Netflix finaliza el rodaje de ‘El niño’: adaptación de la tragedia de Ortuella según la novela de Fernando Aramburu

Isaac

Imagen de la película El niño

‘El niño’ ha completado su rodaje y todo apunta a que será uno de los títulos más relevantes del cine español en 2026. Esta película, inspirada en la novela homónima de Fernando Aramburu, traslada a la pantalla grande una de las mayores tragedias de la historia reciente vasca: la explosión en una escuela de Ortuella en 1980. El proyecto cuenta con dirección y guion de Mariano Barroso, con producción de Netflix y la colaboración de Rafael Portela.

El largometraje está protagonizado por Karra Elejalde y Belén Cuesta, dos intérpretes de peso dentro del panorama nacional, que dan vida a Nicasio y Mariaje, abuelo y madre respectivamente de una de las niñas fallecidas en el trágico suceso. Su implicación en el proyecto augura un retrato contenido y realista de dos figuras familiares marcadas por la pérdida.

Una historia basada en hechos reales con enfoque humano

Fotograma adaptación El niño

La cinta se ambienta en el otoño de 1980, momento en el que una acumulación de gas bajo el colegio Marcelino Ugalde derivó en una explosión devastadora. El suceso costó la vida a 50 niños de entre cinco y seis años, además de tres adultos, dejando una huella imborrable en la localidad vizcaína de Ortuella y en toda España. El impacto fue tal que la explosión pudo escucharse a seis kilómetros. En la película, la historia se cuenta a través de la reconstrucción de la memoria y el dolor, centrándose en cómo afrontan la tragedia los supervivientes y familiares.

La narrativa se apoya en el duelo de Mariaje y Nicasio. A lo largo de la historia, ambos personajes emprenden un viaje de aceptación, explorando los mecanismos íntimos para sobreponerse a la pérdida inexplicable de un hijo y un nieto. El guion explora tanto el homenaje a las víctimas como la resiliencia, el significado de la memoria colectiva y las dificultades de superar una herida tan profunda.

Rodaje en localizaciones auténticas del País Vasco

Grabación de El niño en el País Vasco

Durante más de dos meses, el equipo ha rodado en numerosas localizaciones del País Vasco y Madrid. Aunque la tragedia ocurrió en Ortuella, el rodaje ha pasado por casi una veintena de municipios vizcaínos —Bilbao, Mundaka, Gernika, Barakaldo, Ugao-Miraballes, Santurtzi, Balmaseda, entre otros—, para recrear la atmósfera de los años ochenta. Aunque en Ortuella no se ha llegado a filmar, dado el respeto y sensibilidad que aún despierta el suceso en la localidad, han colaborado personas que vivieron aquellos momentos.

Para conseguir una ambientación fiel a la época, se han adaptado calles, cementerios y escenarios urbanos, recurriendo a mobiliario, vehículos y elementos originales. Los vecinos de las distintas localidades han participado activamente, contribuyendo a que el resultado respire autenticidad y respeto por la memoria de las víctimas.

Un homenaje a la memoria y a la superación

El propio Fernando Aramburu, autor de la novela, ha mostrado su satisfacción con el tratamiento de su obra en pantalla, valorando especialmente la sensibilidad y el respeto con los que se aborda este episodio tan duro de la historia. Mariano Barroso, por su parte, define el proyecto como “un reto, pero también un privilegio”, consciente de la dimensión colectiva que supone recordar acontecimientos todavía muy presentes en la memoria de muchos.

Se estima que ‘El niño’ se estrene en cines y posteriormente en el catálogo de Netflix en 2026. La película busca reconstruir los hechos y abrir un espacio de reflexión sobre el duelo y la memoria. La mirada de Barroso y el mensaje de Aramburu confluyen así en una película que pretende emocionar, conmover y dejar huella en todo aquel que se acerque a su historia.


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Muñoz Degrain y la sinceridad en el arte, hasta enero en el Museo del Prado

Fue uno de los precursores del luminismo valenciano, aunque por su cronología su pintura ha de leerse también desde perspectivas románticas y simbolistas.
Unos meses después de que se cumpliese el centenario de su muerte, y hasta enero del año próximo, la sala 60 del Museo del Prado acoge una decena de obras de Antonio Muñoz Degrain, correspondientes a todas sus etapas y cinco de ellas recientemente restauradas.
Dan fe de la diversidad temática, el virtuosismo técnico y la estética personal de este pintor valenciano y junto a ellas podremos ver, en una vitrina, su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1899, que dedicó a “la sinceridad en el arte”, un dibujo incorporado a los fondos del centro a través de una donación y la fotografía de su retrato por el escultor Miguel Blay (al que el Prado brindó otra exhibición en 2016).
Esta exposición forma parte de su programa de difusión de colecciones del siglo XIX, las más amplias que conserva el Prado en el terreno de la pintura. Ese proyecto ha permitido mostrar, desde 2009, artistas, técnicas y contextos en pequeñas muestras monográficas.
Antonio Muñoz Degrain. Paisaje del Pardo al disiparse la niebla, 1866. Museo Nacional del Prado
Podremos contemplar Paisaje del Pardo al disiparse la niebla (1866), su paisaje más destacado, llamativo por su pincelada suelta, que remite ocasionalmente a la factura de Velázquez, y por su rica captación de las atmósferas. Recibió por él una medalla en la Exposición Nacional de 1866. También veremos Recuerdos de Granada (1881), ya en la sala 63 A, o Vista de Granada y Sierra Nevada (hacia 1915), que prueban su mirada subjetiva y evocadora de la naturaleza, en la que conjugaba elementos reales e imaginados.
La exposición también se fija en su rol como pintor de historia y de asuntos literarios. Cuenta con un estudio preparatorio a lápiz para su obra más célebre, Los amantes de Teruel, que puede admirarse en la sala 75 y posibilita acercarse a su proceso creativo. En Antes de la boda, por su parte, la representación de Isabel de Segura, protagonista de la composición, revela la influencia veneciana en las tonalidades vibrantes y, de nuevo, en la pincelada suelta.
Además, Muñoz Degrain mostró su interés por el exotismo norteafricano en Los escuchas marroquíes (1879), por la pintura religiosa en Jesús en el Tiberíades (1909) y por el detalle cotidiano en Rincón de un patio toledano (1904), todas ellas piezas que nos hablan de su versatilidad y su búsqueda continua de lenguajes pictóricos alternativos. Asimismo, Interior del estudio de Muñoz Degrain en Valencia, de su amigo Francisco Domingo Marqués, proporciona para los espectadores un testimonio valioso de la vida artística en esa ciudad en el siglo XIX.
Antonio Muñoz Degrain. Antes de la boda, 1882. Museo Nacional del Prado
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Biblioteca Público: ‘El imperio de las armas’ de Priya Satia

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Análisis de El Asombroso Spiderman – Beyond 4: Final de una etapa clave para el trepamuros

Isaac

Portada de El Asombroso Spiderman – Beyond 4

El universo arácnido continúa en constante evolución y renovación, y buena prueba de ello es la publicación de El Asombroso Spiderman – Beyond 4 dentro de la línea Marvel Premiere por parte de Panini Cómics. Este volumen supone la culminación de una etapa especialmente convulsa y significativa; un auténtico punto y aparte para los seguidores del trepamuros, especialmente para los que han seguido con interés la saga Beyond y las historias más recientes en torno a Ben Reilly.

Este cuarto tomo recopila los números finales de la etapa Beyond, abarcando tanto episodios de la serie regular como especiales imprescindibles para comprender el desenlace de los acontecimientos y la transición hacia la siguiente fase editorial, con Zeb Wells como próximo guionista principal. El equipo creativo está compuesto por nombres de altura: Patrick Gleason, Kelly Thompson, Zeb Wells, Cody Ziglar y Jed Mackay a los guiones, y un despliegue artístico liderado por Mark Bagley, Sara Pichelli, Fran Galán y el propio Gleason, entre otros destacados dibujantes.

Una etapa de cambios y conflictos: la tragedia de Ben Reilly

La historia nos sitúa justo tras el clímax del tomo anterior: la Duende Reina ha destruido el Daily Bugle, eliminando pruebas cruciales sobre las actividades de la corporación Beyond y profundizando aún más en la manipulación de los recuerdos de Ben Reilly. Sacudido psicológicamente, Ben opta por buscar venganza, llevando a Janine consigo y dejando a Mary Jane a merced de la villana. El destino de todos recae ahora sobre los hombros de una Gata Negra decidida y un Peter Parker todavía recuperándose de sus heridas, quienes unen fuerzas para desentrañar el misterio y tratar de salvar tanto a sus amigos como al Daily Bugle.

Los guionistas de Beyond aportan cada uno su sello particular en esta recta final. Patrick Gleason, en una faceta menos habitual como escritor, se encarga de los primeros capítulos proporcionando dosis de acción y un conocimiento profundo de los personajes. Posteriormente, Kelly Thompson y Jed Mackay intentan introducir humor y explorar la relación entre los dos Spiderman, aunque la resolución de los diferentes frentes narrativos resulta en ocasiones abrupta o inconclusa. La conclusión, orquestada por Zeb Wells, apuesta por el enfrentamiento directo entre Peter y Ben, permitiendo a ambos brillar pero dejando el destino de Ben en un punto bajo, listo para la nueva era.

El apartado artístico: una pasarela de estilos

Uno de los aspectos más comentados de este tomo es la gran variedad de artistas participantes. Si bien la calidad general se mantiene alta, la coexistencia de estilos tan dispares puede generar cierto contraste entre episodios. Mark Bagley se mantiene fiel a su habitual dinamismo, aunque con algunos signos de madurez artística, mientras que Sara Pichelli y Patrick Gleason aportan frescura y espectacularidad en las viñetas más potentes. Especial mención merece el trabajo de Bryan Valenza como colorista en el cierre, lo que realza aún más el potencial gráfico de la colección.

Esta variedad visual puede disminuir la coherencia general del relato, haciendo que la experiencia de lectura fluctúe dependiendo del número y sus responsables. Gleason brilla especialmente en los capítulos finales, mostrando por qué es tan valorado tanto en DC como en Marvel.

Un cierre que deja sentimientos encontrados

En cuanto a la valoración global del tomo, El Asombroso Spiderman – Beyond 4 resulta tanto interesante como irregular. Por un lado, ofrece un final necesario a muchos hilos argumentales que se habían ido gestando durante meses, con especial atención a la evolución de Ben Reilly y el impacto de la corporación Beyond. Por otro, la abundancia de episodios especiales y cambios de rumbo creativos puede dejar al lector con la sensación de que algunas ideas quedaron a medio desarrollar o, incluso, fueron abandonadas para dar paso a la siguiente etapa.

Un elemento llamativo es la inclusión de un número especial que cierra la disputa con Lagarto, dentro de la línea de episodios lanzados como parches para resolver tramas abiertas. Este recurso, habitual en la saga Beyond, permite introducir personajes nuevos y ofrecer variedad, pero también dispersa la atención del lector, restando profundidad a la historia principal.

Para los seguidores de Ben Reilly, el desenlace puede parecer decepcionante, ya que el prometido regreso del personaje termina tornándose en una caída que apenas se explora antes de abrir paso al nuevo ciclo de la colección. Los seguidores de Peter Parker podrán apreciar varias escenas donde el personaje recupera parte de su carisma clásico y demuestra su resiliencia.


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