Interpretación y análisis del Cantar de los Cantares: claves literarias y simbólicas
El Cantar de los Cantares, también conocido como Cántico de Salomón, es uno de los libros más singulares y controvertidos del Antiguo Testamento y del Tanaj judío. Su estructura poética, su temática amorosa y erótica, y la ausencia de referencias directas a Dios o a leyes religiosas, lo distinguen del resto de la literatura bíblica, convirtiéndolo, a lo largo de los últimos siglos, en objeto de múltiples interpretaciones.
Las lecturas que se han hecho alrededor del Cantar de los Cantares van desde perspectivas literarias sobre un poema de amor entre dos personas, hasta exégesis alegóricas que lo ven como símbolo del amor entre Dios y su pueblo. Este artículo propone un análisis literario y simbólico del Cantar de los Cantares, destacando su riqueza poética y la profundidad de sus posibles significados.
Interpretación y análisis del Cantar de los Cantares: claves literarias y simbólicas
Contexto y estructura general de la obra
Aunque el Cantar de los Cantares no pertenece a ninguno de los géneros bíblicos —no habla sobre las leyes, ni los profetas, ni del conocimiento divino ni de Dios—, está cerca de los textos Sapienciales. Su título es un hebraísmo que significa «el mejor de los cantos», y su escritura suele ser atribuida al rey Salomón. Por otro lado, el libro está compuesto por una serie de poemas líricos que se presentan como un collage de imágenes y diálogos.
Asimismo, el volumen cuenta con un monólogo entre dos amantes: la joven Sulamita y un amado, quien, se cree, es el rey Salomón. A pesar de que el texto no brinda una trama concreta, sí muestra una progresión emocional y simbólica. A medida que se avanza en sus capítulos, es posible encontrar escenas de búsqueda, encuentro, deseo, pérdida y reconciliación.
En este sentido, es necesario resaltar que no hay evidencia de un marco histórico definido ni una ubicación geográfica constante, lo que ayuda a constituir una de sus características más fundamentales: su tono onírico y atemporal.
Claves literarias del Cantar de los Cantares
Estilo narrativo poético
El Cantar de los Cantares es un libro colmado de figuras retóricas. Entre las más importantes podemos encontrar la anáfora, la repetición y el paralelismo antitético o sinónimo para crear ritmo y musicalidad. Un ejemplo de ello podría ser el siguiente verso:
«Mi amado es mío y yo soy suya,
él apacienta entre lirios». (Cantares 2:16).
La construcción simétrica de la obra, así como la delicadeza de su lenguaje, elevan la presión amorosa del narrador a una forma de arte que va mucho más allá de lo simplemente carnal, abriendo la puerta a interpretaciones casi místicas.
Imágenes naturales y sensoriales
Otro de los rasgos distintivos del Cantar de los Cantares es su constante referencia a la naturaleza y sus fenómenos: jardines, palmeras, granadas, lirios, viñas, ciervos y montañas se entrelazan con imágenes que pueden sentirse, como perfumes, sabores, colores y sonidos. Esta pintura natural sirve como metáfora del cuerpo humano, del deseo y del entorno ideal del amor.
Un ejemplo de lo antes mencionado es el siguiente párrafo: «Son tus pechos dos cervatos gemelos, que reposan entre los lirios. Hasta que llegue el día y las sombras se disipen, quiero ir al monte de la mirra; quiero ir a la colina del incienso». Aquí, la sensualidad se entremezcla con la ternura y lo sagrado de la creación, lo que pone de manifiesto el erotismo como recurso poético.
Diálogo entre voces
En el Cantar de los Cantares se construye un diálogo entre la mujer y el hombre, con algunas intervenciones del coro de las hijas de Jerusalén. La conversación no siempre está delimitada, lo que añade una ambigüedad que ha facilitado las múltiples lecturas del texto. Asimismo, la alternancia de voces permite mostrar distintas perspectivas del amor, el anhelo, la satisfacción, el terror, los celos y el éxtasis.
Claves simbólicas de la obra
El amor como fuerza espiritual
A pesar de que el amor que se describe en el Cantar es evidentemente físico, el libro también lo cuenta como una fuerza poderosa, casi sobrenatural. Por ejemplo, en Cantares 8:6 podemos leer:
«Fuerte es el amor como la muerte;
duros como el sepulcro los celos;
sus brasas, brasas de fuego,
fuerte llama».
En el verso anterior, el amor es presentado como una fuerza que no puede ser controlada, resultando inevitable, e incluso, peligrosa. Aun así, el autor deja ver sus dotes sublimes. Esta concepción del estado de enamoramiento como un elemento más allá del placer físico, sugiere una visión que apunta hacia una unión total: carnal, sí, pero, además, existencial.
La mujer como símbolo del alma o del pueblo
Algunos rabinos de la tradición judía han interpretado a la mujer del Cantar de los Cantares como una representación de Israel, a la vez que han imaginado al amado como un símbolo de Dios. Por su parte, para los cristianos, la alegoría se transforma en el vínculo entre Cristo y la iglesia, o entre Dios y el alma de los seres humanos.
El jardín como paraíso perdido y recuperado
En el jardín que aparece en varios versos del Cantar podemos encontrar una evocación del Edén, un espacio de verdadera libertad, belleza y plenitud espiritual. En este contexto, la colisión entre los protagonistas simboliza la unión entre conceptos que parecían irreconciliables, como lo son la humanidad, la divinidad, cuerpo, espíritu, deseo y santidad.
En el Cantar, hay una invitación que revela el encuentro romántico y una experiencia de regeneración y comunión con la vida. Aunque resulta un poco explícito para la época y el tipo de texto, es de una naturaleza sumamente sapiencial. Esta secuencia de deseo y tierna mesura son una demostración de la intervención de Dios en todos los actos de los hombres.
Ejemplo de una escena de amor explícita en el Cantar de los Cantares
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«Ven, amado mío; vayamos a los campos, pasemos la noche en las aldeas. Vayamos temprano a los viñedos para ver si
han retoñado las vides, si han abierto las flores, si ya florecen los granados. ¡Allí te brindaré mis caricias! Las mandrágoras esparcen su fragancia y a nuestras puertas hay toda clase de exquisitos frutos, lo mismo nuevos que añejos, que he guardado para ti, amor mío».
Versículos destacados en Cantar de los Cantares
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Cantar de los Cantares 4:16: «Ven, viento del norte; despierta; ven, viento del sur, sopla sobre mi huerto, y lleve el perfume de sus aromas. Que entre mi amado en su huerto, y coma de sus frutos exquisitos».
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Cantar de los Cantares 8:6-7: «Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo; porque fuerte es como la muerte el amor; duros como el Seol los celos; sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama. Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos».