Entre los próximos días 4 y 7 de junio, Madrid volverá a acoger una nueva cita con el cine francés más reciente: cumplirá cuatro ediciones el Festival Francia está en pantalla, que tendrá como sedes al Institut Français de la capital, los Cines Embajadores y el Círculo de Bellas Artes.
Como es sello de esta muestra desde su inicio, los filmes a proyectar serán diversos en sus géneros y destinados a todos los públicos, y las sesiones se acompañarán de coloquios con algunos directores e intérpretes; esta vez, se dejarán caer por Madrid las cineastas Anne-Sophie Bailly y Agathe Riedinger y la actriz Malou Khebizi, éstas últimas directora y protagonista, respectivamente, de Diamante en bruto, el único film de la competencia oficial del presente Festival de Cannes dirigido por una debutante en la realización de largometrajes.
Bajo la organización del Servicio Cultural de la Embajada de Francia, el Institut Français español y Unifrance, organismo responsable de la promoción del cine y el audiovisual galos internacionalmente, podremos ver siete películas que próximamente se estrenarán en los cines de nuestro país, además de asistir a encuentros profesionales sobre la defensa del modelo de financiación del audiovisual europeo y la posible regulación de la exhibición en los cines independientes, debates a los que se sumarán miembros del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales. ICAA y del Centro Nacional del Cine francés. CNC, así como profesionales franceses y españoles del campo de la exhibición.
Agathe Riedinger. Diamante en bruto, 2024
Además de la mencionada Diamante en bruto, que versa sobre la adolescencia abducida por las redes sociales en la periferia de París y que inaugurará Francia está en pantalla, podremos disfrutar de Misterioso asesinato en la montaña, de Franck Dubosc, comedia de humor negro y surrealista con fondo de nieve que seguramente amarán los adictos a Fargo; o de The Quiet Son, de Delphine y Muriel Coulin, que igualmente tiene como protagonistas a adolescentes por orientar: el hijo de Vincent Lindon en la trama comienza a adentrarse en la extrema derecha. Aquel actor, por cierto, recibió por este papel la Copa Volpi en el último Festival de Venecia.
Blandine Lenoir. Juliette en primavera, 2024
Otros preestrenos serán los de Mon Inséparable, de Anne-Sophie Bailly, que explorará con delicadeza la paternidad y la búsqueda de autonomía entre las personas con discapacidad; Juliette en primavera, de Blandine Lenoir, la historia de una joven ilustradora de libros infantiles, que vuelve a su pueblo natal para reunirse durante unos días con su familia; La receta perfecta (Vingt Dieux), de Louise Courvoisier, comedia sobre la vida de los jóvenes en el medio rural; y Los lazos que nos unen (L’attachement), de Carine Tardieu, el retrato fragmentado de varias dinámicas familiares de nuestro tiempo.
Toda la información sobre fechas, horarios y entradas podéis consultarla aquí: www.institutfrancais.es
Louise Courvoisier. Vingt Dieux, 2024
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Cuando, en 1986, dio sus primeros pasos el Centro de Arte Reina Sofía bajo esa denominación, Marisa González formó parte del grupo extenso de artistas españoles que comisariaron una de sus exposiciones inaugurales: “Procesos: cultura y nuevas tecnologías”.
Pionera en el empleo de herramientas y soportes tecnológicos para fines creativos desde una etapa muy temprana de su trayectoria, es ahora cuando esta autora bilbaína, que en 2023 recibió el Premio Velázquez, regresa a este centro para presentar por fin una muestra antológica que da cuenta de sus constantes exploraciones con las fotocopiadoras, el vídeo, la fotografía y el ordenador desde hace cinco décadas y que ha sido comisariada por Violeta Janeiro.
La retrospectiva lleva por título “Un modo de hacer generativo” porque su montaje incide en que González se valió muy pronto de ese tipo de dispositivos (termofaxes, fotocopiadoras a color y otras máquinas que en su momento fueron tecnología puntera, pero también las muy caseras planchas) no para generar meras copias o réplicas de imágenes preexistentes, sino para alumbrar otras nuevas, siempre bajo un método propio abierto al azar, al ensayo – error, al hallazgo incluso entre la ruina y a la inmediatez.
Son aproximadamente una veintena de series y proyectos los que han llegado al Reina Sofía, dándose una circunstancia que nos habla de las dificultades de autoras como Marisa para abrirse paso en el coleccionismo institucional y privado: la mayor parte de las piezas aquí presentes proceden de su estudio -ha confesado González no tirar nada- y, en algún caso puntual, de fondos familiares y del propio MNCARS. La programación de esta muestra responde de hecho, en palabras hoy de Manuel Segade, al deseo del museo de exponer cuanto antes las creaciones de una autora que siempre ha formado parte activa del ecosistema artístico, pero hasta fechas recientes desde un segundo plano. Incluso desde la colaboración continua: comprometida en su momento contra la dictadura, y algo más adelante con las causas del feminismo y con los trabajadores con menos derechos, desde los setenta forma parte de un nutrido número de asociaciones, como la profesional de artistas de Madrid o Mujeres en las Artes Visuales.
Marisa González. Autorretrato, 1971-1973
El recorrido de esta exhibición, que viajará más tarde a Azkuna Zentroa, arranca examinando su atención temprana por materiales y caminos alejados de los que pudo conocer cuando estudiaba Bellas Artes y por los subproductos derivados del uso de distintas tecnologías, de los papeles termosensibles y pruebas de impresión a los coloridos residuos del filtro de una secadora. Autorretratos y siluetas se situaban ya entre sus motivos más frecuentes, las últimas como huella simbólica que todos poseemos, también los relegados siempre al anonimato y los desheredados.
Resultaría vital en la trayectoria de Marisa González su paso por Estados Unidos: en el Art Institute de Chicago cursó el máster justamente llamado Sistemas Generativos: Arte, Ciencia y Tecnología, donde conoció a la profesora Sonia Sheridan, que colaboró con ella en adelante. Desde entonces estudiaría el procesamiento de las imágenes en múltiples ocasiones para lograr distintos efectos visuales, texturas y tonos, esto es, posibilidades potencialmente infinitas de variaciones, superposiciones y fragmentos.
Marisa González. El espejo de los clónicos, 1986. Colección de la artista
Su primera fotocopiadora en color, entonces joya preciada, fue una 3M Color-in-color y su empleo permitió a la artista analizar las muchas opciones de la distorsión y la anomalía, con inevitables ecos más allá de lo estrictamente creativo en contextos de uniformidad. Sus propios archivos tienden a esa distorsión, más que a la clasificación estricta: se nutren de materiales recuperados y reciclados, objetos en apariencia inútiles a los que ella dota de sentidos alternativos, desde guatas a miembros de muñecas.
Después de formarse en Chicago, regresó González brevemente a España para, a continuación, retornar a Estados Unidos: en la Corcoran School de Washington, y junto a Mary Beth Edelson, se adentró en los terrenos del feminismo también en lo artístico. De entonces datan su serie Maternidad, que llevó a cabo estando embarazada y que alude a las implicaciones religiosas, jurídicas y sanitarias de esa condición; La descarga, que recoge los gestos de sus compañeras artistas al conocer las torturas infligidas a mujeres presas en la dictadura de Pinochet; o Lizz Williams y sus máscaras, en torno a la identidad racial o ausencia de ella de una compañera de estudios mulata.
Marisa González. La descarga. Serie Violencia Mujer. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Más adelante, otra fotocopiadora llegó para cambiar muchas cosas: la Color Bubble Jet 145, que le permitió usar un formato de papel mayor, parecido al DIN A4. Revisó, con ella, materiales anteriores, como los de las series Vértigo de identidad, sobre las etapas vitales de la mujer, o La violación, una denuncia de la cosificación femenina a partir de una muñeca casualmente hallada. Su propio archivo era para ella fuente de reinterpretación.
Cuando a fines de los setenta o en los ochenta la pintura tomó nuevos bríos, Marisa González se zambulló en ella enlazándola con sus intereses musicales (había hecho la carrera de piano en el conservatorio bilbaíno). A los soportes habituales de ese medio incorporó fotocopias de partituras procesadas en series como Grafías musicales, con la colaboración de Llorenç Barber y Javier Darias; en estos trabajos, el ritmo y la cadencia surgen del movimiento del papel y las gradaciones lumínicas.
Marisa González. Vértigos de identidad. Serie Miradas en el tiempo, 1992-1993
Si los pentagramas fueron el punto de partida de aquellos proyectos, aquella pelusa de la secadora, de la que quedó prendada por sus tonos y su ligereza, sería el origen de las series Presencias, en las que la luz también tenía mucho que decir. Pudieron verse en su momento en Evelyn Botella.
El corazón de la exposición lo constituyen un conjunto de trabajos, alnos aún en proceso, en los que exploraba los lazos entre lo único y lo múltiple y entre lo que vive y lo inerte. Una de sus herramientas fundamentales en ese propósito fue el sistema informático Lumena e incluso con los residuos de su obsolescencia ha podido trabajar. En Transgénicos, además de referirse a las derivadas éticas y sanitarias de esos productos, contrapuso artificialidad y deseo, y en los retratos Lumena ejerció la compleja distorsión sobre sus modelos, compañeros ligados a la esfera artística como Soledad Lorenzo, Lola Dopico, Pedro Garhel o Menene Gras, entre muchos.
Marisa González. Desviaciones II: bocas locas, 1998-2000. Serie Transgénicos
Al Reina Sofía han llegado también la instalación Estación Fax, elaborada junto a sus alumnos de los Talleres de Arte Actual -a sus contenidos cualquiera podía contribuir-; sus imágenes dedicadas a la vida comunitaria de las muy cualificadas empleadas del hogar filipinas en Hong Kong; y sus proyectos centrados en dos pasadas infraestructuras vascas ya sin vida útil: la nuclear de Lemóniz (inauguró la senda no pequeña de artistas que han trabajado en torno a sus instalaciones vacías) y la panificadora de Bilbao, que superó el millar de empleados hasta clausurarse a fines de los noventa. En la instalación que le dedica, lámparas originales de ese lugar iluminan comunicaciones de quienes dirigían la empresa, achacando bajadas de productividad a la demanda de… vacaciones anuales.
Marisa González. Sin título. Serie Ellas, filipinas, 2010-2013
Marisa González. Luminarias. Proyecto La fábrica, 2000
“Marisa González. Un modo de hacer generativo”
MUSEO NACIONAL CENTRO DE ARTE REINA SOFÍA. MNCARS
C/ Santa Isabel, 52
Madrid
Del 21 de mayo al 22 de septiembre de 2025
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¿QUÉ ES ARCHITECTURE & MEDIA?
Una conferencia europea que viene celebrándose desde hace cuatro años y que se plantea como lugar de debate e intercambio de experiencias en torno a la divulgación de la arquitectura a través de los medios de comunicación.
¿A QUIÉN SE DIRIGE?
A periodistas, instituciones y organizaciones culturales, profesionales de la comunicación, arquitectos y aficionados a la arquitectura.
¿QUÉ OBJETIVOS TIENE?
Difundir los valores fundamentales y los desarrollos más vanguardistas de la arquitectura a través de los medios de comunicación, ya sean de prensa generalista o especializada, impresos o digitales, así como investigar nuevos enfoques sobre esa divulgación. Su fin último es permitir que un público cada vez mayor comprenda y aprecie esta disciplina.
¿QUIÉN LA ORGANIZA?
Labóh y la Fundació Mies van der Rohe con el apoyo de Europa Creativa, como parte del programa de difusión del Premio de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea – Premios Mies van der Rohe.
¿EN QUÉ CONSISTIRÁ SU PRÓXIMA EDICIÓN?
Pretende analizar los territorios de comunicación, más allá de los medios tradicionales, que contribuyen a generar contenido sobre y en torno a la arquitectura, y cómo éstos influyen en la percepción pública. Se hará hincapié en el modo en que eventos, festivales y premios configuran la difusión de noticias relacionadas con este ámbito.
Del programa forman parte una conversación inaugural sobre cómo la arquitectura se integra en la agenda editorial de los medios generalistas; un taller participativo que indaga en la materialidad de las redes digitales invisibles en el espacio público; y tres mesas redondas: una que recogerá las conclusiones y reflexiones del taller, otra relativa al poder de los festivales y las instalaciones para fomentar el diálogo cívico y la tercera sobre la función comunicativa de los premios de arquitectura como legitimadores culturales.
La cita concluirá con una conversación sobre el papel de Barcelona como sede del Congreso Mundial de Arquitectos de la UIA y Capital Mundial de la Arquitectura UNESCO-UIA, que se celebrará en 2026. Será moderada por Ivan Blasi, director de EUmies Awards, y Miriam Giordano, directora de Labóh y comisaria del evento.
¿EN QUÉ FECHAS Y DÓNDE TENDRÁ LUGAR?
Los días 26 y 27 de julio de 2025, en el Pabellón Mies van der Rohe.
¿QUÉ PUEDO HACER PARA ACUDIR A ESTAS ACTIVIDADES?
Podemos reservar nuestra plaza a las sesiones que deseemos en https://architectureandthemedia.com/