El Festival Internacional de Literatura Infantil y Juvenil de Tres Cantos consolida su éxito

Isaac

Festival Internacional de Literatura Infantil y Juvenil de Tres Cantos

El Festival Internacional de Literatura Infantil y Juvenil de Tres Cantos (FestiLIJ3C) ha cerrado su novena edición con un respaldo masivo del público y del sector del libro. Durante cuatro intensos días, el Centro Cultural Adolfo Suárez se transformó en un gran punto de encuentro en torno a la lectura, la creación literaria y la ilustración dirigidas a la infancia y la juventud.

Entre el 5 y el 8 de febrero, el certamen registró casi 4.000 visitantes y alrededor de 3.000 inscripciones en las distintas actividades propuestas, lo que confirma la consolidación del festival como una de las citas ineludibles del calendario cultural en España. La combinación de programación familiar, autores de primer nivel y participación activa de los lectores ha reforzado su papel como referencia nacional en literatura infantil y juvenil.

Organizado por la librería tricantina Serendipias, en estrecha colaboración con la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Tres Cantos, el FestiLIJ3C ha desplegado cerca de un centenar de actividades pensadas para todos los públicos. Más de 70 autores e ilustradores, tanto nacionales como internacionales, han pasado por las salas del Centro Cultural Adolfo Suárez compartiendo sus libros, su proceso creativo y su experiencia profesional con lectores de todas las edades.

La respuesta del público ha sido especialmente significativa: el festival ha logrado reunir a familias, mediadores de lectura, docentes y jóvenes lectores en un mismo espacio, reforzando el carácter intergeneracional del evento. Buena parte de las sesiones colgaron el cartel de aforo completo, lo que evidencia el interés creciente por las propuestas de lectura y creación literaria en el municipio.

Según los datos difundidos por la organización, en torno al 90 % de los visitantes procede de Tres Cantos, lo que pone de relieve el fuerte arraigo local del proyecto. Al mismo tiempo, se ha registrado la llegada de público desde otros puntos de la geografía española como Canarias, Extremadura, Asturias o Cataluña, muestra de que el festival trasciende ya el ámbito municipal y se proyecta a escala nacional.

Un programa para vivir los libros desde todos los ángulos

Actividades del Festival de Literatura Infantil y Juvenil de Tres Cantos

El grueso de la programación de la novena edición del FestiLIJ3C se ha articulado en torno a casi un centenar de propuestas diferentes, diseñadas para que la lectura se contemple no solo como un hábito individual, sino como una actividad compartida y vivida en comunidad. En el Centro Cultural Adolfo Suárez se concentró la mayor parte de las actividades, con aforos completos en numerosas sesiones y una participación muy activa de niños, adolescentes y adultos.

Entre las actividades más demandadas han estado los cuentacuentos y bebecuentos, pensados para iniciar a los más pequeños en el universo de los relatos, así como los talleres creativos y de ilustración, en los que los participantes han podido experimentar con la escritura, el dibujo y la narración gráfica. También han tenido un papel importante las charlas dirigidas a familias y profesorado, centradas en el fomento de la lectura y el papel de los mediadores.

El programa se ha completado con encuentros con autores, sesiones de firmas, actividades escénicas y propuestas innovadoras como los escape rooms literarios, que han ofrecido una forma lúdica de acercarse a historias y personajes. En paralelo, se han desarrollado programas de radio en directo vinculados al certamen, con participación de creadores y jóvenes lectores, reforzando así la dimensión divulgativa del festival.

Según la organización, se han contabilizado 81 actividades repartidas entre el Centro Cultural Adolfo Suárez y diversos espacios educativos. De ellas, más de sesenta se celebraron en la propia sede del festival, alcanzando una asistencia de más de 3.200 personas solo en este recinto. El resto tuvo lugar en colegios de la localidad, donde los autores se desplazaron para mantener un contacto directo con el alumnado.

En total, alrededor de 600 estudiantes de seis centros educativos de Tres Cantos han recibido la visita de escritores e ilustradores, que han participado en charlas, talleres y dinámicas en el aula. Estas actividades matinales han permitido que los libros que se leen en clase conecten con las personas que los escriben e ilustran, reforzando el vínculo entre lectura escolar y experiencia literaria.

Pinocho como hilo conductor y lectura continuada

Uno de los ejes temáticos de esta edición ha sido la obra clásica «Las aventuras de Pinocho», de Carlo Collodi. El festival ha retomado su ya tradicional lectura continuada de un gran clásico, abierta a todas las personas asistentes que quisieran sumarse, desde el viernes por la tarde hasta el domingo al mediodía.

La lectura de Pinocho se ha desarrollado de forma ininterrumpida gracias a la participación colectiva de niños, jóvenes y adultos, que se han ido relevando para dar voz al texto. El momento final de esta actividad corrió a cargo del escritor Ricardo Gómez, quien fue el encargado de leer los últimos pasajes de la obra ante el público, en un gesto simbólico que conectó la tradición literaria con la creación contemporánea.

El universo de Pinocho también ha estado presente en la imagen gráfica del festival. El cartel de esta novena edición ha sido realizado por la ilustradora argentina Eugenia Ábalos, que ha trabajado la pieza con acuarela y lápices de colores. La ilustración destaca por sus texturas suaves y tonos vivos, y combina personajes de la historia de Pinocho con elementos emblemáticos de Tres Cantos, como la Torre del Agua, reforzando así la identidad visual del certamen.

Además de la lectura continuada, el clásico de Collodi ha inspirado actividades específicas en torno a su imaginario, desde encuentros con autores de cómic que han reinterpretado el mito hasta sesiones dedicadas a explorar adaptaciones y lecturas contemporáneas de Pinocho para nuevos públicos. De este modo, el festival ha propuesto un diálogo entre la tradición y las nuevas formas de contar.

La presencia del hada azul, el propio Pinocho y otros personajes vinculados al relato se ha podido rastrear también en parte de la selección de obras premiadas en la categoría de cómic en traducción, donde se ha distinguido el título «Azul, el hada de Pinocho», reforzando el peso simbólico que ha tenido el clásico en esta edición del festival.

Participación vecinal y proyección nacional

Los datos de asistencia confirman que el público local sigue siendo el gran motor del FestiLIJ3C. De acuerdo con las cifras manejadas por la organización, en torno al 90 % de los asistentes residen en Tres Cantos, lo que da cuenta del elevado nivel de implicación de los vecinos con la oferta cultural del municipio y con este festival en particular.

Al mismo tiempo, la presencia de visitantes llegados desde otras comunidades autónomas como Canarias, Extremadura, Asturias y Cataluña muestra que el evento ha ido ampliando su radio de influencia. Familias, profesionales del libro y mediadores de lectura se desplazan hasta el municipio madrileño para participar en las actividades, asistir a la gala de premios y conocer de primera mano las novedades del sector de la literatura infantil y juvenil.

La cifra de 3.800 a 4.000 personas registradas a lo largo de los cuatro días de programación sitúa al festival como una de las principales citas culturales del municipio y un punto de referencia para iniciativas similares en España. A ello se suma la participación de 32 personas voluntarias, que han colaborado en tareas de coordinación, acompañamiento a autores, control de accesos y apoyo logístico.

La valoración de las instituciones locales ha sido positiva. El alcalde de Tres Cantos, Jesús Moreno, ha subrayado en la presentación del certamen que el atractivo del festival reside en su capacidad para convertir la ciudad en un espacio de encuentro, creatividad y descubrimiento. Por su parte, la concejal de Cultura, Elisa Lidia Miguel, ha insistido en la relevancia de mantener una oferta estable en literatura infantil y juvenil para que la cultura acompañe a los más jóvenes a lo largo de sus vidas.

La responsable del área cultural ha puesto el acento en que el festival se ha convertido ya en un proyecto cultural de primer orden dentro del panorama nacional, gracias a la intensa colaboración público-privada y al trabajo conjunto entre la librería Serendipias, el Ayuntamiento y la comunidad educativa. En sus palabras, la implicación de autores, familias y profesionales demuestra que la literatura «no solo se lee, sino que también se vive», y que el éxito del FestiLIJ3C es «de todos y para todos».

Más de 70 autores y una nutrida representación internacional

El componente profesional de la cita ha sido especialmente visible en la presencia de más de 70 autores e ilustradores, con representación de varios países europeos y latinoamericanos. Entre los invitados internacionales se han contado nombres como la ilustradora italiana Elena Triolo, las autoras británicas Abi Elphinstone y Steve Smallman, o el escritor italiano Giuseppe Festa, entre otros.

Junto a ellos, han participado numerosos creadores del ámbito nacional, responsables de algunas de las obras más destacadas en literatura infantil y juvenil de los últimos años. Entre los nombres presentes se encuentran Eva Clemente, Diego Arboleda, María Menéndez-Ponte, Lola Núñez, Óscar Rull, Sara Nicolás, Silvina Eduardo, Jesús Burgoa, Ana Punset, Bárbara Fernández, Pablo C. Reyna, Cristina Villar, Gracia Iglesias, Margarita del Mazo, José Carlos Andrés, Santiago García-Clairac, Javier Fonseca o Javier Fernández Jiménez, entre otros muchos.

Estos autores no solo han participado en firmas de ejemplares, sino también en encuentros, talleres y mesas de diálogo donde han debatido sobre los retos actuales de la lectura entre niños y jóvenes, el papel de la ilustración en los álbumes, o las posibilidades de la literatura juvenil para abordar temáticas complejas de forma accesible.

En paralelo, algunos de ellos han protagonizado visitas a centros educativos del municipio durante las mañanas de jueves y viernes. En estas sesiones, los estudiantes han podido conversar sobre los libros que han leído y plantear preguntas directas a quienes los han escrito o ilustrado, reforzando así la motivación lectora y la percepción de cercanía con la figura del autor.

La dirección del festival, encabezada por Elena Martínez, ha destacado que las familias de Tres Cantos han asumido el FestiLIJ3C como una cita esperada cada año, y que esa fidelidad del público ha sido clave para que el certamen crezca en número de invitados, en calidad de la programación y en reconocimiento dentro del sector editorial.

Los Premios Torre del Agua: el reconocimiento del festival a la creación literaria

Uno de los momentos más destacados de la IX edición ha sido la gala de entrega de los Premios Torre del Agua, celebrada en el teatro del Centro Cultural Adolfo Suárez. Estos galardones, considerados por muchos como una suerte de «Goya» de la literatura infantil y juvenil, distinguen cada año algunas de las publicaciones más relevantes del sector en diferentes categorías.

El acto fue conducido por Javier Fernández Jiménez, director del proyecto radiofónico «Menudo Castillo», y contó con la participación activa de niños y adolescentes de los clubes de lectura tricantinos. Ellos, junto con la directora del festival, Elena Martínez, y el alcalde de Tres Cantos, Jesús Moreno, fueron los encargados de entregar los galardones a los premiados en las catorce categorías reconocidas por el certamen.

El Premio Torre del Agua Honorífico a la dedicación a la literatura infantil y juvenil recayó en el escritor Ricardo Gómez (Segovia, 1954), autor que, tras una larga etapa como profesor de matemáticas, decidió orientarse de lleno a la escritura. Su trayectoria incluye reconocimientos como el Premio Barco de Vapor, el Cervantes Chico, el Gran Angular, el Alandar, el Ignacio Aldecoa, además de selecciones en la lista White Ravens y premios internacionales como Mejor Álbum Ilustrado en Brasil.

En la categoría de álbum ilustrado español el premio fue para «Volando», de Ana Marqués, con ilustraciones de Natascha Rosenberg, publicado por Tutifruti Editorial. En álbum ilustrado de traducción el reconocimiento recayó en «Tuctuc y Rucutuc y la nube más baja de lo normal», de Kes Gray y Chris Jevons, traducido por Isabel Rosell Bellera y editado por La Galera.

En el bloque dirigido a lectores autónomos, el galardón en español fue para «Inés y 3Pies», de Eva Clemente, publicada por Emonautas. El premio en traducción se concedió a «Un bosque patas arriba», de Giuseppe Festa, con traducción de Teresa Aguilar Sánchez y editado por Duomo, mientras que la categoría de lectores en español destacó la obra «Una librería en el bosque», de Diego Arboleda, publicada por Anaya.

En el apartado de lectores en traducción, el título premiado fue «Emma Spark», de Abi Elphinstone, traducido por Marc Figueras y publicado por Gribaudo. Ya en literatura juvenil, el premio a juvenil autoconclusivo en español correspondió a «Sangre real», de Marina Tena, editado por Loqueleo, mientras que en juvenil autoconclusivo de traducción la obra reconocida fue «Reembrujada», de Lucy Jane Wood, con traducción de Iris Mogollón González y Cristina Zuil, publicada por Maeva Red.

En la categoría de juvenil saga en español el premio fue para «Novatas del corazón», de Cristina Prieto, de Editorial Fandom. En juvenil saga de traducción, el título galardonado fue «Amanecer en la cosecha», de Suzanne Collins, traducido por Pilar Ramírez Tello y editado por Molino, perteneciente al universo de Los Juegos del Hambre.

El apartado de cómic español distinguió la adaptación de «Caperucita en Manhattan», obra original de Carmen Martín Gaite adaptada por Helena Bonastre y Catalina González, publicada por Siruela. En cómic de traducción se reconocieron dos títulos: «Azul, el hada de Pinocho», de Elena Triolo, traducido por Marta Tutone y editado por Liana; y «El libro de Ayla», de Séverine de la Croix y Violette Graboski, con traducción de Regina Lópe Muñoz y publicado por Errata Naturae.

La categoría de conocimiento premió la obra «Medidamanía», de Kiko Sánchez, editada por Juventud, que destaca por acercar conceptos de medida y matemáticas al público infantil de forma accesible y lúdica. Todo el palmarés refuerza el objetivo del festival de visibilizar la diversidad de géneros, formatos y voces que conviven en la literatura dirigida a la infancia y la juventud.

Un proyecto coral que mira a futuras ediciones

A lo largo de esta novena edición, el FestiLIJ3C ha demostrado que la combinación de instituciones públicas, librerías independientes, centros educativos, autores y familias puede dar lugar a un proyecto cultural sólido, sostenible y con margen de crecimiento. La ausencia de cancelaciones en la programación, pese a las dificultades de desplazamiento de algunos invitados, se ha salvado gracias a la flexibilidad de autores y organización, que han buscado alternativas para mantener el programa previsto.

El papel de los 32 voluntarios que han colaborado en la logística diaria ha sido también un factor determinante. Su labor ha facilitado la gestión de accesos, la atención a los asistentes y la coordinación entre salas, lo que ha permitido que las actividades se desarrollaran con fluidez, incluso en las franjas horarias de mayor afluencia.

Desde la dirección del festival se destaca especialmente la creatividad demostrada por los niños y niñas en los talleres de ilustración y escritura, así como la implicación de los adolescentes en clubes de lectura y actividades participativas. Todo ello ha contribuido a reforzar la idea de que los jóvenes lectores no son meros espectadores, sino protagonistas activos del proyecto.

Con nueve ediciones ya a sus espaldas, el Festival Internacional de Literatura Infantil y Juvenil de Tres Cantos se afianza como referente en España dentro de su especialidad. La combinación de un programa amplio, una selección de autores de primer nivel, un palmarés que pone el foco en la calidad editorial y una sólida base de público local e interautonómico dibuja un escenario propicio para seguir creciendo en próximas convocatorias.

La última edición del FestiLIJ3C ha dejado cifras de asistencia elevadas, una programación muy diversa y un palmarés que recorre desde el álbum ilustrado hasta el cómic y la divulgación, consolidando al festival tricantino como una cita clave para entender cómo se está construyendo hoy la literatura infantil y juvenil en España y en Europa, y subrayando el papel de Tres Cantos como punto de encuentro para lectores, creadores y mediadores de lectura.


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Presentación de «La ciudad de las luces muertas» de David Uclés en Bilbao y Barcelona

Isaac

Presentación de La ciudad de las luces muertas

La nueva novela de David Uclés, La ciudad de las luces muertas, continúa sumando hitos con su llegada a los escenarios culturales de España, especialmente en Bilbao y Barcelona. El libro, galardonado con el Premio Nadal 2026, se presenta ante el público como una mezcla de fábula onírica, distopía urbana y homenaje a la tradición literaria barcelonesa, con un fuerte trasfondo simbólico sobre la oscuridad de nuestro tiempo.

En un momento marcado por el auge de los extremismos y la sensación de desgaste social, la obra propone que la esperanza y el arte no son algo que simplemente se encuentra, sino que deben construirse, casi a contracorriente. Uclés convierte Barcelona en un escenario fantástico sumido en un apagón total, donde la literatura, la música, la arquitectura y el cine se entrecruzan para plantear una pregunta incómoda: ¿cómo se devuelve la luz a una ciudad —y a una sociedad— que parece haberse acostumbrado a la penumbra?

Presentación en Bilbao: Bidebarrieta se llena de literatura y conversación

Presentación literaria en espacio cultural

El Bidebarrieta Kulturgunea del Ayuntamiento de Bilbao será el escenario de una de las citas clave con la novela. El próximo 9 de febrero, lunes, la sala acogerá la presentación de La ciudad de las luces muertas, en un acto en el que el autor conversará con la periodista Elena Sierra sobre el proceso creativo, los referentes literarios y las lecturas políticas y simbólicas del libro.

Las invitaciones disponibles en la web municipal se han agotado con antelación, lo que evidencia el interés que ha despertado el nuevo trabajo de Uclés entre el público lector bilbaíno. Aun así, se reservarán unas 25 entradas adicionales que podrán retirarse en la propia biblioteca aproximadamente una hora antes del inicio del encuentro, un pequeño margen para quienes se han quedado fuera de la reserva online.

Con el objetivo de ampliar el acceso al acto, la presentación se podrá seguir también en streaming, permitiendo que lectoras y lectores de otras ciudades —e incluso de otros países— asistan virtualmente a la conversación entre Uclés y Sierra. Esta combinación de aforo presencial y emisión en directo refuerza la vocación de Bidebarrieta de ser un espacio abierto y conectado con la comunidad lectora más allá de Bilbao.

El Bidebarrieta Kulturgunea es el ámbito de la Biblioteca de Bidebarrieta dedicado específicamente a la difusión cultural y literaria. Entre sus objetivos principales figuran la promoción de la lectura, el apoyo al conocimiento en sus distintas formas y la divulgación científica, convirtiéndolo en un lugar idóneo para una novela que busca dialogar con la memoria cultural de Barcelona y, por extensión, de toda la península.

En este marco, la presencia de una moderadora como Elena Sierra —periodista con larga trayectoria en cultura, gastronomía y ocio, vinculada a EL CORREO y al sector de la comunicación de eventos— apunta a una charla centrada tanto en la dimensión literaria de la obra como en su conexión con los debates públicos actuales, desde la situación política europea hasta la salud del propio ecosistema editorial.

Una Barcelona a oscuras: argumento y claves de la novela

En La ciudad de las luces muertas, Barcelona se queda sin luz natural ni eléctrica a raíz de un deseo formulado por una joven Carmen Laforet. Esa oscuridad no afecta, sin embargo, a las velas, que continúan iluminando espacios y escenas como si fuesen pequeños focos en un gran escenario teatral. En ese contexto, todas las Barcelonas del siglo XX —y algunas de otros momentos— se superponen, creando una ciudad en la que épocas y personajes históricos conviven a la vez.

El detonante de esta situación es una escena casi de cuento: en unos juegos florales, Laforet recibe una hoja mágica de manos de la poeta Dolors Montserdà, a quien la historia ya sitúa como fallecida. Esa hoja tiene el poder de convertir en realidad lo que se escriba en ella, siempre que sea quemada después. Laforet anota su deseo de contemplar la catedral envuelta en una noche eterna, una «noche de los tiempos» que, al no completarse del todo el ritual, se cumple de forma parcial y descontrolada, dejando la ciudad atrapada en la oscuridad.

Desde ese momento, la novela avanza escena a escena, casi como una ópera. Hay interludios, se anuncian los personajes que entrarán en juego y cada capítulo funciona como una pequeña pieza dentro de un mosaico mayor. Cada encuentro abre la puerta al siguiente, en una cadena de apariciones que va llevando al lector por hospitales, calles, plazas, bibliobuses y edificios emblemáticos de Barcelona.

Lo que empieza como una fantasmagoría entre lo onírico y lo mágico se va desplazando hacia un tono más cercano a la ciencia ficción y la distopía. A medida que se acumulan las amenazas —bombardeos, explosiones simultáneas, sombras políticas—, la trama adopta la lógica de las películas de acción, con un plan para salvar la ciudad que se explica y se reexplica varias veces y que coloca a sus protagonistas al borde del desastre.

Según el propio Uclés, la obra no pretende ser simplemente realismo mágico ni puro surrealismo: los personajes no entienden del todo qué está pasando, pero los sucesos mantienen una coherencia interna, una especie de lógica poética que evita el puro azar. Lo que se propone, más bien, es una experiencia de lectura «impresionista», formada por pinceladas y estampas que invitan a que cada persona lectora componga su propia imagen de Barcelona.

Un desfile de artistas, escritores y personajes históricos

Uno de los rasgos más llamativos del libro es el amplio elenco de figuras literarias, artísticas y musicales que pueblan sus páginas. Más de un centenar de personajes vinculados de un modo u otro a Barcelona hacen acto de presencia, muchos de ellos reducidos a un rasgo muy reconocible que los identifica y genera un guiño cómplice al lector.

En ese collage narrativo aparecen Julio Cortázar salvando a Laforet de ser arrollada por un tranvía, y de inmediato acudiendo a un hospital junto a Carlos Fuentes para acompañar a Mario Vargas Llosa en una operación en la que el escritor peruano quiere recolocarse el corazón «a la derecha», una alegoría directa sobre su evolución ideológica. Después será Simone Weil quien evite que el propio Cortázar termine bajo las ruedas de otro tranvía, en una secuencia de rescates y casualidades que mantiene un tono de humor negro y reflexión política.

La nómina de apariciones incluye también a Picasso, Woody Allen, Sílvia Pérez Cruz y Roberto Bolaño, este último convertido en una especie de monologuista; a Jordi Savall, Núria Espert y Montserrat Caballé ensayando; a Gil de Biedma en el tramo final de su vida o a Manuel Vázquez Montalbán casi poseído por su alter ego literario, Carvalho. Aunque Juan Marsé no entra en escena de forma directa, la novela cita el inicio de Últimas tardes con Teresa, incorporando así otro de los grandes referentes barceloneses del siglo XX.

El texto juega en todo momento con la plausibilidad de los encuentros. Uclés ha explicado que se permitió imaginar situaciones que podrían haber ocurrido —como una relación íntima entre Jean Genet y Terenci Moix—, pero evitó forzar escenas que rompieran la percepción pública de ciertas figuras. Su único límite declarado era que los personajes resultaran reconocibles en su actitud y su gesto, incluso cuando se les lleva a extremos alegóricos o paródicos.

Tampoco faltan las presencias de Gabriel García Márquez y Cristina Peri Rossi, que abandonan la ciudad en barco, o los ensayos y conspiraciones de Montserrat Roig y Mercè Rodoreda, esta última rodeada de palomas mensajeras con las que se intenta articular un plan para enfrentarse a la amenaza que se cierne sobre Barcelona. El elenco se completa con nombres que van de Freddy Mercury a Rosalía, incorporando también a figuras del siglo XXI para subrayar la continuidad de la tradición cultural barcelonesa.

Este desfile de personalidades está acompañado por momentos de alta carga simbólica, como la imagen de Gaudí contemplando su obra prácticamente terminada o la descripción de una «deconstrucción arquitectónica» de la ciudad que se acompaña de sugerencias musicales, casi como si el lector asistiera a una banda sonora paralela mientras recorre los barrios y las plazas en penumbra.

Oscuridad, fascismo, gentrificación y esperanza

Más allá del juego literario, La ciudad de las luces muertas funciona como una reflexión sobre distintos tipos de oscuridad contemporánea. Uclés ha señalado que, para él, dos de las más importantes son la propia caducidad del ser humano y el auge de la ultraderecha en Europa, que amenaza derechos y libertades considerados consolidados en países como Francia, Dinamarca o España.

El apagón que deja a Barcelona sin luz admite varias lecturas: puede representar tanto la muerte y el paso del tiempo como la sombra del turismo masivo y la gentrificación que vacían de alma los barrios, o incluso el avance del fascismo y la erosión de los valores democráticos. El autor prefiere no imponer una única interpretación, insistiendo en que dependerá de la mirada de cada lector qué significado prevalece.

En cualquier caso, la novela busca que esa oscuridad no sea el punto final. Uclés defiende que la esperanza no existe de manera espontánea: hay que generarla, producirla colectivamente, igual que en otros momentos históricos se logró revertir situaciones extremas. En su visión, el arte —y la literatura en particular— puede actuar como herramienta de catarsis y de toma de conciencia, capaz de ayudar a «desnudar» las fuerzas que oprimen y a imaginar vías de resistencia.

Como guiño a ese enfoque, el libro apenas concede espacio directo a la figura del político profesional. Todos los protagonistas son artistas o intelectuales, precisamente porque el autor considera que es desde esa esfera desde donde puede generarse el cambio de mentalidad necesario para oponerse a la deriva reaccionaria. El apagón, en este sentido, es tanto un peligro como una oportunidad para reorganizar la mirada sobre el mundo.

La Barcelona actual, tal y como la ve Uclés, sufre los mismos males que otras grandes urbes europeas, pero en versión acentuada por el turismo y las tensiones sobre la vivienda. Sin embargo, el escritor destaca que la ciudad condal es también la suma de sus muchas capas históricas, una urbe que combina momentos y estilos y que probablemente sobrevivirá a todos sus habitantes, aunque no siempre resulte fácil «vivirla» en plenitud.

Una estructura operística y juegos formales en la página

Uno de los aspectos más comentados de La ciudad de las luces muertas es su estructura. La novela se despliega como una partitura dividida en escenas e interludios, donde se anuncian los personajes que entrarán en cada fragmento, casi como si se tratase de un libreto de ópera. Este enfoque permite a Uclés encadenar episodios breves, intensos, que funcionan como viñetas o cuadros impresionistas.

Lejos de la linealidad clásica, el libro propone un recorrido fragmentado en el que cada episodio corresponde a una época distinta o a un punto de vista diferente sobre la ciudad. Ese carácter «collage» emula el trencadís modernista de Gaudí: piezas diversas que, al unirse, forman una imagen reconocible de Barcelona, aunque nunca totalmente cerrada ni definitiva.

En cuanto al plano formal, Uclés introduce coqueteos tipográficos y visuales: páginas completamente en negro en el momento del apagón, cambios de tipografía —incluyendo letra manuscrita para ciertos pasajes— y disposiciones del texto que rompen con la caja tradicional. Son recursos que, sin llegar a la experimentación extrema, buscan remarcar momentos clave o subrayar la sensación de extrañeza que atraviesa la narración.

La novela está salpicada también de pseudocitas y guiños intertextuales que pueden funcionar como pequeñas recompensas para quienes reconozcan los referentes. Se trata de frases, alusiones y chispazos de otras obras que se insertan en el texto sin aviso, jugando con la memoria literaria del lector, casi como si se tratase de un juego de pistas.

Hacia el final, el tono se desplaza hacia un registro más próximo al relato de catástrofes y salvación in extremis. El plan para evitar que Barcelona desaparezca ante una posible explosión masiva de bombas exige un esfuerzo conjunto de personajes vivos y muertos, mientras Carmen Laforet envejece a golpes de cabezada, pasando de la juventud a la vejez en cuestión de escenas, hasta convertirse en una anciana en el momento decisivo.

Carmen Laforet, Montserrat Roig y las otras heroínas de la historia

Si bien la novela se abre con la muerte de Carlos Ruiz Zafón en Nueva York, la verdadera guía del relato es Carmen Laforet, convertida en protagonista y testigo del extraño fenómeno que transforma Barcelona. Uclés recupera a la autora de Nada —primera ganadora del Premio Nadal— como una joven veinteañera, aún sin la fama que le otorgaría su obra posterior, para situarla en el centro de esta noche eterna.

La evolución de Laforet a lo largo del libro está marcada por sueños en los que envejece de repente, saltando décadas en cuestión de páginas. Ese desgaste acelerado hace que, cuando llega el momento de revertir su deseo y tratar de salvar la ciudad, sea ya una octogenaria. La imagen de una escritora envejecida, pero aún capaz de intervenir en el destino de Barcelona, refuerza la idea de la literatura como conciencia de la sociedad.

Junto a Laforet, otra figura central es Montserrat Roig, a la que la novela otorga un papel muy activo en la articulación de la resistencia frente a la destrucción. No es un detalle menor que Uclés obtuviera en su momento la beca que lleva el nombre de Roig, gracias a la cual pudo trasladarse a Barcelona para escribir; el libro retoma ese vínculo afectivo y lo convierte en un reconocimiento explícito a la autora catalana.

El elenco femenino se completa con una Mercè Rodoreda cansada, que duda entre contribuir con sus palomas mensajeras a la organización del plan o marcharse de nuevo al exilio. Su presencia dialoga con el ensayo de Roig sobre ella, «El aliento poético de Mercè Rodoreda», y subraya el peso de las escritoras en la construcción del imaginario barcelonés. A su alrededor orbitan otras voces, desde Simone Weil hasta figuras contemporáneas como Rosalía, que introduce un guiño al siglo XXI.

El epílogo, titulado «Las otras cuerdas de Barcelona», cierra la novela recogiendo los hilos sueltos de los personajes principales y reservando un lugar de honor precisamente para Rodoreda, Roig y Laforet. En sus últimas páginas aparece incluso «un tal Uclés» cantando chanson française, una forma irónica de colarse en su propio texto y recordar que el autor también forma parte de esa constelación de voces que han mirado a Barcelona desde la literatura.

Del éxito de «La península de las casas vacías» al Premio Nadal

Antes de irrumpir con La ciudad de las luces muertas, David Uclés ya se había consolidado como una de las grandes revelaciones del panorama literario español gracias a La península de las casas vacías. Esta novela, publicada por Siruela en 2024, alcanzó cerca de 300.000 ejemplares vendidos y llegó a contar con una edición de lujo en tapa dura, con una reinterpretación a color —realizada por el propio Uclés— de la ilustración de cubierta original de Zabaleta.

Ese éxito vino acompañado de una larga lista de reconocimientos: Premio Andalucía de la Crítica 2025, Premio Dulce Chacón 2025, Andalucía de las Letras 2025, Premio Cálamo al Mejor Libro del Año o el Premio Espartaco de la Semana Negra de Gijón a la Mejor Novela Histórica. Además, la obra fue elegida como segundo mejor libro del año por el jurado de la lista anual de Babelia, reforzando su recepción tanto entre la crítica como entre el público.

Frente a aquella novela, enmarcada en la Guerra Civil española y atravesada por elementos de realismo mágico vinculados a la propia familia del autor, La ciudad de las luces muertas apuesta por una invención total: una historia creada desde cero, que se alimenta de la memoria cultural barcelonesa pero no parte de una experiencia directa como testimonio familiar.

Uclés ha explicado que la idea de la nueva novela surgió en 2021, durante una estancia en París, cuando conoció las becas Montserrat Roig, centradas en proyectos vinculados a Barcelona. Apenas había pasado un día en la ciudad a lo largo de su vida, pero concibió su labor como la de un corresponsal de guerra: alguien enviado a un territorio desconocido que tiene que aprender a leerlo y contarlo con rapidez.

Esa aproximación externa le llevó a descubrir la densidad de la tradición literaria y artística barcelonesa, más allá del eslogan de «ciudad cosmopolita». La escritura del libro, extendida durante unos cinco años, le permitió adentrarse en la obra de numerosos escritores catalanes y autores vinculados a Barcelona que hasta entonces no había leído en profundidad, algo que se percibe en la cantidad de nombres que pueblan la novela.

Retrato de un autor nómada y polémico

Nacido en Úbeda (Jaén) en 1990, David Uclés se define como alguien «franco» que a veces habla demasiado, una sinceridad que le ha situado en el centro de varias polémicas públicas. Más allá de la atención mediática, su perfil combina facetas de escritor, músico, dibujante y traductor, con una formación lingüística sólida y una trayectoria internacional marcada por estancias en Alemania, Francia, Suiza e Inglaterra.

Ha trabajado como profesor de español, alemán e inglés en varios países europeos y ha pasado temporadas entre Galicia, Euskadi y Cataluña, aunque actualmente reside en Madrid. Ese recorrido nómada se refleja tanto en su mirada sobre Europa como en su decisión de, llegado el caso, marcharse a otro país «donde nadie le conozca» para seguir escribiendo en paz si siente que el ruido mediático interfiere demasiado en su trabajo creativo.

Hasta la fecha, Uclés ha publicado cuatro novelas: El llanto del león (2019), Emilio y Octubre (2020), La península de las casas vacías (2024) y La ciudad de las luces muertas, premiada con el Nadal 2026. También ha escrito dos obras en francés durante su estancia en Francia, reflejo de una formación literaria marcada en buena parte por el entorno extranjero.

Su presencia en medios se ha visto reforzada por colaboraciones en cabeceras como La Vanguardia, El País, Diario Jaén y la Cadena SER, así como por entrevistas y debates en los que no ha evitado pronunciarse sobre temas delicados, desde la memoria de la Guerra Civil hasta el auge actual de la extrema derecha. Él mismo admite que en España «te van a criticar hagas lo que hagas», y prefiere que esas críticas se basen en lo que piensa y escribe antes que en su indumentaria o su vida personal.

Esa exposición pública ha coincidido con algunos episodios de controversia, como su decisión de no participar en unas jornadas sobre la Guerra Civil organizadas por Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra, debido a la presencia en el programa de figuras políticas con las que no se sentía cómodo y a un lema —»La guerra que perdimos todos»— que no compartía. El propio autor ha reconocido que quizá se arrepiente de haber hecho pública su renuncia, pero defiende su derecho a elegir dónde se siente a gusto.

La mirada de Uclés sobre la literatura española y europea

Con una trayectoria muy vinculada al extranjero, Uclés ofrece también una perspectiva particular sobre el estado de la literatura española y europea. Recuerda que, viviendo en Francia, llegó a escribir dos novelas en francés y a contemplar la posibilidad de publicar allí, en parte porque en España sentía que el sistema editorial estaba muy centrado en autores ya consagrados y dejaba poco espacio para voces nuevas.

En el país vecino, explica, existen premios literarios para autores jóvenes que pueden tener un peso similar al del Goncourt, lo que contrasta con una tradición española que, hasta hace poco, priorizaba a figuras establecidas. Sin embargo, el autor considera que la situación está cambiando y que se está produciendo un relevo generacional con nuevas voces que aportan registros y temas muy variados.

Uclés cita, entre otros, nombres como Luis Mario, Julia Peró, Irene Solà o Pol Guach como ejemplos de esa nueva hornada de escritores que están renovando la narrativa en castellano y catalán. A su juicio, en un plazo de alrededor de una década se percibirá con claridad la huella de este cambio generacional, una «ley de vida» que ya se empieza a notar en las mesas de novedades y en la recepción crítica.

Pese a su proyección, el autor insiste en que no es un escritor de publicar libro cada año. La intensidad de las giras de promoción y las polémicas asociadas a su figura han llegado a dificultar sus procesos de escritura, hasta el punto de que reconoce que lleva dos años sin poder escribir con continuidad. Entre sus planes está realizar un viaje por Centroeuropa —»la vieja Europa»— para encontrar la tranquilidad necesaria y trabajar en su próxima novela.

En paralelo, se están desarrollando proyectos de adaptación audiovisual. La versión en serie de La península de las casas vacías continúa en fase de guion, mientras que en el caso de La ciudad de las luces muertas ya hay interés para llevarla a la pantalla, quizá en forma de película. Uclés está convencido de que es su obra más visual, tanto por la cantidad de escenarios como por la naturaleza coral del reparto de personajes.

Del VIH a la «boina de fuego»: futuros proyectos y símbolos

Aunque todavía se encuentra inmerso en la promoción de La ciudad de las luces muertas, Uclés ya apunta hacia nuevos proyectos narrativos. Su siguiente libro, según ha adelantado, girará en torno al VIH y al estigma que recayó sobre quienes padecieron la enfermedad, especialmente en los años 80, cuando muchas personas fueron apartadas y demonizadas por su diagnóstico.

La temática no es ajena a su obra actual: en la novela aparecen referencias al sida a través de figuras como Julio Cortázar, recordando que el escritor argentino murió a causa de esta enfermedad, un hecho menos conocido por el gran público. Para Uclés, se trata de un asunto que le toca especialmente y que quiere abordar con mayor profundidad, como una forma de hacer justicia clínica y simbólica a quienes fueron estigmatizados.

Otra de las imágenes que ha dado que hablar es la «boina de fuego» con la que concluye la novela, una expresión que muchos han vinculado al propio autor por su habitual uso de boina como complemento. Uclés ha aclarado que, en realidad, pensaba en la «boina de contaminación» que a veces se cierne sobre ciudades como Madrid, y que la asociación con su figura ha sido más bien una coincidencia curiosa.

La atención a su aspecto —y, en general, a su manera de presentarse en público— es algo que el autor vive con cierta incomodidad. Admite que le resulta llamativo que, mientras a figuras como Buñuel o Lorca se les llegara a recriminar en su época el no llevar sombrero, a él le toque hoy escuchar críticas por llevarlo. En su opinión, el debate debería centrarse en lo que se escribe y se piensa, más que en la ropa o en la estética personal.

Mientras tanto, Uclés mantiene la intención de tomarse un tiempo de silencio creativo una vez termine la agenda promocional de su última novela. Su plan es desconectarse parcialmente del foco mediático durante el verano, viajar y retomar la escritura con calma, sin las distracciones que, según reconoce, han hecho más difícil concentrarse en sus proyectos recientes.

La presentación de La ciudad de las luces muertas en Bilbao, sumada a los encuentros con medios en Barcelona y al interés creciente por el libro en toda España, consolida a David Uclés como una de las voces más seguidas de la narrativa actual. Entre apagones alegóricos, ciudades desbordadas por el turismo, fantasmas de la Guerra Civil y sombras del fascismo europeo, su novela propone que solo la creación artística puede devolver algo de luz a un paisaje que muchos perciben en penumbra, recordando que la esperanza, lejos de ser un regalo, es una tarea compartida.


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El Festival Internacional de Novela Negra Las Casas Ahorcadas refuerza su apuesta educativa y social

Isaac

Festival Internacional de Novela Negra Las Casas Ahorcadas

La ciudad de Cuenca se convierte estos días en epicentro europeo de la novela negra con una nueva edición del Festival Internacional de Novela Negra Las Casas Ahorcadas. El certamen, organizado por el club de lectura homónimo, combina encuentros con autores de primer nivel, debates sobre el género criminal y un potente programa educativo dirigido a públicos muy diversos.

Entre el 4 y el 7 de febrero, distintos espacios culturales conquenses acogen mesas redondas, telefórum, masterclass y actividades didácticas que exploran la capacidad del noir para abordar temas como la memoria histórica, la violencia estructural, la mente del asesino o la denuncia social. La entrada a todas las propuestas es gratuita hasta completar aforo, lo que refuerza la vocación abierta e inclusiva del festival.

Un festival que mira al presente y al futuro de la novela negra

El Festival Internacional de Novela Negra Las Casas Ahorcadas se ha consolidado, edición tras edición, como uno de los referentes del género criminal en España. Impulsado por el club de lectura Las Casas Ahorcadas y coordinado por su creador, Sergio Vera, el certamen mantiene una doble brújula: cuidar al lector adulto habitual de novela negra y sembrar el interés por el misterio entre los lectores más jóvenes.

En esta nueva entrega, el festival reúne a una treintena de escritores, divulgadores y especialistas que participan en mesas temáticas y encuentros con el público. La programación se reparte entre el Centro Cultural Aguirre, el Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha y la Facultad de Bellas Artes del campus universitario, convirtiendo Cuenca en un gran escenario literario donde el crimen de ficción sirve para reflexionar sobre la realidad.

El festival cuenta con el respaldo institucional y privado de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, la Diputación y el Ayuntamiento de Cuenca, además del Consorcio Ciudad de Cuenca, el Patronato Cardenal Gil de Albornoz y empresas como General Óptica y Masfarné. Este tejido de apoyos permite que el acceso sea libre y que el programa educativo tenga continuidad y ambición.

Según subraya la organización, el objetivo no es solo ofrecer ocio cultural, sino utilizar la novela negra como herramienta de análisis social, diálogo intergeneracional y fomento de la lectura en una época marcada por la omnipresencia de las pantallas.

«Con sangre entra»: misterio y nuevas tecnologías para enganchar a los jóvenes

Una de las señas de identidad del festival es su Plan de Animación a la Lectura de Misterio, bautizado con el irónico título de «Con sangre entra». Este programa, patrocinado por General Óptica, está dirigido al alumnado de Primaria, Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional, y se ha convertido en un banco de pruebas para experimentar con nuevas formas de acercar los libros al alumnado.

Las jornadas didácticas se celebran principalmente en el Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha y en la Facultad de Bellas Artes. Allí, los estudiantes participan en encuentros con autores, visionados de adaptaciones audiovisuales, talleres de criminología aplicada y sesiones de introducción a disciplinas como las ciencias forenses o la lingüística forense, siempre con la novela negra como hilo conductor.

Beatriz Osés, apodada «reina del thriller infantil y juvenil» gracias a sagas como «Erik Vogler» o la trilogía «El cementerio de Everden», protagoniza la primera jornada del 4 de febrero. La autora se reúne con alumnos de 6.º de Primaria y 1.º de ESO para comentar un capítulo de «La tumba de Walter Malone», combinando humor, intriga y personajes excéntricos como fórmula para enganchar a lectores poco habituados a leer.

Osés defiende que la literatura de misterio es un «gancho» eficaz para la generación pantalla, siempre que los libros sean visuales, de capítulos breves y cargados de acción y diálogos. A su juicio, los festivales deberían reservar un espacio estable para la literatura infantil y juvenil, y permitir que los jóvenes dialoguen con autores vivos, algo imposible con los clásicos del canon escolar.

El creador del festival, Sergio Vera, doctor en comprensión lectora y con varios másteres en animación a la lectura, insiste en que la formación lectora debe ser previa a la puramente literaria. Su planteamiento es claro: antes de exigir a los alumnos obras complejas como «La Celestina», conviene reforzar la competencia de comprensión y dejar cierto margen de elección en las lecturas para no desmotivar a quienes están acostumbrados al consumo inmediato de contenidos digitales.

Telefórum, cómic y ciencia forense: el crimen como recurso pedagógico

El mismo 4 de febrero, el festival cede el protagonismo al cómic con la presentación de la serie de novela gráfica «Gloria Victis», ambientada en el Imperio romano, de la mano del guionista y director Juanra Fernández y del dibujante Mateo Guerrero. El objetivo es mostrar a los estudiantes que el relato criminal y de aventuras también puede llegar a través de la viñeta.

El 5 de febrero, de nuevo en el Museo Paleontológico, se organizan dos propuestas dirigidas a alumnado de 4.º de ESO, Bachillerato y FP. Por un lado, un telefórum sobre «Memento Mori», que permite comparar la novela original con su adaptación televisiva en una plataforma de streaming, en presencia de su autor, César Pérez Gellida, reciente ganador del Premio Nadal. Por otro, una masterclass de introducción a la criminología a cargo de la periodista Carmen Corazzini, tomando como caso de estudio el crimen de Pioz y el análisis de los mensajes de WhatsApp del asesino.

Ese mismo día, los narradores cubanos Lorenzo Lunar y Rebeca Murga imparten talleres de relatos policíacos inspirados en cuentos populares, una forma de demostrar cómo se puede adaptar el esquema de la intriga criminal a historias tradicionales que el alumnado ya conoce.

El viernes 6 de febrero, el plan «Con sangre entra» se traslada al Aula Magna de la Facultad de Bellas Artes, con un bloque específico para estudiantes de 2.º y 3.º de ESO. Los primeros asisten a una sesión de introducción a las ciencias forenses y al uso de las huellas dactilares, impartida por el capitán Óscar Palomares y el laboratorio de Criminalística de la Comandancia de la Guardia Civil de Cuenca, además de una nueva masterclass con Lunar y Murga.

Para los alumnos de 3.º de Secundaria, el festival propone un telefórum con Jerónimo Tristante, creador del detective Víctor Ros, personaje inspirado en la tradición de Sherlock Holmes y adaptado también a la televisión, junto a una sesión de lingüística forense con la especialista Sheila Queralt, centrada en el análisis de mensajes en redes sociales. El objetivo de estas actividades es mostrar que la lectura y la escritura tienen una traducción directa en competencias útiles para interpretar la realidad digital.

Autores de referencia: del thriller juvenil al noir más descarnado

Más allá del ámbito escolar, el festival convoca a novela negra española y europea, que dialogan con lectores adultos y comparten escenario en mesas redondas especializadas. Entre ellos figuran Marta Robles, Beatriz Osés, César Pérez Gellida, Víctor del Árbol o el italiano Gianrico Carofiglio, además de autores y expertos locales.

La participación de Marta Robles se enmarca en las actividades del Centro Cultural Aguirre, donde la periodista y escritora madrileña interviene en la mesa redonda «Matar en tiempos revueltos: memoria histórica y criminal». Desde allí, Robles conecta su última novela, «Amada Carlota», con uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente española: el robo de bebés, un fenómeno que, según recuerda, se prolongó desde la dictadura hasta bien entrada la democracia.

Robles enfatiza que el verdadero núcleo de su obra no es solo el crimen en sí, sino los silencios impuestos a las mujeres a lo largo de varias generaciones. Para ello recupera al detective Tony Roures, un exreportero de guerra marcado por su pasado, que investiga la desaparición de la hija de una jueza cuando esta era menor de edad. A través de su mirada, la autora explora las zonas grises de la moral y evita levantar juicios fáciles sobre personajes que actúan bajo presión o en contextos de violencia institucional.

En paralelo, la presencia de autores como Beatriz Osés y César Pérez Gellida permite al festival mostrar el amplio espectro del noir actual: desde el thriller juvenil que ayuda a los adolescentes a enfrentarse a sus miedos desde la ficción, hasta las tramas más duras que se adentran en la psicología criminal y la violencia explícita. Esa diversidad de registros facilita que el público se reconozca en propuestas muy distintas según su edad, experiencia lectora e intereses.

La organización subraya que esta convivencia de miradas responde a la filosofía del festival: entender la novela negra no solo como entretenimiento, sino como un marco flexible para analizar la memoria, las desigualdades y las contradicciones del presente, sin renunciar a la intriga ni al ritmo narrativo.

César Pérez Gellida y la fascinación por la mente del asesino

Entre los nombres destacados de la programación figura César Pérez Gellida, uno de los grandes referentes del noir español contemporáneo. El autor regresa a Cuenca con una agenda intensa que arranca el miércoles 4 de febrero, en la jornada de apertura del festival, cuando participa en la mesa redonda «Spanish Psycho», planteada en torno a una pregunta provocadora: «¿Cómo se mata en España?».

En este encuentro, el escritor reflexiona sobre hasta qué punto existe una forma «española» de matar. Aunque duda de que pueda hablarse de un modelo criminal estrictamente nacional, sí apunta a patrones vinculados a la historia social del país: conflictos por la tierra y las lindes, tensiones familiares, envidia o crímenes motivados por los celos. Recuerda además que España no ha sido particularmente prolífica en asesinos en serie, lo que contrasta con la imagen que a menudo proyectan algunas ficciones internacionales.

Pérez Gellida insiste en matizar la relación entre psicopatía y asesinato, subrayando que no todos los psicópatas son asesinos en serie ni todos los asesinos encajan en el perfil del psicópata. Su interés se centra más en los «porqués» que en el morbo del crimen en sí: qué experiencias, contextos o desequilibrios llevan a una persona a instalarse en la sociopatía y a encontrar placer en el dolor ajeno.

El autor reconoce que una de las partes más exigentes de su trabajo es la documentación y la inmersión psicológica en personajes extremos. Para él, el reto está en construir figuras complejas, con una evolución interna coherente, que permitan al lector asomarse a un «pozo muy oscuro» difícil de comprender desde la vida cotidiana. Esa interpretación del personaje es lo que le atrae de los llamados psychokillers, más allá del impacto superficial de la violencia.

Al día siguiente, Pérez Gellida protagoniza el ya mencionado telefórum con estudiantes en torno a «Memento Mori», donde se analiza tanto el libro como su adaptación audiovisual. El escritor considera que esta novela, de estructura fragmentada en escenas cortas y sucesión continua de acontecimientos, encaja bien con los hábitos de lectura de los jóvenes, acostumbrados a ritmos narrativos próximos a los de las series y las plataformas de vídeo.

Violencia, ética y diálogo entre ficción y criminología

En sus intervenciones públicas en Cuenca, Pérez Gellida aborda también el eterno debate sobre los límites éticos de la violencia en la ficción. Su postura es tajante: en el terreno de la narrativa, no cree que existan líneas infranqueables predefinidas, sino sensibilidades distintas entre lectores. Hay quien evita este tipo de novelas porque les generan malestar, algo que respeta, pero que no le lleva a autocensurarse en el tratamiento del crimen.

La mesa «Spanish Psycho» se plantea precisamente como un espacio para confrontar la perspectiva literaria con la de la criminología y la divulgación especializada. Junto a Pérez Gellida participan la criminóloga Carmen Corazzini y el escritor conquense Alberto Val, lo que permite contrastar los códigos de la ficción con los de la investigación real de casos ocurridos en España.

El autor subraya el valor de esta combinación: mientras los novelistas trabajan con licencias y estrategias narrativas, los criminólogos se rigen por parámetros conductuales, datos empíricos y expedientes judiciales. El diálogo entre ambos enfoques enriquece la comprensión del fenómeno criminal y aporta al público una mirada más matizada que la que ofrece solo la literatura o solo el informe técnico.

En ese cruce de miradas se inserta también la masterclass de Corazzini sobre el crimen de Pioz, donde se analizan los mensajes del asesino como rastro digital de su conducta. Esta actividad refuerza la idea de que la novela negra y las ciencias del comportamiento pueden retroalimentarse, tanto para mejorar la verosimilitud de las tramas como para sensibilizar sobre la violencia real.

El festival, así, se presenta como un lugar en el que la frontera entre entretenimiento, divulgación y reflexión social se vuelve porosa, permitiendo que el público se acerque al crimen desde la seguridad de la ficción, pero sin perder de vista las implicaciones éticas y humanas de los hechos que inspiran muchas historias.

La novela negra como denuncia social: Víctor del Árbol y Carofiglio

Otro de los grandes bloques del festival está dedicado a la dimensión social y ética del noir. El 6 de febrero, el salón de actos del Centro Cultural Aguirre acoge la mesa redonda «Justicia poética, denuncia social en verso libre y criminal», con la participación del escritor español Víctor del Árbol, Premio Nadal y Caballero de las Artes y las Letras de Francia, y del autor italiano Gianrico Carofiglio.

Del Árbol defiende que la vocación de la novela negra, tal y como surgió históricamente, ha sido la de radiografiar los males de su tiempo. Más que una mera crónica de sucesos, el noir nace con una intención ética: cuestionar qué falla en las estructuras sociales, qué grietas de la democracia favorecen la corrupción o la violencia y cómo afectan estas dinámicas a las personas corrientes.

Para el escritor barcelonés, esta perspectiva resulta especialmente pertinente en el contexto actual, marcado por la desconfianza ciudadana en las instituciones y por el aumento de la desigualdad. A su juicio, la novela negra mantiene una «pulsión» de movilizar conciencias a través del entretenimiento, sin necesidad de renunciar al suspense ni a la trama criminal para plantear interrogantes incómodos sobre el poder.

Del Árbol insiste también en el papel de la literatura como herramienta para crear comunidad y combatir la sensación de aislamiento. Frente a los análisis puramente estadísticos de las tragedias, reivindica el relato emocional, capaz de conectar a los lectores a través de la experiencia compartida del dolor y la vulnerabilidad. Más que etiquetar sus libros como «novelas de denuncia», prefiere pensar en historias que permiten reconocerse en los conflictos ajenos.

La presencia de Carofiglio, con su importante bagaje intelectual y su atención al lenguaje, sirve de ejemplo para sostener que el viejo debate sobre si la novela negra puede ser «alta literatura» está, en palabras de Del Árbol, prácticamente superado. Los dos autores evidencian cómo el noir puede aspirar a la máxima exigencia estilística sin perder su raíz popular ni su vocación crítica.

Trilogías, corrupción y el cierre de un universo narrativo

En Cuenca, Víctor del Árbol también presenta «Las buenas intenciones», la novela que cierra la trilogía del «sicario sin nombre», iniciada con «El tiempo de las fieras» y continuada con «Nadie en esta tierra». El título, de tono deliberadamente irónico, alude al modo en que las personas se autoengañan justificando sus actos con supuestos fines nobles.

El autor cuestiona la idea del «mal menor» utilizado como coartada para decisiones que vulneran principios básicos. En la novela aborda temas como la corrupción inmobiliaria y se inspira en el escándalo del Banco Ambrosiano en los años ochenta, un caso que salpicó a la Iglesia católica por sus vínculos con la mafia italiana y el blanqueo de capitales. A partir de ahí, reflexiona sobre la doble moral y el cinismo en el mundo de los negocios.

Del Árbol sostiene que la verdad es objetiva y que lo que cambia son los usos que se hacen de ella para legitimar intereses particulares. Esta convicción impregna una trama en la que el protagonista, que antes ejercía como juez y verdugo en un universo violento, pasa a ocupar el lugar de la víctima, lo que le obliga a enfrentarse a sus propios miedos y fragilidades.

Ese giro en la posición del personaje central permite un «ejercicio muy interesante», según sus palabras, pues transforma la mirada sobre todo el arco narrativo de la trilogía. Quienes han acompañado al «sicario sin nombre» desde su primera entrega se encuentran con un cierre que replantea algunas certezas sobre la justicia, la culpa y la redención.

La mesa compartida con Carofiglio, en este contexto, sirve además para subrayar cómo la novela negra europea actual se nutre de casos reales de corrupción, crimen organizado y colusión entre poder político, económico y religioso, a la vez que explora la dimensión íntima de quienes se ven atrapados en esos engranajes.

Marta Robles y la memoria silenciada de las mujeres

La presencia de Marta Robles en el Festival Internacional de Novela Negra Las Casas Ahorcadas aporta otra vertiente esencial del género: la exploración de la memoria histórica y de los silencios impuestos, en especial a las mujeres. Su novela «Amada Carlota», publicada en 2025 y ya en varias ediciones, gira en torno al robo de bebés en España, un delito que, como recuerda la autora, se prolongó desde la dictadura hasta los años noventa.

En su intervención en la mesa «Matar en tiempos revueltos: memoria histórica y criminal», Robles insiste en que el foco del libro no está solo en el crimen, sino en las estructuras de poder y mentalidades que permitieron su continuidad incluso tras la llegada de la democracia. La dejadez política, las lagunas de la legislación sobre adopciones o la falta de voluntad para desmontar determinados entramados son algunos de los elementos que, a su juicio, explican la impunidad.

La autora recupera al detective Tony Roures, exreportero de guerra que carga con sus propios fantasmas, para conducir una investigación muy íntima: una jueza le encarga indagar en la desaparición de la hija que le arrebataron cuando era adolescente, en una clínica clandestina. Roures se aleja del arquetipo del detective moralmente superior; observa sin juzgar de entrada, consciente de que la frontera entre víctimas y verdugos puede volverse difusa en contextos extremos.

Aunque la novela incorpora episodios poco tratados de la época franquista, como la delirante teoría del «gen rojo» de Vallejo-Nájera, Robles aclara que no escribe desde una perspectiva de memoria histórica estricta, sino con la intención de iluminar fragmentos del pasado para entender mejor el presente. Esa mirada le permite trazar un retrato de las heridas que arrastran muchas mujeres, sometidas a formas de maltrato y silenciamiento que cambian de apariencia pero persisten en el fondo.

Para la escritora, la novela criminal es un terreno especialmente fértil para poner sobre la mesa lo que durante décadas se calló y para interrogar cómo ciertas dinámicas patriarcales siguen operando hoy. A través del suspense y la intriga, se invita al lector a mirar de frente realidades que quizá preferiría no ver, pero que siguen condicionando la vida de muchas personas.

Con una programación que combina fomento de la lectura entre los más jóvenes, diálogo entre literatura y ciencias forenses, y reflexión sobre la memoria y la justicia, el Festival Internacional de Novela Negra Las Casas Ahorcadas consolida a Cuenca como un punto de encuentro imprescindible para quienes entienden el género negro como algo más que puro entretenimiento. Durante cuatro días, autores, estudiantes y lectores convierten el crimen de ficción en un espejo incómodo, pero necesario, de la sociedad en la que vivimos.


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El escritor Javier Castillo afronta la muerte de sus padres con solo dos meses de diferencia

Isaac

Javier Castillo luto padres

El escritor malagueño Javier Castillo atraviesa uno de los momentos más duros de su vida tras perder a sus dos padres con apenas un par de meses de diferencia. Primero fue su padre, que falleció de forma repentina en noviembre, y ahora ha tenido que despedirse también de su madre, figura clave tanto en su historia personal como en su trayectoria literaria.

La noticia ha impactado con fuerza entre sus lectores y en el mundo cultural, donde Castillo es conocido por títulos superventas como El día que se perdió la cordura, La chica de nieve o El cuco de cristal. En medio de este momento tan delicado, el autor ha decidido compartir públicamente su dolor a través de una carta publicada en sus redes sociales, un texto cargado de amor, rabia contenida y gratitud hacia sus padres.

Una doble despedida en muy poco tiempo

En su mensaje, el escritor relata cómo la muerte de su madre ha llegado cuando aún no había logrado asimilar el fallecimiento de su padre. Apenas dos meses separan ambas pérdidas, un periodo tan corto que, en sus propias palabras, no le ha dejado «tiempo de asimilar el golpe» ni de recomponerse emocionalmente.

Castillo recuerda que su padre murió «de forma repentina» en noviembre, un mazazo que sorprendió a toda la familia. Cuando todavía seguía procesando esa ausencia, se vio obligado a afrontar otra despedida definitiva, la de su madre, con la que mantenía un vínculo especialmente intenso y que había sido un pilar constante en su vida.

En la carta, el autor lamenta no haber podido compartir con ella todas esas cosas que habían ido posponiendo, confiando en encontrar un momento mejor, cuando estuviera más recuperada. Esa sensación de tiempo robado y de conversaciones pendientes recorre todo el texto, que se ha viralizado entre lectores y compañeros de profesión.

El escritor describe la escena del adiós evocando su primer encuentro con su madre: miradas cruzadas, llantos ahogados y una mezcla de ternura y dolor. Ese paralelismo entre el inicio y el final de su relación añade aún más carga emocional a un relato que ha conmovido a miles de personas.

Una madre que encendió su pasión por los libros

Más allá del duelo, la carta sirve también para recordar la enorme influencia que su madre tuvo en su formación como lector y como autor. Castillo la define como «mi mayor fan, mi incrédula lectora, la que me hizo leer de niño», subrayando que fue ella quien, casi sin darse cuenta, lo empujó hacia la escritura.

Durante su infancia, su madre atravesó una enfermedad importante que la obligó a pasar mucho tiempo en casa. Esa circunstancia hizo que el pequeño Javier también permaneciera muchas horas en el hogar familiar, y fue ahí donde los libros se convirtieron en refugio. La lectura pasó de ser un simple entretenimiento a una vía de escape y una forma de expresión que acabaría marcando su futuro profesional.

El escritor ha explicado en diversas ocasiones que sus primeras historias nacieron como un pasatiempo sin mayores pretensiones. De hecho, su primera novela comenzó a tomar forma en los trayectos de tren que hacía a diario hacia la oficina, cuando aún trabajaba en el sector financiero. Aquello que parecía solo un hobby «para matar el tiempo» terminó convirtiéndose en el inicio de una carrera literaria fulgurante.

En la despedida a su madre, insiste en que fue ella quien le inculcó el amor por las historias y la curiosidad por las palabras. La describe como una lectora escéptica pero entregada, que dudaba de sí misma pero no de la capacidad de su hijo. «Creyó en mí cuando nunca fue capaz de creer en ella», admite con una mezcla de orgullo y culpa.

También reconoce que, siendo niño, no supo ver hasta qué punto ella necesitaba ayuda, y que cuando quiso devolvérsela ya era tarde. Esa reflexión convierte el texto en algo más que una simple carta de despedida: es, en cierto modo, un ajuste de cuentas íntimo con su propio pasado y con las cosas que se quedan sin decir.

Orígenes humildes y apoyo incondicional de sus padres

La historia de éxito de Javier Castillo no se entiende sin mirar a sus raíces. El autor creció en una familia trabajadora en Mijas, Málaga, donde su padre se ganaba la vida en la construcción y su madre limpiaba casas. Desde muy pequeño aprendió el valor del esfuerzo, algo que él mismo ha reivindicado a menudo.

Antes de ganarse un sitio en las listas de libros más vendidos, Castillo encadenó empleos tan dispares como pastelero, barrendero o camarero en una conocida cadena de restauración. Al mismo tiempo, estudiaba Empresariales y trataba de asegurarse un futuro estable, que acabó encontrando en un puesto en una entidad bancaria.

El giro llegó cuando su primera novela, escrita a ratos en el tren, empezó a llamar la atención de los lectores. El éxito fue tan grande que el escritor tomó una decisión que muchos considerarían arriesgada: dejó su trabajo fijo para dedicarse por completo a la literatura. En ese momento crucial, el respaldo de sus padres fue absoluto.

Castillo ha contado que tanto su padre como su madre se mostraron orgullosos de que persiguiera su sueño, incluso aunque eso implicara renunciar a una seguridad laboral que en su entorno siempre se había valorado mucho. Esa confianza se ha convertido con el tiempo en una de sus mayores motivaciones.

Ahora, tras su fallecimiento, el autor subraya que ellos seguirán siendo su principal fuente de inspiración. Promete seguir escribiendo muchos libros más, no solo para sus lectores, sino también para esa madre a la que pide que no deje de leerle «allá donde esté».

Una carrera literaria que conecta con millones de lectores

Aunque el momento personal que vive es devastador, resulta imposible obviar la dimensión pública que ha alcanzado Javier Castillo en los últimos años. Se ha consolidado como uno de los nombres más populares del thriller español contemporáneo, con novelas que combinan misterio, giros inesperados y un fuerte componente emocional.

Su debut, El día que se perdió la cordura, irrumpió con fuerza en el panorama editorial y abrió el camino a otros títulos de gran impacto entre el público, como La chica de nieve o El cuco de cristal. Varios de estos libros han dado el salto a la pantalla, con adaptaciones televisivas que han ampliado todavía más su base de seguidores en España y en otros países europeos.

Su última obra, El susurro del fuego, se presentó el pasado octubre en el cine Albéniz de Málaga, en un acto especialmente emotivo. Allí, ante un auditorio lleno, Javier se dirigió a su madre con una frase que hoy cobra un significado distinto: dijo que nada le hacía más feliz que ver que ella lo admiraba. El momento terminó con un abrazo entre ambos que emocionó al público presente.

Ese recuerdo, todavía reciente, contrasta con el vacío actual, pero también sirve para poner en contexto la importancia que tenía ella en todos los hitos de su carrera. No era solo la madre orgullosa de un escritor de éxito, sino una pieza fundamental en la construcción de su imaginario literario.

Además de por sus libros, Castillo es muy conocido en el ámbito digital. Su presencia en redes sociales supera los cientos de miles de seguidores, y allí comparte tanto su faceta profesional como momentos de su vida cotidiana. Casado con la influencer Verónica Díaz y padre de tres hijos, su figura se ha convertido en un referente para muchos lectores jóvenes que han descubierto la lectura a través de sus historias.

La carta de despedida que ha conmovido a sus seguidores

El canal elegido por Javier Castillo para despedirse públicamente de su madre ha sido, precisamente, sus redes sociales. Acompañada de una fotografía en blanco y negro donde madre e hijo posan cómplices y sonrientes, la carta es un desahogo sincero en el que se mezclan dolor, ternura y una sensación profunda de injusticia.

El texto arranca con la idea de que «aquí acaba todo», una frase con la que expresa esa percepción de que la vida ha cambiado de forma irreversible. Se reprocha no haber tenido tiempo para llevar a cabo todos esos planes que habían ido guardando «para más adelante», confiando en que la salud diera un respiro.

A lo largo de la carta, insiste varias veces en que no encuentra una explicación al hecho de perder a sus dos padres tan seguidos. Habla de golpes encadenados, de poco margen para asumir lo ocurrido y de la imposibilidad de comprender por qué han sucedido las cosas de este modo.

Sin embargo, entre líneas aparece también una clara voluntad de homenaje. Castillo evoca a su madre como esa mujer que, aun dudando de sí misma, jamás dejó de animarle. La llama «mi mayor fan», reconoce que estaba orgullosa de él y recuerda cómo ella fue quien le infundió el amor por los libros y por las historias cuando él era solo un niño.

El mensaje se cierra con una despedida tan dolorosa como luminosa: le desea que por fin pueda «respirar aire limpio» y escuchar solo su propia voz. Le pide que, allí donde esté, no deje de leerlo porque aún le quedan muchas historias por contar. Es una promesa de continuidad en medio del duelo, y también una forma de mantener vivo el vínculo entre ambos.

Oleada de apoyo desde el mundo cultural y las redes

La publicación de la carta ha generado una enorme respuesta de cariño. Escritores, artistas y rostros conocidos de distintos ámbitos han querido acompañar al autor con mensajes de ánimo y condolencias. Entre quienes han mostrado públicamente su apoyo se encuentran nombres como Pastora Soler, Pedro Alonso, Ana Peleteiro, Verdeliss, Lydia Bosch, Máximo Huerta, Elvira Sastre o Mercedes Ron, además de otras figuras muy presentes en televisión y redes.

Junto a ellos, miles de lectores anónimos han dejado comentarios en los que comparten su empatía, relatan experiencias similares o simplemente le expresan su afecto. Muchos subrayan que sus novelas les han acompañado en momentos difíciles y ahora sienten que es el turno de sostenerle a él.

En un breve posdata, Castillo agradece los incontables mensajes de cariño, aunque reconoce que no tiene fuerzas para responder uno por uno. Pide comprensión ante su silencio y se muestra abrumado por la cantidad de apoyo recibido en tan poco tiempo.

Este momento personal tan delicado se cruza con una etapa de gran visibilidad pública para el escritor, que en los últimos años se ha acostumbrado a convivir con la exposición mediática. Sin embargo, el tono de sus publicaciones deja claro que, pese a la fama, intenta gestionar el duelo de la forma más íntima posible, limitándose a compartir solo aquello que considera necesario.

Mientras tanto, en el entorno literario español se percibe una sensación de cercanía hacia su dolor: muchos colegas subrayan la humanidad de su gesto al mostrar su vulnerabilidad, algo que, a la vez, conecta con la carga emocional que suele impregnar sus novelas.

En este cruce de vida y literatura, el autor malagueño se encuentra ahora en una encrucijada vital marcada por la ausencia de sus padres, pero también por la huella imborrable que ellos han dejado en su carácter, en su forma de entender el trabajo y, sobre todo, en las historias que seguirá compartiendo con sus lectores.

La experiencia de Javier Castillo en estos últimos meses retrata el contraste entre el éxito profesional y la fragilidad que acompaña a cualquier pérdida familiar. Desde una infancia marcada por la enfermedad de su madre y el esfuerzo de una familia humilde, pasando por trabajos precarios y estudios compaginados con jornadas largas, hasta el salto definitivo a la literatura, su recorrido vital está atravesado por el apoyo constante de unos padres que creyeron en él incluso cuando él mismo dudaba. Ahora, en pleno duelo por su muerte con solo dos meses de diferencia, el escritor mira hacia adelante aferrado a las letras, a su familia y al afecto de miles de personas, decidido a seguir escribiendo en honor a quienes fueron el origen de todo.


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Los libros más esperados de febrero: grandes novedades que llegan a las librerías

Isaac

Novedades de libros más esperados de febrero

El calendario editorial de novedades de febrero llega especialmente cargado de títulos llamados a marcar el año. Durante unas pocas semanas se concentran lanzamientos muy sonados, regresos de autores consagrados y novelas que las editoriales han situado entre sus grandes apuestas de la temporada.

En las mesas de novedades convivirán thrillers muy mediáticos, novelas históricas, relatos íntimos y memorias de alto impacto, además de libros que ya han sido premiados o que cuentan con fuertes campañas de promoción y preventa. Un mes perfecto para quienes quieren adelantarse y elegir qué leer en los próximos meses.

Premios, regresos y grandes apuestas de la ficción en febrero

Entre los libros más esperados de febrero en España sobresale el nombre de David Uclés, que estrena nueva novela tras el éxito de La península de las casas vacías. La ciudad de las luces muertas, ganadora del Premio Nadal 2026 y publicada por Destino, se sitúa en una Barcelona sometida a un apagón total en el que pasado, presente y futuro se superponen. En esa oscuridad reaparecen edificios ya desaparecidos y cobran vida figuras como Picasso, Simone Weil, Cortázar o Carmen Laforet, que se cruzan en encuentros imposibles. Es una apuesta que combina fantasía urbana, memoria cultural y reflexión sobre la ciudad. Fecha prevista de salida: 4 de febrero.

Ese mismo día llegará también a las librerías Coloquio de invierno, de Luis Landero (Tusquets), uno de los lanzamientos más destacados de la narrativa española del mes. La novela sitúa a siete personajes atrapados en un hotel rural durante la borrasca Filomena, incomunicados por la nieve y sin cobertura. Para sobrellevar la espera, deciden contarse historias en largas sobremesas, un juego de relatos cruzados donde se mezclan confidencias, recuerdos, humor y pequeñas tragedias cotidianas. El libro explora así la fuerza del relato oral y la necesidad de escucharse en un mundo acelerado.

Otro de los títulos que figuran en todas las listas de imprescindibles es Mentira, de Juan Gómez-Jurado, anunciado como su primer thriller independiente tras el largo ciclo del universo de Reina Roja. La protagonista, Eva Ramos, es una mentirosa profesional acostumbrada a manipular la realidad por encargo. Todo se complica cuando una tormenta de nieve la deja aislada en una remota aldea asturiana, donde los vecinos esconden secretos tan peligrosos como los suyos. El autor juega con la figura del narrador poco fiable y con un ambiente cerrado de tensión creciente. Su lanzamiento está fijado para el 17 de febrero, con una fuerte campaña y grandes expectativas de ventas.

En el terreno de la novela romántica y contemporánea, febrero también viene bien surtido. Isabel Arias regresa el 4 de febrero con Amigos, nada más, la historia de Elena, una mujer cuya vida se desmorona tras un escándalo que la deja sin trabajo y sin autoestima, incluida la pérdida de su cabello. Después de reconstruirse junto a su familia, un viaje a Nueva York la lleva a conocer a Guillermo, con quien entabla una relación marcada por la pregunta incómoda que sobrevuela el libro: si es posible una amistad sincera entre un hombre y una mujer sin que haya atracción de por medio.

Desde Japón llega uno de los títulos que mejor aprovechan dos tendencias claras del mercado: la narrativa japonesa de corte intimista y las historias ambientadas en librerías. El 4 de febrero se publica La librería de los viernes, de Sawako Natori, situada en una pequeña tienda de libros junto a la estación de Nohara, a las afueras de Tokio. Dicen que quien entra en ese local encuentra exactamente el libro que necesita en el momento justo. Fumiya, un estudiante inseguro que busca un título para su padre enfermo, descubre allí un refugio y aprende, a través de la lectura, a confiar en sí mismo.

Novela negra, thriller y suspense: un febrero cargado de tensión

El mes también se perfila como especialmente intenso para los aficionados al thriller y la novela negra, con varios títulos que mezclan intriga, crimen y dilemas personales. Entre los más destacados figura Sin indicios criminales, de Rafa Melero Rojo, que sale a la venta el 4 de febrero. El libro sigue a Miguel Longán, exmosso d’esquadra a punto de jubilarse que decide reincorporarse al cuerpo consumido por la sed de venganza tras el suicidio de su hija. Está convencido de que, aunque no haya rastro de delito, sí hay responsables, y se propone encontrarlos cueste lo que cueste. En paralelo, se cruza la historia de Julián Juárez, un delincuente que, tras salir de prisión, se implica en el atraco a un furgón blindado que termina en tragedia y desencadena una guerra de poder con consecuencias imprevistas.

Otra de las novedades fuertes del género llega el 9 de febrero con La niña del tren, de Andrea Mara. En un andén abarrotado del metro de Londres, Sive ve cómo las puertas del vagón se cierran dejando dentro a sus dos hijas, de dos y seis años. Ella les indica que bajen en la siguiente estación, pero al llegar solo encuentra a la pequeña, junto a un desconocido que asegura haber ayudado. La desaparición de la niña mayor abre una investigación llena de mentiras, secretos y sospechas, obligando a la protagonista a cuestionarse tanto su entorno como la aparente seguridad de su vida familiar.

Dentro del suspense psicológico con tintes metaliterarios, una de las apuestas internacionales del mes es Hundida, de Colleen Hoover, disponible desde el 11 de febrero. La novela presenta a Petra Rose, escritora que decide apartarse de los focos después de la reacción feroz contra la adaptación cinematográfica de uno de sus libros. Agotados los ahorros y con un nuevo thriller apenas esbozado, se retira a una cabaña aislada junto a un lago para intentar salvar su carrera. La aparición de Nathaniel Saint, detective que despierta una creatividad que creía perdida, desencadena una historia en la que las fronteras entre ficción y realidad se vuelven cada vez más difusas.

Ese mismo día se publica también El sacrificio, de Henrik Fexeus, primera entrega de la serie Memento. El protagonista es David Lund, un programador solitario que no recuerda nada de sus primeros doce años de vida. Cuando una mujer le escribe asegurando que conoce la verdad sobre su infancia, él intenta contactar con ella… pero la misteriosa remitente desaparece sin dejar rastro, y él pasa a ser el principal sospechoso. El libro combina investigación criminal, juegos de percepción y el tema de la memoria fragmentada.

En el panorama nacional, Greta Alonso suma otro título a su trayectoria de éxito en el género con El asesino de invierno. La novela arranca con la aparición de un cadáver envuelto en un sudario macabro, acompañado únicamente de un nombre de mujer: Palmira. Martín Bernot, inspector que regresa a su ciudad tras un largo destierro, se pone al frente de una investigación que remueve viejos fantasmas familiares. En el centro del caso se sitúa también la figura de la doctora Cecilia Flores, cuya presencia despierta en el protagonista una atracción tan incómoda como inevitable.

Memorias, testimonios y no ficción que darán que hablar

Más allá de la ficción, febrero viene cargado de no ficción y memorias personales que han generado expectación por la relevancia de sus protagonistas o la dureza de los temas que abordan. Uno de los títulos más comentados es, sin duda, Todo lo vivido, de Iñaki Urdangarin, con llegada a librerías el 12 de febrero. En estas páginas, el exdeportista y exduque consorte rompe el silencio de los últimos años para relatar su versión de la historia: de la cima deportiva y social a la condena judicial, la cárcel y la reconstrucción personal. El propio autor subraya que durante mucho tiempo otros hablaron por él, y que ahora quiere contar su trayectoria con su propia voz.

Muy cerca en el calendario se sitúa otra de las grandes publicaciones internacionales del mes, editada en castellano: las memorias de Gisèle Pelicot, conocidas como Un himno a la vida. El libro reconstruye el caso que conmocionó a Francia cuando se supo que su marido había pasado años drogándola y permitiendo que desconocidos la violaran en su propia casa. El proceso judicial, en el que más de cincuenta hombres se sentaron en el banquillo, convirtió su testimonio en símbolo de resistencia frente a la violencia sexual y la sumisión química. Pelicot decidió renunciar al anonimato, pronunció la frase «la vergüenza debe cambiar de bando» y se convirtió en referencia internacional. Sus memorias, escritas con la colaboración de la periodista Judith Perrignon, se publican de forma simultánea en una veintena de países y se esperan también en el mercado hispanohablante a lo largo de febrero.

En el terreno del testimonio íntimo con trasfondo histórico, destacan además varias propuestas que miran al pasado reciente europeo desde perspectivas muy distintas. Mi historia, de Gisèle Pelicot, se presenta como un volumen de memorias en el que la autora repasa desde aquella mañana en la que fue llamada a comisaría hasta su infancia difícil, sus primeros amores, la maternidad y el reconstruir su vida tras el descubrimiento del horror. El libro subraya el papel de la escritura y de la palabra pública como herramienta para recuperar la dignidad y rehacerse tras una violencia extrema.

Dentro del ensayo histórico y político, el mes de febrero trae también títulos centrados en la Guerra Civil española y la Europa del siglo XX. Entre ellos se encuentra Cómo terminó la guerra civil española, de Gutmaro Gómez Bravo (Crítica), que analiza la operación de inteligencia organizada por el Cuartel General del Generalísimo entre la ocupación de Barcelona y la rendición de Madrid. El autor se detiene especialmente en el papel del Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) y en cómo sus maniobras de propaganda, diplomacia y descomposición interna contribuyeron al nacimiento del régimen franquista.

En una línea más teórica, pero igualmente ligada a la actualidad europea, el catedrático Víctor Ferreres publica Elogio del derecho (Arpa). Se trata de un extenso volumen, de corte divulgativo, que reivindica el papel del Derecho contemporáneo en tiempos de desconfianza hacia la Justicia. A través de una conversación entre un profesor y dos estudiantes, el libro ofrece una visión panorámica de una disciplina cada vez más especializada, con referencias constantes a la literatura, el cine, la música, la filosofía y la historia. El objetivo es acercar los debates jurídicos al lector general y discutir qué significa hoy el Estado de derecho.

Novela literaria, memoria y relatos que amplían el mapa de lecturas

Junto a los grandes nombres mediáticos, febrero trae una amplia oferta de ficción literaria y relatos que apuntan a lectores que buscan propuestas más arriesgadas o de corte autoral. Entre ellas figura En todo hay una grieta y por ella entra la luz, de Patricio Pron (Anagrama), un libro híbrido que se mueve entre el ensayo, la autobiografía, la biografía imaginada y el tratado filosófico. Todo parte del encargo que recibe un escritor en Nueva York de escribir la vida del poeta y cineasta Benjamin Fondane. Un acontecimiento devastador frustra ese proyecto y sirve al autor para desplegar una reflexión sobre la finitud, el duelo ecológico, la violencia visible e invisible y el potencial del arte como forma de resistencia. Su llegada a las librerías españolas está prevista para el 4 de febrero.

En el panorama nacional más joven, una de las voces a seguir es la de Israel Merino, que publica Epifanía (Temas de Hoy). La novela se adentra en la vida de una comunidad rural sacudida por el atropello mortal de dos adolescentes del pueblo. A partir de ese accidente, el libro examina cómo la culpa, la jerarquía local y los silencios colectivos sostienen el tejido social. La obra ha llegado precedida de elogios de otros escritores, que la presentan como una sacudida a la narrativa española reciente.

En el ámbito del relato breve y el ensayo narrativo, febrero también trae propuestas como Cortarse el cabello, de Rosario Villajos (Seix Barral), una colección que gira en torno a la pérdida, el duelo y los procesos de aceptación personal. Con un estilo íntimo y simbólico, la autora mezcla lo cotidiano con lo fantástico para explorar cómo ciertos cambios aparentemente menores pueden alterar nuestra identidad.

Para quienes prefieren ficciones con un fuerte componente fantástico o gótico, destacan Altasangre, de Claudia Amador (Alianza), que traslada la figura del vampiro a la selva y los carnavales de Barranquilla, y Punto de araña, de Nerea Pallares (Libros del Asteroide), ambientada en la Costa da Morte. Esta última, ganadora del Premio García Barros en su versión original en gallego, mezcla mitología y realismo social al seguir a un grupo de mujeres de Camariñas —mariscadoras, rederas, trabajadoras de conservera— que deciden rebelarse contra el machismo y convocan a tres deidades ancestrales.

Entre las voces internacionales, febrero marca también el esperado regreso de Kiran Desai con La soledad de Sonia y Sunny (Salamandra), una novela extensa que llega tras décadas de silencio desde el éxito de El legado de la pérdida. La historia sigue a dos jóvenes en crisis y revisa los conflictos de clase, raza y pertenencia en la India contemporánea, así como los lazos entre generaciones. El libro, finalista del Booker 2025, llega al mercado español con gran atención crítica.

Historia, política y ensayo: miradas al pasado y al presente europeo

Además de los títulos estrictamente narrativos, las novedades de febrero incluyen una buena cantidad de ensayos históricos y políticos con foco en Europa, su pasado y sus retos actuales. En el campo de la historia cultural, París en ruinas, de Sebastian Smee (Taurus), propone una lectura del nacimiento del impresionismo como respuesta artística a los traumas vividos por la capital francesa entre 1870 y 1871: el asedio del ejército alemán, el hambre, la Comuna y el incendio del centro de la ciudad. El autor muestra cómo esa sensación de fragilidad y devastación se transformó en una nueva manera de mirar la luz y el paisaje.

En el análisis de la xenofobia y los miedos contemporáneos, destaca Del miedo y los extranjeros. Una historia de la xenofobia, de George Makari (Sexto Piso), que recorre 150 años de historia intelectual para explicar cómo surgió y se consolidó el concepto de xenofobia en paralelo al nacionalismo occidental, el colonialismo y las migraciones masivas. El libro combina historia, filosofía y psicología, y repasa ideas como la personalidad autoritaria, el estereotipo o la figura del “otro”.

En clave más política y centrada en la realidad española reciente, la politóloga Cristina Monge publica Contra el descontento (Paidós), obra ganadora del Premio Paidós de Ensayo. Se trata de una reflexión sobre la crisis de imaginación política y el auge de los populismos autoritarios, con especial atención al papel de la sociedad civil y a la necesidad de “arremangarse” para defender una democracia más sólida. El libro insiste en que la salida al malestar social no pasa por la antipolítica, sino por una buena política construida colectivamente.

A todo ello se suma un conjunto de volúmenes que, sin ser necesariamente los más mediáticos, completan un mapa muy variado de lecturas: desde Los vigías, de Taina Tervonen, sobre quienes ayudan en la sombra a los migrantes que cruzan hacia Europa, hasta Los nuevos Bartleby, de Daniel Gascón, que reflexiona sobre la frase «preferiría no hacerlo» para analizar fenómenos actuales como el teletrabajo, el burnout o la Gran Renuncia.

Con este panorama, febrero se consolida como uno de los meses más fuertes del año en términos de novedades: hay grandes nombres de la narrativa española e internacional, premios importantes, memorias de alto impacto y ensayos que dialogan directamente con los desafíos de España y Europa. Quien se acerque a las librerías estos días encontrará desde thrillers de ritmo frenético hasta relatos íntimos y análisis históricos de largo aliento, con opciones suficientes como para salir con más de un libro bajo el brazo.


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Nuevo anime de Ghost in the Shell: el remake que mira al manga

Isaac

Remake anime Ghost in the Shell

Tras años en los que muchos pensaban que Ghost in the Shell era una obra demasiado mítica como para volver a tocarla, la franquicia se prepara para regresar con fuerza en formato televisivo. Los últimos remakes de clásicos del anime han abierto la puerta a revisitar títulos considerados intocables, y ahora le llega el turno a uno de los pilares del ciberpunk japonés.

En 2026 veremos una nueva serie animada que no pretende calcar la legendaria película de 1995, sino que apunta directamente al manga original de Masamune Shirow. La idea es ofrecer una interpretación distinta del mismo universo, más alineada con lo que el autor plasmó en viñetas hace más de tres décadas, pero con una sensibilidad visual muy actual.

De obra de culto a nuevo punto de partida

Para entender el peso de este movimiento, hay que recordar que Ghost in the Shell nació en las páginas de la revista Young Magazine de Kodansha entre 1989 y 1990. Shirow llevó el ciberpunk a otro nivel, mezclando espionaje, filosofía, política y tecnología en una historia protagonizada por la Sección de Seguridad Pública 9.

La adaptación cinematográfica dirigida por Mamoru Oshii en 1995 convirtió la licencia en mito. Aquella película redefinió la ciencia ficción animada, influyó en producciones occidentales como The Matrix y consolidó a Motoko Kusanagi como uno de los personajes más reconocibles del anime. Desde entonces, la franquicia ha sumado series como Stand Alone Complex, proyectos como Arise, la reciente SAC_2045 y una película de imagen real producida en Hollywood.

Pese a esa larga trayectoria, muchos seguidores consideraban que aún faltaba una adaptación televisiva que respetara de forma casi directa el tono y el humor del manga. Es justo ese hueco el que pretende cubrir el nuevo proyecto, que se presenta como una especie de regreso a las raíces más puras de la obra de Shirow.

En España y el resto de Europa, el impacto del material original ha sido considerable: los mangas de Ghost in the Shell están publicados por Planeta Cómic y buena parte de las series y películas han llegado en edición doméstica y streaming gracias a editoras como Selecta Visión y plataformas como Netflix, lo que ha permitido que varias generaciones de espectadores se acerquen a su universo.

Science SARU y Production I.G al mando del remake

Nueva serie Ghost in the Shell 2026

La nueva serie, anunciada bajo el título provisional The Ghost in the Shell, está producida por una combinación que da bastante que hablar: Science SARU y Production I.G. Este último estudio ha sido clave en la historia de la franquicia, mientras que Science SARU llega de encadenar trabajos muy personales como Dandadan, Heike Monogatari o Scott Pilgrim da el salto.

El teaser difundido en redes sociales apenas dura unos 30-35 segundos, pero ha bastado para encender las expectativas. En ese breve avance se intercalan los nombres del equipo creativo con fragmentos de acción donde se ve a la Sección 9 al completo, planos de la ciudad futurista bajo la lluvia y la presencia inconfundible de los tachikoma, aquí con carcasas rojas y mucho más protagonismo visual.

A nivel de calendario, la producción ya tiene marcada una ventana concreta: estreno en julio de 2026, dentro de la temporada de anime de verano. Aunque todavía no se ha detallado el número de episodios ni la fecha exacta de emisión, el acabado del tráiler y el tratamiento comunicativo dejan claro que se trata de un proyecto de prestigio dentro de la industria japonesa.

En comparación con otros lanzamientos previstos para ese mismo año, como nuevos contenidos de sagas tan populares como Bleach o Dragon Ball, esta reinterpretación de Ghost in the Shell se perfila como uno de los títulos más observados por el público europeo, tanto por su herencia como por la promesa de ofrecer una visión fresca del ciberpunk clásico.

Una estética más cercana al manga y menos al cine del 95

Uno de los aspectos que más comentarios está generando es el cambio de paleta y atmósfera visual. En lugar de apostar por los tonos apagados, grises y verdosos que solemos asociar a la película de Oshii y a varias iteraciones posteriores, esta versión opta por un mundo mucho más colorido, con contrastes fuertes y una iluminación que recuerda a las viñetas ochenteras de Shirow.

En el avance se aprecia una New Port City vibrante, con neones, lluvia y carteles digitales, pero lejos de la estética deprimente más propia del cine noir. Los tachikoma, en lugar de pasar desapercibidos en el entorno, destacan por su color rojo intenso y por una animación muy fluida que enfatiza sus movimientos casi juguetones.

Motoko Kusanagi aparece con el peinado azul y el diseño corporal asociado al manga, incluyendo una prótesis de cuerpo completo estilizada, muy distinta de algunas aproximaciones más realistas o sobrias vistas en versiones anteriores. El diseño de personajes en general se percibe más dinámico, con líneas marcadas y una expresividad facial pensada para alternar acción con momentos de humor.

Este tono algo más ligero conecta de forma directa con el equilibrio entre acción, reflexión existencial y toques de comedia que ya estaba presente en las páginas originales, pero que se había diluido en las adaptaciones más solemnes. La intención declarada del proyecto no es competir con la película del 95 ni rehacer Stand Alone Complex, sino ofrecer una “traducción” más directa del manga al formato televisivo.

Para quienes se acercan por primera vez a la franquicia, esta elección estética puede funcionar como puerta de entrada menos intimidante, mientras que los seguidores veteranos encontrarán guiños muy literales a escenas y viñetas que se han convertido en referencia dentro del género.

Un equipo creativo con experiencia en riesgo y experimentación

La dirección recae en Moko-chan, que da el salto a la silla principal tras acumular experiencia como guionista y animador en títulos como Tatami Time Machine Blues, Heike Monogatari o DAN DA DAN. Su trayectoria en proyectos con sello autoral refuerza la idea de que estamos ante una reinterpretación con personalidad propia, más que una producción estándar orientada solo al fanservice.

El encargado del guion y de la composición de la serie es Toh EnJoe, escritor y guionista que ya ha participado en animes como Space Dandy y Godzilla Singular Point. Su presencia apunta a un enfoque con peso filosófico y científico, algo esencial si se quiere respetar la complejidad de los temas que aborda Ghost in the Shell: identidad, conciencia, ciberseguridad, política y el límite entre lo humano y lo artificial.

En el apartado visual, el diseño de personajes y la dirección de animación principal están a cargo de Shūhei Handa, que ha trabajado en producciones como Little Witch Academia, Scott Pilgrim da el salto, Kill la Kill, Darling in the FranXX o SSSS.Gridman. Su estilo se reconoce en el trazo enérgico y la gestualidad exagerada, que encajan bien con la intención de reflejar el dinamismo y el humor particulares del manga.

Science SARU, por su parte, viene de demostrar que puede combinar animación muy estilizada con narrativas complejas, algo que ya se vio tanto en producciones originales como en colaboraciones con grandes franquicias. Su fama de estudio dispuesto a arriesgar con el lenguaje visual y a experimentar con el ritmo encaja con una obra tan dada a la reflexión como Ghost in the Shell.

La participación de Production I.G, histórico socio de la franquicia, sirve de puente con todo el legado anterior y aporta la experiencia acumulada en décadas de animación de alto nivel, lo que ayuda a mantener cierto continuo de calidad técnica que muchos espectadores en Europa asocian ya al nombre de la marca.

La adaptación más fiel al manga hasta la fecha

Desde que Bandai Namco anunció hace unos años este proyecto, insistió en que se trataría de una adaptación directa del manga de Shirow. En aquel momento ya se mostraron algunas escenas que reproducían viñetas casi plano a plano, y esa línea se mantiene en el material más reciente que se ha dejado ver en redes y eventos.

Fuentes cercanas al desarrollo y filtraciones previas describen una serie que apuesta por recrear diseños y situaciones emblemáticas del tomo original, con apariciones destacadas de personajes como Batou, Ishikawa o Daisuke Aramaki. Los fans que han podido analizar el teaser con calma señalan que incluso ciertos encuadres y movimientos de cámara parecen pensados como homenajes directos a las páginas de Young Magazine.

Otro detalle que ha llamado la atención es que la animación se realiza íntegramente a mano, al menos en lo que se ha podido comprobar en el avance. Aunque es probable que haya apoyo digital en fondos y efectos, el acabado general busca esa textura orgánica que muchos asocian al anime de los 90, pero actualizada con la fluidez y la limpieza que permiten las técnicas modernas.

El tono general de la historia se anuncia como más ligero y con más humor que la película de 1995, pero sin renunciar a los temas duros que han convertido a Ghost in the Shell en un clásico de la ciencia ficción. Es decir, se recupera el contraste entre la eficiencia mecánica de los cuerpos artificiales y las dudas íntimas de personajes como Motoko, que siguen preguntándose qué significa ser alguien cuando casi todo en ti es reemplazable.

Para el público europeo, acostumbrado a versiones de la franquicia mucho más sombrías, este equilibrio entre acción ciberpunk, introspección y chispazos cómicos puede dar lugar a un producto más accesible, pero igualmente exigente en el plano temático.

Motoko, la Sección 9 y el eterno debate sobre la identidad

En el centro de todo sigue estando Motoko Kusanagi, agente cibernética de élite con un cuerpo completamente artificial y una mente que no deja de cuestionarse dónde acaba el ser humano y dónde empieza la máquina. El conflicto entre su eficacia operativa y sus inquietudes existenciales fue ya uno de los pilares del manga y de la película, y esta nueva serie parece decidida a recuperarlo con fuerza.

El teaser deja ver a la Sección 9 en formación clásica, con Batou, Togusa y el resto del equipo moviéndose por una ciudad plagada de redes, implantes y sistemas autónomos. Los tachikoma, vehículos blindados dotados de inteligencia propia, vuelven a ser un elemento clave tanto para la acción como para el tono, ya que suelen aportar una mezcla de ingenuidad y eficacia que rompe la seriedad del conjunto.

La serie afronta de nuevo las preguntas que han marcado a Ghost in the Shell desde sus inicios: ¿qué queda del “yo” cuando casi todo se puede copiar, modificar o piratear? ¿Hasta qué punto una conciencia digital sigue siendo humana? ¿Qué pasa cuando las instituciones que controlan esa tecnología dejan de ser fiables? Estos temas, lejos de haber perdido vigencia, conectan cada vez más con los debates actuales sobre inteligencia artificial, vigilancia masiva y privacidad.

En mercados como el español, donde el interés por la cultura digital y la ética tecnológica ha crecido notablemente, no es difícil imaginar que este enfoque pueda generar conversación más allá del fandom del anime, llegando a un público que sigue de cerca los dilemas asociados a la IA y al uso de datos personales.

La propia combinación de un estilo visual llamativo con un trasfondo filosófico sólido puede ayudar a que la serie tenga presencia tanto en plataformas de streaming como en debates culturales, festivales y ciclos de cine y animación que suelen programar retrospectivas sobre ciencia ficción y ciberpunk.

Recepción inicial y expectativas en Europa

Las primeras reacciones al teaser en redes como X y Reddit han sido mayoritariamente positivas. Muchos comentarios destacan que esta es, por fin, la Motoko que esperaban ver adaptada directamente desde el manga, subrayando tanto su diseño como la atmósfera general de la ciudad y la Sección 9.

Entre los seguidores más veteranos se percibe una mezcla de cautela y entusiasmo: por un lado, hay prudencia, porque la franquicia ha pasado ya por varias reinterpretaciones con resultados desiguales; por otro, se aprecia una confianza moderada en la capacidad de Science SARU para manejar un material tan delicado sin limitarse a repetir fórmulas pasadas.

En Europa y España, donde los clásicos del anime han ido ganando presencia en catálogos legales y eventos especializados, no sería extraño que la serie compitiera en visibilidad con otros estrenos de peso. El hecho de que el material original esté fácilmente disponible en castellano gracias a Planeta Cómic y que anteriores adaptaciones puedan encontrarse en servicios de vídeo bajo demanda facilita que nuevos espectadores se pongan al día antes del estreno.

Además, la coincidencia temporal con el regreso de otras franquicias de larga trayectoria puede generar un efecto escaparate: el público que se acerque a la animación japonesa atraído por nombres muy populares podría acabar descubriendo o redescubriendo Ghost in the Shell a través de este remake con estética renovada.

Si la serie logra mantener el nivel de producción que sugiere el tráiler y ofrecer una narrativa que combine fidelidad al manga con ritmo acorde al gusto actual, la vuelta de Motoko Kusanagi y la Sección 9 tiene muchas papeletas para convertirse en uno de los hitos del anime televisivo de los próximos años, tanto dentro como fuera de Japón.


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Morfeo Teatro inaugura el abono de invierno del Teatro Bergidum con Quevedo

Isaac

Morfeo Teatro abre el abono de invierno del Teatro Bergidum

El Teatro Bergidum de Ponferrada estrena su abono de invierno con una cita muy marcada por el teatro clásico: la llegada de la compañía Morfeo Teatro con la comedia burlesca Polvo serán, más polvo enamorado, una propuesta que gira en torno a la obra de Francisco de Quevedo. La función tendrá lugar el viernes 30 de enero, a partir de las 20:30 horas, dentro del circuito de la Red de Teatros de Castilla y León.

El espectáculo se presenta como una mirada irreverente, satírica y muy carnal al universo quevedesco, apoyada en un sólido trabajo de investigación y adaptación de textos del Siglo de Oro. Con un formato de comedia burlesca, el montaje busca conectar con el público actual a través del humor, el juego escénico y una reflexión constante sobre la fragilidad de la vida y las convenciones sociales.

Una comedia burlesca para abrir el abono de invierno

Comedia burlesca en el abono de invierno del Teatro Bergidum

El arranque del programa de abono de invierno del Bergidum se confía a Polvo serán, más polvo enamorado, un título que ya adelanta el tono entre lo fúnebre y lo amoroso propio de Quevedo. La obra, firmada y puesta en escena por Morfeo Teatro, se presenta como una comedia burlesca de trazo clásico, pero pensada para el espectador contemporáneo, que podrá reencontrarse con un Quevedo menos académico y más mordaz.

La función, programada para las 20:30 horas, forma parte de la oferta estable de artes escénicas que el teatro ponferradino desarrolla a lo largo del año. Este inicio de abono apuesta claramente por el teatro de repertorio, situando a un clásico del Siglo de Oro en el centro de la temporada invernal, con una propuesta que combina rigor filológico y chispa escénica.

Las entradas tienen un precio único de 10 euros y se pueden adquirir a través de los canales habituales del Teatro Bergidum, tanto en taquilla como mediante venta anticipada. Con este importe, el ayuntamiento y la dirección del teatro buscan mantener una programación accesible que anime a vecinos y visitantes a acercarse a las artes escénicas en pleno invierno.

La inclusión del montaje en la Red de Teatros de Castilla y León refuerza además la intención de acercar propuestas de calidad a diferentes localidades de la comunidad, promoviendo la circulación de compañías especializadas en teatro clásico y de investigación escénica.

Un viaje por el Quevedo más satírico, carnal y mordaz

La pieza que trae Morfeo Teatro al Bergidum se construye a partir de una selección minuciosa de textos de Francisco de Quevedo, entre los que se encuentran entremeses, letrillas, bailes y sonetos. El objetivo es ofrecer un mosaico que refleje la vertiente más vehemente, burlesca y descarnada del autor, alejándose de la imagen exclusivamente solemne que suele asociarse a su figura.

La dramaturgia articula esa selección en torno a una anécdota inicial de tintes macabros y festivos: el entierro de un cómico, acompañado por sus compañeros de farándula, al que se suma la inesperada aparición de la Muerte para reclamar al difunto. A partir de ese momento se despliega una cadena de escenas y entremeses quevedescos que van dando forma a un mundo al revés, propio de las comedias burlescas del Siglo de Oro.

Buena parte de los textos que se escuchan en escena proceden de piezas teatrales de Quevedo que llevaban siglos sin representarse. Según explica la compañía, muchas de estas obras no habían vuelto a los escenarios desde el siglo XVII, lo que convierte el montaje en una suerte de primicia escénica para el público actual, que puede asomarse a un repertorio prácticamente olvidado.

El tono general del espectáculo apuesta por un humor grotesco, carnavalesco y a veces despiadado, en el que se ridiculizan vicios, hipocresías y desigualdades. Esa mezcla de risa y desgarro permite recuperar la mirada sardónica de Quevedo, que se sirve de la exageración y la caricatura para poner frente al espejo a la sociedad de su tiempo, con resonancias muy reconocibles en la Europa contemporánea.

Recuperación de manuscritos y trabajo de investigación

Uno de los rasgos más destacados del proyecto es el trabajo de investigación y adaptación realizado por Morfeo Teatro. La compañía ha recurrido a manuscritos y ediciones originales de época para reconstruir los textos que se integran en el montaje, transcribiendo materiales antiguos y ajustándolos a una puesta en escena actual sin traicionar su esencia.

Este proceso ha supuesto un esfuerzo filológico y teatral considerable, ya que muchas de las piezas no contaban con versiones modernas fácilmente accesibles. La labor de adaptación ha tenido que equilibrar fidelidad al lenguaje original y legibilidad para el público de hoy, manteniendo el sabor del castellano clásico pero facilitando su comprensión en un contexto escénico.

El resultado es una comedia burlesca que recrea el espíritu carnavalesco del Siglo de Oro, con personajes exagerados, situaciones disparatadas y un constante juego con la muerte, el deseo, la pobreza o la honra. Todo ello se combina con una puesta en escena que, sin renunciar al aire de época, busca una comunicación directa con la platea, apoyándose en el ritmo, la proximidad y el tono festivo.

La recuperación de estos textos se enmarca también en una tendencia más amplia dentro de la escena española y europea: la de releer los clásicos desde claves contemporáneas, aprovechando su potencial crítico y su capacidad para iluminar debates actuales sobre poder, desigualdad, género o moral social. En este caso, la mirada de Quevedo sirve como herramienta para cuestionar, con ironía, la condición humana.

Qué eran las comedias burlescas del Siglo de Oro

El espectáculo de Morfeo Teatro se inscribe en la tradición de las comedias burlescas del Siglo de Oro, un tipo de pieza muy popular en su época que hoy resulta menos conocida para el gran público. Se trataba de obras concebidas como fiesta desatada y juego paródico, que a menudo se representaban en Carnaval o en el marco de celebraciones cortesanas.

En estas comedias, el escenario se convertía en un mundo al revés: personajes serios eran ridiculizados, los supuestos respetables quedaban en entredicho y lo vulgar irrumpía en el centro de la acción. Todo se veía grotescamente degradado y caricaturizado, desde los códigos del amor hasta las jerarquías sociales, en una especie de liberación colectiva a través de la risa.

Ese espíritu es precisamente el que recupera el montaje que se verá en el Bergidum, donde lo fúnebre convive con lo festivo, lo amoroso con lo obsceno y la crítica social con el chiste directo. La Muerte, convertida en personaje, se pasea por escena como recordatorio constante de la precariedad de la existencia, mientras los cómicos tratan de sacar punta a cada situación.

La crítica especializada ha señalado que esta propuesta de Morfeo Teatro funciona como una “lección completa del mejor teatro clásico”, al combinar el respeto por las fuentes con una mirada innovadora en la puesta en escena. Algunas reseñas hablan de una «miscelánea de factura cuidada» y de una «experiencia de teatro clásico particularmente sugerente», subrayando la manera en que el montaje consigue activar el texto ante un público actual.

Morfeo Teatro y el reparto del montaje

Bajo la dirección de Francisco Negro, Polvo serán, más polvo enamorado cuenta con un reparto integrado por Francesc Albiol, Mayte Bona, Santiago Nogués y Felipe Santiago, además del propio Negro en escena en algunas funciones según el diseño original. El elenco se enfrenta a un texto exigente, tanto por el lenguaje como por el ritmo y los continuos cambios de registro que exige la comedia burlesca.

La compañía Morfeo Teatro, con sede en Burgos, se ha consolidado en los últimos años como una de las formaciones más constantes en la adaptación de textos clásicos y contemporáneos desde una perspectiva abiertamente humanista. Sus montajes suelen incorporar una clara vocación de crítica social, trabajando a partir de grandes autores pero buscando siempre conexiones con problemáticas presentes.

En esta ocasión, el equipo artístico ha optado por una escenografía sobria y funcional, que permita el juego físico de los intérpretes y el rápido encadenado de escenas. El vestuario y la iluminación se apoyan en referencias de época, pero sin caer en el preciosismo, con el objetivo de que la palabra y la acción tengan el protagonismo principal.

El trabajo actoral se apoya especialmente en la precisión verbal, el tempo cómico y la complicidad con el público, elementos clave para sostener una propuesta que combina sátira, desenfado y momentos de notable intensidad poética. Todo ello pone en valor la tradición del teatro de actor, muy presente en la escena española y europea, donde el intérprete es el principal mediador entre el texto clásico y el espectador contemporáneo.

Con esta apertura de abono, el Teatro Bergidum refuerza su apuesta por un programa que alterna títulos de repertorio, creaciones actuales y proyectos de investigación escénica, consolidando a Ponferrada como una de las plazas activas en el mapa teatral de Castilla y León. La visita de Morfeo Teatro se suma así a una línea de programación que busca combinar entretenimiento, reflexión y cuidado por la tradición escénica.

Con la llegada de Polvo serán, más polvo enamorado, el escenario ponferradino se convierte durante una noche en un corral de comedias contemporáneo, donde Quevedo regresa en clave festiva gracias al trabajo de Morfeo Teatro. El público que acuda al Bergidum se encontrará con un montaje que mezcla humor desatado, investigación histórica y mirada crítica, y que sirve como pistoletazo de salida a un abono de invierno centrado en el valor del teatro como lugar de encuentro y memoria compartida.


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Aridane Criminal conquista Los Llanos de Aridane como cita clave de la novela negra y policiaca

Isaac

Encuentro literario de novela negra

Los Llanos de Aridane se convierten estos días en el epicentro de la novela negra y policiaca en España gracias a la sexta edición de Aridane Criminal, un encuentro literario que ha ido creciendo hasta consolidarse como una de las citas imprescindibles para lectores, escritores y amantes del crimen ficticio y del true crime. Durante cuatro jornadas, el municipio palmero reúne a una cuidada selección de autores que llenan la Casa de la Cultura y la Plaza de España con conversaciones, presentaciones y actividades abiertas al público.

En esta nueva entrega, el festival refuerza su papel como plataforma de estrenos editoriales, reflexión sobre la sociedad contemporánea y punto de encuentro entre creadores y lectores. El programa combina el lanzamiento en primicia de novelas muy esperadas, mesas redondas sobre técnicas de investigación real, sesiones dedicadas al true crime, cine clásico de género y propuestas específicas para el público escolar, con el objetivo de seguir acercando la lectura a todas las edades.

Un festival de referencia para la novela negra y policiaca

Aridane Criminal se presenta como un festival especializado en novela negra y policiaca que se celebra entre el 28 y el 31 de enero en Los Llanos de Aridane, similar al Pamplona Negra. A lo largo de esas fechas, más de 17 escritores y escritoras participan en charlas, mesas redondas, secciones temáticas y presentaciones de libros que giran en torno al crimen, la investigación y la mirada crítica a la realidad que caracteriza al género.

El encuentro tiene lugar principalmente en el Salón de Actos de la Casa de la Cultura y en la Plaza de España del municipio, espacios que se transforman en un foro permanente de debate sobre la literatura criminal. Además, buena parte de las actividades se pueden seguir en directo a través del canal de YouTube de Aridane Criminal, lo que amplía el alcance del festival más allá de la isla de La Palma.

La concejal de Cultura del Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, Marlene González, subraya el prestigio que el festival ha ido obteniendo edición tras edición, hasta situarse como una referencia internacional dentro del género. Para la responsable municipal, el encuentro ofrece un lugar idóneo donde lectores y autores pueden conversar sin prisas, compartir experiencias y estrechar la relación entre obra y público en un ambiente cercano.

El festival no solo apuesta por los grandes nombres, sino que también abre espacio a voces emergentes y a proyectos que exploran los límites del género, como el Cordoblack. La combinación de autores consolidados, nuevas firmas y especialistas en temas como la criminología o la investigación policial da como resultado un programa variado que permite abordar la novela negra desde múltiples ángulos.

Otra de las constantes del encuentro es su voluntad de mostrar cómo la novela negra funciona como espejo del momento histórico y social. A través de tramas de asesinatos, desapariciones o conspiraciones, los autores invitados dialogan sobre violencia, corrupción, desigualdad, memoria histórica, racismo, machismo o abuso de poder, elementos que laten bajo la superficie de muchas de las historias que se presentan estos días en Aridane Criminal.

Estreno nacional: «El último caso de Unamuno»

Uno de los grandes hitos de esta sexta edición es el estreno en primicia de la nueva novela de Luis García Jambrina, titulada «El último caso de Unamuno». El lanzamiento nacional de esta obra de corte detectivesco, publicada por Alfaguara, se celebra en la Casa de la Cultura de Los Llanos de Aridane, reforzando el carácter estratégico del festival dentro del calendario literario español.

La elección de La Palma como escenario de este estreno supone, en palabras de la concejal de Cultura Marlene González Almeida, un reconocimiento a la capacidad del encuentro para acoger primicias de relevancia en el género. La presencia de Jambrina se complementa con una actividad adicional: un coloquio junto al escritor Pedro Herrasti, en el que ambos dialogan bajo el sugerente título «Los detectives del 98».

En ese diálogo, se explora la recreación literaria de figuras como Miguel de Unamuno y Pío Baroja convertidos en protagonistas de tramas detectivescas, una propuesta que mezcla historia, literatura y ficción criminal. El encuentro permite reflexionar sobre cómo la novela negra puede servir también para revisitar a los grandes nombres de la Generación del 98 y contextualizarlos en un escenario narrativo de misterio e investigación.

El festival completa este bloque con una sesión especial de cine negro clásico: la proyección de «Los sobornados» (Fritz Lang, 1953), presentada por el cineasta Elio Quiroga. Esta actividad conecta literatura y cine, recordando la influencia mutua entre ambos lenguajes a la hora de construir atmósferas de tensión, personajes ambiguos y relatos centrados en la corrupción y el crimen.

Con este tipo de propuestas, Aridane Criminal refuerza su vocación de ir más allá de la simple presentación de libros, construyendo un ecosistema cultural en el que cine, ensayo, ficción histórica y novela negra dialogan entre sí para ofrecer una experiencia más amplia al público asistente.

La mirada internacional: Cuba, África y voces de fuera de Canarias

El carácter internacional del festival se hace visible en la presencia de autores procedentes de Cuba y del continente africano, que aportan miradas propias sobre el género negro. En la sección «Con el Agua al Cuello (Cuba, fundido a negro)», participan escritoras como Belkys Rodríguez Blanco, acompañada por Vladimir Hernández, para mostrar una versión caribeña de la novela criminal.

Belkys Rodríguez presenta «La hija de Yemayá», una obra que, más allá de centrarse en un asesinato concreto, se detiene en el «asesinato» metafórico de una forma de vida. La novela reconstruye, desde dentro, la atmósfera de una ciudad en los momentos previos a la Navidad de 1958, justo antes de que el rumbo político y social de Cuba se transformara de manera decisiva, jugando con la nostalgia y con los recuerdos idealizados de aquella etapa.

La autora sostiene que la novela negra puede llegar a ser más explícita y directa que muchas noticias a la hora de retratar una realidad incómoda. Desde su perspectiva, determinadas informaciones periodísticas llegan filtradas por intereses políticos o por sesgos que matizan el relato de los hechos, mientras que la ficción criminal se permite revelar aquello que se prefiere mantener fuera del foco o, al menos, plantearlo sin tantos tapujos.

En el bloque internacional se suma también la participación del escritor togolés Sami Tchak, cuya presencia facilita que el festival abra una ventana al panorama africano de la literatura negra. Sus aportaciones ayudan a comprender cómo el género se adapta a contextos marcados por problemáticas propias, en los que la violencia estructural, el pasado colonial o las tensiones sociales dejan una huella profunda en las tramas y personajes.

Este diálogo entre autores canarios, peninsulares e internacionales refuerza la idea de que la novela negra funciona como un lenguaje global para analizar la realidad. Los crímenes, las investigaciones policiales y los conflictos morales pueden compartir estructura, pero cada territorio introduce matices distintos, ligados a su historia, su sistema político y su tejido social.

True crime: cuando el crimen real entra en escena

Uno de los ejes más llamativos del programa es la sección específica dedicada al true crime, en la que se analizan crímenes reales desde la investigación literaria y periodística, donde también se discuten mejores libros sobre asesinos en serie. En este apartado participan, entre otros, Beatriz García Guirado y Sergi Moyano, que comparten con el público el proceso de documentación, contraste de fuentes y reconstrucción narrativa que conlleva adentrarse en casos verídicos.

Beatriz García Guirado presenta su libro «La chica muerta favorita de todos», centrado en el célebre asesinato de Elizabeth Short en 1941 en Los Ángeles, la víctima conocida como la Dalia Negra. Sin embargo, su enfoque se aleja de la simple crónica del crimen para dar voz a la propia víctima y cuestionar la fascinación social por la violencia extrema y por la exhibición de imágenes de brutalidad.

La autora se pregunta, junto a los asistentes, qué dice de nuestra sociedad el interés casi morboso por ver fotografías de una víctima descuartizada, y por qué incluso muchas mujeres muestran curiosidad por esas imágenes durante talleres y charlas. En su trabajo surge el concepto de erotismo tanatológico, una mezcla inquietante entre atracción y muerte que atraviesa buena parte de la cultura popular y de la narrativa criminal contemporánea.

En paralelo, Sergi Moyano expone las dificultades éticas de narrar crímenes reales sin convertir a las víctimas en mero material de consumo. La sección True Crime pone sobre la mesa cuestiones como la responsabilidad del autor, el respeto a las familias afectadas, la relación con los medios de comunicación y la frontera entre el derecho a la información y la explotación del dolor ajeno.

Este enfoque encaja con la línea general del festival, que busca no solo entretener con historias de suspense, sino también reflexionar sobre el impacto social y moral del crimen, tanto en la ficción como en la realidad. Aridane Criminal se convierte así en un espacio donde el lector puede disfrutar del género, al tiempo que se plantea preguntas incómodas sobre su propio papel como consumidor de relatos de violencia.

Investigación policial real y novela negra: Guardia Civil y Policía Nacional

Otro de los grandes bloques temáticos de Aridane Criminal se centra en la relación entre los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y la novela negra. A través de varias mesas agrupadas bajo el título «Con el Agua al Cuello», el festival explora cómo la Guardia Civil y la Policía Nacional son representadas en la ficción y qué hay de verosímil en esos retratos.

En «Con El Agua al Cuello II (La Guardia Civil en la novela negra española)», autores como Teresa Cardona y Pascual Martínez comparten su experiencia al construir personajes de agentes que se mueven entre la lealtad, la duda y los dilemas éticos. Se analizan procedimientos de investigación, jerarquías internas y la tensión permanente entre el cumplimiento de la ley y las zonas grises en las que a veces se mueven los protagonistas.

Por su parte, la mesa «Con el Agua al Cuello III (Entre policías anda el juego)», con la participación de Ángela Pinacho y Ulises Bertolo, se centra en la representación de la Policía Nacional. Aquí se presta especial atención a la construcción de equipos de investigación, la presión mediática alrededor de determinados casos y la convivencia entre vida personal y profesional de los agentes.

Estas mesas redondas permiten que los asistentes se adentren en las técnicas reales de investigación y en las rutinas de trabajo de quienes se dedican a resolver delitos en España. Los autores cuentan cómo se documentan, qué margen de licencia se toman para la ficción y de qué manera intentan no traicionar el espíritu del trabajo policial, al tiempo que mantienen el ritmo y la tensión narrativa que exige el género.

De este modo, Aridane Criminal sirve de puente entre la realidad de los cuerpos policiales y la imaginación literaria, alimentando un diálogo permanente entre la experiencia profesional de los expertos invitados y las tramas que después se trasladan a las páginas de las novelas.

La revolución de la voz femenina en el género negro

Una de las transformaciones más visibles en esta edición es la presencia destacada de la voz narrativa en femenino dentro de la novela negra y policiaca. El festival presenta personajes protagonistas que son agentes de la Guardia Civil, jefas de grupos de investigación de la Policía Nacional, juezas de instrucción e incluso asesinas, colocando a las mujeres en el centro de la acción y no solo como víctimas o figuras secundarias.

Este giro narrativo trae consigo un cambio en la forma de representar las relaciones entre mujeres en las tramas criminales. Las dinámicas dejan de apoyarse únicamente en la rivalidad o la competencia por la seducción, para apostar por vínculos más fraternos, profesionales y complejos, ligados al liderazgo femenino en ámbitos tradicionalmente masculinizados como la policía o la judicatura.

La escritora Teresa Cardona, presentada como una auténtica maestra del crimen, sitúa en el centro de su novela «A la vista de todos» a una agente de la Guardia Civil que trabaja junto a un compañero con el que comparte no solo casos, sino también momentos vitales decisivos. La psicología de los personajes adquiere tanto peso como el propio misterio, y el relato se abre a una reflexión profunda sobre la identidad, la ética y el impacto de la violencia.

Para Cardona, la novela negra funciona como un retrato del presente y una fotografía de la sociedad, un vehículo óptimo para la crítica social y para plantear dilemas éticos de forma accesible. La autora participa en la sección «Con el Agua al Cuello (Entre policías anda el juego)», donde profundiza en este enfoque y explica cómo el género puede acercar al público debates que la filosofía lleva siglos abordando.

En la misma línea, el festival presenta personajes femeninos situados en puestos de responsabilidad dentro de la estructura policial, que deben compaginar horarios imposibles, conciliación familiar y toma de decisiones en entornos de alta presión. Esta perspectiva humaniza y complejiza la figura de la investigadora, alejándola de estereotipos y acercándola a la experiencia cotidiana de muchas mujeres en puestos de mando.

Autoras que marcan el pulso del nuevo negro

Entre las voces femeninas que destacan en Aridane Criminal se encuentra Ángela Pinacho, que debuta con su primera novela «Los Llanos de Troya». La obra está protagonizada por una jefa de policía que dirige un grupo de investigación en el sur de Tenerife, y combina una atmósfera oscura con el contraste de paisajes luminosos y cielos intensamente azules.

La autora, con experiencia previa en la Policía Nacional, defiende la novela negra como herramienta para obligar al lector a detenerse y mirar las grietas de la realidad. A través del enigma y de la búsqueda del culpable, Pinacho introduce al público en las motivaciones humanas, las desigualdades estructurales y los conflictos que muchas veces preferimos no observar de frente, dejando que la crítica social se filtre de forma casi involuntaria en la lectura.

En su visión, el género se acerca a una especie de sociología de la conciencia humana. El lector entra en la historia atraído por la intriga, pero termina encontrándose con un retrato de las tensiones y miserias de un lugar concreto. Lo que empieza como la resolución de un crimen termina siendo una reflexión sobre lo que ese crimen revela de la comunidad en la que ocurre, una idea que encaja a la perfección con el espíritu del festival.

Aridane Criminal también cuenta con la participación de Annika Brunke, ganadora del Premio Alexis Ravelo de Novela Negra, que presenta «Bacon», una novela que utiliza el humor afilado para abordar la supuesta rivalidad entre dos mujeres con sobrepeso. La autora subvierte la competitividad entre ambas, de forma que la descalificación termina volviéndose en contra de quien la ejerce, cuestionando así los prejuicios sobre el cuerpo y el aspecto físico.

Brunke aprovecha los recursos del género negro para adentrarse en terrenos como la gordofobia, la transexualidad, la xenofobia o el machismo, mostrando procesos emocionales y actitudes complejas sin renunciar a la tensión ni al suspense. En su opinión, la buena novela negra arroja una luz más descarnada sobre la realidad porque no teme entrar en aquellos asuntos en los que pocos se atreven a mojarse, una declaración que conecta con el tono crítico que recorre buena parte del programa.

Además, tanto Pinacho como Brunke ponen el foco en relaciones entre mujeres definidas por la eficacia profesional antes que por la afinidad afectiva. A partir de los roces y complicidades que surgen en el trabajo, los personajes van construyendo vínculos alejados de los clichés románticos, lo que permite explorar nuevas formas de sororidad y conflicto dentro del policial contemporáneo.

Panorama canario: la isla como territorio negro

El festival presta una atención especial a los autores canarios que han contribuido a convertir las islas en un escenario fértil para la novela negra y policiaca. En las secciones «Cosecha Roja» y «Panorama Isleño I y II», escritores como Juan Gallo, José Felipe Díaz, José Correa y Luis Castañeda desgranan sus propuestas y explican cómo han integrado el contexto insular en sus tramas criminales.

Estos encuentros permiten ver de qué manera La Palma, Tenerife y Gran Canaria se transforman en escenarios narrativos donde la geografía, el clima y la vida cotidiana influyen en los personajes y en los delitos. El aislamiento relativo de las islas, la convivencia de comunidades diversas y las tensiones derivadas del turismo o de la economía local se convierten en ingredientes que alimentan las historias.

Para muchos de estos autores, el objetivo es aprovechar el entorno cercano como materia prima literaria, mostrando que el género negro no necesita grandes metrópolis para funcionar. Barrios, pueblos y paisajes reconocibles para el lector local se convierten en escenarios de corrupción, secretos y conflictos que, al mismo tiempo, mantienen un fuerte anclaje en la realidad canaria.

La presencia de este bloque isleño encaja con la vocación del festival de reforzar la identidad cultural de la región al tiempo que se proyecta hacia el exterior. Aridane Criminal actúa como escaparate para las voces del archipiélago, facilitando el contacto con editores, críticos y lectores de otros territorios, y contribuyendo a consolidar una marca propia dentro del mapa de la novela negra en español.

El diálogo entre estas propuestas canarias y las de escritores peninsulares e internacionales confirma que el género negro se adapta con facilidad a cualquier paisaje, siempre que haya conflictos latentes, tensiones sociales y personajes dispuestos a cruzar determinadas líneas. Las islas, en este sentido, ofrecen un terreno especialmente propicio por su mezcla de belleza, contraste social y sensación de frontera.

Literatura para nuevas generaciones: la gincana escolar

Con el objetivo de acercar la lectura a los más jóvenes, Aridane Criminal incluye una gincana escolar que reúne a más de 180 estudiantes de los centros educativos del municipio. Esta actividad propone un recorrido lúdico por el universo de la novela negra, adaptado a las edades participantes y diseñado para despertar la curiosidad por los libros.

A través de pruebas, pistas y pequeños enigmas, el alumnado se familiariza con conceptos básicos del género como la figura del detective, la importancia de las pistas, la construcción de coartadas o el papel de la lógica en la resolución de misterios. El objetivo no es recrear crímenes truculentos, sino mostrar cómo la lectura puede convertirse en una actividad excitante y llena de desafíos intelectuales.

Desde la organización se insiste en que este tipo de iniciativas refuerzan el vínculo entre escuela, biblioteca y actividad cultural. La participación en la gincana no solo introduce a los escolares en el festival, sino que además los pone en contacto con autores y autoras, generando referentes cercanos que pueden influir en sus hábitos de lectura a medio y largo plazo.

La apuesta por el público infantil y juvenil encaja con la idea de entender la novela negra como una puerta de entrada a la lectura. A partir de pequeñas historias de misterio, muchas personas descubren el placer de los libros y terminan dando el salto a otras formas de narrativa o a géneros distintos, algo que Aridane Criminal intenta potenciar con cada edición.

En conjunto, estas actividades escolares refuerzan la imagen del festival como un proyecto cultural con dimensión formativa y comunitaria, que no se queda solo en los actos de cara al público adulto, sino que busca sembrar la afición lectora en las nuevas generaciones de la isla.

Un proyecto colectivo con apoyo institucional y memoria del género

El crecimiento de Aridane Criminal no se entiende sin el respaldo de las instituciones públicas que sostienen organizativa y económicamente el encuentro. El festival cuenta con el patrocinio del Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, a través de su Concejalía de Cultura, así como con el apoyo del Gobierno de Canarias, el Cabildo de La Palma, el Instituto Canario de Desarrollo Cultural y el Ministerio de Cultura, mediante la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura.

Esta red de apoyos permite articular un programa amplio y diverso, con presencia de autores nacionales e internacionales, actividades gratuitas y retransmisiones en streaming. Sin esa estructura institucional, resultaría difícil mantener la continuidad y el nivel alcanzado por el festival, que se ha convertido en una referencia para otros eventos similares que se celebran en el país.

El cierre de esta sexta edición llega con un encuentro dedicado a la memoria del comisario y escritor Alexis Ravelo, figura clave en la consolidación de la novela negra en Canarias. En «Recordando al Comisario Ravelo» participan, entre otros, Annika Brunke, ganadora de la segunda edición del premio que lleva su nombre, en un acto que combina recuerdo, análisis de su legado y celebración del género al que dedicó buena parte de su obra.

La clausura se completa con el concierto «Letras a tiros», a cargo de Germán López y Augusto Báez, que ofrecen en la Plaza de España un repertorio bajo el título «Variaciones musicales en torno a un crimen». Esta propuesta fusiona música y literatura, prolongando el universo noir más allá de las páginas de los libros y cerrando el festival con una dimensión sonora y performativa.

A lo largo de todas estas actividades, Aridane Criminal se afianza como un espacio donde se cruzan la ficción, el análisis social, la memoria del género y la voluntad de crear comunidad en torno a la lectura. Los Llanos de Aridane consolidan así su lugar en el mapa europeo de la novela negra, demostrando que una localidad de tamaño medio puede convertirse, durante unos días, en capital del crimen literario más inquieto y reflexivo.


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