Cuando Denunciar se Convierte en Delito: Terrorismo Legal contra las Víctimas de Abuso Sexual

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El PDL de “denuncia falsa” busca criminalizar a quienes se atreven a romper el silencio frente a la violencia sexual

 

Por Laura Ibáñez

 

El caso de Cristian Campos ha destapado algo más que una denuncia de abuso sexual contra un conocido actor de Chile. Hoy, también está revelando las estructuras de poder que protegen a los agresores y castigan a quienes se atreven a nombrar la violencia sexual. Por eso, la presentación de un proyecto de Ley, que pretende tipificar como delito la “denuncia falsa” por abuso sexual, no es una iniciativa que no busca justicia, sino que busca silencio.

 

La prescripción no es inocencia

 

En primer lugar, es fundamental aclarar algo, que se ha distorsionado deliberadamente en el debate público: Cristian Campos no fue sobreseído porque se comprobó que la denuncia es falsa. Fue sobreseído porque el delito había prescrito.

La prescripción significa que pasó el plazo legal que tiene el Estado para perseguir un delito. Es un tecnicismo jurídico, un límite temporal que impone la ley procesal, no una declaración de inocencia. La denunciante presentó su acusación cuando ya habían transcurrido los años que establece la ley para poder investigar y juzgar ese tipo de delitos. Por eso, no se investigó si los hechos ocurrieron o no: simplemente, el tiempo legal se había agotado.

Cabe señalar que el caso prescribió porque cuando ocurrieron los hechos denunciados, los delitos sexuales contra menores de edad aún tenían prescripción en Chile. Recién desde 2004, con la Ley 19.974, se estableció la imprescriptibilidad para los delitos sexuales cometidos contra menores de edad.

Dicho de otro modo: no sabemos si los hechos sucedieron porque nunca se investigaron. Lo único que lo salvó de enfrentar un juicio, fue que la denuncia llegó después del plazo que marca la ley. La prescripción es una salida técnica, no una declaración de inocencia.

Y, sin embargo, sobre la base de un caso que nunca se investigó, se pretende construir una legislación que criminalizará a las víctimas que se atrevan a denunciar.

 

El silencio de la infancia y la justicia que llega tarde

 

Pero hay algo más profundo que debemos analizar ¿por qué tantas víctimas de abuso sexual infantil recién denuncian cuando son adultas? La respuesta está en la naturaleza misma del trauma y en las dinámicas del abuso de poder.

Las niñas y niños que sufren abuso sexual enfrentan barreras monumentales para hablar. Primero, porque muchas veces no tienen el lenguaje para nombrar lo que les está pasando. Segundo, porque el abusador suele ser alguien cercano, de confianza, alguien que ejerce autoridad sobre ellas: un padre, un tío, un vecino, un abuelo, entre otros. Tercero, porque el abusador construye deliberadamente un entorno de miedo, culpa y silencio: “si hablas, nadie te va a creer”, “esto es culpa tuya”, “vas a destruir a la familia”.

El trauma infantil, además, opera de maneras complejas. La disociación, la negación, la normalización del abuso son mecanismos de supervivencia que permiten a niñas y niños seguir viviendo. Muchas veces no es hasta la adultez, cuando se ha construido cierta autonomía y distancia, cuando se logra procesar y poner en palabras el abuso sufrido.

El derecho comparado internacional, nos demuestra que se ha reconocido esta realidad, razón por la cual, varios países han eliminado la prescripción para delitos sexuales contra menores de edad, o han establecido que el plazo comienza a correr recién cuando la víctima cumple la mayoría de edad. Lamentablemente, Chile ha avanzado poco en esto, manteniendo plazos de prescripción que, en la práctica, garantizan la impunidad de los abusadores.

 

La imposible prueba del abuso

 

Aquí llegamos a una de las crueldades más perversas del sistema: la extrema dificultad de probar un delito sexual. A diferencia de otros delitos, el abuso sexual suele ocurrir en la intimidad, sin testigos, sin cámaras, sin evidencia material inmediata. El diseño mismo del delito contiene el aprovechamiento de la vulnerabilidad, el secreto o el aislamiento de la víctima y esto hace que reunir pruebas sea casi imposible.

¿Qué le queda a una víctima? Su testimonio. Pero el sistema judicial históricamente ha desconfiado del testimonio de las mujeres, de las niñas, de las víctimas. Se les somete a cuestionamientos donde se ponen en duda cada detalle: por qué no gritaste, por qué no te resististe más, por qué seguiste viendo al agresor, por qué esperaste tanto para denunciar. Como si existiera un manual de “cómo comportarse correctamente cuando te violan”.

La ciencia forense ha demostrado que la ausencia de lesiones físicas no significa ausencia de delito. Que el comportamiento de las víctimas de trauma sexual puede ser contradictorio, fragmentado, aparentemente “ilógico”. Que la memoria traumática funciona diferente a la memoria cotidiana. Pero estos conocimientos todavía no permean suficientemente el sistema judicial y por lo visto tampoco en los legisladores que patrocinan este proyecto.

Cuál es el resultado de estos obstáculos para las víctimas: la inmensa mayoría de los abusadores quedan libres. Las cifras oficiales son brutales. Según datos del propio Ministerio Público, entre 2011 y 2020, el 52,6% de las causas por delitos sexuales contra niñas, niños y adolescentes fueron archivadas. En años más recientes, la situación empeoró: en 2023, el 68,4% de las causas tuvieron salidas no judiciales.

Las “salidas no judiciales” significan que los casos nunca llegaron a un juez, que nunca hubo un juicio, que nunca se dictó sentencia alguna. El 60% de los casos fueron simplemente archivados por “falta de antecedentes”. Entre 2016 y 2022, solo entre el 10% y 14% del total de denuncias llegaron siquiera a tener una sentencia definitiva, y en años como 2020, apenas el 8,34% de los casos tuvo resolución judicial.

Esto no significa que el 90% de las denuncias sean falsas. Significa que tenemos un sistema que archiva sistemáticamente las causas sin investigarlas adecuadamente, que decide no perseverar cuando la prueba es difícil, que es estructuralmente incapaz de procesar y juzgar estos delitos. El archivo provisional o la prescripción, no es una declaración de inocencia, ni una confirmación de denuncia falsa, es simplemente el sistema diciendo “no pudimos o no quisimos reunir suficiente evidencia”.

Es así como muchos abusadores caminan libremente mientras sus víctimas cargan con el trauma, la culpa y el miedo. Y ahora, con este proyecto de ley, se pretende agregar una amenaza más y da un claro mensaje “si no logras probar tu caso en un sistema diseñado para no poder probarlo, podrías terminar procesada penalmente y cumpliendo condena.

 

El miedo como política criminal

 

Pero este proyecto no nace del vacío, sino que emerge de una tradición jurídica que históricamente ha desconfiado de las mujeres y de quienes denuncian abusos de poder. Bajo la retórica de “proteger a los inocentes”, lo que realmente se está construyendo es un mecanismo de amedrentamiento que agrega otra capa de terror al ya tortuoso camino de denunciar un delito sexual.

Pensemos en las comunidades donde denunciar ya implica enfrentar el ostracismo social, la pérdida del trabajo, la ruptura familiar. Pensemos en las mujeres que saben que sus agresores tienen recursos económicos, conexiones políticas, acceso a los mejores abogados o cobertura comunicacional. Pensemos en las niñas y niños que finalmente, después de años, se atreven a hablar, sabiendo que probablemente no habrá justicia porque el delito prescribió. Ahora agreguemos la amenaza de ser procesadas penalmente si no logran probar su caso más allá de toda duda razonable. El mensaje es claro para ella: mejor quédate callada.

 

La paradoja jurídica del poder

 

Desde una perspectiva de derechos humanos, este proyecto representa una inversión perversa de las obligaciones estatales. Chile ha suscrito tratados internacionales —como la Convención de Belém do Pará y la CEDAW— que lo comprometen a remover los obstáculos que impiden el acceso a la justicia de las víctimas de violencia de género. En lugar de eso, estamos ante una iniciativa que añade obstáculos, que multiplica el costo de denunciar.

La falsa denuncia ya es un delito en Chile: se llama calumnia. Lo que este proyecto realmente busca es crear un tipo penal específico que permita perseguir con mayor eficacia a quienes denuncian delitos sexuales. Es una herramienta de disciplinamiento disfrazado de garantismo procesal.

 

Cuando el victimario se victimiza

 

El caso Campos es paradigmático para mostrar, cómo opera el poder cuando se ve amenazado. Un hombre con recursos, con tribuna mediática, con acceso privilegiado a la esfera pública, utiliza todos esos capitales para construir una narrativa de persecución. Y el sistema responde, no sólo no investigando seriamente las denuncias en su contra, sino que también, proponiendo una legislación que proteja a quienes, como él, pueden movilizar poder.

Esto no es nuevo. La historia está llena de ejemplos donde las élites, cuando son cuestionadas, responden criminalizando la disidencia. Lo vimos con las leyes anti-sindicales cuando los trabajadores se organizaban. Lo vemos hoy con la criminalización de la protesta social. Y lo vemos ahora con este intento de criminalizar las denuncias de violencia sexual.

 

El feminismo como lente de análisis

 

Desde el feminismo jurídico, este proyecto es una manifestación más del manual patriarcal. Cada vez que las mujeres avanzan en sus derechos, cada vez que se hace visible la violencia estructural, emerge una reacción que busca restaurar el orden anterior. La respuesta del patriarcado es predecible: si no se puede silenciar socialmente, se silenciará legalmente.

 

La importancia vital de denunciar

 

A pesar de todo esto, es fundamental sostener que denunciar es un acto de dignidad y de resistencia y, por sobre todo, es un derecho. Cada denuncia, incluso las que no terminan en condena, tiene un valor político y social incalculable. Rompe el pacto de silencio que sostiene la violencia sexual y les dice a otras víctimas que no están solas.

Denunciar en contextos hostiles es un acto de valentía extraordinaria. Denunciar, incluso cuando el delito ha prescrito, incluso cuando sabemos que las probabilidades de justicia son mínimas, sigue siendo fundamental. Porque nombrar la violencia es el primer paso para transformarla. Porque cada testimonio que se hace público interpela a otras víctimas, las autoriza a hablar, les dice que lo que vivieron tiene nombre y que no están solas.

 

El terrorismo legal contra las víctimas

 

Lo que este proyecto propone es, literalmente, terrorismo penal contra las víctimas. Usar la amenaza del derecho penal para disuadir denuncias es terrorismo legal. Y es particularmente perverso porque se ejerce sobre quienes ya han sido victimizadas por haber vivido un abuso sexual

Lo que Chile necesita no es criminalizar las denuncias, sino transformar radicalmente cómo el sistema aborda los delitos sexuales.

Necesitamos, en definitiva, un sistema que crea en las mujeres y en las niñas, que no parta del supuesto de que mienten, que entienda las dinámicas del poder y del trauma, que reconozca que la dificultad de probar estos delitos no significa que no ocurran.

 

La resistencia es colectiva

 

Este proyecto no puede prosperar. Requiere una respuesta articulada del movimiento feminista, de las organizaciones de derechos humanos, de la academia, de las organizaciones de defensa de la infancia, de todas las personas que entiendan que lo que está en juego es la posibilidad misma de nombrar la violencia sexual.

El proyecto de “denuncia falsa” es un proyecto del miedo. Nuestra respuesta debe ser un feminismo del coraje: el que nos permite nombrar lo que nos duele, acompañar a quienes denuncian, creer en los testimonios de las víctimas y construir colectivamente los caminos hacia una sociedad donde la violencia sexual sea realmente impensable, no porque no se pueda denunciar, sino porque no exista.

La historia nos enseña que los derechos se conquistan cuando quienes los reclaman se niegan a ser silenciadas y a nosotras no nos callarán.

 


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Todo sobre el Premio Òmnium a la mejor novela del año

Isaac

Premio Omnium mejor novela

El Premio Òmnium a la mejor novela del año se ha consolidado en menos de una década como uno de los galardones literarios más influyentes del ámbito catalán. Concebido para reconocer la mejor obra de narrativa publicada en catalán, se ha convertido en una referencia para lectores, editoriales y autores que buscan una señal clara de calidad literaria.

En su novena edición, el premio llega con cambios de formato, una lista amplia de finalistas y una mayor proyección pública gracias a su incorporación plena a la Nit de les Lletres Catalanes. El certamen refuerza así su vocación de ser un escaparate de la literatura catalana contemporánea, con obras que abarcan desde la narrativa íntima hasta propuestas más arriesgadas y experimentales.

Un premio con la dotación económica más alta para novela publicada

El Premi Òmnium a la Millor Novel·la de l’Any está considerado el galardón mejor dotado económicamente del país para una obra ya publicada. La cifra asciende a 25.000 euros, de los cuales 20.000 se destinan directamente a la persona ganadora y 5.000 se reservan específicamente para la promoción del libro.

Esta estructura de premios busca no solo recompensar al autor o autora, sino también impulsar la circulación de la obra mediante campañas de difusión, presentaciones y acciones que la acerquen a un público más amplio. El objetivo declarado de Òmnium Cultural es que la novela premiada gane visibilidad tanto dentro de los territorios de habla catalana como en otros mercados a través de la traducción.

El galardón se otorga a novelas publicadas originalmente en catalán, lo que lo sitúa como una herramienta clave para reforzar el ecosistema literario en esta lengua. De este modo, se alinea con premios internacionales como el Goncourt francés o el Booker inglés, que han servido de modelo e inspiración para el diseño del certamen.

Desde el ámbito editorial se valora especialmente que el premio recaiga sobre obras ya publicadas y no manuscritos inéditos, ya que esto refuerza el trabajo conjunto entre autoría y sellos editoriales y contribuye a ampliar el recorrido comercial de los títulos que llegan a la lista de finalistas.

Diez novelas finalistas para la novena edición

La principal novedad en el funcionamiento reciente del premio es la ampliación del foco sobre las obras candidatas. En lugar de seleccionar únicamente tres títulos finalistas, el comité de selección ha optado por dar visibilidad a una lista de diez novelas nominadas, todas ellas publicadas entre noviembre de 2024 y diciembre de 2025.

El comité ha hecho pública una selección que muestra la diversidad estilística y temática de la narrativa en catalán actual, con obras procedentes de distintos puntos del territorio y de editoriales muy diversas. Las novelas nominadas son:

  • La gran família, de Antònia Carré-Pons (Club Editor).
  • L’home que va vendre el món, de Melcior Comes (Proa).
  • Si una família, de Alba Dalmau (Angle Editorial).
  • Virgil, de Quim Español (Edicions de 1984).
  • Guerra, victòria, demà, de Carles Fenollosa (Llibres de la Drassana).
  • Els claustres, de Víctor Garcia Tur (Comanegra).
  • Demolició, de Lluís Llort (Clandestina).
  • Abans més que Encara, de Miquel de Palol (Navona).
  • Els crits, de Víctor Recort (L’Altra Editorial).
  • Escenaris, de Toni Sala (L’Altra Editorial).

Estas obras, procedentes de nueve editoriales diferentes, reflejan tanto el peso de sellos consolidados como el empuje de proyectos independientes. La presencia de editoriales como Club Editor, Proa, Edicions de 1984 o L’Altra Editorial convive con otras propuestas que, en conjunto, revelan la buena salud del sector.

Detrás de esta lista hay un proceso de lectura y deliberación llevado a cabo por el comité de selección del Premio Òmnium, que examina las novelas publicadas dentro del periodo establecido y escoge aquellas que mejor representan el momento literario actual. La intención no es solo coronar a una ganadora, sino proponer un panorama amplio de obras de alto nivel.

Para lectoras y lectores, esta lista de finalistas funciona de hecho como una guía de lectura privilegiada, ya que cada título ha pasado por un filtro riguroso y comparte un denominador común: una apuesta clara por la calidad literaria en lengua catalana.

La Nit de les Lletres Catalanes y la gala en el MNAC

Otra de las grandes transformaciones recientes del premio es su integración plena en la Nit de les Lletres Catalanes, la gran cita anual con la literatura y la lengua catalana organizada por Òmnium Cultural. Hasta hace poco, esta celebración se conocía como Nit de Santa Llúcia y se realizaba tradicionalmente el 13 de diciembre.

En la nueva etapa, la gala se ha trasladado al mes de marzo y se ha rebautizado como Nit de les Lletres Catalanes. La edición en la que se entregará la novena convocatoria del premio se celebrará el 14 de marzo en la Sala Oval del Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), en Barcelona, un escenario emblemático que subraya el vínculo entre arte, patrimonio y creación contemporánea.

El presidente de Òmnium Cultural, Xavier Antich, ha explicado que con este cambio se quiere dar más aire al certamen y convertir la gala en un evento «espectacular» que muestre la potencia del sector literario catalán. No se trata solo de entregar un premio, sino de ofrecer una radiografía pública del momento que atraviesa la literatura en catalán.

Durante los tres meses previos a la Nit de les Lletres Catalanes, Òmnium impulsa un recorrido de difusión de las obras nominadas, con presentaciones, clubes de lectura y actividades diversas. Este periodo de promoción busca que los títulos finalistas lleguen a más lectores antes incluso de conocerse el fallo definitivo.

En paralelo, la gala incorpora otros reconocimientos, como premios de cómic o de obra teatral, lo que contribuye a reforzar una visión transversal de la creación en catalán. En este marco compartido, el Premio Òmnium a la mejor novela del año actúa como uno de los ejes centrales de la noche.

Una radiografía de la literatura catalana actual

El discurso institucional alrededor del premio insiste en la idea de que la lista de finalistas ofrece una fotografía representativa de la vitalidad creativa en los llamados Països Catalans. Desde València hasta Girona, pasando por poblaciones como Sa Pobla, Terrassa o la propia Barcelona, la narrativa en catalán vive un momento de madurez y renovación simultáneas.

Según ha subrayado Xavier Antich, la selección de este año «demuestra una vez más la calidad literaria que aflora año tras año» en el conjunto del territorio de habla catalana. La diversidad geográfica, generacional y estilística de las personas nominadas refuerza esta impresión.

También se ha puesto en valor el esfuerzo de las editoriales, que en esta edición suman nueve sellos distintos entre las diez novelas. Esta dispersión editorial indica que la excelencia literaria no se concentra en un único grupo, sino que se distribuye entre proyectos de distinto tamaño y orientación, algo que contribuye a hacer el sistema más plural.

El premio, en definitiva, funciona como un observatorio privilegiado desde el que asomarse a las tendencias de la narrativa en catalán: la presencia de voces consolidadas convive con autores y autoras que, gracias a la nominación, ganan un reconocimiento que puede impulsar decisivamente su carrera.

Para el público lector, el interés del galardón va más allá del simple anuncio del ganador. Seguir el listado de obras nominadas, las actividades de difusión y las opiniones del jurado permite hacerse una idea bastante precisa del tipo de literatura que se está escribiendo y publicando hoy en catalán.

Orígenes y evolución del Premio Òmnium

El Premi Òmnium a la Millor Novel·la de l’Any nació en 2017 con una ambición clara: crear un gran premio de novela en catalán que pudiera equipararse, salvando las distancias de mercado, a reconocimientos tan influyentes como el Premio Goncourt en Francia o el Booker en el ámbito anglosajón.

Desde el principio, Òmnium Cultural planteó el galardón no solo como un instrumento de prestigio simbólico, sino como una herramienta práctica para reforzar el tejido literario en catalán. Por eso, además de la dotación económica, se puso énfasis en la promoción, la traducción y la circulación internacional de las obras premiadas.

A lo largo de sus primeras ediciones, el premio ha ido ajustando su formato, pero ha mantenido una constante: centrarse en la calidad literaria antes que en los fenómenos estrictamente comerciales. El cambio reciente hacia una lista de diez nominadas responde a esa misma lógica de ampliar el foco y ofrecer más visibilidad al conjunto del sector.

La evolución de la ceremonia también ha sido significativa. Lo que en un inicio se enmarcaba en la tradicional Nit de Santa Llúcia ha acabado integrándose en una gala renovada, la Nit de les Lletres Catalanes, con más premios y un planteamiento escénico pensado para llegar a un público amplio, tanto presencial como a través de los medios.

Con estos ajustes, Òmnium Cultural busca que el premio no se quede en un acontecimiento aislado, sino que forme parte de una estrategia continuada de impulso a la literatura en catalán, conectando autores, editoriales, librerías, bibliotecas y, por supuesto, lectores.

Ganadores de ediciones anteriores

El palmarés del Premio Òmnium a la mejor novela del año reúne a algunas de las voces más destacadas de la narrativa catalana reciente. Desde 2017, el galardón ha recaído en obras que han tenido una amplia repercusión crítica y lectora, reforzando la imagen de exigencia y prestigio asociada al certamen.

Estos son los títulos y autores que han obtenido el premio desde su creación:

2017Els estranys, de Raül Garrigasait.

2018Aprendre a parlar amb les plantes, de Marta Orriols.

2019L’esperit del temps, de Martí Domínguez.

2020Boulder, de Eva Baltasar.

2021Junil a les terres dels bàrbars, de Joan-Lluís Lluís.

2022Ràbia, de Sebastià Alzamora.

2023La mestra i la bèstia, de Imma Monsó.

2024Cavall, atleta, ocell, de Manuel Baixauli.

La presencia de nombres como Eva Baltasar, Sebastià Alzamora o Imma Monsó confirma que el jurado ha sabido identificar obras llamadas a tener un largo recorrido dentro del canon contemporáneo. Muchas de ellas se han traducido a otras lenguas y se han consolidado también fuera del ámbito estrictamente catalán.

Al mismo tiempo, el premio ha servido para impulsar trayectorias que, aunque ya estaban bien valoradas en el entorno literario, han ganado un público mucho más amplio gracias a la visibilidad que proporciona el galardón. Este efecto arrastre no solo beneficia a las novelas ganadoras, sino también a las restantes finalistas.

Con la combinación de una dotación económica potente, una selección exigente de diez novelas finalistas y una gala de alto perfil en la Nit de les Lletres Catalanes, el Premio Òmnium a la mejor novela del año se ha consolidado como uno de los grandes termómetros de la narrativa en catalán. Para quienes se interesan por lo que se está escribiendo ahora mismo en esta lengua, seguir la evolución del certamen y su lista de obras nominadas se ha convertido casi en una cita obligada del calendario cultural.


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SE EXPUSO EL PATRIMONIO BIBLIOGRÁFICO Y DOCUMENTAL DE LA BIBLIOTECA

Presidencia

La AAL participó como invitada especial de la Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires

La Biblioteca Jorge Luis Borges de la Academia Argentina de Letras participó como invitada especial de la 18.ª Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires, celebrada del miércoles 29 de octubre al domingo 2 de noviembre en el Palacio Libertad (Ciudad de Buenos Aires) y organizada por la Asociación de Libreros Anticuarios de Argentina (ALADA).
La Biblioteca recibió la invitación a ser parte, con un stand propio, por el señor Víctor Aizenman, vicepresidente de la mencionada asociación, a fin de exponer una selección de nuestra colección de escritoras pioneras argentinas.

Agradecemos a Celia Weimer, directora de nuestra Biblioteca, quien nos representó durante las cinco jornadas y estuvo a cargo del stand de la Academia a través del cual pudimos compartir y dar a conocer al público nuestro valioso material de interés cultural y científico.
En la edición 2025 de la Feria, cuyo eje temático fue la mujer en la literatura argentina, la Biblioteca de la Academia puso en exhibición una muestra representativa de nuestro acervo bibliográfico y archivístico de autoras de mediados de siglo XIX a principios del siglo XX: Juana Gorriti, Juana Manso, Francisca Espínola de Anastay, Eduarda Mansilla, Rosa Guerra, Mercedes Rosas de Rivera, Josefina Pelliza de Sagasta, Silvia Fernández, Lola Larrosa de Ansaldo, Emma de la Barra, Ada María Elflein, Edelina Soto y Calvo y Delfina Bunge de Gálvez.
Además, se pudieron ver ejemplares de los siguientes libros publicados por la AAL y que forman parte de nuestro catálogo editorial de títulos a la venta en nuestra sede: Una excursión a los indios ranqueles, Diccionario de la lengua de la Argentina, Palabra de Borges, La Lira Argentina, La lengua española: sus variantes en la región, Homenaje a Manuel Mujica Lainez, Prosas de Enrique Banchs, Teatro de Dardo Rocha y AAL 90.ª Aniversario.
El listado completo de las obras que se exhibieron en la Feria del Libro Antiguo

 



 



 

Más fotos en un video especialmente preparado por Adela Di Bucchianico,bibliotecaria de nuestra institución

La 18.ª Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires
Desde hace veinte años, ALADA organiza la Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires, la más importante de Sudamérica. Instalada definitivamente en el calendario cultural de la ciudad, durante su transcurso las principales librerías anticuarias del país, y próximamente de nuestros países vecinos, dan a conocer lo mejor de sus acervos bibliográficos y documentales ante un público amplio de lectores, bibliófilos, investigadores y coleccionistas. Es la ocasión ideal para apreciar la riqueza de un patrimonio histórico y literario que nuestros profesionales se ocupan de rescatar y preservar. Durante su transcurso también se puede asistir a actividades vinculadas con el universo del libro antiguo, a través de charlas, mesas redondas y conferencias de expertos.
Las Ferias de ALADA se han convertido en un punto de encuentro para los profesionales del libro antiguo del país y del extranjero, así como para bibliófilos, coleccionistas, libreros, entusiastas y público lector en general, que cada año tiene la oportunidad de acercarse e introducirse en un mundo maravilloso de libros curiosos, raros, coleccionables y exquisitos. Allí se pueden apreciar y adquirir libros antiguos del siglo XV hasta libros de las vanguardias artísticas y literarias de principios del siglo XX y también grabados, mapas, fotografías antiguas y afiches entre otras piezas siempre en soporte papel.
ALADA fue fundada por un grupo de destacados libreros a mediados del siglo pasado y en el 2000 se refunda, cumpliendo este año veinticinco años de esta segunda etapa de existencia y agrupando hoy a libreros especializados, anticuarios y editores quienes desde sus lugares asumen la importancia de colaborar con la conservación del patrimonio bibliográfico nacional y universal.
Se han llevado a cabo diez y seis ferias presenciales en Buenos Aires (Museo Larreta, Palais de Glace, Museo Fernández Blanco, Salón Alfredo Bravo del Ministerio de Educación, La Abadía Centro de Estudios Latinoamericanos, el CCK, Palacio La Prensa-Casa de la Cultura, Centro Cultural Palacio Libertad), una en la Ciudad de Córdoba, en el Paseo del Buen Pastor; y en forma virtual en el 2021 como consecuencia del confinamiento y sus restricciones.
La 18.ª Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires contó con la presencia de un grupo ecléctico y representativo de libreros socios de ALADA que desplegaron una variada muestra de sus más preciados libros que ya sea por su rareza, antigüedad o belleza, sin duda despertarán la curiosidad de los visitantes. Y se pudo disfrutar de la exposición fotográfica de Mujeres Argentinas Escritoras.
Este año, por tercera vez, participó la Biblioteca Argentina para Ciegos en su centenario de existencia con un stand donde expusieron sus principales piezas en braille. Se expuso el libro háptico inspirado en Fervor de Buenos Aires que fue realizado por el equipo de Territorio Háptico y donado a la BAC por ALADA en el 2023. Se realizaron experiencias táctiles con videntes y no videntes durante la Feria.
Por segunda vez, se contó con la participación del Archivo General de la Nación exponiendo en ediciones facsimilares algunas de sus piezas, sus tesoros patrimoniales. Asistieron en esta oportunidad también como invitados el CEDINCI y la Biblioteca de la Academia Argentina de Letras y Ediciones Dos Amigos.
En esta edición de la feria se realizó la tercera presentación del Espacio Taller, donde expusieron y realizaron sus actividades artistas y artesanos ligados al mundo del libro: encuadernadores, editores, impresores, ilustradores, etc.
Fuente: ALADA.

Catálogo y programación de la Feria 2025, con el texto «Influencias verdaderas» (en la página 8) de la académica de número de la AAL Esther Cross:

«Si algo aprendí de los libros y la psicología, es que la mente tiene la habilidad de confundir lo que pasó con lo que le dicen. Fue la formulación de esa diferencia la que me deslumbró cuando leí por primera vez a Virginia Woolf. Un cuarto propio habla, precisamente, de interrogar las versiones heredadas de la literatura y reordenar las bibliotecas pensando en ese desfasaje. ¿Cuáles son las historias y la poesía, las obras de teatro, crónicas y ensayos que impactan en nuestra manera de ver las cosas y aparecen en nuestros sueños? La importancia de un libro se mide por cómo se entrelaza con la vida. Será por eso que Silvina Ocampo dijo: “El éxito es saber que se ha conmovido a alguien”…».

Artículo de Cadena 3
Artículo de Lu17
Artículo de La Vereda
Fuente: BID, Número 174, 2025.


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Oliver Laxe revisita Sirat: un ejercicio de sinestesia

Imaginez vous dansez dans une salle pleine où personne, personne, ne vous regarde. Faites tous les mouvements du monde, car personne ne vous voit.
Concierto a concierto, Zaho de Sagazan inicia su última canción pidiendo a su público que se mueva como si estuviera solo, olvidando la mirada ajena para que su danza sea libre, y liberadora. No tiene nada de procedimiento nuevo (los griegos contemplaban ya la danza como vehículo para la conexión con los dioses y para la purificación), sino de rito atemporal que trasciende culturas y, más recientemente, subculturas.
Esos efectos sostienen en buena medida Sirat, la última película de Oliver Laxe, que acaba de convertirse en precandidata a los Óscar en cinco categorías, y también la instalación que este cineasta presenta ahora en el Espacio 1 del Museo Reina Sofía, que estrena programación dedicada a creadores que experimentan con el cine de exposición y que investigan, de manera abierta y no conclusiva, de qué modo se han alimentado mutuamente el arte y la gran pantalla.
Laxe se formó en Publicidad y Relaciones Públicas, pero ya siendo estudiante comenzó a realizar sus primeras instalaciones, y ha manifestado hoy su relación estrecha con las artes desde sus inicios: su voluntad por trabajar desde el espacio, por trasladar éste a la imagen y por ofrecer al cuerpo sensaciones tiene -entiende- mucho que ver con lo plástico.
Oliver Laxe. HU هُوَ. Bailad como si nadie os viera. Museo Reina Sofía, 2025
HU/هُوَ. Bailad como si nadie os viera, que así se llama la pieza que ofrece en el MNCARS, bajo el comisariado de Chema González y Julia Morandeira, es una obra con autonomía propia, pero del todo ligada a Sirat, en la que recurre Laxe a un tratamiento radical del entorno del espectador, al gesto contundente pero sobrio y a la incorporación de la oscuridad para favorecer la sugerencia del misterio y el sobrecogimiento. Propone, en último término, un ejercicio de sinestesia: sonido, espacio e imagen convergen para suscitar una experiencia, alejada de las formas literales, que se espera compleja e individual.
El trabajo videográfico es antecedido, en una sala oscura, por una pirámide de altavoces que remite al mundo de las raves en el que se sumerge Luis (Sergio López), en Sirat, para buscar a su hija desaparecida. En esa penumbra, esta pirámide adquiere el rol de tótem y emite una vibración constante y uniforme que se intuye ya en el claustro del Reina Sofía; esta estancia previa adquiere aquí el rol de preparar los sentidos del visitante de cara a la instalación en sí.
En HU/هُوَ asistimos, finalmente, a la triple proyección en bucle, durante cerca de un cuarto de hora, de una parte de la danza de tres de los individuos heridos que exponen su vida en Sirat y encuentran una mezcla de paz y tortura catártica bailando en el desierto, así como de imágenes que Laxe filmó hace una década en Irán, en antiguas arquitecturas religiosas; su geometría y proporciones se vincula a lo sagrado, del mismo modo que el movimiento libre en el escenario sublime de las zonas más yermas de Marruecos implica en el film, y para sus personajes, una dimensión trascendental surgida en las zonas grises entre la celebración y la amargura. En el museo, por cierto, ha vuelto ha encargarse del sonido, de darle cuerpo, Kangding Ray (David Letellier), sonidista en la película.
Oliver Laxe. HU هُوَ. Bailad como si nadie os viera. Museo Reina Sofía, 2025
Oliver Laxe. HU هُوَ. Bailad como si nadie os viera. Museo Reina Sofía, 2025
No tiene la instalación carácter narrativo (por lo que los espectadores podrán incorporarse en cualquier momento de la proyección), y carece igualmente de símbolos explícitos que apunten a lecturas cerradas de cualquier tipo: creyente en la ambigüedad, este cineasta nacido en París y de orígenes gallegos ha optado por recurrir a la abstracción sensorial y a la sinestesia. Es su modo de no intelectualizar demasiado este proyecto -según ha declarado, para que no nazca muerto y para conceder espacio al inconsciente-. La obra, ha señalado, empieza hoy.
Antecederá otras en las que -apunta- continuará arriesgándose (El público quiere que el artista muera antes de morir) e intentará mantener su gesto artístico sin engañarse. Sabiendo que no hay nada peor para un director que no ser entendido, pero también que generar incomodidad es señal de que la película ha germinado emociones, ha funcionado.
Oliver Laxe. HU هُوَ. Bailad como si nadie os viera. Museo Reina Sofía, 2025
 
 
 
Oliver Laxe. “HU هُوَ. Bailad como si nadie os viera”
MUSEO NACIONAL CENTRO DE ARTE REINA SOFÍA. MNCARS
C/ Santa Isabel, 52
Madrid
Del 17 de diciembre de 2025 al 20 de abril de 2026
 
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Ken Follett, la escritura frente a la inteligencia artificial y un futuro sin retirada a la vista

Isaac

Ken Follett escritor

La figura de Ken Follett se ha convertido en sinónimo de éxito literario a escala global. No solo es uno de los autores más leídos del mundo, sino que, además, su nombre aparece inevitablemente asociado a la idea de bestseller, ventas millonarias y lectores fieles repartidos por todos los continentes.

Para muchos aficionados a la lectura, podría ser casi un sueño ponerse en la piel de Follett: no tener que preocuparse por la cuenta bancaria y saber que cada nueva novela tiene muchas papeletas para convertirse en un fenómeno editorial. Sin embargo, detrás de esa imagen de éxito hay un escritor veterano que sigue muy pegado a la realidad, atento a los cambios tecnológicos y, sobre todo, absolutamente comprometido con su oficio.

Un autor que tocó techo con «Los pilares de la Tierra» y sigue en plena forma

Follett alcanzó una notoriedad difícil de igualar con Los pilares de la Tierra, la novela histórica ambientada en la Edad Media con la que superó los 50 millones de ejemplares vendidos desde su publicación a finales de los años ochenta. Ese título lo consagró definitivamente en Europa, especialmente en países como España, donde el libro sigue reeditándose y sumando nuevas generaciones de lectores.

Lejos de vivir del recuerdo de aquel éxito, el autor galés continúa ampliando su obra. En fechas recientes ha presentado El círculo de los días, su nuevo libro, publicado ya en el mercado español, que demuestra que su interés por las grandes tramas históricas y los personajes complejos permanece intacto. En torno a este lanzamiento ha ofrecido diversas entrevistas en Europa, en las que ha dejado ver tanto su manera de trabajar como su punto de vista ante los retos actuales de la creación literaria.

Durante una de estas conversaciones, surgió inevitablemente la cuestión de la edad y la posibilidad de una retirada. A sus 76 años, sería lógico pensar en una última novela que pusiera el broche final a una carrera tan extensa. Sin embargo, Follett se mostró muy claro al respecto: no tiene intención de dejar de escribir mientras la salud y la cabeza se lo permitan.

Él mismo reconoce que, tarde o temprano, el cuerpo impondrá sus límites. Podría enfermar o simplemente no mantener el ritmo de trabajo de antaño. Pero, por voluntad propia, no contempla aparcar la pluma. Para Follett, la escritura no es únicamente un medio de vida: es una forma de seguir explorando el mundo, de relacionarse con los lectores y de mantenerse creativo, algo que considera esencial en su día a día.

Ken Follett autor de bestsellers

Disciplina férrea y pasión por el trabajo diario

Si algo caracteriza a Ken Follett es su disciplina casi metódica. Él mismo ha explicado en innumerables ocasiones que sus jornadas empiezan temprano, reservando las primeras horas del día a escribir con la máxima concentración. Solo después atiende entrevistas, compromisos promocionales u otras tareas.

Esta rutina sostenida en el tiempo le ha permitido mantener un ritmo constante de publicación y construir una carrera muy prolífica. A pesar del paso de los años, continúa aplicando la misma fórmula: tiempo de calidad frente a la página, una planificación muy precisa de cada novela y la voluntad de revisar y reescribir hasta dar con el tono adecuado.

En sus declaraciones recientes, Follett deja entrever que, a cuatro años de cumplir los 80, su energía creativa sigue viva. El cansancio lógico de una carrera tan larga no parece pesar más que el placer que le produce imaginar tramas, levantar mundos ficticios y dar voz a sus personajes. Esa combinación de rigor y disfrute es, en buena medida, la que explica su vigencia en el panorama literario europeo.

Para su público, esta actitud es una buena noticia: salvo imprevistos, pueden esperar nuevas historias firmadas por él durante más tiempo. El propio Follett insiste en que, mientras siga encontrando interesante y «divertido» el proceso de escribir, no se ve colgando las teclas ni anunciando una última obra solemne.

Ken Follett frente a la inteligencia artificial: curiosidad, pero sin miedo

En paralelo a las preguntas sobre su futuro profesional, otra cuestión inevitable en las entrevistas actuales es el papel de la inteligencia artificial en la literatura. La irrupción de herramientas capaces de generar texto ha abierto un debate intenso en el sector editorial europeo, y Follett no ha permanecido al margen.

En una conversación con periodistas, el autor recordó un experimento que realizó en 2023: pidió a una IA que escribiera el primer capítulo de una novela «de Ken Follett». El resultado fue, en sus propias palabras, decepcionante. Había elementos reconocibles de su universo creativo —un escudero, una aldea, una guerra lejana que se avecinaba—, es decir, rasgos superficiales de su estilo. Sin embargo, el texto le pareció muy mal escrito y carente de la complejidad que él busca en sus obras.

Más recientemente, otra periodista le mostró el inicio de una novela generada de nuevo por una IA con un encargo similar. Follett admitió que el resultado era algo mejor que el de hace un par de años, lo que demuestra que la tecnología está avanzando deprisa. No obstante, su veredicto sigue siendo claro: el nivel alcanzado aún está lejos de lo que él considera una buena narración.

Esta experiencia le lleva a una conclusión que ha repetido en distintas ocasiones: sigue tranquilo porque, a su juicio, la inteligencia artificial no está preparada para escribir un libro realmente sólido. Puede imitar patrones, pero no llega a capturar la profundidad, la tensión narrativa y los matices emocionales que él asocia a la buena literatura.

La clave está en romper las reglas (y por eso la IA se queda corta)

Para Follett, el verdadero corazón del trabajo literario se encuentra en saber cuándo y cómo romper las reglas. Reconoce que, como cualquier escritor, trabaja con ciertas convenciones: estructuras reconocibles, ritmos, giros clásicos del thriller o de la novela histórica. Pero subraya que muchas de las obras que han marcado época lo han hecho precisamente porque se atrevieron a salirse del guion.

En sus reflexiones suele citar el caso de Chacal, de Frederick Forsyth. Esa novela sobre un asesino a sueldo supuso un antes y un después en el género de suspense. Hasta entonces, el tratamiento de determinados elementos técnicos —como el arma utilizada— era bastante genérico en la ficción popular.

Forsyth rompió con esa costumbre y optó por un nivel de detalle minucioso: describió con precisión el tipo de pistola, la munición, el alcance y otros aspectos técnicos que daban a la historia una sensación de realismo inusual en su momento. Esa decisión, fruto de una documentación exhaustiva, fue contra la corriente de lo que se esperaba en una novela de entretenimiento, y, a juicio de Follett, ahí radica parte de su fuerza.

A partir de ese ejemplo, el escritor galés defiende que el gran valor de un creador reside en identificar qué normas conviene respetar y cuáles merece la pena quebrar para lograr algo nuevo. Considera que, por muy sofisticados que sean, los sistemas de inteligencia artificial funcionan reproduciendo patrones ya existentes y, por tanto, tienden a reforzar las reglas en lugar de subvertirlas.

De ahí que Follett se muestre escéptico sobre la capacidad de estas herramientas para generar auténtica innovación literaria. Sospecha, como ha llegado a decir con contundencia, que la IA nunca tendrá la inteligencia suficiente para escribir un buen libro en el sentido pleno del término, es decir, uno que sorprenda de verdad al lector y proponga una mirada distinta sobre la realidad.

La creatividad humana como experiencia irrepetible

Detrás de este escepticismo no hay un rechazo absoluto a la tecnología, sino una defensa de la creatividad humana como algo profundamente ligado a la experiencia personal y a los orígenes de la escritura. Follett subraya que cada escritor arrastra su historia, su contexto cultural, su educación, sus relaciones y sus emociones, y que todo eso se filtra en lo que escribe de manera imposible de programar.

En su opinión, la imaginación no funciona solo como un algoritmo que combina datos; está atravesada por recuerdos, vivencias, temores y deseos que dotan de matices a los personajes y a las tramas. Esa combinación de contexto vital y toma de decisiones conscientes —incluida la elección de qué reglas romper— es lo que, según él, marca la diferencia entre un texto correcto y una obra que deja huella.

La literatura, en este sentido, no se limita a ordenar palabras con coherencia. Para Follett, tiene que ver con transmitir una determinada visión del mundo, con hacer que el lector se identifique o se confronte con los dilemas de los protagonistas. Y eso exige un tipo de sensibilidad y de juicio que, considera, las máquinas no poseen.

Este enfoque resulta especialmente relevante en Europa, donde la tradición literaria, la pluralidad de lenguas y la memoria histórica conforman un caldo de cultivo muy rico. Autores como Follett, que sitúan parte de sus novelas en escenarios europeos, dialogan con esa herencia cultural y la reinterpretan para los lectores actuales, algo difícil de replicar con herramientas automáticas.

La IA como herramienta auxiliar, no como sustituta

Pese a todo, Ken Follett no demoniza la inteligencia artificial. De hecho, ha reconocido en más de una ocasión que puede resultar útil como apoyo en determinadas fases del trabajo del escritor. Señala, por ejemplo, que las capacidades de búsqueda y síntesis de información de estas tecnologías pueden agilizar la documentación previa o servir para organizar materiales.

En el ámbito de la corrección o del estilo, también admite que ciertas herramientas automáticas pueden ayudar a detectar errores, repeticiones o problemas de claridad, siempre que el autor mantenga la última palabra. Es decir, concibe la IA como un asistente que sugiere, pero no decide.

Follett insiste en que, en estos momentos, la IA es especialmente eficaz en tareas de velocidad y eficiencia, como generar borradores rápidos o proponer variaciones sobre un mismo texto. Sin embargo, el punto en el que, a su juicio, queda más rezagada es el de la construcción de historias con verdadero pulso emocional y un sentido claro del riesgo creativo.

Desde esta perspectiva, su mensaje para los escritores que miran con inquietud la tecnología es relativamente tranquilizador: la clave para seguir siendo relevantes está en cultivar precisamente aquello que las máquinas no pueden copiar, como la voz propia, la capacidad de observación y el coraje para experimentar con las formas narrativas.

Así, mientras el debate sobre la inteligencia artificial sigue abierto en el mundo del libro, Ken Follett continúa escribiendo con la misma disciplina de siempre, confiado en que la combinación de experiencia, sensibilidad y ganas de romper moldes seguirá marcando la diferencia. Con nuevos títulos como El círculo de los días ya en las librerías y sin planes de retirada, su presencia en el panorama literario europeo parece asegurada durante bastante tiempo, y su visión sobre la creatividad y la tecnología se perfila como una referencia para lectores y autores que intentan orientarse en este nuevo escenario.


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