria. Entre risas, aprendizajes y cosechas, fortalecen la economía familiar, la alimentación sana y el tejido social de su comunidad.

*Por Noelia Díaz Esquivel / @noediazesqui 

 

En el extremo noreste del Chaco paraguayo, donde la tierra  es dura, arcillosa y el calor implacable, un grupo de mujeres se propuso un reto: hacer florecer la esperanza. Desde 2024, las “Mujeres Emprendedoras de Bahía Negra” trabajan juntas en una huerta agroecológica y colectiva que ya se convirtió en un espacio de unión, aprendizaje y alegría.

 

Estos son algunos de los rostros que representan a las “Mujeres Emprendedoras de Bahía Negra”. Fotografía: Leo De Blas.

 

Leticia Rosales, ingeniera agrónoma y alma del proyecto, explica cómo logran cultivar en un suelo tan difícil: “La tierra acá es arcillosa, muy dura. Para sembrar primero preparamos los tablones, removemos todo y luego traemos ‘mantillo del monte’, que usamos como abono natural. Mezclamos con la arcilla y así queda lista para la siembra. Todo es orgánico, sin ningún químico”.

 

Leticia Rosales no es oriunda de Bahía Negra, pero la eligió como su casa hace varios años. Fotografía: Leo De Blas.

 

La huerta se instaló gracias a un pequeño fondo de apoyo, pero hoy las mujeres siguen adelante con recursos propios y un compromiso que crece cada día.

 

Un espacio de terapia y alegría

 

Cada viernes, las productoras se reúnen para limpiar, regar y compartir vivencias. Para ellas, la huerta no solo produce verduras, sino también afecto, confianza y sueños colectivos.

 

Griselda González, de 50 años, cuenta con una sonrisa que “me encanta porque pasamos bien, nos reímos, nos divertimos. Es una alegría total para nosotras”.

 

La hermana Lucía, una religiosa que acompaña el proyecto, destaca el valor humano de este espacio: “Este momento es como un relax. Nos ayuda a conocer a las mamás y sus realidades. Es una oportunidad para acompañarlas, visitarlas y fortalecer la familia”.

 

 

Aunque la última inundación cubrió la huerta de agua y aisló a toda la ciudad, apenas el terreno se secó, las mujeres volvieron a sembrar con más fuerza. Ahora sueñan con agrandar el espacio, vender sus productos y abastecer, al menos de manera parcial, el programa Hambre Cero.

 

Leticia señala con emoción que “ya nos dijeron que podrían comprarnos para el programa Hambre Cero. Tenemos ganas de producir más y tener dónde vender. La idea es que este esfuerzo sea sustentable”.

 

En medio las labores propias de una huerta ellas comparten sus vida mientras ríen a carcajadas, aunque a veces, este también es un espacio para llorar. Fotografía: Leo De Blas.

 

Otro de sus proyectos es reunir y guardar sus propias semillas. Así podrán asegurar la próxima siembra y también intercambiar semillas con otras mujeres agricultoras de la zona.

 

La fuerza de la organización

 

El trabajo en el Chaco no es fácil. Durante los días de intenso calor, la huerta necesita riego al menos dos veces al día. Por eso, uno de los grandes objetivos de este año es conseguir recursos para instalar un sistema de riego que les permita mantener las plantas saludables y reducir el esfuerzo físico.

 

El contacto con la tierra también es sanador. Fotografía: Leo De Blas.

 

A pesar de los desafíos, las mujeres no pierden el entusiasmo. Varias de ellas ya se animaron a hacer huertas en sus casas y a cocinar con sus propias verduras. 

 

El año pasado tuve mi huertita. Salieron lechuga, locote, tomate, pepino y todavía tengo perejil y espinaca”, cuenta Esther Acuña, una de las integrantes.

 

Además de producir alimentos sanos, varias mujeres cocinan y venden sus preparaciones por encargo. La tecnología también juega su papel: basta un estado de WhatsApp para que los pedidos lleguen volando.

 

Estas mujeres demostraron que con ganas, unión y conocimiento se pueden cambiar realidades. Su huerta no es solo un proyecto productivo: es un símbolo de que cuando las mujeres se organizan, florecen los sueños.

 

Ni la tierra arcillosa, ni el sol implacable pudieron hacer mella en la determinación de estas mujeres que se propusieron tener una huerta comunitaria y urbana. Fotografía: Leo De Blas.

 

Bahía Negra: corazón chaqueño

 

Bahía Negra es uno de los distritos más extensos del Paraguay, con más de 3.500.000 hectáreas. Está ubicada a orillas del río Paraguay, en el extremo noreste del departamento de Alto Paraguay, a 820 kilómetros de Asunción. Allí viven alrededor de 2.500 personas.

 

Fundada oficialmente en 1987, Bahía Negra combina paisajes únicos y una cultura rica en tradiciones. Aunque la vida en esta zona remota del Chaco tiene desafíos, la comunidad sigue apostando por el trabajo, la solidaridad y la conservación de su entorno natural.

 

 

  • Edición: Mónica Bareiro / @monibareiro

 

 

*𝘌𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘢𝘵𝘦𝘳𝘪𝘢𝘭 𝘧𝘶𝘦 𝘱𝘳𝘰𝘥𝘶𝘤𝘪𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘮𝘢𝘳𝘤𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘰𝘨𝘳𝘢𝘮𝘢 𝘝𝘰𝘤𝘦𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘈𝘤𝘤𝘪ó𝘯 𝘊𝘭𝘪𝘮á𝘵𝘪𝘤𝘢 𝘑𝘶𝘴𝘵𝘢 (𝘝𝘈𝘊), 𝘪𝘮𝘱𝘭𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘗𝘢𝘳𝘢𝘨𝘶𝘢𝘺 𝘱𝘰𝘳 𝘞𝘞𝘍-𝘗𝘢𝘳𝘢𝘨𝘶𝘢𝘺 𝘺 𝘍𝘶𝘯𝘥𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘈𝘷𝘪𝘯𝘢.⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣


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