Un Quijote moderno da imagen a la Olimpiada Nacional de Filosofía

Isaac

Cartel Quijote moderno Olimpiada Nacional de Filosofía

La próxima edición de la Olimpiada Nacional de Filosofía tendrá un marcado acento castellanomanchego gracias a un Quijote moderno convertido en símbolo oficial del certamen. La imagen que representará a estudiantes de todo el país nace en un aula de Mota del Cuervo y se ha impuesto como el cartel ganador para anunciar esta cita estatal.

Detrás de esta propuesta visual está Marta Fernández Manjavacas, una joven conquense que ha sabido trasladar al papel la tensión entre lo que somos y lo que aspiramos a ser, conectando la tradición cervantina con los dilemas actuales. Su diseño ha sido elegido para poner cara a la XIII Olimpiada Nacional de Filosofía, que reunirá en Ciudad Real a alumnado de secundaria de toda España.

Una estudiante de Mota del Cuervo firma la imagen del certamen

La autora del cartel es alumna del IES Julián Zarco de Mota del Cuervo (Cuenca), un centro que se ha volcado con el proyecto y que ve cómo una creación gestada en sus aulas se proyecta ahora a escala nacional. Para Marta, esta oportunidad supone mostrar su talento, energía y capacidad creativa en un contexto donde la filosofía y el arte se dan la mano.

Bajo el lema «La tensión entre el Ser y el Deber Ser», la estudiante ha articulado una propuesta gráfica que dialoga de forma directa con los grandes interrogantes filosóficos. En lugar de una ilustración clásica, ha optado por reinterpretar al caballero de la Mancha como un Quijote actualizado que encarna las dudas de nuestro tiempo, sin renunciar a la esencia del personaje.

El reconocimiento a su trabajo no se queda solo en el ámbito académico. Desde el entorno familiar se vive como un motivo de orgullo y también como un ejemplo de cómo la educación pública puede impulsar proyectos culturales con impacto en toda España. No faltan voces que subrayan que este tipo de iniciativas «ponen a Castilla-La Mancha en lo más alto del panorama nacional» en el terreno del pensamiento.

El hecho de que la imagen oficial de la Olimpiada surja de un municipio como Mota del Cuervo refuerza, además, la idea de que la reflexión filosófica y la creación artística no están reservadas solo a las grandes ciudades, sino que pueden brotar con fuerza en cualquier rincón del territorio.

Quijote moderno en el cartel de la Olimpiada de Filosofía

Un Quijote moderno entre el caos, la utopía y los ideales

El cartel premiado no se limita a reproducir la figura cervantina, sino que presenta a un Quijote construido con trazos nerviosos en negro, casi eléctricos, que transmiten movimiento, desasosiego y una cierta angustia existencial. Estos trazos marcan el contorno del personaje y lo sitúan en un escenario visual cargado de simbolismo.

Alrededor del caballero se despliega una cinta roja que recorre toda la composición, funcionando como hilo conductor de un pequeño mapa conceptual. Sobre esa banda se leen términos como «CAOS», «UTOPÍA», «A CONTRACORRIENTE» o «IDEALES», palabras que remiten a las tensiones internas que atraviesan a cualquier ser humano cuando trata de orientar su vida.

Esa cinta culmina en un corazón que actúa como núcleo emocional de la obra. No se trata de un mero adorno, sino de un elemento que condensa las contradicciones intrínsecas de la condición humana: entre razón y sentimiento, entre lo que dictan las normas sociales y lo que empuja la conciencia individual.

La propuesta visual invita a detenerse un momento y pensar en esa dualidad permanente entre «lo que somos» y «lo que deberíamos ser». De ahí que organizadores y docentes destaquen que el cartel posee mucha fuerza plástica, pero también una notable carga reflexiva, plenamente en sintonía con el espíritu de la Olimpiada.

La elección de un Quijote reimaginado como protagonista no es solo un guiño literario: es una forma de subrayar que los conflictos del personaje de Cervantes siguen vigentes cuando se trasladan al mundo actual, ya sea en forma de ideales que chocan con la realidad o de luchas personales contra molinos que hoy llevan otros nombres.

«La locura: Don Quijote en el mundo actual», eje temático de la edición

La locura y Don Quijote en la Olimpiada de Filosofía

La imagen ganadora encaja a la perfección con el hilo conductor de esta XIII Olimpiada Nacional de Filosofía, cuyo tema central será «La locura: Don Quijote en el mundo actual». La elección de este lema pretende actualizar el clásico de nuestra literatura y proyectarlo sobre los retos contemporáneos, desde la salud mental hasta la tensión entre cordura social e inconformismo.

En este contexto, el Quijote moderno del cartel no aparece como una figura cómica o extravagante, sino como un personaje atravesado por dudas, conflictos y búsquedas de sentido. La locura deja de entenderse solo como desequilibrio y se plantea también como la posibilidad de ir «a contracorriente» cuando las circunstancias así lo exigen.

El enfoque propuesto por la organización invita al alumnado participante a analizar cómo se percibe hoy la locura, qué papel juegan los sueños y las utopías en una sociedad marcada por la inmediatez, o hasta qué punto es razonable mantener ideales que parecen chocarse una y otra vez con el caos cotidiano. El cartel de Marta actúa, en este sentido, como una puerta de entrada visual a ese debate.

Con esta temática, la Olimpiada se sitúa en la encrucijada entre literatura, filosofía y realidad social, utilizando a Don Quijote como símbolo compartido que permite dialogar sobre identidad, libertad, límites y contradicciones en el mundo actual. La figura cervantina se convierte así en un espejo donde las nuevas generaciones pueden reconocerse, aunque sus «molinos de viento» tengan hoy otra forma.

Ciudad Real, capital filosófica por unos días

La celebración de la Olimpiada en Ciudad Real los días 17 y 18 de abril sitúa a Castilla-La Mancha en el centro del calendario filosófico juvenil de España. Durante estas jornadas, estudiantes procedentes de distintas comunidades autónomas se reunirán para participar en pruebas, debates y actividades en torno al tema de la locura y el legado quijotesco.

La cita contará con el respaldo de la Sociedad de Filosofía de Castilla-La Mancha, entidad que impulsa la reflexión crítica en la región, así como con el auspicio del Ayuntamiento de Ciudad Real, la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) y el Ministerio de Educación del Gobierno de España. Este entramado institucional pone de relieve el interés por mantener vivo el pensamiento filosófico entre el alumnado de secundaria y bachillerato.

Más allá de la competición académica, la Olimpiada se concibe como un espacio de encuentro donde los jóvenes pueden contrastar ideas, compartir experiencias y descubrir que la filosofía va mucho más allá de los libros de texto. Desde la organización se insiste en que el objetivo es fomentar el pensamiento crítico y la capacidad de argumentar, habilidades cada vez más valoradas en cualquier ámbito profesional.

El hecho de que el evento se celebre en la tierra de Don Quijote añade un componente simbólico difícil de pasar por alto. Para muchos participantes, debatir sobre la locura quijotesca precisamente en Castilla-La Mancha supone una forma de conectar físicamente con el paisaje y el imaginario que dieron origen a la obra de Cervantes, algo que aporta un plus de significado a la experiencia.

Olimpiada regional en Toledo como antesala del encuentro nacional

Antes de la gran cita en Ciudad Real, la comunidad autónoma vivirá un ensayo general con la celebración de la X Olimpiada Regional de Filosofía en Toledo, prevista para el 27 de febrero. Este encuentro servirá como preparación y selección de participantes, además de reforzar las redes entre centros educativos de la región.

En esta fase previa, el alumnado castellanomanchego tendrá la oportunidad de poner a prueba sus capacidades de argumentación, redacción y exposición oral en torno a cuestiones filosóficas de actualidad. Para muchos de ellos, será el primer contacto con un formato de competición intelectual que combina exigencia y trabajo en equipo.

La buena acogida de estas iniciativas demuestra que la filosofía conserva un lugar destacado en los institutos, pese a los debates recurrentes sobre su peso en el currículo. La participación en las Olimpiadas, tanto regional como nacional, se percibe como una vía para dar visibilidad al trabajo que se realiza día a día en las aulas, más allá de los exámenes habituales.

En conjunto, el Quijote moderno del cartel, la temática centrada en la locura y el papel protagonista de Castilla-La Mancha dibujan una edición especialmente simbólica para la Olimpiada Nacional de Filosofía. El certamen convierte la figura cervantina en punto de encuentro entre jóvenes de toda España, que se darán cita en Ciudad Real para pensar, debatir y, quién sabe, quizá reivindicar también su propio derecho a ir un poco «a contracorriente».


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Escaparate, la mirada que gana el XVII Premio Málaga de Ensayo

Isaac

Premio de Málaga de Ensayo

El XVII Premio Málaga de Ensayo ya tiene nombre propio: «Escaparate. Pedagogía de la modernidad», del docente e historiador del arte Iñaki Gómez Álvarez. La obra, que parte de un recuerdo infantil aparentemente sencillo, convierte el gesto de pararse frente a un cristal en una reflexión amplia sobre cómo aprendemos a mirar, desear y entender el mundo contemporáneo.

La presentación oficial del libro, celebrado en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga, ha reunido a representantes institucionales, responsables editoriales y al propio autor. El acto ha servido no solo para escenificar la entrega del premio, sino también para subrayar el peso que este galardón ha adquirido en el panorama del ensayo en España y su conexión con debates actuales sobre cultura visual, memoria y educación.

Un ensayo ganador sobre la pedagogía de la mirada

«Escaparate. Pedagogía de la modernidad» se ha alzado con el XVII Premio Málaga de Ensayo «José María González Ruiz» tras imponerse entre 60 manuscritos presentados, el doble que en la edición anterior. El libro toma forma a partir de una escena temprana: un niño que, camino del colegio y mientras espera el autobús, se queda fascinado ante los escaparates de una imprenta repleta de libros ilustrados, enciclopedias de arte y novelas.

Desde ese recuerdo, convertido casi en imagen fundacional, Gómez Álvarez elabora una teoría de la mirada cotidiana. El escaparate deja de ser solo una superficie de cristal que exhibe mercancías para transformarse en un dispositivo simbólico cargado de significados. El ensayo lo presenta como una herramienta pedagógica que ha contribuido, junto a otros soportes visuales, a enseñar a varias generaciones a relacionarse con los objetos, las imágenes y la ciudad.

El jurado ha destacado la obra por «la originalidad y el acierto del tema elegido», al convertir ese elemento arquitectónico corriente -el frente acristalado de los comercios- en el eje de una reflexión antropológica y cultural. El libro explora las distintas experiencias del paseante que se detiene ante un escaparate y cómo ese gesto mínimo revela deseos, miedos, aspiraciones y códigos sociales.

Para el autor, la infancia asomada al cristal funciona como una especie de pedagogía silenciosa: los niños observan, imaginan y organizan el mundo a partir de lo que ven tras el vidrio. Esa educación visual, sostiene el ensayo, tiene una huella profunda en la manera en que se construye la identidad personal y colectiva en las sociedades occidentales.

La presentación en el Ayuntamiento de Málaga

El Ayuntamiento de Málaga ha sido el escenario de la presentación pública del libro ganador, en un acto que refuerza la vocación institucional del premio por apoyar el género ensayístico. El encuentro ha tenido lugar en el Salón de los Espejos, uno de los espacios más emblemáticos de la casa consistorial.

En la mesa han intervenido el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre; la concejala de Cultura y Patrimonio Histórico, Mariana Pineda; el director de la editorial Páginas de Espuma, Juan Casamayor; y el ensayista premiado, Iñaki Gómez Álvarez. Cada uno ha aportado una perspectiva distinta sobre el significado del libro y del galardón dentro del circuito cultural español.

De la Torre ha felicitado tanto al autor como a la editorial, subrayando que el tema escogido «motiva la reflexión» y que le parece, en sus palabras, no solo original, sino especialmente acertado. El alcalde ha recordado además que casi todo el mundo puede reconocerse en la experiencia de quedarse frente a un escaparate, una vivencia compartida que el ensayo convierte en materia de pensamiento.

Por su parte, la concejala de Cultura ha enmarcado el premio dentro de las políticas municipales para reforzar el ensayo como herramienta de análisis crítico. La presencia de responsables públicos en la presentación refuerza la idea de que el Premio Málaga de Ensayo es una apuesta estratégica por parte de la ciudad para fomentar la reflexión sobre la realidad contemporánea.

Juan Casamayor, al frente de Páginas de Espuma, ha puesto el acento en la dimensión emocional del libro. Ha señalado que la infancia de muchos lectores está marcada por «ese deseo de quien se ha parado alguna vez delante de un escaparate», y ha invitado a mirar la ciudad de otra manera: como un entramado de cristales que componen una especie de museo urbano de la vida cotidiana.

Un autor entre la docencia, el arte y la memoria visual

Iñaki Gómez Álvarez (Madrid, 1968) llega a este reconocimiento con una trayectoria vinculada a la historia del arte, la educación y la crítica cultural. Profesor de secundaria, ha trabajado también como guía de exposiciones y como crítico en publicaciones especializadas, lo que le ha permitido cruzar mirada académica y experiencia directa con el público.

Su research se ha centrado en los llamados «museos imaginarios», las enciclopedias de arte y la recepción social de las imágenes. «Escaparate. Pedagogía de la modernidad» nace, en palabras del propio autor, como una especie de derivación de su tesis doctoral, centrada en las reproducciones fotográficas y en cómo las personas se relacionan con estas.

En la presentación, Gómez Álvarez se ha mostrado sorprendido y agradecido por el fallo del jurado, y ha reivindicado el valor de los instantes cotidianos que casi nunca se registran. Ha explicado que miles de pequeñas experiencias de belleza se pierden porque no logran articularse en una forma de ver el mundo compartible, y que su ensayo intenta precisamente rescatar ese tipo de descubrimientos mínimos.

El autor también ha hablado de la inevitable carga de nostalgia que atraviesa el libro. Para él, la mirada hacia atrás no es un simple ejercicio sentimental, sino una forma de pensar el presente: la nostalgia como dolor por lo que se conoce, por aquello que está sucediendo sin que uno pueda participar plenamente. Ese matiz le permite conectar la memoria de los viejos escaparates con las inquietudes de una época saturada de pantallas.

Entre las influencias intelectuales que planean sobre el texto, Gómez Álvarez cita nombres como Montaigne o John Berger, autores que han pensado en profundidad la experiencia de mirar y la relación entre imagen, cuerpo y sociedad. El resultado es un ensayo que combina rigor conceptual y prosa accesible, según ha subrayado el jurado.

Del escaparate físico a las pantallas del siglo XXI

Uno de los hilos centrales del libro es el tránsito desde los escaparates tradicionales hasta las pantallas contemporáneas como nuevos cristales de la vida pública. El ensayo no se limita a una mirada nostálgica hacia las vitrinas de antaño, sino que establece puentes entre esas superficies de vidrio y los dispositivos electrónicos que hoy organizan buena parte de nuestra atención.

El autor se detiene especialmente en la ciudad de Chicago, cuyos escaparates históricos —desde los grandes almacenes Marshall Field’s hasta escenas evocadas por cuadros como «Nighthawks» de Edward Hopper— sirven de laboratorio para analizar la relación entre comercio, espacio urbano y discursos sociales. Según el texto, estos puntos de luz en la trama de la ciudad llegaron incluso a funcionar como escenario de conflictos políticos y tensiones sociales, especialmente en la década de 1960.

Desde esa perspectiva, observar un escaparate no es un gesto inocente: es una forma de leer la ciudad y sus desigualdades, de ver cómo se construye el deseo colectivo y cómo se escenifican las promesas de la sociedad de consumo. El ensayo sostiene que quien se para a mirar a través del cristal, ya sea desde la calle o desde el interior de la tienda, participa en una fenomenología de la experiencia urbana.

El libro enlaza esta reflexión con el presente, marcado por la omnipresencia de móviles, ordenadores y televisores. Estas pantallas, plantea Gómez Álvarez, actúan como nuevos escaparates del siglo XXI, en los que seguimos aprendiendo a desear y a relacionarnos con el entorno, aunque ahora desde la lógica de los algoritmos y la hiperconectividad.

En el ámbito educativo, el volumen compara el impacto social de los escaparates con el de las pizarras digitales y otros recursos audiovisuales del aula. Lejos de ser simples adornos comerciales, las vitrinas urbanas habrían ejercido durante décadas una función pedagógica silenciosa, especialmente sobre niños y adolescentes, que recorren la ciudad «como pequeños flâneurs» en busca de descubrimientos visuales.

El fallo del jurado y la dotación del galardón

El XVII Premio Málaga de Ensayo está convocado por el Ayuntamiento de Málaga, a través del Área de Cultura y Patrimonio Histórico, en colaboración con la editorial Páginas de Espuma, que se encarga de la publicación de la obra ganadora. Esta edición ha registrado 60 originales, una cifra que duplica la del año anterior y que refleja el interés creciente por el certamen.

El fallo se hizo público en diciembre de 2025, tras la deliberación de un jurado presidido por la directora general de Cultura del Ayuntamiento, Susana Martín Fernández. El panel lo completaban la catedrática y ensayista Estrella de Diego; la escritora y ensayista Espido Freire; el catedrático y ensayista Javier Gomá, y el escritor y responsable de la Casa Gerald Brenan, Alfredo Taján. Todos ellos optaron por distinguir la propuesta de Gómez Álvarez por mayoría.

En el acta, el jurado subraya la relevancia del tema escogido y la forma en que el ensayo ilumina un elemento funcional y popular como el escaparate, mostrando que, pese a su aparente sencillez, ha cumplido una función pedagógica clave en las sociedades occidentales durante el último siglo, con un efecto particular sobre la mirada infantil.

La obra ganadora no solo consigue su publicación en el catálogo de Páginas de Espuma, sino que recibe una dotación económica de 10.000 euros, cantidad que consolida al Premio Málaga de Ensayo como uno de los reconocimientos mejor valorados en su ámbito dentro de España. El Ayuntamiento ha incidido en el carácter divulgativo del premio y en su capacidad para acercar el ensayo a un público amplio.

El libro ya ha llegado a las librerías, pero, como ha señalado el propio autor, su verdadera lección sigue sucediendo «frente al cristal»: en ese diálogo cotidiano entre lo que la ciudad muestra y lo que cada persona decide mirar. Al detenerse, aunque sea unos segundos, ante un escaparate, se activa uno de esos microdescubrimientos de belleza que el ensayo trata de rescatar del olvido.

Un premio consolidado en el mapa del ensayo en España

Creado en 2007 y bautizado en memoria de José María González Ruiz, el Premio Málaga de Ensayo ha ido ganando peso tanto en número de participantes como en proyección internacional. Desde sus primeras ediciones, la presencia de manuscritos procedentes de América Latina ha sido significativa, con autores argentinos, mexicanos y peruanos entre los galardonados.

El palmarés del certamen refleja la variedad temática y el carácter híbrido del ensayo contemporáneo. Entre otros, han sido reconocidos el cordobés Vicente Luis Mora con «Pasadizos» en la primera edición; el argentino Blas Matamoro y el mexicano Ignacio Padilla en convocatorias posteriores, así como autores que han explorado territorios fronterizos del pensamiento, desde la literatura fantástica hasta la reflexión política y social.

En esta trayectoria se inscriben propuestas como las de David Roas, centrada en lo fantástico; Cristián Crusat, que abordó la autoficción; o Remedios Zafra, que investigó la relación entre creatividad y género. También figuran trabajos que se han detenido en conceptos como la espera, la realidad no contemplada o las tensiones del lenguaje en sociedades pluricéntricas.

Entre otros títulos destacados se encuentran «La lira de las masas», del escritor y crítico peruano Rodríguez-Gaona; «Agitación. Sobre el mal de la impaciencia», del ensayista Jorge Freire; «Caos, virus, calma. La Física del Caos aplicada al desorden artístico, social y político», de Nùria Perpinyà; o «La impostora. Cuaderno de traducción de una escritora». Más recientemente, han sido distinguidos «Arquitectura de las pequeñas cosas», del arquitecto madrileño Santiago de Molina; «Herida Fecunda», de la autora argentino-mexicana Sandra Lorenzano; y «Flaubert a la carta», del tinerfeño Antonio Álvarez de la Rosa.

Este recorrido evidencia que el galardón malagueño ha buscado, edición tras edición, tender puentes entre autores y lectores en torno a temas que combinan reflexión teórica y conexión con la vida diaria. La elección este año de un libro centrado en los escaparates encaja en esa línea: un objeto familiar convertido en puerta de entrada a cuestiones más amplias sobre ciudad, deseo y aprendizaje.

A día de hoy, el Premio Málaga de Ensayo se considera uno de los referentes del género en el ámbito español y europeo, tanto por la calidad de las obras seleccionadas como por el apoyo institucional y editorial que lo respalda. Su evolución apunta a un espacio donde conviven la investigación académica, la experimentación literaria y el interés por llegar a un público general curioso por entender mejor el mundo que le rodea.

Con la elección de «Escaparate. Pedagogía de la modernidad», el premio refuerza su apuesta por miradas singulares sobre lo cotidiano, capaces de descubrir, en un simple cristal de tienda, una ventana a la forma en que construimos nuestras ciudades, nuestros deseos y nuestra memoria colectiva.


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La intriga del funeral inconveniente, el regreso del detective sin nombre de Eduardo Mendoza

Isaac

Portada de novela de misterio ambientada en Barcelona

La nueva novela de Eduardo Mendoza vuelve a situar a su inolvidable detective sin nombre en el centro de un enredo criminal que, como es habitual en el autor barcelonés, empieza de forma casi ridícula y termina complicándose más de la cuenta. Con La intriga del funeral inconveniente, el escritor recupera uno de sus personajes más queridos y lo sitúa de nuevo en una Barcelona llena de sombras, secretos y disparates.

El punto de partida no puede ser más modesto: la crónica de un funeral que nadie consideraba importante en un periódico local. A partir de ese texto, escrito por un redactor recién llegado a la redacción, se desencadena una reacción imprevisible que salpica a poderosos, saca a la luz una trama financiera de alto nivel y arrastra al detective a un caso que, sobre el papel, parecía un simple malentendido.

Un funeral menor que desata un escándalo mayúsculo

En el corazón de la novela se encuentra Ramoncito Valenzuela, un periodista novato que firma una breve nota sobre un entierro anodino para un diario local. Lo que para él es apenas una pieza de relleno acaba costándole el puesto: la publicación de esa crónica desencadena su despido fulminante, sin que el propio Ramoncito entienda bien qué hilo sensible ha tocado.

Sin saberlo, con ese texto ha puesto en marcha una reacción en cadena. A partir de aquel funeral aparentemente insignificante empiezan a aparecer conexiones con intereses económicos ocultos, operaciones financieras turbias y personajes influyentes que preferirían que ciertos asuntos no apareciesen en los periódicos. El relato del sepelio se convierte, sin pretenderlo, en la pista inicial de investigación de alto nivel.

La novela traza así el recorrido de cómo algo mínimo -una pequeña noticia perdida en las páginas interiores- puede destapar una conspiración de consecuencias desproporcionadas. El despido de Ramoncito es solo el primer síntoma de que hay fuerzas moviéndose para evitar que la verdad salga a la luz y que el eco de ese funeral vaya más allá de los pocos asistentes que acudieron al mismo.

El mundo de los medios locales, las presiones empresariales y el miedo a incomodar a ciertos poderes forman parte del telón de fondo de una trama en la que un gesto aparentemente inocente -cumplir con el trabajo de cubrir un entierro- se transforma en el detonante de una cadena de sucesos cada vez más inverosímiles.

El regreso del detective sin nombre tras más de una década de altibajos

En este contexto reaparece el célebre detective sin nombre, uno de los personajes más reconocibles del universo literario de Mendoza. Después de once años de altibajos y vicisitudes, este investigador atípico vuelve a verse atrapado en un caso que, igual que en entregas anteriores, se inicia como un asunto menor y deriva en un enredo de grandes dimensiones.

El protagonista lleva a cuestas una trayectoria que los lectores ya conocen bien gracias a títulos como El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas, La aventura del tocador de señoras, El enredo de la bolsa y la vida y El secreto de la modelo extraviada. En La intriga del funeral inconveniente, vuelve a moverse entre instituciones, barrios y personajes pintorescos, siempre con ese punto de torpeza lúcida que lo convierte en alguien cercano pese a lo extravagante de las situaciones. Además, obras como Sin noticias de Gurb forman parte del catálogo que instala al autor en el imaginario de muchos lectores.

Lejos del cliché del sabueso infalible, este investigador se topa con una red intrincada de suplantaciones, engaños y chapuzas criminales. El caso le pilla, como de costumbre, con más problemas personales que medios, pero su capacidad para sobrevivir a cualquier atropello -combinada con una mirada muy particular sobre la ciudad y sus habitantes- marca el ritmo de la narración.

La nueva aventura supone además la sexta incursión del personaje en la obra de Mendoza, consolidando una saga que ha pasado de ser un experimento de tono cómico a convertirse en uno de los pilares más reconocibles de su narrativa de misterio en clave satírica. Cada vuelta del detective a las librerías es, para muchos lectores, una forma de reencontrarse con un universo propio, reconocible y a la vez reinventado en cada entrega.

Trama detectivesca, sátira y crítica social en la Barcelona de Mendoza

Uno de los rasgos más destacados de La intriga del funeral inconveniente es la manera en que Eduardo Mendoza vuelve a combinar sátira, absurdo y lucidez moral. La historia funciona como una novela detectivesca con todos sus ingredientes -pistas, sospechosos, giros inesperados-, pero al mismo tiempo propone una mirada irónica sobre las estructuras de poder, las apariencias y la facilidad con la que se prefiere ocultar la verdad antes que afrontarla.

En esta nueva entrega, el verdadero enigma no es solo quién está detrás de la trama financiera o qué se esconde tras aquel funeral, sino por qué nadie quiere que la verdad se conozca. La resistencia de instituciones, empresas y particulares a que ciertos datos salgan a la luz se convierte en un motor narrativo, pero también en una forma de señalar contradicciones y miserias cotidianas.

Barcelona vuelve a ser el escenario privilegiado de la comedia humana que plantea Mendoza. Calles, edificios oficiales, barrios populares y rincones menos transitados se mezclan en un mapa urbano que el lector reconoce y al mismo tiempo descubre desde una nueva perspectiva. La ciudad aparece como un personaje más, cómplice y víctima de las tramas que se tejen entre despachos, cementerios y redacciones de periódicos.

El tono combina lo hilarante con lo implacable: los diálogos, los equívocos y las situaciones disparatadas provocan la sonrisa, pero debajo de esa superficie ligera late una crítica firme a la corrupción, la chapuza y la opacidad que a menudo rodean al poder económico y político. Mendoza vuelve a demostrar su habilidad para reírse de casi todo sin perder de vista la gravedad de lo que está contando.

Un título más en una trayectoria literaria premiada

Con esta novela, Eduardo Mendoza suma un nuevo hito a una carrera reconocida con galardones tan relevantes como el Premio Cervantes y el Premio Princesa de Asturias de las Letras, entre otros. Su regreso a las estanterías se produce apenas dos años después de Tres enigmas para la Organización, lo que confirma el buen momento creativo del autor.

A lo largo de las últimas décadas, Mendoza ha construido una obra diversa en la que conviven la parodia detectivesca, la novela urbana y el relato histórico, con títulos ya clásicos como La verdad sobre el caso Savolta, La ciudad de los prodigios, Sin noticias de Gurb, El año del diluvio o Una comedia ligera. Dentro de ese conjunto, las aventuras del detective sin nombre constituyen una de sus aportaciones más populares y reconocibles.

La intriga del funeral inconveniente se incorpora a esa línea, pero con un enfoque que entronca de lleno con las preocupaciones contemporáneas sobre transparencia, información y poder. La mezcla de humor, misterio y crítica social enlaza tanto con sus primeras novelas como con obras más recientes, lo que hace que el libro pueda atraer tanto a quienes han seguido la saga del detective desde el principio como a lectores que se acercan por primera vez al autor.

En conjunto, la obra se presenta como una nueva oportunidad para adentrarse en el particular universo narrativo de Mendoza: una Barcelona reconocible pero retorcida por el absurdo, unos personajes que rozan la caricatura sin perder humanidad y una trama que, partiendo de un funeral en apariencia irrelevante, acaba cuestionando cómo se construye y se oculta la verdad en nuestra sociedad.


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Javier Sierra, nuevo Premio CEDRO por su defensa de la cultura escrita

Isaac

Premio CEDRO a Javier Sierra

El escritor y periodista turolense Javier Sierra ha sido elegido para recibir el Premio CEDRO 2026, un reconocimiento que otorga el Centro Español de Derechos Reprográficos a quienes destacan por su implicación en la protección de la cultura escrita y de la propiedad intelectual. La decisión, adoptada por la Junta Directiva de la entidad, sitúa al autor entre las voces más visibles en la defensa de los creadores en el ámbito hispanohablante.

La distinción se entregará el próximo 29 de abril, coincidiendo con el Día Internacional de la Propiedad Intelectual, en un acto que reunirá a premiados de ediciones anteriores y que marcará el décimo aniversario del galardón. Con este gesto, CEDRO subraya la dimensión pública del compromiso de Sierra, tanto en España como en el contexto europeo.

Un premio que reconoce un compromiso sostenido

Desde CEDRO se destaca que la trayectoria de Sierra representa una defensa constante de los derechos de autor y de los profesionales de la cultura escrita. La presidenta de la entidad, Carme Riera, ha recalcado que ese compromiso no se limita a su producción literaria, sino que se refleja en sus intervenciones en actos públicos, su presencia en medios de comunicación y sus artículos de opinión.

Riera ha subrayado, además, que la actitud abierta y generosa del escritor ha facilitado su participación en debates sobre propiedad intelectual, acceso a la lectura y nuevos desafíos tecnológicos. En palabras de la presidenta, para CEDRO supone un auténtico privilegio contar con un premiado que combina proyección mediática con una postura clara en defensa del ecosistema del libro.

La entidad recuerda que, a lo largo de los últimos años, Sierra se ha implicado de forma reiterada en la lucha contra la piratería y la vulneración de derechos de autor, alertando de las consecuencias económicas y culturales que tiene la difusión irregular de contenidos para escritores, traductores y resto de agentes del sector editorial.

En paralelo, el autor ha insistido en la necesidad de que las Administraciones Públicas asuman un liderazgo real en la protección y promoción de la cultura escrita. Para Sierra, ese papel institucional resulta clave a la hora de garantizar un entorno estable para la creación, tanto en España como en el conjunto de Europa, especialmente en un momento de cambios acelerados en la industria del libro.

Otro de los ejes sobre los que ha llamado la atención es el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo de los creadores. A través de conferencias, entrevistas y textos divulgativos, el escritor ha reclamado marcos normativos que tengan en cuenta los derechos de autor en el entrenamiento de modelos y en el uso de contenidos protegidos, alineándose con los debates que se están desarrollando en las instituciones europeas.

Defensa de la lectura, las bibliotecas y el medio rural

Más allá del terreno estrictamente jurídico, CEDRO pone en valor la visión de Sierra sobre la lectura como herramienta de cohesión social. El autor ha reivindicado con frecuencia el papel de las bibliotecas públicas, los clubes de lectura y las actividades de animación lectora como espacios básicos para la circulación de ideas y el mantenimiento de una ciudadanía crítica.

En sus intervenciones, Sierra suele insistir en la importancia de la historia como sostén de la identidad colectiva, advirtiendo de que la pérdida de referentes culturales debilita el diálogo entre generaciones. Esta mirada histórica impregna tanto sus novelas como sus ensayos, y se traslada igualmente a su defensa de la conservación del patrimonio bibliográfico.

El escritor también ha llamado la atención sobre la necesidad de reforzar la presencia de los libros en el medio rural, donde a menudo el acceso a librerías, bibliotecas y actividades culturales es limitado. Para él, la oferta de lectura en pueblos y pequeñas localidades es un factor determinante para evitar brechas culturales entre territorios.

Su compromiso con la difusión de la cultura escrita se traduce, asimismo, en la reivindicación de la lengua española como patrimonio compartido por millones de hablantes dentro y fuera de Europa. En este sentido, Sierra ha defendido la circulación internacional de autores en español y la visibilidad de la literatura en nuestra lengua en mercados como el estadounidense.

Como muestra de este reconocimiento social, la Biblioteca Pública del Estado de Teruel lleva el nombre de Javier Sierra, un gesto simbólico que vincula la trayectoria del autor con su tierra natal y refuerza su imagen como referente cultural aragonés y español.

Una obra literaria con proyección internacional

Además de su faceta como divulgador y analista, Sierra ha construido una sólida carrera literaria, tanto en la narrativa como en el ensayo. Ha firmado cuatro ensayos dedicados a los grandes enigmas de la historia y la ciencia, combinando investigación y divulgación para acercar al público cuestiones fronterizas entre la historiografía, la arqueología y el misterio.

En el terreno de la ficción, su bibliografía incluye títulos como El Plan Maestro (2025), El mensaje de Pandora (2020), El fuego invisible (2017), La pirámide inmortal (2014), El maestro del Prado (2013), El ángel perdido (2011) o La cena secreta (2004), entre otros. En todas ellas, el autor combina tramas de suspense con referencias artísticas, científicas y religiosas que han encontrado un público diverso dentro y fuera de España.

Entre sus novelas, La cena secreta se ha consolidado como su obra de mayor impacto internacional. Traducida y editada en 45 países, le permitió convertirse en el primer —y hasta la fecha único— escritor español que logra situarse en el top 10 de las listas de libros más vendidos en Estados Unidos, un mercado especialmente competitivo para la literatura en lengua extranjera.

A lo largo de su trayectoria, Sierra ha recibido numerosos reconocimientos en el ámbito literario. La dama azul fue seleccionada como Mejor Novela Histórica del Año en Estados Unidos en 2008, mientras que El ángel perdido obtuvo dos Latino Book Awards en 2012. Por su parte, El maestro del Prado se convirtió en el libro de ficción más vendido en España en 2013.

El punto culminante de su trayectoria en el mercado editorial español llegó con El fuego invisible, obra galardonada con el Premio Planeta en 2017. Este reconocimiento reforzó su presencia mediática y consolidó definitivamente su posición como uno de los novelistas más leídos en el ámbito hispano.

Además de los premios vinculados a títulos concretos, Sierra ha sido distinguido con reconocimientos a su carrera en su tierra, como el Premio de las Letras Aragonesas, que subraya su aportación al patrimonio literario de Aragón y su proyección más allá de las fronteras regionales.

Un perfil mediático al servicio de la divulgación

La figura de Javier Sierra no se limita al espacio del libro. Su relación con los medios de comunicación se remonta a la infancia, cuando comenzó a colaborar en la radio con tan solo doce años. Posteriormente se licenció en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, lo que le permitió desarrollar una carrera profesional que combina periodismo, divulgación y creación literaria.

En el ámbito de la prensa escrita y las revistas especializadas, alcanzó notoriedad como cofundador de la revista Año Cero, centrada en enigmas históricos y fenómenos fronterizos del conocimiento, y como director de Más allá de la Ciencia. Desde estas cabeceras impulsó reportajes y dossiers que contribuyeron a popularizar temas habitualmente relegados al ámbito académico o a círculos muy especializados.

Su faceta televisiva también ha tenido peso en su proyección pública. Sierra ha dirigido y presentado programas como El otro lado de la realidad y El arca secreta, en los que combina entrevistas, reportajes y análisis de documentos históricos. Más recientemente, ha encabezado la serie Otros Mundos para Movistar+, un formato que adapta a la pantalla el tipo de contenidos que ya trabajaba en sus libros: historias poco conocidas, enigmas sin resolver y conexiones entre pasado y presente.

Este perfil híbrido entre escritor y comunicador ha permitido que sus reflexiones sobre propiedad intelectual, lectura y cultura escrita lleguen a audiencias muy amplias, más allá del circuito estrictamente literario. Sus apariciones en radio, prensa y televisión han servido de altavoz para temas como la protección de los creadores, la educación lectora o el papel del libro en una sociedad cada vez más digitalizada.

Gracias a esta labor constante en diferentes formatos, muchas de las ideas que defiende —desde la necesidad de respetar los derechos de autor hasta la urgencia de mantener políticas activas de fomento de la lectura— han ido calando en el debate público español, alineadas con las reivindicaciones del sector editorial y de las entidades de gestión de derechos.

Diez años de Premios CEDRO y una mirada europea

El galardón que recibirá Javier Sierra forma parte de una distinción que nació en 2017 con la intención de reconocer cada año la defensa de la cultura y de los derechos de autor. Desde entonces, el Premio CEDRO se ha entregado ininterrumpidamente en el marco del Día Internacional de la Propiedad Intelectual, consolidándose como una de las referencias en España para destacar a personas e instituciones comprometidas con la protección de la creación escrita.

Entre los nombres que figuran en el palmarés se encuentran autores y profesionales de gran peso en el panorama literario y mediático español. Lorenzo Silva fue el primer galardonado en 2017, seguido por Julia Navarro en 2018 y Pepa Fernández en 2019. En 2020 el premio recayó en Rosa Montero, mientras que José María Merino fue distinguido en 2021.

En 2022, CEDRO optó por reconocer conjuntamente a Eduardo Maura, Emilio del Río, Marta Rivera de la Cruz y José Andrés Torres Mora, figuras vinculadas a la política y la gestión cultural que han trabajado en favor de la propiedad intelectual y el libro desde distintos frentes institucionales. Posteriormente, el galardón fue para Antonio Muñoz Molina en 2023, Gemma Lienas en 2024 y Manuel Rivas en 2025, todos ellos autores con una larga trayectoria en el panorama literario español.

La edición de 2026 adquiere un significado especial al coincidir con el décimo aniversario de los Premios CEDRO. En el acto del 29 de abril está previsto que se reúnan muchos de los premiados de años anteriores, lo que convertirá la ceremonia en un punto de encuentro entre generaciones de escritores, periodistas y responsables culturales que comparten una misma preocupación: garantizar un marco sólido para la creación.

El alcance del premio trasciende las fronteras nacionales. Este año se otorgará también una mención especial a la escritora y periodista alemana Nina George, ex presidenta del European Writers’ Council (EWC). CEDRO quiere así reconocer su papel al frente de esta organización europea y su labor como portavoz de los autores y traductores en los procesos legislativos relacionados con la inteligencia artificial.

Entre 2019 y 2023, Nina George presidió el EWC y, tras concluir su mandato, fue nombrada primera presidenta de honor y comisaria de Asuntos Políticos para el periodo 2023-2025. Durante esos años, participó activamente en los debates sobre la regulación de la IA en la Unión Europea, insistiendo en la necesidad de que las normas tengan en cuenta los derechos de quienes generan los contenidos que sirven de base para entrenar las nuevas tecnologías.

La presencia de George en la ceremonia evidencia que el debate sobre propiedad intelectual y tecnología se libra hoy en clave europea, con impacto directo sobre la industria del libro en España. La sintonía entre las posiciones defendidas por la autora alemana y las preocupaciones de escritores como Javier Sierra refuerza la idea de que la defensa de los creadores exige una respuesta coordinada a nivel comunitario.

Con la elección de Javier Sierra como Premio CEDRO 2026 y la mención especial a Nina George, el galardón subraya la relevancia de quienes combinan una sólida producción literaria con una acción pública constante en defensa de los derechos de autor, la lectura y la cultura escrita. En un contexto marcado por la digitalización y la expansión de la inteligencia artificial, la trayectoria del escritor turolense se presenta como ejemplo de cómo la literatura, el periodismo y la divulgación pueden ir de la mano para sostener un ecosistema cultural más justo y equilibrado para creadores y lectores.


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Juan Carlos Mestre reúne medio siglo de poesía en «Asamblea»

Isaac

Retrato de Juan Carlos Mestre

La publicación de «Asamblea. Poesía reunida 1975-2025» se ha convertido en uno de los hitos literarios más relevantes del panorama poético español reciente. El volumen, editado por Galaxia Gutenberg, reúne en torno a mil quinientas páginas que recorren, libro a libro, el medio siglo de escritura de Juan Carlos Mestre, poeta y artista visual nacido en Villafranca del Bierzo (León) en 1957. Desde sus primeros textos casi secretos hasta los avances de su próximo poemario, el libro ofrece una mirada completa a una de las voces más singulares de la lírica en lengua castellana.

Esta obra total no solo pretende celebrar una trayectoria consolidada, sino fijar la versión definitiva de cada libro, fruto de un minucioso trabajo de revisión y reordenación llevado a cabo por el propio Mestre. En un contexto europeo marcado por tensiones políticas, desigualdades crecientes y un cierto cansancio democrático, la aparición de un proyecto literario tan ligado al compromiso ético y a la memoria histórica aporta una perspectiva poco complaciente pero profundamente humanista.

Un volumen monumental para cincuenta años de poesía

«Asamblea» se presenta como un tomo voluminoso que impresiona tanto por su tamaño físico como por la densidad imaginativa que contiene. En sus alrededor de 1.500 páginas caben cinco décadas de escritura, lo que, como ha señalado con ironía Antonio Gamoneda, vendría a ser un promedio de unas treinta páginas de poemas por año de trabajo constante. Esta escala permite seguir de manera continua la evolución de la voz de Mestre, sus obsesiones temáticas y su particular forma de mezclar memoria, sueño y crítica social.

El libro reúne todos los títulos poéticos publicados por Mestre hasta la fecha, desde las primeras plaquettes juveniles hasta los libros más reconocidos por la crítica. Se incluyen sus dos series iniciales, «Siete poemas escritos junto a la lluvia» y «La visita de Safo», así como los volúmenes que marcaron su consolidación, entre ellos «Antífona del otoño en el valle del Bierzo», «La poesía ha caído en desgracia», «La tumba de Keats», «La casa roja», «La bicicleta del panadero» o «Museo de la clase obrera».

Además de la obra ya conocida, «Asamblea» incorpora un conjunto de poemas inéditos que avanzan su próximo libro, «El ciprés descapotable». Se trata de veintiún textos que funcionan como una ventana hacia la etapa más reciente del autor, donde persisten su tono visionario y su voluntad de interrogar la realidad política y moral desde una imaginación desbordante. Esta sección inédita otorga al volumen un carácter de estreno y no solo de recopilación.

Otra de las piezas clave del volumen es la primera traducción íntegra al castellano de «200 gramos de patacas tristes», libro originalmente escrito en gallego, la lengua de la infancia del poeta. La versión corre a cargo del joven poeta Mario Obrero, que traslada al castellano una serie de retratos emocionados dedicados a quienes fueron silenciados o marginados históricamente. Esta traducción amplía el acceso del público hispanohablante a un libro considerado fundamental dentro de la producción reciente de Mestre.

El recorrido se cierra con un apéndice titulado «Poesía primera», donde se integran las series escritas en la década anterior a la aparición de «Antífona del otoño en el valle del Bierzo». Estas páginas permiten ver al poeta en sus tanteos iniciales, cuando comenzaba a fijar un universo propio en el que se mezclan mitologías personales, memoria familiar, referencias culturales y una sensibilidad política en ciernes.

Gamoneda y Doce: dos miradas críticas para enmarcar la obra

El volumen no se limita a apilar libros anteriores, sino que se articula como una verdadera edición de referencia acompañada de textos de lectura imprescindibles. En primer lugar, el poeta Antonio Gamoneda abre el tomo con un largo poema de presentación, seis páginas de tono afectivo y reflexivo en las que se dirige a Mestre como «hijo» y «maestro», subrayando la relación de complicidad intelectual y humana que les une.

En ese texto de apertura, Gamoneda mezcla la ternura personal con una honda preocupación por el presente político y social. Ante un contexto que describe como amenazante, en el que «hoy es ayer» y parece imponerse una regresión histórica, el poeta leonés plantea la tentación de una «huida al pasado» como refugio, sin dejar de advertir sobre los peligros de esa nostalgia. Su intervención sitúa la poesía de Mestre en un territorio de vigilancia y resistencia frente a los nuevos autoritarismos, tanto en España como en el conjunto de Europa.

Junto a este prólogo en forma de poema, el crítico y poeta Jordi Doce firma la introducción ensayística titulada «El testimonio de la imaginación». En ella explica por qué sitúa a Juan Carlos Mestre en un lugar prácticamente de excepción dentro de la poesía española reciente. Doce destaca que su obra no se deja encasillar en escuelas ni etiquetas críticas al uso, y que sostiene una coherencia poco frecuente pese a sus continuas metamorfosis formales.

Para Doce, la obra de Mestre se caracteriza por una imaginación verbal deslumbrante y una fidelidad a los «imperativos de la imaginación», que actúan como brújula estética y ética. Subraya también la forma en que sus libros constituyen una «asamblea» de voces excluidas: vivos y muertos que nunca tuvieron palabra pública, reunidos en el poema para afirmar su existencia y su verdad. Esta idea da sentido al título del volumen y enlaza con la dimensión política que atraviesa su escritura.

El crítico recalca igualmente que en Mestre no existe una separación nítida entre la palabra escrita, la oralidad performativa y la creación plástica. Sus recitales con músicos como Amancio Prada o Cuco Pérez, así como su labor como pintor, grabador y creador de cajas y artefactos visuales, forman parte de un mismo impulso creativo. La edición de «Asamblea» permite comprobar cómo esa fusión de lenguajes se traslada a la página, donde el poema suele funcionar como un espacio de imágenes en movimiento.

Biografía de un poeta entre el Bierzo, Barcelona, Chile y Roma

Detrás de este corpus poético se encuentra una trayectoria vital marcada por los desplazamientos, el activismo y la fidelidad a un origen humilde. Juan Carlos Mestre nace el 15 de abril de 1957 en Villafranca del Bierzo, en una familia ligada a oficios como la panadería y la sastrería. Desde muy joven escribe poesía y se aproxima a un pensamiento progresista alimentado por su entorno y por figuras clave que se cruzan en su camino.

A mediados de los años setenta, se traslada a Barcelona para estudiar Ciencias de la Información. Allí combina los estudios universitarios con el compromiso político en plena transición española, y comienza a trabajar como periodista en una prensa vinculada al pensamiento disidente. En esa etapa conoce a la pintora y poeta chilena Alexandra Domínguez, que se convertirá en su compañera de vida y de proyectos creativos.

Sus primeros libros, «Siete poemas escritos junto a la lluvia» (1981) y «La visita de Safo» (1983), abren el territorio del deseo y de la exploración amorosa, con un lenguaje en el que ya asoman el juego con la tradición clásica, la ironía y una fuerte carga sensorial. Críticos como Antonio Pereira vieron en aquellas obras iniciales la promesa de un autor dispuesto a empujar los límites del discurso poético, partiendo de la experiencia personal pero cargándola de resonancias colectivas.

A mediados de los ochenta, Mestre se instala en Concepción (Chile), un periodo decisivo tanto en lo biográfico como en lo literario. Allí escribe «Antífona del otoño en el valle del Bierzo», que recibe el Premio Adonáis de 1985 y que convierte la memoria familiar y el paisaje natal en materia central de su poesía. El libro convierte la herencia de panaderos y sastres en una especie de mitología íntima que dialoga con la historia política y social.

De esa etapa chilena procede también el material que dará lugar a «La poesía ha caído en desgracia» (1992, Premio Gil de Biedma), donde la experiencia del autoritarismo y la violencia política se filtra en los poemas a través de imágenes que oscilan entre la desolación y la esperanza. La mirada del poeta se afila frente a la represión y las injusticias, pero sin renunciar a la dimensión onírica y visionaria que caracteriza su estilo.

Reconocimientos, grandes libros y compromiso cívico

Desde finales de los años ochenta, Mestre se instala en Madrid, ciudad en la que continúa desarrollando su doble faceta de escritor y artista visual. Su obra poética va creciendo con títulos que consolidan su presencia en la literatura española contemporánea, a la vez que se multiplican sus exposiciones de pintura, grabado y libros de artista en Europa, América Latina y Estados Unidos.

Durante el curso 1997-1998, el poeta reside en la Academia de España en Roma, una estancia que cristaliza en «La tumba de Keats» (1999, Premio Jaén). En este libro, los sueños de juventud, la tradición artística y las utopías liberadoras se confrontan con la historia de una Roma milenaria donde también se acumulan ruinas y fracasos. El poema largo que da título al libro funciona como una meditación sobre la propia escritura y sus límites.

La madurez de su proyecto poético se afirma con obras como «La casa roja» (Premio Nacional de Poesía) y «La bicicleta del panadero» (Premio de la Crítica), donde el autor trenza memoria personal, denuncia social y un imaginario poblado de personajes desamparados, animales, objetos cotidianos y referencias culturales de todo tipo. El tono oscila entre la ternura y la ferocidad crítica, en un lenguaje que no renuncia a la belleza pero tampoco a la incomodidad.

En «Museo de la clase obrera» (2018), Mestre ensaya una incursión en los límites del lenguaje para atravesar los escombros del siglo XX. El libro propone una suerte de catálogo poético de la memoria obrera, los fracasos revolucionarios y las formas de explotación que persisten en el capitalismo tardío. La poesía se convierte en un espacio de archivo y reparación, aunque sin caer en la solemnidad académica.

Escrito en gallego, «200 gramos de patacas tristes» (2019) recupera voces y rostros de quienes fueron ignorados por la historia oficial. Se trata de retratos breves de personas corrientes, muchas veces golpeadas por la pobreza o la represión, a las que el poema otorga una dignidad que los discursos dominantes les negaron. Este libro refuerza la idea de la poesía como acto civil y gesto de restitución simbólica.

A lo largo de estas décadas, la obra de Mestre ha sido objeto de traducciones a diversas lenguas y ha recibido un reconocimiento sostenido. Entre otros galardones, en 2017 obtuvo el Premio Castilla y León de las Letras por el conjunto de su obra, y en 2018 fue distinguido con la Medalla Europea «Homero» de Poesía y Arte. En 1999 recibió una Mención de Honor en el Premio Nacional de Grabado de la Calcografía Nacional, que subraya la importancia de su faceta plástica.

Influencias, maestros y genealogía poética

La construcción de este universo creativo no puede entenderse sin las figuras que funcionaron como faros literarios y vitales para Mestre. Entre las más determinantes se encuentra Gilberto Núñez Ursinos, escritor berciano cuya temprana muerte dejó una huella indeleble. La víspera de su suicidio, dejó en la panadería del padre de Mestre un paquete con tres libros fundamentales: «Los cantos pisanos» de Ezra Pound, «Anábasis» de Saint-John Perse y «Sublevación inmóvil» de Antonio Gamoneda.

Aquel gesto, que el propio Mestre ha interpretado como una suerte de testamento poético y mandato ético, actuó como detonante de una vocación entendida no solo como ejercicio estético, sino como tarea de pensamiento crítico y compromiso con los desheredados. Durante años, el joven poeta leyó y releyó esos libros sin descifrar del todo su código, pero fue asimilando poco a poco una «gramática insurgente» que desafiaba los usos convencionales de la lengua.

Entre las influencias explícitas, Antonio Gamoneda ocupa un lugar central. Mestre ha reconocido repetidamente que la obra del autor de «Sublevación inmóvil» trasciende lo puramente literario para encarnar la figura de un ciudadano ético, alguien cuya escritura se resiste a cualquier forma de complacencia con el poder. Gamoneda no solo ha sido un referente estilístico, sino también un modelo de actitud cívica y rigor moral.

Otra presencia clave es la de Saint-John Perse, cuya poesía visionaria y atravesada por el exilio ha dejado una marca perceptible en el tono y la imaginería de Mestre. Ambos comparten una fascinación por la palabra como territorio de revelación y por las voces migrantes que se sitúan en los márgenes de las historias oficiales. Esta cercanía se confirma en la monumental traducción de la «Obra poética» de Perse, realizada por Mestre y Alexandra Domínguez para Galaxia Gutenberg, un trabajo que la crítica ha calificado de «verdadera hazaña».

En ese mapa de afinidades hay también una relación estrecha con la tradición poética española y latinoamericana del siglo XX. Nombres como Juan Larrea, Luis Cernuda, León Felipe, Concha Méndez, María Zambrano o Clara Campoamor aparecen en su discurso como parte de una constelación de escritores y pensadores ligados a la derrota republicana, el exilio y la defensa de la libertad. Este diálogo con los «vencidos» se prolonga hacia figuras como Pier Paolo Pasolini, cuya muerte violenta simboliza para Mestre la caída en desgracia de ciertos valores éticos.

En el ámbito latinoamericano, la relación con poetas como Lêdo Ivo, Yevgueni Yevtuchenko (en su dimensión hispanoamericana), o su trato con autores de distintos países, ha afianzado la idea de la poesía como acto de fraternidad civil. La traducción conjunta con Guadalupe Grande de una antología de Lêdo Ivo, publicada como «La aldea de sal», y el poema «Cavalo morto» dan cuenta de ese intercambio constante entre orillas.

Poesía, política y memoria: una «asamblea» de voces

Uno de los rasgos que más destacan los estudiosos es la imposibilidad de separar en la obra de Mestre la dimensión poética de la política, entendida esta no tanto como militancia partidista, sino como intervención en el debate público y toma de postura frente a la injusticia. Desde sus primeros textos, se percibe una clara inclinación hacia los débiles, los marginados y quienes han sido expulsados del relato dominante.

Para el autor berciano, la poesía forma parte de una larga tradición de resistencia frente a los órdenes abyectos del mundo. No se trata de panfletarismo ni de consignas directas, sino de una forma de pensamiento que pone en cuestión las estructuras de poder, las lógicas del mercado y los discursos que intentan normalizar la desigualdad. El poema se convierte así en un lugar desde el que impugnar la naturalización de la violencia, ya sea económica, política o simbólica.

En esta línea, «Asamblea» se puede leer como un gran foro en el que comparecen los vivos y los muertos que nunca tuvieron voz. Campesinos, obreros, exiliados, víctimas de la represión, pero también animales, objetos y elementos naturales forman parte de un coro donde la palabra poética intenta restituir, al menos simbólicamente, la dignidad arrebatada. La memoria, entendida como presencia activa del pasado, configura el eje desde el que se piensa el futuro.

Mestre ha señalado en varias ocasiones que la poesía cayó en desgracia cuando comenzaron a derrumbarse los valores éticos que sostenían una convivencia más justa. Cita episodios como la desaparición de Ósip Mandelshtam en Siberia, el asesinato de Federico García Lorca o el exilio de buena parte de la intelectualidad republicana como momentos en los que la civilización de la palabra fue derrotada por la violencia. A ello suma tragedias contemporáneas como Auschwitz o Gaza, que muestran cómo la barbarie se reconfigura en distintos contextos.

En sus reflexiones sobre el presente, el poeta advierte del auge de nuevas formas de autoritarismo, el deterioro de la democracia y la sustitución de las sociedades de cultura por comunidades de consumo. Frente a ese panorama, la poesía se sitúa, a su juicio, en el lado de la resistencia, como uno de los pocos lenguajes capaces de recordar que nada significa dos veces lo mismo y que las víctimas y los verdugos no pueden ser equiparados bajo eufemismos reconciliadores.

Un creador total: palabra, voz e imagen

Más allá de los libros, la figura de Juan Carlos Mestre se ha configurado como la de un creador total que desborda las fronteras entre disciplinas. Sus recitales suelen incorporar la música en directo, con colaboraciones continuadas con artistas como Amancio Prada o Cuco Pérez, y un uso de la voz que convierte la lectura de poemas en una experiencia performativa. La oralidad, en su caso, no es un añadido, sino una prolongación natural del texto escrito.

Su faceta como artista visual abarca la pintura, el grabado, el dibujo, la escultura y la creación de libros de artista y cajas-objeto. Estas piezas, expuestas en galerías y centros culturales de Europa, América Latina y Estados Unidos, comparten con su poesía una imaginería onírica y una atención minuciosa a los detalles aparentemente insignificantes. La mezcla de materiales, colores y signos remite a un mismo impulso de recomponer fragmentos dispersos de realidad.

En este sentido, quienes han seguido de cerca su trayectoria insisten en que no existe una verdadera frontera entre lo que Mestre hace con las palabras y lo que hace con las manos. El poema se llena de imágenes plásticas, y sus obras visuales parecen, a menudo, páginas de un libro expandido en el espacio. «Asamblea» permite percibir este diálogo constante entre lenguajes, incluso cuando el lector solo tiene delante el texto impreso.

Su trabajo como traductor, especialmente en la «Obra poética» de Saint-John Perse, revela otra faceta de ese mismo compromiso con la lengua. Traducir, para Mestre, supone entrar en el taller de otro poeta y asumir la responsabilidad de trasladar un universo verbal entero a otra lengua sin traicionar su impulso original. El reconocimiento crítico a esta traducción confirma la solvencia de su oído y su capacidad para manejar registros muy distintos dentro del castellano.

Al mismo tiempo, su relación con la escena poética latinoamericana y europea, a través de festivales, lecturas y proyectos colectivos, consolida la imagen de un autor que concibe la poesía como un trabajo compartido, una empresa en la que el yo nunca está completamente solo. Los diálogos intergeneracionales, las colaboraciones con músicos y artistas y la presencia en espacios públicos refuerzan esa idea de la poesía como acto comunitario.

La aparición de «Asamblea» llega así en un momento en que buena parte del debate cultural en España y Europa se centra en la memoria histórica, la crisis de los modelos democráticos y el papel de la cultura en sociedades atravesadas por la desigualdad. El libro de Mestre, lejos de ofrecer respuestas sencillas, propone un viaje por un imaginario donde conviven la ternura y la rabia, el juego verbal y la denuncia, la intimidad y el gesto colectivo. Para lectores y especialistas, se perfila ya como una referencia ineludible dentro de la poesía contemporánea en castellano, tanto por su ambición formal como por la firmeza de su apuesta ética.


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La nueva fiebre por ‘Cumbres borrascosas’: de Emily Brontë a la película de Emerald Fennell con Margot Robbie y Jacob Elordi

Isaac

Cumbres borrascosas Emily Brontë

‘Cumbres borrascosas’ ha vuelto a colarse en las conversaciones de lectores, cinéfilos y críticos, y no precisamente por una reedición discreta de la novela. La responsable de este nuevo revuelo es Emerald Fennell, directora británica conocida por el tono provocador de Una joven prometedora y Saltburn, que firma una nueva película inspirada en el clásico de Emily Brontë con Margot Robbie y Jacob Elordi como pareja protagonista.

Esta versión cinematográfica llega rodeada de hype, polémica y división de opiniones: desde quienes la disfrutan como un guilty pleasure ardiente y autoconsciente, hasta quienes la consideran una traición al espíritu de la novela. En medio de ese ruido, el libro original publicado en 1847 reaparece con fuerza, y las editoriales españolas y europeas aprovechan la ocasión para relanzar ediciones comentadas, lujosas y económicas de una obra que nunca ha dejado de generar debates intensos.

Una película que no quiere ser adaptación fiel

Lo primero que deja claro Emerald Fennell es que no pretende replicar al pie de la letra la novela de Emily Brontë. Las comillas con las que se anuncia el título -“Cumbres borrascosas”- funcionan casi como un aviso al espectador: lo que se ofrece es una reinterpretación libre, basada en sus propios recuerdos adolescentes de lectura y en su interés por jugar con el deseo, el erotismo y la imagen, más que por reconstruir el texto decimonónico.

En la película se simplifican tramas, se reordenan elementos y se eliminan capas enteras del relato original, en especial la historia de la segunda generación de los Earnshaw y los Linton, clave en la novela para mostrar la herencia del trauma y la posibilidad de romper el ciclo de violencia. Fennell opta por un desarrollo lineal, sin la estructura enmarcada en la voz de Nelly Dean y sin el filtro del señor Lockwood, que en el libro funcionan como narradores poco fiables y aportan distancia crítica.

Ese recorte deja el foco casi exclusivamente en la relación entre Catherine y Heathcliff, convertida aquí en un torbellino de pasión explícita y alta carga sexual, donde el subtexto gótico y el comentario social quedan relegados frente a la estilización visual, la música y un tono deliberadamente excesivo. Hay espectadores que agradecen esta apuesta sin complejos; otros la perciben como una versión superficial que vacía de contenido el drama original.

Película Cumbres borrascosas Margot Robbie Jacob Elordi

La propia campaña promocional ha alimentado esta dualidad. Entre teasers cargados de erotismo, frases diseñadas para volverse virales y apariciones constantes de Robbie y Elordi en alfombras rojas y entrevistas, la película se presenta tanto como un evento pop para el fin de semana de San Valentín como una relectura irreverente de un clásico gótico. De ahí que muchos críticos recomienden verla sin tener la novela demasiado fresca, o incluso sin haberla leído, para no entrar en la sala cargados de expectativas literarias imposibles de satisfacer.

La novela de Emily Brontë: un clásico incómodo y radical

Para entender por qué esta nueva adaptación genera tantas reacciones cruzadas, conviene regresar al punto de partida: la única novela que Emily Brontë publicó en vida, firmada en 1847 con el seudónimo masculino de Ellis Bell. Nacida en los parajes agrestes de Yorkshire y marcada por la enfermedad, el aislamiento y un entorno familiar complejo, la autora volcó en ‘Cumbres borrascosas’ una visión del amor y la violencia sentimental difícil de encajar incluso hoy.

Lejos de la imagen edulcorada que han difundido algunas adaptaciones, la novela no idealiza la relación entre Heathcliff y Catherine. Numerosos especialistas en literatura inglesa recuerdan que estamos ante una historia repleta de obsesiones, maltrato emocional, venganzas encadenadas y personajes incapaces de encontrar una felicidad estable. Heathcliff está lejos de ser un héroe romántico y Catherine no encaja en el molde de heroína ejemplar; su unión funciona más como advertencia que como modelo a imitar.

El trasfondo social también es decisivo. El libro retrata con crudeza las jerarquías de clase en la Inglaterra victoriana, el desprecio hacia quien viene de fuera, la violencia heredada y el peso de las estructuras familiares. Heathcliff, niño huérfano acogido por los Earnshaw, crece entre humillaciones y abusos, con Catherine como único refugio emocional. Cuando ella se casa con Edgar Linton para asegurar su futuro, la decisión se interpreta como una traición de clase que alimenta una espiral de rencor en la que la venganza se convierte en el motor del protagonista.

La segunda parte de la novela, a menudo reducida o directamente suprimida en las versiones audiovisuales, profundiza en esa dimensión de “maldión hereditaria”: los hijos de ambas familias repiten patrones de abuso y sometimiento

, hasta que una forma distinta de quererse abre la puerta a romper el círculo. Es precisamente esta lectura generacional, mucho más amarga que romántica, la que muchos temen que se pierda cuando el relato se simplifica para convertirlo en una pasión de temporada.

Novela Cumbres borrascosas Emily Brontë

Heathcliff, entre el mito romántico y el personaje tóxico

Uno de los grandes focos de discusión, tanto en la crítica literaria como en las redes y los clubes de lectura, es la figura de Heathcliff. Mientras los tráileres de la nueva película lo venden como un amante atormentado al que seguir “hasta el fin del mundo”, muchas lectoras y lectores subrayan que el Heathcliff del libro se parece más a lo que hoy llamaríamos una pareja profundamente tóxica.

En la novela, el personaje despliega una violencia psicológica extrema, comportamientos crueles hacia quienes le rodean y un afán de control que desborda cualquier fantasía romántica. Su matrimonio por despecho con Isabella Linton, por ejemplo, se presenta con un nivel de maltrato que lleva a algunos críticos contemporáneos a hablar abiertamente de un abusador. Esta lectura choca con la tendencia cultural a “lavarle la cara” al personaje cuando llega al cine o la televisión, transformándolo en un icono del amor maldito.

No todo el mundo, sin embargo, se aproxima al libro desde el rechazo. Hay quien admite sin tapujos disfrutar la novela como una experiencia oscura, casi como un placer culpable, donde lo inquietante y lo desagradable forman parte del atractivo. Esa misma ambivalencia se traslada ahora a la película: para algunos, ver en pantalla una pasión destructiva, exagerada y nada sana resulta hipnótico siempre que se entienda que no es un modelo deseable en la vida real.

Otros lectores, en cambio, confiesan que el clásico les resulta casi indigesto: personajes antipáticos, muertes encadenadas, estructura enrevesada, acentos transcritos fonéticamente que dificultan la lectura y una atmósfera tan lúgubre que les cuesta creer que alguien lo tenga como libro favorito. Esa diversidad de reacciones ayuda a explicar por qué cada nueva adaptación se recibe con una mezcla de curiosidad y escepticismo.

Emerald Fennell, Margot Robbie y Jacob Elordi: una apuesta por el exceso

La directora británica llega a ‘Cumbres borrascosas’ con una reputación ya consolidada por proyectos anteriores marcados por la provocación y la estética muy calculada. En Una joven prometedora abordó los abusos sexuales y la venganza con una narrativa divisiva; en Saltburn llevó al límite la representación de la fascinación de clase y el deseo con escenas extremas. Ahora, con el clásico de Brontë, Fennell parece empeñada en consolidar una imagen de autora transgresora que no teme incomodar.

En esta ocasión cuenta además con el respaldo de dos estrellas de enorme tirón mediático. Margot Robbie, que ya produjo Barbie, figura aquí también como productora y rostro principal de la película, mientras que Jacob Elordi, convertido en nuevo favorito de la industria tras su paso por Euphoria y Saltburn, asume el rol de un Heathcliff que prioriza la presencia física y el magnetismo visual frente a la complejidad psicológica del texto original.

La química entre ambos actores se ha convertido en uno de los puntos más comentados: entrevistas, sesiones fotográficas y apariciones conjuntas han alimentado la percepción de que la relación de los protagonistas es el gran reclamo comercial de la cinta. Parte de la crítica celebra esa energía y la capacidad de la película para jugar con el deseo del espectador; otra parte reprocha que la apuesta por la imagen y el erotismo deje poco espacio para desarrollar a los personajes más allá de su función simbólica.

La puesta en escena refuerza esa sensación de exceso calculado: fotografía muy compuesta, colores intensos, simetrías trabajadas, vestuario deliberadamente anacrónico y un uso abundante de metáforas visuales -desde elementos cotidianos convertidos en símbolos hasta acumulaciones casi barrocas-. Para algunos espectadores, este enfoque convierte cada plano en un cuadro disfrutable; para otros, levanta una barrera emocional y les deja como observadores de una postal, más que como partícipes del drama.

Un debate encendido en la crítica española

En los medios culturales de España y Europa, las reacciones ante la película han ido desde la fascinación hasta el rechazo frontal. Hay articulistas que admiten haberse dejado llevar por la sensualidad de la propuesta, por la combinación de romanticismo clásico con un toque picante y contemporáneo, y que reconocen haber disfrutado más precisamente por no haber releído la novela antes.

Otros críticos han sido mucho más duros y describen el film como una lectura grotesca y descafeinada del original, centrada en la superficialidad de la imagen y en un erotismo insistente que, según su punto de vista, no llega a construir un conflicto dramático sólido ni un arco real para los personajes. Algunos artículos llegan a considerar que la cinta trivializa el feminismo y reduce a sus protagonistas a meras perchas sobre las que colgar un ejercicio estético.

En paralelo, abundan las piezas que animan a ver la película como una obra completamente independiente, casi como un fanfic de alto presupuesto, desligándola de la obligación de “estar a la altura” del clásico literario. Desde esta perspectiva, lo más razonable sería aceptar que la cinta no pretende sustituir al libro ni ofrecer una versión definitiva, sino aprovechar el imaginario de la obra para plantear un juego contemporáneo con el deseo, el recuerdo y el mito.

Esa diversidad de enfoques desemboca en una especie de acuerdo tácito: quien busque la complejidad moral, la violencia estructural y la profundidad psicológica de Brontë tendrá que acudir al texto; quien quiera dos horas largas de exceso visual y pasión exacerbada puede encontrar en la película un entretenimiento discutible pero llamativo, siempre que entre al cine con las expectativas bien colocadas.

Un clásico que no deja de reescribirse

El interés actual por ‘Cumbres borrascosas’ no se limita a la pantalla. En el ámbito editorial, sobre todo en España, se multiplican las novedades en torno al clásico: desde ediciones económicas pensadas para quienes se acercan por primera vez, hasta volúmenes anotados de gran formato dirigidos a lectores que ya conocen bien la historia.

Destaca especialmente la edición comentada que analiza el libro capítulo a capítulo, incluyendo estudios sobre la vida de Emily Brontë, el contexto victoriano, las influencias literarias, las distintas traducciones y las adaptaciones cinematográficas a lo largo del siglo XX y XXI. Se trata de un enfoque más académico y visual, con fotografías de manuscritos, ilustraciones, portadas históricas y fotogramas de películas, que busca acompañar a quienes desean profundizar en la obra más allá de una lectura aislada.

A estas propuestas se suman nuevas traducciones al castellano y reediciones en sellos como Siruela, Molino, Alianza o Austral, cada una con un tono y un público diferente: desde ediciones de lujo para regalar hasta versiones de bolsillo accesibles para estudiantes y clubes de lectura. Este movimiento editorial confirma que el interés por el género gótico y las historias de atmósfera oscura está viviendo un nuevo auge entre lectores jóvenes.

En el fondo, la novela de Emily Brontë se beneficia de cada polémica: cuanto más se discute sobre si una adaptación la deforma, la exagera o la suaviza, más personas sienten curiosidad por volver a los páramos de Yorkshire en la página escrita. Y esa capacidad de seguir generando relecturas, ediciones y disputas críticas casi dos siglos después es una de las pruebas más claras de que seguimos hablando de un clásico vivo.

Entre el fenómeno fan que rodea a la película de Emerald Fennell, las voces críticas que le reprochan frivolizar un relato ferozmente oscuro y la avalancha de nuevas ediciones y comentarios en España y Europa, ‘Cumbres borrascosas’ vuelve a situarse en el centro del debate cultural. La novela de Emily Brontë, incómoda, salvaje y difícil de clasificar, se mantiene como referencia obligada, mientras su nueva encarnación en pantalla divide al público entre quienes se dejan arrastrar por la pasión filmada y quienes prefieren regresar al viento helado de los páramos originales para encontrar allí, sin filtros ni comillas, la fuerza de un clásico que todavía no ha dicho su última palabra.


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El espectáculo de danza ‘Romance Sonámbulo’ llega al CAEM de Salamanca

Isaac

Espectáculo de danza Romance Sonámbulo

El Centro de las Artes Escénicas y de la Música (CAEM) de Salamanca se prepara para recibir una de las propuestas más singulares de la danza española actual: el espectáculo de danza ‘Romance Sonámbulo’, firmado por la Compañía Antonio Najarro. La función tendrá lugar este sábado a las 20:00 horas, enmarcada como una de las citas culturales más destacadas del fin de semana en la ciudad.

Con un montaje que combina danza, música en directo y poesía lorquiana, la pieza se construye alrededor del universo creativo de Federico García Lorca, revisitando algunos de sus versos más enigmáticos y sensibles. El resultado es un viaje escénico que se apoya en la tradición de la danza española, pero que busca también un lenguaje actual y cercano al público.

Un homenaje escénico al universo poético de García Lorca

El título del espectáculo toma como referencia uno de los romances más célebres del Romancero gitano de Lorca, el ya mítico ‘Romance sonámbulo’. Este poema, que ha sido leído, recitado y cantado durante generaciones, sirve como columna vertebral de la obra, articulando una historia cargada de simbolismo, pasión y tragedia.

Sobre ese eje se construye la narración coreográfica de un joven contrabandista herido que busca refugio en casa de su amada, una muchacha gitana. Al creer que ha sido abandonada, la joven se quita la vida y es hallada muerta en un aljibe, configurando así un relato de amor frustrado y destino fatal. La coreografía traslada a escena ese clima tenso y casi onírico que atraviesa el poema.

El propio Federico García Lorca describía este romance como una obra cargada de anécdota y dramatismo, marcada por un misterio que ni él mismo podía explicar del todo. Ese «misterio poético» se convierte en motor del espectáculo, que busca plasmar en movimiento esa sensación de enigma permanente, más sugerido que contado de forma literal.

Lejos de limitarse al poema que da nombre a la producción, la propuesta se adentra en la etapa más «lunar» y misteriosa de Lorca, abarcando desde los textos de juventud incluidos en ‘Libro de poemas’ hasta las composiciones más maduras de ‘Diván del Tamarit’. De esta forma, el montaje traza un recorrido por el despertar artístico del autor granadino y por el esplendor de su trayectoria creativa.

La atmósfera del espectáculo se apoya en imágenes recurrentes en la obra lorquiana: el rumor del agua, los aljibes, los pozos y los surtidores, elementos que evocan tanto la vida como la muerte, el deseo y la ausencia. Estos símbolos se integran en la dramaturgia y en la escenografía, reforzando el carácter evocador del montaje.

La huella de las tres culturas y la diversidad de la danza española

En el corpus de poemas que inspira la pieza se percibe con claridad la presencia de las tres culturas que marcaron la Granada de Lorca: la hispanoárabe, la judía y la cristiana. El espectáculo recoge esa mezcla de raíces y la traslada al cuerpo de los bailarines, articulando un lenguaje escénico donde conviven diferentes tradiciones.

Esta riqueza cultural permite desplegar un amplio abanico de estilos de la danza española. A lo largo de la función se suceden pasajes de flamenco, momentos de danza estilizada, referencias a la escuela bolera e incluso pinceladas de danza contemporánea, todo ello entrelazado con una base de técnica clásica que sostiene la propuesta.

Más que un simple recital coreográfico, ‘Romance Sonámbulo’ se presenta como un diálogo entre poesía, música y movimiento, en el que cada disciplina alimenta a las otras. Los versos de Lorca funcionan como brújula emocional, mientras que la danza da forma física a las imágenes del poeta y la música envuelve al espectador en una atmósfera nocturna y casi hipnótica.

El resultado es un espectáculo que, sin renunciar al rigor técnico, apuesta por una lectura contemporánea del legado lorquiano, acercando su obra a nuevos públicos sin perder el vínculo con la tradición. El público se encuentra así con un Lorca reconocible, pero filtrado a través del lenguaje de la escena actual.

La Compañía Antonio Najarro: catorce bailarines y música original en directo

Al frente de la producción se sitúa la Compañía Antonio Najarro, considerada una de las formaciones de referencia en el panorama de la danza española. Desde su creación, la compañía ha apostado por mostrar nuevas tendencias y por renovar el repertorio de la danza clásica española y estilizada, manteniendo siempre un alto nivel de exigencia artística.

Para este montaje, el grupo llega al CAEM con una formación de catorce bailarines especializados en distintos estilos: flamenco, danza estilizada, escuela bolera, danza contemporánea y ballet clásico. Esta diversidad de perfiles permite abordar con solvencia la mezcla de lenguajes que exige una pieza como ‘Romance Sonámbulo’.

Uno de los rasgos distintivos de la propuesta es la presencia de música original interpretada en directo por una plantilla de músicos de reconocido prestigio. La partitura ha sido concebida específicamente para el espectáculo, de forma que acompaña y potencia cada secuencia coreográfica, reforzando el ritmo dramático de la obra.

Desde su arranque en 2002, la compañía ha desarrollado siete producciones de gran formato, entre ellas títulos como ‘Tango Flamenco’, ‘Flamencoriental’, ‘Jazzing Flamenco’, ‘Suite Sevilla’, ‘Alento’, ‘Querencia’ o ‘La Argentina en París’. Estas creaciones se han presentado en escenarios nacionales e internacionales, consolidando la trayectoria del grupo y su capacidad para conectar con públicos muy diversos.

Con ‘Romance Sonámbulo’, la formación dirigida por Antonio Najarro refuerza su línea de trabajo: fusionar tradición y vanguardia, reivindicando la danza española como un arte vivo y en constante evolución, capaz de dialogar con la literatura y con otros lenguajes escénicos.

Detalles prácticos: horario, entradas y puntos de venta

La representación de ‘Romance Sonámbulo’ tendrá lugar este sábado a las 20:00 horas en el escenario del Centro de las Artes Escénicas y de la Música, convertido para la ocasión en un espacio donde la palabra poética y la danza comparten protagonismo.

Las localidades para asistir al espectáculo se han puesto a la venta con tres franjas de precio: 15, 20 y 25 euros, en función de la zona elegida dentro del recinto. De este modo, la organización busca facilitar el acceso a diferentes tipos de público, desde espectadores habituales de danza hasta personas que se acercan por primera vez a este tipo de propuestas.

Quienes deseen adquirir sus entradas pueden hacerlo de forma presencial en la taquilla del Teatro Liceo, en el horario habitual de venta, o bien optar por la compra online a través de la página web oficial www.ciudaddecultura.org. Se recomienda no dejar la gestión para el último momento, dado el interés que está despertando la cita.

La programación del CAEM refuerza así su apuesta por la danza como parte esencial de la oferta cultural de Salamanca, acercando al público producciones que combinan calidad interpretativa, investigación artística y diálogo con los grandes nombres de la literatura en lengua española.

Con todos estos elementos —la fuerza de la poesía de García Lorca, la solidez de la Compañía Antonio Najarro, la mezcla de estilos de danza española y la música original en directo—, ‘Romance Sonámbulo’ se presenta como una ocasión singular para disfrutar de un ballet inspirado en la tradición pero con mirada actual, que convierte el escenario del CAEM en un espacio donde se cruzan la memoria, el misterio y la emoción compartida con el público.


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Jornadas de Teatro de Eibar: programa, invitados y ambiente escénico

Isaac

Jornadas de Teatro de Eibar

Las Jornadas de Teatro de Eibar 2026 vuelven a situar a la ciudad guipuzcoana en el mapa de las artes escénicas del Estado, con una edición que se prolonga durante más de dos meses y que combina tradición, reflexión y una oferta muy variada de espectáculos. Con casi medio siglo de recorrido, el ciclo se mantiene como una de las citas culturales más reconocibles de Gipuzkoa y un foco de referencia para compañías y público de todo el país.

Esta 49ª edición se desarrolla entre los meses de invierno, con representaciones que se suceden desde comienzos de febrero hasta finales de marzo, y un programa en el que se mezclan teatro de calle, comedia, drama, danza, clown y propuestas infantiles, tanto en euskera como en castellano. La respuesta de los espectadores, con miles de entradas ya vendidas y varios espectáculos con el cartel de «no hay billetes», confirma el tirón de unas jornadas que se han ganado un público fiel con los años.

Un arranque marcado por el coloquio y el regreso de Imanol Arias

Dentro de las Jornadas de Teatro de Eibar 2026, el tradicional coloquio de apertura vuelve a funcionar como pistoletazo de salida de un «mes largo» de funciones. En esta ocasión, el invitado central es el actor Imanol Arias, que regresa a la localidad en lo que para él supone un auténtico volver a casa, acompañado por la actriz María Barranco, con quien comparte cartel en la obra Mejor no decirlo.

El encuentro, presentado por Irene Hernando, gira en torno al tema de «La casa» y toma como punto de partida una cita del personaje Tiresias, de la mitología clásica, dirigida a su hija Manto: «Hija, ten siempre un lugar al que poder regresar». A partir de ahí, el coloquio se adentra en la idea de cuál es ese lugar para actrices y actores que pasan buena parte de su vida profesional viajando, enlazando giras y escenarios.

La conversación invita a preguntarse dónde reside realmente la “casa” del intérprete: si es el hogar de la infancia al que uno vuelve tras recorrer calles y patios de colegio, si es la familia, si son los espacios vitales de los personajes a los que se da vida o, quizá, cada escenario, plató y rodaje que se pisa a lo largo de la carrera. Las largas temporadas lejos del domicilio, las pequeñas «odiseas» de cada función y la necesidad de un lugar al que regresar marcan el tono de una charla que aspira a abrir las Jornadas desde la reflexión.

El coloquio inicial, previsto en el Coliseo a las 19.00 horas, ha generado un notable interés entre el público local y visitante, hasta el punto de que la venta anticipada ha funcionado como un adelanto de lo que serían los días posteriores: una programación con alta demanda y un ritmo de adquisición de entradas muy intenso.

“Mejor no decirlo”: comedia protagonista del cartel

Tras la charla inaugural, Imanol Arias y María Barranco toman el escenario del Coliseo para protagonizar, los días 10 y 11 de febrero, la comedia Mejor no decirlo, una obra de Salomé Lelouch dirigida por Claudio Tolcachir y producida por Pablo Kompel y Pentación Espectáculos. La función llega a Eibar después de su paso por Buenos Aires y de una gira por Uruguay, Chile y Paraguay en la que acumuló un sold out absoluto en cada función.

En esta propuesta, Él (interpretado por Imanol Arias) y Ella (encarnada por María Barranco) conforman un matrimonio de larga trayectoria cuya fórmula de convivencia se ha basado en saber cuándo hablar y cuándo callar. La trama se dispara cuando se plantean, por una vez, decirse todo sin filtros, abriendo la puerta a una cascada de verdades, reproches y situaciones reconocibles para el público.

La obra bebe de la comedia de pareja clásica, pero la actualiza con un ritmo ágil y un humor que juega con aquello que «mejor no mencionar» en la vida cotidiana. Tal y como subraya Claudio Tolcachir, se trata de una provocación escénica, un disfrute interpretativo en el que dos actores muy conocidos del gran público «abren las puertas de lo que siempre pensamos que es mejor no decir», cuestionando lugares comunes, cambiando el punto de vista y trabajando con complicidad e ironía.

La expectación por ver a ambos intérpretes compartiendo escenario, unida al efecto arrastre del coloquio sobre «La casa», ha provocado que las entradas para Mejor no decirlo se agoten con antelación. El área de Cultura del Ayuntamiento de Eibar ha confirmado que este título, junto al espectáculo Preguntamelón de Millán Salcedo, se encuentra entre los grandes reclamos de la programación, con el cartel de «no hay billetes» colgado días antes de sus funciones.

Programación diversa: teatro de calle, humor, drama y propuestas familiares

Más allá de las grandes figuras mediáticas, el programa de las Jornadas de Teatro de Eibar 2026 se construye sobre una mezcla de estilos y formatos que busca llegar a públicos diferentes. Desde el Ayuntamiento se destaca la combinación entre nombres de primer nivel y compañías del entorno, una fórmula que ha sido clave para fidelizar a la audiencia y reforzar el tejido escénico local y comarcal.

La edición número 49 reúne a 24 compañías y suma en torno a 44 actrices y 43 actores sobre los distintos escenarios, con un presupuesto global que ronda los 220.000 euros. A lo largo de enero, febrero y marzo se alternan propuestas de calle, comedias, dramas contemporáneos, piezas de danza, espectáculos de clown y funciones específicamente dirigidas al público infantil y familiar, con presencia tanto de producciones en euskera como en castellano.

El calendario arranca con fuerza en febrero, encadenando títulos muy distintos entre sí. Además de Mejor no decirlo, figuran en la programación obras como Preguntamelón, en la que Millán Salcedo recurre a la improvisación a partir de las preguntas del público, o montajes como Kandida, Casting Lear, Contra Ana, Nor naizen baneki o Dysphoria, así como funciones en espacios como Uni Eibar y diferentes propuestas familiares repartidas por la ciudad.

En el caso de Preguntamelón, la dinámica se basa en un juego directo con la audiencia: Millán Salcedo responde sobre la marcha a las cuestiones que se le plantean desde la platea, convirtiendo la sala en un espacio de complicidad y memoria compartida alrededor del humor televisivo y teatral. La propuesta ha generado un fuerte interés y también ha colgado el cartel de entradas agotadas, reforzando la idea de que la comedia es uno de los grandes motores de estas Jornadas.

El programa paralelo incluirá intervenciones en diferentes calles y plazas de la ciudad, como ya se ha visto con el espacio Kalez-Kale / De Calle, de la mano de LEKIM Konpania, que llevó parodias teatrales a distintos puntos de Eibar como preludio de la agenda principal. Esta línea de trabajo busca sacar el teatro a la calle, acercarlo a quienes quizá no se acercan habitualmente a los teatros y reforzar la presencia de la cultura en el día a día urbano.

El cine dentro de las Jornadas: sección “El Teatro en el Cine”

Además de las funciones teatrales, las Jornadas de Teatro de Eibar 2026 reservan un espacio específico para el audiovisual con la sección «El Teatro en el Cine», integrada dentro del XXVI Festival de Cortometrajes de Eibar Asier Errasti. Esta propuesta establece un diálogo entre los lenguajes escénico y cinematográfico, incorporando a la programación una selección de cortos que abordan, desde distintos enfoques, temas cercanos al teatro o a la interpretación.

En este bloque se proyectarán varios trabajos de corta duración, entre ellos All you need is love, dirigido por Dany Ruz (13 minutos y 41 segundos), La mort, de Jesús Martínez (12 minutos y 43 segundos), y Angie, firmado por Josep Varo (9 minutos y 23 segundos). Cada uno de estos cortos propone miradas propias, desde el drama íntimo al retrato de personajes en situaciones límite, pasando por relatos más abiertos a la interpretación.

La muestra se completa con títulos como Gracias por nada, de Laura Zurrón y Roberto Mora (13 minutos y 10 segundos), Insalvable, de Javier Marco (18 minutos y 10 segundos), Dejar de fumar, de Javier Rubio (11 minutos y 16 segundos) y El carné de(s)madre, de Xabier Vitoria (14 minutos). La diversidad de estilos y duraciones permite acercar al público a un panorama amplio del cortometraje actual en el ámbito estatal, siempre con el foco puesto en la interpretación y en las posibilidades expresivas del formato breve.

Esta sección cinematográfica se integra en la propia dinámica de las Jornadas, reforzando la idea de que el teatro no es un compartimento estanco, sino que se cruza y se alimenta de otros lenguajes artísticos. Al ofrecer cortometrajes que dialogan con la escena, se amplía el alcance del ciclo y se oferta una programación que puede interesar tanto a los habituales del teatro como a aficionados al cine y a los festivales de cortos.

Conexión entre cultura, ciudad y deporte: la visita a Ipurua

En el marco de las Jornadas de Teatro de Eibar 2026, la ciudad ha vuelto a tender puentes entre sus principales señas de identidad culturales y deportivas. La SD Eibar, a través de su fundación, ha recibido la visita de los actores María Barranco e Imanol Arias, que aprovecharon su estancia en la localidad para conocer de primera mano las instalaciones del estadio de Ipurua.

Durante el recorrido por el campo armero, los intérpretes tuvieron la ocasión de acercarse al día a día del club y al ambiente que se vive en uno de los estadios con más personalidad del fútbol profesional. Acompañados por el productor Jesús Cimarro y por el alcalde de Eibar, Jon Iraola, pudieron charlar con representantes institucionales y descubrir algunos de los rincones más significativos del recinto deportivo.

Como recuerdo de la visita, la SD Eibar obsequió a ambos actores con camisetas oficiales personalizadas, un gesto que fue agradecido posando para las fotografías junto a las autoridades presentes en el acto. Más allá de la anécdota, el encuentro subraya la intención del club y del Ayuntamiento de reforzar el vínculo entre deporte y cultura, entendidos como partes complementarias del tejido social de la ciudad.

Este tipo de iniciativas buscan que las Jornadas de Teatro trasciendan los espacios escénicos tradicionales y se integren de manera más amplia en la vida diaria del municipio, implicando a distintas entidades y colectivos. En ese sentido, la visita a Ipurua ejemplifica una línea de trabajo que trata de conectar el mundo del espectáculo con otros ámbitos de actividad, generando sinergias y visibilidad compartida.

Un proyecto consolidado con fuerte respaldo del público

Con casi cinco décadas de historia, las Jornadas de Teatro de Eibar se han consolidado como uno de los proyectos culturales con mayor continuidad del calendario municipal. Desde el Ayuntamiento se insiste en que el ciclo goza de «buena salud» y en que representa, de manera muy clara, la idea de la cultura como servicio público abierto a toda la ciudadanía.

El alcalde, Jon Iraola, ha remarcado en distintas intervenciones que estas Jornadas son uno de los pilares de la agenda cultural local, tanto por su continuidad como por la fidelidad de un público que responde con rapidez cada vez que se abren las taquillas. La directora de Cultura ha subrayado igualmente el prestigio del ciclo y el aprecio que muchos actores y actrices profesan a Eibar, una ciudad donde varios de ellos iniciaron o consolidaron su trayectoria escénica.

Por su parte, el concejal de Cultura, Andoni Zabala, ha puesto el acento en la diversidad del cartel y en el papel de los coloquios y actividades paralelas como herramientas para mirar el teatro también desde la reflexión, y no solo desde el puro entretenimiento. Esa mezcla entre espectáculos de gran formato, propuestas de calle, programación infantil y espacios de debate habría sido fundamental para mantener viva la cita a lo largo de tantos años.

En términos de asistencia, el objetivo pasa por acercarse, e incluso superar, las cerca de 8.000 personas contabilizadas en la edición de 2025. La venta anticipada apunta en esa dirección: se han despachado ya alrededor de 5.000 localidades entre todas las funciones, con algunos títulos agotados y otros con muy pocos huecos libres. El ritmo de ventas confirma que el teatro sigue siendo un punto de encuentro capaz de llenar salas, activar conversación y sostener, año tras año, un proyecto cultural de largo recorrido.

A lo largo de esta edición de 2026, Eibar vuelve a transformarse en un gran escenario repartido entre teatros, calles y otros espacios de la ciudad. Entre coloquios que interrogan sobre el sentido de «la casa» para quienes viven de la interpretación, comedias que abordan con ironía la vida en pareja, cortometrajes que enlazan cine y teatro, actos que acercan el mundo de la cultura al deporte y una variada oferta de espectáculos para diferentes públicos, las Jornadas reafirman su papel como cita imprescindible del calendario escénico vasco y estatal, demostrando que la suma de tradición, riesgo y cercanía con el público sigue siendo una fórmula eficaz para mantener vivo un proyecto cultural casi medio siglo después de su nacimiento.


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