Txemi Parra profundiza en el euskal noir con Un asunto de familia

Isaac

Txemi Parra autor de novela negra

Txemi Parra vuelve a poner la novela negra en el centro del escaparate con el lanzamiento de Un asunto de familia, un thriller criminal que mezcla secretos de clan, intriga policial y un paisaje vasco tan reconocible como inquietante. El escritor, guionista y autor teatral se aleja por un momento del Pirineo oscense para llevar la acción a un caserío cercano a Bilbao, donde un crimen sacude a una familia de empresarios de largo recorrido.

Con este nuevo título, el autor consolida su hueco dentro de lo que ya se conoce como euskal noir, una corriente de novela negra que aprovecha la geografía, el clima y la tensión del entorno rural de Euskadi como parte activa de la trama. Sin recurrir a una sucesión de asesinatos gore ni a psicópatas desbocados, Parra apuesta por un misterio sostenido, una atmósfera cargada y personajes que se mueven en esa franja incómoda entre la lealtad familiar y la culpa.

Un crimen en un caserío vizcaíno y una familia bajo sospecha

En Un asunto de familia, la acción se concentra en torno a un caserío de Elorrio, propiedad de los Elordi, una dinastía empresarial acomodada dedicada al sector del mueble. Tras la muerte del patriarca, los dos hijos que permanecen en la empresa asumen el mando, mientras que el tercero renuncia a sus acciones para llevar una existencia mucho más bohemia y alejada de los negocios familiares.

La novela arranca cuando la novia del hijo mediano despierta en un caserío cercano a Bilbao junto a un cadáver degollado que asegura que es el de su pareja. Sin embargo, cuando la Ertzaintza acude al lugar y realiza las primeras comprobaciones, descubre que el muerto no es ningún Elordi, sino un hombre desconocido para todos. Ese giro inicial abre una investigación que va deshilachando, poco a poco, las costuras de la familia.

A partir de ese momento, los secretos, rencillas antiguas y celos cruzados empiezan a salir a la superficie. Mientras la joven trata de reconstruir, con enormes lagunas, lo que ocurrió durante la noche del crimen, el supuesto asesino se mueve oculto entre la niebla que rodea el caserío. Nadie parece estar diciendo toda la verdad: cada declaración oculta matices y viejos reproches, y la desconfianza se convierte en la norma en una saga acostumbrada a guardar las apariencias.

La frase que preside la contraportada, “siempre puedes confiar en la familia, incluso para cometer un crimen”, resume el tono del libro: la familia se presenta a la vez como refugio y como potencial condena. El caserío no es solo el escenario del delito, sino también el símbolo de un linaje que ha levantado su fortuna sobre decisiones que ahora pasan factura.

Más allá del «quién lo hizo», Parra utiliza el caso criminal para hablar de amor, identidad, culpa, perdón y de esas herencias emocionales que se transmiten entre generaciones sin necesidad de figurar en ningún testamento. La intriga policial y el trabajo de la Ertzaintza sostienen el ritmo del thriller, pero el foco se desplaza a menudo hacia las dinámicas íntimas de los Elordi y de quienes orbitan a su alrededor.

Euskal noir: clima, paisaje y realismo por encima del espectáculo

El propio autor reconoce que en sus historias el espacio geográfico y los caracteres humanos tienen un papel tan importante como la propia trama criminal. En el caso de Un asunto de familia, el valle en el que se ubica el baserri le resulta especialmente cercano: es el lugar donde pasó su infancia, un territorio que conoce de primera mano y en el que ha convivido con familias adineradas y herederos de empresas de corte tradicional.

Ese conocimiento directo del entorno, según subraya, contribuye a que el relato resulte muy verosímil para el lector. No se trata solo de describir un decorado rural, sino de trasladar la temperatura del ambiente: el frío que cala, la montaña que impone y protege a la vez, la cercanía de los pueblos, las tensiones soterradas en comunidades pequeñas donde todos se conocen.

Dentro de este marco se entiende la etiqueta de euskal noir, una denominación que ha surgido casi de forma espontánea, al estilo de lo que ocurrió con la novela negra nórdica; véase, por ejemplo, obras que exploran secretos familiares y mitos vascos. Parra remarca que no existe, por ejemplo, un «Sevilla noir» o un «Madrid noir» con la misma fuerza, mientras que en Euskadi se ha formado una generación de autores que sitúan sus historias en este territorio, con el clima, los paisajes y el marco rural como elementos centrales.

Este grupo de escritores, de edades y trayectorias diversas, comparte la voluntad de escribir novela negra situada en Euskadi y en tiempo presente. Algunos vienen del mundo de las letras puras, otros —como Parra— de la televisión y el teatro, y también los hay procedentes de profesiones ajenas al sector cultural. Lo que les une es la necesidad de explorar el crimen y el conflicto moral desde una perspectiva muy pegada a la realidad vasca.

En este contexto, Parra se aleja del «serial killer» clásico y de la acumulación de cadáveres. Sus novelas, según él mismo explica, son más naturalistas y menos sangrientas, centradas en personas corrientes que, empujadas por las circunstancias, cruzan la línea y cometen un asesinato. No se busca glorificar al criminal ni provocar empatía absoluta, pero sí ofrecer claves para comprender a quien termina dando un paso que cambia su vida para siempre.

Del guion televisivo a la novela negra: un cambio de formato y de ritmo

Antes de consolidarse como novelista, Txemi Parra desarrolló una extensa carrera como guionista y actor. Estudió Derecho en la Universidad de Deusto, aunque nunca llegó a colegiarse, y pronto se movió hacia los escenarios y los platós. Durante más de quince años escribió para algunas de las series españolas más populares, como 7 Vidas, Aída, Los Serrano, El internado o Águila Roja, combinando esa labor con su faceta de monologuista y autor teatral.

Parra explica que la escritura ha sido siempre una constante en su vida, tanto en televisión como en teatro y cine. Sin embargo, la novela le permite algo que el guion no ofrece con la misma amplitud: un espacio más largo, más libre y también más solitario para contar historias. Mientras que en las series el trabajo suele estar muy escaletado, con una planificación minuciosa y equipos de varias cabezas pensando a la vez, en la literatura el proceso se vuelve más introspectivo.

En su forma de trabajar, Parra se fija especialmente en la idea de «enigma». Parte de un misterio central, de un final que persigue desde el principio y de un conjunto de personajes bien definidos. A partir de ahí, va construyendo la historia según avanza, dejando que las figuras se muevan por el tablero y que el suspense crezca de manera orgánica. El resultado es un tipo de thriller de intriga, donde también tienen cabida la psique de los personajes y, de forma puntual, la mente de los psicópatas.

Para el escritor, la gran recompensa de este esfuerzo llega cuando hay lectores esperando su siguiente libro. No es raro que, ya en plena lectura de sus novelas, muchos seguidores le escriban para compartir sus sospechas sobre quién es el asesino. Él mismo admite que rara vez aciertan, lo que refuerza esa búsqueda de sorprender sin romper la lógica interna del relato.

Trayectoria literaria: del humor negro al Pirineo oscense y regreso a Euskadi

Como autor de novela, Txemi Parra se estrenó en 2016 con Los muertos no comen yogures, una historia que mezclaba elementos de novela negra con un tono marcadamente humorístico. Con ella dejó claro que el crimen y la risa podían compartir página, siempre que se mantuviera cierto equilibrio entre la tensión y la ironía.

En 2023 dio un giro hacia un registro más oscuro con El eco de las sombras, el primer título de una serie de novela negra ambientada en el Pirineo oscense. En estas entregas, la trama gira en torno a la teniente de la Guardia Civil Gloria Maldonado y su compañero, el sargento Jaime Bermúdez, un tándem investigador que ancla la acción en paisajes de montaña alejados del tópico urbano asociado a la novela negra clásica.

Esta línea continuó en 2024 con Solo queda silencio, su primera novela en la editorial Grijalbo, donde consolidó ese escenario pirenaico y desarrolló aún más la psicología de sus personajes recurrentes. Ambas obras reforzaron su presencia en el género y le permitieron explorar temas como la violencia soterrada en comunidades aparentemente tranquilas o el peso de la memoria en lugares con un pasado complejo.

Con Un asunto de familia, Parra aparca de manera temporal esta saga del Pirineo oscense para regresar a un territorio vitalmente cercano: el País Vasco. El cambio de escenario no implica una ruptura con sus preocupaciones narrativas, sino una reubicación de esas mismas tensiones en un entorno que conoce muy bien. El caserío, la empresa familiar y las relaciones entre hermanos sustituyen, en esta ocasión, a los cuarteles y pueblos de montaña del Alto Aragón.

Hoy en día, el escritor reparte su tiempo entre Madrid, Bilbao y Milán, combinando sus proyectos teatrales y televisivos con la escritura de nuevas novelas. Ese ir y venir entre ciudades y geografías se refleja, en cierta medida, en la diversidad de escenarios que han ido poblando su obra, desde el humor negro más desenfadado hasta el thriller rural vasco.

La figura de Txemi Parra se consolida como una de las voces más reconocibles de la novela negra actual en lengua española, especialmente en lo que respecta a ese euskal noir que ha encontrado en el clima, el paisaje y la familia un terreno fértil para hablar de crimen, culpa y secretos que rara vez se quedan enterrados del todo.


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Lewis Baltz, una topografía urbana sin azúcar

De origen californiano (nació en  Newport Beach, en 1945), Lewis Baltz no tuvo demasiados problemas para decidir su vocación: comenzó a fotografiar a los doce años, animado ya en tiempo tan temprano por William Current, que sería su mentor. Admiró a Robert Frank y a Edward Weston (del primero podemos advertir una influencia evidente en su trabajo) y sus primeras imágenes, tomadas siendo aún estudiante, llegó a exponerlas en 1971 y nada menos que en la galería de Leo Castelli. Nos referimos a las series Prototype Works y The Tract Houses.
Cuatro años después llegaría su participación en la muestra “New Topographics” en la George Eastman House (junto a Robert Adams, los Becher, Nicholas Nixon, Frank Gohlke y Stephen Shore), en la que las imágenes de Baltz daban cuenta de su mirada crítica, aguda y absolutamente contraria a la idealización del paisaje estadounidense. No dirigió su atención hacia los parques nacionales ni los escenarios naturales de su país más o menos intactos, sino hacia los paisajes manoseados y desgastados de ciudades en proceso descontrolado de crecimiento en sus periferias, dominadas por el acelerado ritmo de vida urbano.
Aquellas ideas sobre la naturaleza y las urbes en su país, quizá menos endulzadas de las ya de por sí objetivas visiones del resto de los autores participantes en aquella exposición, las desarrollaría Baltz en el resto de las series en las que se empleó en los años setenta y los ochenta: New Industrial Parks near Irvine, California, Maryland, Nevada, Park City, St. Quentin Point, Continuous Fire Polar Circle, Near Reno y Candlestick Point. Todas ellas están compuestas por pequeñas instantáneas en blanco y negro que disponía en cuadrículas.
Lewis Baltz. Monterey, de la serie The Prototype Works, 1967. Galerie Thomas Zander, Colonia © The Lewis Baltz Trust
Lewis Baltz. Tract House no. 4, de la serie The Tract Houses, 1971. The Lewis Baltz Trust
Lewis Baltz. Looking Northeast from Masonic Hill, 1978-1980. The Lewis Baltz Trust
El mayor cambio en la trayectoria de nuestro artista llegó en 1989. Se trasladó a Europa en aquel año clave, a Francia (donde murió en 2014), y sin dejar de abordar las relaciones entre urbanismo y poder – opinaba que el primero suponía la materialización del segundo –, se dedicó a investigar también hasta qué punto la pujante influencia de los medios de comunicación entonces motivaba que esos mismos medios pudieran iniciar cambios sociales, y no sólo dar cuenta de ellos a su público.
La consecuencia de ese nuevo rol sería que produjesen hiperrealidad y que, para el espectador, fuera complicado distinguir lo simulado y el hecho verdadero, perdiendo por tanto contacto, los lectores y los mismos medios, con la realidad experimentable. Sobre simulacros y hechos reflexionaría en los proyectos Rule without exception, Piazza Pugliese, Sites of Technology y los citados Ronde de Nuit o Venezia Marguera.
Lewis Baltz. Piazza Pugliese, de la serie Generic Night Cities, 1992. Colección del Stedelijk Museum, Ámsterdam © The Lewis Baltz Trust
En estos trabajos salen a nuestro paso numerosos paisajes urbanos, tanto nocturnos como en color, sin luz natural alguna: la artificial hace que la ciudad se asemeje a un solar de aparcamiento, a una autovía o un laboratorio. En muchas ocasiones las fotografías, algunas de hasta dos metros de altura, son finas, planas y multicolores, como mandos a distancia, en relación con los circuitos electrónicos abiertos que parecen las urbes que representan.
En línea con las teorías filosóficas que se manejaban en el periodo en que Baltz comenzó a trabajar (la década de los sesenta), el americano concibió la fotografía como bastante más que un medio de expresión: la entendía como un camino de conocimiento y una herramienta de investigación. Por eso forma y contenido discurrieron en su producción por terrenos muy dispares entre sí: en lo que respecta al estilo no abandonó la fotografía directa, porque sus métodos le posibilitaban volcarse en la reflexión sobre los contenidos y en la realización de un imaginario que plasmara su pensamiento conceptual.
Éste estaba ligado a enclaves que no eran exactamente no-lugares, escenarios de paso, sino más bien huellas de la intervención humana en la naturaleza, un rastro normalmente no muy afortunado. Hablamos de urbanizaciones en medio de la nada, descampados, paisajes deshumanizados y desnaturalizados producto de la especulación… que remiten a la preocupación de este fotógrafo por entornos que quizá un día fueron bellos, pero que han perdido su romanticismo para convertirse en crudas estampas, de la mano del tiempo y del hombre. Éste último, por cierto, nunca aparece en su obra.
Lewis Baltz. Maryland no. 25, de la serie Maryland, 1976. The Lewis Baltz Trust
Lewis Baltz. Night Construction, Reno, de la serie Nevada, 1977. The Lewis Baltz Trust
 
 
BIBLIOGRAFÍA
Lewis Baltz. Fundación MAPFRE, 2017
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Propósitos de lectura para el 2026

Tes Nehuén

Llega un nuevo año y llueven los propósitos. Es frecuente que los lectores y lectoras nos propongamos una serie de objetivos para cumplir a lo largo de los meses siguientes. Este artículo no pretende animarte en esos objetivos sino, en todo caso, ayudarte a tomarte la lectura de otra manera. Cada vez que pensamos en […]


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Kaguya-sama: Love is War tendrá una película final con final alternativo

Isaac

Kaguya-sama Love is War pelicula final

El fenómeno romántico Kaguya-sama: Love is War pondrá punto final a su anime con una película que funcionará como cierre definitivo de la adaptación televisiva. El proyecto, anunciado tras el especial de fin de año, llega con una particularidad importante: no adaptará los últimos arcos del manga, sino que apostará por una historia completamente nueva concebida como despedida del anime.

Esta decisión ha generado expectación y cierto desconcierto entre los seguidores, especialmente entre quienes conocen bien el material original. Muchos esperaban una cuarta temporada que completara los acontecimientos del manga, pero el equipo creativo, junto a su autor, ha optado por un largometraje independiente que se presenta como un final alternativo, «nuevo pero cargado de nostalgia».

Una película final con final alternativo escrito por Aka Akasaka

El anuncio oficial confirma que la película final de Kaguya-sama: Love is War contará con un guion original de Aka Akasaka, creador del manga. No se trata de una simple condensación del tramo final de la obra, sino de una nueva propuesta narrativa diseñada específicamente para el formato cinematográfico.

El propio Akasaka reveló que la idea de cerrar el anime con una película se tomó hace unos cuatro años, cuando la serie todavía se encontraba en pleno auge. Desde entonces, autor y staff han trabajado en paralelo a la serialización del manga para perfilar un final diferente, que no siga al pie de la letra lo publicado en papel pero que respete el espíritu de los personajes.

Según las declaraciones difundidas en el anuncio, la intención es ofrecer “el último Kaguya-sama” en clave animada, una obra que funcione tanto como carta de despedida para la audiencia del anime como complemento para quienes ya conocen el final del manga. Akasaka la describe como algo «nuevo, pero nostálgico», una historia que mira hacia atrás sin limitarse a reproducir escenas ya conocidas.

Esto implica que varios arcos y momentos importantes del manga nunca tendrán versión animada. La película no pretende cubrir esos huecos, sino proponer una ruta alternativa para Kaguya Shinomiya y Miyuki Shirogane en el tramo final de su historia, lo que convierte al largometraje en un ejercicio de “qué habría pasado si…” respaldado por el propio autor.

Pelicula final anime Kaguya-sama Love is War

Conexión directa con el especial Stairway to Adulthood

El proyecto cinematográfico se anunció justo después de la emisión del especial de televisión Kaguya-sama: Love is War – Stairway to Adulthood (Otona e no Kaidan), un episodio de unos 52 minutos que continúa los hechos vistos en la anterior película First Kiss wa Owaranai.

Ese especial, emitido en Japón a través de cadenas como TOKYO MX y BS11 y disponible en España y otros territorios en Crunchyroll, ya dio pistas de por dónde irían los tiros: saltos temporales y omisión de segmentos del manga para cuadrar el calendario de estrenos y situar a los protagonistas en un punto adecuado para el largometraje final.

La nueva película retomará la historia después de que Kaguya Shinomiya y Miyuki Shirogane comienzan formalmente su relación. Las informaciones adelantadas describen una primera escena íntima y calmada, con Kaguya hojeando un álbum de fotografías que recorre sus años en la Academia Shuchiin, un recurso pensado para combinar nostalgia y repaso emocional del camino recorrido.

De este modo, el especial Stairway to Adulthood funciona como puente narrativo hacia el largometraje, ajustando la cronología del anime para que el desenlace original encaje en una sola película. A cambio, el espectador se encuentra con lagunas respecto a la versión original en papel, lo que ha generado debate entre quienes priorizan la fidelidad al manga.

Final alternativo Kaguya-sama Love is War

Reparto, equipo creativo y música: regresa el núcleo de la serie

En el apartado técnico, la película mantiene la columna vertebral de la serie de televisión. El estudio A-1 Pictures volverá a encargarse de la animación, garantizando continuidad visual con las tres temporadas y los especiales anteriores.

La dirección correrá de nuevo a cargo de Mamoru Hatakeyama, responsable del peculiar tono entre comedia, drama y batalla psicológica que ha caracterizado al anime desde su estreno en 2019. Yuko Yahiro retomará el diseño de personajes, mientras que Kei Haneoka seguirá al frente de la composición musical, consolidando una identidad sonora ya muy reconocible para la comunidad fan.

También repiten las voces protagonistas: Aoi Koga como Kaguya y el resto del elenco habitual dan continuidad a un reparto que ha cimentado buena parte del éxito de la serie en Japón y fuera de él. En el terreno musical, el especial televisivo ya dejó caer algunas cartas que podrían enlazarse con la película.

El ending del especial, “Red and Blue”, interpretado por Aoi Koga, se concibió como una pieza que acompaña ese repaso al álbum de fotos que veremos en el largometraje, casi como si el espectador fuera pasando páginas junto a Kaguya. Paralelamente, Masayuki Suzuki, voz habitual de los openings de la franquicia, regresó con el tema principal “Abunai Kioku”, de nuevo con la colaboración de Koga, reforzando la sensación de “fiesta de despedida” para el anime.

De serie de culto a fenómeno multimedia: manga, anime y live action

Más allá de este final cinematográfico, Kaguya-sama: Love is War se ha convertido en una franquicia completa que abarca manga, anime, películas y adaptaciones de imagen real. La obra nació como manga de Aka Akasaka, primero en la revista Miracle Jump de Shueisha en 2015 y, poco después, en la Weekly Young Jump, donde permaneció hasta su conclusión en noviembre de 2022.

En total, la historia se recopiló en 28 tomos que narran la guerra psicológica y romántica entre Kaguya Shinomiya y Miyuki Shirogane, dos estudiantes brillantes y orgullosos del consejo escolar de la elitista Academia Shuchiin. En lugar de declararse, ambos optan por toda clase de estrategias y juegos mentales para obligar al otro a confesar primero, dando pie a una comedia romántica que mezcla sátira, drama adolescente y tensión emocional.

El manga ha sido reconocido con premios de prestigio, entre ellos el galardón a mejor obra general en los 65th Shogakukan Awards, y ha cimentado una base de lectores fieles tanto en Japón como a nivel internacional. La adaptación animada, estrenada en 2019, reforzó ese impacto con tres temporadas televisivas y el largometraje The First Kiss That Never Ends, estrenado primero en cines japoneses y posteriormente emitido en formato serie.

La popularidad de la marca también propició dos películas de imagen real, dirigidas por Hayato Kawai, con Kanna Hashimoto en el papel de Kaguya y Sho Hirano como Miyuki. Estas producciones trasladaron el “duelo amoroso” al terreno del live action, manteniendo el tono ligero, aunque con una puesta en escena más cercana al cine juvenil japonés tradicional.

Situación en España y Europa: dónde ver el anime y leer el manga

Para el público español y europeo, el acceso a Kaguya-sama: Love is War es relativamente sencillo, tanto en su versión manga como en su adaptación animada. En España, la editorial Ivrea ha publicado la obra al completo, con los 28 volúmenes disponibles en castellano, lo que permite leer la historia original desde el primer enfrentamiento estratégico hasta el desenlace canónico ideado por Akasaka.

En cuanto al anime, Crunchyroll ofrece en Europa las temporadas más recientes, incluyendo la tercera y la película The First Kiss That Never Ends emitida en formato de cuatro episodios. El reciente especial Stairway to Adulthood también ha ido llegando a la plataforma, como ocurrió con el regreso de Escaflowne al streaming español, de modo que los espectadores de la región pueden seguir casi al día los movimientos que conducen hacia la película final.

Esta disponibilidad ha contribuido a que Kaguya-sama se consolide como una de las comedias románticas de referencia para el público hispanohablante, compitiendo en popularidad con otros títulos de peso en el catálogo. La futura película, una vez se estrene en Japón, previsiblemente seguirá el camino habitual: pase por salas selectas o circuitos de festivales, y posterior llegada a plataformas, aunque por ahora no existe confirmación oficial para España o el resto de Europa.

Mientras tanto, quienes quieran conocer el final original de la historia cuentan con la edición de Ivrea como vía principal. El contraste entre el desenlace del manga y el cierre alternativo del anime será, precisamente, uno de los grandes puntos de interés cuando el largometraje vea la luz y empiecen las inevitables comparaciones entre ambos formatos.

Reacciones de los fans y debate sobre el modelo de película final

La confirmación de que el anime terminará con una película de historia original, distinta al manga, ha provocado reacciones divididas. Una parte del fandom recibe con buenos ojos la implicación directa de Aka Akasaka, al considerar que su participación garantiza coherencia con el carácter de los protagonistas y con los temas centrales de la obra.

Otra parte de los seguidores, especialmente quienes han leído los 28 tomos, muestra cierta frustración ante la ausencia de arcos muy queridos en el anime. La idea de que determinadas escenas clave nunca se verán animadas genera sensación de oportunidad perdida, y algunos lectores perciben la apuesta por el largometraje como una decisión más comercial que artística.

El caso de Kaguya-sama se enmarca, además, en una tendencia creciente en la industria del anime: culminar series exitosas en la gran pantalla. Títulos como Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba o el cierre anunciado de Haikyu!! mediante películas muestran un modelo que combina evento cinematográfico, mayor recaudación y fuerte impacto mediático, pero que no siempre convence a quienes prefieren el ritmo pausado de una temporada televisiva.

En foros y redes se repite una idea: el público que solo ve el anime vivirá un final diferente y potencialmente incompleto en términos de desarrollo argumental, aunque pueda resultar satisfactorio en lo emocional. Esa doble vía —final canónico en el manga y final alternativo en la película— convierte a Kaguya-sama en un ejemplo claro de cómo una misma franquicia puede ofrecer cierres distintos dependiendo del medio.

Con la fecha de estreno todavía por anunciar, el interés se mantiene alto tanto en Japón como en Europa. Fans del anime, lectores del manga y curiosos que se acercan a la serie por primera vez están pendientes de nuevos avances, mientras el equipo de producción trabaja en dar forma a una despedida que, al menos sobre el papel, aspira a ser tan ingeniosa y emotiva como las batallas psicológicas que hicieron famosa a esta comedia romántica.

Con el manga ya concluido, la emisión de un especial puente y la confirmación de una película original como cierre, Kaguya-sama: Love is War entra en su recta final consolidada como una de las historias románticas más influyentes del anime reciente. A la espera de conocer cuándo llegará este último capítulo a los cines y, después, a plataformas en España y Europa, la franquicia queda dividida entre un final escrito en papel y otro pensado para la gran pantalla, dos miradas distintas sobre la misma guerra del amor que han mantenido en vilo durante años a Kaguya y Miyuki.


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Donald Trump asegura que van a “dirigir” Venezuela hasta “hacer una transición segura y ordenada”

Donald Trump ha asegurado este sábado en una rueda de prensa que van a “dirigir” Venezuela hasta “hacer una transición segura y ordenada”. Además, el presidente de Estados Unidos ha afirmado que las compañías petroleras estadounidenses irán “para reparar las infraestructuras gravemente dañadas y empezar a generar ingresos para el país”.

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