El riesgo de impago de los EEUU se dispara: ¿qué significa? 26/4/23. – 10h 5m

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Robert Morris y Charles Ross en 1971: lugares donde el cielo toca la tierra

Hace algo más de medio siglo, en 1971, la exposición colectiva internacional Sonsbeek´71 dio la oportunidad a Robert Morris de llevar a cabo un proyecto de observatorio a gran escala y de carácter casi arquitectónico. Aquella muestra, que organizó Wim Beeren, tuvo como centro el parque Sonsbeek de Arnheim, pero también se desarrolló en distintos emplazamientos repartidos por Holanda con el objetivo de ofrecer a cada uno de los artistas participantes en la cita el entorno más apropiado para sus propios intereses.
En el caso de este autor de Missouri, quería elegir un lugar periférico en una zona situada entre el campo, el mar y la ciudad y lo encontró en las cercanías de Santpoort (Velsen). Sus planes eran muy distintos a los de James Turrell o Charles Ross para sus propios observatorios, y no solo en su proceso de ejecución o en su presupuesto: el trabajo de Morris, que fue derruido cuando finalizó Sonsbeek, se situaba a medio camino entre la escultura y la arquitectura.
Consistía en dos anillos concéntricos de tierra que, dada su localización geográfica, evocaban lógicamente un dique. El anillo exterior, dotado de un foso estrecho, presentaba una silueta ondulada y ofrecía un acceso triangular y dos muescas en forma de V sobre la elevación. Para levantar el anillo interno se soterró una empalizada de madera, en la que previamente se habían realizado cuatro aberturas: desde el oeste se podía acceder a un eje orientado al este sobre el interior del anillo y dos de las aberturas se alineaban con las hendiduras del anillo exterior, reforzadas con planchas de granito y orientadas hacia la puesta de sol en los solsticios de verano e invierno. Al alargarse el eje más allá de los anillos, se podía distinguir una tercera hendidura, señalada por dos placas cuadradas de gran tamaño y de acero, que acentuaban el amanecer en los equinoccios de primavera y otoño.
Como decíamos, este Observatory no sobrevivió, pero gracias al patrocinio del Stedelijk Museum de Ámsterdam Morris pudo erigirlo de nuevo en 1977 en la localidad de Oostelijk, y esta vez la obra sí pervivió, aunque integrándose en una llanura húmeda ganada al mar hasta el punto de quedar disimulada. El espacio circular de orientación axial y las vistas, exteriores e interiores, pretenden dar lugar a una sensación de movimiento, como sucedería, o eso afirmaba el artista, en los observatorios prehistóricos; en sus palabras, la experiencia general de mi obra tiene mucho en común con el Neolítico y los complejos arquitectónicos orientales. Espacios cerrados, patios, senderos, líneas de visión, gradación, etc. subrayan que la obra proporciona una experiencia física para el cuerpo humano en movimiento (…) El enfoque temporal de la obra, el énfasis de los cuatro amaneceres que marcan los cambios de estación, hacen de ella algo más que una simple estructura espacial y decorativa.
De sus pretensiones podemos deducir que su noción de escultura en aquel momento continuaba vinculada a la psicología Gestalt y la fenomenología. En todo caso, la presentación de esta propuesta era tan relevante como su propio diseño, como el mismo Morris señaló: La obra se sitúa en tierra de nadie entre lo salvaje y lo habitado (…). Es sobre ese límite, allí donde comienzan las dunas, donde existe la obra; no como fotografía a gran tamaño de un monumento remoto, sino como un lugar accesible entre lo cultivado y lo natural.
Robert Morris. Observatory, 1977
Charles Ross. Star Axis, desde 1971
En el mismo año 1971, emprendió en Chupinas Mesa (Nuevo México) su proyecto Star Axis Charlie Ross. También miraba al cielo, pero desde otra perspectiva.
Atendiendo a las fórmulas físicas, el espectro cromático de luz visible es una radiación electromagnética cuya longitud de onda oscila entre 400 y 750 nanómetros. Este artista de Philadelphia venía contraponiendo desde mediados de los sesenta la experiencia cromática del espectro cromático visible a la terminología de la ciencia: la luz es para él una energía que, en su descomposición, se muestra a través de otros medios. Cuando alcanza un elemento transparente, como el vidrio o el agua, se altera su velocidad y el rayo lumínico se descompone.
Construyó Ross prismas de plexiglás rellenos de aceites minerales mediante los cuales los colores del espectro se extienden sobre las superficies opacas de su entorno; Heizer describió en 1968 las experiencias sensoriales que generaban: Son transparentes, translúcidos, reflejan, deforman, agrandan, descomponen, amplían, desintegran, comprimen, repiten y modifican todo cuanto está en su entorno directo.
Después de exhibir estos prismas en diferentes galerías, y en edificios públicos, comenzó Ross a buscar un lugar adecuado para desplegar una instalación lumínica de dimensiones más ambiciosas. La empresa le llevó varios años, hasta que encontró, a 2.200 metros de altura, un lugar adecuado en un paraje deshabitado en el desierto de Nuevo México.
Su proyecto se llamó, como decíamos, Star Axis (Eje estelar) y pretendía acercar a los sentidos los cambios espaciotemporales de nuestro planeta, tomando como base un ciclo cósmico de algunos miles de años. Su título alude al eje en torno al que gira la Tierra y también al fenómeno de la precesión equinoccial: al no ser una esfera perfecta, los campos gravitatorios de la luna y el sol suscitan un impulso que trata de enderezar el eje terráqueo y que conduce a su precesión.
La Tierra necesita casi 26.000 años para culminar un ciclo cónico completo (25.750, en concreto); en ese tiempo, describe sobre el firmamento un trazado concreto. La precesión tiene como derivada el desplazamiento del inicio de la primavera; en la actualidad se encuentra en la constelación de Piscis y, desde 2600, transitará por la de Acuario, la constelación que Ross quiso traducir en las piezas que componen este conjunto de Star Axis.
Su elemento central es el Star Tunnel, un tramo de escalones de sesenta metros de largo paralelo al eje terrestre que, a través de un túnel empinado, conduce desde el pie de la elevación hasta la meseta. Junto a su entrada se encuentra la Equatorial Chamber (Cámara ecuatorial), construida de modo que es posible ver a través de la abertura superior las estrellas que cruzan el ecuador. El tránsito posterior por el pasillo es, a la vez, un conducto temporal y astronómico, porque desde el peldaño inferior se aprecia el círculo celeste que más cerca muestra la estrella polar del polo celeste.
Con cada nuevo escalón aparecerán más estrellas en el campo visual, correspondientes a las zonas del cielo sobre las que ha discurrido el eje proyectado sobre ellas en un periodo concreto de tiempo. Además, Solar Pyramid (Pirámide solar) y Hour chamber (Cámara horaria), construcciones casi acabadas situadas sobre la meseta, aportan estructuras adicionales de proyección para la luz solar cambiante y las sombras correspondientes.
No está de más recordar que la relación compleja de Star Axis con su entorno se concibió poco después de la llegada del hombre a la luna, cuyas imágenes televisivas no alcanzaron, para el artista, la expresión estética adecuada a la potencia de aquella experiencia. Apuntó a esa carencia: Pese a que el avance de la tecnología nos ha llevado a la era de exploración del espacio, apenas se nos ofrece la posibilidad de ser conscientes de estar en las estrellas. Star Axis ofrece un espacio desde el que recordar esta circunstancia.
Charles Ross. Star Axis, desde 1971
 
 
BIBLIOGRAFÍA
Michael Lailach. Land Art. Taschen, 2007
Miguel Ángel Hernández-Navarro. Robert Morris. Editorial Nerea.
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En pie de guerra contra Feijóo: denuncian “la manipulación informativa al servicio del PP”

Trabajadores de CRTVG se han concentrado en el Senado para protestar contra el exlíder de la Xunta de Galicia Alberto Núñez Feijóo por la “manipulación informativa” de la televisión pública. Los manifestantes también han clamado por sus derechos laborales y contra la dirección de la corporación.

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El Amor Es Un Centro

omegayalfa

Una esperanza un huerto un páramouna migaja entre dos hambresel amor es campo minadoun jubileo de la sangrecáliz y musgo/ cruz y sésamopobre bisagra entre voracesel amor es un sueño abiertoun centro con pocas filialesun todo al borde de la nadafogata que será cenizael amor es una palabraun pedacito de utopíaes todo eso y mucho menosy mucho más/ es una islauna borrasca/ un lago quietosintetizando yo diríaque el amor es una alcachofaque va perdiendo sus enigmashasta que queda una zozobrauna esperanza un fantasmita. Autor del poema: Mario Benedetti

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José Antonio Martínez Climent, respuestas en 280 caracteres

Verónica Gudiña

En la edición 2017 del Premio Iberoamericano Verbum de Novela, el escritor José Antonio Martínez Climent tuvo la satisfacción de resultar elegido como ganador gracias a una creación suya titulada “Campo de víboras”. Con “Liturgia de los días. Un breviario de Castilla”, en tanto, este autor oriundo de Alicante resultó finalista del XX Premio de […]

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Te espero en el fin del mundo

Belen Martin

Te espero en el fin del mundo

Te espero en el fin del mundo (2021) es un libro de Andrea Longarela encuadrado en el género de ficción romántica para jóvenes. Está publicado por Crossbooks, el sello de Planeta que distingue este tipo de novelas. Esta escritora ha dado el boom en el panorama literario nacional de los últimos años, habiendo publicado ya varias novelas románticas.

Los protagonistas de esta historia son Violet y Levi. Son amigos desde hace años y han crecido juntos. Pero son muy diferentes, sus planes de vida son opuestos. Conforme han ido creciendo lo que siente el uno por el otro también ha cambiado, pero Violet necesita huir y descubrir mundo; en cambio, Levi busca asentarse, aunque en buena compañía. ¿A dónde les llevará la vida? ¿Quizás hasta el fin del mundo?

Te espero en el fin del mundo

Cosa de dos

Levi y Violet han sabido compenetrarse. Han vivido y compartido desde niños y aunque son muy distintos uno es la pieza que le falta al otro. Simplemente encajan, pero sus diferencias pueden ponerlo todo en peligro.

Es de justicia recordar que han tenido circunstancias distintas que les han hecho convertirse en adultos con visiones y deseos opuestos. Ella lo ha tenido bastante más difícil que él: ha necesitado crecer más rápido y ha vivido en un hogar desestructurado. Cuando se siente capaz lo que tiene Violet son puros deseos de libertad. La vida de Levi ha sido mucho más ordenada y hay una continuidad en su carácter y progreso vital. Quiere mantener su estabilidad y vivir tranquilo. Está claro que los dos desean vivir felices a su manera, pero reconocen en el otro sus singularidades.

La amistad y los juegos de los primeros años se transformaron en el descubrimiento del amor y la apertura a la vida. Cuando se besaron por primera vez vivieron con completa naturalidad ese momento. Con decisión también sabían que lo que fuera que tuvieran no podría durar más allá del 18 cumpleaños de Violet. El mundo no parecía el mismo para los dos, porque ella debía irse y él se quedaría. Ninguno le pediría al otro más de lo que pudiera ofrecer él mismo. Los dos tendrían su propio sueño. Solamente el tiempo lo pondría todo en su lugar.

Manos unidas

Voces que van de la mano

Te espero en el fin del mundo es una historia de dos. La dualidad está muy presente y Longarela también deja reflejada la perspectiva de las dos partes. La narración se da a conocer con las dos voces protagonistas por lo que la empatía y el conocimiento están asegurados para los lectores. Aunque no se trata de una separación, sino al contrario, se perciben los sentimientos de los dos personajes, su forma de entender y de aceptarse. Es un libro hecho de emociones, que guarda enorme cariño por los personajes. No hay resentimiento, no hay odio. Solo afecto y también alegría: el respeto mutuo y la admiración que se tienen Violet y Levi es asombroso, ya que parecen destinados a caminos discordantes. La dulzura y la emoción de la novela hacen difícil el terminarla y la despedida que suponen las últimas páginas.

Amor, corazón y luz

Amor en equilibrio

Te espero en el fin del mundo es una novela llena de emociones, dulces y amargas, aunque de alguna manera los personajes quedan en paz. El amor y la amistad estarán muy presentes y la transformación de los personajes será la representación de sus propios sentimientos. En este punto, la novela está bastante bien medida y hay un equilibrio, aunque, claro, con los sobresaltos emocionales típicos de una novela de este tipo.

Asimismo, hay una magia especial en la novela que une a los personajes protagonistas con el lector, quien se sentirá tentado de decidir por Levi o Violet. Se trata de una novela donde la insignificancia de lo vivido y la imagen de los recuerdos componen la esencia de lo que es importante, el amor y los vínculos afectivos. Una bonita historia difícil de olvidar para los seguidores del género.

Sobre la autora

Andrea Longarela nació en Valladolid en 1985. Aunque estudió Psicología, demostró interés por las historias y siempre encontraba un momento para sentarse a escribir. Al principio empezó con la autopublicación y a partir de Amor se escribe con H y otras maneras de decirte que te quiero en 2018 consiguió que su trabajo fuera publicado por los sellos editoriales Esencia, BooketCrossbooks. Es autora de literatura romántica y se está abriendo camino en España gracias al apoyo recibido por sus seguidores. Cuenta con un pseudónimo literario con el que también es conocida, Neïra.

Su trabajo hasta la fecha está compuesto por April, Adam y la trayectoria de los planetas (2019), la bilogía «Historia de Daniela» (2020), Tú y yo en el corazón de Brooklyn (2021), Siete citas para Valentina (2021), Te espero en el fin del mundo (2021) y El faro de los amores dormidos (2022). En 2023 llega con nueva bilogía: Somos secretos y El color de las cosas invisibles.

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